DESENTERRAR LA “CÁPSULA DEL TIEMPO” DEL MERCADO CENTRAL

Según proyecto de la Ciudad, el mercado central de Abastos, será en próximas fechas derribado y con ello conseguir sacar a la luz el foso seco de la Almina. Un magnífico proyecto que contribuirá a enriquecer el patrimonio de Ceuta. Pero lo que muchos desconocerán es que en el subsuelo de este edificio, se encuentra una “cápsula del Tiempo” que fue enterrada durante la Segunda República, en abril de 1933.
Nuestras autoridades, tendrán que velar para que una vez se comience el derribo del edificio delimitar donde está la “Capsula del Tiempo” y conseguir desenterrarla intacta. Algo fácil de hacer ya que existen fotografías y documentos del lugar donde fue depositada. En esa caja de hierro, se consignaron que sepamos, varios periódicos locales, algunas monedas del régimen republicano, el acta de colocación de la primera piedra y tal vez algunas cosas más.
Recordemos, que el mercado construido justo encima del foso de la Almina, era una reivindicación de los ceutíes desde hacia muchas décadas. La ciudad contaba con uno construido en 1878 que en la década de los años treinta presentaba un aspecto lamentable. Y la corporación republicana salida de las urnas en 1931, se planteó como objetivo primordial la construcción de un nuevo mercado.
El 18 de mayo de 1932, se reúne la comisión encargada del proyecto con el arquitecto municipal José Blein. La Comisión dictaminó el emplazamiento, Foso seco de la Almina. A lo que el arquitecto municipal presentó un proyecto no estando de acuerdo en la citada ubicación y dando otras alternativas. Que no fueron tenidas en cuenta.
El 11 de julio de 1932, se formularon por la oficina de Arquitectura las bases técnicas para la construcción del mercado. El presupuesto extraordinario para la mencionada obra ascendió a dos millones de pesetas.
Tras muchos debates y estudios el 20 de enero de 1932, la comisión acordó: “Aceptar como anteproyecto para la ejecución de un Mercado el único trabajo presentado por los señores Jaime Artigues y Casimiro Massoni y que firma el arquitecto Ramón Gascuñana. Estos, posteriormente cedieron sus derechos a Pedro Ferrán y Puig. El 25 de marzo de 1933, se aprobó definitivamente dar luz verde a la construcción del mercado en el Foso seco de la Almina”.
Esperemos que cuando se comiencen las obras de desmonte del actual mercado, se tenga en cuenta el patrimonio para la ciudad que seria el poder recuperar y abrir esa “capsula del Tiempo”. Por el momento, la cápsula del tiempo más famosa encontrada en suelo español es la de Cervantes, aparecida en 2009 durante las obras de la Plaza de las Cortes. El hallazgo, que fue exhibido un año después en la Real Casa de Correos, provocó un auténtico peregrinaje de curiosos. Lo mismo podemos realizar en Ceuta, tras desenterrar la cápsula del tiempo del mercado Central. Aquel cofre de plomo sellado herméticamente justo debajo de la primera estatua de Madrid erigida en honor de un civil. La cápsula, enterrada en 1834, guardaba cuatro tomos del año 1819 del Quijote, uno de cuyos tomos se refiere a la vida de Cervantes, así como una edición de esta obra, fechada en 1832, en dos tomos impresos en París. El tesoro madrileño, que se hallaba en perfecto estado, contenía también un ejemplar del Estatuto Real para las Cortes del Reino de 1834 y un Diario de Aviso de Madrid de ese año, que envolvía un libro calendario manual y guías de forasteros, editados en la Imprenta Real. Además guardaba seis láminas de 1831 con retratos de personalidades de la época, como Isabel II o Manuel Martínez Varela, quien costeó el monumento de Cervantes.

MANUEL AZAÑA FIRMÓ LA AUTORIZACIÓN
Como acción paralela, fue la de obtener del ramo de Guerra la autorización para derribar los edificios militares situados en los bajos del foso. Ya en 11 de abril de 1932, se había dirigido la Alcaldía al Ministro de la Guerra, solicitando la cesión a la ciudad, y que el Ayuntamiento ubicaría a la Compañía de Mar en otra zona de la Ciudad. Las obras estaban previstas que comenzaran en pocos días, tras la colocación de la primera piedra, no pudiéndose hacer, ya que surgieron problemas con los acuartelamientos, que existían en esa zona. Una comisión municipal se desplazó a Madrid para entrevistarse con el ministro de la Guerra, de quien dependían las edificaciones. Tras largas conversaciones el Consejo de Ministros decretó, el 19 de mayo de 1933, dar luz verde a las obras… “Vengo a decretar se autorice al precitado Ministerio de la Guerra para facilitar la utilización en precario de los edificios que, en el Foso de la Almina, de la plaza de Ceuta y adosados a la Muralla, existen actualmente con destino a alojamiento de la Compañía de Mar y otros servicios de Guerra”. Por el Ministerio de la Guerra se dictaran las órdenes oportunas para la instalación provisional de los mencionados servicios, en tanto se tramita el oportuno expediente de cesión definitiva por el Ministerio de Hacienda”. Firmado el Ministro de la Guerra, Manuel Azaña.

ALCALDE DAVID VALVERDE
La corporación municipal escogió el 16 de abril de 1933, segundo aniversario de la proclamación de la República para colocar la primera piedra del mercado y enterrar la “capsula del tiempo”. Han transcurrido más de ocho décadas desde aquella mañana, en las fotografías del acto, y en las crónicas periodísticas, nos cuentan como los ceutíes acompañaron en un gran número al alcalde, el socialista David Valverde Soriano, junto a la corporación republicana, delegado del Gobierno y comandante general, al lugar señalado en el Foso seco de la Almina.
Según cuenta la prensa, una vez llegaron al lugar, el alcalde pronunció un discurso donde ensalzó el futuro mercado como “un salto hacia la modernidad”. La ceremonia estuvo amenizada por la banda de música de la legión, terminando con un “lunch” y repartiéndose bolsas de comidas a los pobres de la población.
Asistieron al acto, el delegado del Gobierno Francisco Ortiz, el general de la Circunscripción, Gregorio de Benito; el presidente de la Audiencia, Ramón Enríquez; el Fiscal, Francisco Gaztelu, y los concejales, Manuel Olivencia, Salvador Pulido, Sánchez Mula, Valentín Reyes, Antonio Mena, Miguel Pulido, Lamberto Amador, Ricardo Chacón, Domingo Vega, José Lendinez, Antonio Becerra, José Arroyo, Antonio Berrocal, Manuel delgado y el secretario del Ayuntamiento Alfredo Meca.
Pero surgieron serias dificultades derivadas de la situación especial del usufructo del terreno y de los acuartelamientos que en él existían. Aunque en el proyecto aprobado figuraba la cantidad necesaria para la construcción del cuartel de la Compañía de mar, éste no había sido construido como tramite previo a la entrega de los terrenos donde el mercado había de emplazarse.
Entre otras causas, porque no se había señalado al ayuntamiento el solar donde había de proyectarse el cuartel de la Compañía de Mar. Si el cumplimiento de este trámite no se suavizaba, corrían las obras ya inauguradas el peligro de una dilatada suspensión. Así lo apuntaba el general de la Circunscripción occidental que invita al alcalde a gestionar las autorizaciones correspondientes.
Tras la primera piedra y viendo el Ayuntamiento que las obras no podían comenzar, convocan una reunión con los representantes del Ramo de Guerra para proceder a dar los primeros pasos para realizar a los segundos la entrega de los terrenos del indicado foso de la Almina.
Pero nuevamente, surgieron dificultades para el comienzo de las obras, al comprender el Ayuntamiento que necesitaban además de los edificios que la Compañía de Mar ocupaba, otros destinados a distintos servicios militares que también ocupan los bajos del foso. El ayuntamiento creyó que pertenecían a la misma unidad y así lo hacia constar en los diferentes planos que acompañó a sus escritos de petición, pero no fue así.
Por otra parte, la Subcretaría de Guerra cursó diversos telegramas suspendiendo la entrega de los terrenos y disponiendo en otros que se hiciese a Hacienda y no al ayuntamiento. Todos estos incidentes dieron lugar al acuerdo adoptado en sesión de 21 de abril de 1933: “ Se da lectura a diversos telegramas del Excmo. Señor Subsecretario del Ministerio de la Guerra, en los que ordena que la demolición de los edificios que la Compañía de Mar ocupa en el foso seco de la Almina, sea aplazada hasta tanto cesen la realización de un expediente, en el que se cumplan los requisitos determinados por la vigente legislación. El Señor alcalde explica, que un buen deseo de las autoridades militares, conocedoras de la ineludible necesidad de acometer obras que den trabajo en Ceuta, hizo que pudiera autorizarse el comienzo de las obras, quedando solemnemente obligados a cumplir después cuantos tramites burocráticos y legales fueran precisos. Estas facilidades que todas las autoridades prestan, son también fruto del conocimiento que tienen de que, no solo no existirá perjuicio para los intereses del Estado, sino que por el contrario, se beneficiaran éstos notablemente, desde el momento que está presupuestada y afianzada la suma de noventa y ocho mil novecientas pesetas para la reconstrucción de los edificios que sean necesarios demoler, que, por ser de construcción ligera y antiestética y en último periodo de ida, no valen seguramente ni la tercera parte.”

El alcalde socialista David Valverde, fusilado en 1937
David Valverde Soriano, alcalde que tuvo el honor de poner la primer piedra del Mercado y depositar la “Cápsula del Tiempo” seria fusilado en 1937. Fue nombrado alcalde, el 28 de enero de 1932 tras la dimisión de Eduardo Pérez Ortiz. En aquella votación extraordinaria recibió 19 a favor y 2 en blanco, no asistiendo ningún miembro de la minoría radical de Olivencia. Fueron numerosas las realizaciones de este gran alcalde. Pero cuando se van a cumplir dos años de su mandato, en noviembre de 1933, fue destituido por el miembro del partido Radical Republicano José Victori Goñalons.
Tras el golpe militar del 36, la ciudad es tomada por las tropas sublevadas y las detenciones son cuantiosas. La represión desencadenada fue tan intensa y extendida que no sólo la sufrieron los que habían defendido la República con su labor política y sindical, sino que también cayó la misma sobre aquellos que eran simplemente más abiertos, los incrédulos por cualquier motivo, los que habían destacado en empresas culturales y actividades públicas o simplemente aquellos denunciados por rencillas personales, odios y deudas, de los que se nutrieron las cárceles ceutíes y zona del Protectorado español en Marruecos. Sin embargo, la represión ha caído en el olvido de la memoria histórica de la contienda civil, lo que ha motivado que aún se mantenga que en Ceuta, Melilla y en el Protectorado no pasó nada, sin apenas represión.
Tras la proclamación del estado de guerra Ceuta se convierte en una ciudad llena de miedos y recelos. Desde la misma madrugada del 18 de julio las fuerzas sublevadas, con la ayuda de patrullas de falangistas, comienzan las detenciones selectivas y asaltos a las sedes de los sindicatos y partidos políticos.
El alcalde fue detenido y trasladado a la prisión de García Aldave. Mientras se estaba realizando su consejo de guerra, en la madrugada del 21 de enero de 1937, lo sacaron de la prisión y su cuerpo apareció en el depósito de cadáveres del cementerio de Santa Catalina con un disparo en la cabeza. Estas ejecuciones se realizaron en represalia al bombardeo republicano del día anterior, que costó la vida a cincuenta y tres ceutíes, en su gran mayoría las bombas cayeron en el mercado. Junto al alcalde, ese día, también se ejecutó a Antonia Céspedes Gallego, de cuarenta y seis años, popularmente conocida con el sobrenombre de La Latera. Mujer luchadora y adelantada para su época, siempre junto a las mujeres trabajadoras.

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