El Faro de Punta Almina, más de un siglo de historia.

En la noche del primero de diciembre de 1855, se encendió por primera vez el faro ubicado en el Cerro de los Mosqueros, en Punta Almina. Tras 160 años continúa alumbrando desde la puesta hasta la salida del sol, con su haz de luz a los barcos que cruzan por la bahía de Ceuta.

Si acudimos a los tiempos antiguos, todos tenemos in mente la carga mítica del Coloso de Rodas, el faro de Alejandría o la Torre de Hércules en el Finisterre gallego, tal vez la linterna en activo más antigua del mundo, una torre romana con una rampa interior para que las caballerías subieran el combustible que necesitaba la hoguera que cada noche se encendía en su terraza.
Allá en el Cerro de los Mosqueros, en el monte Hacho, permanece vigilante de las rutas de la navegación. Su armazón forma una torre cilíndrica de siete metros de altura, elevado a 145,17 m. sobre el nivel del mar y con un alcance de 27 millas náuticas en tiempo claro. Su construcción tuvo un coste de 462.000 reales y parte de los gastos fueron financiados por los duques de Montpensier. En sus inicios tenía aparato catadióptrico y una lámpara mecánica de relojería alimentada por una de vapor de petróleo. En 1919 se sustituyó la linterna y la óptica por otra con giro rápido. Posteriormente se instaló el sistema actual, compuesto de una lámpara de incandescencia de 1000 watios, óptica de cristales de cuarzo y un motor eléctrico para la rotación.
Según las noticias que hemos podido recabar de la Autoridad Portuaria de Ceuta, el ingeniero Juan Martínez de la Villa, fue el artífice de su construcción, comenzando en 1851, durante el reinando Isabel II. Tenía un ingenio catadióptrico de 920 mm de distancia focal, que posteriormente en 1.924 se reformó e instaló en el faro de San Sebastián (Gerona), de la casa Letourneu, y una lámpara mecánica de relojería alimentada por aceite de oliva y atendida por tres torreros. El costo de su linterna y óptica se elevó a 286.160 reales. La torre y el edificio a 175.937 reales. Solamente la óptica costo más que el resto de la obra. A la lámpara mecánica se le adaptó un mechero Dotti de cinco mechas contando como reserva con otra de depósito superior y nivel constante. En 1.912 se puso una instalación Chance de vapor de petróleo.
En 1909 un acuerdo de la comisión de Faros, se modernizó sustituyendo la linterna por otra cilíndrica de montantes verticales y 3,5 m de diámetro construida por la Maquinista Valenciana. También se cambió la óptica de giro lento por otra de 700 mm de distancia focal, con giro rápido sobre flotador de mercurio, de la casa Henry Lepaute, que es la que actualmente se encuentra en servicio, accionada por una máquina de relojería B.B.T. La característica quedaría modificada a la de destellos rápidos en grupos de dos destellos blancos. Posteriormente se electrificó con una lámpara de incandescencia de 3.000 W. y un motor eléctrico para la rotación. Como reserva se instalaron dos grupos Ruston de 12 Kva. y uno Deutz de 22 Kva.
En Noviembre de 1995 se realiza un proyecto de sustitución de la instalación eléctrica del Faro en el que se sustituyó la lámpara de incandescencia trifásica de 3.000 W. por una de Halogenuros Metálicos de 1.000 W. que entra en servicio el 27/11/95 y se sustituyen los grupos electrógenos Ruston por un Deutz de 30 Kva y posteriormente se instala un grupo Gesan de 45 Kva. Entre otros trabajos de adecuación de instalaciones. Actualmente en el Faro del Cerro de los Mosqueros en Punta Almina se centralizan todos los servicios de ayudas a la navegación dependientes de la Autoridad Portuaria de Ceuta, como es el balizamiento del Puerto, la baliza radioeléctrica Racon que sitúa en el radar de los barcos la bocana del puerto o la sirena de niebla.

Entre el faro y la costa

Desde el mar los barcos no sólo ven la luz del Faro del Cerro de los Mosqueros en Punta Almina, advirtiéndoles de la proximidad de la costa, sino que también lo identifican por los intervalos y los colores de los haces de luz, de forma que pueden reconocer frente a qué punto de la costa se encuentran. Algunos faros también están equipados con sirenas, para emitir sonidos en días de niebla densa, cuando el haz luminoso no es efectivo. Los modernos sistemas de navegación por satélite, como el GPS, han quitado importancia a los faros aunque siguen siendo de utilidad (seguridad) para la navegación nocturna ya que permite la verificación del posicionamiento en la carta de navegación. En aguas restringidas como por ejemplo los canales de acceso, se sigue navegando por referencia a boyas y luces de tierra como enfilaciones dado que no es relevante la posición geográfica tanto como la posición relativa a los peligros circundantes. La historia del faro como elemento de seguridad marítima ha estado siempre ligada a la navegación humana desde la Antigüedad, para señalar donde se encontraba la tierra. En la entrada de los puertos construidos por los romanos solía haber altas torres que servían de faro a imitación del célebre de Alejandría erigido por Ptolomeo II y el cual, recordando las piras de apoteosis, estaba formado por pirámides truncadas puestas en disminución una sobre otras

El faro y los Montpensier

L a visita a Ceuta de los Duque de Montpensier, en 1849, tuvo una influencia decisiva en la construcción del Faro en el Cerro de los Mosqueros. Cuentan las crónicas que el Duque tras visitar a caballo las líneas exteriores, las murallas Reales, fortificaciones y baterías, a continuación, se trasladó al monte Hacho, y allí pudo comprobar el gran tráfico de barcos que cruzaban por las costas de Ceuta, y la no existencia de un Faro. Prometió a las autoridades locales su compromiso para la realizaron de este proyecto, que fue toda una realidad en 1851 cuando se comenzó la obra, y terminándose el uno de diciembre de 1855.
Recordemos que esta fue la primera visita a Ceuta de un miembro de la Casa Real, de la corona de Castilla, el día fijado fue el 7 de julio de 1849, Luisa Fernanda de Borbón y Antonio Philippe de Orleáns, duque de Montpensier, la Infanta era hermana de la reina Isabel II. La zona donde se construyó el Faro, nos la detalla perfectamente Pascual Madoz, describiendo el aspecto singular del monte Hacho. En esa zona apenas si existía población y sólo se encontraba la Ermita de San Antonio, a la que está unida la casa de los Gobernadores. Todo este recinto del Hacho se encontraba fuertemente fortificado, con torres cuadradas que guarnecen el muro que lo recorre, desde la playa norte del Hacho, hasta el castillo de Santa Catalina. Distribuyéndose después este muro, varios fuertes y baterías, para guarnecer las calas y atracaderos existentes en su alrededor, estos puntos fortificados se conocían como San Amaro, Torre-Mocha, Pineo Gordo, Sauciño, Santa Catalina, Desnarigado, Torrecilla, Palmera, Quemadero, Punta Almina y Sarchal, habiéndose construido en 1771 la ciudadela en la cúspide del Hacho, sobre las ruinas de una antigua fortificación que se atribuye a los romanos, nos describe Madoz en su diccionario de España a mediados del siglo XIX.
A la caída de la tarde de aquel seguro julio caluroso de 1849, llegaron los infantes, en toda la ciudad se escucharon los dos cañonazos lanzados desde la batería. Pero, en esta ocasión suena, como sonido de alegría, esperanza e ilusión. La bandera es izada en el mástil de la ciudadela del monte Hacho, los ceutíes salen de sus casas y se encaminan hacia el muelle del Comercio para dar la bienvenida a la hermana de la Reina Isabel II.
Muchos días antes, la ciudad preparaba con gran entusiasmo esta primera visita de un miembro de la casa Real. Tras tener conocimiento de ella el Ayuntamiento comenzó a realizar los diferentes trámites para tan magna visita. La tesorería municipal era muy exigua, y los actos se deberían ceñir a un modesto presupuesto, utilizando mucho la imaginación y la colaboración de todos los ciudadanos. La Infanta Luisa Fernanda y su marido el Duque de Montpensier, anuncian que pasaran la noche en Ceuta. El alcalde decide que sea la casa del Gobernador donde se hospeden.
Una vez que los infantes desembarcaron se detuvieron en un pabellón que se había construido en el muelle, el alcalde Antonio Huguet tomó la palabra: “El Ayuntamiento constitucional de la Siempre Noble, Leal y Fidelísima ciudad de Ceuta, tiene la alta honra de felicitar a vuestras altezas por su feliz llegada a esta parte de África Española, fiel interprete de los sentidos de todos sus habitantes, puedo asegurarles que su jubilo es inexplicable al ver a la excelsa hermana de su adorada Reina, a su augusto esposo y al tierno vástago que comienza su existencia en época de paz y ventura. La alegría de Ceuta, es sin duda, cuando es la vez primera en que pisa este suelo desde su conquista hace cuatrocientos treinta y cuatro años, una infanta, de Castilla, y este fausto suceso que marcará en las páginas de su historia será indeleble en los contemporáneos y transmitido generaciones venideras admirando Ceuta a las virtudes que adornan a vuestras altezas Reales”. Tras el discurso, un carruaje le trasladó a la casa del Comandante General, donde le esperaba en la puerta las tropas de Moros Mogataces. Debido al gran gentío que le aclamaban desde la calle salieron al balcón.

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