EL INDEPENDISTA CUBANO QUE EN 1896 RECUPERÓ LA VISTA A UNA CEUTÍ

El prestigioso médico cubano José Ramón Montalvo, llegó a Ceuta en 1896 junto a otros 600 independentistas deportados por su ideología. El destino hizo que operara a la hija de un alto cargo militar en el hospital Central, ubicado en la plaza de los reyes, con total éxito.

Este hecho, lo narra el también preso cubano Pablo de la Concepción que lo dejó escrito en un documentado diario… Con la intervención en el hospital de Ceuta de un médico cubano, tenemos una historia que nos causó verdadera admiración. Un militar de alta graduación tenía una niña que había nacido ciega, y habiendo tenido noticia de la fama de oculista de que gozaba el doctor Montalvo, fue a la fortaleza del Hacho en busca de sus servicios”.

      “Una difícil operación seguida de un cuidadoso tratamiento, hizo brillar la luz en aquellos ojitos que había nacido apagado, y el padre vio con tristeza la retirada del ilustre deportado, cuando aún su hija necesitaba de su ciencia. Con verdadero patriotismo y desinterés curó el doctor Montalvo a todos sus compañeros de prisión que necesitábamos sus servicios”.

      “Mientras el sufría el infortunio del destierro en el Hacho, alejado del hogar querido, donde su familia sufría la inmensa tristeza que producía la ausencia del padre. Amantísimo, allá en el indómito Oriente, el más intrépido de sus hijos ganaba grados y distinciones las órdenes del mayor general Calixto García, quien le confió siempre las operaciones más difíciles de la campaña”.

       “Después de hecha la República en Cuba, Dios lo llamó a su seno, pero antes le permitió la satisfacción de ver a sus hijos perfectamente encaminados en la senda de la vida, brillando como estrellas de primera magnitud en nuestro cielo social y político. Dejó escrito su compañero de celda Pablo de la Concepción”.

En el presidio del Hacho tuvo como compañero de galera a los doctores González Lanuza y Alfredo Zayas Alfonso y del pedagogo José María Reposo. Al ser detenido, las autoridades españolas le echaron en cara que sus hijos Rafael y Juan se encontraran alzados en armas contra el gobierno de España, a lo que respondió lleno de orgullo: “Yo les enseñé el camino”.

Nació en 1843, provenía de las familias más aristocráticas de Cuba los Montalvo, O’Farril, Calvo de la Puerta y Peñalver. Licenciado en medicina en la Universidad de La Habana, el 29 de mayo de 1867, poco tiempo después viajó a París donde se especializó en enfermedades de los ojos en la clínica del célebre profesor Xavier Galezowski.

Tras conseguir la libertad en Ceuta, regresó a la isla ejerció la medicina en La Habana con gran éxito y fueron famosos los debates que sostuvo en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales con el eminente oftalmólogo Juan Santos Fernández.

Poseía una sólida formación en medicina interna lo que le permitió realizar notables oposiciones a la Cátedra de Clínica Médica en 1882, frente a los doctores Raimundo de Castro y Antonio Jover,  aunque no la obtuvo, demostró públicamente sus conocimientos. Su preparación, de que también hizo gala en el campo de las enfermedades de la infancia, la adquirió en un largo ejercicio  como médico en la Casa de Beneficencia y Maternidad, falleciendo, el 21 de junio de 1901 en La Habana.

EN EL HACHO OPERABA A SUS COMPAÑEROS DE PRISIÓN

El también preso cubano Pablo de la Concepción que lo dejó escrito… “Sufriendo en pleno rostro el embate del terrible cierzo helado, lo veíamos acudir diariamente durante cierto tiempo, a la Ayudantía, donde con permiso solicitado por él, curó la vista a un compañero de mi misma galera”. Y se tiene constancia por otros documentos que durante su deportación en Ceuta, fueron numerosos los ceuties que se acercaban al Hacho para recibir sus sabios cuidados y consejos sobre las enfermedades oculares. José Ramón Montalvo, fue miembro fundador de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba, era considerado en el país como el segundo en competencia en esta importante ciencia del hombre, solo precedido por el doctor Luis Montané Dardé, creador de la Cátedra de Antropología en la Universidad de La Habana. Miembro fundador de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, fue vicepresidente y en dos ocasiones ocupó su presidencia. Académico de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.

CONSIGUE LA LIBERTAD EN 1898

Y por fin los independistas cubanos deportados a Ceuta consiguen la libertad, algunos quedan en la ciudad, ya que han conseguido tener lazos familiares y también trabajo. Ese éxodo hacia su Cuba natal del doctor José Ramón Montalvo y sus compañeros, comenzó en octubre de 1898, a petición de los Comisionados Americanos de la Paz.

Muchos fallecieron y están enterrados en el cementerio de Santa Catalina tal y como se refleja en los libros de defunciones de la Iglesia de los Remedios. Los más afortunados, los que pudieron sobrevivir a las muchas penurias pudieron rehacer sus vidas quedaron en libertad, algunos fueron posteriormente grandes personajes de la política, entre ellos, destacar a Alfredo Zayas, presidente de Cuba (1921-25).

El cubano Pablo de la Concepción dejó escrito: “El verdadero objeto de este diario no es otro que dar a conocer al pueblo cubano los sufrimientos experimentados por los prisioneros de guerra y deportados por medida gubernativa, que el Gobierno de España nos recluyó en Ceuta durante la Guerra de Independencia. Muy lejos de nuestro ánimo está la idea de despertar odios entre cubanos y los que combatieron y odiaron su libertad por cuya razón, suplicamos al que nos honre leyendo este diario, que juzgue los tristes sucesos que en él se relatan, como la consecuencia natural de la tempestad de pasiones que la guerra desató sobre la Isla…”

También describe su permanencia, antes de ser trasladado a Ceuta, en la fortaleza del Morro, en la Habana, narrándonos los largos días en la prisión, en sus oscuros calabozos, donde vio a muchos compañeros suyos fusilados. Nuestro autor del diario, tras un consejo de Guerra fue condenado a ser deportado a Ceuta, tal vez, contó a su favor, para no ser fusilado, que tan solo contaba con 17 años.

Al terminarse la guerra permitieron de nuevo la entrada de los periódicos en las galeras, y durante el mes de septiembre pudimos seguir el curso de los acontecimientos, disipando un tanto la impaciencia que nos consumía. El día primero de octubre de 1898 se reunieron en París los comisionados a las conferencias de paz, y el día 3 llegó a Ceuta la orden de ponerlos en libertad, la primera exigencia de los comisionados norteamericanos fue la inmediata libertad de los prisioneros cubanos.

Queremos suponer que jamás el cable, desde su instalación, había sido portador de una noticia que produjo más alegría. La orden llegó por la tarde, y fue comunicada como a las cinco y media, cuando llegaron de trabajar fuera del Hacho. Los compañeros que estaban en las galeras, les esperaban cerca del cuerpo de guardia, y al divisar la cabeza de la columna, prorrumpieron en vítores de libertad, y algunos más lanzados: “Cuba Libre” “Cuba Libre”… lo que fue tolerado por los jefes y soldados de la escolta.

A medida que llegaban las cuadrillas de las diferentes secciones, se repetían aquellas escenas de intensa alegría. Después del rancho fueron llamados al patio, y en formación, les comunicaron que habían recibido la orden de poner en libertad inmediatamente a los que tuvieran recursos para costearse el viaje, y que los restantes tendrían que esperar a que el Gobierno contratara con la Compañía Trasatlántica el traslado a Cuba. Que los que pudieron pagar su viaje deberían estar listos para ser conducidos al día siguiente a la ciudad, donde tomarían el vapor correo para ir hasta Algeciras, donde los ponía el Gobierno gratuitamente.

CUBANOS ENTERRADOS EN SANTA CATALINA

Al menos 300 cubanos están enterrados en el cementerio de Santa Catalina de Ceuta. Según un magnífico y minucioso estudio del ceutí  Emilio Barranco, se cita que la primera inscripción data del 10 de agosto de 1869, y la última del 25 de julio de 1909, por lo que se entiende que están incluidos los prisioneros de la primera guerra, desde la Guerra Grande o de los Diez Años hasta más de 10 años después de terminada la Guerra de Independencia de Cuba en 1898.

Pero volviendo a su paso por Ceuta, recordaremos lo escrito en esos últimas horas, tras comunicarle que quedaban en libertad “Cuando atravesábamos la ciudad a nuestro regreso del trabajo, llegó hasta nosotros, trascendiendo del público, la grata noticia de que España había pedido la paz. Cuando llegamos al Hacho, ya sabían allí la noticia, aunque extraoficialmente.

     Indescriptible fue la alegría que ensanchó nuestros corazones. Aquella noche casi no dormimos, porque las negras nubes que encapotaban nuestro cuelo,  empezaban a disiparse, y el inefable consuelo que invadió nuestros corazones, satisfizo las necesidades del organismo, y el sueño huyó de nuestros ojos. No teníamos una idea definida de cómo sería nuestra libertad, pero no nos cabía la menor duda de que, siendo los norteamericanos los vencedores, seríamos reclamados tan pronto principiaran las negociaciones de paz. Al día siguiente fue confirmada oficialmente la noticia de la terminación de la guerra, y los jefes del Hacho operaron un verdadero cambio en su trato para con nosotros”.

“No hay palabras para describir la intensísima alegría que invadió nuestros corazones y el profundo agradecimiento que sentíamos por el pueblo y el Gobierno norteamericanos, que tan humanitariamente se portaban con nosotros, sacrificando vidas e intereses nacionales, para darnos la anhelada libertad, arrancándonos por la fuerza, puede decirse, de las inmundas prisiones donde hubieran bastado muy pocos años para que el último bajara a la tumba triste y solitaria, en aquella agreste península, asiento de todo mal. Tan pronto cerraron las galeras después del recuento, principiaron las deliberaciones sobre la forma de libertad que se nos ofrecía. Como las circunstancias habían variado completamente, la mayor parte de los que la otra vez habíamos sido partidarios de la libertad en cualquier forma, éramos en aquella ocasión decididos oposicionistas del viaje a Cuba por nuestra cuenta. Habíamos sido reclamados como prisioneros de guerra, y lo justo y equitativo era que se nos condujera a Cuba”.

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EL DÍA EN QUE CEUTA AMANECIÓ REPUBLICANA

El 14 de abril de 1931, a las cinco de la tarde, desde el balcón del edificio de telégrafos de Ceuta, situado en el paseo de la Marina,  se izó la bandera republicana. Al día siguiente seria la proclamación oficial desde el balcón del palacio municipal, en la plaza de África, ante cerca de 15.000 ceutíes.

Unos días antes, el domingo 12 de abril, la ciudad amaneció cubierta de carteles. A las ocho se abrieron los colegios electorales, el devenir de la jornada fue de total tranquilidad, formándose grandes colas. Los ceutíes decantaron su voto por la Conjunción Republicana-Socialista obteniendo el 80%, con 22 concejales, repartiéndose doce para los republicanos y diez para el PSOE. Únicamente en tres de los ocho distritos se inclinaron por el partido Defensa de Ceuta, obteniendo 7 concejales; el Partido Reformista 4, y 2 Independientes, hacen el total de 35 concejales. Ninguno de los candidatos del Partido liberal Independiente y de la Concentración Monárquica, consiguieron escaño.

El secretario del Ayuntamiento, Alfredo Meca, fue testigo de esos acontecimientos: “Cuando transitaba por la calle la Marina, observe izada en la casa de Telégrafos la bandera tricolor, presurosamente me dirigí a la Casa Consistorial, donde llegue al mismo tiempo que una manifestación con banderas y con gran alegría, pretendían colocar la nueva enseña en el balcón del Ayuntamiento. Así se hizo en medio del mayor entusiasmo y con todo orden y respeto para los muebles y efectos municipales esperándose a que retirara los papeles y sumarios que sobre la mesa de la rotonda principal había. Varios manifestantes deseaban un retrato del Rey, y mientras los porteros del Ayuntamiento subían uno que se encontraba en una dependencia del piso bajo, otros, penetraron en el salón de sesiones, descolgaron el retrato que bajo el dosel se encontraba y lo arrojaron por el balcón. Después llegó otra manifestación que presidían los miembros del comité de la Conjunción Republicano-Socialista, tomando el Ayuntamiento”.

Dejando para el día siguiente, 15 de abril, la proclamación oficial desde el balcón del Ayuntamiento. Cuentan las crónicas que desde primeras horas se pueden ver a numerosos ceutíes con banderas tricolor por la ciudad, todos van hacia la plaza de África.

Al edificio municipal han accedido numerosos ciudadanos quedando totalmente repletos los pasillos, ventanas y balcones. En el salón de plenos se encuentra la corporación saliente, con su presidente José Rosende al frente. Sobre las doce proceden a la ceremonia de dar la bienvenida a los nuevos concejales.

Seguidamente se dirigieron al balcón principal, donde izaron la bandera, rindieron honores una compañía del Regimiento de Infantería. Al término de los discursos se organizó una manifestación, donde los diferentes diarios consultados, calculan que veinte mil personas al menos, estaban presentes. Tras pasar el puente de la Almina, se ramificó en dos, una emprendía su marcha por la Marina y la otra por el Rebellin. Cuando se volvieron a encontrar en la plaza de Maestranza, apareció un hidroavión sobrevolando la plazoleta a escasos metros de los edificios, el piloto, Antonio de Haro, mostró por una de sus ventanillas, una gran bandera republicana.

Los cambios prometidos durante la campaña electoral se producen con prontitud y una de las máximas aspiraciones, se hace realidad al conseguir la llegada de un delegado del Gobierno civil, tomando posesión el republicano Rafael Vegazo. El Gobierno Provisional de la República, decretó que la autoridad gubernativa pasaba a depender directamente del Gobierno Central, con las mismas funciones y atribuciones que las delegaciones provinciales y diputaciones, con una total desvinculación de la Alta Comisaría, y por otra parte, la posibilidad de elegir un diputado, derogándose los decretos del 1 de abril y 31 de octubre de 1930.

La corporación salida de las urnas el 12 de abril de 1931, realizó su primer acuerdo designando alcalde. Su nombramiento fue un acuerdo que firmaron los republicanos y el PSOE antes de las elecciones. El candidato que más votos obtuviera sería nombrado presidente de la corporación. Literalmente el decreto decía: ”En virtud de acuerdo adoptado se designa a Don Antonio López Sánchez Prado, como Presidente del Ayuntamiento de Ceuta”.

Si desea más información: http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/

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El director del conservatorio de Ceuta Ángel García transformó en marcha procesional “Novio de la Muerte”

En torno a los primeros años de la década de los años 50, los ceutíes vivieron en el Puente de la Almina, un Encuentro distinto, el canto legionario “El Novio de la Muerte” sonó más pausado, y todo gracias al director del Conservatorio de Ceuta y de la banda de música de La Legión, Don Ángel García Ruiz.

Como dato curioso aquella adaptación del canto legionario realizada por Ángel García, fue interpretada por la banda de música de La Legión el día de su entierro. Fue el 22 de febrero de 1956, tenía 54 años.  En la cabecera del duelo, figuraban su hermano Cesáreo, comandante de Infantería y su sobrino Manuel Almansa, el alcalde Vicente García Arrazola, autoridades militares y una representación del Conservatorio Oficial de Música del que era director. Detrás los miembros de la Orquestra Sinfónica de Ceuta, Sociedad Amigos de la Música. De Tánger y en representación de la Orquesta Sinfonía de aquella localidad se desplazaron una representación.  A ambos lados de la carroza fúnebre, donde iba colocado el féretro, oficiales legionarios portando cintas de luto, y entre las numerosas coronas una de la policía general de Tánger, de la que el extinto era asesor técnico musical.

Y por último, la banda de música de La Legión, de la que fue su director, dirigida por el teniente Cordero, la cual durante el recorrido interpretó “El novio de la Muerte” a cuya composición musical Don Ángel le había realizado una adaptación para marcha fúnebre o procesional. En una entrevista realizada pocos meses antes de su fallecimiento en febrero de 1956, en el diario El Faro, pocos días antes de su fallecimiento, expresaba que el himno de Ceuta se debía grabar en disco ya que corría el riesgo de olvidarse. Habló de la existencia de una grabación en un magnetófono y que esta cinta se debía enviar a Madrid para grabar los discos. El autor de la entrevista termina “Y Don Ángel expresó, verbalmente, su propósito de no parar hasta conseguir un disco del Himno de Ceuta, cantado pues su letra es una maravilla”.

En la arrinconada tumba, donde reposan los restos de Don Ángel García Ruiz, se puede leer el epitafio donde nos trasmite su ideario: “Yo, Ángel García Ruiz he servido a Dios consagrando mi vida a la música y maestros”. Veinticuatro años atrás en plena Segunda República, consiguió junto a otros músicos, como los hermanos Alcalá-Galiano, que el Conservatorio fuera una realidad.

Los estudiantes de música en nuestra Ciudad, que hasta entonces tenían que realizar sus exámenes en el conservatorio de Cádiz para que pudieran tener validez sus estudios, ya podían realizarlo en Ceuta. La creación del Conservatorio fué justificada también en los beneficios que supondría para la zona del Protectorado.
Los responsables del centro y las autoridades locales manifestaban su disposición a cooperar con el gobierno de la República española en su intención de conseguir la completa “cultura y civilización del país marroquí”.

Basándose en los hechos anteriores, se procedió a la implantación de una escuela particular de música ubicada en la calle Solís, y en enero de 1936 se trasladaron a los altos de la Estación de autobuses en el Paseo de Colon. Como curiosidad uno de los requisitos imprescindibles, para conseguir que la escuela Municipal de Música pasara a Conservatorio era que en los presupuestos municipales se asignara la retribución para el profesorado, y que esta no fuera inferior a 2.000 pesetas, como dotación a un profesor/a numerario y 1000 pesetas como dotación de un auxiliar.

La hermandad toma el título de “Fervorosa Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno”, estando muy relacionada con los estudiantes del S.E.U. Un año después, el Tercio comienza a colaborar con ella. Su salida como Cofradía, como indica el tríptico de la hermandad, tiene lugar el Miércoles Santo de 1939 a las 18,00 horas, realizando por primera vez el hoy popular Encuentro; en aquella ocasión con la imagen del Mayor Dolor, que había salido a la misma hora de su Parroquia de los Remedios.

A partir de 1945, se efectúa el Encuentro con la Dolorosa de San Francisco, hasta que en 1949 se incorpora la imagen de la Esperanza, realizada por el imaginero sevillano Antonio Castillo Lastrucci. En 1959 se sustituye la antigua imagen del Nazanero por la actual que fue realizada por Manuel Pineda en su taller de Alcalá de Guadaira en Sevilla.  Hace unos meses se recepcionó la imagen de la Virgen de la Esperanza que ha sido restaurada su policromía en Córdoba efectuada por el Imaginero-restaurador Antonio Bernal.

Don Ángel la transformó en marcha procesional

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EN LA FORTALEZA DEL HACHO MILITARES OLVIDADOS POR LA DEMOCRACIA

     Hace cuatro décadas un nutrido grupo de militares constituían la Unión Militar Democrática (UMD). Y con ello crear una organización clandestina con el objetivo de apoyar, desde el interior de las Fuerzas Armadas, el cambio político que era
necesario en España. Cuando la dictadura estaba dando sus últimos coletazos, estos oficiales, contrarios y animados por la reciente experiencia portuguesa del mes de
abril, decidieron reunirse en Barcelona, el 31 de agosto y 1 de septiembre de 1974.

Por pertenecer a ella, varios de sus integrantes fueron condenados y trasladados a Ceuta. El más destacado fue el comandante Julio Busquets, que desde febrero de 1975,
cumplió una condena de seis meses en la fortaleza del Hacho. Durante esta detención, se entrevistó con el comandante General de Ceuta, Gutiérrez Mellado en el despacho de este en la Plaza de África. En la que le exhorta a que los generales liberales encabecen las reformas con los oficiales demócratas –incluso le proporcionó algunos nombres como el coronel de Aviación Jiménez Benamú o los generales de Tierra Luis Pinilla, Sabino Fernández Campos o Sintes Obrador – para evitar que lo hicieran directamente los oficiales más jóvenes, años después explicó que Gutiérrez Mellado estuvo receptivo a este planteamiento.

Todos estos datos lo conocemos gracias al libro “Los militares olvidados por la democracia”, escrito por el historiador Fidel Gómez Rosa, un magnífico e imprescindible trabajo de investigación sobre la situación militar en esa época.

El primero en llegar a la prisión militar del Hacho fue el comandante Julio Busquets, condenado a seis meses de prisión. Ello le libró de ser arrestado el 28 de julio de 1975 junto con otros destacados miembros de la UMD, que serían posteriormente apartados del servicio activo por sentencia de un Consejo de Guerra. El destierro de Busquets en el Hacho, facilitó la creación de un grupo en la ciudad de la UMD, con jóvenes oficiales, liderado por el teniente coronel de Artillería Pedro Rodríguez. También fueron trasladados a la fortaleza del Hacho, el comandante Luis Otero Fernández y los capitanes Fermín Ibarra, José Fortes, Manuel Fernández y Restituto Valero, en diferentes fechas.

En 1977, la UMD fue disuelta, y Busquets, Comandante de Ingenieros, dejó el ejército para dedicarse a la docencia y presentarse a las elecciones generales como independiente en la candidatura de “Socialistes de Catalunya”, obteniendo un escaño por la provincia de Barcelona. Busquets rompió la disciplina de voto al votar en contra de la Ley de Amnistía, al no considerar aquella a los militares de la UMD. El escritor y periodista Isabelo Herreros, ha escrito, que tal y como es conocido, por quienes recuerden los comunicados y documentos, difundidos entonces por emisoras como la BBC, Radio París o Radio España Independiente, y publicados en prensa europea como Le Monde, la finalidad de esta organización militar no era otra que la de contribuir al restablecimiento de la democracia en España, mediante la convocatoria de unas elecciones, la promulgación de una amnistía, la modernización del ejército y el alineamiento de nuestro país con las democracias occidentales, sin que se decantara o mostrase simpatía, la UMD, por ninguno de los partidos políticos de la oposición.

Aunque la actividad de la UMD era aún muy embrionaria a mediados de 1975, ya se habían producido importantes reuniones en ciudades como Madrid o Barcelona. En la
mayoría de los acuartelamientos importantes hubo profesionales que, o militaron en la organización o fueron simpatizantes, incluida la Academia Militar toledana. Fue precisamente en Toledo donde dos años antes habían tenido lugar unos hechos de gravedad para el régimen, pero que entonces fueron silenciados, para que no se conociera que dentro del ejército había el menor atisbo de disonancia o rebeldía.
En el mes de julio de 1973, cuatro alféreces alumnos de la Academia de Infantería fueron expulsados por motivos políticos, tras ser sometidos a un Consejo disciplinario, al haber sido denunciados por otros alumnos integristas, con la acusación de tener ideología peligrosa.
Habían tenido el atrevimiento de ofrecerse a dar clases a los soldados analfabetos, y también habían pedido que la asistencia a la misa fuese voluntaria. A estos antecedentes se le añadieron como pruebas de cargo, las publicaciones y libros encontrados en sus taquillas: Triunfo y Cuadernos para el diálogo, y libros de autores
como Aranguren o Tierno Galván.
Estos fueron en resumen los antecedentes de una corriente de opinión moderna y democrática en el seno del ejército, y que sería conocida dos años más tarde, escribió
Isabelo Herreros. Otra fecha importante para la UMD, fue julio de 1975, fueron detenidos varios capitanes y un comandante del ejército, acusados de conspiración y de haber constituido una “entidad subversiva”. Un posterior Consejo de Guerra declararía probado el delito de “conspiración para la rebelión militar”.

Hasta aquí todo acorde con las leyes de una dictadura como la que padecíamos en
aquellos tiempos, si bien hay que añadir que el juicio contra los capitanes demócratas tuvo lugar en marzo de 1976, precisamente cuando empezaban a salir de las cárceles
los presos políticos y a regresar del exilio muchos antifranquistas.

En 1980, el sargento Díaz Barbero, condenado
por escribir en diario El Faro de Ceuta

El sargento de Infantería Andrés Díaz Barbero, escribió el artículo “Comentario a la  U.M.D.”, el 21 de agosto de 1980, en el diario el Faro de Ceuta, bajo el pseudónimo de Adibar, eran unas reflexiones en torno a unos artículos publicados en el diario El País por el comandante Lastres, unos días antes. Como secuela de este artículo y dado el ambiente ultra imperante en los cuarteles de la época, fue condena a seis meses de prisión por injurias a los Ejércitos.
En el artículo “Ejército, democracia y UMD”, de Alejandro Lastres Lens, contrapone con fundamento la actividad pacífica de los miembros de la UMD en su reclamación
de la democracia, con los inmediatos planes violentos de los golpistas de la operación “Galaxia” y rebate los argumentos esgrimidos para negar la reincorporación al servicio activo de los oficiales expulsados.

Tal y como lo detalla, Fidel Gómez Rosa, en su magistral libro “Los militares olvidados por la Democracia” y de donde entresacamos todos los datos de este reportaje. Los miembros de la UMD, contactaron con los grupos de oposición democrática, hizo públicos algunos primeros documentos –un ideario con los objetivos políticos y militares y un manifiesto sobre la situación política general e inició un periodo de crecimiento interno. Poco a poco se fue extendiendo en tres focos fundamentales: Barcelona, Madrid y Galicia. Llegó a estar presente en quince provincias peninsulares,
las Islas Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla.

El capitán José Ignacio Domínguez extendió la organización al Ejército del Aire. La presencia de la Armada se cifró en algunos oficiales, sobre todo de la Infantería de Marina y de los Cuerpos Jurídico y de Intervención. Unos cuantos oficiales de la Guardia Civil y de la Policía Armada se sumaron también a la UMD. La idea de constituir una organización militar disidente es de un pequeño grupo de oficiales entusiastas: el acuerdo entre los comandantes de Ingenieros del Ejército de Tierra Julio Busquets (Barcelona) y Luis Otero (Madrid), amigos y compañeros de promoción, resulta a estos efectos decisivo. 

Pero la UMD no es el producto de unas voluntades individuales, sino que llega a ser posible por la previa existencia de un conjunto de condiciones, hechos y circunstancias
que van configurando la mentalidad colectiva crítica de una minoría de jóvenes oficiales. Estos militares conectan con los círculos opositores mayoritarios de su generación. Conforme se fue desarrollando la labor de captación de nuevos afiliados, se fueron creando nuevos grupos; el criterio seguido en Madrid y Barcelona, únicos lugares donde se planteó realmente esta cuestión, fue que cada grupo no superara los cinco o seis miembros.

Los representantes de los distintos grupos se reunían entre sí para preparar las asambleas e impulsar la actividad. El sistema de organización era el clásico de células autónomas y clandestinas, instruidas y coordinadas por una dirección común, que funcionan como compartimentos estancos para evitar que la caída de un grupo afectara al resto. Cada grupo –se evitó siempre conscientemente la denominación de “célula” por la resonancia comunista del término desconocía la composición de los
demás.
Los grupos se formaron por diferentes criterios de orden práctico: la pertenencia a un mismo Ejército, caso de los grupos de Aviación y de Marina en Madrid o de la Infantería de Marina en Canarias; a una misma arma, caso de los artilleros e ingenieros de Barcelona o de los infantes de Toledo; la residencia en una misma Ciudad, caso de Madrid o de otras ciudades como Ceuta, Melilla, Gerona o Cartagena; la pertenencia a una misma categoría militar, caso del grupo de suboficiales del Ejército del Aire en Madrid; o la coincidencia en un destino determinado, caso de los grupos del Ejército de Tierra en la Escuela de Estado Mayor en Madrid y en el Acuartelamiento de San Clemente de Sansebas en Gerona, o del grupo de Aviación en la Base Aérea de Matacán en Salamanca. Todos estos detalles se pueden leer en el libro de Fidel Gómez Rosa: “Los militares olvidados de la democracia”.

Fidel Gómez Rosa

Sobre el autor del imprescindible libro “Los militares olvidados de la democracia”, Fidel Gómez Rosa, destacaremos que es doctor en Ciencias Políticas, militar del Ejército del Aire en activo y miembro de la Asociación Española de Historia Militar  (ASEHISMI). Sus líneas de investigación académica son el poder militar en la transición política española a la Democracia, las relaciones civiles-militares y el asociacionismo militar.
Desde octubre de 2013 forma parte del Comité de Dirección (Board) de la Organización Europea de Asociaciones Militares (EUROMIL). El autor dejó escrito sobre el papel jugado por la UMD: “Nunca reconocida adecuadamente por las instituciones democráticas, al proceso de la transición política en España. Nos da la oportunidad de la recuperación de la memoria democrática militar española”.
Libro obligatorio para entender el papel del ejército durante el franquismo, su instrumentalización por el régimen, y como se vivió la transición a la democracia desde los cuarteles.
El libro es el resultado de una tesis doctoral, que analiza el fenómeno de los militares demócratas en las Fuerzas Armadas del franquismo y su significada contribución. El libro de Fidel Gómez Rosa, supone una gran aportación académica a la historia de una organización militar, cuya importancia ha querido ser minimizada, pero que, a luz de los datos y conclusiones del autor, supuso una contribución muy relevante para la consecución de los derechos y libertades de todos los españoles.
En su corta vida la UMD no llegó a tener más de doscientos miembros, si bien era representativa de un sector de demócratas nada despreciable en el seno del ejército. Una de las aportaciones del libro es también la constatación de la errática política de defensa del Partido Socialista, que si bien puede decirse que consiguió desactivar al Ejército como factor desestabilizador lo cierto es que no tuvo preocupación alguna por democratizar y modernizar las Fuerzas Armadas, manteniendo en la jerarquía a los representantes de la continuidad franquista, al tiempo que militares con formación superior y convicciones
progresistas eran y son relegados.
El arresto el año pasado del presidente de la Asociación Unificada de Militares Españoles, Jorge Bravo, por criticar los recortes del gobierno en las Fuerzas Armadas y
la supresión de la paga de navidad, es un dato que pone en evidencia las resistencias que existen en la cúpula militar a la hora de asumir las pautas de una sociedad democrática.

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