¿Nombre del general ceutí Escobar para el nuevo cuartel de la Guardia Civil en Ceuta?

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El ceutí, general de la Guardia Civil en 1936, Antonio Escobar, se mantuvo fiel al Gobierno legítimo de la República. En 1940, fue fusilado con honores militares en los fosos de la fortaleza de Montjuich. Dirigió su propia ejecución y murió abrazado a un crucifijo.

Hace unos días hemos podido leer en la prensa local que el nuevo cuartel será toda una realidad en pocas fechas, y pienso, como ya lo he dejado por escrito en otras ocasiones que sería una gran oportunidad, otorgarle el nombre de este ilustre ceutí. Esta es una sencilla reflexión que realizó en voz alta, para quien pueda decidir, sobre el homenaje que le debe su ciudad natal.

El general Escobar nunca fue un revolucionario, ni siquiera un reformador social, era simplemente un hombre honrado que pudo escoger el camino fácil, sumarse al golpe y no lo hizo, decidiendo marchar por la senda difícil de la libertad, de la justicia y de la igualdad. Un militar verdaderamente patriota, un burgués católico que luchó junto a los proletarios contra la burguesía.

El General de la Guardia Civil Antonio Escobar Huerta, nació en Ceuta un 14 de noviembre de 1879, desempeñando los cargos de jefe del 19 tercio de la Guardia Civil, Director General de la Seguridad en Cataluña y General jefe del Ejército de Extremadura. Fue un hombre de profundas convicciones religiosas, consiguió con su decidida actuación el 19 de julio de 1936 que no prosperase la sublevación en Barcelona. Pese a ser hijo de un héroe de la guerra de Cuba, y tener una hija monja y un hijo falangista, optó por la libertad de actuar conforme a su conciencia y al juramento prestado al Gobierno legalmente constituido.

Era Hijo, hermano y padre de militares, estaba destinado en Barcelona cuando se produce el golpe militar. Católico y conservador, se mostró fiel a su juramento al gobierno de España, resultando decisivo en la derrota de la sublevación en Barcelona. Puesto a las órdenes del presidente de la Generalidad, Lluís Companys, al estallar la sublevación, siempre consideró un error que no se desarmara a las milicias anarquistas. Al acabar la guerra, los dirigentes militares y políticos que se encontraban en Cataluña pudieron trasladarse a Francia, pero la zona central era una ratonera de la que sólo se podía salir por aire y, efectivamente, así salieron los principales dirigentes políticos y militares con excepción del general Escobar, que no era hombre para abandonar su puesto, de manera que cuando cesó la contienda él hizo formar sus unidades y se entregó al vencedor al frente de ellas.

E igual como había renunciado a huir declinó la oferta que le hizo el general Yagüe de facilitarle el paso a Portugal y con soldados que habían estado a sus órdenes fue llevado en un vagón de ganado a Madrid y luego a Barcelona, al castillo de Montjuich, para ser juzgado por un consejo de guerra. Quería que se le juzgará, convencido como estaba de que su razonamiento era impecable: se había mantenido fiel al Gobierno legítimo y no podía admitir que se le acusase de desleal y de traidor. Irónicamente juzgado por rebelión militar, es condenado a muerte.

El propio Escobar dirigió su ejecución. El mismo piquete de la Guardia Civil rindió luego honores militares a su cadáver. La mañana de su ejecución pidió que la misa se adelantase para que tuviese tiempo para recibir la comunión. La ejecución de Escobar tuvo lugar en los fosos del castillo, donde se había fusilado al general Goded y donde un tiempo después se fusiló al presidente Companys.

El general Escobar, al ocupar su puesto frente al piquete dijo al oficial que lo mandaba: “Usted dará las órdenes preventivas y dispararán cuando yo bese el crucifijo que llevo en la mano”. Él iba a morir vestido de paisano pero había logrado variar el significado del acto, el oficial iba a dar órdenes al piquete hasta llegar al “apunten”, pero la decisiva, el “disparen”, la daría él besando el crucifijo. Así moriría como deseaba morir, como un jefe mandando a sus hombres.

El primer libro sobre la vida de este ceutí la redactó José Luis Olaizola, escritor y guionista de cine español. Con esta obra ganó el Premio Planeta de 1983 por su novela “La guerra del general Escobar”. A través de esta obra, el autor nos da una visión infrecuente de los años de nuestra guerra, vividos sin partidismo ni ideologías por un militar que en la España del gran desgarrón histórico eligió, ante el estupor mal disimulado de las autoridades, una incómoda postura, porque creía que su puesto era aquél. Pese a la historicidad del relato, nos encontramos ante una novela en la que su autor se ha limitado a recrear un personaje admirable que pudo vivir, luchar y morir en cualquier otra guerra fratricida de la Historia.

Un año después se realizó la película “Memorias del General Escobar”, película dirigida por José Luis Madrid, protagonizada por Antonio Ferrándiz, Fernando Guillén y Jesús Puente, y guión del capitán Pedro Masip, ayudante de campo del general Escobar. El guión de esta película narrada por el propio general Escobar quien escribe sus memorias desde su encierro en la cárcel. Su historia comienza con los hechos desencadenantes de la Guerra Civil española, su repugnancia e impotencia ante los eventos que siguieron y, sobre todo, ante la posibilidad de dar una orden de fuego pensando que con ello podía dar muerte a uno de sus propios hijos, que se encontraba en el bando contrario.

En el 2008 salió el libro “Entre la Cruz y la República” de Daniel Arasa, desde el Acta de Nacimiento hasta la Partida de Defunción se recorre la trayectoria del personaje, pero la obra va mucho más allá de una biografía. La peripecia de Escobar permite explicar un buen número de aspectos y asuntos de la guerra civil a través de un mando de la Guardia Civil y del Ejército de la República que desempeña funciones importantes y es a la vez poco conocido.

En el libro se aportan numerosos datos sobre la sublevación militar en Barcelona en julio de 1936, las persecuciones revolucionarias, la defensa de Madrid, los “Fets de Maig” (Hechos de Mayo) de Barcelona, la lucha en el frente de Extremadura, la relación de la Guardia Civil y la Generalitat, la politización del Ejército Popular, y otros muchos. El libro permite penetrar a la complejidad de la Guerra Civil, sin apriorismos ni simplificación entre buenos y malos. Una persona que por pensamiento, sentido del orden, fe católica y hasta por sensibilidad personal parece llamado a formar parte del bando sublevado, es sin embargo fiel a la República, lucha por ella y ocupa cargos importantes. Y no es un caso aislado. Pone en evidencia también el especial encono, el odio acumulado, con que los militares vencedores castigaron a los que fueron compañeros de armas a lo largo de muchos años pero optaron, o se vieron inmersos, en el bando contrario en el conflicto civil.

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