EL HOMBRE LOBO MURIÓ EN CEUTA

Francisco Sánchez Montoya

Fue un 14 de diciembre de 1863 en la fortaleza del monte Hacho. Un cáncer de estómago puso fin a una conducta salpicada de asesinatos. Tras su juicio se comprobó que no estaba loco, por lo que le condenaron a morir a garrote vil, algo que nunca pasó. La reina Isabel II intercedió ante el tribunal y cambió la pena de muerte por cadena perpetua, tras leer una carta de un hipnotizador francés que defendía que sufría licantropía. Y lo sabemos gracias a los investigadores Félix y Cástor Castro e incluso tenemos su rostro gracias a la labor de Margarita Sanín y Fernando Serrulla.

Años atrás se tenía datos de su posible muerte en la prisión del Castillo de San Antón de A Coruña. Pero estos investigadores aportaron en unas jornadas en el 2011 pruebas de que no fue allí y hace tan sólo unos meses, nuevas pruebas del investigador Cásto Castro demuestra su paso por la ciudad.

En el semanario ilustrado “El Periódico para todos”, de 11 octubre de 1876, hace memoria del caso: “Conducido a Ceuta, Manuel Blanco vivió en aquel presidio durante algunos años, sin que en época alguna diese muestras de padecer enajenaciones mentales, ni monomanías de ninguna especie”. Y resalta más adelante: “Su hipócrita mansedumbre hubiera interesado a todos en favor suyo, si todos no estuviesen persuadidos de que bajo aquel exterior de hombre honrado y pusilánime, abrigaba un corazón de fiera, el alma de un malvado”.

El investigador Cástor Castro deja clara la personalidad portadade este personaje: “Fue el primer asesino en serie de la historia moderna. Mató a unas 20 personas, pero solo lo condenaron por nueve, aunque él reconoció 13. Muchos testimonios de aquellos años hablan de él como una persona dulce y culta, ya que sabía leer y escribir. Con promesas de un buen empleo en otras zonas de España, las llevaba hasta bosques, donde las descuartizaba. Para sus familias, los muertos estaban trabajando, lejos de casa. Algunas incluso recibieron cartas falsificadas por el propio Romasanta. Los cadáveres nunca fueron encontrados y Manuel justificó los crímenes asegurando que se convertía en lobo a causa una maldición”.

Durante el juicio Romasanta se defendía: “Me caí al suelo, comencé a sentir convulsiones, me revolqué tres veces sin control y a los pocos segundos yo mismo era un lobo, maté y comí a varias personas pero a algunos como Josefa, Benita y sus hijos, lo hice solo”. Posteriormente cambió de versión y dijo que no sufría una maldición, sino una enfermedad.  Su trabajo de tendero le servía como cuartada, porque vendía los ropajes y la grasa que quitaba a las víctimas. Fue precisamente la ropa de una de ellas -que un familiar reconoció en otra persona-, lo que delató sus tropelías.

Su paso como preso en Ceuta, se iniciaría en el Cuartel Principal, aquí iniciaban los reos su singladura penal, inaugurando su primer periodo, salvo los que, por sus características específicas, iban destinados directamente al Hacho. Los penados estaban encuadrados en “Brigadas”, de unos cien hombres cada una, al mando de un capataz, y bajo la vigilancia de los “Cabos de vara”, reclusos también, que dormían dentro de las cuadras y cuidaban del orden interno cuando éstas se cerraban de noche. En las Brigadas se procuraba clasificar a los hombres por iguales delitos o por similitud de sus condenas, y estaban ordenadas, al igual que la escala de penas, de menor a mayor, terminando en la de cadenas Perpetuas. Por tanto, a tenor de la graduación de las penas, había siete Brigadas, más una octava llamada de “Depósito”, que acogía a transeúntes, excedente o pendiente de clasificación.

Documentos sobre su muerte en Ceuta

Los valiosos estudios realizados por los abogados e investigadores en etnográfica popular gallega Félix y Cástor Castro Vicente, nos demuestran la veracidad de que Manuel Blanco Romasanta “El Hombre Lobo” estuvo en Ceuta y falleció en la ciudad en 1863. Sobre todo en una prueba documental definitiva, que presentó en las segundas jornadas de Romasanta en Allariz en noviembre del 2012.  Es una anotación en el libro de partidas de difuntos de la parroquia de Santa Eulalia de Esgos del pueblo de Regueiro y corresponde al acto de defunción -cabo de año- de Romasanta celebrado por encargo de dos de sus hermanos. La inscripción localizada por Cástor Castro dice: ” En el diez y seis de diciembre de mil ochocientos sesenta y cuatro (año siguiente del fallecimiento) por disposición de Jose Blanco vecino de Pola de Gordón en la provincia de León, sele tubo en esta iglesia de Santa Eulalia el entierro y honras de Manuel Blanco hermano de aquel que murió en el correccional de Ceuta con asistencia de cinco señores Sacerdotes”.

En una elaborada comunicación presentada en las primeras jornadas, ya descubrieron hechos novedosos sobre su fallecimiento. Lo detallan como un humilde tendero ambulante que se movía por la geografía del oriente de Ourense y parte de León. Y revelan la cobertura que la prensa del momento le dio: “Consultadas las hemerotecas de la Biblioteca Nacional, topamos alrededor de cincuenta notas en prensa, tanto de diario de Madrid, la Época, la España, El Clamor Público, La Esperanza, El Heraldo de la Mañana, El católico, El Genio de la Libertad, como en diarios de provincias, tanto de Galicia como de fuera, El Coruñés, El Balear. También en revistas como La Ilustración, La Ilustración Artística, El Mundo pintoresco, El Periódico de Todos. Donde desde un principio consideraban la causa del hombre Lobo como una causa celebre”.

Sobre su traslado a Ceuta, escriben que siguiendo una línea de investigación en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional encuentran nuevas constancia de la estancia en la ciudad, aparecen tres noticias que además de corroborar este dato, informaban de su fallecimiento. Otra noticia encontrada por los investigadores gallegos da cuenta que en el diario “La Esperanza. Periódico Monárquico” de 21 de diciembre de 1863, en su primera página: ” Escriben de Ceuta con fecha 16 del corriente que el desgraciadamente celebre Manuel Blanco Romasanta, conocido en toda España por el Hombre-Lobo, por consecuencia de sus atrocidades y fechorías y que, Juzgado en la Coruña, fue condenado a presidio falleció en aquella plaza el 14 del actual, a la edad de cincuenta años, siendo víctima de un cáncer de estómago”.

La condena en Ceuta de Romasanta, era menos rígida que en otros penales, ya que aquí no podía huir, por la situación geográfica. Los investigadores opinan que sabiendo los antecedentes de Romasanta “El Hombre Lobo” quizás pudo tener acceso a un régimen más libre, dada su habilidad en múltiples oficios y su habitual buena conducta constatada en la causa.  Por lo tanto, bien pudo estar en el “Cuartel Principal”, en la zona de “Las Balsas”. Este recinto fue una pieza muy importante en la historia del Presidio en Ceuta, recordemos que se finalizó su construcción en 1771, con ulteriores reformas y adiciones. El investigador ceutí Alberto Baeza, nos relató cómo eran sus instalaciones: “poseía un gran patio central, de unos 3.600 metros cuadrados de superficie, a la derecha se alineaban las cuadras o dormitorios. En el resto del rectángulo se situaban las demás dependencias, administración, cuerpo de guardia, almacenes barbería, cocinas, letrinas… Las cuadras eran húmedas, oscuras, abovedadas, con poca ventilación y el pavimento de terrizo, sumamente apto para que los reclusos enterraran en él sus armas y sus bebidas.

La suciedad imperaba. En este cuartel había también seis calabozos de castigo, tres individuales y tres colectivos, para cumplir los correctivos disciplinarios que se imponían a los infractores, pero tampoco había celdas aptas para iniciar el primer periodo de aislamiento celular. En Ceuta sólo cumplían penas los condenados a más de ocho años, esto es, desde prisión mayor a cadena perpetua, como fue el caso de Romasanta, grado que, incluso con castigos y retenciones, no podía superar, como máximo, los cuarenta años. Recomiendo para los que deseen más información:  http://arquivocastrovicente.wordpress.com/tras-as-pegadas-de-romasanta/ y http//musicarabeosa.wodpress.com donde podrán consultar las investigaciones de Cástor y Félix Castro Vicente.

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