CASA DE LOS DRAGONES, MÁS DE UN SIGLO DE HISTORIA

Francisco Sánchez Montoya

La Casa de los Dragones, obra de José María Cortina Pérez (1868-1950), encargada por el que fuera Alcalde de Ceuta (1897-1903) Francisco Cerni, se concluyó en torno a 1905. Junto a este edificio figura en el bestiario arquitectónico de Ceuta iconos tan populares como la Casa Trujillo, el majestuoso palacete de Ybarrola,  el monumento a los héroes en la guerra de África en la plaza de África, el Palacio Autonómico, o el majestuoso Hércules de Gines Serrán en la plaza de la Constitución, entre otros.

Poco conocíamos del arquitecto, pero tras más de un siglo de su construcción, han salido a la luz datos ignorados, a cargo del profesor valenciano Jorge Girbés. Donde nos aporta  otros dos edificios proyectados en 1900, uno era para albergar el Ayuntamiento de Ceuta, del que se posee planos y otro para un “Casino Liberal”, lugar para reunirse los militantes de este partido al cual pertenecían los hermanos Cerni, Ricardo y Francisco.

portada

Sobre el Ayuntamiento proyectado, se cita que es el Alcalde Francisco Cerni, quien se lo encarga a Cortina este modifica el proyecto inicial de Fritschi, de corte muy académico y aplica todas y cada uno de sus peculiares elementos de la fantasía ecléctica. En este proyecto para el nuevo Ayuntamiento aparecen elementos góticos, moriscos, manieristas, barrocos, academicistas y modernistas.

Los dragones pétreos desaparecen, dando paso a unos dragones alados de largos y retorcidos cuellos con sus fauces abiertas en hierro, que quedarán relegados a la “Casa de los Dragones”. En el plano se pueden ver círculos inacabados que forman herraduras, pórticos con terrazas. Una construcción de porte majestuoso que representa la dignificación de un edificio con uso municipal. Una verdadera pérdida para el patrimonio histórico de Ceuta, que se quedaría en “proyecto no construido”.

La familia Cerni de procedencia valenciana, aunque afincada en Ceuta desde el último decenio del siglo XIX pertenece a la alta burguesía de la ciudad, el hermano de Francisco, Ricardo que también fue alcalde de Ceuta (1891-1895), pertenecía a la masonería ceutí, concretamente en la logia “África” tenia el grado 3º y su nombre simbólico era Daoiz.

Los Cerni contactan con el arquitecto José María Cortina para la edificación de su nueva casa en plena calle Real, quieren algo distinto, ellos saben de su estilo que ya lo han visto distribuido por Valencia. La Casa de los Dragones, fue concebida como un todo, en consonancia con la plaza en la que estaba ubicada, en ella iba a vivir una familia importante de la ciudad, de ahí su entrada espaciosa y sus ventanales amplios en el piso inferior y situado frente a los edificios del casino militar y al hospital central. En la espaciosa Plaza de los Reyes.

Todo el piso inferior de este edificio estaba realizado en piedra artificial lo que aún realzaba más su aspecto de fortaleza medieval. La decoración tiene una simbología determinada, en el mirador se ve un tímpano liso y restos de una decoración con adoquinado y rabos de dragón presentando una bóveda de cuarto de cañón construida en acero con decoración de escamas u hojas de acacia. La reiteración del uso de algunos elementos distingue a este autor. Algunos de estos elementos decorativos parecen tener una simbología, por ejemplo: los tornillos con cabeza de aspa, la profusión vegetal, la utilización de la bóveda…

El paisaje ecléctico de José María Cortina

El autor de la Casa de los Dragones, Jose María Cortina (1868-1950), como otros arquitectos valencianos, estudia en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, según el profesor Jorge Girbés marcará su futuro profesional. Uno de sus profesores de la Escuela es ni más ni menos Lluís Domènech i Montaner, que ejerce una gran influencia sobre él y en su formación estilística, Cortina hereda estas tradiciones, estas formas por las que están apostando desde la Escuela y que dibujan el gran paisaje modernista que acabará formándose. Aunque no hay constancia documental, seguramente es el mismo Montaner quien la aconseja abrir sus conocimientos arquitectónicos con otros paisajes, como viaje de conocimiento y aprendizaje. Cortina recorre algunos países de la Europa central y se fija sobre todo en Austria donde en aquellos momentos triunfa la corriente estilística llamado Sezession, la versión austríaca del Modernismo, y se sospecha que, incluso, debió entrar en contacto con el arquitecto Otto Wagner, uno de los grandes arquitectos renovadores.

La obra del arquitecto Jose María Cortina la podemos enmarcar dentro de este paisaje ecléctico, en el que el pasado se hizo presente, y el presente, se vistió de fantasía. Ese momento en que la gran burguesía española hace gala de su prosperidad construyendo parlamentos romanos, bolsas de comercio helénicas, fábricas góticas, fortalezas moriscas, residencias neoclásicas. Una nueva arquitectura en forma de gran bazar arqueológico.

Entre finales del siglo XIX y el primer decenio del siglo XX, Cortina se convierte en uno de los arquitectos favoritos de la burguesía. Urbanístico. Cortina es, sin duda, el gran representante del modernismo en Valencia, según Girbés, aunque hay otros representantes, él conservará esta fe, digamos modernista, toda su vida. Una fe que se proyecta como creador total, siguiendo la filosofía de esta corriente estilística y que abarca una visión integral, reflejada en un desarrollo de todas las artes aplicadas: azulejería, mosaicos y vidrieras, hierros forjados, etc. Cortina incluso diseñó el papel para decorar las paredes, las telas y los muebles de muchas viviendas. Su padre había sido maestro de obras y enseñó a rodearse de todos los buenos profesionales de las artes decorativas.

No se librará de las polémicas y los enfrentamientos que dibujan el paisaje arquitectónico de la época. Era un hombre perfeccionista, muy estricto y como arquitecto municipal de Valencia rechazó muchos proyectos, lo que por supuesto le procuró muchas enemistades y acabó produciéndole un cierto ostracismo profesional. El mismo Cortina verá como le es denegada la licencia para construir un palacete familiar. Para Girbés, Cortina sigue siendo un gran desconocido, a pesar de su aportación y renovación arquitectónica sólo entre los historiadores goza de un conocimiento, e incluso para la clase arquitectónica.

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