EL TEMPLO MASÓNICO DE CEUTA 

Francisco Sánchez Montoya

La historia de la masonería en Ceuta comienza en 1821 y llega a su trá­gico fin con la sublevación militar de julio de 1936. La consiguiente re­presión tuvo como resultado 268 víctimas ceutíes, masones 27 de ellas, además de los numerosos encarcelados y exiliados. Entre uno y otro mo­mento, existieron ocho talleres masónicos en la ciudad.

La documentación depositada en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca ha sido la base de nuestro estudio. Los talleres que formaron parte del templo ceutí fueron Hércules, fundada en enero de 1930, del Gran Oriente Español, que se configuró como heredera sentimental -pero no continuadora- de las logias que existieron a finales del siglo XIX en la ciudad, y, por supuesto, durante sus seis años de vida se convertiría en la más representativa de la misma.

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Dos años más tarde levanta columnas el taller Constancia de la Gran Logia de España. Y unos meses más tarde Hijos de Hércules del GOE. Y en 1934 Themis, pero esta no formó parte del templo, dada su escasa actividad. Durante la Segunda República las logias ceutíes no encontraron ningún obstáculo para la propagación de sus ideas. Antes bien, recibieron múltiples apoyos y también los prestaron.

En general, la República originó constantes desajustes y desequilibrios en los talleres ceutíes debido a la fuerte participación de ciertos masones en la vida pública. Como muestra de ello, tres de los cinco alcaldes y dos de los tres representantes en el Congreso de los Diputados que Ceuta tuvo durante el régimen eran masones.

Desde que la logia Hércules vio la luz en 1930, uno de sus proyectos más importantes era encontrar un buen local para utilizarlo como lugar de reunión en el que desarrollar sus actividades. Este asunto fue uno de los problemas más serios a los que la masonería ceutí tuvo que enfrentarse. En sus primeros meses se instaló en unas habitaciones situadas en el sótano del Hotel Gironés con la intención de permanecer allí solo unos meses, pero ese tiempo se dilató. En marzo de 1930, viendo la precaria situación de las instalaciones, el tesorero ofreció unas habitaciones de su amplia casa, y a ellas se trasladaron de forma provisional

Por fin, en agosto de 1930, el miembro del taller Alberto Parres ofreció un local que se encontraba en los bajos de su comercio de vehículos, en la barriada de San José, en la Travesía de la plaza de toros. Tuvieron que adaptarlo, y la obra supuso a la tesorería 2.500 pesetas más el alquiler de 150.

A los pocos meses, comprobaron que dicho local tenía mucha humedad y, sobre todo, que no estaba en el centro de la ciudad. En junio de 1932, localizaron uno que cumplía todas sus expectativas. Situado en una planta baja en la calle Teniente Pacheco, lo alquilaron por 275 pesetas. Resuelta la cuestión de la localización, se procedió a su transformación.

Sobre su aspecto interior, hemos localizado un documento del masón Apola Sánchez que dice: «La cadena que nos rodea en el templo significa la fraternidad que debe existir entre todos los masones del Universo y ese lazo infinito que nos une a todos, como lo están los granos de las granadas colocadas en los capiteles de las columnas, y la losería de mosaicos blancos y negros con que está hecho el piso de nuestro templo».

El Maestro de la logia, Florencio Álvarez, dejó testimonio de ese gran templo construido: «Vuestros esfuerzos se han traducido en que dispongáis de un templo que pueda considerarse como de los mejores (por no decir el mejor) con que cuenta la masonería española. Nada de esto me extraña, pues conozco bien y estoy convencido de lo que sois capaces en pro de nuestros ideales, felicitaros efusivamente por vuestra obra, felicitación que os ruego la hagáis llegar muy especialmente a los hh pintores, los cuales han puesto todo su arte al servicio de la orden desinteresadamente».

Una vez que el local es transformado en templo, el siguiente paso es su inauguración y consagración. Fue un acto importante dentro del contexto masónico, debemos recordar que les fue imposible realizarlo por motivos políticos cuando pusieron en marcha el taller en enero de 1930. En esta ocasión, realizaron un detallado programa de actos con unas ilustrativas invitaciones, destacando un extenso recital musical por parte del miembro del taller y profesor de música Ramón Bellas. La tenida de consagración se acordó para el 13 de noviembre de 1932, a las 21 horas.

Unos meses más tarde, las tres logias existentes en la ciudad –Hércules, Hijos de Hércules y Constancia– consiguieron trabajar juntas en un mismo templo pese a pertenecer a distintos orientes. Los primeros pasos se dieron cuando, en la tenida del 19 de junio de 1933, en el local de la logia Constancia, recibieron la visita de Enrique Ordoño, Venerable de Hércules, que les propuso utilizar su templo tras acondicionarlo y convertirlo en la casa de los masones de Ceuta. El Venerable de Constancia, Montiel, respondió afirmando que sus ingresos eran escasos, pero estarían dispuestos a trasladarse si el coste no resultaba muy elevado.

Días más tarde, también visitaron el local de la otra logia Hijos de Hércules, y le realizaron la misma propuesta. Tras cambiar impresiones con sus respectivos Venerables, acordaron acondicionar el local y convertirlo en el templo de la masonería en Ceuta, Acordando organizar una comisión formada por dos Maestras de cada taller y redactar un reglamento.

El 21 de septiembre de 1933 firmaron el acuerdo los comisionados. Acordaron que la propietaria del templo, la logia Hércules, contribuiría con el 50 % y las otras dos, Constancia e Hijos de Hércules, con el 25 %. Cada taller tendría una habitación que utilizaría como secretaría, y el resto sería de uso comunitario. Realizaron, varias reformas cuyo coste ascendió a 12.000 pesetas.

Durante la huelga general en octubre de 1934, el templo fue clausurado tras ocultar un miembro del taller Hijos de Hércules unas pistolas de su propiedad, estas fueron descubiertas y varios masones detenidos hasta principio de 1935. El templo estuvo clausurado durante todo ese tiempo. Toda la historia de la masonería en Ceuta, se vio sepultada por la brutal represión que se desencadenó tras el 17 de julio de 1936.

Cuando el 24 de julio de 1936 el Venerable maestro de la logia Hércules, Aonso Estivil, clausuraba las puertas del templo ceutí, en la calle teniente Pacheco, camino del exilio, se abatieron las columnas de toda una tradición masónica en la ciudad, con más de un siglo de historia. Efectivamente, el 25 de julio, fue asaltado el templo, por  parte de un numeroso grupo de civiles, los llamados balillas, primera denominación de la organización juvenil de Falange Española. Sacaron a la calle todos los utensilios masónicos, los pasearon por la calle Real, hasta los jardines de San Sebastián, donde los arrojaron desde la balaustrada al mar.

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