LA MUJER DE SÁNCHEZ PRADO Y SU HIJA ENCARCELADAS EN 1939

Tras el fusilamiento del alcalde Sánchez Prado su mujer, Dolores Escacena, no podía, pese al cariño del pueblo llano de Ceuta, continuar por más tiempo en la ciudad y encontrarse con personajes de la vida civil y militar que se sumaron al golpe y con ello contribuyeron a la ejecución de cientos de ceutíes como su marido.

Pese a ser una mujer todavía joven, con tan solo cuarenta años y con cuatro hijos, la vida no se le presentaba nada fácil. A los pocos meses de la ejecución Dolores Escacena se marchó al pueblo sevillano de Herrera, donde le unían muchos lazos sentimentales. Le acompañó en este traslado su cuñado Bernardo Rizo. A Dolores le ofrecieron regentar una pensión en Sevilla y con ello poder conseguir sacar a la familia adelante. Ya vimos en el consejo de guerra a Sánchez Prado que apenas tenía 19,50 pesetas en el banco y ninguna propiedad. En abril de 1937 ya estaban en la capital hispalense, la casa de huéspedes estaba en la calle Dalia. Parece que le sonríe un poco la vida. Incluso su hija Carmen, de veinte años, consiguió trabajo en el diario El Correo de Andalucía y en Ediciones Beti, aunque estuvo muy poco tiempo, ya que al tener conocimiento la empresa de lo ocurrido en Ceuta sería despedida.

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Pero Dolores Escacena, al igual que su marido, luchó por un país en igualdad y en democracia. Ella, en la medida en que podía, entra en contacto con personajes de la izquierda sevillana, creando una resistencia al régimen. En la mañana del 3 de noviembre de 1938 se presenta en su casa una joven con una carta desde Granada escrita por la socialista Emilia Tovar dirigida a ella, donde le explica que se encuentra en la cárcel de Granada. En la carta le pide que ayude a esta joven por estar perseguida y desea luchar en contra del régimen de Franco. Su nombre, Ana Ochoa. Dolores le manifiesta que le prestará toda la ayuda posible y le presentará a los diferentes enlaces sevillanos de la resistencia. A la primera persona que le presenta es a su hija Carmen. Esta le insiste en ayudarla siempre que su madre se lo permita y que no se preocupara, que le presentaría a un enlace del Partido Comunista en el periódico donde trabajaba.

Dolores Escacena y Ana Ochoa se dirigen a la casa de las hermanas Fernández Ballesteros. El hermano de estas Alberto210 era un dirigente del PSOE en Sevilla, pero tras el golpe tuvo que huir y se encontraba en el consulado del Gobierno de la República en Gibraltar. Tras un largo tiempo de charla quedaron para continuar hablando. Las hermanas le comentan que viniendo de parte de la viuda de Sánchez Prado le ayudarán en todo lo que puedan. Al salir, Dolores Escacena le comenta que se comunicaban con su hermano Alberto en Gibraltar a través de un inglés.

Después se dirigieron a la Mutualidad Andaluza de Viajantes y Agentes Comerciales. Una vez allí le presenta al encargado, el falangista Manuel Bueno, quien le manifestó que era una persona de izquierda, pero bajo la apariencia de falangista podía pasar desapercibido y le comentó a Ana Ochoa que estaba escribiendo un libro sobre el movimiento y que si cayera en manos de Franco lo fusilaban y que el Partido Comunista en Sevilla estaba nuevamente cogiendo mucha fuerza. Manuel Bueno le promete que colaborará en todo lo que pueda con ella. La mujer de Sánchez-Prado continúa aportando datos a la <<supuesta>> militante de izquierda.

Le presenta posteriormente a su hermana Ana y su cuñado Bernardo, comentándole que es un destacado militante de izquierda y que incluso en el pueblo de Herrera le incautaron una finca por el Tribunal de Responsabilidades Políticas, manifestándole este que hay que luchar contra la dictadura y que ellos colaborarán con ella en todo lo que puedan.

La agente secreta Ana Ochoa desea introducirse en la cúpula de la resistencia con el fin de tener todos los nombres y que sea detenida la ejecutiva de esta organización. Convence a la hija de Sánchez Prado, Carmen, para que le presente a José Fernández, del diario El Correo de Andalucía, y este le lleve a su ejecutiva. Este no es tan fácil de convencer, y le pide como prueba de su militancia de izquierda una fotografía de la socialista Emilia Tovar, una carta y una fotografía del hijo de esta. Esto denotaba que comenzaban a desconfiar de esta falsa militante. La policía consigue falsificar esa carta que le piden. Ana Ochoa, a las pocas semanas, le entrega la carta a la mujer de Sánchez Prado y esta a su vez le dice que trasladará la misiva a la cúpula, pero que no dejara de traer las fotografías para comprobar las dudas que de ella tenían los líderes de la resistencia sevillana.

El cuñado de Dolores Escacena, le exige que le presente como más garantía algún militante de la CNT o de la FAI, ya que él los conoce a todos y con ello quedarían despejadas todas las dudas que tenían. A los pocos días se presenta en la pensión y le comunica a Dolores y a su cuñado Rizo que su jefe está en Algeciras le ha dado unas cartas y que cuando venga les informará de cómo se trabaja en otras provincias. Reconocen que con eso vale, y Ana Ochoa, les dice que cuando su jefe vuelva entrará en contacto y les presentarán a <<gente valiosa y la organización que tienen en la ciudad>>.

Bernardo Rizo, le comentó a Ochoa que varios militantes de izquierda le habían comentado que tuviera cuidado con ella, ya que podía ser un agente de la policía. Le dijo que tenía plena confianza en ella y lograría desvanecer esos falsos testimonios sobre su identidad. La supuesta militante de izquierda continúa casi diariamente visitando a la mujer de Sánchez Prado. Para seguir obteniendo información esta le comentó que su hermano Manuel fue conductor de la Guardia de Asalto y fue quien dio la gasolina los primeros días del golpe a los obreros de izquierda, y aunque estuvo en la cárcel nada le pudieron sacar sobre aquellos sucesos. A los pocos días le acompaña nuevamente a casa de las hermanas del dirigente socialista Alberto Ballesteros. Están muy cambiadas y le comentan a Ana Ochoa que tienen miedo y que de lo dicho en días anteriores no se acuerdan y que no quieren seguir hablando.

La agente Ana Ochoa está comprobando que su tiempo se le agota y que debe venir ese <<supuesto jefe>> a Sevilla para que despeje todas las incógnitas que se estaban dando. Una vez que se entrevistó con sus contactos policiales, les dice que es imprescindible para continuar con el desenmascaramiento de la resistencia en Sevilla que llegue ese jefe. Desde los servicios nacionales de seguridad le facilitan una persona para que se haga pasar por el militante de izquierda.

Una mañana se presenta ante la mujer de Sánchez Prado la agente Ana Ochoa con un hombre, el cual manifiesta que es el organizador de las izquierdas en varias provincias andaluzas, pero en realidad era el agente policial nº 289. Juntos se marchan nuevamente a casa de las hermanas de Alberto Ballesteros y después visitan a varios militantes de izquierdas, todos les comentan datos y nombres de la resistencia en la ciudad.

El punto de enlace que estaban buscando lo encuentran con la visita a la casa de Joaquín Loureiro, quien le da nombres de la ejecutiva y toda clase de datos donde ocultan a militantes y armas. Incluso con el socialista García Hernández visitan el aeródromo de Tablada, unos polvorines, al abogado González Navas, a policías, un bar de reuniones llamado Apeadero de Nervión y al gran cantaor de flamenco Manuel Vallejo211. Incluso varios días después se reúnen en Ciudad Jardín con varios militantes que están ocultos en espera de la documentación para salir hacia San Sebastián y de allí a Francia. El cerco se cerraba cada vez más.

La falsa dirigente de izquierda Ana Ochoa entrega un detallado informe con nombres y datos de toda la cúpula de la resistencia en Sevilla. La maquinaria de la represión se pone en marcha y son cientos los detenidos. El 28 de junio de 1939 la policía se persona en la pensión que regenta la mujer de Sánchez Prado y la detienen junto a su hija y su cuñado Bernardo Rizo. Dolores Escacena y su hija Carmen, estarán en prisión hasta 1940. A los pocos meses de salir en libertad, su hija falleció debido a las penurias pasadas en la cárcel.

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