JUNTO AL CONVENTO DE SAN FRANCISCO NACIÓ EN 1821 LA PRIMERA LOGIA MASÓNICA EN CEUTA

La sitúan en el Callejón de la Zigarra, en la parte trasera del convento de San Francisco, actual zona de las calles Velarde y Beatriz de Silva, su nombre Antorcha de Ismael (1821-1823). El masón teniente José Marín, estaba destinado en Ceuta en 1821, en una declaración tras la prohibición de la masonería por Fernando VII afirmaba:

«En el mes de diciembre de 1822, cuando me encontraba destinado en Ceuta, el capitán de mi batallón, Antonio Cerrillo me animó a entrar a una reunión de compañeros, accedí inmediatamente acompañándole a una casa en el que vivía un oficial del regimiento de América.  El local estaba en la parte trasera del convento de San Francisco, en ella se encontró el primer oficial de su regimiento, también Antonio González de la misma secretaría, Carreño médico, con el brigada González, también Ignacio Marcial teniente del regimiento de Valencia, y algunos más, entre todos unas ocho o diez personas. El capitán Antonio Cerrillo le presentó al capitán Salas que le llamaba Venerable. Le exigieron juramento de hacer buen acto de sus hermanos y de guardar sigilo de todo lo que se tocase, después me dieron un libro manuscrito que ponía ’Estatutos de aprendiz de Masonería’, explicando la composición de la logia, sus adornos, obligaciones de aprendiz, y otras más».

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Todo lo relacionado con la logia Antorcha de Ismael  se desprende de los documentos localizados en el Archivo Histórico de Santiago de Compostela, Archivo Histórico de Logroño y en el Archivo Eclesiástico de Ceuta. Su implantación se produjo después del advenimiento del régimen liberal -en 1820- y, sobre todo, con la llegada del jefe político-militar mariscal de campo Gómez de Butrón a la ciudad. El objeto de su fundación, tal y como se refleja en esos documentos, obedece a la necesidad de difundir las ideas liberales y el significado de la Constitución.

El predominio de militares entre los miembros de este taller es lógico al ser Ceuta una plaza militar y a que los destinados en la ciudad eran sensibles a las ideas liberales; por tanto, se vieron atraídos por la masonería. Aunque en menor número, también contó con algunos civiles; sobre todo, funcionarios municipales.

Tres meses después del retorno del rey, una Real Cédula concedió la amnistía a quienes hubiesen pertenecido a la masonería, pero con la condición de presentarse espontáneamente ante las autoridades en solicitud de dicho indulto. Los documentos consultados son escasos, están depositados en distintos archivos eclesiásticos y no proceden de ninguna orden masónica. Como asegura el profesor Manuel de Paz, «ello acarrea multitud de consecuencias de todo tipo, una de las cuales sería la mayor o menor existencia de documentación que permita un estudio riguroso de la peripecia histórica de la sociedad masónica. Esta incidencia negativa, que la represión institucional conlleva ha dificultado, de modo notable, la investigación correspondiente a la historia de la masonería entre 1820 y 1823».

Vamos a desmenuzar estas declaraciones haciendo referencia, en primer lugar, a lo encontrado en el Archivo Histórico de Santiago de Compostela, en el que existen dos retractaciones: La primera corresponde al teniente de Infantería Joaquín Abelenda, que el 5 de junio de 1825 se presentó en La Coruña ante el eclesiástico Manuel Benítez manifestándole que había pertenecido a una logia mientras estuvo destinado en Ceuta, «asistiendo a unas diez y ocho o veinte reuniones» y que deseaba realizar una declaración para obtener clemencia. Tras recibir la intención de esta declaración, el arzobispo de Santiago, Fray Rafael de Vélez -obispo de Ceuta durante la existencia del taller-, comisionó a este canónigo de la iglesia de Santa María del Campo para tomar la mencionada declaración, que finalmente se realizó el 4 de julio en su casa.

¿Cómo se llama? ¿De dónde es natural y vecino? ¿Edad? ¿Estado? ¿Destino u ocupación? El teniente contestó a estas preguntas afirmando que se llamaba Joaquín de Abelenda, que era natural de La Coruña y que acompañaba a su anciana madre en ese momento. Añadió que contaba 35 años de edad, y que era soltero y teniente del extinguido regimiento de Infantería de Valencia. Señaló, además, que había sido inducido e impulsado a entrar de masón por un oficial de su mismo regimiento en Ceuta, llamado Terrillo (Antonio Cerrillo), por un paisano amigo suyo de nombre Isnardi (Francisco Isnardi) y por algunos otros del Regimiento de América que se hallaban de guarnición en Ceuta; eso acaeció en octubre o noviembre de 1822. El nombre de la logia era Ismael. Dijo que solo podía acordarse de algunos integrantes, como Viescas, González, Baños, Varela, Marín y Caballero -estos eran oficiales de su regimiento-.

Respecto a su iniciación en la logia, declaró que le entregaron un cuaderno con varias preguntas y respuestas en forma de diálogo que debía aprenderse de memoria para ser un nuevo hermano. Al entrar el primer día, le vendaron los ojos diciéndole que iba a pasar por los grandes subterráneos en busca de la luz, y que esta se hallaba al final del camino, en el paso a la bóveda de arena (acero) que formaban con las espadas y sables. Concluida la ceremonia, le dieron un papel con tres preguntas que tenía que contestar: ¿Cuál es el deber del hombre para consigo mismo? ¿Para con sus semejantes? ¿Para con su patria?. El canónigo continuó inquiriéndole sobre si conservaba en su poder insignias, estatutos o cualquier otra cosa que acreditara su pertenencia a la masonería ceutí. El teniente contestó que, en la logia, le entregaron un diploma con caracteres masónicos -de tercer grado- cuando fue destinado en el regimiento de Granada en 1823; por tanto, fuera de Ceuta. Recibió dicho diploma durante una ceremonia, pero lo rompió en 1824 después de confesar a un sacerdote su pertenencia a la masonería ceutí, en la que tenía el nombre simbólico de Lari, detallando lo explicado en el taller. Continuando con el documento donde se detalla su declaración, expresa lo siguiente: «Las veces que asistí solo se trataba de las conmociones populares y les oí leer muchos planes y contestaciones de otras logias; sobre todo, de Cádiz».

En otras declaraciones, se daba cuenta de la correspondencia que recibían, destacando la logia Soberano Capítulo de Cádiz. Sobre este taller, García de León nos detalla: «La logia estaba presidida por Joaquín de Frías, fue poco a poco evolucionando en una especie de tertulia política a la que concurría la mayor parte de los masones de Cádiz […] Esta logia tomó el pomposo título del Soberano Capítulo». Según las memorias de Alcalá Galiano, en 1820 había dos logias en Cádiz: el mencionado Soberano Capítulo -a cuyo frente estaba un acaudalado comerciante, Javier Istúriz, y en la que se reunía lo más granado de la sociedad gaditana, incluidos mandos militares- y el Taller Sublime -al que estaban adscritos el propio Alcalá Galiano y su amigo Juan Álvarez Mendizábal, famoso ministro progresista más tarde-.

En la declaración, expone que nunca se trataron asuntos religiosos en la logia, pues estaban prohibidos. Se pagaban tres o cuatro duros y, después, diez al mes, dinero que era para costear la casa y su mantenimiento. Tras cada reunión, se pedía limosna con una bolsa a la que llamaban «Tronco de Pobres», y cada individuo daba lo que quería para los necesitados de la ciudad. Dentro de este mismo legajo, se encuentra otra declaración realizada el 25 de septiembre de 1824 en Santiago de Compostela por el teniente José Marín, de 38 años. En ella, afirma haber pertenecido a la masonería ceutí hasta el mes de mayo de 1823, momento hasta el que asistió a unas seis tenidas antes de ser destinado fuera de la ciudad. El secretario eclesiástico escribió en su declaración:

«En el mes de diciembre de 1822, cuando se encontraba destinado en Ceuta, el capitán de su batallón, Antonio Cerrillo le animó a entrar a una reunión de compañeros, el accedió inmediatamente acompañándole a una casa en el que vivía un oficial del regimiento de América cuyo nombre no recuerda, el local estaba en la parte trasera del convento de San Francisco, en ella dice que se encontró con Viescas, primer oficial, también Antonio González de la misma secretaría, Carreño médico, con el brigada González, también Ignacio Marcial teniente del regimiento de Valencia, y algunos más del regimiento de América, entre todos unas ocho o diez personas. El capitán Antonio Cerrillo le presentó al capitán Salas que le llamaba Venerable. Le exigieron juramento de hacer buen acto de sus hermanos y de guardar sigilo de todo lo que se tocase, después me dieron un libro manuscrito que ponía Estatutos de aprendiz de masonería, explicando la composición de la logia, sus adornos, obligaciones de aprendiz, y otras más».

Se creó en Ceuta un tribunal eclesiástico presidido por el Vicario Francisco Félix de Alvarado. Dichas declaraciones comenzaron a tomarse el 3 de noviembre de 1824 empezando por Francisco Xavier de Viescas. Lo más interesante de estas revelaciones es la localización del taller, sus componentes y las conexiones entre la masonería y el aparato administrativo y legislativo de la ciudad. Antes de declarar, denunció que las autoridades militares lo detuvieron el 27 de octubre sin tener en cuenta sus derechos por pertenecer a la masonería.

Sobre la ubicación física de la logia, coinciden tanto estas declaraciones realizadas en Ceuta como las localizadas en el Archivo de Santiago de Compostela, y la sitúan en el Callejón de la Zigarra, en la parte trasera del convento de San Francisco, actual zona de las calles Velarde y Beatriz de Silva. Según otras declaraciones, después se emplazó en la Calle Real de la Almina, en el Barrio de San Pedro. El traslado a este lugar debió de suceder antes del mes de abril de 1821, ya que Francisco Xavier de Viescas atestigua haber ingresado en la logia ceutí en este último lugar y en abril de ese año.

Otro dato interesante es el proporcionado en la declaración Manuel Baños, el que fuera alcalde de Ceuta en 1822 y militar. Este manifiesta que ya había ingresado en la masonería antes de ser destinado a la guarnición ceutí, y que fue iniciado en Cádiz por José Larres, capitán del Regimiento de América, y por el masón Domingo Antonio de La Vega, abogado en la capital gaditana.

El capitán del Regimiento de Infantería del Príncipe, Pedro Roselli, declaró en este mismo sentido asegurando haber ingresado en la orden en el pueblo francés de Dijón mientras era prisionero de guerra, y que unos compañeros franceses le indujeron a ello. Esta circunstancia se dio con bastante frecuencia, tal y como indica el profesor García León, pues casi cuatro mil oficiales permanecieron hechos prisioneros en Francia durante la Guerra de la Independencia. El capitán también alude en su declaración a un interesante encuentro mantenido con el gobernador Gómez de Butrón, quien le expresó el apoyo de las autoridades nacionales en todas sus reivindicaciones para sacar a la ciudad de su pobreza. Los diputados José Moreno Guerra y Francisco Díaz Morales estuvieron presentes en esta declaración, tomada en febrero de 1821: 

«Vino el ayudante interino Mota con un recado del general Butrón, a lo que le contesté que le hiciese presente estaba ocupado, que si era para alguna cosa del cuerpo, se lo dexase a él. A poco tiempo volvió diciéndome que era preciso me llegase al instante, con efecto así lo hice, y entrando en su despacho me lo encontré con el vocal de Cortes Morales, y otro que no tengo presente, y me dixo el dicho Butrón era llamado para decirme se iba a formar una logia de masones, siendo preciso entrarse en ella, pues todas las autoridades lo iban siendo, y que este sería el modo de que se radicase el sistema constitucional. Me excusé con las ocupaciones que me daba mi cuerpo, a lo que me reconvinieron ambos que de no serlo, se me daría la licencia absoluta. Unos días después vinieron cerca de oraciones del Quartel nuevo, donde tenía el regimiento, al pasar por frente de la casa de la señorita de Suárez, estando una de ellas en el balcón me puse hablarla; en este acto se me acercó el referido Mota, diciendo venía a buscarme de parte del Gobernador y poniendo en movimiento para subir la calle, me dixo que no era por allí, y si por una callejuela contigua a la casa de Suárez, al poco rato entramos en una casa y habitación baxa en la qual estaba Butrón, don Manuel Baños, un oficial de América llamado Bellós, don Calixto y don Apolinar Aguirre, oficiales de tesorero, tres más de dicho regimiento llamado Martínez, Martel, Witen y don Manuel Domínguez, teniente de América, otro oficial llamado Pinillos, otro llamado Valle, y otros […]».

Otra declaración de Pedro Roselli nos proporciona datos muy interesantes sobre la forma de trabajar del taller, así como de su número de integrantes, nombres y estatus social. Dicho número rondaba los cincuenta y seis, fue fundado en abril de 1821 y desapareció en 1823 con la caída del liberalismo. El estamento militar prevalecía en él, y solo tres de sus miembros eran civiles. También había tres médicos, que podrían ser oficiales del Ejército dado que las plazas de facultativo en Ceuta eran ocupadas por miembros de los destacamentos militares; sin embargo, no hay constancia de que estuviesen adscritos a regimiento alguno. No en vano, la máxima autoridad militar, Gómez de Butrón, fue una pieza importante en la apertura de esta logia en la ciudad. Los escasos civiles pertenecían a la burguesía ceutí, y eran funcionarios y algunos concejales del ayuntamiento haciendo mención especial de Manuel Baños, alcalde en 1822. Todos estos personajes conferían al taller una singularidad elitista, como también ocurría en los peninsulares.

Según se desprende de todas las declaraciones, los principales cargos en el organigrama del taller estaban ocupados por oficiales del Regimiento de Infantería de Valencia: Ibarreta (Venerable Maestro), Mota (Primer Vigilante), Apolinar Aguirre (Segundo Vigilante) y Pinillos (Secretario). Todos ellos se mantenían en sus puestos en diciembre de 1822, y se les sumó el médico y secretario del gobernador Francisco Isnardi (Orador). Otra de las declaraciones interesantes es la del cadete de Caballería Agustín Hidalgo, el cual afirma que su iniciación se realizó tras «un escrutinio» con bolas blancas y negras, resultando todas blancas:

 «En dicho quarto había un candil colgado con una luz pequeña, un Gallo pintado en la pared, una mesa con una calavera y dos canillas de muerto, y al frente en el mismo quarto una cadena, que no tuve la curiosidad de acercarme a verla. En mi iniciación me vendaron los ojos, y en este estado fui conducido por mi padrino a la puerta, donde dio tres golpes; contestó el venerable que estaba dentro; ¿Quién viene a interrumpir nuestros trabajos? Respondió el padrino: un profano que quiere iniciarse en nuestros misterios, repitiéndose hasta tres veces y se me dio la entrada».

El último testimonio sobre la implantación de la logia es una carta enviada desde Ceuta el 18 de septiembre de 1821 por el teniente coronel Fulgencio Salas al masón y político liberal Rafael Alesón Alonso de Tejada en la que le explica la situación de la orden en general y del taller ceutí en particular:

 «Mi estimado amigo […] Aquí he organizado esto lo mejor posible, y aunque no está como debe, al menos se ha puesto mejor. El Cap.·. de Cádiz se había incorporado a la or.·. Por escrito pero no de echo, y me temo que esto produzca nuevos disgustos. Con todo puedo asegurar que marcha bien y que es el que más trabaja por conservar nuestra libertad. Esta en buena armonía con Sevilla, Málaga y Badajoz, cuyo sagra.·.  ten.·. no verás impunemente profanado por los tiranos. Es preciso amigo mío que vigilemos mucho y trabajemos con actividad, los momentos son preciosos y las circunstancias muy críticas y muy particularmente ahora que los sucesos de Riego dan … (ilegible) para obrar contra hh.·.  distinguidos por todos respectos. El hecho es serio y por más que quisiéramos decir tengo antecedentes para creer que es efectivo el proyecto. La ida de don Agustín Argüelles a Paris es de gran importancia según noticias. Vamos a otra cosa: los com.·. parece que van prosperando pero tengo avisos del mismo G.·. Or.·.  que obran de acuerdo por lo que es preciso en la actualidad destruir toda prevención que pueda haber por nuestra parte y confraternizarnos mutuamente. Aquí se ha ingerido uno pero mañosamente logré que le impidieran el trabajar, por las respectivas autoridades. Aseguro a los que Iván llegando y después he tenido muy malos ratos por que por mi desgracia estoy al frente de este tall.·. ».

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