ISNARDI, INDEPENDENTISTA VENEZOLANO, EN CEUTA

Francisco Isnardi, fue uno de los protagonistas de los acontecimientos que marcaron la historia de la primera República de Venezuela en 1811, de la que fue secretario del Congreso Nacional y con tal calidad estampó su firma al final del texto de la Constitución. Tras fracasar esta aventura independentista fue hecho prisionero y deportado al presidio de Ceuta, permaneciendo preso hasta 1820, que quedó en libertad, continuó en la ciudad, y dada su preparación, fué nombrado secretario del Ayuntamiento y posteriormente del comandante general. Y fue uno de los fundadores de la logia masónica “Antorcha de Ismael” en Ceuta.

En aquella fracasada empresa separatista en Venezuela no empuño las armas, sino que combatió ardosamente en las filas revolucionarías con su palabra y su pluma. Según la historiadora Marisa Vannini, ya desde 1807 se consta su presencia en Caracas dedicado a importantes actividades políticas integrándose junto con los patriotas venezolanos a la consecución de mayores objetivos. Seguirán los sucesos del 19 de abril de 1810.

Isnardi nació en Cádiz el 27 de abril de 1775, cursó sus estudios hasta 1800. A continuación llevó a cabo los dos años de práctica en los buques de la Armada hasta su llegada a Venezuela que ocurrió seguramente en el año de 1804. Fue éste su primer cargo,  de médico cirujano, en Caracas. Inicio su labor periodística en los albores del movimiento independentista. Alternó como muchos de los intelectuales de su tiempo, la acción valerosa y decidida con la pluma, siempre empeñado en divulgar sus ideas y orientar al país que lo acogió años antes. El conjunto de sus escritos, en los cuales se refleja como un brillante periodista, lo sitúa entre las figuras de mayor brillo en el panorama intelectual venezolano de la emancipación.

Colaboró en el prospero diario El Lucero (1809), fue fundador, responsable y redactor del Mercurio Venezolano (1811); le fue confiada la dirección de El Publicista de Venezuela; colaboró ampliamente con la Gaceta de Caracas, principal órgano oficial. Desde las páginas de su propio diario El Mercurio Venezolano, dedicaría en el primer número, los motivos que le impulsaron y las medidas necesarias para sustentarla y concluir la gesta emancipadora. La historiadora venezolana Vannini, lo define en esta época como “Isnardi era un espíritu libre, puro y deseoso de dar lo mejor de si”. Se publicaron tres números todos en 1811. Había sido nombrado secretario del Congreso Constituyente en Venezuela y éste decide encargarse de la edición de un órgano propio, dedicado especialmente a la divulgación de la vida parlamentaria en el país: El Publicista de Venezuela.

La fuerte impronta de su pensamiento ha sido reconocida por los historiadores venezolanos donde Isnardi marcó su ideología en el periódico de la Primera República, su presencia, sus palabras, sus escritos, su labor periodística, su inspiración y redacción oficial. Su participación en la redacción del Acta de la Independencia documento fundamental de la nacionalidad es indiscutible. Su lucidez y su pensamiento liberal dejaron huellas profundas en la formación y evolución de la ideología venezolana de la emancipación. Supo percatarse con toda claridad de que era necesario abrirse a las nuevas ideas de la modernidad e incorporar el territorio venezolano a la ágil marcha del mundo. Su actuación política fue fulgurante, decisiva y de extraordinaria importancia para el movimiento independentista.

Toda esta aventura independentista tuvo su final el 25 de julio de 1812, fue detenido y junto a siete compañeros más partieron en una goleta hacia Cádiz en octubre, llegando tras cuarenta y tres días de navegación. En abril de 1813, el Consejo de Regencia de España ordenó su traslado al presidio de Ceuta. La fecha como secretario del Ayuntamiento de Ceuta tuvo lugar en marzo de 1820 y unos meses más tarde el 15 de diciembre se le nombra secretario del comandante general el Mariscal de Campo Fernando Gómez de Butrón. El documento llegó con la firma de Agustín Arguelles, compañero de Isnardi en el presidio de Ceuta años anteriores.

Brutón ya había estado en este puesto desde la proclamación de la Constitución de 1812 hasta 1814. En esta nueva etapa ocupaba la silla episcopal ceutí todo un personaje Fray Rafael de Vélez, severo conservador y fiel seguidor de la política absolutista de Fernando VII. El nuevo Comandante General aportó a su nueva administración todo su bagaje liberal de antaño y bastante experiencia y aires de renovación para la ciudad.

El 31 de julio de 1820, envía varios informes al Gobierno titulado: Medidas que deben adoptarse para hacer a Ceuta un puerto libre y franco de comercio… “Yo veo nacer un conjunto de beneficios y ahorros para la Nación de adoptar este plan en toda su extensión. Puede ser que me engañe mi imaginación pero pregunto ¿Qué se pierde en planificarlo? Supóngase que no se vean todos los felices resultados que yo indico. ¿No resultará siempre el ahorro de gastos a la Nación? Pero debe tenerse presente que estando tan íntimamente enlazadas todas las partes de este Plan es necesario que la guarnición, empleados, presidiarios y demás clases estén exactamente pagados en metálicos con preferencia a los de la península como se practica en Gibraltar, que se consigne una cantidad anual, aunque sea corta para reparar los edificios de la Nación en especial el muelle. Que a los gobernadores y demás autoridades políticas, militares y eclesiásticas que les contravinieren con sus providencias, bajo de cualquier pretexto que sea se les exija responsabilidad de la Ley y que la entrada del Foso esté siempre libre y franca a toda clase de personas”.

Con todos estos proyectos Ceuta comenzaba el trienio liberal con buena voluntad pero reducidos medios. Los objetivos trazados por Butrón acabarían tropezando irremediablemente a la hora de las realidades, de donde no le quedaba otra alternativa que luchar por imponer la ideología, punto éste en el que tampoco le sería posible un acuerdo con la autoridad eclesiástica ceutí, encargada en el Obispo Fray Rafael de Vélez que, quisiera o no, ostentaba buena parte del refrendo popular a la hora de calibrar actitudes y criterios.

Huir del Hacho hacia Gibraltar

Todos pensaban en huír de la fortaleza del monte Hacho, pero Isnardi y tres compañeros más no lo tuvieron tan claro y tan sólo se atrevieron a ello cuatro Roscio, Cortés de Madariaga, Paz del Castillo y Ayala. Contaron con la ayuda del comerciante Thomas Richard, en la noche del 17 de febrero de 1814, lograron embarcarse en un navío inglés y refugiarse en Gibraltar. Su fuga fue muy accidentada. A los tres días de su llegada a la colonia inglesa el gobernador de la plaza, general Campbell, los entregó a las autoridades ceuties. Pero a lo5s pocos meses el gobierno Inglés protestó por la suerte de estos venezolanos y tras varias gestiones el 15 de septiembre de 1815, fueron puestos en libertad. Isnardi y sus tres compañeros más seguían en prisión en Ceuta, enviando súplicas en busca de la libertad. Continúan pasando los años y mientras las Cortes y la regencia deliberan, en 1817, uno de los compañeros de Isnardi logró la libertad. Otro hecho historico hizo ilusionarlo con salir de la celda del hacho, el matrimonio entre el rey Fernando y su sobrina Isabel de Portugal, la boda se celebró en 1816, se decidió con el objetivo de reforzar las relaciones entre España y Portugal. Por el mismo motivo también se concertó el matrimonio entre el infante Carlos María Isidro, hermano del rey Fernando, con la princesa María Francisca de Portugal, hermana de Isabel. Se produjo un Real indulto, pero ni Isnardi ni su compañero Manuel Ruiz quedan libres.

De confinado a secretario del comandante general

Tendría que llegar la sublevación de Rafael de Riego en 1819, para que Isnardi consiguiera la libertad, y llegó por fin el 8 de marzo con un Real Decreto tras la implantación del régimen político constitucional. Los levantamientos se fueron extendiendo por el resto de España. Todos los confinados en Ceuta regresaron a América, pero Francisco Isnardi prefirió quedarse. Nuestro protagonista de esta curiosa historia, tras conseguir su libertad fue nombrado secretario del Ayuntamiento y posteriormente del Comandante General, y como en Venezuela, desplegó una intensa actividad periodística en Ceuta, que se manifestó principalmente en los periódicos el Liberal Africano, o el Eco Constitucional entre otros.

Recordemos que  el pronunciamiento liberal se llevó a cabo en las Cabezas de San Juan (Sevilla) donde estaba acantonado el ejército para marchar hacia América  a luchar contra independentistas, el teniente coronel Riego se puso al frente de este contingente y proclamó la Constitución de 1812. Tras diferentes avatares la insurrección se generalizó. Fernando VII, atemorizado, juró la Constitución. Por primera vez, se aplicaba la Constitución de 1812 en una situación de paz y con el monarca en el país. Fernando VII, convencido absolutista, trató de obstruir desde un principio la labor de los gobiernos liberales y el normal funcionamiento constitucional. Por un lado, los “doceañistas” pretenderán modificar la Constitución buscando una transacción con el Rey. Para ello, defendieron la concesión de más poder al monarca y la creación de una segunda cámara reservada a las clases más altas. Tras 1833, los “doceañistas” se convertirán en los moderados. Por otro lado, los “veinteañistas” pedían simplemente la aplicación estricta de la Constitución de 1812. Conocidos también como los exaltados, serán denominados progresistas tras 1833.

La división de los liberales introdujo una gran inestabilidad política durante el Trienio.  Los liberales en el poder durante el Trienio van a aplicar una política claramente anticlerical: expulsión de los jesuítas, abolición del diezmo, supresión de la Inquisición, desamortización de los bienes de las órdenes religiosas… Todas estas medidas trataban de debilitar a una poderosísima institución opuesta al desmantelamiento del Antiguo Régimen. El enfrentamiento con la Iglesia será un elemento clave de la revolución liberal española. Alentados por las conspiraciones del rey y espoleados por la grave crisis económica pronto surgieron movimientos de protesta contra el gobierno liberal en Madrid.  La contrarrevolución realista se concretará en la aparición partidas de campesinos fuertemente influenciados por la Iglesia en el País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña. Alentados por estas protestas, la oposición absolutista se aventuró a crear Regencia Suprema de España en Urgel, cerca de la frontera francesa. Trataban así de crear un gobierno español absolutista, alternativo al liberal de Madrid El fracaso de la Regencia de Urgel hizo evidente para Fernando VII y los absolutistas que la única salida para acabar con el régimen liberal era la intervención de las potencias absolutistas europeas.

El 7 de abril de 1823 un ejército francés, conocido como los “Cien Mil Hijos de San Luis”, entró y, sin encontrar resistencia popular, conquistó fácilmente el país. El 1 de octubre puso fin al último foco de resistencia del gobierno liberal en Cádiz y repuso como monarca absolutista. El mismo día en que Fernando VII fue liberado promulgó un decreto por el que anulaba todo lo legislado durante el Trienio. El monarca trataba de nuevo de volver al absolutismo y al Antiguo Régimen. Inmediatamente se inició la represión contra los liberales Riego fue ahorcado en Madrid en noviembre y, aunque la Inquisición llegó a ser restablecida, se crearon Juntas de Fe que ejercieron la función inquisitorial y represiva. Pese a la represión, las conspiraciones militares liberales continuaron. El monarca pidió a Francia que se mantuvieron los Cien Mil Hijos de San Luis mientras se reorganizaban las fuerzas armadas. En torno a 22.000 soldados franceses se mantuvieron en nuestro país hasta 1828.  Paralelamente, el régimen absolutista abordó la depuración de la administración, lo que llevó a la expulsión de miles de funcionarios, especialmente docentes.

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