LA HISTORIADORA CEUTÍ CARMEN MOSQUERA, EN EL RECUERDO

La semana que hemos concluido (2015) nos trajo la triste noticia del fallecimiento en Madrid de la profesora e historiadora ceutí Carmen Mosquera Merino. Sus múltiples trabajos de investigación nos enseñaron una nueva forma de conocer la historia de la ciudad. Entre sus libros, destacan “La señoría de Ceuta en el siglo XII (historia política y económica)” y “La señoría de Ceuta y el dominio sobre el Estrecho de Gibraltar”. Se licenció en Lenguas Semíticas en Granada, y ejerció en la ciudad durante más de tres décadas hasta 1982.

Recupero este reportaje de los que he escrito sobre la historia de Ceuta, este del 2015, pretendo que en el confinamiento, os entretengáis con su lectura…

     Era miembro del Instituto de Estudios Ceutíes, también destacar que en 1991 realizó su tesis doctoral “Ceuta en el siglo XIII”, en su introducción confesaba el esfuerzo de ese trabajo de investigación… Debo confesar que la presente tesis doctoral la he realizado con grandes esfuerzos y teniendo que salvar algunos graves contratiempos. En un principio, simultaneaba la investigación con la labor profesional docente. Comprendí que el asunto no avanzaba porque una tesis es cuestión más ardua vista desde dentro, por lo que decidí solicitar simultáneamente prórroga de presentación y licencia por ampliación de estudios al Ministerio de Educación y Ciencia, La concesión de ambas solicitudes me permitió abandonar la enseñanza para dedicarme plenamente a la conclusión de la tesis.

Y continuaba Carmen Mosquera… los inconvenientes que se presentaban para su realización eran varios: por un lado, la edad que debilita la memoria, retarda la comprensión y disminuye la vista. Por otra parte, el deterioro de los conocimientos de árabe de mí juventud, así como algunos cambios en la transcripción de fonemas. También he sufrido el cambio de organización en los estudios de doctorado, con normativas y exigencias nuevas. Una de las mayores dificultades fue la traducción de las cartas escritas por Jalaf íbn Qabtawri en el Siglo XIII y publicadas por el Profesor tunecino M. Habib Hila, pertenecían a la correspondencia diplomática de la Cancillería de Ceuta. Se trata de fuentes no utilizadas hasta el momento y que aportan datos de interés para la historia de esta ciudad. Su autor, un andalusí sevillano afincado en Ceuta, escribe con una riqueza de vocabulario, de metáforas y circunloquios que oscurece el mensaje y lo diluye en la prodigalidad gramatical. Incluso para nativos tan expertos como el Dr. Muhammad Randbi y la Profesora Layla Ben Yahia, mis buenos amigos, a los que tengo que agradecerles su dedicación, la tales Cartas supusieron una piedra de toque”.

Y concluía en su presentación de la Tesis… “La traducción que de ellas se ofrece es libre, eliminando paráfrasis y ditirambos, intentando seguir de la mejor manera, el hilo conductor. Si se hubiera seguido su tenor literal hubiera resultado algo incomprensible. Prescindo de las primeras Cartas, referidas al periodo Benimerín, que narran las campañas de Abii Yüsuf en al-Ándalus porque no presentan mayor interés para la historia ceutí. Conté con la dirección y consejo del Dr. Vallvé Bermejo, el más idóneo director de mi tesis por sus amplios conocimiento sobre el tema “Ceuta”, al que ha dedicado sus mejores estudios, uniendo a esta dedicación su paciencia y trato deferente que le agradezco con toda sinceridad. También he contado con las facilidades proporcionadas por el Departamento de Árabe, tanto cuando era Directora Dona María Jesús Viguera como en la actualidad, bajo la dirección de Doña Teresa Garulo. Don Fernando La Granja me facilitó el texto de las Cartas del Qabtawri, cuando aun no eran conocidas en España. A D. Pedro Chalmeta le he molestado con consultas en repetidas ocasiones, encontrando siempre respuestas concretas, que aclaraban mis dudas. Otra gran facilidad me ha proporcionado la Biblioteca Hispanoárabe que con acierto dirigen Da Felisa Sastre y Da María Paz Fernández. Modelo de biblioteca por su riqueza en fondos y por las comodidades que proporcionan al lector dentro de los aprietos y penurias de sus instalaciones. Esperamos que el nuevo emplazamiento sea suficiente para poder trabajar con mayor comodidad.

Y concluye… Nuria Torres y Miguel Ángel Manzano han facilitado mi tarea, autorizándome a estudiar y cotejar su tesina y tesis doctoral respectivamente. Carlos Gozalbes y Jorge Lirola me han anticipado sus comunicaciones en prensa, así como Jesús Zanbn. Con los cinco me siento en deuda y les agradezco su deferencia. Mi agradecimiento más pleno a mi marido Manuel Lería, que no s-610 ha soportado a una esposa doctoranda -10 que significa, obsesionada con un tema- sino que ha sido el principal mecanógrafo de la tesis ante varios ordenadores y me ha animado en los momentos de desfallecimiento.

Premio María de Eza

En la edición del 2010, obtuvo el Premio María de Eza, la candidatura fue propuesta por las asociaciones de Mujeres Empresarias, Mujeres Vecinales y Amas de Casa, y fue elegida por unanimidad del jurado que ha querido reconocer su capacidad para conciliar vida familiar y laboral, en una época en la que este objetivo era complicado, especialmente para las mujeres. Cuando le entregaron el premio manifestó: “Tenemos que estar contentos por todo lo que se ha conseguido, dijo para recordar seguidamente que “en mi pasaporte tenía que estar la autorización de mi marido para poder viajar (…) Era una época de vetos”. Con un mensaje de ánimo a la sociedad, Mosquera aseguró que “estamos en el buen camino” y afirmó que “los hombres y mujeres nos complementamos y tenemos que hacer el camino juntos”. Para concluir, la galardonada leyó unas frases de la biblia: “La mujer más fuerte (…) vale más que cualquier piedra preciosa (…) dadle crédito por todo lo que ha hecho y todo lo que puede hacer”.  El Premio María de Eza, divulga la toma de conciencia del papel relevante que la mujer debe representar en la sociedad, aportando su potencial creativo y transformador.

Así mismo, actos que nos recuerdan las demandas referidas a los derechos políticos y civiles de las mujeres, a los derechos individuales, a las reivindicaciones de respeto e igualdad o a las necesidades, en torno a las diferencias, por el hecho de ser mujer. Hace años, el Centro Asesor de la Mujer de Ceuta se planteó un proyecto novedoso que diera respuesta a una inquietud largamente meditada para conmemorar el Día Internacional de la Mujer. Así surgió el Premio a la Mujer Ceutí del Año, con la intención de distinguir, reforzar e incentivar la labor desarrollada por las mujeres ceutíes en el área educativa, sanitaria, cultural, social, deportiva, empresarial, artística, de investigación.

Su gran obra, la Ceuta medieval

Sus libros “La señoría de Ceuta en el siglo XII (historia política y económica)” y “La señoría de Ceuta y el dominio sobre el Estrecho de Gibraltar”, son dos obras de obligada consulta para conocer una parte de la historia de Ceuta. Me detengo en la descripción magistral que realizó sobre la Ceuta Medieval: … Situada en un estrecho promontorio “la Punta Almina”, que penetra en el mar Mediterráneo, el actual Monte Hacho, debió de ser en tiempos remotos un islote separado de tierra, a la que se llegó a unir por acumulación de arenas, transportada por el oleaje y el flujo de las corrientes marinas, retenidas gracias a la acción protectora del mismo islote. Posiblemente este tómbolo unió otros pequeños promontorios o arrecifes de coral y por ello una parte del istmo resultante no es llano, sino que, tiene una pronunciada pendiente sur-norte (12), mientras otra parte es llana y estrecha, siendo la zona más defendida e importante de la ciudad. Rodeada de aguas por todas partes, menos por el estrecho istmo que la une al continente africano, Ceuta se convierte en una difícil fortaleza para su ocupación por vía terrestre.

Ya al-Bakri, en su descripción hace notar que fácilmente sus habitantes podrían abrir un foso marítimo para defender y aislar la ciudad y su puerto de los ataques del interior. Las incursiones bereberes sobre Ceuta nunca fueron fáciles, pues su entorno orográfico impedía las comunicaciones. Al Oeste, su topografía es más abrupta y escarpada hasta culminar en el Yaba Musa o Monte de los Monos, cuyas estribaciones descienden hasta el mar, dificultando mucho la comunicación terrestre entre los dos principales puertos africanos del Estrecho: Ceuta y Tánger.

Esta difícil y adversa topografía se compensa con la ventaja marítima de las dos bahías ceutíes: la del Norte, más amplia y profunda, perfectamente protegida de los vientos de levante (15) por el Monte Hacho y enfrentada a la bahía de Algeciras y al Yaba Táriq, es el mejor puerto natural del Magrib al-Aqsà, la comunicación más fácil y directa entre Europa y África y entre el al-Ándalus y Berbería. La otra bahía, la del Sur, mejor y más soleada, está expuesta a los vientos de levante (161, que son los más temibles para la navegación. Es también la zona que presenta mayores acantilados sobre el mar.

      El destino de la Ceuta medieval, siempre relacionado con la península ibérica y más unido a ésta que al continente africano, hacia necesario que sus murallas por la parte occidental fueran de gran solidez e impusieran respeto a todo el que se atreviera a aproximarse por esa banda. El estrecho istmo, asentado en la zona que hoy se denomina “Puertas del Campo”, nombre asaz relevante, era el que habla que defender a ultranza. LOS primeros que la fortificaron fueron los bizantinos. Los romanos no tuvieron necesidad de ello porque la ocuparon en los siglos de su dominio mediterráneo y de la “pax romana”.

Los vándalos pasaron por la ciudad en su periplo mediterráneo hacia Túnez y Sicilia y procedieron a su completa destrucción, de la cual se conservan restos arqueológicos, representados por una capa datable en aquellas fechas, que presenta una calcinación muy completa. Llegaron por mar y tras asolar la ciudad, siguieron hacia el Este africano. Los bizantinos que comprendieron la importancia estratégica de la Punta Almina, fortificaron el istmo y la convirtieron en adelantada de sus dominios en el Norte de África y salvaguarda de sus territorios en la península ibérica. Sin entrar en la polémica sobre Don Julián Cibi, lo cierto que la entrega de Ceuta permite a los musulmanes pasar el Estrecho y ocupar al-Ándalus y que durante los siglos de dominio sobre la península, Ceuta es pieza clave ambicionada por unas y otras facciones.

Carmen Mosquera, dejó escrito en sus libros aquella ciudad medieval: … Ceuta en el siglo XIII no era la ciudad, ni tampoco los diecinueve kilómetros cuadrados de su término municipal. Podían ser más o menos, dependiendo de las circunstancias bélicas del momento. Era su dominio fluctuante, según el grado de poder o atracción demostrado por quien mandaba en Ceuta y también está en función de aquel que gobernara en los territorios vecinos. Al tratar de la población, en el capítulo siguiente, se estudiaran las relaciones humanas con las tribus del entorno. En términos generales, Ceuta representaba la cabeza para los habitantes del Rif en su zona costera, a partir de la Bahía de Alhucemas. El Bãdisi menciona constantemente a la gente de Ceuta en sus escritos y su relación con Bàdis.

El filósofo Ibn Saíd, cuando se consideró que podía perturbar la ortodoxia religiosa ceutí, fue deportado a Bãdis como a lugar propio de la jurisdicción ceutí. En la zona del interior del Rif, fueron escasos los enclaves urbanizados que se mantenían. En la Alta Edad Media existió el reino de Nakur, con su centro cercano al mar. Los almorávides la destruyeron y no volvió a resurgir. Sin embargo, bajo ese dominio comenzaron a resurgir los pequeños puertos o radas de la zona rifena: Bãdis, Almazamma (Alhucemas), Ghasása (a la que los catalanes denominaron Alcudia) y Melilla”.

“Estos puertos incrementaron su importancia en la época almohade, cuando su flota dominaba ambas orillas del Mediterráneo y se convirtieron en lugares de intercambios comerciales con las señorías de Italia y al-Ándalus. En Bádis se han encontrado restos arqueológicos que confirman que estuvo defendida por murallas y entre ellas existía una torre poligonal. En cuanto al interior, el “hábitat” rural era disperso y carente de fortificaciones. La defensa radicaba en la escabrosidad del terreno, mientras que la abundancia de aguas permitía la instalación de cierto número de familias. Dominar el Peñón significaba dominar la costa aneja, de la que el Peñón es un tómbolo”.

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