EN DESTRUCCIÓN EL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO DE CEUTA

Grande es la dejación de responsabilidades de nuestras autoridades tanto locales, como del Ministerio de Cultura, por el gran número de edificios históricos que forman parte del patrimonio arquitectónico de Ceuta y se encuentran en riesgo de que en pocos años se pierdan.

Y parece que poco les importa pese a que deberían obtener un trato especial al estar declarados  Bien de Interés Cultural (BIC), pero no es así, viendo el estado que se encuentran las edificaciones. Estos vestigios de distintos episodios de la historia de la ciudad tienen actualmente un futuro incierto por la desatención de las administraciones locales y nacionales.

La relación del patrimonio arquitectónico en peligro de destrucción en nuestra ciudad sería interminable, pero en este reportaje tan solo me referiré a los más emblemáticos, como el Castillo de San Amaro, el Almacén de Abastos, el Fortín y Batería de Punta Almina, el edificio del cuartel de las Eras, Fortín del Sarchal o el  castillo del Desnarigado, entre otros.

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Ceuta posee un rico patrimonio, dada su situación estratégica. Desde que hace ya más de 250.000 años un grupo se asentaron en el llamado “Abrigo de Benzú”, nuestra ciudad ha sido un constante foco de atención para cuántos pueblos han atravesado el Estrecho de Gibraltar y han engrandecido nuestra historia, la época imperial romana, la Septem bizantina, fenicios, romanos, musulmanes, portugueses, de cada uno de ellos nos sentimos orgullosos y por ello tenemos que remover la conciencia de nuestras administraciones a su conservación y puesta en valor.

Pese al trabajo ya realizado en conservación, como esa joya de la Puerta Califal o la conservación del Conjunto de las Murallas Reales, necesitamos de una atención permanente, en esos otros edificios que están en peligro y que en su gran mayoría están abandonados a su suerte, lo cual conlleva que entren en un proceso de deterioro progresivo.

La imagen que encabeza este reportaje corresponde a la parte posterior del Almacén de Abastos, monumento del siglo XVIII, declarado BIC como los otros monumentos. El arquitecto Carlos Pérez Marín, que conoce bien este edificio escribió: “… A veces, la puesta en valor del patrimonio no requiere una gran inversión económica, es suficiente con tener conocimiento de su existencia, de su estado y de sus posibilidades. Como responsable de las actividades culturales del Colegio de Arquitectos de Ceuta, junto a Alberto Weil, se propuso la utilización de este almacén del siglo XVII, que Defensa ya no utilizaba, para convertirlo en espacio para actividades culturales. El presupuesto para poder llevar a cabo las exposiciones y las conferencias ascendió a  2.000 euros que se gastó en limpieza, arreglar la cubierta y dotar de electricidad el edificio”.

El Patrimonio Cultural de Ceuta, describe perfectamente esta edificación, donde expone que el edificio constituye uno de los vestigios conservados de la fortificación de la Almina, cuya finalidad fuera servir de punto de almacenaje y logística al conjunto del enclave. Se trata de una construcción alargada y dispuesta en dos niveles. El interior se ordena mediante pilares, cruciformes en planta baja y rectangular en planta superior, que dividen el espacio en tres naves muy compartimentadas. El intenso y continuo uso que ha tenido el almacén de Abastos ha desvirtuado su imagen original, eliminando algunas partes y transformando otras de forma importante

De manera general, las partes primitivas que faltan son las siguientes: Cubierta original, en su inicio de teja árabe, armaduras de madera y par y nudillo, sustituidas por cuchillos metálicos en gran parte de su superficie, carpinterías exteriores y solerías. Actualmente (2010) en proceso de rehabilitación y restauración dirigido por Forja XXI

El Almacén de Abastos se dispone en el extremo oriental del sector septentrional del Conjunto de la Almina. La línea amurallada de este frente discurriría justo al norte de esta construcción, situándose a su altura la batería de Abastos. De este modo el almacén se situaría en primera línea del borde litoral, y en una situación de estrecho vínculo con las obras defensivas.

Pabellón de las Eras

El Cuartel de las Eras se derribó para la construcción de la Casa cuartel de la Guardia Civil, que todavía está en proyecto durmiendo en el sueño de algún cajón del ministerio de Fomento. El Pabellón, es un edificio del año 35 que albergó la Compañía de Red Militar, la sede de Transmisiones de la época del Protectorado español en Marruecos. Un inmueble que fue incluido en el catálogo de edificios protegidos en el PGOU de 1992.

El presidente de la asociacion Septem Nostra Pérez Rivera formulo en la prensa su descontento en su conservación: “Formaba parte del Cuartel Principal, que fue derruido. Hoy solo permanece en pie el Pabellón, un elemento singular desde el punto de vista arquitectónico, que se encuentra en un estado de conservación lamentable. Hay un serio riesgo de que el edificio colapse y se venga abajo; sería importante, y casi urgente, tomar algún tipo de medida para consolidar la estructura y, sobre todo, actuar lo antes posible para darle un uso. Los edificios de esa antigüedad, si no se les “adecua para un uso”, aparecen “patologías”, como ocurre en este caso, “y se suelen perder”. En la actualidad, continúa su “proceso progresivo de deterioro” por lo cual pidió “coherencia” a la administración si decretaron su protección. “Hay que evitar que haya ocupaciones ilegales, que sea objeto de incendios, porque puede provocar que el edificio termine de derrumbarse”, reflexionó Pérez Rivera, quien llamó a su incorporación a los planes urbanísticos a través de posibles fórmulas para su restauración y que reciba un fin concreto quedando integrado como un elemento más del patrimonio arquitectónico”.

Fuerte de San Amaro  desidia de las administraciones

Si existe un patrimonio arquitectónico en peligro en Ceuta es  el Fuerte de San Amaro, que pese a estar declarado BIC, y ser del siglo XVIII, su estado es lamentable. Los bienes de interés cultural tampoco escapan de la desidia de las administraciones. Hace unos meses se incendio y estuvo a punto de derrumbarse el incidente hizo desaparecer su techumbre.

En las referencias del Patrimonio de Ceuta, se refleja que este pequeño fuerte de artillería de costa que estuvo destinado a la vigilancia de la cala y playa de San Amaro, en la costa norte de la península de la Almina, combina dos cuerpos para la defensa de costas.

Por un lado, el más destacado y llamativo, se compone de un tronco de cono ataludado elevado en cuya terraza se emplazaban los cañones a la barbeta, y por otro, una batería terraplenada más amplia con troneras situada por debajo de la anterior unos 7,00 metros.

Al Fuerte de San Amaro se accede desde tierra, por la gola, disponiendo de una portada monumental descentrada y flanqueada por una garita que da paso a un pequeño patio interior con escalera de acceso a la garita.

Es uno de los edificios que forman parte del conjunto histórico de las Fortificaciones del Recinto del Hacho, de los más antiguos del mismo. Se empezó a construir a finales del siglo XVII y su primera función fue el sostenimiento de la Batería de San Carlos. En aquel momento, fue necesario realizar un amplio proyecto de refortificación y defensa de los puntos más vulnerables de la costa puesto que ya se tenían noticias de que era inminente el inicio del cerco de Muley Ismail.

Deja al norte una edificación de dos plantas para dormitorios y comedor de la tropa, desde cuyas ventanas se domina el patio. Un zaguán da paso al edificio principal, con funciones similares al otro cuerpo anexo antes citado, que comunica con la plataforma artillera de planta semicircular y pretil a la barbeta. En la intersección de éste con el edificio en que hacía la vida cotidiana la guarnición se emplazaban dos letrinas, una más grande y orientada al norte, para la tropa, y otra hacia el sur, para los oficiales. Desde este mismo zaguán, a través de un acceso situado al sur se permite la bajada a la plataforma artillera inferior.

Este nivel bajo se encuentra muy alterado y presenta gran cantidad de edificaciones parasitas, que apenas dejan entrever algunos restos de las troneras que se distribuían por la plataforma. De la garita situada en la portada principal parte un lienzo de muralla conservando el parapeto y el adarve en un pequeño tramo, que posteriormente desaparece por los cambios de cota producidos en la Avenida de San Amaro.

En el extremo meridional de la plataforma inferior se conserva una escalera que comunica un espacio interior, que en la actualidad se encuentra cerrado por una reja. entorno afectado: La construcción objeto de estudio se localiza en pleno borde litoral del frente norte del Hacho, en concreto se sitúa en un saliente con orientación norte sur, limitando al noreste una línea costera de playa usada como muelle, la cual fue en su día protegida también por la Batería de San Pedro. La topografía es en esta zona suave, siendo precisamente en este punto donde la costa pasa de tener playa, hacia el oeste, a ofrecer un borde rocoso con unas pocas calas ya prácticamente en el resto del perímetro del Monte Hacho. Debido precisamente a la falta de una zona elevada donde crear esta fortificación, la misma se diseña para que pueda dominar con facilidad el mayor campo visual posible, por tanto, se asienta sobre el terreno alterándolo, modificando la topografía del lugar .

Cuando “la vaca” dejó de sonar en Punta Almina

Los que ya tenemos algunos años recordamos como los días de taró (niebla) desde la sirena de Punta Almina venia un sonido como el rugido de una vaca, esa señal acústica daba aviso a navegantes de que la costa estaba muy cerca. También durante la guerra civil sonaba cuando aviones del gobierno bombardeaban la ciudad.

Debido a los múltiples detectores de ondas que llevan actualmente los barcos, aquel sonido dejó de escucharse y el edificio de la sirena cayó en un total abandono. Hace unos años se realizó una gran rehabilitación que costó más de 1,2 millones de euros – Inicialmente la recuperación del inmueble se había planteado para su posterior cesión a la Ciudad y su uso como observatorio ornitológico. Pero, han pasado los años y continúa en un total abandono sin utilizarse, y así, lleva desde entonces, sin darle un sentido, ni privado, ni público, por lo tanto terminará nuevamente deteriorándose.

El conjunto de la Sirena y Fortín es de la época del siglo XVIII, declarado BIC. Este conjunto costero está localizado en el extremo nororiental de la península del Hacho, en un emplazamiento estratégicamente clave para interceptar la circunnavegación de esta península.

Construcción defensiva compuesta de dos edificaciones de planta rectangular a modo de barracones y desarrollada únicamente en planta baja; construidos de piedra y remate de esquinas y huecos en ladrillo. Cubiertas a cuatro aguas, lisas sin que se conserve la tejería. Dispone de amplia explanada donde se ubicaba la batería para el tiro. Se conservan restos de murallas defensiva de mampuesto de piedra, así como un aljibe para el agua.

El fortín se sitúa a media ladera entre la carretera del Monte Hacho y Punta Almina. La edificación se desarrolla en sentido Este-Oeste adosada prácticamente a la ladera y presenta una explanada frontal en su extremo Norte constituida por la batería y el camino de acceso, apoyados sobre muro de contención.

En cualquier caso, las instituciones son conscientes de la necesidad de resolver su destino final con celeridad para evitar que sea víctima del vandalismo o genere costes inútiles indefinidamente. En este sentido, el nuevo inmueble cuenta con tres espacios diferenciados: una sala de recepción; una sala polivalente para exposiciones y conferencias, y otra tercera de estudio y consulta. -. El nuevo proyecto, que pretendía rehabilitar el ruinoso inmueble y recuperar al tiempo su entorno paisajístico, arrojó en las primeras conclusiones daños importantes en la estructura que da al acantilado por lo que una empresa especializada se encargó de reparar los muros y cimientos descarnados por la erosión del oleaje y del viento proveniente del mar.

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Qué pasó con el avión que cayó en Ceuta en 1943

En la madrugada del 28 de enero de 1943, algunos ceutíes vieron como un avión se precipitaba en los montes de García Aldave, junto a la, tristemente conocida, como curva de las viudas. Los siete tripulantes fallecieron, su destino el Oriente próximo.

El avión, hacia pocos minutos había partido del aeropuerto de Gibraltar. Eran aviadores que voluntariamente se habían alistado con el bando aliado en la II Guerra Mundial procedentes de varios países integrantes de la Commonwealth. Estaba claro que a las autoridades franquistas en Ceuta, no les interesaba dar explicaciones del suceso, estábamos en plena guerra, y en la prensa local apenas dos líneas. Los aviadores fueron enterrados en el cementerio de Santa Catalina y poco se habló del tema. Los ceutíes si comentaban el suceso, en corrillos y en voz baja, eran tiempos de censuras y miedos.

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Pero tuvieron que transcurrir cincuenta y cinco años para que supiéramos que pasó aquella madrugada. El escritor ceutí, Luis Oliva Maldonado, emprendió una titánica investigación para descubrir que escondían aquellas siete lápidas que están en el cementerio. Tras seis años encajando las piezas del puzle el resultado fue un documentado y bien trabajado libro “El bombardero Halifax DT-586, caído en Ceuta”.

Luis Oliva manifestó: “Supongo que lo que me pasó a mí le podía haber pasado a mucha gente, sentí curiosidad al ver los nombres extranjeros en el cementerio y empecé a hacerme preguntas. Empecé a tirar de la madeja poco a poco y cuando me quise dar cuenta me había pasado casi seis años buscando las piezas de un puzle que ni si quiera sabía si podría reconstruir y para el que no tenía ningún tipo de guión, lo iba formando a ciegas”, dice. “No sé si hay procedimientos para hacer una investigación como esta, pero como era algo que surgía de un interés personal y no un trabajo, podía pasarme todo el tiempo que quisiera buscando”.

Luis Oliva, con muchísima paciencia y, pagando todos los costes de su bolsillo, contrató a una licenciada en biblioteconomía y documentación que buscaba para él en archivos relacionados con el suceso en Madrid, y poco a poco empezó a reunir material. “En el Archivo histórico del ejército del aire en Madrid solo encontré dos papeles y curiosamente no los encontró la persona que contraté”. También en los países de origen de los tripulantes, el piloto neozelandés, y los tripulantes: dos canadienses y cuatro británicos, a lo largo de todo el proceso he tenido muchísima suerte, sin saber lo que buscaba exactamente, rastreando en distintos archivos de países tan lejanos llegué a contactar con los familiares de todos ellos, muchos de los cuales me enviaron cartas y fotografías originales de los soldados”. El Halifax junto con el Lancaster formó parte de la Fuerza de bombarderos de la RAF durante la Segunda Guerra Mundial. Fue un avión muy versátil, al que también se le encomendaron misiones de reconocimiento marítimo, transporte y desembarco aéreo.

En busca de un familiar

Todo este proceso Luis Oliva lo hizo a la antigua usanza, por carta, sin valerse de Internet, ni el teléfono, confiesa que no habla demasiado inglés: “El idioma fue uno de los grandes problemas con los que me encontré, de hecho naufragué a la hora de encontrar un traductor que pudiera pasar al español toda la documentación que recopilé sobre el accidente por su elevado nivel técnico y la variedad de las fuentes”, afirma.

Así, aprovechando que estaba estudiando filología inglesa, llegue a pagar el desplazamiento de mi amigo Jesús Damián a Inglaterra para que intentara entrevistarse con el familiar de un soldado. Yo no me veía capacitado para ir allí con mi inglés, y tampoco era llegar a Londres y buscar, sino que mi amigo tuvo que encontrar un pueblecito bastante perdido en el oeste de Inglaterra”. El estudiante de filología llegó al lugar acordado, en una estación cercana a una antigua base de la RAF y después de mucho esperar llegó una señora “muy mayor” conduciendo un mini, era una de las sobrinas de uno de los aviadores ingleses. “Toda la gente con la que he contactado a lo largo en estos años de trabajo siempre ha sido muy desprendida y me han ofrecido su ayuda”, comenta Oliva, mientras rememora los momentos en los que estaba investigando… “Esto lo he hecho por interés personal y no como nada profesional, pero ahora me siento en la obligación de hacer algo por todas las personas que me han ayudado a recopilar la información. La mayoría de los familiares con los que me he carteado todavía me envían felicitaciones por navidad”.

Siete jóvenes defensores de la democracia

Luis Oliva, autor de este magnífico libro buscó sin descanso a los familiares de estos aviadores: “Los familiares, recordaban muy poco, aparte de que eran muy jóvenes y se alistaron de forma voluntaria, ¿Por qué se alistaron? Aunque había soldados de estratos sociales distintos entre los siete, algunos de ellos tenían la vida resuelta; uno de ellos era el hijo de un importante doctor que tenía una clínica privada… realmente murieron porque lo único que querían era defender la democracia y eso, aún hoy, impresiona”.

El ceutí, Francisco Fernández, uno de los ceutíes que tenía 13 años la noche del accidente, relató que recuerda que estaban cenando en casa de sus padres y de repente oyeron un ruido muy raro, salieron al patio y en cuestión de segundos se escuchó una fuerte explosión. Acudieron al lugar de los hechos en las inmediaciones de la frontera de Ceuta con Marruecos con un grupo de amigos y vieron “trozos de seda amarillenta, quemada y que desprendían un olor fortísimo, imagino que de los paracaídas”.

En la actualidad, las siete lápidas ya tienen sus nombres completos en el patio de Santa Gema del camposanto ceutí y, sobre todo, los familiares conocen todo lo ocurrido esa dramática madrugada. En la noche del jueves 28 de enero de 1943, la inactividad en el aeródromo de la Royal Air Force de Gibraltar transcurría de forma pausada. Atrás quedaba la frenética actividad desplegada durante los meses de octubre, noviembre y diciembre pasados. El humeante café servido durante el briefing fue suficiente para despabilar de la corta e inquieta cabezada de hacía rato. Para entrar en calor nada como el uniforme de vuelo.

Una última foto de grupo hecha en un barracón de madera antes de subir al avión fue su postrera despedida del único trozo de tierra libre del ocupado continente Europeo. Fuera, la humedad del intenso viento de levante les hizo apresurarse a embarcar. El acceso al interior del Halifax a través de la enjuta puerta lateral de babor no resultaba fácil y no ayudaba mucho el grueso pantalón y chaqueta de cuero forrado de lana de su equipo, que no facilitaban en absoluto los movimientos de los aviadores. Una vez dentro, el sudor empapa sus cuerpos causando un sopor molesto y penoso de aguantar.

A las 20.00 horas los siete tripulantes del Halifax abrocharon sus cinturones de seguridad en los anclajes del fuselaje metálico del bombardero. Cebar motores e ignición, calentamiento y comprobación rutinaria de indicadores. Ahí sentados aguardaban absortos la autorización de despegue del solitario cuatrimotor. Revisaban sus equipos una y otra vez y se distraían contemplando las fotografías de sus seres queridos. A las 21,00 horas, el sargento Neozelandés Utrick Watson se persignó mascullando una corta plegaria, tomó los controles del bombardero DT586 e inicio la maniobra de despegue. Aceleró lentamente sus cuatro motores entrando en el recorrido de la pista del estrecho aeródromo…

La suerte ya estaba echada. El Halifax fue originalmente destinado a bombardear los campos petroleros del Cáucaso ruso. Las incursiones se llevaron a cabo a partir de territorios sirios y libaneses. Sin embargo, el primer Halifax entró en servicio con el No. 35. Escuadrón RAF en la base de Linton-on-Ouse en noviembre de 1940, mientras que Siria y el Líbano ya habían sido descartados por Vichy. Por lo tanto, su primera incursión operacional fue contra Le Havre en la noche del 11 al 12 de marzo de 1941.

Memoria olvidada

La mayoría de los familiares de los integrantes del vuelo Halifax DT586, desconocían en su día el lugar exacto donde perecieron sus hijos, hermanos o sobrinos. Debido a la política de la Commonwealth, que entierra a los soldados en el lugar donde fallecen, no pudieron recuperar sus restos. Pero gracias al trabajo de Luis Oliva, al menos dos de los familiares de uno de los jóvenes pisaron Ceuta recientemente y visitaron el lugar donde los siete están sepultados. En sus lápidas sólo se podía leer un nombre, acompañado por un escudo de aviador, y la fecha de su muerte: 28 de enero de 1943. Luis Oliva, nos deja en forma de epitafio: “… Estas letras nos traen con frívola curiosidad al día de hoy un hecho luctuoso puntual, ocurrido en un lugar que el azar se encargo de señalar.

Hecho difícil de tratar y más aún de plasmar sin que se incurra con facilidad en la acción alevosa de herir sentimientos ajenos, herida que se hace presente cada vez que se rememora a un ser querido desaparecido, más doloroso aún cuanto más joven era ese ser, y que con mi torpeza no llego a discernir si compensa el daño causado con el intento de arrojar algo de luz al lamentable suceso y enaltecer en lo posible la corta vida de los siete tripulantes haciendo público lo que dormitaba no solo en sus desaparecidas intimidades, sino también en la de sus familiares y amigos. Tan solo puedo agradecerles a todos y cada uno de ellos su aportación y ofrendar sin esfuerzo alguno con una gratitud insignificante y ridícula mi reconocimiento hacia ellos que me permiten llevarlos en mi corazón”.

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Abril de 1979: la democracia llega al  Ayuntamiento de Ceuta

En este mes de abril de 1979, se han cumplido más de cuatro décadas de las primeras elecciones municipales, aquello fue una cita histórica que renovó las antiguas corporaciones franquistas.

Unos días después, el 19 de abril, se dieron cita en el salón de plenos del Ayuntamiento de Ceuta, los concejales que habían logrado el apoyo de los ceutíes en las elecciones municipales. El número mayor de escaños pertenecían a los independientes (AECAD) liderados por los hermanos Calvo Pecino, con doce; La UCD de Ricardo Muñoz,  con ocho y el PSOE de Fructuoso Miaja, con cinco.

En esa sesión fue protagonista un cuadro del general Franco… Cuando se están presentando las credenciales, ya un miembro del PSOE avisa que ellos no tomaran el acta de concejal si no es retirado el cuadro del salón de Plenos. Tomó la palabra un portavoz de la UCD, explicando que  esta decisión (la retirada del cuadro de Franco) no es normativa y que  de presentarse se haga a través de un pleno en el que opinen todos.

El secretario general del Ayuntamiento, con la intención de mediar, aunque lo complica más, explica que si no quieren votar los del PSOE en dicho salón, que pueden hacerlo en otro lugar como en el Salón del Trono. El líder del PSOE Fructuoso Miaja vuelve a decir que si no se quita el cuadro del dictador no votan. La Mesa estaba presidida por Aurelio Puya (PSOE) y por el independiente Martínez Valdivia (AECAD). Tras jurar su cargo Puya, manifestó “Lo primero que pedimos es quitar el retrato del anterior jefe del Estado”. A los treinta minutos de comenzado el acto se retiró el retrato de Franco, por varios asistentes al pleno.

Una vez comenzado el pleno se llevo a cabo la votación para la presidencia, cada grupo votó a su candidato, los independientes (AECAD) a Clemente Calvo Pecino,  doce; UCD a Ricardo muñoz Rodríguez, con ocho y el PSOE a Fructuoso Miaja, con cinco votos.

Al concejal socialista Aurelio Puya, como presidente de la Mesa tuvo el honor de nombrar al primer alcalde democrático de Ceuta tras la guerra civil, Clemente Calvo Pecino. Tras tomar posesión dirigió unas palabras de gratitud al electorado que ha depositado en él y en su grupo su confianza. Los tenientes de alcalde de aquella histórica corporación fueron: Matías Calvo Pecino, Emilio Cozar Fernandez, Antonio Gálvez Gálvez, Antonio Martínez Valdivia, Ricardo Muñoz Rodriguez, Jose Maria Albert Rosano, Rafael Orozco Rodriguez-Mancheño y Fructuoso Miaja Sánchez.

Tras la elección del primer alcalde democrático de Ceuta, Clemente Calvo Pecino, 1979-1981 (Independiente); continuó Ricardo Muñoz Rodríguez, 1981-1983 (UCD); Francisco Fraiz Armada, 1983-1985 (PSOE); Aurelio Puya Rivas, 1985-1987 (PSPC); Fructuoso Miaja Sánchez, 1987-1991 (PSOE); Nuevamente Francisco Fraiz Armada, 1991-1994 (PFC); Basilio Fernández López, 1994-1995 (PFC). En 1995, tras tener un Estatuto de Autonomía nos convertimos en Ciudad Autónoma, los presidentes fueron Basilio Fernández López, 1995-1996, (PFC); Jesús Cayetano Fortes Ramos, 1996-1999 (PP); Antonio Sampietro Casarramona, 1999-2001(GIL) y el Presidente actual desde 2001, Juan Jesús Vivas Lara, del Partido Popular.

Desde el final del franquismo en 1975, costó mucho esfuerzo a los demócratas ceutíes los cambios de símbolos que estaban repartidos por toda la ciudad, y que servía como referente icónico para identificar visualmente al régimen y a las personas e instituciones que se identificaban con él. En Ceuta tuvimos numerosos monumentos, como la Cruz de los Caídos, en la plaza de África, donde se celebraban actos, brazo en alto, bien avanzada la década de los años setenta. El monumento traído en la década de los años sesenta, piedra a piedra desde el valle de Ketama (Marruecos), conocido como Monolito del Llano Amarillo, o el popular “pies de Franco”, junto al mástil del cañonero Dato, en la plaza que rodea la Ermita de San Antonio.

También nombres de plazas y calles, como Falange Española (actual calle Real), general Franco (paseo de las Palmeras), José Antonio Primo de Rivera (Rebellin), plaza general Galera (plaza Constitución), plaza general Mola (Plaza Azcárate), Avenida Sanjurjo (José Victori Goñalons), calle Calvo Sotelo (Marina Española),  general Yagüe (Fructuoso Miaja) y tantos otros cambios que se han ido produciendo, pero muy poco a poco.

Libro para la historia política de Ceuta

En el recién publicado libro “Atlas de elecciones y partidos políticos en España (1977-2016)”,  del ceutí Adolfo Hernández Lafuente y Consuelo Laiz Castro, nos encontramos con datos sobre el pasado electoral de Ceuta y del resto del pais. Un libro imprescindible para conocer la realidad política de los últimos comicios. Este atlas presenta un análisis electoral y de los partidos políticos de forma sistemática y cuantitativa. Se estudia la serie completa de los resultados electorales de las elecciones al Congreso de los Diputados y la evolución del sistema de partidos desde 1977 hasta la actualidad. Sobre cada una de las consultas electorales se aborda el ambiente preelectoral, la convocatoria, la normativa de las elecciones y las etapas del proceso, el análisis de los resultados electorales y del sistema de partidos, y los aspectos más significativos de cada elección. Se trata de una descripción a partir de los resultados oficiales que incluye una comparación con los resultados de la elección anterior, además de su explicación. Se incluyen mapas electorales de reparto del censo, de abstención y participación, número de escaños por provincias o partido ganador, así como cuadros y gráficos de los resultados. El análisis del comportamiento electoral tiene una importancia capital para evaluar la calidad de la democracia. Los ciudadanos, colectiva o individualmente, al participar en la política, llevan a cabo la necesaria vertebración del sistema democrático, cuya esencia es la existencia de instituciones representativas a cuyos miembros deben elegir.

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Ceutíes exiliados a México, Rusia…

Fueron muchos los ceutíes exiliados tras el estallido del golpe militar, en el 36, dejando amigos, vivencias, familiares, trabajo… Serian cuantiosas las referencias a los refugiados ceutíes, y limitada en esta colaboración, pero si tenemos que destacar, lo realizamos con el diplomático ceutí, Clemente Cerdeira Fernández, a quien la sublevación le sorprendió en Tánger por estar allí destinado como primer secretario de la en la Legación Española, pero tenía a toda su familia en Ceuta,  en la casa que poseían en la playa Benítez. Por sus grandes conocimientos del mundo árabe fue muy presionado por los sublevados para que se les uniera, y en vista de su negativa en más de una ocasión intentaron su secuestro por parte de las tropas sublevadas, y así lo relata el doble jefe de la policía internacional de Tánger,  Edmundo Carleston:

“… Una noche intentamos secuestrarlo y conducirlo a Tetuán, por lo que fuimos en su busca al  Hotel Maclean donde se alojaba, al llamar a su puerta en lugar de abrirnos al decirle que veníamos a protegerle, se hizo fuerte en ella y la cerró,  y la  forzó por dentro negándose a abrirme.  Después de lo ocurrido, Cerdeira pidió al ministro republicano una vigilancia para su custodia personal”.

Como consecuencia de dichas amenazas todos sus familiares fueron  incomunicados y puestos bajo vigilancia no sólo la mujer y los tres hijos menores, sino el resto de los familiares de la esposa, los García de la Torre, que también padecieron dicha situación. Todas las propiedades que poseían en Ceuta y en el Protectorado, así como las cuentas bancarias, fueron confiscadas. Mientras tanto, Cerdeira fue destinado como cónsul general a Casablanca, donde permaneció hasta su traslado a Inglaterra al Consulado General de Liverpool, donde, además de sus funciones consulares, ayudó a los refugiados que huían desde Asturias y del País Vasco. Intentó a través de la Cruz Roja Internacional reunirse con su familia, pero sistemáticamente era denegado el visado, falleciendo en la ciudad francesa de Niza un 4 de mayo de 1944.

Doctora Castillo a México

Tras el golpe del 36, la doctora ceutí Antonia Castillo Gómez, recibió un escrito del delegado de Orden Público en diciembre de 1938, donde tras recabar información a la falange local se le acusa de dar una conferencia a las mujeres de los obreros en la Casa del Pueblo de Ceuta. Ella, pese a ser la primera mujer médica en la ciudad y tener un gran prestigio entre los ceutíes, sabe que sus horas como funcionaria están contadas.
Cuando la doctora ceutí Antonia Castillo Gómez, tuvo que salir de Ceuta en 1940, tras ser perseguida, represaliada y expulsada como facultativa municipal, por las autoridades franquistas, emprendió el camino de un exilio no buscado a México.  En 1945, la doctora Antonia Castillo, prepara su traslado a México. Unos años después viaja a Nueva York siendo una pionera en el estudio del cáncer. Todo son éxitos para la ceutí, pero añoran España y en 1966 emprende viaje de vuelta junto con su marido. A principios de 1971, fallece.

DianaBermúdez a Rusia

Cuando la pequeña Diana recorría las calles de Ceuta en aquel verano de 1936, de la mano de sus padres, nada le hacía presagiar que en pocos días cambiaría su vida y la de su familia. Su padre José Luis Bermúdez-Reyna de Madariaga era un reputado capitán aviador. Durante 1933 fue delegado del Gobierno de la República en Ceuta.  Su padre el 15 de agosto de 1936 fue sacado de la fortaleza del monte Hacho y ejecutado.
La madre de Diana se encuentra sola con cuatro hijos, intentó por todos los medios salir de Ceuta hacia Valencia donde estaba su familia. Consiguen que se realice un intercambio en Tánger, organizado por la Cruz Roja Internacional. Tras llegar a la ciudad internacional embarcarían en el barco que hacia la travesía una vez por semana hacia el sur de Francia y desde allí al pueblo valenciano de Russafa. Cuando todo parecía tener una cierta normalidad, una mañana quedó marcada en la memoria de la pequeña Diana, apenas tenia cuatro años: . Sus dos hermanos, José Luis y Flavio, fueron enviados a la URSS en la madrugada del 13 de junio de 1937.

Catedrático Luis Abad Carretero

El profesor de filosofía del Instituto  Hispano-Marroquí, Luis Abad Carretero, pudo salir de Ceuta, antes de ser detenido, se exilió en Orán, donde pasó numerosas penurias. Posteriormente a Francia y México, donde llegó en 1940. Tras la Guerra Civil logro escapar de España, en un barco repleto de refugiados que le llevó desde Alicante a la costa argelina, para ser internado a continuación en el campo de concentración de Bogharí.

En Orán, sobrevivió diez años dando clases de español, ingles y matemáticas a alumnos de bachillerato, y gracias a la venta de algunos cuadros pudo salir adelante. Cuando hacia 1950 Luis Abad abandona Orán se dirige a Paris, donde va a permanecer casi cuatro años más. Allí da clases de español, entre otros trabajos como profesor. En 1953 Abad deja Paris rumbo a la capital azteca.

Finalmente, transcurrido 18 años, se reencuentra con su esposa, Antonia Castillo, junto a la que sólo había convivido seis meses después de su boda. Por fin, los dos están juntos en México, Luis Abad, participa en proyectos del Colegio de México, y en 1956 es nombrado profesor titular de la cátedra de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma, y publica varios libros y en las más prestigiosas revistas mejicanas. Fue uno de los iniciadores del Ateneo Español, donde tantos ilustres escritores e intelectuales republicanos  españoles se dieron cita. Sus escritos están presentes en los prestigiosos Cuadernos Americanos, destacando la publicación de varios libros de filosofía.

Situación actual 

La situación actual que están viviendo miles de refugiados que están llegando a las costas europeas. Huyen de una guerra que comenzó en 2011. Ese éxodo nos retrotrae a unos acontecimientos similares que vivieron numerosos ceutíes tras el final de la guerra civil en 1939. Según, los escasos documentos a los que hemos tenido acceso, la gran mayoría recalaron en México, algunos en Rusia, Orán y Francia, en campos de concentración como el Argeles. Donde murieron por las deficientes y miserables medidas del gobierno francés. Después, ironía del destino, muchísimos de ellos engrosarían las filas de la resistencia contra el ejército nazi.

Al exilio fueron hombres y mujeres ceutíes de todas las edades, estratos sociales y actividades profesionales. Tras el golpe del 17 de julio de 1936 las ciudades norteafricanas de Tánger, Casablanca y Orán, junto con las  peninsulares de Gibraltar y la costa malagueña, fueron  las primeras en acogerlos; después lucharon en los diferentes frentes republicanos y al término de la contienda se exiliaron en diversos países de Europa y América, dirigiéndose en especial hacia aquellos con los que ya habían sido frecuentes los intercambios.

Francia y México fueron los dos núcleos más importantes del exilio ceutí. Francia acogió un mayor volumen,  en gran medida procedente de una extracción social media baja. Nada más atravesar la frontera en 1939 fueron  internados en campos de concentración, refugios y hospitales, sufriendo de forma directa la II Guerra Mundial. Otros muchos se marcharon hacia México, donde el presidente de aquel país, Lázaro Cárdenas, los acogió. A este país fueron, en su mayoría, políticos, intelectuales y técnicos cualificados como el periodista Camilo Ocaña Civantos y el profesor Menahem Coriat, que durante la guerra civil ocupó un alto cargo en el Gobierno de la República.

El que fuera presidente del PSOE en Ceuta y jefe de telégrafos, Rafael  Jiménez Cazorla, el empresario Antonio Muñoz González y el presidente de la sociedad cultural Septa y  miembro destacado de Izquierda Republicana, perito de aduanas, Juan Rueda Lara. Otro ceutí destacado fue Francisco Llano de la Encomienda,  quien el  17 de julio de 1936 ostentaba el cargo de capitán general de la IV Región (Cataluña); meses más tarde fue nombrado jefe del Ejército de la República en la zona  Norte y  al finalizar la guerra civil  se exilió en Francia y después, en 1940, en México, donde desarrolló una gran labor pedagógica en el Ateneo Español, escribiendo dos libros de técnica militar e historia de la contienda española, falleciendo en el exilio en 1963.

Otro de los exiliados fue el diputado por Ceuta en 1936 y catedrático de derecho, Manuel Martínez Pedroso, quien desde los primeros momentos de la sublevación estuvo en Tánger. En junio de 1937 fue trasladado  a Varsovia como delegado del Gobierno en sustitución  de Ruiz de Funes, promovido a embajador en Bruselas. Al término de la guerra se exilió en México y allí formó parte de la institución  Colegio de México. Fue también profesor de teoría del estado  internacional en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma. Igualmente participó en la declaración de La Habana de profesores universitarios españoles en 1943 y  durante nueve años asesor de la secretaría de relaciones exteriores, colaborando en diversas revistas jurídicas, brillante conferenciante y maestro por excelencia. Murió en la ciudad de México en 1958.

Ceutíes en los campos nazis

Seguramente fueron muchos los ceutíes que sufrieron el castigo y el horror de los nazis. Pero hasta el día de hoy, documentados sólo tenemos a Eugenio Amador Mayano y a Enrique Mateo. Pese a los años transcurridos la búsqueda de fichas de entradas y deportados es muy laboriosa. Una enorme cantidad de españoles, entre ellos muchos ceutíes, combatientes o no, se tuvieron que marchar de aquella España, en la que no tenían sitio.  Una gran mayoría se instalaron en Francia; pero sobre ellos, poco más de un año después, se precipitó otro conflicto bélico que complicó más su ya de por sí difícil situación: la invasión alemana de Francia. En la ficha de los ceutíes podemos leer Eugenio Amador Mayano, fue deportado el 27 de enero de 1941 al campo de concentración de Matauthasen, nació el 6 de enero de 1906. Tras su detención estuvo en la XI-B Fallingbostel, con el número de prisionero 6835. Fue ejecutado el 13 de marzo de 1942. El otro ceutí Enrique Mateo, nació el 21 de marzo de 1926, ingreso en la prisión de Compiègne, el 2 de julio de 1944, siendo deportado al campo de concentración de Dachau tres días después, tenía el número 77.972, tras el fin de la guerra fue liberado, el 8 de mayo de 1945 se puso fin, con la derrota de la Alemania nazi, a la Segunda Guerra Mundial.  Estos ceutíes, contribuyeron a la defensa de Francia contra la Alemania nazi. La derrota francesa llevó a miles de ellos a caer prisioneros del III Reich; conocieron posteriormente un régimen inhumano que les llevó a la muerte a la mayoría de ellos. A partir de agosto de 1940 llegaron los primeros detenidos españoles a Austria y hasta octubre de 1941 todos los transportes de detenidos españoles se dirigían a Mauthausen.

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CUBA EN CEUTA, SIGLO XIX

Desde 1868 hasta 1898, Ceuta recibió a cientos de deportados políticos cubanos. En la ciudad se vivió intensamente las costumbres y los cantes de lamentos de estos hombres que lucharon para liberar a su país. Los suplicios de estos hombres comenzaron tras ser detenidos en Cuba y condenados al destierro en España, fueron repartidos por varios centros penitenciarios, pero en gran número en Ceuta.

Las numerosas expediciones desembarcaban en Santander, y después también por vía marítima, hacia Cádiz. Una vez en el puerto gaditano, emprendían su camino hacia Algeciras andando y tras embarcar cruzaban hacia Ceuta en un modesto vaporcito. Uno de ellos dejó escrito: “El vapor era bastante pequeño y apenas cabíamos sobre cubierta, donde iban algunos oficiales y soldados de distintas armas, con velocidad de ocho millas por hora, aquel barquichuelo nos arrastraba a nuestro fatal destino, héroes ignorados de la libertad de un pueblo, sometidos a esclavitud perpetua por el infamante delito de reclamar derechos…”.

En su gran mayoría ocupaban las galeras de la fortaleza del monte Hacho, también algunos en el cuartel Principal (Las Eras), Las Balsas y en talleres (convento de San Francisco). Uno de los políticos mas importante de los que estuvieron en Ceuta fue Juan Gualberto Gómez, (quien tiene actualmente vínculos familiares con ceutíes), este tras quedar en libertad, desempeñó altos cargos en el gobierno de la Habana, llegando a ser Senador.

La ciudad ocupaba a estos hombres en numeroso trabajos, sobre todo en la construcción de baterías y cuarteles. En 1897, se estaban ejecutando y daban ya a su finalización las obras del Pintor y de Santa Clara. También en las obras de ampliación del cuartel del Rebellín, en la prolongación del muelle, o en las obras de defensa en punta de Benzú, y por consiguiente, en infinidad de canteras, talleres, hornos de cal, acarreo de agua, o en la sección de barreneros.

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A las cinco de la mañana sonaba el cañonazo llamando a estos cubanos, que daba principio un nuevo día de trabajo. A toda prisa, sin tener tiempo apenas para lavarse la cara. Cuando había agua para ello, se arreglaba cada cual en su galera para estar listos a las cinco y media, hora del recuento matinal. Hiciera o no buen tiempo, al toque de corneta salían todos al patio, siendo contados en la puerta, donde estaba la comisión de recuento, terminado el cual volvían a entrar en las galeras por breves instantes.

Posteriormente el desayuno, con algún pedazo de pan y una taza de té o café muy claro, con lo que se calentaba un tanto el débil estomago. De nuevo sonaba la corneta, llamando al trabajo, y de nuevo salían a los patios para ser distribuidos por secciones, desfilando seguidamente las distintas cuadrillas, cada cual en la dirección de su lugar de trabajo, formando silenciosas columnas, descendían del Hacho hacia la ciudad, y al llegar a la falda de la montaña cada sección se separaba. A las once de la mañana, se daba el descanso del mediodía para tomar el rancho del almuerzo y a la una se emprendía la sesión de la tarde en la misma forma, hasta las cinco, que volvían para el Hacho, cuya cuesta entre los ceutíes, recibió el nombre de “El calvario de los cubanos”.

El cubano deportado, De la Concepción, explica su pasado por las céntricas calles de Ceuta, para ir a trabajar: “En los establecimientos comerciales entraban y salían mujeres y hombres cargados con sus paquetes de mercancías y damas elegantemente vestidas y seguían diferentes direcciones, preservándose del sol con sombrillas de vistosos colores. El elegante carruaje de un medico, quien iba dentro más estirado que un senador romano, pasó por nuestro lado, dejándonos impresa en la mente aquella manifestación real de la vida civilizada y en la garganta la amargura de aquel terrible momento de nuestra miserable existencia. Con el único consuelo de que todos nuestros sufrimientos eran por Cuba”.

Se cuentan en las crónicas un suceso digno de destacar. Entre los deportados se encontraba el prestigioso oculista cubano doctor Montalvo, una mañana recibió en el Hacho la visita de un militar de alta graduación, le comentó que tenía a su hija enferma de la vista, que había nacido con problemas en la visión, y habiendo tenido noticia de su prestigio como oculista le requería sus servicios. El doctor Montalvo, no lo dudó, trasladándose al hospital Central (actual plaza de los Reyes) donde la intervino. Una difícil operación seguida de un cuidadoso tratamiento, hizo brillar la luz en aquellos ojos que habían nacido apagado. El doctor continuó durante varios meses un tratamiento a la pequeña, teniendo la suerte de vivir en la ciudad sin tener que estar en prisión. Consiguió numerosas mejoras para sus compañeros cubanos que también fueron atendidos en el hospital. Su desinterés hizo que operara a otros compañeros de prisión que necesitaban de sus servicios.

Presidente de la República cubana en Ceuta

Alfredo Zayas y Alfonso, político y escritor cubano, Presidente de la República entre 1921 a 1925. En el año 1882 se licenció en Derecho por la Universidad de La Habana. Se afilió al partido autonomista, para pasar posteriormente a ser militante del partido revolucionario. Este hecho motivó que fuese perseguido y encarcelado y con posterioridad desterrado a Ceuta en 1897. Donde escribió alrededor de 100 poemas, entre ellos “Al Caer la Nieve”. Fue publicado posteriormente en forma de libro y se enseña en las escuelas de Cuba.

Miembro destacado en la lucha por la independencia, regresó a la isla en 1898, momento en el que volvió a la vida política. Así, fue sucesivamente juez municipal en la localidad de Puentes Grandes; concejal del Ayuntamiento de La Habana; subsecretario de Justicia; delegado y secretario de la Convención constituyente por la provincia de La Habana; senador, también por la provincia de La Habana; y, por último, vicepresidente del Senado. Accedió a la vicepresidencia de la República entre los años 1909 y 1913. En el año 1920, como candidato del Partido Popular, ganó las elecciones, lo que le llevó a ocupar la presidencia de la República apoyado por los conservadores. Zayas fue candidato en 1925 no para un segundo mandato, pero se retiró de la vida política, para dedicarse principalmente a la literatura y la escritura de libros. También fue presidente hasta su muerte de la “Academia de la Historia”. Murió a los 72 años de edad. Fue enterrado en La Habana en el cementerio Cristóbal Colón, su mausoleo es conocido por sus magníficas vidrieras y una copia de tamaño natural de la Piedad de Miguel Ángel.

Vivencias reflejadas en un Diario

A los que nos gusta rebuscar en las librerías de raros y antiguos de vez en cuando tenemos la fortuna de encontrar alguna que otra joya de la historia local. Y eso fue lo que me pasó en Sevilla que tras rebuscar entre volúmenes llenos de humedad y polvo la suerte nos puso frente con un conmovedor diario, escrito por el cubano Pablo de la Concepción, en la prisión del Hacho, entre 1895 y 1898. En el preámbulo define lo que desea que signifique sus escritos:

“El verdadero objeto de este diario no es otro que dar a conocer al pueblo cubano los sufrimientos experimentados por los prisioneros de guerra y deportados por medida gubernativa, que el Gobierno de España nos recluyó en Ceuta durante la Guerra de Independencia.     Muy lejos de nuestro ánimo está la idea de despertar odios entre cubanos y los que combatieron y odiaron su libertad por cuya razón, suplicamos al que nos honre leyendo este diario, que juzgue los tristes sucesos que en él se relatan, como la consecuencia natural de la tempestad de pasiones que la guerra desató sobre la Isla…”.

En las primeras hojas el autor del diario narra su lucha por la Independencia, el lo tituló “De la Manigua a la cárcel”, es una sencilla narración donde con la mano firme describe el acto de ser hecho prisionero, y lo ocurrido en los accidentes que precedieron a la infortunada acción de guerra. Continúa con su conducción como prisionero al pueblo cubano de Alquízar, el panorama sombrío que se observa en dicha población está bien trazado, es una verdadera fotografía de la reconcentración de campesinos en los poblados, era la marcha a la más horrible miseria y a la muerte.

También describe en este diario su permanencia en la fortaleza del Morro, ya en la Habana, narrándonos los largos días en la prisión, en sus oscuros calabozos, donde vio a muchos compañeros suyos ser fusilados. Él tras un consejo de Guerra fue condenado a ser deportado a Ceuta, tal vez, contó a su favor, para no ser fusilado, que tan solo contaba con 17 años. Continúa, su escritura explicando su embarque en el lanchón junto a treinta compañeros más que fueron arrojados como fardos. Emociona su descripción y da una idea de las vejaciones que sufrieron. Para aquellas autoridades españolas en Cuba, estos hombres habían cometido el “horrendo” delito de querer tener una patria y no resignarse a seguir siendo esclavo.

En el fondo de las bodegas de los trasatlánticos, aprisionados en las barras, eran llevados los reos políticos. Al llegar a España se les introducía en los calabozos antihigiénicos de las cárceles por donde debía pasar para ser luego traídos a Ceuta. En esos calabozos se les confundía con los criminales comunes que sintiéndose también españoles injuriaban a los cubanos, que tenían que contribuir al pago de su subsistencia y del falucho que imponían los matones que presidían las galeras.

Desgrana en sus páginas una descripción de Ceuta, trazado con mano maestra, con claridad meridiana y estilo ameno. Es un verdadero panorama que da a conocer la Ciudad, tan temida de nombrar en la Habana, entre quienes ya visitaron el presidio del Hacho y volvieron a Cuba para contarlo. También describe el interior de las celdas del Hacho, su organización administrativa, militar y ejecutiva. No poniendo en muy buen lugar al jefe de la prisión Remigio Alegret y al maltrato de los “cabos de vara” y sus auxiliares. Y por último se describe el momento de la libertad, el abandono de la fortaleza del Hacho y su regreso a la Cuba, ya libre. Como apéndice tiene tres interesantes relaciones históricas nominativas de deportados.

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… Y CEUTA AMANECIÓ REPUBLICANA

Rafael Jiménez Cazorla, funcionario de telégrafos, masón y futuro presidente del PSOE en Ceuta, desplegó la bandera republicana en el balcón del edificio de telégrafos en la tarde del 14 de abril. Alfredo Meca fue testigo de estos acontecimientos: “Cuando transitaba por la calle de La Marina, observé izada en la Casa de Telégrafos la bandera tricolor. Presurosamente, me dirigí a la Casa Consistorial, donde llegué al mismo tiempo que una manifestación con banderas y con gran alegría; pretendían colocar la nueva enseña en el balcón del ayuntamiento. Así se hizo en medio del mayor entusiasmo y con todo orden y respeto para los muebles y efectos municipales esperando a que se retiraran los papeles y sumarios que había sobre la mesa de la rotonda principal”.

Pero hagamos historia… Una vez que, en enero de 1931, se tuvo la certeza de que los comicios municipales se celebrarían, comenzaron a delimitarse las diferentes opciones políticas para la ciudad. Por una parte, estaban quienes querían luchar para constituir un gabinete democrático, como el Partido Socialista y los republicanos. Otros, con un perfil más conservador, defendían el continuismo: el Partido Reformista, el Partido Liberal Independiente y la Agrupación Defensa de Ceuta, constituida en noviembre de 1930. Precisamente, este partido sería el primero en exponer su programa electoral y creó el periódico Diario de Ceuta. Los republicanos y socialistas, por su parte, resolvieron ir juntos a las elecciones y, para ello, celebraron varias reuniones.

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El peso de las negociaciones recayó en el médico Sánchez Prado por la parte republicana, y en Conrado Lajara, presidente del PSOE, por la parte socialista. Tras varios encuentros, se unificaron bajo el nombre Conjunción Republicano-Socialista, distribuyéndose las 24 candidaturas a partes iguales. La ley electoral solo permitía votar a los hombres, y era obligatorio. En el caso de las mujeres, aún deberían esperar a las futuras Cortes republicanas. La junta electoral dividió a la ciudad en ocho distritos y, aunque el régimen municipal se restableció por Real Decreto de 10 de abril de 1930, la Junta Municipal siguió actuando. Los distritos fueron: primero, Ayuntamiento y Asilo; segundo, Ruiz y Cigarra; tercero, Hospital Central, calle de Serrano y Obispo; cuarto, Vista Alegre, Canalejas y plaza de Azcárate; quinto, plaza de Maestranza, pasaje Recreo y zona del monte Hacho; sexto, Otero, Almadraba y príncipe Alfonso; séptimo, Hadú y Villa-Jovita; octavo, Benzú. En total, se presentaron 175 candidatos para ocupar los 35 escaños de concejales con que el municipio contaba en 1931.

La jornada electoral transcurrió con total tranquilidad. Se formaron grandes colas tan pronto abrieron los colegios. Muchos partidarios de la Conjunción Republicano-Socialista lucían en sus solapas, la bandera tricolor con lazos rojos. Los colegios se cerraron a las cuatro de la tarde. El director del semanario El Renacimiento, Enrique Porres, escribió una curiosa crónica el día 16 de abril desde la fortaleza del monte Hacho, en la que se encontraba detenido: «La odiosa fortaleza del monte Hacho guardaba entre sus muros a mi humilde persona, el semanario Renacimiento molestaba al conde de Jordana, y su poder llega a burlar a la ley y condecorarme.

Una llamada de teléfono. ¿Sería mi orden de traslado a un penal de la península? Cojo el auricular, escucho y poco me falta para que el corazón se me salga del pecho. ¡La  República ha sido proclamada en casi toda España y, dentro de breves momentos, podré observar desde las murallas de la fortaleza del Hacho el acto grandioso de ser izada la tricolor enseña en el edificio de telégrafos! Hasta los altos murallones de la fortaleza del Hacho llega el eco de las ovaciones con que la noticia se acogió en la ciudad. Los presos lloraban de emoción y bailaban llenos de júbilo. El comandante de la fortaleza militar no podía ocultar su histeria ante la noticia de un posible asalto de la fortaleza por el pueblo. Pidió refuerzos y una compañía de infantería subió presurosamente la empinada cuesta del Hacho. Su intervención no fue necesaria, y los simpáticos soldaditos dedicaron el primer día de la república a quitar de sus uniformes los atributos de la caída realeza».

Los ceutíes se decantaron por la Conjunción Republicano-Socialista, que obtuvo 6.325 votos, el 80 %, y 22 concejales repartidos en 12 escaños para los republicanos y 10 para los socialistas. Únicamente tres distritos se inclinaron por el promonárquico y conservador partido Defensa de Ceuta, que consiguió 7 concejales y 1.122 votos. Los reformistas obtuvieron 4, y 2 los independientes haciendo un total de 35 concejales. Cuando tuvo la certeza del triunfo republicano, el rey abandonó el país por Cartagena. Los servicios de comunicaciones y transmisiones del Estado se habían decantado por el nuevo régimen, y transmitieron el cambio al mismo desde las tres de la tarde del 14 de abril a toda España. No obstante, eso no era realmente así a pesar de la muchedumbre que ocupaba las calles. Ese día, la central de telégrafos de Ceuta recibió la comunicación de la proclamación del nuevo Estado desde Madrid. Un buen número de ceutíes se encontraba agrupado a las puertas de ese edificio. A las cinco de la tarde, la bandera tricolor ondeó por vez primera en la ciudad.

Varios manifestantes deseaban un retrato del rey y, mientras los porteros del ayuntamiento subían uno que se encontraba en una dependencia del piso bajo, otros penetraron en el salón de sesiones, descolgaron el retrato que se encontraba bajo el dosel y lo arrojaron por el balcón. Después, llegó otra manifestación encabezada por los miembros del Comité de la Conjunción Republicano-Socialista y tomaron el ayuntamiento».

El diario La Opinión del 15 de abril escribió sobre este día: «Ceuta, ayer, vibró de júbilo, tensó su espíritu loco, potenciada su vida cordial hasta lo indecible, porque Ceuta puede vanagloriarse de haber laborado por la república de muy magnífica manera. Ya ayer lo decíamos en nuestra editorial, hablábamos de la gesta local y glosábamos la significación trascendental de la jornada que el domingo vivimos. No nos equivocamos, el domingo fue la revolución. La Opinión, como tantos hombres y periódicos, también sufrió persecución callado y tuvo que defenderse contra jesuíticos intentos de persecución hasta la muerte. Pero hoy podemos gritar sin cuidado de los agentes de la monarquía, porque esta ha caído y España revolucionaria nos apoya. Ceuta es como un inexpugnable baluarte ya para la causa de la libertad». 

El 15 de abril de 1931, los nuevos concejales tomaron posesión de sus cargos y la Segunda República fue proclamada desde el balcón principal del ayuntamiento. Seguidamente, se dirigieron al balcón principal, donde el alcalde accidental, Olivencia, y el presidente del PSOE, Conrado Lajara, izaron la bandera. Una compañía del Regimiento de Infantería de Ceuta rindió honores e interpretó La Marsellesa (algunos meses más tarde, se legisló que el himno oficial fuera el de Riego). Posteriormente, se organizó una manifestación. El diario La Opinión escribió al día siguiente que unas veinte mil personas habían acudido a dicha manifestación.

La corporación saliente, con su presidente -José Rosende- a la cabeza, entregó en salón de plenos el bastón de alcalde al miembro de Unión Republicana Manuel Olivencia, que lo recibió de forma provisional, pues su titular sería el más votado, el doctor Sánchez Prado:  “En virtud del acuerdo adoptado. se designó a don Antonio López Sánchez Prado como presidente del ayuntamiento de Ceuta por ser el que mayor número de sufragios obtuvo en las citadas elecciones del 12 de abril de 1931”. Las ocho tenencias de alcaldía serán desempeñadas en orden de sufragio exceptuando la primera tenencia, que se acordó fuera desempeñada por el que habla (Manuel Olivencia Amor) en condición de mi virtud como letrado, tenientes de alcalde Eduardo Pérez Ortiz, David Valverde Soriano, Valentín Reyes Sánchez, Juan Arroyo Tornero, José Victori Goñalons, Sertorio Martínez Simón y José Más de la Rosa. Tenientes de alcalde suplentes: Domingo Vega Pérez, Alberto Parres Puig, Manuel Pascual Abad, José Torres Gómez, Antonio Becerra Bravo, Francisco Sánchez Molinillo, José Lendinez Contreras y Lamberto Amador Ventura. Concejales sin cargo: Antonio Mena López, Antonio Berrocal Gómez, Salvador Pulido López, Francisco Bohórquez López, Francisco Trujillo González, José Molla Noguerol, Isidoro Martínez Dura, Cándido Lería Lanzac, Moisés Benhamú Benzaquén, Ángel Fernández Vidal, Miguel Pulido López, José Baeza Huesca, Antonio Sánchez Mula, Luis García Rodríguez, Demetrio Casares Vázquez, Ricardo Chacón Pineda, Francisco Ruiz Medina y Enrique Delgado Villalba».

Más tarde, el 10 de mayo, sindicatos, empresarios y partidos políticos se reunieron en el citado salón de actos para estudiar las medidas más urgentes que tomar en este sentido. Una comisión viajó a Madrid para entrevistarse con algunos ministros y presentarles varios proyectos de obra. Dicha comisión estaba formada por el alcalde Sánchez Prado y los tenientes de alcalde Manuel Olivencia, Sertorio Martínez, Sánchez Mula y Francisco Ruiz. AGCE, Actas Capitulares 10/05/1931. En estos primeros meses, se sentaron las bases para futuras obras en la ciudad, como la Escuela de Artes y Oficios, la Escuela de Magisterio, una nueva cárcel, un Instituto de enseñanza secundaria y numerosas escuelas, el nuevo mercado del puente de La Almina y el campo municipal de fútbol. Asimismo, se crearon el diario El Faro, Radio Ceuta, el conservatorio de música y la Mutua de Ceuta. Por otro lado, a la ciudad se le restituyeron sus legítimos derechos, fueros y privilegios que le habían sido usurpados durante la dictadura.

Varios nombres se barajaron para el cargo de alto comisario, pero uno de los que más sonó fue el del general Francisco Franco; el diario ABC dio por hecho su nombramiento, e incluso llegó a publicar la noticia. Sin embargo, no fue así; de hecho, el propio Franco envió una carta al diario negando esa posibilidad. Otro general, Sanjurjo, fue finalmente nombrado el 23 de abril, cosa que no agradó a republicanos ni a socialistas. Tras muchas críticas y apenas transcurridos treinta días de su toma de posesión, fue cesado y se designó al africanista y conservador Luciano López Ferrer.

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CEUTÍES EN EL FRENTE RUSO: LA DIVISIÓN AZUL

Cuando apenas se cumplían cinco años del golpe militar del 36, en el verano de 1941, varios cientos de jóvenes ceutíes marcharon al frente de Rusia, el escenario más sangriento de la Segunda Guerra Mundial. Se enmarcó dentro del ejército de la Alemania nazi. Entre 1941 y 1943, cerca de 50.000 soldados españoles y algunos portugueses participaron en diversas batallas fundamentalmente relacionadas con el sitio de Leningrado.

La despedida de los miembros de la División Azul se realizó en el estadio municipal de fútbol, el 8 de julio de 1941. Destacando en esta aventura belicista destacados falangistas de la ciudad como el alcalde Jacinto Ochoa y el concejal Tejero Benito, entre otros. Apenas un año después están de vuelta, y en el salón del trono (fotografía del reportaje) el alcalde Vidal Fernández, junto a los miembros de la falange local le rinde un homenaje, con la acostumbrada misa y ofrenda floral en la Cruz que se construyó, en la puerta de la catedral.

La invasión alemana de la Unión Soviética era para ellos la continuación de la Guerra Civil en otros frentes. Pero más allá de cuáles fuesen las motivaciones que llevaron aquellos jóvenes a enrolarse voluntariamente en semejante empresa, y muchos de ellos jamás regresaron a su tierra.

Abría que realizar un trabajo de investigación para recabar más datos sobre cuántos ceutíes formaron parte, su identidad, en los frentes que estuvieron destinados, así como el número de bajas. En un suelto encontrado en la prensa, que hay que tratar con toda cautela,   se escribe que salieron 1.682 soldados y 63 oficiales que, por su experiencia en combate, tenían muy poco que ver con el resto de la fuerza expedicionaria -la mayoría, voluntarios falangistas-.

Entre los escasos documentos localizados tenemos lo publicado en el boletín Oficial de Ceuta, del 14 de Mayo de 1942, donde se incluye una resolución del Ayuntamiento, que dice: La cifra exacta de los enrolados no se tiene, pero se baraja que en torno a 46.500 españoles tomaron parte, hasta que concluyó la misión en otoño de 1943, de los que se estima que 5.000 perdieron la vida a causa del combate y de las duras condiciones meteorológicas del invierno ruso”.

Tenemos el testimonio de un sargento de Regulares destinado en la ciudad y que luchó en la División Azul, el testimonio lo recogemos gracias a la Fundación Saber, Félix Robles Martínez estaba destinado en Ceuta cuando su compañía fue elegida. Todos los militares que formaron parte de este contingente se reunieron en Madrid el 16 de julio de 1941 para salir, vía Hendaya, a la Europa en guerra, recuerda el sargento ceutí. “Era el día del Carmen y en Madrid no funcionaban ni los taxis. Habían ido a verme mi madre y mi padre, pero no fueron capaces de encontrarme y me fui sin despedirme de ellos. La primera parada de aquel viaje fue en un campamento nazi, donde los soldados españoles de Muñoz Grandes éramos adiestrados en la lucha, jurábamos fidelidad a Hitler e, incluso, aprendíamos a combatir la guerra química”.

La vida de estos jóvenes ceutíes pasó de la agradable temperatura de la ciudad a la gélida estepa. Y el aliado más cruel, como tantas veces se ha dicho, fue el invierno, terminando su recordatorio el joven sargento de Regulares: “Tuve que masajear a muchos compañeros las piernas y los brazos. Todo se les quedaba congelado. Hasta la sangre parecía morada bajo la piel. Murieron muchos que no tenían que haber muerto… Después de cruzar Europa en busca de la guerra, después de padecer la crudeza del invierno polaco, quedaba, en el mejor de los casos, el viaje de vuelta: «Yo no volví derrotado de Alemania. Fui repatriado en 1943, después de que me liberaran de mi juramento a Hitler”.

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Historia de historias

Una buena parte de los voluntarios ceutíes recibieron un homenaje en el salón del trono del Palacio municipal, las imágenes del archivo municipal de Ceuta, que acompañan a este reportaje dan buena cuenta de ello, fechadas el 5 de agosto de 1942. Para trasladarnos a esos años tenemos que ponernos en situación e imaginarnos el ambiente belicista y eufórico que se respiraba en la Europa de la época y más en concreto en la España franquista llena de represión.

El escritor Jorge M. Reverte, en su libro”La División Azul, Rusia, 1941-1944″, nos cuenta los silencios y las preguntas entre los combatientes eran la tónica en su viaje a la estepa rusa: “¿cómo podemos soportar tanto sufrimiento si no sabemos cuál es nuestro objetivo? ¿Es más noble nuestro propósito que el de los soldados alemanes? ¿Qué nos distingue de ellos?”.

Martínez Reverte estudió la División Azul como “una historia de historias”, la historia de un viaje que empieza el 22 de junio de 1941 en Madrid, en una ciudad que a la vez, “se muere de hambre y de tifus”.
El autor repasa la historia de los voluntarios españoles que engrosaron las tropas hitlerianas en el frente ruso. El 13 de julio de 1941, miles de personas despedían a los primeros voluntarios españoles dispuestos a batallar en la II Guerra Mundial.

Adolf Hitler había autorizado la incorporación de tropas franquistas y el dictador español accedió a aportar voluntarios. Tras semanas de instrucción en Grafenwöhr, cerca de Múnich, se formó la 250º división alemana formada por 18.000 hombres. Durante los tres años que duró la misión viajaron a Rusia unos 47.000 soldados, mandados por los generales Muñoz Grandes, primero, y Esteban-Infantes, después. Sin embargo, el entusiasmo por la lucha contra los comunistas giró a la vez que el sentido de la guerra.

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ASÍ VOTARON LOS CEUTÍES EL 12 DE ABRIL DE 1931… ¿MONARQUÍA O REPÚBLICA?

Aquel 12 de abril de 1931, los ceutíes estaban llamados a las urnas, tras el escrutinio se pudo comprobar que claramente se decantaron por la Conjunción Republicana-Socialista, obteniendo el 80% de los votos, con veintidós  concejales y un total de 6.325 votos. El partido monárquico Defensa de Ceuta, siete concejales con 1.122 votos,  el partido Reformista cuatro, y los Independientes dos, hacen el total de 35 concejales que formaban la corporación ceutí.

Todos los partidos comienzan a movilizar a sus militantes, realizando un gran esfuerzo, teniéndose en cuenta, ante todo, que el sistema de partidos partía prácticamente desde cero. En pocos días comienzan a actuar, con los líderes más emblemáticos a la cabeza como los  exalcaldes, Francisco de las Heras por el Partido Conservador; Isidoro Martínez Dura, por el Partido Reformista; Miguel Calderón Partido Liberal-Independiente; Juan Morejón por el Partido Albista; Antonio López Sánchez Prado, por los republicanos y Conrado Lájara, del PSOE.

Cuando aún quedan dos meses para la celebración de las elecciones, ya se pueden ver a los jefes de las opciones políticas difundiendo sus programas. Uno de los que más se prodigan es el partido monárquico  Defensa de Ceuta. A primeros de mayo dio a conocer algunos de sus candidatos: Ruiz Medina, Demetrio Casares, Matías Carmona, José Molla, Francisco Trujillo, Pablo Acevedo,  Ricardo Chacón, Abarras Barchilón, Jesús Morterero, Enrique Delgado, Remigio González, Garcia Arrazola, José Baeza, Mariano Aragón, Constantino López, Juan Moreno, Angel Quero, Ramón Weil, José Romaní, Antonio Sancho, José Mas,  Luis Delgado Brackenbury, José Santos Vilela y Francisco Ros.

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Por parte del partido de Concentración Monárquica y por mediación de sus dirigentes  Manuel Delgado, Francisco de las Heras y Restitutos Palacios, dan a conocer sus directrices y su apoyo al Rey Alfonso XIII, como único salvador de la nación. El Partido Reformista, liderado por el exalcalde Isidoro Martínez Dura, contará en su lista entre otros con Florencio Arcos, Gabriel Benítez, José Morán, Fermín Hoyos o Salvador Rojo. El Partido Liberal Independiente  Miguel Calderón, no presentó su lista hasta pocas horas antes de cerrarse el plazo.

Los republicanos y socialistas, resuelven ir juntos a las elecciones municipales, para ello celebraron varias reuniones, por parte republicana  el médico Antonio López Sánchez Prado y por el PSOE el Presidente del Partido, Conrado Lájara. Tras varias reuniones se unifican bajo las siglas Conjunción Republicano-Socialista, las 24 candidaturas se las distribuyen a partes iguales. Para plasmar este acuerdo, el domingo 5 de abril de 1931,  en el teatro Apolo celebran un acto político. En la tribuna presidencial por parte socialistas José Alberola Feced y Conrado Lájara y por los  republicanos Ruiz Salmerón y Manuel Olivencia Amor.

Se dio a conocer la lista de los candidatos a concejales: Moisés Benhamú Benzaquén,  José Victori Goñalons, Alberto Parres, Lamberto Amador, José Mas de la Rosa, Francisco Bohórquez, Antonio Becerra Bravo, Manuel Olivencia Amor, Domingo Vega, Salvador Pulido López,  José Torres Gómez de Conirrostro, Valentín Reyes, Antonio Mena López, Antonio López Sánchez Prado, David Valverde Soriano, Eduardo Pérez Ortiz, Juan Arroyo Tornero, Francisco Sánchez Molinillo, Antonio Berrocal Gómez, Manuel Pascual Abad,  José Lendinez Contreras, Antonio Domínguez,  Conrado Lájara y José Martínez.

La Junta Electoral realiza la distribución de la ciudad en ocho distritos: el primero, Ayuntamiento y Asilo; segundo, Ruiz y Cigarra; tercero, Hospital Central; Calle Serrano y Obispo, cuarto; Vista Alegre, Canalejas y Plaza Azcarate, quinto; Plaza de Maestranza, Pasaje Recreo y Zona del Monte Hacho, sexto; Otero, Almadraba y Príncipe Alfonso, séptimo; Hadú y Villa-Jovita, octavo la barriada de Benzú.

En total se presentan 175 candidatos a las elecciones del 12 de abril, para ocupar cada uno de los 35 escaños que ofrece la corporación municipal. Encuadrados en los partidos, Conjunción Republicano-Socialista, Agrupación Defensa de Ceuta, Partido Reformista, Partido Liberal Independiente y Concentración Monárquica.

La Delegación del Gobierno hace público una serie de normas para las elecciones, el voto es obligatorio, aunque sólo se le permite votar a los hombres, el elector que, sin causa legítima, dejase de emitir su voto   será castigado, con la publicación de su nombre  y  será sancionado con un recargo del dos por ciento en la contribución  y si es funcionario municipal o estatal perderá de su sueldo el  uno por ciento de sus haberes.

LOS REPUBLICANOS-SOCIALISTAS OBTIENEN EL 80%

El domingo 12 de abril la ciudad amaneció cubierta de carteles. Los Presidentes de las mesas se encuentran desde las siete de la mañana en sus colegios electorales, a las ocho se abrieron, el devenir de la jornada electoral fue de total tranquilidad, tan pronto como abrieron los colegios se formaron grandes colas, muchos partidarios de la Conjunción Republicano-Socialista  lucían en sus solapas, la bandera tricolor con lazos rojos, a las cuatro de la tarde se cerraron los colegios electorales.

Los ceutíes  decantaron su voto por la Conjunción Republicana-Socialista  obteniendo el 80% de los votos, con 22 concejales y un total de 6325 votos, 12 escaños los republicanos y 10 los Socialistas. Únicamente en tres de los ocho distritos se inclinaron por el Partido Defensa de Ceuta, obteniendo 7 concejales con 1122 votos,  el Partido Reformista 4, y 2 Independientes, hacen el total de 35 concejales.

Como consecuencia del advenimiento de la Segunda República cesa la Junta Municipal  quedando constituido automáticamente el Ayuntamiento cinco años antes disuelto; anulando el estatuto especial y se centró en la aplicación  conjunta de la Ley municipal de 1877 y del estatuto municipal de 1924, en forma y medida que determinó el Gobierno Provisional de la República, desapareciendo las excepciones que se padecía, sobre todo en cuanto al régimen jurídico.

En Ceuta, cuando ya se tuvo la certeza del triunfo republicano  y según se recibían noticias del resto del país, grupos de ciudadanos recorrían las calles, enaltecidos y entusiasmados por el cambio de régimen. Algunos exaltados  violentaron, varios rótulos de calles de la extinta dictadura y quisieron por su cuenta  restablecer, los letreros de Soberanía Nacional  a la calle Primo de Rivera y quitar el rotulo a la plaza Alfonso XIII.

Al busto del Teniente Jacinto Ruiz, situado en la Plaza de su mismo nombre, le cubrieron con una bandera republicana por  los hombros, y las dos esculturas, de reyes,  esculpida en mármol y situadas en la entrada del Hospital Central, no fueron tocadas. Por el contrario una estatua de Carlos IV, que se encontraba en los jardines de San Amaro, desapareció sin saberse aun su paradero y los bancos de piedra con alegorías que se encuentran en el Cuartel de Regulares nº 3,  fueron meticulosamente quitadas a todos las coronas que adornaban sus escudos.

Los servicios de comunicaciones y transmisiones del Estado se habían decantado por el nuevo régimen, transmitiendo desde las tres de la tarde del 14 de abril a toda España, el cambio de régimen. La realidad todavía no era así, pese a la muchedumbre que ocupaban las calles. La central de telégrafos de Ceuta, recibió desde Madrid la comunicación de la proclamación del nuevo Estado y en las puertas de este edificio, situado  en la calle La Marina, se agolpan un buen número de ceutíes.

Desde las cinco de la tarde del 14 de abril ondea, por primera vez en la ciudad la bandera tricolor, a buen seguro, el funcionario de telégrafos y futuro presidente del Partido Socialista en Ceuta,   Rafael Jiménez Cazorla,  fue el encargado de desplegarla. El secretario del Ayuntamiento, Alfredo Meca, fue testigo de estos acontecimientos:

Cuando transitaba por la calle La Marina, observe izada  en la casa de Telégrafos la bandera tricolor, presurosamente me dirigí a la Casa Consistorial, donde llegue al mismo tiempo que una manifestación con banderas y con gran alegría, pretendían colocar la nueva enseña en el balcón del ayuntamiento. Así se hizo en medio del mayor entusiasmo y con todo orden y respeto para los muebles y efectos municipales esperándose a que retirara los papeles y sumarios que sobre la mesa de la rotonda principal había. Varios manifestantes deseaban un retrato del Rey, y mientras los porteros del ayuntamiento subían uno que se encontraba en una dependencia del piso bajo, otros, penetraron en el salón de sesiones, descolgaron el retrato que bajo el dosel se encontraba y lo arrojaron por el balcón. Después llegó otra manifestación que presidían los miembros del Comité de la Conjunción Republicano-Socialista, tomando el ayuntamiento”.

Los miembros del Comité Republicano en Ceuta, tras recibir instrucciones del Gobierno Provisional de la República hacen publico un comunicado para anunciar la eminente proclamación de la Segunda República, se anuncia que el acto tendría lugar a las doce de la mañana del 15 de abril, en la Plaza de África, termina el comunicado con un llamamiento a la serenidad y que  se guarde la mayor compostura para que este acto por el que tanto han luchado,  no pueda ser motivo de disturbios ni algaradas callejeras…

Fuente:      Ceuta y el Norte de África, República, Guerra y Represión, 1931-1944  Web: http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/

 

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TENIENTE ANTONIO VELÁZQUEZ, UN CEUTÍ EN LA GUERRA DEL VIETNAM

Francisco Sánchez Montoya

“¿Cuántos sois, doce? Pues volveréis con vida a España tres o cuatro”. Con estas palabras recibió en Saigón un sargento del Ejército estadounidense a los españoles entre ellos dos ceutí­es el Subteniente Sanjosé y el teniente Antonio Velázquez Rivera (hoy, General de Brigada de Sanidad). Todos estos datos están extraído del libro del periodista ceutí Alejandro Ramírez, y que publicó en el 2005 “Por qué no combatimos en Vietnam”.

El entones teniente Antonio Velázquez reconoció que la primera sensación que tuvo al pisar tierra vietnamita en 1968 se le hizo un nudo en el estomago. No era para menos. Cuando el helicóptero americano que le trasladaba desde Saigón a la población donde se encontraba la misión española tomaba tierra, los morterazos caí­an por todos los lados. “Aquí­ nos cortan el cuello fijo, pensó Velázquez al llegar a su destino”.

Eso era lo habitual en aquella zona. El hoy general de Sanidad Antonio Velázquez formaba parte del equipo médico español que llegó a Go Cong, en el delta del Mekong, dos años y medio después del inicio de la misión española en Vietnam. Desde el primer dí­a, el trabajo era “tremendo” en el hospital que, desde septiembre de 1966, atendí­an los sanitarios españoles.

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Los heridos de guerra se multiplicaban, entre ellos, guerrilleros del Vietcong cuya presencia provocaba situaciones tensas con los militares estadounidenses. “Atendimos a un prisionero del Vietcong que estaba muy grave y los americanos lo tenían esposado a la cama”, como médico era una situación muy incómoda para mí, que no podía ver así a un paciente, pero para ellos también era difícil, porque cumplían órdenes”.

Esas órdenes hicieron también que Velázquez no pudiera evitar la muerte de dos niños con difteria. Quería que un helicóptero trajera medicación o evacuara a los niños a Saigón, pero la respuesta que obtuvo de los militares americanos fue que estaban rodeados por el Vietcong y necesitaban todos los helicópteros para combatir, no para misiones sanitarias.

Velázquez recuerda con cariño las buenas amistades que hizo en Go Cong. Las relaciones con los americanos las califica de “cordiales”, pero eran mejores con los vietnamitas. Una noche, que visitó a una familia amiga, le avisaron del peligro que corrí­a al moverse por la población… “Doctor, qué hace aquí­, márchate rápido, hay VC, (siglas de Vietcong)”. El ceutí­ hizo caso al aviso de sus amigos y salió hacia su alojamiento. A los pocos minutos se desencadenaba un ataque de los guerrilleros norvietnamitas.

Otro dí­a que se desplazó a Saigón por carretera su vehículo fue detenido por una patrulla de paramilitares. “No soy americano, soy un médico española”. Velázquez pronunció las primeras palabras que aprendió en vietnamita y logró pasar, aunque después tuvo conocimiento de un ataque en el que participó esa misma patrulla. “En Asia o en África decir que eres médico es algo sagrado, la gente te respeta y te quiere”, asegura.

A pesar del peligro, Saigón le enamoró desde el primer dí­a. “Era increí­ble la intensidad con la que se viví­a allí­. Aunque la guerra y la muerte estaban presentes las veinticuatro horas del dí­a, Saigón era una ciudad llena de vida. El bullicio era tremendo, circulaba mucho dinero y por las calles podí­as encontrarte de todo. Las drogas y la prostitución marcaban el ritmo diario”.

Un problema fí­sico obligó a Antonio Velázquez a ser ingresado en un hospital americano. Allí­ tuvo ocasión de conocer la nueva especie de fatiga de combate descubierta en abril de 1968 por dos especialistas de Estados Unidos en Salud. Que denominaban “neurosis de combate, a los sí­ntomas que presentaban numerosos combatientes estadounidenses que, en Vietnam, a diferencia de la Segunda Guerra Mundial, se estaban enfrentando a un ser indefinido y desconocido”.

“En el hospital me encontré con un soldado estadounidense de origen italiano, de 19 años, que habí­a estado vagando durante seis dí­as por la selva, completamente enloquecido, porque habí­an aniquilado a toda su patrulla. El era el único superviviente y estaba destrozado”, cuenta Velázquez.

En la cama situada junto a la suya estaba un chicano, veterano de Corea, que habí­a estado horas y horas en el agua, en la frontera con Camboya, esperando la incierta hora de combatir. “A esta guerra no se puede venir voluntario”, le dijo al médico español al conocer su presencia en Vietnam. “Esto es demasiado duro”, sentenció.

Las posibilidades de que tropas españolas entraran en combate eran muy elevadas después de que el 26 de julio de 1965 el presidente de Estados Unidos, Johnson, se dirigiera por carta al jefe del Estado español, pidiéndole que España se implicara en esa guerra. En su carta, Johnson expresaba a Franco su más “profunda convicción personal“ de que las perspectivas de paz en Vietnam aumentarí­an “grandemente“ en la medida en que los esfuerzos de Estados Unidos fueran apoyados y compartidos por otras naciones que “comparten nuestros propósitos y nuestras preocupaciones”. No era la primera vez que Estados Unidos intentaba implicar a España directamente en Vietnam. Todo formaba parte de una cuidada estrategia de los americanos para contar con el apoyo del mayor número de paí­ses y demostrar a la opinión pública internacional que no estaban aislados diplomáticamente en su intervención en el paí­s asiático.

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DESDE 1855 NOS ILUMINA EL FARO DE PUNTA ALMINA

En la noche del primero de diciembre de 1855, se encendió por primera vez el Faro ubicado en el Cerro de los Mosqueros, en Punta Almina. Tras 165 años continúa alumbrando desde la puesta hasta la salida del sol, con su haz de luz a los barcos que cruzan por la bahía de Ceuta.

La visita a Ceuta de los Duque de Montpensier, en 1849, tuvo una influencia decisiva en la construcción del Faro. Cuentan las crónicas que el Duque tras visitar a caballo las líneas exteriores, las murallas Reales, fortificaciones y baterías, a continuación, se trasladó al monte Hacho, y allí pudo comprobar el gran tráfico de barcos que cruzaban por las costas de Ceuta, y la no existencia de un Faro. Prometió a las autoridades locales su compromiso para la realizaron de este proyecto, que fue toda una realidad en 1851 cuando se comenzó la obra, y terminándose el uno de diciembre de 1855.

Todo este recinto del Hacho se encontraba fuertemente fortificado, con torres cuadradas que guarnecen el muro que lo recorre, desde la playa norte del monte, hasta el castillo de Santa Catalina. Distribuyéndose después este muro, varios fuertes y baterías, para guarnecer las calas y atracaderos existentes en su alrededor, estos puntos fortificados se conocían como San Amaro, Torre-Mocha, Pineo Gordo, Sauciño, Santa Catalina, Desnarigado, Torrecilla, Palmera, Quemadero, Punta Almina y Sarchal.

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Desembarcan los Infantes

A la caída de aquel julio caluroso de 1849, llegaron los infantes, en toda la ciudad se escucharon los dos cañonazos lanzados desde la batería. La bandera es izada en el mástil de la ciudadela del monte Hacho, los ceutíes salen de sus casas y se encaminan hacia el muelle del Comercio para dar la bienvenida a la hermana de la Reina Isabel II. Muchos días antes, la ciudad preparaba con gran entusiasmo esta primera visita de un miembro de la casa Real. Tras tener conocimiento de ella el Ayuntamiento comenzó a realizar los diferentes trámites para tan magna visita. La tesorería municipal era muy exigua, y los actos se deberían ceñir a un modesto presupuesto, utilizando mucho la imaginación y la colaboración de todos los ciudadanos. La Infanta Luisa Fernanda y su marido el Duque de Montpensier, anuncian que pasaran la noche en Ceuta. El alcalde decide que sea la casa del Gobernador donde se hospeden.

      Una vez que los infantes desembarcaron se detuvieron en un pabellón que se había construido en el muelle del Comercio, el alcalde Antonio Huguet tomó la palabra: “El Ayuntamiento constitucional de la Siempre Noble, Leal y Fidelísima ciudad de Ceuta, tiene la alta honra de felicitar a vuestras altezas por su feliz llegada a esta parte de África Española, fiel interprete de los sentidos de todos sus habitantes, puedo asegurarles que su jubilo es inexplicable al ver a la excelsa hermana de su adorada Reina, a su augusto esposo y al tierno vástago que comienza su existencia en época de paz y ventura. La alegría de Ceuta, es sin duda, cuando es la vez primera en que pisa este suelo desde su conquista hace cuatrocientos treinta y cuatro años, una infanta, de Castilla, y este fausto suceso que marcará en las páginas de su historia será indeleble en los contemporáneos y transmitido generaciones venideras admirando Ceuta a las virtudes que adornan a vuestras altezas Reales”. Tras el discurso, un carruaje le trasladó a la casa del Comandante General, donde le esperaba en la puerta las tropas de Moros Mogataces. Debido al gran gentío que le aclamaban desde la calle salieron al balcón.

Construido en el Cerro de los Mosqueros

Allá en el Cerro de los Mosqueros, en el monte Hacho, permanece vigilante de las rutas de la navegación. Su armazón forma una torre cilíndrica de siete metros de altura, elevado a 145,17 m. sobre el nivel del mar y con un alcance de 27 millas náuticas en tiempo claro. Su construcción tuvo un coste de 462.000 reales y parte de los gastos fueron financiados por los duques de Montpensier. En sus inicios tenía aparato catadióptrico y una lámpara mecánica de relojería alimentada por una de vapor de petróleo. En 1919 se sustituyó la linterna y la óptica por otra con giro rápido. Posteriormente se instaló el sistema actual, compuesto de una lámpara de incandescencia de 1000 watios, óptica de cristales de cuarzo y un motor eléctrico para la rotación.

El ingeniero Juan Martínez de la Villa, fue el artífice de su construcción, comenzando en 1851. Tenía un ingenio catadióptrico de 920 mm de distancia focal, que posteriormente en 1.924 se reformó e instaló en el faro de San Sebastián (Gerona), de la casa Letourneu, y una lámpara mecánica de relojería alimentada por aceite de oliva y atendida por tres torreros. El costo de su linterna y óptica se elevó a 286.160 reales. La torre y el edificio a 175.937 reales. Solamente la óptica costo más que el resto de la obra. A la lámpara mecánica se le adaptó un mechero Dotti de cinco mechas contando como reserva con otra de depósito superior y nivel constante. En 1.912 se puso una instalación Chance de vapor de petróleo. Como reserva se instalaron dos grupos Ruston de 12 Kva. y uno Deutz de 22 Kva. 700 mm de distancia focal, con giro rápido sobre flotador de mercurio, de la casa Henry Lepaute, que es la que actualmente se encuentra en servicio, accionada por una máquina de relojería B.B.T. La característica quedaría modificada a la de destellos rápidos en grupos de dos destellos blancos. Posteriormente se electrificó con una lámpara de incandescencia de 3.000 W. En 1909 un acuerdo de la comisión de Faros, se modernizó sustituyendo la linterna por otra cilíndrica de montantes verticales y 3,5 m de diámetro construida por la Maquinista Valenciana.

En Noviembre de 1995 se realiza un proyecto de sustitución de la instalación eléctrica del Faro en el que se sustituyó la lámpara de incandescencia trifásica de 3.000 W. por una de Halogenuros Metálicos de 1.000 W. que entra en servicio el 27/11/95 y se sustituyen los grupos electrógenos Ruston por un Deutz de 30 Kva y posteriormente se instala un grupo Gesan de 45 Kva. Entre otros trabajos de adecuación de instalaciones. Actualmente en el Faro del Cerro de los Mosqueros en Punta Almina se centralizan todos los servicios de ayudas a la navegación dependientes de la Autoridad Portuaria de Ceuta, como es el balizamiento del Puerto, la baliza radioeléctrica Racon que sitúa en el radar de los barcos la bocana del puerto o la sirena de niebla.

Entre el faro y la costa

La luz del Faro de Punta Almina, no solo advierte a los barcos de la proximidad de la costa, sino que también lo identifican por los intervalos y los colores de los haces de luz, de forma que pueden reconocer frente a qué punto de la costa se encuentran. Algunos faros también están equipados con sirenas, para emitir sonidos en días de niebla densa, cuando el haz luminoso no es efectivo. Los modernos Desde el mar los barcos no sólo ven lay el cual, recordando las piras de apoteosis, estaba formado por pirámides truncadas puestas en disminución una sobre otras Ptolomeo II erigido por Alejandría Antigüedad, para señalar donde se encontraba la tierra.

En la entrada de los puertos construidos por los romanos solía haber altas torres que servían de faro a imitación del célebre de dado que no es relevante la posición geográfica tanto como la posición relativa a los peligros circundantes. La historia del faro como elemento de seguridad marítima ha estado siempre ligada a la navegación humana desde la enfilaciones GPS, han quitado importancia a los faros aunque siguen siendo de utilidad (seguridad) para la navegación nocturna ya que permite la verificación del posicionamiento en la carta de navegación.

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