EL INDEPENDISTA CUBANO QUE EN 1896 RECUPERÓ LA VISTA A UNA CEUTÍ

El prestigioso médico cubano José Ramón Montalvo, llegó a Ceuta en 1896 junto a otros 600 independentistas deportados por su ideología. El destino hizo que operara a la hija de un alto cargo militar en el hospital Central, ubicado en la plaza de los reyes, con total éxito.

Este hecho, lo narra el también preso cubano Pablo de la Concepción que lo dejó escrito en un documentado diario… Con la intervención en el hospital de Ceuta de un médico cubano, tenemos una historia que nos causó verdadera admiración. Un militar de alta graduación tenía una niña que había nacido ciega, y habiendo tenido noticia de la fama de oculista de que gozaba el doctor Montalvo, fue a la fortaleza del Hacho en busca de sus servicios”.

      “Una difícil operación seguida de un cuidadoso tratamiento, hizo brillar la luz en aquellos ojitos que había nacido apagado, y el padre vio con tristeza la retirada del ilustre deportado, cuando aún su hija necesitaba de su ciencia. Con verdadero patriotismo y desinterés curó el doctor Montalvo a todos sus compañeros de prisión que necesitábamos sus servicios”.

      “Mientras el sufría el infortunio del destierro en el Hacho, alejado del hogar querido, donde su familia sufría la inmensa tristeza que producía la ausencia del padre. Amantísimo, allá en el indómito Oriente, el más intrépido de sus hijos ganaba grados y distinciones las órdenes del mayor general Calixto García, quien le confió siempre las operaciones más difíciles de la campaña”.

       “Después de hecha la República en Cuba, Dios lo llamó a su seno, pero antes le permitió la satisfacción de ver a sus hijos perfectamente encaminados en la senda de la vida, brillando como estrellas de primera magnitud en nuestro cielo social y político. Dejó escrito su compañero de celda Pablo de la Concepción”.

En el presidio del Hacho tuvo como compañero de galera a los doctores González Lanuza y Alfredo Zayas Alfonso y del pedagogo José María Reposo. Al ser detenido, las autoridades españolas le echaron en cara que sus hijos Rafael y Juan se encontraran alzados en armas contra el gobierno de España, a lo que respondió lleno de orgullo: “Yo les enseñé el camino”.

Nació en 1843, provenía de las familias más aristocráticas de Cuba los Montalvo, O’Farril, Calvo de la Puerta y Peñalver. Licenciado en medicina en la Universidad de La Habana, el 29 de mayo de 1867, poco tiempo después viajó a París donde se especializó en enfermedades de los ojos en la clínica del célebre profesor Xavier Galezowski.

Tras conseguir la libertad en Ceuta, regresó a la isla ejerció la medicina en La Habana con gran éxito y fueron famosos los debates que sostuvo en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales con el eminente oftalmólogo Juan Santos Fernández.

Poseía una sólida formación en medicina interna lo que le permitió realizar notables oposiciones a la Cátedra de Clínica Médica en 1882, frente a los doctores Raimundo de Castro y Antonio Jover,  aunque no la obtuvo, demostró públicamente sus conocimientos. Su preparación, de que también hizo gala en el campo de las enfermedades de la infancia, la adquirió en un largo ejercicio  como médico en la Casa de Beneficencia y Maternidad, falleciendo, el 21 de junio de 1901 en La Habana.

EN EL HACHO OPERABA A SUS COMPAÑEROS DE PRISIÓN

El también preso cubano Pablo de la Concepción que lo dejó escrito… “Sufriendo en pleno rostro el embate del terrible cierzo helado, lo veíamos acudir diariamente durante cierto tiempo, a la Ayudantía, donde con permiso solicitado por él, curó la vista a un compañero de mi misma galera”. Y se tiene constancia por otros documentos que durante su deportación en Ceuta, fueron numerosos los ceuties que se acercaban al Hacho para recibir sus sabios cuidados y consejos sobre las enfermedades oculares. José Ramón Montalvo, fue miembro fundador de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba, era considerado en el país como el segundo en competencia en esta importante ciencia del hombre, solo precedido por el doctor Luis Montané Dardé, creador de la Cátedra de Antropología en la Universidad de La Habana. Miembro fundador de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, fue vicepresidente y en dos ocasiones ocupó su presidencia. Académico de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.

CONSIGUE LA LIBERTAD EN 1898

Y por fin los independistas cubanos deportados a Ceuta consiguen la libertad, algunos quedan en la ciudad, ya que han conseguido tener lazos familiares y también trabajo. Ese éxodo hacia su Cuba natal del doctor José Ramón Montalvo y sus compañeros, comenzó en octubre de 1898, a petición de los Comisionados Americanos de la Paz.

Muchos fallecieron y están enterrados en el cementerio de Santa Catalina tal y como se refleja en los libros de defunciones de la Iglesia de los Remedios. Los más afortunados, los que pudieron sobrevivir a las muchas penurias pudieron rehacer sus vidas quedaron en libertad, algunos fueron posteriormente grandes personajes de la política, entre ellos, destacar a Alfredo Zayas, presidente de Cuba (1921-25).

El cubano Pablo de la Concepción dejó escrito: “El verdadero objeto de este diario no es otro que dar a conocer al pueblo cubano los sufrimientos experimentados por los prisioneros de guerra y deportados por medida gubernativa, que el Gobierno de España nos recluyó en Ceuta durante la Guerra de Independencia. Muy lejos de nuestro ánimo está la idea de despertar odios entre cubanos y los que combatieron y odiaron su libertad por cuya razón, suplicamos al que nos honre leyendo este diario, que juzgue los tristes sucesos que en él se relatan, como la consecuencia natural de la tempestad de pasiones que la guerra desató sobre la Isla…”

También describe su permanencia, antes de ser trasladado a Ceuta, en la fortaleza del Morro, en la Habana, narrándonos los largos días en la prisión, en sus oscuros calabozos, donde vio a muchos compañeros suyos fusilados. Nuestro autor del diario, tras un consejo de Guerra fue condenado a ser deportado a Ceuta, tal vez, contó a su favor, para no ser fusilado, que tan solo contaba con 17 años.

Al terminarse la guerra permitieron de nuevo la entrada de los periódicos en las galeras, y durante el mes de septiembre pudimos seguir el curso de los acontecimientos, disipando un tanto la impaciencia que nos consumía. El día primero de octubre de 1898 se reunieron en París los comisionados a las conferencias de paz, y el día 3 llegó a Ceuta la orden de ponerlos en libertad, la primera exigencia de los comisionados norteamericanos fue la inmediata libertad de los prisioneros cubanos.

Queremos suponer que jamás el cable, desde su instalación, había sido portador de una noticia que produjo más alegría. La orden llegó por la tarde, y fue comunicada como a las cinco y media, cuando llegaron de trabajar fuera del Hacho. Los compañeros que estaban en las galeras, les esperaban cerca del cuerpo de guardia, y al divisar la cabeza de la columna, prorrumpieron en vítores de libertad, y algunos más lanzados: “Cuba Libre” “Cuba Libre”… lo que fue tolerado por los jefes y soldados de la escolta.

A medida que llegaban las cuadrillas de las diferentes secciones, se repetían aquellas escenas de intensa alegría. Después del rancho fueron llamados al patio, y en formación, les comunicaron que habían recibido la orden de poner en libertad inmediatamente a los que tuvieran recursos para costearse el viaje, y que los restantes tendrían que esperar a que el Gobierno contratara con la Compañía Trasatlántica el traslado a Cuba. Que los que pudieron pagar su viaje deberían estar listos para ser conducidos al día siguiente a la ciudad, donde tomarían el vapor correo para ir hasta Algeciras, donde los ponía el Gobierno gratuitamente.

CUBANOS ENTERRADOS EN SANTA CATALINA

Al menos 300 cubanos están enterrados en el cementerio de Santa Catalina de Ceuta. Según un magnífico y minucioso estudio del ceutí  Emilio Barranco, se cita que la primera inscripción data del 10 de agosto de 1869, y la última del 25 de julio de 1909, por lo que se entiende que están incluidos los prisioneros de la primera guerra, desde la Guerra Grande o de los Diez Años hasta más de 10 años después de terminada la Guerra de Independencia de Cuba en 1898.

Pero volviendo a su paso por Ceuta, recordaremos lo escrito en esos últimas horas, tras comunicarle que quedaban en libertad “Cuando atravesábamos la ciudad a nuestro regreso del trabajo, llegó hasta nosotros, trascendiendo del público, la grata noticia de que España había pedido la paz. Cuando llegamos al Hacho, ya sabían allí la noticia, aunque extraoficialmente.

     Indescriptible fue la alegría que ensanchó nuestros corazones. Aquella noche casi no dormimos, porque las negras nubes que encapotaban nuestro cuelo,  empezaban a disiparse, y el inefable consuelo que invadió nuestros corazones, satisfizo las necesidades del organismo, y el sueño huyó de nuestros ojos. No teníamos una idea definida de cómo sería nuestra libertad, pero no nos cabía la menor duda de que, siendo los norteamericanos los vencedores, seríamos reclamados tan pronto principiaran las negociaciones de paz. Al día siguiente fue confirmada oficialmente la noticia de la terminación de la guerra, y los jefes del Hacho operaron un verdadero cambio en su trato para con nosotros”.

“No hay palabras para describir la intensísima alegría que invadió nuestros corazones y el profundo agradecimiento que sentíamos por el pueblo y el Gobierno norteamericanos, que tan humanitariamente se portaban con nosotros, sacrificando vidas e intereses nacionales, para darnos la anhelada libertad, arrancándonos por la fuerza, puede decirse, de las inmundas prisiones donde hubieran bastado muy pocos años para que el último bajara a la tumba triste y solitaria, en aquella agreste península, asiento de todo mal. Tan pronto cerraron las galeras después del recuento, principiaron las deliberaciones sobre la forma de libertad que se nos ofrecía. Como las circunstancias habían variado completamente, la mayor parte de los que la otra vez habíamos sido partidarios de la libertad en cualquier forma, éramos en aquella ocasión decididos oposicionistas del viaje a Cuba por nuestra cuenta. Habíamos sido reclamados como prisioneros de guerra, y lo justo y equitativo era que se nos condujera a Cuba”.

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EL DÍA EN QUE CEUTA AMANECIÓ REPUBLICANA

El 14 de abril de 1931, a las cinco de la tarde, desde el balcón del edificio de telégrafos de Ceuta, situado en el paseo de la Marina,  se izó la bandera republicana. Al día siguiente seria la proclamación oficial desde el balcón del palacio municipal, en la plaza de África, ante cerca de 15.000 ceutíes.

Unos días antes, el domingo 12 de abril, la ciudad amaneció cubierta de carteles. A las ocho se abrieron los colegios electorales, el devenir de la jornada fue de total tranquilidad, formándose grandes colas. Los ceutíes decantaron su voto por la Conjunción Republicana-Socialista obteniendo el 80%, con 22 concejales, repartiéndose doce para los republicanos y diez para el PSOE. Únicamente en tres de los ocho distritos se inclinaron por el partido Defensa de Ceuta, obteniendo 7 concejales; el Partido Reformista 4, y 2 Independientes, hacen el total de 35 concejales. Ninguno de los candidatos del Partido liberal Independiente y de la Concentración Monárquica, consiguieron escaño.

El secretario del Ayuntamiento, Alfredo Meca, fue testigo de esos acontecimientos: “Cuando transitaba por la calle la Marina, observe izada en la casa de Telégrafos la bandera tricolor, presurosamente me dirigí a la Casa Consistorial, donde llegue al mismo tiempo que una manifestación con banderas y con gran alegría, pretendían colocar la nueva enseña en el balcón del Ayuntamiento. Así se hizo en medio del mayor entusiasmo y con todo orden y respeto para los muebles y efectos municipales esperándose a que retirara los papeles y sumarios que sobre la mesa de la rotonda principal había. Varios manifestantes deseaban un retrato del Rey, y mientras los porteros del Ayuntamiento subían uno que se encontraba en una dependencia del piso bajo, otros, penetraron en el salón de sesiones, descolgaron el retrato que bajo el dosel se encontraba y lo arrojaron por el balcón. Después llegó otra manifestación que presidían los miembros del comité de la Conjunción Republicano-Socialista, tomando el Ayuntamiento”.

Dejando para el día siguiente, 15 de abril, la proclamación oficial desde el balcón del Ayuntamiento. Cuentan las crónicas que desde primeras horas se pueden ver a numerosos ceutíes con banderas tricolor por la ciudad, todos van hacia la plaza de África.

Al edificio municipal han accedido numerosos ciudadanos quedando totalmente repletos los pasillos, ventanas y balcones. En el salón de plenos se encuentra la corporación saliente, con su presidente José Rosende al frente. Sobre las doce proceden a la ceremonia de dar la bienvenida a los nuevos concejales.

Seguidamente se dirigieron al balcón principal, donde izaron la bandera, rindieron honores una compañía del Regimiento de Infantería. Al término de los discursos se organizó una manifestación, donde los diferentes diarios consultados, calculan que veinte mil personas al menos, estaban presentes. Tras pasar el puente de la Almina, se ramificó en dos, una emprendía su marcha por la Marina y la otra por el Rebellin. Cuando se volvieron a encontrar en la plaza de Maestranza, apareció un hidroavión sobrevolando la plazoleta a escasos metros de los edificios, el piloto, Antonio de Haro, mostró por una de sus ventanillas, una gran bandera republicana.

Los cambios prometidos durante la campaña electoral se producen con prontitud y una de las máximas aspiraciones, se hace realidad al conseguir la llegada de un delegado del Gobierno civil, tomando posesión el republicano Rafael Vegazo. El Gobierno Provisional de la República, decretó que la autoridad gubernativa pasaba a depender directamente del Gobierno Central, con las mismas funciones y atribuciones que las delegaciones provinciales y diputaciones, con una total desvinculación de la Alta Comisaría, y por otra parte, la posibilidad de elegir un diputado, derogándose los decretos del 1 de abril y 31 de octubre de 1930.

La corporación salida de las urnas el 12 de abril de 1931, realizó su primer acuerdo designando alcalde. Su nombramiento fue un acuerdo que firmaron los republicanos y el PSOE antes de las elecciones. El candidato que más votos obtuviera sería nombrado presidente de la corporación. Literalmente el decreto decía: ”En virtud de acuerdo adoptado se designa a Don Antonio López Sánchez Prado, como Presidente del Ayuntamiento de Ceuta”.

Si desea más información: http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/

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El director del conservatorio de Ceuta Ángel García transformó en marcha procesional “Novio de la Muerte”

En torno a los primeros años de la década de los años 50, los ceutíes vivieron en el Puente de la Almina, un Encuentro distinto, el canto legionario “El Novio de la Muerte” sonó más pausado, y todo gracias al director del Conservatorio de Ceuta y de la banda de música de La Legión, Don Ángel García Ruiz.

Como dato curioso aquella adaptación del canto legionario realizada por Ángel García, fue interpretada por la banda de música de La Legión el día de su entierro. Fue el 22 de febrero de 1956, tenía 54 años.  En la cabecera del duelo, figuraban su hermano Cesáreo, comandante de Infantería y su sobrino Manuel Almansa, el alcalde Vicente García Arrazola, autoridades militares y una representación del Conservatorio Oficial de Música del que era director. Detrás los miembros de la Orquestra Sinfónica de Ceuta, Sociedad Amigos de la Música. De Tánger y en representación de la Orquesta Sinfonía de aquella localidad se desplazaron una representación.  A ambos lados de la carroza fúnebre, donde iba colocado el féretro, oficiales legionarios portando cintas de luto, y entre las numerosas coronas una de la policía general de Tánger, de la que el extinto era asesor técnico musical.

Y por último, la banda de música de La Legión, de la que fue su director, dirigida por el teniente Cordero, la cual durante el recorrido interpretó “El novio de la Muerte” a cuya composición musical Don Ángel le había realizado una adaptación para marcha fúnebre o procesional. En una entrevista realizada pocos meses antes de su fallecimiento en febrero de 1956, en el diario El Faro, pocos días antes de su fallecimiento, expresaba que el himno de Ceuta se debía grabar en disco ya que corría el riesgo de olvidarse. Habló de la existencia de una grabación en un magnetófono y que esta cinta se debía enviar a Madrid para grabar los discos. El autor de la entrevista termina “Y Don Ángel expresó, verbalmente, su propósito de no parar hasta conseguir un disco del Himno de Ceuta, cantado pues su letra es una maravilla”.

En la arrinconada tumba, donde reposan los restos de Don Ángel García Ruiz, se puede leer el epitafio donde nos trasmite su ideario: “Yo, Ángel García Ruiz he servido a Dios consagrando mi vida a la música y maestros”. Veinticuatro años atrás en plena Segunda República, consiguió junto a otros músicos, como los hermanos Alcalá-Galiano, que el Conservatorio fuera una realidad.

Los estudiantes de música en nuestra Ciudad, que hasta entonces tenían que realizar sus exámenes en el conservatorio de Cádiz para que pudieran tener validez sus estudios, ya podían realizarlo en Ceuta. La creación del Conservatorio fué justificada también en los beneficios que supondría para la zona del Protectorado.
Los responsables del centro y las autoridades locales manifestaban su disposición a cooperar con el gobierno de la República española en su intención de conseguir la completa “cultura y civilización del país marroquí”.

Basándose en los hechos anteriores, se procedió a la implantación de una escuela particular de música ubicada en la calle Solís, y en enero de 1936 se trasladaron a los altos de la Estación de autobuses en el Paseo de Colon. Como curiosidad uno de los requisitos imprescindibles, para conseguir que la escuela Municipal de Música pasara a Conservatorio era que en los presupuestos municipales se asignara la retribución para el profesorado, y que esta no fuera inferior a 2.000 pesetas, como dotación a un profesor/a numerario y 1000 pesetas como dotación de un auxiliar.

La hermandad toma el título de “Fervorosa Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno”, estando muy relacionada con los estudiantes del S.E.U. Un año después, el Tercio comienza a colaborar con ella. Su salida como Cofradía, como indica el tríptico de la hermandad, tiene lugar el Miércoles Santo de 1939 a las 18,00 horas, realizando por primera vez el hoy popular Encuentro; en aquella ocasión con la imagen del Mayor Dolor, que había salido a la misma hora de su Parroquia de los Remedios.

A partir de 1945, se efectúa el Encuentro con la Dolorosa de San Francisco, hasta que en 1949 se incorpora la imagen de la Esperanza, realizada por el imaginero sevillano Antonio Castillo Lastrucci. En 1959 se sustituye la antigua imagen del Nazanero por la actual que fue realizada por Manuel Pineda en su taller de Alcalá de Guadaira en Sevilla.  Hace unos meses se recepcionó la imagen de la Virgen de la Esperanza que ha sido restaurada su policromía en Córdoba efectuada por el Imaginero-restaurador Antonio Bernal.

Don Ángel la transformó en marcha procesional

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EN LA FORTALEZA DEL HACHO MILITARES OLVIDADOS POR LA DEMOCRACIA

     Hace cuatro décadas un nutrido grupo de militares constituían la Unión Militar Democrática (UMD). Y con ello crear una organización clandestina con el objetivo de apoyar, desde el interior de las Fuerzas Armadas, el cambio político que era
necesario en España. Cuando la dictadura estaba dando sus últimos coletazos, estos oficiales, contrarios y animados por la reciente experiencia portuguesa del mes de
abril, decidieron reunirse en Barcelona, el 31 de agosto y 1 de septiembre de 1974.

Por pertenecer a ella, varios de sus integrantes fueron condenados y trasladados a Ceuta. El más destacado fue el comandante Julio Busquets, que desde febrero de 1975,
cumplió una condena de seis meses en la fortaleza del Hacho. Durante esta detención, se entrevistó con el comandante General de Ceuta, Gutiérrez Mellado en el despacho de este en la Plaza de África. En la que le exhorta a que los generales liberales encabecen las reformas con los oficiales demócratas –incluso le proporcionó algunos nombres como el coronel de Aviación Jiménez Benamú o los generales de Tierra Luis Pinilla, Sabino Fernández Campos o Sintes Obrador – para evitar que lo hicieran directamente los oficiales más jóvenes, años después explicó que Gutiérrez Mellado estuvo receptivo a este planteamiento.

Todos estos datos lo conocemos gracias al libro “Los militares olvidados por la democracia”, escrito por el historiador Fidel Gómez Rosa, un magnífico e imprescindible trabajo de investigación sobre la situación militar en esa época.

El primero en llegar a la prisión militar del Hacho fue el comandante Julio Busquets, condenado a seis meses de prisión. Ello le libró de ser arrestado el 28 de julio de 1975 junto con otros destacados miembros de la UMD, que serían posteriormente apartados del servicio activo por sentencia de un Consejo de Guerra. El destierro de Busquets en el Hacho, facilitó la creación de un grupo en la ciudad de la UMD, con jóvenes oficiales, liderado por el teniente coronel de Artillería Pedro Rodríguez. También fueron trasladados a la fortaleza del Hacho, el comandante Luis Otero Fernández y los capitanes Fermín Ibarra, José Fortes, Manuel Fernández y Restituto Valero, en diferentes fechas.

En 1977, la UMD fue disuelta, y Busquets, Comandante de Ingenieros, dejó el ejército para dedicarse a la docencia y presentarse a las elecciones generales como independiente en la candidatura de “Socialistes de Catalunya”, obteniendo un escaño por la provincia de Barcelona. Busquets rompió la disciplina de voto al votar en contra de la Ley de Amnistía, al no considerar aquella a los militares de la UMD. El escritor y periodista Isabelo Herreros, ha escrito, que tal y como es conocido, por quienes recuerden los comunicados y documentos, difundidos entonces por emisoras como la BBC, Radio París o Radio España Independiente, y publicados en prensa europea como Le Monde, la finalidad de esta organización militar no era otra que la de contribuir al restablecimiento de la democracia en España, mediante la convocatoria de unas elecciones, la promulgación de una amnistía, la modernización del ejército y el alineamiento de nuestro país con las democracias occidentales, sin que se decantara o mostrase simpatía, la UMD, por ninguno de los partidos políticos de la oposición.

Aunque la actividad de la UMD era aún muy embrionaria a mediados de 1975, ya se habían producido importantes reuniones en ciudades como Madrid o Barcelona. En la
mayoría de los acuartelamientos importantes hubo profesionales que, o militaron en la organización o fueron simpatizantes, incluida la Academia Militar toledana. Fue precisamente en Toledo donde dos años antes habían tenido lugar unos hechos de gravedad para el régimen, pero que entonces fueron silenciados, para que no se conociera que dentro del ejército había el menor atisbo de disonancia o rebeldía.
En el mes de julio de 1973, cuatro alféreces alumnos de la Academia de Infantería fueron expulsados por motivos políticos, tras ser sometidos a un Consejo disciplinario, al haber sido denunciados por otros alumnos integristas, con la acusación de tener ideología peligrosa.
Habían tenido el atrevimiento de ofrecerse a dar clases a los soldados analfabetos, y también habían pedido que la asistencia a la misa fuese voluntaria. A estos antecedentes se le añadieron como pruebas de cargo, las publicaciones y libros encontrados en sus taquillas: Triunfo y Cuadernos para el diálogo, y libros de autores
como Aranguren o Tierno Galván.
Estos fueron en resumen los antecedentes de una corriente de opinión moderna y democrática en el seno del ejército, y que sería conocida dos años más tarde, escribió
Isabelo Herreros. Otra fecha importante para la UMD, fue julio de 1975, fueron detenidos varios capitanes y un comandante del ejército, acusados de conspiración y de haber constituido una “entidad subversiva”. Un posterior Consejo de Guerra declararía probado el delito de “conspiración para la rebelión militar”.

Hasta aquí todo acorde con las leyes de una dictadura como la que padecíamos en
aquellos tiempos, si bien hay que añadir que el juicio contra los capitanes demócratas tuvo lugar en marzo de 1976, precisamente cuando empezaban a salir de las cárceles
los presos políticos y a regresar del exilio muchos antifranquistas.

En 1980, el sargento Díaz Barbero, condenado
por escribir en diario El Faro de Ceuta

El sargento de Infantería Andrés Díaz Barbero, escribió el artículo “Comentario a la  U.M.D.”, el 21 de agosto de 1980, en el diario el Faro de Ceuta, bajo el pseudónimo de Adibar, eran unas reflexiones en torno a unos artículos publicados en el diario El País por el comandante Lastres, unos días antes. Como secuela de este artículo y dado el ambiente ultra imperante en los cuarteles de la época, fue condena a seis meses de prisión por injurias a los Ejércitos.
En el artículo “Ejército, democracia y UMD”, de Alejandro Lastres Lens, contrapone con fundamento la actividad pacífica de los miembros de la UMD en su reclamación
de la democracia, con los inmediatos planes violentos de los golpistas de la operación “Galaxia” y rebate los argumentos esgrimidos para negar la reincorporación al servicio activo de los oficiales expulsados.

Tal y como lo detalla, Fidel Gómez Rosa, en su magistral libro “Los militares olvidados por la Democracia” y de donde entresacamos todos los datos de este reportaje. Los miembros de la UMD, contactaron con los grupos de oposición democrática, hizo públicos algunos primeros documentos –un ideario con los objetivos políticos y militares y un manifiesto sobre la situación política general e inició un periodo de crecimiento interno. Poco a poco se fue extendiendo en tres focos fundamentales: Barcelona, Madrid y Galicia. Llegó a estar presente en quince provincias peninsulares,
las Islas Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla.

El capitán José Ignacio Domínguez extendió la organización al Ejército del Aire. La presencia de la Armada se cifró en algunos oficiales, sobre todo de la Infantería de Marina y de los Cuerpos Jurídico y de Intervención. Unos cuantos oficiales de la Guardia Civil y de la Policía Armada se sumaron también a la UMD. La idea de constituir una organización militar disidente es de un pequeño grupo de oficiales entusiastas: el acuerdo entre los comandantes de Ingenieros del Ejército de Tierra Julio Busquets (Barcelona) y Luis Otero (Madrid), amigos y compañeros de promoción, resulta a estos efectos decisivo. 

Pero la UMD no es el producto de unas voluntades individuales, sino que llega a ser posible por la previa existencia de un conjunto de condiciones, hechos y circunstancias
que van configurando la mentalidad colectiva crítica de una minoría de jóvenes oficiales. Estos militares conectan con los círculos opositores mayoritarios de su generación. Conforme se fue desarrollando la labor de captación de nuevos afiliados, se fueron creando nuevos grupos; el criterio seguido en Madrid y Barcelona, únicos lugares donde se planteó realmente esta cuestión, fue que cada grupo no superara los cinco o seis miembros.

Los representantes de los distintos grupos se reunían entre sí para preparar las asambleas e impulsar la actividad. El sistema de organización era el clásico de células autónomas y clandestinas, instruidas y coordinadas por una dirección común, que funcionan como compartimentos estancos para evitar que la caída de un grupo afectara al resto. Cada grupo –se evitó siempre conscientemente la denominación de “célula” por la resonancia comunista del término desconocía la composición de los
demás.
Los grupos se formaron por diferentes criterios de orden práctico: la pertenencia a un mismo Ejército, caso de los grupos de Aviación y de Marina en Madrid o de la Infantería de Marina en Canarias; a una misma arma, caso de los artilleros e ingenieros de Barcelona o de los infantes de Toledo; la residencia en una misma Ciudad, caso de Madrid o de otras ciudades como Ceuta, Melilla, Gerona o Cartagena; la pertenencia a una misma categoría militar, caso del grupo de suboficiales del Ejército del Aire en Madrid; o la coincidencia en un destino determinado, caso de los grupos del Ejército de Tierra en la Escuela de Estado Mayor en Madrid y en el Acuartelamiento de San Clemente de Sansebas en Gerona, o del grupo de Aviación en la Base Aérea de Matacán en Salamanca. Todos estos detalles se pueden leer en el libro de Fidel Gómez Rosa: “Los militares olvidados de la democracia”.

Fidel Gómez Rosa

Sobre el autor del imprescindible libro “Los militares olvidados de la democracia”, Fidel Gómez Rosa, destacaremos que es doctor en Ciencias Políticas, militar del Ejército del Aire en activo y miembro de la Asociación Española de Historia Militar  (ASEHISMI). Sus líneas de investigación académica son el poder militar en la transición política española a la Democracia, las relaciones civiles-militares y el asociacionismo militar.
Desde octubre de 2013 forma parte del Comité de Dirección (Board) de la Organización Europea de Asociaciones Militares (EUROMIL). El autor dejó escrito sobre el papel jugado por la UMD: “Nunca reconocida adecuadamente por las instituciones democráticas, al proceso de la transición política en España. Nos da la oportunidad de la recuperación de la memoria democrática militar española”.
Libro obligatorio para entender el papel del ejército durante el franquismo, su instrumentalización por el régimen, y como se vivió la transición a la democracia desde los cuarteles.
El libro es el resultado de una tesis doctoral, que analiza el fenómeno de los militares demócratas en las Fuerzas Armadas del franquismo y su significada contribución. El libro de Fidel Gómez Rosa, supone una gran aportación académica a la historia de una organización militar, cuya importancia ha querido ser minimizada, pero que, a luz de los datos y conclusiones del autor, supuso una contribución muy relevante para la consecución de los derechos y libertades de todos los españoles.
En su corta vida la UMD no llegó a tener más de doscientos miembros, si bien era representativa de un sector de demócratas nada despreciable en el seno del ejército. Una de las aportaciones del libro es también la constatación de la errática política de defensa del Partido Socialista, que si bien puede decirse que consiguió desactivar al Ejército como factor desestabilizador lo cierto es que no tuvo preocupación alguna por democratizar y modernizar las Fuerzas Armadas, manteniendo en la jerarquía a los representantes de la continuidad franquista, al tiempo que militares con formación superior y convicciones
progresistas eran y son relegados.
El arresto el año pasado del presidente de la Asociación Unificada de Militares Españoles, Jorge Bravo, por criticar los recortes del gobierno en las Fuerzas Armadas y
la supresión de la paga de navidad, es un dato que pone en evidencia las resistencias que existen en la cúpula militar a la hora de asumir las pautas de una sociedad democrática.

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ODESSA CUMPLIÓ SU SUEÑO

Odessa Valls pudo cumplir su sueño, visitar la tumba de su padre en Ceuta, fueron décadas de silencio, sin saber exactamente donde podía estar, tras ser fusilado en el Hacho en 1944. Una nota oficial indicaba que había  muerto de una hemorragia nada más lejos de la cruda realidad. Posteriormente sepultado en la fosa común junto a sus compañeros José Congost y Antonio Reinare.

Los que estamos entre papeles, archivos, legajos llenos de polvo y alguna que otra incomprensión, cuando recibimos llamadas pidiéndonos información sobre algo publicado, damos por bueno todas esas horas.

Y, eso fue lo que pasó con Odessa Valls, que tras vivir toda su vida sin saber apenas nada del fallecimiento de su padre, pudo al fin tener en su mano (consejo de guerra) toda la verdad de su muerte.

Hace unos meses Odessa Valls falleció, pero pudo cumplir uno de sus sueños. En aquella visita vino acompañada de su hijo y su nieta, también visitaron la fortaleza del Hacho, lugar donde fusilaron a su padre, todavía recuerdo sus palabras: “Deseaba ver la tumba de mi padre con todas mis fuerzas. Por fin visité donde descansa. Era mi sueño, me puse a hablar con el frente a la lápida. Dije que si es verdad que existe el más allá me estaría viendo y que mi madre se murió sin saber nada de él, aunque hizo todo lo posible por encontrarlo”.

Nunca más lo volvió a ver su familia, sólo se comunicó con ella a través de cartas. Fueron tres las veces que Odessa viajó con su madre para intentar encontrar los restos de su padre. La primera, a los 6 años, no pudo pisar Ceuta, ya que dos guardias civiles se lo impidieron. Fue el mismo día que fusilaron a su padre.

Después volvió cuando tenía 10 años, y también a los 13: “Nunca, supimos nada de lo que pasó. Una vez que estuvimos en Ceuta fuimos al bar Correo, cuyos dueños eran de mi pueblo, de Alicante. Ellos le dijeron a mi madre que no se preocupara que en cuanto supieran dónde está le pondrían una marquita para que lo supiéramos, pero nunca volvimos a saber nada”.

El franquismo le pasó factura a Odessa, por ser hija de Ramón y de Ángela, ellos tenían muy claro su lucha por la República, y le costó más de un disgusto: “Mi padre estaba en la cárcel, y también cogieron a mi madre, y esos brutos la raparon al cero. A mí, que era un bebé y no me habían querido bautizar mis padres, lo hicieron ellos, encima me pusieron un traje de la falange, y me pusieron María, era una época terrible, sin trabajo, sin comida, mi madre estaba muy débil. Y encima me daba pecho, me metían a la cárcel específicamente para ello”,

      La familia de Odessa  todavía conserva en su casa de Las Palmas las cartas que su padre les enviaba desde las diferentes prisiones por las que pasó hasta su fusilamiento. Sabía que era un convencido militante comunista fusilado a los 33 años, pero no sabía que llegó a ser un cargo importante dentro del partido, ni que intentó organizar una resistencia antifascista desde su exilio en el Magreb.

En esas cartas, Ramon Valls, dejaba entender la realidad. Por ejemplo, en una carta escrita el 8 de mayo de 1943 desde la prisión del Hacho: “Por las cartas que vengo escribiendo a mi hermano, Bernardo, conocéis que desde hace tiempo estoy por los motivos que los conocéis por el mismo conflicto”.

Unas cartas que, en todo momento, quieren mostrar su fuerza. “No tenéis que vivir preocupadas, me encuentro muy bien… lo que más me preocupa es vuestra situación […] los innumerables sufrimientos pasados”, enumeraba en aquella misiva de mayo del  43, que termina de la siguiente manera: “Con la esperanza de recibir pronto vuestras noticias y con el deseo de que esta os encuentre en inmejorables salud envío, unido al inmenso cariño que os tengo, muy fuertes abrazos. Ramón”.

 ¿Quién pagó en 1949 el traslado desde la fosa?

 Tras el fusilamiento del padre de Odessa, Ramon Valls, junto a sus compañeros José Congost y Antonio Reinare, en agosto de 1944. Un camión militar transportó sus cuerpos al cementerio, siendo enterrados en la fosa común. Cinco años después, el 15 de noviembre de 1949, José Guerrero Garrido, este es el nombre que aparece en el archivo del cementerio de Santa Catalina de Ceuta, abonó el traslado de los restos, tal vez, ese nombre fue ficticio y quien estaba detrás era el partido comunista en el exilio. Como detalle significativo, en la lápida donde se tallaron sus nombres, se dibujó en grande y justo encima una gran estrella de cinco puntas, símbolo del partido comunista. Tras consultar el archivo del cementerio, los encargado me aseguran que esa lápida fue la que se ubicó en aquellos años cuarenta, ¿Cómo pudieron esquivar a la dictadura y lograr que no se dieran cuenta en pleno franquismo que esa estrella era un símbolo comunista?, esa pregunta, no sé si algún día, tendremos respuesta, actualmente se puede visitar en el cementerio de Ceuta.

 EN 1944, NO LA DEJARON BAJAR DEL BARCO

“Parece que intentas venir a verme. No lo hagas, sería una locura y no me verías”. Esta es una frase de la breve carta de tres párrafos que Ramón Valls envió a su esposa y a su hija Odessa, firmada el 13 de junio de 1944, dos meses y cinco días antes de ser fusilado.

El capitán del ferry llamó a mi madre, y le dijo que no sabía qué tenía con la justicia, pero que había dos guardias civiles esperándola, así que no pudimos bajar. Permanecimos todo el día en el barco, que regresaba por la noche a Algeciras”,

La historia del padre de Odessa y sus compañeros, comenzó el 28 de marzo de 1939 en el puerto de Alicante, ellos aguardaban un barco que les permitiese abandonar España, camino del exilio, tras la derrota del ejército republicano.

El “Stanbrook” es una referencia mítica del exilio español. Se trataba de un pequeño barco carbonero, de 1.383 toneladas, construido en 1909 y remozado en 1937. Por motivos de seguridad el barco viajó con distintas banderas en tareas de abastecimiento de la zona republicana. El barco fue fletado por la Federación Provincial Socialista de Alicante para organizar la evacuación final, encargándose Rodolfo Llopis de todas las gestiones para la organización y financiación del viaje. Cuando a las 23 horas del día 28 de marzo el capitán del “Stanbrook” ordena levantar las amarras, con rumbo desconocido para la mayoría de los pasajeros, el barco iba lleno hasta el palo mayor. En todos los lugares había alguien; en las bodegas, en el puente y sobre el techo de las cocinas y las máquinas; la línea de flotación estaba sumergida y se empezaba a levantar el ancla. Seguían llegando por miles los desesperados que no cesaban de gritar o llorar.

Con 2.638 pasajeros a bordo inició el “Stanbrook” una singladura con rumbo a Orán, navegando en zig-zag por encima de la línea de flotación. De ellos, 2.240 eran hombres y 398, mujeres; 147 eran niños, de los cuales 15 no habían cumplido el primer año de edad, y de entre éstos, algunos eran recién nacidos.

El barco arribó a Orán el 30 de marzo de 1939 y quedó anclado a la entrada del puerto sin poder atracar en los muelles hasta el 6 de abril, día en que amarró en el muelle Ravín Blanc. Allí empezó para muchos un largo exilio, más de 2.600 personas consiguieron escapar, hacinadas, en el mítico “Stanbrook”.

Ramon Valls como otro muchos de estos exiliados pudieron abandonar Argelia, tras muchas penurias, y establecerse en el Marruecos francés, concretamente en Casablanca, donde organizan una resistencia a Franco, con la creación de la denominada Unión Nacional Antifascista (U.N.A.).

Estudian la posibilidad de restituir en Tánger, como cabeza de lanzadera para después pasar a Ceuta. La resistencia en Tánger entra en contacto con estos exiliados en Casablanca y le piden que necesitan a un delegado para su apoyo, ya que están muy vigilados.

El 10 de agosto de 1941 se desplaza a Tánger José Congost Plá. Este realizó el viaje en ferrocarril, escondido en un cajón y protegido por el jefe de estación, Leopoldo Serdán.

Una vez en la ciudad internacional, se reúne con la resistencia que trabaja en la ciudad y estudian la posibilidad de que Tánger sirva de plataforma para otras ciudades. Comienzan a recibir desde Casablanca el boletín Reconquista de España, que lo adaptarían con el nombre de Liberación de España, escrito a máquina, y lo reparten por la ciudad.

Como el trabajo de captación va en aumento, el recién llegado José Congost requiere nuevamente de Casablanca el envío de otro delegado más y a los pocos meses llegó por el mismo conducto Antonio Réinales Metola, este tiene en sus planes inmediatos el trabajo de reorganizar las Juventudes Socialistas Unificadas. Al cabo de algunos meses formó un comité, integrado por Amalia Guerrero Lemos, secretaría general; Sebastián Mesa Mefre, secretario de propaganda; León Azulay Cohen, secretario de organización, y los vocales Jacob Cuby y Rubén Bengio. En septiembre de 1941 se envían dos nuevos dirigentes desde Casablanca, Adelo Aguado Hidalgo y el padre de Odessa, Ramón Valls Figuerola; éstos asumen mayores y más amplias atribuciones y, sobre todo, el propósito de abrirse camino hacia Ceuta y el Protectorado. Congost Plá, jefe del comité en Tánger, viaja por varias ciudades del Protectorado y consigue los apoyos de Antonio Gómez Rocober y Ramón Peña en Larache; meses más tarde se desplazó a Tetuán y Ceuta.

EN 1942 RESISTENCIA ANTIFASCISTA EN CEUTA

El padre de Odessa, Ramon Valls, junto a sus compañeros Antonio Reinares y José Congost  intentan crear en Ceuta una resistencia a la dictadura, se desplazan desde Tánger en 1942, y se entrevistaron con Demetrio Valentín, quien sirve de enlace para hablar con Pedro Rodríguez, dirigente socialista quien hacía pocos meses quedó en libertad tras cumplir condena en la fortaleza del monte Hacho. Celebraron varias reuniones, asistiendo también el secretario del PSOE en Ceuta, Juan Traverso, y los cenetistas Agustín Álvarez y López Infante.

Debido a los nuevos proyectos de la resistencia a la dictadura y con el fin de recibir noticias del Comité Central deciden que el dirigente recién llegado desde Casablanca, Adelo Aguado, viaje a Madrid para mantener algunas reuniones y obtener más información. Celebró varias reuniones en la capital, pero mientras se encontraba reunido con miembros del comité peninsular fue detenido y llevado a la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol. Tras duros interrogatorios se le acusó de “atentar contra la seguridad del Estado y fomentar la organización de partidos políticos”.

Tras un consejo de guerra sumarísimo, fue ejecutado a garrote vil el 28 de mayo de 1942 en Madrid. La detención de Adelo Aguado origina que las autoridades franquistas comiencen a encarcelar a los demás miembros de las células en Ceuta, en la ciudad internacional de Tánger y las del Protectorado, Tetuán y Larache.

Según consta en el consejo de guerra son noventa y uno los detenidos. Todos son enviados a Ceuta, los hombres a la fortaleza del Hacho y las mujeres a la prisión del Sarchal. Se celebró el consejo en el cuartel de Sanidad, habilitándose una gran sala especial, comenzando el 9 de marzo de 1944. Después de siete días de vistas y declaraciones se aprobaron las múltiples condenas, destacando las penas de muerte a los alicantinos, José Congost Plá, Antonio Reinares Metola y al padre de Odessa, Ramón Valls, acusándoles de un delito contra la seguridad del Estado. El 18 de agosto de 1944, a la siete de la mañana, fueron ejecutados en los muros de la fortaleza del monte Hacho.

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La ceutí Antonia Pérez Padín, memoria de una luchadora

 

La UGT de Ceuta ha otorgado el premio Antonia Céspedes Gallego “La Latera” a la ceutí Antonia Pérez Padín, quien tras el golpe en julio del 36, fue encarcelada en la prisión de mujeres del Sarchal, recorriendo posteriormente varias cárceles peninsulares, el franquismo no le perdonó lucha por un país en democracia y en libertad.

Su marido concejal de Ceuta desde la proclamación de la República también fue detenido, pero corriendo peor suerte, ya que fue asesinado en la madrugada del 21 de enero de 1937, su cuerpo apareció en el depósito de cadáveres del cementerio con varios disparos.

La ceutí Antonia Pérez Padín fue una mujer de carácter fuerte y recio -heredado de su madre Jacinta- y con las ideas muy claras sobre las injusticias sociales, ideas que supongo le fue inculcando su padre maestro anarquista.

Padeció ocho años de cárcel entre Ceuta (Sarchal), Puerto de Santamaría o el Dueso. Durante el trabajo de investigación y elaboración de mi libro sobre la Guerra Civil en Ceuta, que publiqué hace ya unos años, siempre me he sentido un tanto frustrado al no sacar a la luz las historias de cientos de mujeres ceutíes que sufrieron represión en la cárcel de mujeres del Sarchal. Pero dentro de la poca documentación que existe siempre me llamó poderosamente la atención una mujer. Su nombre: Antonia Pérez Padín.

Su nieta Gloria Berrocal, quien ha escrito varios libros sobre las vivencias de su abuela, nos cuenta: “La primera imagen que me viene de mi abuela Antonia es la de una mujer vestida siempre de negro, con las piernas hinchadas por las varices y con una propensión al suspiro profundo, casi expelido desde el bajo vientre, cuando oía las noticias del llamado ‘parte’ de RNE. Más tarde, con la aparición de la televisión, pasó del suspiro a la palabra y al gesto. Cuando oía que no había presos políticos en España solía lanzar un zapato al televisor soltando sapos y culebras. Nunca nos habló de la guerra… ella hablaba de los “hoteles” donde había estado: Puerto de Santamaría, Ventas, Dueso, etc.… A mí no me encajaba la imagen que daba de persona viajera y aprovechando una estancia suya en Rabat a donde acudió a cuidarme – tenía yo entonces diecisiete años y ya trabajaba en la Embajada de España en dicha ciudad- la sometí a un tercer grado. El pacto fue el siguiente: yo me comería todo lo que cocinara y, mientras yo saboreaba sus excelentes guisos, ella me contaría lo de los “viajes” y “hoteles”.

Gloria Berrocal nos continúa narrando: “Debió considerar que ya era suficientemente mayor porque durante casi un mes y a las horas de las comidas, mi abuela no paró de contarme atrocidades. Yo engordé casi diez kilos durante ese mes, kilos que perdí cuando ella se marchó, pero lo que no perdí jamás fue su memoria. De hecho puedo decir que mi abuela Antonia ha sido el referente más importante que he tenido en mi vida”.

Tuvo seis hijos de su marido, Antonio Berrocal Gómez, de los cuales solo le vivieron cinco. Cuando les detienen en 1936 sus hijos tienen unas edades que oscilan entre los diez – la hija mayor- y dos el pequeñín. Esos niños pasan al cuidado de familiares y dos de ellos van – según mi madre- al asilo, aunque supongo que sería el innombrable “Auxilio Social”. No pudo cuidar de sus hijos y eso fue lo que más le destrozó durante los más de siete años que pasó en las cárceles franquistas con dos penas de muerte: una por pertenecer al Socorro Rojo Internacional y la otra por su pertenencia al Partido Comunista. Mi abuelo no se libró de la pena de muerte. Fue fusilado junto con 32 personas la madrugada del 21 de enero de 1937 y en su propia finca, en la Posición A”,

“Antonia, Antonia, que me matan… “

Antonia Pérez Padín, fue detenida en agosto de 1936, en la cárcel del Sarchal se encontró con muchas ceutíes con historias en común, mujeres como ella comprometidas con la igual de las clases sociales con la proclamación de la República, en abril de 1931, la igualdad de los sexos pasó por fin a ser una posibilidad real con la aprobación de la nueva constitución. Tras su detención en la cárcel de mujeres de Ceuta,  los falangistas intimidaban a las detenidas, en sus reiteradas visitas. Su compañera de celda Antonia Céspedes Gallego “La latera”, destacaba entre todas por su lucha en favor de la igualdad de las mujeres durante la República,  y eso no se lo perdonan.  Un conocido falangista local, acompañado de otros, se llegó hasta la prisión de mujeres en la madrugada del  21 de enero de 1937, para cumplir lo que tanto había dicho “Sois una rojas y un día vendré a por algunas de vosotras” con pistola en el cinto vociferaba por los pasillos el nombre de Antonia Céspedes, a empujones la sacó de la prisión. Antonia Pérez Padín, presenció el trágico suceso: “… primero la apuñaló en la espalda mientras la sacaba de la prisión, ella volvió la cara gritando desesperadamente “Antonia, Antonia, que me matan…” Nuestra homenajeada con el premio de su compañera de prisión nunca pudo olvidar aquellos gritos. Al poco rato un disparo rompió la noche, su cuerpo quedó tumbado en la ladera de la barriada del Sarchal, a primeras horas de la mañana apareció un camión militar y la trasladó al cementerio.

SU MARIDO ANTONIO BERROCAL CONCEJAL REPUBLICANO  FUSILADO

El marido de Antonio Pérez Padilla, fue concejal del Ayuntamiento de Ceuta desde la proclamación de la Segunda República, en las actas de secretaría se pueden comprobar sus múltiples intervenciones siempre en ayudas a los más necesitados.

Tras el golpe militar del 17 de julio fue detenido y trasladado a la prisión de García Aldave, allí permanece junto a cientos de compañeros, en espera de un juicio que nunca llegó, ya que en la madruga del 21 de enero de 1937, y como siempre que había algún ataque del gobierno a la ciudad, la falange local realizaba sacas por los distintos centros penitenciarios. En esa madrugada fueron asesinados 33 presos políticos, entre ellos, como ya hemos narrado se encontraba la única mujer ceutí fusilada Antonia Céspedes Gallego, “La Latera”, fue sacada de la prisión para mujeres de la barriada del Sarchal.

De esta saca también  hay que destacar a Manuel Fuentes Huerta, encuadernador de la imprenta Alcalá y vicesecretario de organización del Partido Comunista, y  también al responsable de la célula n. º 10 y principal dirigente en la ciudad del PC, Luis Medina de Aragón, empleado del hotel Términus. Otro de los ejecutados fue el jefe de  Telégrafos de Targuit (Larache), Miguel Barberán Cereceda, muy vinculado con Ceuta al estar casado con Manuela Marañés, hermana del dueño de una prestigiosa firma comercial.

Junto a Berrocal otros tres concejales fueron ejecutados en esta saca, José Lendínez Contreras, del PSOE y propietario de una de las imprentas más importantes de la ciudad; el que fuera primer alcalde socialista durante la República  entre enero de  1932 a  septiembre de 1933,  David Valverde Soriano, y  Moisés Benhamú Benzaquén, presidente de Unión Republicana, así como los civiles  Fortunato Bendaham Abecasis y Juan José Rey  Esojo.

También fueron ejecutados en esta saca el conserje municipal Juan Zaragoza Santaella, los albañiles Juan Quiñones Quiñones, Juan de Molina Nieto, José Rodríguez Pastor y Manuel Ruiz Berrocal, el panadero Manuel Mediavilla Sarmiento, el carpintero Juan Mateo Arjona, los taxistas Salvador Cárdenas López y Luis Moyano Becerra, los militantes de Izquierda Republicana Antonio Becerra Delgado, Daniel Ramos Herrera y Luis Sánchez Aguilar, los cenetistas Vicente Collado y  Miguel Pérez Laya y los militantes del PSOE Juan Herrera Vera, empleado de la imprenta Parres-Alcalá, Manuel Pérez Muñoz, Herminio Culebras Solas, Rafael Ruiz Corzo y Blas Almenara Maresco, estos dos últimos miembros del Socorro Rojo en Ceuta. Y ocho fueron los militares ejecutados en esta saca que ya detallaremos.

La represión física se cobró 268 víctimas, después estuvo la represión administrativa y, por otra parte, ¿cuántos encausados no llegaron al pelotón de fusilamientos? Muchos de ellos murieron mientras eran transportados o en las comisarías sin consignarse sus nombres. ¿Cuántos murieron en  las  enfermerías como consecuencia de malos tratos o enfermedades sin cuidados? ¿Cuántos quedaron internados en manicomios? Todos éstos están fuera de mis cifras. Tan sólo quisiera, como conclusión, apuntar que con estas investigaciones, gracias al acceso a una valiosa, aunque limitada, base documental de primera mano con la consulta de más de mil consejos de guerra durante casi diez años (Guadalajara, Segovia, Regional, Alcalá de Henares) y el Archivo General de la Guerra Civil Española (Salamanca), registros civiles, de cementerios, Juzgados y Consulados (Marruecos), se ha intentado descubrir unos hechos que acaecieron en Ceuta y en el Protectorado, sobre todo en la zona occidental. Es fácil concluir, tras las páginas precedentes, que el tema de la represión  ejercida en el nuevo Estado que surge tras la insurrección militar del 17 de julio de 1936 presenta aún hoy, a pesar de los años transcurridos desde entonces, numerosas lagunas.  Se abandona en estas investigaciones la tendencia seguida en otras ciudades de limitarse a la especulación genérica o aventurar cifras  en función de cálculos más o menos lógicos y razonados. Todos los datos expuestos están sólidamente documentados y cuando ha sido posible entrevista personales con los familiares de los represaliados.

La consulta de distintos documentos permite acercarse a la tétrica realidad judicial de aquellos años. Los procedimientos sumarísimos de urgencia, que la legislación fijaba como formula ocasional, se convirtieron, sin embargo, en la única fórmula empleada por los tribunales para juzgar los supuestos delitos de los que no eran adictos al nuevo régimen. Amparados en la más absoluta impunidad y parapetados tras la vía jurídica no dudaron en acusar y condenar de adhesión a la rebelión a los que precisamente habían defendido la legalidad constitucional. Daba igual que las acusaciones realizadas se refirieran a asesinatos, pertenencia a organizaciones políticas o sindicales, participación en saqueos de iglesias, insultos, redacciones de periódicos, pertenencia la masonería, etc. Y, desglosando las cifras, se puede apreciar que el mes de agosto de 1936 se convierte en el más trágico de toda la represión en Ceuta, con 73 víctimas, de las cuales tan sólo siete se efectúan tras los respectivos consejos de guerra; el resto, sesenta y seis, fueron debidas a las sacas de madrugada.

UN MODESTO LOCAL DE COMIDAS EN LA PUNTILLA

Antonio Pérez Padín, tenía seis hijos, regentaba una modesta casa de comida en la zona de la Puntilla. Su lucha a favor de los humildes le hizo ingresar en el Socorro Rojo, desde donde colabora en campañas a favor de los más necesitados de la Ciudad. Ella mostró a lo largo de toda su vida una fe ciega en el ser humano. Su solidaridad con los huelguistas portuarios en Ceuta, solidaridad que podía llevar a cabo gracias a que tenían un colmado y una casa de comidas, su asistencia como comadrona a las mujeres que la necesitaban, su sentido de la justicia que nunca se enturbió ni siquiera en sus últimos años en que seguía comentando la situación política no solo nacional sino también la internacional, hacían de nuestra galardonada de un ser excepcional.

En unas palabras de su nieta Gloria se resume como fue esta ceutí: “Sin embargo, no fue la única y que perteneció a una estirpe de mujeres que supieron ser libres, independientes y luchadoras en aquellos difíciles años del siglo pasado. Cuando hoy se dice que una mujer es una “superwoman” porque trabaja y además crea una familia, yo me sonrío pensando en la generación que le tocó lidiar con las atrocidades de la Guerra Civil y pienso en mi abuela que atendía el colmado y la casa de comidas, le ponía una inyección diaria a mi abuelo que padecía del corazón,  paría un hijo tras otro, atendía en el parto a otras mujeres y además sacaba tiempo para sus reuniones del Socorro Rojo y del Partido, y asumo la altura del listón que dejaron todas ellas y no dejo de lamentar el poco reconocimiento que han tenido esas mujeres gracias al aplastante silencio mantenido tanto en la dictadura como en la democracia”.

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EN LIBERTAD TRAS DÉCADAS DE CONDENA

 

Tuvieron que pasar casi cinco décadas para que el carnaval volviera a recorrer las calles de Ceuta. Aquel regreso, tuvo su pistoletazo de salida en 1983, la fiestas tomó las calles tras años de condena, oscuridad y censura. El cuartel de Sanidad (actualmente teatro del Revellín) fue el lugar de encuentro para los bailes y el cine Terramar como improvisado auditorio para que cantaran las agrupaciones.

Pero antes de la llegada de la democracia algunos grupos y asociaciones como “Los Biberones”, que salían desde la casa de la familia Orozco, mataban el gusanillo  disfrazándose en la cabalgata de las fiestas patronales. También algunas salas de fiestas como el Candelero, la Cueva, Milord… comienza a organizar bailes de disfraces, pero sin salir a la calle

. El Ayuntamiento, toma el mando de la organización y lo reinventa, la corporación estaba presidida por Ricardo Muñoz y el concejal responsable de poner toda la maquinaría en marcha fue Juan Lázpita,  fijándose los días 25, 26 y 27 de febrero

Al concurso se dan cita una comparsa “Renacimiento Caballa” y tres chirigotas “Las Momias currantes”, “El Séptimo de Michigan” y “Los presos diarios de la cuarta galería”. Son invitadas varias agrupaciones de Cádiz.

El día 26 se celebró la cabalgata y fue todo un éxito, se pudo contar por kilómetros los participantes en esta caravana multicolor. Pero también habría que echar la vista atrás y recordar que cuando el carnaval se prohibió hace 80 años, muchos ceuties no permitieron que le arrebataran su fiesta, luchando y celebrándola clandestinamente.

Los numerosos murguistas como Roque Guerrero, Mariano Puig, Pozo, José Moreno, Vilches, Paco Navarro y tantos otros se reunían en una vieja bodega del callejón del Lobo o en la tienda de comestibles de la viuda de Sánchez (lo que fue el Chaplin) para seguir cantando sus coplas.

Cuando las murgas y máscaras ceutíes guardaron sus tipos y disfraces en sus baúles al finalizar los carnavales de 1936, nadie pensó que estos no volverían a salir hasta pasadas varias décadas. La prohibición se hizo evidente, el día 6 de febrero de 1937 cuando en la prensa local se hace público una nota enviada por el Gobierno militar: “Debido a la contienda que libran nuestras fuerzas nacionales para erradicar de la patria la corrupción y para restablecer los valores morales, a partir de esta fecha queda prohibido las fiestas de carnaval en todo el territorio nacional”.

Los murguistas tras la terminación de la Guerra Civil a escondida cantaban sus coplas entre el patio de las gaseosas de Alba, en el callejón del Lobo, el patio de la Tahona, en la plaza de Azcarate y sobretodo se reunían en la bodega que se encontraba  muy cerca de donde vivía el gran director y autor de murgas Roque Guerrero.

Seguro que entre piporros y avellanas volvieron a recordar aquellos grupos que sacaron desde los años veinte…  “Marineros en seco con los ases de la pantalla” ,“Los representantes del yoyo”, “Los profesores del baile”, “Los jugadores del Golf” ,”Los del Wonder-Bar”,  los “Rumbistas mexicanos” y tantos otros grupos junto a otros directores de murgas como Corinto y Pepe Benítez sin faltar tampoco los miembros de estas agrupaciones como Francisco Navarro, Enrique Lara, Juan Pozo, José Moreno,  y también se reunían en la carpintería de Antonio  Vilches, junto a la tintorería La Catalana.

Tras la proclamación del estado de guerra, Ceuta se convierte en una ciudad llena de miedos y recelos; desde la misma madrugada del 18 de julio las fuerzas sublevadas, con la ayuda de patrullas de falangistas, comienzan las detenciones selectivas y asaltos a las sedes de los sindicatos y partidos políticos. La represión desencadenada fue tan intensa y extendida que no sólo la sufrieron los que habían defendido la República con su labor política y sindical, también cayó la misma sobre aquellos que eran simplemente más abiertos, los incrédulos por cualquier motivo, los que habían destacado en empresas culturales y actividades públicas, o simplemente, aquellos denunciados por rencillas personales, odios y deudas, de los que se nutrieron las cárceles ceutíes. En uno de los cientos de consejo de guerra que he investigado para otro trabajo, me encontré con la acusación a un miembro de la UGT de que además de los cargos habituales se le acuso de cantar en la comparsa “Las niñas Republicanas”.

En plena dictadura los murguistas vuelven a las calles

En 1972, nuevamente el director de murgas Roque Guerrero del Peñón recorrió las calles de nuestra ciudad con su agrupación con motivo de la elección de Maja de España. El historiador Alberto Baeza y el concejal Blasco, por aquel entonces formaban parte de la comisión organizadora rescatan aquellas murgas de los años treinta,  ensayaron en Radio Ceuta (SER), en las antiguas dependencias de la calle Salud Tejero, confeccionaron dos libretos con las coplas, y estas volvieron a sonar por el Rebellín,  con algunos años más, pero con las mismas ilusiones. Cantaron por las cafeterías, plazas y calles, pero los jóvenes al verlos no sabíamos quienes eran y que significaban las palabras, murga, tres por cuatro, presentación o cuplé… Los murguistas que volvieron a salir fueron: Roque Guerrero del Peñón, Enrique Lara y José Moreno como letrista, los músicos Francisco Laserna, Enrique Lara, Antonio Vilches, Antonio Lara y las voces de San Vicente, J. Manuel García, Rafael Lara, Roque Guerrero,  Barranquero, Juan Pozo y Manuel Prieto.. Hace unos años pude hablar con una persona que había vivido este entresijo de coplas en voz baja, me refiero a ese gran murguista que fue Mariano Puig: “Recuerdo que estando trabajando en una bodega que existía en el callejón del Lobo, allí se reunían muchos componentes de los que en los a los treinta sacaban murgas como Roque, Pozo, Lara, Moreno, Vilches, Navarro y tantos otros. Tras las barricas de vinos y tocando con los nudillos en ellas a modo de caja, cantaban aquellas coplas que yo he aprendido de escuchárselas. También recuerdo que Roque Guerrero siempre venía con una copla nueva que había sacado a tal o cual motivo, pero estaba claro que estas no salían de las cuatros paredes de la bodega.

El “Carnaval Recuperado” cumple 34 años

Una vez que el carnaval volvió a nuestras calles en 1983 la fiesta arraigó y cada año podemos ver números disfraces por nuestra calles, las agrupaciones han aumentado en número y en calidad, sumándose a las oficiales un buen número de callejeras con unos repertorios dignos de cualquier concurso y los grupos de calle esperan con ansiedad cada año su cita con esa interminable cabalgata con más de dos horas de diversión.

Para entender el carnaval ceutí hay que conocer su historia, recorrer sus plazas y rincones llenas de gente y colorido. En Carnaval cada uno puede ser lo que desee, puede ser bailarina, policía, vampiro, oso o marciano, se puede ser lo que la imaginación les dicte. El Carnaval ha evolucionado a lo largo de la historia, evolución marcada por los cambios que ha sufrido la sociedad  ceutí, sus inicios, los bailes y fiestas se organizaban de forma privada por la burguesía empresarial y militar de la ciudad y en las distintas sociedades de tipo recreativo.  S

Según se sabe a comienzos del siglo XX con la llegada de peninsulares de la baja Andalucía para trabajar en las numerosas obras como el puerto, el nuevo ferrocarril Ceuta-Tetuán o las numerosas fábricas de conservas, todos estos aportaron a los ceutíes sus coplas y sus costumbres de sus pueblos de origen.

En la actualidad los distintos grupos pasean con orgullo el nombre de nuestra ciudad por diversos lugares de la península concursando, estos durante todo el año preparan  sus coplas y disfraces, desde el banquero hasta la oficinista, el médico, el ama de casa, la abogada o el cartero ensayan incansablemente para estar preparados. Estos son, sin duda, los verdaderos protagonistas, los que con total dedicación se preparan para que todo esté a punto, los verdaderos artistas

Como dato de ese carnaval “encubierto” recordar que en 1973, el autor y director de comparsas Andrés Peña, organizo junto a otros jóvenes estudiantes del antiguo Instituto Nacional de Enseñanza Media, lo que hoy en día es Instituto Siete Colinas se reunieron para organizar un grupo con ganas de divertirse. Peña gran conocedor de los carnavales de Cádiz, su padre era una persona muy entendida de estas fiestas.

Contaba por aquel entonces con 14 años, pensaron en organizar una murga, como las antiguas de Ceuta, pidieron permiso al director del centro Jaime Rigual y este no puso obstáculo ninguno siempre que le presentaran las letras antes de cantarla para dar el visto bueno. Como Murga Kaos, participaron en muchas fiestas, cumpleaños, comuniones, bautizos y fin de curso, también participaron en la cabalgata de Feria de las Fiestas Patronales en 1976 cuando se llamaban la Murga “Los platanitos caballas”, y en 1978 un partido político los contrató para cantar por barriadas.

En su libro El disfraz de mi comparsa” narra cómo fueron los comienzos de esta murga: … “Sobre el nombre se barajaron varios. No éramos capaces de ponernos de acuerdo y alguien calificó la situación como de desastre; que hacíamos de todo y todo era un verdadero caos, y Luís dijo ¡Ya lo tenemos!, seremos “La Murga Caos”. Nos quedamos un poco fríos porque el nombre no entraba en nuestros planes pero, al analizarlo más detenidamente, nos gustó. Tan solo sustituimos la “C” por la “K” para darle un matiz más informal y de esta forma nos dimos a conocer”.

Después de celebrarse el Festival en el Instituto como bien dice su director “La fama de la Murga traspaso los muros del Instituto. Manteníamos intactas nuestras ilusiones y acudíamos donde nos llamasen. De repente nuestro primer contrato formal. Nos propusieron actuar en una elección de la “Maja de Ceuta” que se iba a celebrar en la sala de fiesta del “El Candelero”. La Murga estaba formada por Payto, Chiky, Batore, Alfredo, Malla, Ángel –el negro- , Carlos, José, Julio…”

Valeriano Hoyos historia del carnaval desde 1983

Si existe un autor de carnaval que estuvo en 1983 y 34 años después continúe componiendo y dirigiendo agrupaciones es Valeriano Hoyos, recordemos que en aquel primer concurso fueron “Los presos diarios de la cuarta galería”… Ese año sólo ensayaron ocho días y como anécdota principal fue que llevaban un bombo y una caja que se lo dejaron en lo que antiguamente se llamaba la “banda del asilo”. El presupuesto fue de 9.500 pesetas y con el primer premio se llevaron 30.000 pesetas.

En 1984, fueron  “Las marionetas de la cuerda floja”, la primera vez que usaban las guitarras, el presupuesto fue algo superior pero no mucho. Compraron bombo y caja. Al año siguiente “Los pintores de la brocha gorda”. En ese año ya se unió Juan Cepero, el célebre Juan Bolillo.

En 1986, “Nos toco el gordo”, al año siguiente “Mariano Lambreta y el pelotón Majareta”. En 1988, descansaron como grupo, y algunos se unieron a la comparsa de Andrés Peña “Pasión Loca”. En 1989 “Sálvese quien pueda……” En 1990 fuimos “Tarzán chita y un puñado de chiribitas”, en 1991, “El 31 de octubre por la noche te tomas una tila que al día siguiente es la mochila”. Y en esto llego Paco Fraiz y sacaron la chirigota “Los Amigos de Fray Paco” esto fue en 1992.

En 1994 de chirigota a comparsa, “El Fantasma de la Opera”. En 1995 “La Cantinela”, fue la segunda comparsa. En 1996, “La lluvia”, los indios y su danza de la lluvia. En 1997, “Al sur del sur”. En 1998, “Los equilibrista”.

En el año 2000 “La hora de los valientes”, el año 99 no salimos y nos atrevimos ese año con Cádiz. Fueron allí con toda la humildad que hay que ir y les incluyeron en semifinales. En el 2001 “La fiebre del oro”. En el 2004, “Los whisky a gogo”, chirigota callejera…

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