La historia de la masonería en Ceuta comienza en 1821, con el descubrimiento por parte del autor de la logia Antorcha de Ismael y llega a su trágico fin con la sublevación militar de julio de 1936. Durante ese periodo fueron ocho los talleres fundados en Ceuta. La consiguiente represión tuvo como resultado 268 víctimas ceutíes, masones 27 de ellas, además de los numerosos encarcelados y exiliados. Para ello, se ha consultado la extensa información contenida en los libros de actas, expedientes, correspondencia epistolar, etc.; Incluye un apéndice reseñando la trayectoria masónica y profana de más de 200 integrantes de los talleres. El libro de tapas duras, consta de 537 páginas, con más de 100 documentos y fotografías.

Más información: http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/

 

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Libros

El cementerio de Santa Catalina en Ceuta, guarda joyas monumentales, esculturas relacionadas con personajes destacados de la sociedad de cada momento, políticos o bien relacionados con el mundo del arte que han permitido que éste adornara su última morada. Un arte fúnebre, lleno de sensibilidad esculpido en el mármol. Son varios los panteones que ofrecen bellas imágenes.

Si destaca un panteón es el construido por la familia Cerni, donde también está el cuerpo de González-Tablas, su cuerpo descansa en el cementerio desde 1922, tras estar varias horas antes en su domicilio en los pabellones de las Puertas del Campo, donde se instaló la capilla ardiente. Con motivo de su entierro, el alcalde publicó un manifiesto invitando al comercio a cerrar para asistir a la ceremonia. Su Majestad el Rey dirigió el siguiente telegrama de pésame: “Uno mi dolor al de ese brillante Cuerpo por la pérdida del heroico Coronel González Tablas, que ha sabido terminar su vida con un final digno de ella. Sírvanos de ejemplo y honremos su memoria. Vuestro Rey, Alfonso”. 

Otro destacado conjunto histórico es el panteón de regulares, donde destaca ese impetuoso león. En torno a este majestuoso panteón le rodea la figura de un ecuatoriano enterrado allí un 25 de junio de 1922, era el Alférez Francisco Suárez Veintimilla, quien fue trasladado a Ceuta desde el campamento de Beni-Aros, donde falleció, tras caer herido el día 19, en el avance de las tropas de Regulares, sobre Zamade Siddi-Issef el Tallidi. Cuando se encontraba con sus compañeros al sector de Beni-Aros muy cerca de la línea de combate, el estaba al mando de un pequeño grupo donde se generalizó la lucha cuerpo a cuerpo. Su Ordenanza cayó a su lado y el fue herido mortalmente en el campo de batalla, con tan solo 27 años recién cumplidos.

El día 24 las fuerzas españolas pudieron retomar el puesto y cubrieron su cadáver con las banderas del Ecuador y España. Tras el entierro, llevado a cabo con todos los honores fue enterrado en el Panteón de Regulares. Le tributaron honores correspondientes a su jerarquía asistiendo al sepelio una sección de cada arma, oficiales del ejército y de los barcos de guerra surtos en el puerto, representantes de las sociedades, municipios y ceutíes en general. Los diferentes diarios nacionales escribieron “del joven héroe”, se habló entonces de la solidaridad de España y los pueblos de América.

La Academia de caballería de Valladolid puso su nombre en el Cuadro de Honor Institucional y el Coronel Director, Pedro Gómez Medina, hizo leer al alumnado un Manifiesto a la memoria del héroe caído en acto de extrema heroicidad. Es considerado por el Estado español desde 1922 como “Héroe Español” y “Héroe Nacional”, se conserva una placa en su memoria en Tetuán de las Victorias. Había nacido en 1895 en Otavalo (Provincia de Imbabura) Ecuador, embarcado en 1917 a España, fue aceptado en la Academia de Caballería de Valladolid y descolló por sus magnificas calificaciones, ejemplar conducta y arrojo en la instrucción física. Finalizada su carrera obtuvo la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco y sus profesores y compañeros le entregaron una insignia de oro con las armas de España.

El rey Alfonso XIII le recibió en audiencia especial y quedó tan encantado de su conversación que le entregó un retrato suyo con un sincero autógrafo, expresivo y cordial. El 21 de abril de 1922 fue promovido al grado de Alférez de Caballería y pidió su traslado a Ceuta, al Grupo de Fuerzas regulares número 3, como Ayudante del Teniente Coronel Miguel Ponte, Marqués de Bóveda de Limia, pero le informaron que siendo extranjero podía ser agregado al cuartel general, en cuyo caso no sería destinado al frente de batalla en el Protectorado Español en Marruecos, sugerencia que le pareció totalmente indecorosa y fuera de sus principios, de suerte que pidió que se le pusieran a la vanguardia de su Grupo de Caballerías, es decir, en el sitio de mayor peligro. Se conoce que uno de sus camaradas de armas intentó disuadirlo, haciéndole ver que por su cualidad de extranjero no tenía para que correr los peligros de la campaña. Y el joven Suárez Veintimilla contestó: “Yo no puedo creerme extranjero en España. Mi Patria es mi Ecuador amado, y lo será mientras viva; pero España me ha dado un uniforme que tengo que honrar. Y para mi, como debe ser para todos los americanos, España, aunque no sea mi Patria merece todo el cariño, porque es la madre de mi país natal”.

Fosa común – lugar para la memoria

El 1 de noviembre de 2005, fue un día histórico, por primera vez se llevó a cabo una ofrenda de flores por parte de la Ciudad.  Anteriormente la fosa común, presentaba un aspecto lamentable. El trabajo de adecuación se llevó a cabo con un proyecto del arquitecto municipal Javier Arnaiz. En el citado lugar fueron enterrados 156 personas, tras oponerse al golpe militar de julio del 36, en su gran mayoría son militares, políticos y sindicalistas, los últimos enterramientos en ese lugar fueron realizados en agosto de 1944.

En torno a la fosa común del cementerio de santa catalina tendríamos que recordar que tanto en Ceuta, como la zona occidental del Protectorado en Marruecos más que de guerra habría que hablar de represión, pues no hubo combates ni operaciones militares. La barbarie desencadenada fue tan intensa y extendida que no sólo la sufrieron los que habían defendido la República con su labor política y sindical, sino que también cayó la misma sobre aquellos que eran simplemente más abiertos, los incrédulos por cualquier motivo, los que habían destacado en empresas culturales y actividades públicas o simplemente aquellos denunciados por rencillas personales, odios y deudas, de los que se nutrieron las cárceles ceutíes y del Protectorado español en Marruecos.

El desglose del total de asesinados en Ceuta fueron 268. Es fácil concluir, que el tema de la represión ejercida en el nuevo Estado que surge tras el golpe militar del 17 de julio de 1936 presenta aún hoy, a pesar de los años transcurridos desde entonces, numerosas lagunas. La consulta de distintos documentos permite acercarse a la tétrica realidad judicial de aquellos años. Los procedimientos sumarísimos de urgencia, que la legislación fijaba como formula ocasional, se convirtieron, sin embargo, en la única fórmula empleada por los tribunales para juzgar los supuestos delitos de los que no eran adictos al nuevo régimen.

Amparados en la más absoluta impunidad y parapetados tras la vía jurídica no dudaron en acusar y condenar de adhesión a la rebelión a los que precisamente habían defendido la legalidad constitucional. Daba igual que las acusaciones realizadas se refirieran a asesinatos, pertenencia a organizaciones políticas o sindicales, participación en saqueos de iglesias, insultos, redacciones de periódicos, pertenencia la masonería, etc. Y, desglosando las cifras, se puede apreciar que el mes de agosto de 1936 se convierte en el más trágico de toda la represión en Ceuta, con 73 víctimas, de las cuales tan sólo siete se efectúan tras los respectivos consejos de guerra; el resto, sesenta y seis, fueron debidas a las sacas de madrugada.

Por militancia política, el número mayor de fusilados fue para los anarcosindicalistas y por profesiones el estamento militar fue el más castigado, sobretodo en 1938. Tras el inicio de la represión, con el paso de los meses, el número de fusilamientos fue disminuyendo paulatinamente. En los cinco primeros meses se registraron un total de ciento veintiocho ejecuciones, casi el 50% de las llevadas a cabo durante toda la represión. En 1937 se registraron noventa y seis, para continuar bajando hasta cuarenta y uno en 1938, y hasta seis años después, en agosto de 1944, no se consignaron los últimos tres fusilamientos en Ceuta. Estos datos confirmarían la conclusión en el sentido de que la represión sustancial se produjo en los primeros meses.

Tras las primeras ejecuciones en Ceuta, el 21 de julio de 1936, hasta 1944, en todas se consigna herida por arma de fuego, aunque después, en el registro civil, aparecen muchos tachados. Hay un paréntesis de seis años, desde 1938 a 1944, que no se producen más ejecuciones. Tal vez las hubo, pero se pudieron encubrir en los libros como hemorragia interna. Esto ocurrió con el fusilamiento de los tres miembros de la resistencia en Tánger, pero es evidente que el error en el número de fusilados no consignados debe ser muy pequeño. Si se toman en cuenta los días en que se producen las ejecuciones y el número se observa que no parece que existiera una norma que regulara las mismas. Hay meses que durante varios días consecutivos se realizan fusilamientos y otros que las fechas se distancian considerablemente. Pero es irrefutable que tras algún ataque de las fuerzas republicanas en la madrugada siguiente realizaban ejecuciones. También se incrementa en torno a las celebraciones de determinados aniversarios y cuando en el frente fallecían soldados o miembros de la Falange local.

Ángel García Ruiz

Don Ángel como lo conocían sus alumnos fue el autor de la música del himno de Ceuta, fundó y dirigió el Conservatorio municipal, creó la Masa Coral, el Cuadro Lírico; fundó y dirigió la Orquesta Sinfónica y la asociación Amigos de la Música y fue el director de la banda de música del Tercio. Sus restos reposen en una tumba apartada, mejor decir oculto del cementerio, donde se accede tras pasar por una empinada escalera y un frío muro. Todo esto ocurre desde 1956 cuando Don Ángel García Ruiz falleció de un cáncer de estómago y fue enterrado “fuera del Cementerio”.

     La curia ceutí de aquellos grises años no le perdonó su libertad de pensamiento. En el 2004 se conmemoró el ochenta aniversario de la primera audición del himno. Sobre Don Ángel, el catedrático Antonio Garrido Aranda escribió: “El profesor que más hizo por la música en Ceuta en un largo trecho, que iría desde los años 30 a mediados de los cincuenta, fue don Ángel García Ruiz, uno de los fundadores del Conservatorio, con los hermanos Alcalá Galiano. Era un músico en toda la extensión de la palabra. Lo recuerdo como una persona muy seria y responsable, pero sin quitar un ápice de humanidad y educación…”.

También el abogado ceutí Fernando Díaz Bermejo, escribió: “Hace más de treinta años, contando unos quince o dieciséis años de edad, cuando acompañando a mi padre, que era un gran melómano y aficionado a la música clásica, al cementerio para visitar supongo la tumba de algún familiar, me contó la historia de quien había sido director de la orquesta de Ceuta y compositor de su himno, y por qué su enterramiento estaba fuera de los límites del camposanto, en tierra no consagrada…”.

   Sobre los inicios del Conservatorio de Ceuta, por el que tanto hizo Don Ángel, tendríamos que referirnos a lo escrito por Vicenta Marín, donde destaca que en 1932 fue creada una escuela particular de música por iniciativa de un grupo de personas que consideraban que era una parcela educativa que no estaba cubierta en la ciudad.

    La creación de este centro fue justificado por los profesionales del arte musical, manifestando que existía un gran número de alumnado que se estaban viendo privado de poder cursar esta enseñanza por falta de recursos ya que el gasto que les suponía era superior a los medios económicos de los que disponían. En el año de su fundación, como escuela particular, se propuso al Ayuntamiento que se hiciera cargo de ella, con lo cual se consiguió que pasara a funcionar como escuela Municipal de Música, a partir de mayo de 1932. Para ello, aportó una subvención para cubrir gastos de funcionamiento.

  La Corporación se comprometió a proporcionar a la Escuela el material y mobiliario necesario para su total funcionamiento. El 18 de noviembre de 1932 comenzaron las gestiones, por parte de su director Don Ángel García Ruiz, para dar carácter oficial a los estudios. Consiguiéndose en 1933, que el Ayuntamiento declarara la Escuela Municipal de Música como Conservatorio.

Mujeres ceutíes, historias de libertad

Mi recuerdo en el Día de la Mujer, a estas ceutíes como Isabel Mesa, Antonia Céspedes, Antonia Pérez Padín, África de las Heras, Antonia Castillo, Nani Bermúdez… y tantas otras, que durante la Segunda República lucharon por una Ceuta mejor. Ellas fueron unas adelantadas a su tiempo y  tras el golpe militar del 36, sufrieron persecución y cárceles, incluso siendo una de ellas, Antonia Céspedes asesinada junto a los muros de la prisión de mujeres del Sarchar.

Nota: En la imagen, la ceutí doctora Antonia Castillo impartiendo una charla a las mujeres de los obreros en la Casa del Pueblo de Ceuta, en la calle Agustina de Aragón. (Archivo: Paco Sánchez).

ISABEL MESA

Fue una activa militante de la CNT en Ceuta, un primer dato lo tenemos en aquella multitudinaria celebración del 1º de mayo de 1931. Las ilusiones despertadas tras el cambio de régimen facilitaron el fortalecimiento de las organizaciones obreras. Los anarquistas se hicieron un hueco muy importante entre la población obrera ceutí, ganando cada día más adeptos, su sede en la calle Linares, siempre estaba repleta de militantes. El 1º de mayo organizaron un acto de reafirmación sindical en el teatro Cervantes, la mesa presidencial estaba formada por los anarcosindicalistas más representativos de la ciudad como Pedro Vera o Andrés Garrido, y junto a ellos la joven Isabel Mesa que tras tomar la palabra insistió –como destaca la prensa- en la lucha social y libertaria de la mujer, conseguir las seis horas de trabajo y que se concedan al obrero el jornal necesario para poder vivir dignamente, así como la igualdad de la mujer dentro de la sociedad ceutí.

Isabel Mesa, pertenecía dentro de la CNT al Sindicato de Obreros de la Aguja, donde tenía el numero uno. Su actividad sindical fue principalmente en la organización de mujeres trabajadoras. Hubo una huelga en la fábrica de conservas y la empresa trajo engañadas a unas mujeres del Protectorado que cobraban menos de la mitad que las de Ceuta. Isabel habló con ellas para que se unieran, lo consiguió, y terminó la huelga con las reivindicaciones conseguidas.

Al tener conocimiento del golpe en la tarde del 17 de julio y poco antes de que una patrulla se personara en su casa pudo huir hacia la costa malagueña en un pequeño falucho, junto a 12 compañeros más. Permaneció en Málaga durante varios meses, y a mediados de 1937 llegó a Valencia, trabajando durante toda la guerra de enfermera.
La historiadora valenciana Pilar Molina, estuvo cerca de ella en sus últimos años y nos relata los hechos. Participó en el Congreso de constitución de la Federación Nacional de Mujeres Libres, llegando a ser secretaria de la agrupación local. Isabel, como recuerda la historiadora, siempre decía: “La mujer siempre ha tenido que luchar mucho, no solo teníamos que sembrar las ideas sino luchar contra algunos de los que estaban con nosotros sembrando, la mujer y el hombre tienen que ir caminando juntos, buscando la libertad, codo con codo o cogido de la mano”.

Tras la caída de Valencia huye hacia el puerto de Alicante, pero al no llegar el barco que esperaban junto a cientos de republicanos se marcha a Almería a pie, se cambia el nombre por el de Carmen Delgado y luego a Málaga, donde en el año 1941 crea con otras compañeros el periódico clandestino El Faro de Málaga, tal vez pensando en el diario de Ceuta “El Faro”.

Nunca se resignó a quedarse relegada a las tareas del hogar, como imponía el régimen, y siguió en la lucha. Descubierta por la policía es procesada y condenada a dos penas de muerte. Vuelve a Valencia y junto a otras compañeras promueve la creación del colectivo de mujeres Unión de Mujeres Demócratas, organización clandestina para ayudar a las personas presas y a sus familias y con actividades en contra de la dictadura.

Monta un quiosco junto a Maruja Lara, compañera anarquista inseparable, empeñada en las mismas luchas; en la trastienda tenían la prensa anarquista. En el año 1956 es detenida y durante ocho días es torturada en la comisaría de la calle Samaniego de Valencia. Posteriormente colaboró en la formación de colectivos libertarios como “Libre Estudio”, la Federación de pensionistas de la CNT, “Radio Klara” y el Ateneo Libertario “Al Margen” y perteneció a Dones Lliures y a la Fundación Salvador Seguí de Valencia.

ATENEO LIBERTARIO

La historiadora Pilar Molina recuerda las últimas palabras de Isabel, fallecida en febrero de 2002. “Teníamos un Ateneo Libertario en Ceuta, donde se enseñaba a leer y a escribir a los obreros; también música, pintura, esperanto, se hacían asambleas, se hablaba de Revolución, de libertad de ideas. Era una juventud bonita de verdad. Los carpinteros hicieron una vitrina y cada persona llevó los libros que pudo. En mi casa había bastantes libros, que llevamos también. Entonces empezamos a escribir pidiendo más libros a otras ciudades. Si los que recibíamos estaban repetidos los repartíamos ¡Hicimos una biblioteca, chula de verdad! Poníamos bancos de madera porque no teníamos sillas yo era la bibliotecaria. Cuando se proclamó la República la primera bandera que ondeó en el monte Hacho de Ceuta, fue un abrigo mío que era rojo por fuera con el forro negro. Aprendimos que es la anarquía de la mano de Isabel, no sólo por lo que nos contaba del periodo tan difícil que le tocó vivir y que afrontó con valentía, sino por su ejemplo en la vida cotidiana, siempre solidaria. En los últimos momentos nos seguía hablando de libertad, fraternidad…, nos pidió que la recordáramos como Isabel mesa, que la envolviéramos con la bandera rojinegra y todas juntas cantáramos “A las barricadas”. Su idea de lo que es el anarquismo, define toda su vida: “El anarquismo es una senda maravillosa, pero muy escabrosa. Pero hay que seguirla. Y una vez estás en ella no la puedes soltar, te envuelve, te embriaga. El anarquismo es amor, libertad, igualdad, humanidad de todas las condiciones. ¡Ni fronteras, ni color, ni razas, ni banderas! En el anarquismo no hay más que humanidad, sentimientos humanos, aspiramos a todo aquello máximo que se pueda llegar”, cuenta la historiadora Pilar Molina.

Antonia Céspedes Gallego

Fueron muchas las mujeres ceutíes que lucharon por una sociedad mejor en libertad y en democracia, desgraciadamente solo nos han llegado los nombres de unas pocas. Pero al menos, que de estas pocas, no se olviden sus nombres. Pero, si tuviéramos que destacar alguna, sería sin duda Antonia Céspedes Gallego, una mujer de fuertes convicciones, de igualdad, solidaridad, y firmeza por sus ideales. Y lo pagó hace ocho décadas con su vida, su cuerpo apareció con un disparo, en la ladera junto a la cárcel del Sarchal, donde se encontraba detenida.
Un grupo de falangistas la sacaron en la madrugada del 21 de enero de 1937, y la asesinaron, tenía tan sólo 46 años. Cariñosamente era conocida como “la latera”. La deuda que tenemos con estas ceutíes es imposible de pagar. Antonia Céspedes es un símbolo de otras muchas mujeres que sufrieron esa brutal represión. Mujer adelantada para su época, siempre en primera línea en las reivindicaciones sindicales y mejoras para la mujer, en perpetua actividad por la igualdad de la mujer ceutí trabajadora. Era una persona humilde, vivía en el patio Centenero, una gran luchadora siempre cerca de la más necesitada.
También tenemos constancia por la prensa de su actividad sindical, ella trabajaba en la fábrica de conservas, junto a la playa de la Ribera. En mayo de 1931, lideró una huelga para conseguir mejoras para las trabajadoras entre otras reivindicaciones pedía jornada laboral, horarios, salarios e higiene. Lanzaron un manifiesto que se reprodujo en la prensa: “No permitáis que embarquen vasijas y menos aún dejar desembarcar pescado para ninguna fábrica de la península, que proceda de Ceuta, porque perjudicáis grandemente la lucha de estas bravas compañeras” y terminaba el manifiesto con: ¡Trabajadores! ¡No olvidéis este llamamiento! proceded con energía a todo intento de perjuicios contra nuestras compañeras. El comité de huelga. Ceuta, 18 de junio de 1.931″.
Tras el golpe militar, fue sacada de su modesta vivienda y trasladada a la prisión de mujeres en el Sarchal, donde se encuentra con otras ceutíes que también fueron detenidas por su militancia republicana y su lucha social. Allí con muchas penurias junto a sus compañeras pasan las horas en el fortín habilitado como cárcel, en espera de acontecimientos.
La represión desencadenada fue tan intensa y extendida que no sólo la sufrieron los que habían defendido la República con su labor política y sindical, sino que también cayó la misma sobre aquellos que eran simplemente más abiertos, los incrédulos por cualquier motivo, los que habían destacado en empresas culturales y actividades públicas o simplemente aquellos denunciados por rencillas personales, odios y deudas, de los que se nutrieron las cárceles ceutíes y zona del Protectorado español en Marruecos. Sin embargo, la represión ha caído en el olvido de la memoria histórica de la contienda civil, lo que ha motivado que aún se mantenga que en Ceuta, Melilla y en el Protectorado no pasó nada.
Tras la proclamación del estado de guerra Ceuta se convierte en una ciudad llena de miedos y recelos. Desde la misma madrugada del 18 de julio las fuerzas sublevadas, con la ayuda de patrullas de falangistas, comienzan las detenciones selectivas y asaltos a las sedes de los sindicatos y partidos políticos. El comandante general y jefe de la Circunscripción Occidental, teniente coronel Gautier, el 18 de julio de 1936, emitió un duro comunicado: “El que desobedezca las prescripciones de los bandos, publicados anteriormente, será pasado por las armas, sin previo juicio sumarísimo”.
En septiembre, el juzgado militar le envía un oficio donde le comunica que se le realizará un consejo de guerra. El día 16, de madrugada fue trasladada al acuartelamiento de Sanidad (hoy manzana del Rebellín). Se le encuadró en un magro juicio contra sindicalistas ceutíes, ella es la única mujer, en total fueron 50 y bajo un mismo epígrafe: “adhesión a la rebelión”, se les dividió en cuatro grupos, tres de doce y uno de catorce. Fueron fusilados veintiséis y el resto a largas condenas. En este consejo de guerra estaba el destacado dirigente sindical, empleado de la empresa de alumbrado y fundador en 1934 del partido Sindicalista, Luis Castillejo, quien seria fusilado.
Tras entrar en la sala habilitada para los consejos de guerra, Antonia Céspedes, está frente al estrado, se da lectura al apuntamiento por parte del relator. La lectura se prolonga durante pocos minutos; en ella se da la relación de nombres, seguidos de las acusaciones. Cuando concluye el relator se inicia el interrogatorio, contestando con simples monosílabos a las preguntas que le formula. A continuación se produce un descanso para que el fiscal y el defensor consulten sus notas y preparen las conclusiones finales. Después de media hora se reanuda el juicio con la intervención del fiscal. El consejo de guerra falló pena de muerte, pero a los pocos días se le sustituyó por cadena perpetua y trasladada a la cárcel de mujeres del Sarchal.
En el consejo de guerra, ya se le acusaba de ayudar a otras mujeres: “Se le acusa de incitar a las mujeres, ya que en una de las últimas huelgas fue por las casas sacando a las muchachas que trabajaban en el servicio doméstico, para conseguir mejoras sociales y en las elecciones del 16 de febrero de 1936, fue apoderada en una mesa apoyando al candidato del PSOE Manuel Martínez Pedroso”.

CONSEJO DE GUERRA JUNTO A 50 SINDICALISTAS

Fue juzgada junto a cincuenta sindicalistas, con aquel macro juicio las fuerzas militares sublevadas querían crear el pánico y el terror entre la clase obrera ceutí, se les dividió en cuatro grupos, en el de Antonia Céspedes, eran catorce: Francisco Serrano, Baldomero Álvarez, Juan Mateo, Luis Moyano, Antonio Vázquez, Antonio Tomeu, Antonio Frías, Ernesto Attias, Rafael Sánchez, Antonio Soto, Federico Martín, Isidoro Expresati y Francisco Castillejo. Otro de los inculpados fue el zapatero Francisco Garrucho, a quien se le acusó de que en su modesto taller de la calle Peligro se celebraban reuniones. El 3 de noviembre se celebró el consejo de guerra, estando presidido por el coronel de Ingenieros Ricardo Seco de la Garza, fallando largas condenas para nueve de los juzgados y penas de muerte para Martín Cortés, Garrucho Pavón, Soto Vargas, Vázquez Soler y Antonia Céspedes Gallego; ésta fue indultada, pero ejecutada en la madrugada del 21 de enero de 1937. El 17 de noviembre a las 08,30 horas, se llevaron a cabo las ejecuciones de sus compañeros de juicio por un piquete de la Falange de los que constituían el destacamento de la prisión de García Aldave.

Antonia Castillo Gómez

La doctora castillo, fue una ceutí comprometida con sus paisanos, se le podía ver ofreciendo charlas en la Casa del Pueblo de Ceuta, durante la Segunda República, a las mujeres de los obreros sobre la “maternidad”. Esta conferencia le valió un consejo de guerra y su expulsión del Ayuntamiento como facultativa, por las nuevas autoridades, tras el golpe militar del 17 de julio de 1936.

Cuando se produce la sublevación, permanece en la ciudad, su marido el catedrático del Instituto Hispano-Marroquí Luis Abad, y militante de Izquierda Republicana pudo salir. Ella continúa en su puesto de trabajo a pesar de los condicionantes adversos. Está observando desde el mismo inicio de la sublevación como muchos de los compañeros de su marido son detenidos y fusilados. Ella sabe que a todos los funcionarios municipales que hayan tenido alguna vinculación con partidos o sindicatos se les está instruyendo un expediente de depuración.

La comunicación le llegó el 20 de diciembre de 1938, donde se le acusa, entre otras cosas “historias inventadas”, de “negligencia en su trabajo”. Con este trámite se le pasa factura por su matrimonio con Abad y por sus actividades políticas. Pero este primer expediente era tan solo el comienzo de un tortuoso camino que, por desgracia, solo había comenzado a recorrer.

La represión ejercida le obliga abandonar la ciudad. La siguiente noticia que se tiene de ella es de finales de 1940 y se la sitúa en Burgos, volvió a ser, al igual que en Ceuta, la primera mujer en formar parte del Colegio de Médicos. El refugio en esa ciudad le sirvió para ir madurando la posibilidad de exiliarse y poder reencontrarse con su marido, y lo más importante desarrollar con completa libertad su profesión, sin miedo a represalias del franquismo.

En 1945 se traslada a México. Unos años después viajó a Nueva York, siendo pionera en el estudio del cáncer. Mientras tanto su marido está en un campo de concentración en Oran. En 1953 Abad pone rumbo a la capital azteca y, finalmente, transcurridos dieciocho años se reencuentra con su mujer. Una vez que los dos están juntos planifican sus vidas. La doctora Castillo se especializa en el campo de la oncología ginecológica y su marido es profesor en la Universidad azteca.

A finales de 1970 Antonia Castillo notó un importante empeoramiento de su salud y en vista de su progresiva enfermedad decidieron regresar a Madrid. A principios de 1971 fallece y su marido decide enterrarla en Gádor (Almería), su marido falleció el 13 de noviembre de ese año.

Antonia Pérez Padín

       La ceutí Antonia Pérez Padín, fue una mujer de fuertes de convicciones de solidaridad y ayuda a los más necesitados, tras el golpe militar padeció ocho años de cárcel entre el Sarchal, Puerto de Santa María o el Dueso. Tenía seis hijos, regentaba una modesta casa de comida en la zona de la Puntilla. Su marido Antonio Berrocal, fue concejal durante la Segunda República. Después de la sublevación fue encarcelada el 14 de agosto de 1936 en la prisión de mujeres y su marido, fusilado.

Su nieta Gloria, quien ha escrito varios libros sobre las vivencias de su abuela, nos cuenta: “La primera imagen que me viene de mi abuela es la de una mujer vestida siempre de negro, con las piernas hinchadas por las varices y con una propensión al suspiro profundo, casi expelido desde el bajo vientre, cuando oía las noticias del llamado parte‟.

Nunca nos habló de la guerra, ella hablaba de los “hoteles” donde había estado. Mi abuela no paró de contarme atrocidades. Ha sido el referente más importante que he tenido en mi vida. De las atrocidades solo voy a mencionar el apuñalamiento de una compañera suya en la cárcel de el Sarchal mientras iba hacia el paredón de fusilamiento. Al parecer, un falangista que quería los favores sexuales de la víctima y que fue rechazado una y otra vez, se vengó apuñalando al objeto de su deseo mientras la conducía al paredón. La pobre mujer le gritaba a mi abuela “Antonia, Antonia, que me mata, que me apuñala” y mi abuela nunca pudo olvidar aquellos gritos. Aún años después, mientras me lo contaba llorando y maldiciendo, seguía oyéndolos, cuando les detienen en 1936 sus hijos tienen unas edades que oscilan entre los diez – la hija mayor- y dos el pequeñín”.

“Esos niños pasan al cuidado de familiares y dos de ellos van –según mi madre– al asilo, aunque supongo que sería el innombrable “Auxilio Social”. No pudo cuidar de sus hijos y eso fue lo que más le destrozó durante los más de siete años que pasó en las cárceles franquistas con dos penas de muerte: una por pertenecer al Socorro Rojo Internacional y la otra por su pertenencia al Partido Comunista. Mi abuelo no se libró de la pena de muerte. Fue fusilado junto con 32 personas la madrugada del 21 de enero de 1937 y en su propia finca, en la Posición A”.

Mujer de carácter fuerte y recio -heredado de su madre Jacinta- y con las ideas muy claras sobre las injusticias sociales, ideas que supongo le fue aclarando su padre maestro anarquista. Para concluir este testimonio de Gloria Berrocal sobre su abuela añade: “Ella mostró a lo largo de toda su vida una fe ciega en el ser humano. Su solidaridad con los huelguistas portuarios en Ceuta, solidaridad que podía llevar a cabo gracias a que tenían un colmado y una casa de comidas, su asistencia como comadrona a las mujeres que la necesitaban, su sentido de la justicia que nunca se enturbió ni siquiera en sus últimos años en que seguía comentando la situación política no solo nacional sino también la internacional, hacían de mi abuela un ser excepcional.

Sin embargo, creo que no fue la única y que perteneció a una estirpe de mujeres que supieron ser libres, independientes y luchadoras en aquellos difíciles años del siglo pasado. Cuando hoy se dice que una mujer es una “superwoman” porque trabaja y además crea una familia, yo me sonrío pensando en la generación que le tocó lidiar con las atrocidades de la Guerra Civil y pienso en mi abuela que atendía el colmado y la casa de comidas, le ponía una inyección diaria a mi abuelo que padecía del corazón, paría un hijo tras otro, atendía en el parto a otras mujeres y además sacaba tiempo para sus reuniones del Socorro Rojo y del partido, y asumo la altura del listón que dejaron todas ellas y no dejo de lamentar el poco reconocimiento que han tenido esas mujeres gracias al aplastante silencio mantenido tanto en la dictadura como en la democracia”.

 Diana Bermúdez-Reyna

       Cuando la pequeña Diana recorría las calles de Ceuta en aquel verano de 1936, de la mano de sus padres, nada le hacía presagiar que en pocos días cambiaría su vida y la de su familia. Su padre era un reputado capitán aviador, destinado en el aeródromo de Sania Ramel en la capital  del Protectorado, Tetuán, y en 1933 fue delegado del Gobierno de la República en Ceuta.

Diana fue una de los miles de menores enviados al exilio durante la Guerra Civil Española desde la zona republicana a la Unión Soviética, entre los años 1937 y 1938, para evitarles los rigores de la guerra. En un primer momento, disfrutaron de un cálido recibimiento y un trato en general bueno por parte de las autoridades soviéticas, mientras la guerra civil seguía su curso. Sin embargo, con la entrada de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial y la invasión nazi de las zonas en que se encontraban las casas donde estaban alojados, hubieron de sobrellevar la dureza de la guerra, y posteriormente la de la vida entre una dictadura comunista que no les permitía salir del país y otra dictadura derechista que miraba con recelo a los que finalmente lo consiguieron.

En la tarde del 17 de julio, todo cambió, su padre defendió junto a otros militares leales al Gobierno el aeródromo de Tetuán, haciéndose fuerte e intercambiando fuego, pero nada pudieron hacer y a las pocas horas fueron detenidos por los militares sublevados, el 15 de agosto de 1936 fue sacado de la fortaleza del monte Hacho y ejecutado. Siendo enterrado en el cementerio de Santa Catalina en Ceuta.

La madre de Diana se encuentra sola con cuatro hijos, intentó por todos los medios salir de Ceuta hacia Valencia donde estaba su familia.  Pero no es nada fácil, el sur está tomado por los sublevados, y llegar hasta el levante es tarea imposible. Al proceder de una familia de la alta sociedad madrileña, el abuelo paterno de Diana era teniente general y su abuela familiar del escritor Salvador de Madariaga, consiguen que se realice un intercambio en Tánger, organizado por la Cruz Roja Internacional. Tras llegar a la ciudad internacional embarcarían en el barco que hacia la travesía, una vez por semana, hacia el sur de Francia y desde allí al pueblo valenciano de Russafa.

Cuando todo parecía tener una cierta normalidad, una mañana quedó marcada en la memoria de la pequeña Diana, apenas tenía cuatro años: “Han pasado muchos años, pero parece como si lo estuviera viviendo ahora, nos encontrábamos en el piso de Russafa, mi abuela a un lado y mi abuelo llorando, con las manos en la cara. Dos señores uniformados me cogieron en brazos y nos llevaron a mi hermana y a mí, mientras yo lloraba y preguntaba por mi madre, recuerdo que me abracé a una muñeca y no la solté, hasta muchos años después”.
Sus dos hermanos, José Luis y Flavio, fueron enviados a la URSS en la madrugada del 13 de junio de 1937.

Al llegar a Leningrado, la actual San Petersburgo, la separaron de su hermana y la llevaron a una casa para niñas pequeñas. Pocos meses después de acabar la Guerra Civil, en agosto de 1939, la abuela paterna, Presentación de Madariaga, un nombre frecuente en los “Ecos de Sociedad” de la prensa madrileña -viuda de un teniente general, había sido Dama de Honor de la reina Victoria Eugenia- logró que el Gobierno franquista, a través de sus embajadas en Roma y Londres, consiguiera que los ejecutivos de Mussolini y Chamberlain mediaran para facilitar el retorno de sus cuatro nietos.

El intento fue en vano. Con la invasión de Rusia por parte de Hitler, en junio de 1941, Diana y el resto de los niños fueron evacuados de Leningrado a una aldea en las llanuras del Volga. Nuestra pequeña tuvo que luchar por salir adelante, aprendió el ruso, era muy inteligente y nada se le resistía. Gran modista pronto comenzó a realizar trabajos, después entró a trabajar en una fábrica de misiles. Los años fueron pasando y la promesa del retorno a España no comenzó a ser una realidad hasta 1956, para entonces ya había formado su propia familia al casarse con un ruso de origen ucraniano. Y por fin, el 17 de diciembre de 1990, consiguió permisos para toda su familia, incluidos sus tres hijos con sus respectivas parejas y los cuatro nietos que ya tenía.
A muchos niños, como Diana, no les quedó más remedio que marcharse.

África de las Heras

      La ceutí África de las Heras, fue la espía española más activa al servicio soviético. Tendríamos que recordar que África nació en la calle Soberanía Nacional (hoy calle Real) el 27 de abril de 1909. En el seno de una familia militar acomodada, su tío Francisco de las Heras, era un prestigioso abogado y alcalde de Ceuta, en los años veinte. Quien desee, profundizar en su vida le recomiendo el magnífico libro escrito por Javier Juárez  “Patria, una española en la KGB”.

África se traslada a Madrid, donde estudia en un colegio de monjas. En 1930, se tiene constancia de su militancia en el partido Comunista.  Fue captada por el servicio de información soviético (NKVD) durante la guerra civi. Estuvo implicada en el asesinato de Trotsky, participó como guerrillera en la URSS durante la Segunda Guerra Mundial, y fue una decisiva agente del KGB durante la guerra fría en Latinoamérica. Alcanzó el grado de coronel del KGB y está considerada una figura legendaria de los servicios de inteligencia de la extinta Unión Soviética.

Falleció en 1988 y está enterrada en Moscú. María Pávlovna, María de la Sierra, Ivonne, Znoi, Patricia y Patria son algunos de los nombres que utilizó. Esta espía ceutí obtuvo numerosas condecoraciones de la URSS. La vida de África de las Heras, nacida hace casi un siglo en Ceuta y fallecida hace dos décadas en Moscú, estuvo rodeada de misterio. Estando en Buenos Aires en 1956, Moscú envía a un nuevo jefe de espionaje para la zona.

Ese mismo año, en aras del trabajo conjunto en favor de la URSS, se casará con él. Se trataba de Valentino Marchetti, en realidad Giovanni Antonio Bertoni, un italiano que huyó a la URSS en 1925 y volvió a Italia en 1944 para organizar una red de espionaje. Aunque en Moscú sostienen que, a pesar de ser un matrimonio de conveniencia, tuvieron una feliz vida familiar.

Tras fallecer su marido, regresó aparentemente a Moscú en el otoño de 1967, pero salió al extranjero al menos en tres oportunidades más – en dos ocasiones, a Uruguay –, y el fin de su carrera como espía coincidió con el comienzo de su labor como instructora de agentes, en 1971, aunque permaneció en el KGB hasta 1985. Durante la II Guerra Mundial, terminó unos cursos de radio y sirvió en un destacamento guerrillero donde le entregaron dos granadas, una pistola y un puñal: si corría peligro de ser tomada prisionera debía utilizar las granadas para destruir el radiotransmisor y el libro de claves antes de suicidarse.

Lanzada en paracaídas, actuó en la retaguardia alemana a partir de mayo de 1942. Tras sus hazañas de guerra, en 1944 regresó a Moscú e ingreso en uno de los destacamentos del Comisariado de Seguridad de la URSS. A finales de enero de 1946 pasa en automóvil de Berlín a París, donde se establece haciéndose pasar por refugiada. Un año después cruza la frontera franco-española, pero entonces Moscú decide enviarla a Uruguay, hacia donde parte en diciembre de 1948 y donde se establece como modista para no levantar recelos.

Un año más tarde de su llegada se casa con el escritor uruguayo Felisberto Hernández. El matrimonio duró tres años hasta que se divorciaron. Luego se volvió a casar con un otro agente de la KGB, italiano, llamado Valentino Marchetti. Ambos abrieron, como pantalla para sus actividades, una casa de compra y venta de antigüedades en el casco viejo de la ciudad de Montevideo. El Jefe del espionaje Vladimir Stanchenko confirmó la gran importancia de la ceutí en el entramado de la KGB al revelar, en julio de 1993, al diario El País que “después de la guerra, y hasta mediados de los años 70 fue responsable en Europa y América Latina de todo el entramado político.

 

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La radio nació en Ceuta en 1901

En Ceuta nació la Radio en 1901, y lo que inventó Marconi, fue la telegrafía sin hilos, y ahí no hay quien le quite el merito, pero el inventor de la radio fue el español Julio Cervera Baviera. Eso es lo que, mantiene y demuestra con documentos el profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra Ángel Faus, en su voluminoso libro “La Radio en España (1896-1977).
A mediados de octubre de 1901 comenzaron las trasmisiones. Cuando todo estuvo dispuesto, la Real orden de 31 de diciembre da carácter oficial al trabajo desarrollado. En sus experiencias Cervera, continua el profesor Ángel Faus, narrando en su libro, estuvo asistido por los tenientes de Ingenieros Antonio Peláez y Tomás Fernández, así como por el telegrafista señor Cadavid. Las transmisiones tenían lugar entre Tarifa y Ceuta. La Comunicación se establece desde la estación de Tarifa, situada en el cerro del Camorro, hasta la estación de Ceuta, colocada en el alto del Monte Hacho.
      Cervera, y no Marconi, fue quien inventó la radio El profesor Ángel Faus, nos cuenta en su libro quién era el Comandante Cervera, y es un buque desde el que, se dice, fueron realizadas transmisiones experimentales de telegrafía sin hilos en la primera década del siglo XX. Ésta es una de esas referencias inerciales que han pasado todos los controles de calidad amparadas en la supuesta solvencia de la fuente inicial. Jamás existió un buque denominado Comandante Cervera. Sí hubo un navío Almirante Cervera, pero no realizó experiencias de telegrafía sin hilos conocidas. Tampoco el almirante, al mando de la escuadra española durante la guerra de Cuba, guarda relación de parentesco alguno que pueda justificar una confusión de rango y actividad con el comandante. La primera pista para desvelar el enigma la facilita el Diario de Cádiz.
Donde explica cómo Marconi no trabajó en la radio hasta 1913, tal y como señala él mismo en un documento de la época: “Fue el comandante Cervera, que colaboró con Marconi y su ayudante George Kemp en 1899, quien resolvió las dificultades de la telefonía sin hilos y obtuvo sus primeras patentes antes de que terminara ese año, posee los planos y patentes del inventor español. Así, a pesar de que la transmisión de ondas electromagnéticas (EM) había sido demostrada primero experimentalmente por Nicola Tesla y después teóricamente por Guillermo Marconi, el mérito de la transmisión de audio a través de las ondas EM debe atribuirse al científico español.

Este científico había estado trabajando con Marconi en sus investigaciones radioeléctricas allá por 1899 fue el que resolvió las dificultades de la radiotelefonía en los comienzos del siglo XX. El sitio elegido para las primeras transmisiones de radiotelefonía fue el Estrecho de Gibraltar, situando una de las estaciones en Ceuta y la otra en Tarifa. Esto, no sólo convierte a las ciudades de Ceuta y Tarifa en la segunda posición en cuanto a las emisiones radiotelegráficas, sino en las primeras ciudades en las que fue posible la transmisión de voz sin hilos. Los estudios del profesor Faus se sustentan en una amplia documentación entre las que destacan las patentes que obtuvo Cervera en España, Alemania, Bélgica e Inglaterra para este tipo de comunicación. Al parecer la patente anglosajona es la que más refuerza las investigaciones de Faus al no haber sido reclamada por Guillermo Marconi, lo que apoya la idea de que era una patente distinta.

El 11 de diciembre de 1899 una Real orden del Ministerio de Guerra confía a Julio Cervera una nueva comisión de servicio para Madrid, Andalucía, valencia y nuestra Ciudad cuya comisión desempeñó efectuando practicas de telegrafía sin hilos con aparatos de su invención por términos de tres meses.

Este ciclo de experimentación itinerante es el inicio del diseño de la Red Radiotelegrafia Militar Permanente, en lo que se refiere a la decisiva selección de emplazamientos futuros. Los recientes ensayos de los que se ocupa con elogio la prensa diaria son recogidos en la sección de actualidades del semanario Blanco y Negro del 22 de febrero de 1902, entre otras publicaciones: ” Con patriótica satisfacción podemos consignar el gran progreso que la ciencia y la humanidad deben al ilustre comandante de Ingenieros Julio Cervera Baviera, quien ha perfeccionado, por medio de ingeniosos aparatos inventados por él, las practicas de telégrafo sin hilo”. La narración del semanario ofrece una imagen de gran solidez del trabajo y la investigación de Julio Cervera: “Durante tres meses consecutivos ha realizado el comandante Cervera felicísimas experiencias de telegrafía sin hilo a través del Estrecho de Gibraltar”. El profesor de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra Ángel Faus, escribe en su exhaustivo trabajo que con estas emisiones Cervera establece el primer servicio regular de radiotelegrafia en España, y el primer servicio regular mundial de radiotelegrafia militar. Conviene recordar que el servicio ingles superaba una distancia de 22 kilómetros, en tanto Tarifa y Ceuta están separadas por 34 kilómetros. La diferencia más significativa es que en el caso español se trata de un servicio militar, convertido así en el primero regular del mundo de esta clase.

Tres meses de experimentación diaria y exitosa dan idea de lo que fué el trabajo experimental y de investigación del comandante de Ingenieros en esa comisión de servicio prorrogada y renovada que comentamos. Este trabajo es muchísimo más de lo que pueden aportar todos los demás investigadores de reconocido prestigio del momento, y sitúa a Cervera Baviera no como uno de los más grandes, sino el más grande inmediatamente después del propio Marconi en la radiotelegrafia.

Desde el 1 de septiembre de 1902, en que se publica la entrevista con Marconi que se conoce, losa lectores se preguntaban quién es un tal comandante Cervera citado en el texto. Concretamente el diario de Cádiz preguntaba a Marconi: “¿Conoce usted el sistema de telegrafía sin hilos del comandante de ingenieros español señor Cervera?”. Y la respuesta de Marconi es: “A la persona si la conozco, su sistema no”. El periodista y el Diario de Cádiz conocen bien las actividades de Julio Cervera, comandante de Ingenieros, que desde el mes de diciembre anterior está adscrito oficialmente a la Comandancia de su arma en el Campo de Gibraltar realizando experiencias de radiotelegrafia.

El Diario de Cádiz no menciona a Cervera en la relación social de invitados, entre el nutrido grupo de generales, almirantes, representantes diplomáticos y distinguidas damas no es oportuna la cita de un comandante, por relevante que sea. De ahí que el periodista le destaque en lugar privilegiado: en la entrevista. Hoy se puede afirmar, según escribe el profesor Ángel Faus que el comandante Julio Cervera no sólo es el auténtico iniciador de la experimentación radiotelegráfica en España sino también una figura de nivel mundial que, por sus realizaciones, debemos situar junto a Marconi y por delante de otros colegas de la época.

El inventor de la radio no es Marconi, ni John Ambrose Fleming, ni Lee de Forest, Fesseden o David Sarnoff, sino el español Julio Cervera Baviera”. Así lo afirmó el profesor de la Universidad de Navarra Ángel Faus. Marconi inventó la telegrafía sin hilos y demostró su eficacia en diciembre de 1901, pero no trabajó en la radio hasta 1913, tal y como señala él mismo en un documento de la época. “Fue el comandante Cervera, que colaboró con Marconi y su ayudante George Kemp en 1899, quien resolvió las dificultades de la telefonía sin hilos y obtuvo sus primeras patentes antes de que terminara ese año. El 22 de marzo de 1902 constituyó la Sociedad Anónima Española de Telegrafía y Telefonía sin Hilos ante el notario de Madrid Don Antonio Turón y Boscá”, indicó Ángel Faus, que dispone de los planos y patentes del inventor español.

Asimismo, destacó que Julio Cervera aportó a la sociedad sus patentes para la radiotelefonía sin hilos obtenidas a su nombre en España, Bélgica, Alemania e Inglaterra: “Las inglesas son significativas ya que se consiguieron sin oposición de Marconi y su entorno empresarial lo que indica que se trata de un sistema distinto”.

Para Ángel Faus, esto le convierte en “pionero indiscutible de la radiotelegrafía en España y la radiotelefonía en el mundo entero”. En 1934, La primera emisora comercial en Ceuta Un 8 de mayo de 1934, comenzaron las primeras emisiones de la primera Radio en nuestra Ciudad, Radio Ceuta EAJ-46.

Esta emisora en sus casi 75 años ha vivido al compás de la Historia en mayúsculas, pero ha sabido recoger también los pequeños relatos y las historias domésticas. Seguro que los primeros pasos de EAJ-46 fueron muy difíciles y costosos, pero la ilusión y el trabajo del industrial ceutí José Más de la Rosa y Bernaola y Cia, hizo posible que esa ilusión fuera toda una realidad.

La emisora ceutí, pese a ser una de las primeras, habría que reseñar que la estación pionera fue EAJ-1 Radio Barcelona, llamada la emisora decana de la radio española por ser, precisamente, la más antigua. Sin embargo, y para ser fieles a la historia, las primeras emisiones radiofónicas en nuestro país corrieron a cargo de Radio Ibérica de Madrid, a finales de 1923 y principios de 1924, pero, debido a sus importantes irregularidades en lo que a continuidad temporal se refiere, los analistas del medio prefieren situar el nacimiento de la radio en otro momento. La principal razón que explica las irregularidades a las que nos acabamos de referir es que Radio Ibérica de Madrid fue fruto de la iniciativa de un grupo de personas dedicadas a la fabricación de aparatos -que por aquella época eran de dos tipos (los de galena y los de lámpara) en función del material que utilizaban para poder funcionar-. En definitiva, eran técnicos que experimentaban con el medio, pero sin una programación continuada. Radio Ibérica surgió de la unión de la Compañía Ibérica de Telecomunicaciones y de la Sociedad de Radiotelefonía Española.

Meses más tarde, Radio Madrid y Radio Libertad, haciendo uso de las infraestructuras de Radio Ibérica, emitían su programación, que se reducía a unos pocos espacios a la semana.En pleno verano de 1924, y una vez aprobado el Reglamento, se empezaron a otorgar las concesiones de emisión. El papel de las empresas que en los años 20 trabajaban con material radioeléctrico no se puede dejar de lado, lógicamente, existía una intención empresarial, pues, como podrán imaginar, cuanto más desarrollada estuviera la radio, más aparatos se podrían vender. Tanto es así que las propias compañías radioeléctricas más importantes de aquel entonces tomaron la determinación de crear su propia empresa de radiodifusión: EAJ-7 Unión Radio, que se inauguró el 17 de junio de 1925. Esta emisora pronto se convertiría en la primera cadena de radio española, y, poco a poco, iría transformando el panorama radiofónico. Unión Radio consideró necesario mejorar las emisiones y por ello empezó a emitir en cadena con otras estaciones y a incorporar otros contenidos, como el deporte o los toros. Durante siete años el panorama radiodifusor en España fue transformándose, tanto en cantidad como en calidad. El número de emisoras iba creciendo al mismo tiempo que la programación iba mejorando.

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ARCOS QUEBRADO, DESIDIA EN EL VESTIGIO ROMANO

 

    Pese a estar catalogada nivel 1 de protección en el plan general de ordenación urbana desde 1992. El acueducto romano o bizantino ubicado en la zona de arcos quebrados ya no existe. Nuestras autoridades municipales durante años, lo han dejado en el más absoluto olvido, abandonado, sin la protección que se debería haber tenido.

Su finalidad, tal y como difunde la página de la Consejería de Educación, Cultura y Mujer era para el abastecimiento de aguas, por lo que es muy posible que en tiempos de los romanos se resolviese parte del problema con la captación de las aguas del arroyo de las colmenas, que en aquellos tiempos debió ser suficientemente caudaloso, que las llevaría a través de un acueducto, bordeando el litoral de la bahía sur hasta el centro de la población, tal y como lo describe al bakri en el siglo XI. Hasta fechas recientes, se conservaba un pilar con el arranque del arco central que salvaba el cauce del arroyo, las bases de otros dos arcos laterales y un tercero que alcanzaba el nivel superior del terreno pero fue parcialmente destruido y en la actualidad apenas quedan en pie algunos de sus paramentos.

En un magnífico trabajo de investigación y difusión la asociacion ceutí Septem Nostra, publicó, un interesan estudio sobre este vestigio y su destrucción. Corría el año 2001 cuando se decidió urbanizar Loma Colmenar y se perdió la primera oportunidad del milenio. En los años ochenta del siglo pasado, alguien en cuyo terreno se encontraba el acueducto romano, derribó parte de las arquationes; los arcos que sostienen el canal por el que discurre el agua.

Esas piedras quedaron allí y cuando se comenzaron las obras se luchó para que esa pieza pudiera ser reconstruida. No sólo se hizo caso omiso de las peticiones de Septem Nostra, sino que el acueducto romano quedó enterrado bajo tierra. Pero se podría llevar a cabo una restauración de un monumento a partir de sus materiales originales. Las partes originales que fueron derribadas en los años 80 se encuentran enterradas en el cauce del arroyo. Se trataría de recuperarlos y reintegrarlos en su sitio. Y así, la ciudad podría recuperar unos vestigios del siglo III d.C., además una maravilla de la ingeniería de la edad antigua, como son los acueductos. Para más gravedad, Arcos Quebrados se encontraba bajo la protección del Plan General de Ordenación Urbana, con nivel 1; algo que quedó en papel mojado una vez se comenzaron las obras.

Septem Nostra, en el exhaustivo estudio reclamó su conservación, protección, estudio y difusión del patrimonio cultural… “Hay que entenderla como una obligación moral de la actual generación y un compromiso con las venideras. Corresponde a los poderes la obligación de velar por el cumplimiento de las leyes y normativas de protegen nuestro legado histórico. Para ello, las administraciones han desarrollado un amplio corpus legislativo y normativo que persigue, precisamente, que no se produzcan mermas en la trasmisión del patrimonio cultural heredado. Entre los mecanismos utilizados para hacer efectiva esta obligación de preservar nuestros bienes culturales, el más habitual es confeccionar un listado de elementos a proteger y dotarle de singulares medidas de protección jurídica que impidan su expolio”. Nada de esto se ha realizado en Arcos Quebrado.

Al margen de las figuras de protección jurídica que contempla la ley 16/85 de Patrimonio Histórico Español, en especial las declaraciones de Bien de Interés Cultural, la normativa urbanística obliga a que los ayuntamientos incluyan en sus Planes Generales de Ordenación Urbana (PGOU) un catálogo de edificios a proteger y las normas que establezcan las condiciones de protección efectiva. En el caso de Ceuta, este catálogo, -acompañado de los correspondientes planes y normas especiales de protección-, figura en las Normas Urbanísticas del PGOU (19/08/1992). Entre los  elementos incluidos en este catálogo constan los restos  del “antiguo acueducto romano” de Arcos Quebrados. Dado su interés patrimonial, este yacimiento arqueológico goza de singular protección al ser incluido entre los bienes culturales del nivel 1 de protección. La inclusión del acueducto de Arcos Quebrados en el nivel 1 supone no sólo la protección del propio bien, sino también la de su entorno. Lamentablemente, y a pesar de esta protección urbanística, el acueducto de Arcos Quebrados ha sufrido el abandono, la destrucción indiscriminada y su progresivo deterioro.

SEPTEM NOSTRA COMPROMETIDO CON EL PATRIMONIO

La asociación Septem Nostra, hace muchos años (2004), cuando se llevaron a cabo los trabajos de urbanización de Arcos Quebrados, denunciaron la situación de este importante yacimiento arqueológico, pero nos le hicieron el más mínimo caso. La destrucción del acueducto, que sucedió antes de su denuncia, fue acometida por un señor que tenía una ganadería de cabras unos metros más arriba. El caso llegó a los juzgados, pero el denunciado salió indemne ya que alegó desconocimiento del valor histórico de estos restos y el juzgado estimó su eximente. Los restos quedaron en la misma rambla, por lo que, en diversas ocasiones, han solicitado la reconstrucción del acueducto recuperando sus partes originales que hoy en día siguen enterradas a los pies del acueducto. Esta solución es, es la más correcta y adecuada. En el año 2000, durante las obras de urbanización de Loma Colmenar, se realizaron importantes movimientos  de tierra en el entorno del acueducto de Arcos Quebrados. Como consecuencia de la acción indiscriminada de las máquinas excavadoras se vieron afectadas estructuras relacionadas con este acueducto, documentadas previamente en algunos estudios centrados en este yacimiento arqueológico. Algunas de las estructuras que fueron arrasadas por los maquinas consistían en una pequeña presa ubicada en el arroyo Moral.

EN PELIGRO EL PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO DE CEUTA

Desde que hace ya más de 250.000 años un grupo se asentaron en el llamado “Abrigo de Benzú”, nuestra ciudad ha sido un constante foco de atención para cuántos pueblos han atravesado el Estrecho de Gibraltar y han engrandecido nuestra historia, la época imperial romana, la Septem bizantina, fenicios, romanos, musulmanes, portugueses, de cada uno de ellos nos sentimos orgullosos y por ello tenemos que remover la conciencia de nuestras administraciones a su conservación y puesta en valor.

Pero grande es la dejación de responsabilidades las autoridades locales, así como del Ministerio de Cultura, por el gran número de edificios históricos que forman parte del patrimonio arquitectónico de Ceuta y se encuentran en riesgo de que en pocos años se pierdan por su desidia. Y parece que poco les importa pese a que deberían obtener un trato especial al estar declarados  Bien de Interés Cultural (BIC), pero no es así, viendo el estado que se encuentran las edificaciones. Estos vestigios de distintos episodios de la historia de la ciudad tienen actualmente un futuro incierto por la desatención de las administraciones

La relación del patrimonio arquitectónico en peligro de destrucción en nuestra ciudad sería interminable, como ejemplo los más emblemáticos, como el Castillo de San Amaro, el Almacén de Abastos, el Fortín y Batería de Punta Almina, el edificio del cuartel de las Heras, el Fortín del Sarchal o el castillo del Desnarigado, entre otros.

Pese al trabajo ya realizado en conservación, como esa joya de la Puerta Califal o la conservación del Conjunto de las Murallas Reales, necesitamos de una atención permanente, en esos otros edificios que están en peligro y que en su gran mayoría están abandonados a su suerte, lo cual conlleva que entren en un proceso de deterioro progresivo.

Uno de ellos emblemático, es el Almacén de Abastos, patrimonio Cultural describe que esta edificación, constituye uno de los vestigios conservados de la fortificación de la Almina, cuya finalidad fuera servir de punto de almacenaje y logística al conjunto del enclave. Se trata de una construcción alargada y dispuesta en dos niveles. El interior se ordena mediante pilares, cruciformes en planta baja y rectangular en planta superior, que dividen el espacio en tres naves muy compartimentadas. El intenso y continuo uso que ha tenido el almacén de Abastos ha desvirtuado su imagen original, eliminando algunas partes y transformando otras de forma importante

De manera general, las partes primitivas que faltan son las siguientes: Cubierta original, en su inicio de teja árabe, armaduras de madera y par y nudillo, sustituidas por cuchillos metálicos en gran parte de su superficie, carpinterías exteriores y solerías. Actualmente (2010) en proceso de rehabilitación y restauración dirigido por Forja XXI

El Almacén de Abastos se dispone en el extremo oriental del sector septentrional del Conjunto de la Almina. La línea amurallada de este frente discurriría justo al norte de esta construcción, situándose a su altura la batería de Abastos. De este modo el almacén se situaría en primera línea del borde litoral, y en una situación de estrecho vínculo con las obras defensivas.

OTRO MÁS… EL ABANDONO DEL FUERTE DE SAN AMARO

Si existe un patrimonio arquitectónico en peligro en Ceuta es  el Fuerte de San Amaro, que pese a estar declarado BIC, y ser del siglo XVIII, su estado es lamentable. Los bienes de interés cultural tampoco escapan de la desidia de las administraciones. Hace unos meses se incendio y estuvo a punto de derrumbarse el incidente hizo desaparecer su techumbre.

En las referencias del Patrimonio de Ceuta, se refleja que este pequeño fuerte de artillería de costa que estuvo destinado a la vigilancia de la cala y playa de San Amaro, en la costa norte de la península de la Almina, combina dos cuerpos para la defensa de costas.

Por un lado, el más destacado y llamativo, se compone de un tronco de cono ataludado elevado en cuya terraza se emplazaban los cañones a la barbeta, y por otro, una batería terraplenada más amplia con troneras situada por debajo de la anterior unos 7,00 metros.

Al Fuerte de San Amaro se accede desde tierra, por la gola, disponiendo de una portada monumental descentrada y flanqueada por una garita que da paso a un pequeño patio interior con escalera de acceso a la garita.

Es uno de los edificios que forman parte del conjunto histórico de las Fortificaciones del Recinto del Hacho, de los más antiguos del mismo. Se empezó a construir a finales del siglo XVII y su primera función fue el sostenimiento de la Batería de San Carlos. En aquel momento, fue necesario realizar un amplio proyecto de refortificación y defensa de los puntos más vulnerables de la costa puesto que ya se tenían noticias de que era inminente el inicio del cerco de Muley Ismail.

Deja al norte una edificación de dos plantas para dormitorios y comedor de la tropa, desde cuyas ventanas se domina el patio. Un zaguán da paso al edificio principal, con funciones similares al otro cuerpo anexo antes citado, que comunica con la plataforma artillera de planta semicircular y pretil a la barbeta. En la intersección de éste con el edificio en que hacía la vida cotidiana la guarnición se emplazaban dos letrinas, una más grande y orientada al norte, para la tropa, y otra hacia el sur, para los oficiales. Desde este mismo zaguán, a través de un acceso situado al sur se permite la bajada a la plataforma artillera inferior.

Este nivel bajo se encuentra muy alterado y presenta gran cantidad de edificaciones parasitas, que apenas dejan entrever algunos restos de las troneras que se distribuían por la plataforma. De la garita situada en la portada principal parte un lienzo de muralla conservando el parapeto y el adarve en un pequeño tramo, que posteriormente desaparece por los cambios de cota producidos en la Avenida de San Amaro.

 

 

 

 

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TENIENTE CORONEL PÉREZ ORTIZ HÉROE, ALCALDE REPUBLICANO EN CEUTA Y OLVIDADO EN MELILLA

El teniente coronel Eduardo Pérez Ortiz, fue un héroe en la guerra de África tras ser capturado por los rifeños en 1921, estuvo 18 meses en cautiverio y en 1931, alcalde de Ceuta durante la Segunda República. Tras el golpe del 36, su hijo Pérez Alemani, por su pertenecían a la masonería ceutí, fue fusilado.

Años después, traslada su residencia a Melilla donde falleció en 1954, y allí, en una triste, olvidada y rasgada lápida reposan sus restos, sin homenajes ni distinciones, en el más absoluto mutismo.

Militar y escritor, ingresó en el ejército como trompeta en 1884, participará en las campañas de Cuba y Puerto Rico, y después de la pérdida de las colonias en 1898, regresará a España para ser destinado al Protectorado. El Desastre de Annual y su cautiverio por parte de Abd el-Krim y la capitulación de Monte Arruit en el verano de 1921, de la que sobrevivió milagrosamente, marcaron el resto de su vida. Esa terrible experiencia la relató en su libro 18 meses de cautiverio. De Annual a Monte Arruit (1923); este testimonio se convirtió en un documento imprescindible para la comprensión de aquellos hechos.

En septiembre de 1929 causó baja en el Ejército, por haber cumplido la edad reglamentaria. Estableciéndose en Ceuta, donde vivía uno de sus hijos, Eduardo Pérez Alemany, propietario de la fábrica de licores “Punta Almina”, en la calle Juan I de Portugal. Posteriormente se presentó en 1931 como candidato a las elecciones municipales junto las siglas de la Conjunción Republicano-Socialista, obteniendo la alcaldía.

Su hijo Eduardo, fundó en Ceuta la logia Hércules nº 446, del Gran Oriente Español, a finales de 1929, junto a ocho masones, sseis procedían de la logia tangerina Morayta: Salomón Isaac Benlolo, agente de Aduanas; Moisés Benhamú Benzaquén, comerciante, presidente de Unión República, y concejal en Ceuta, por la Conjunción Republicano Socialista; Enrique Ordoño Muñoz, comerciante y Antonio Muñoz Yborra, empleado civil en intendencia. También estaban Jacobo Salomón Benoliel, comerciante, iniciado en la logia Samuel Guitta de Casablanca; Florencio Álvarez Miguel, subofic­ial de Infantería, de la logia Cabo Espartel, de Alcazarquivir y Juan Romero Romero, empleado municipal, iniciado en Resurrección de la Línea (Cádiz). El templo masónico estuvo ubicado en un primer momento en los bajos del hotel Gironés y posteriormente hasta su asalto y clausura en julio de 1936, en la calle teniente Pacheco, 12.

Tras el golpe militar del 36, comienzan las detenciones de todo aquel que durante la Segunda República se hubiera distinguido en favor de ella. El hijo del que fuera alcalde de Ceuta, Eduardo Pérez Alemany fue detenido y trasladado al campo de concentración “El Mogote” en la capital del protectorado, Tetuán. Allí sería fusilado en abril de 1937. En la documentación encontrada se reseña: “Fallecido por disparos de arma de fuego, al intentar fugarse del campo de concentración, donde se hallaba detenido”.  Tras unas investigaciones y la publicación de un libro, pude comprobar que tal fuga no había existido y fue una de las múltiples sacas que se realizan en este campo de concentración tetuaní, por parte de la falange local.  Esta prisión se encontraba en el borde de un río, junto a las ruinas de Tamuda,  y en él, casi todas las mañanas aparecían los cuerpos de los dirigentes políticos y sindicalistas que habían detenido días anteriores. También varios ceutíes fueron ejecutados en este centro entre otros, el joven Ernesto Sastre Vallecillo y Ricardo González Guerrero, los dos formaban parte de las Juventudes del PSOE en Ceuta. El primero, de profesión panadero, estuvo durante varios días oculto en la azotea de la casa de sus padres, siendo descubierto y el otro joven trabajaba en las obras del puerto, intento huir pero fue apresado cerca de Tetuán.

Espíritu valiente, decidido, rebelde y batallador

Tras 18 meses de cautiverio, “La Correspondencia Militar” escribió: “Entre los cautivos que lograron el sábado la anhelada liberación figura el teniente coronel de Infantería don Eduardo Pérez Ortiz, espíritu valiente, decidido, rebelde y batallador contra la rutina de los procedimientos tácticos y orgánicos y contra el anquilosamiento de los estatutos por inercia en la actividad y persistencia en los métodos. Su voz, como la nuestra, no halló donde lo precisaba que él con fervor tanto solicitara de continuo, fue apresado, luego de sufrir rudo asedio en Monte Arruit… El teniente coronel Pérez Ortiz no tiene en el expediente Picasso, ni fuera de él, el menor asomo de responsabilidad por su proceder entonces, antes al contrario, su actuación serena y bizarra. Al llegar este momento, por nosotros tan deseado de pisar Pérez Ortiz y sus compañeros de cautiverio la tierra de la Patria…” En un magnífico artículo escrito por Juan Díez Sánchez, nos describe sus numerosas recompensas, por los sucesos de Cuba, recibió una mención honorífica y dos cruces de primera clase del Mérito Militar, con distintivo rojo. Escribió, arios libros,  “Guerra de partidas”, más tarde, en los años 1909 y 1910, nuevos trabajos, obteniendo la recompensa de una tercera y cuarta cruz de primera clase del Mérito Militar, esta vez con distintivo blanco.  También la Cruz de San Hermenegildo, Medallas de Alfonso XIII, Sitios de Zaragoza, de Melilla, Militar de Marruecos y de Sufrimiento por la Patria, ésta última por la penalidades sufridas en Axdir”.

ALCALDE DE CEUTA DURANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA

El teniente Coronel Eduardo Pérez Ortiz, tras dejar la carrera militar, por su edad, quiere continuar sirviendo a su pais, y se une al partido Unión Republicana, liderada por el médico Sánchez Prado,  con vista a las elecciones municipales que se desarrollaran en abril de 1931.  Los republicanos y socialistas, resuelven ir juntos a las elecciones, tras varias reuniones se unifican bajo las siglas Conjunción Republicano-Socialista, las 24 candidaturas se las distribuyen a partes iguales.

En total se presentan 175 candidatos, para ocupar cada uno de los 35 escaños que ofrece la corporación municipal. Encuadrados en los partidos, Conjunción Republicano-Socialista, Agrupación Defensa de Ceuta, Partido Reformista, Partido Liberal Independiente y Concentración Monárquica. Los ceutíes  decantaron su voto por la Conjunción Republicana-Socialista  obteniendo el 80% de los votos, con 22 concejales y un total de 6.325 votos, 12 escaños los republicanos y 10 los Socialistas. Únicamente en tres de los ocho distritos se inclinaron por el Partido Defensa de Ceuta, obteniendo 7 concejales con 1.122 votos,  el Partido Reformista 4, y 2 Independientes, hacen el total de 35 concejales, ninguno de los candidatos del Partido liberal Independiente y de la  Concentración Monárquica, consiguieron escaño.

Los miembros del Comité Republicano en Ceuta, tras recibir instrucciones del Gobierno Provisional de la República hacen publico un comunicado para anunciar la eminente proclamación de la II República, se anuncia que el acto tendría lugar a las doce de la mañana del 15 de abril, en la Plaza de África.

La primera corporación presidida por el Alcalde Antonio López Sánchez Prado, nombró a Eduardo Perez Ortiz, teniente de alcalde. En junio, nuevo relevo en la alcaldía tomando posesión el abogado, Manuel Olivencia, realizando una gran labor al frente de la corporación, pero en septiembre recibe bastantes críticas de los concejales y dimite. El partido Radical de Olivencia, no cuenta con la mayoría suficiente de votos para proclamar algún concejal, ya que las sumas de los concejales del Partido Socialista, que encabeza David Valverde, y del Republicano Radical-Socialista de Sánchez-Prado, tienen la mayoría para que sea uno de estos dos partidos el nuevo presidente de la Corporación. Comienzan a realizarse las primeras alianzas, organizándose una reunión en la sastrería del concejal socialista Manuel Pascuas y deciden que sea Pérez Ortiz. Se reúnen con él y le entregan un documento firmado por todos los concejales firmantes en el pacto, Pere ortiz,  les contesta que con la palabra de ellos es suficiente y rompió el escrito. Días más tarde, los representantes de los dos partidos, Valverde y Sánchez Prado, se vuelven a reunir en el comercio del concejal Alberto Parres para ultimar la dirección de la alcaldía. El 13 de octubre de 1931 se celebra sesión y tras la votación, Pérez Ortiz, obtiene 17 a favor (Socialista y Radical-Socialista) y 9 en blanco (Radicales).

En unas breves palabras, presenta su futura forma de actuar: “En estos momentos difíciles la Alcaldía es una carga muy pesada, pero yo ofrezco toda mi voluntad para el cargo que voy a desempeñar. Solicito la colaboración de todo el Ayuntamiento, prensa y ciudadanos sin distinción y pueblo en general que me escuchan ahora aquí, quiero nuevamente emplear el turno de espontáneos; por lo tanto admitiré intervenciones razonadas. Trabajaré a la luz del día. También destacaré los principios democráticos, no soy ningún  revolucionario de acción y no saltaré sobre la ley, procuraré corregirla en lo posible, y, por último, y si continuó  durante mucho tiempo en el puesto para el que he sido elegido, publicaré un manifiesto con nuestro programa”.

El 16 de enero se hace público un presupuesto extraordinario, incluyendo la construcción de un mercado (el actual) sobre el foso seco de la Almina, ascendiendo esta obra a 2.000.000 de pesetas y paliar en gran medida el paro, enviando a los sindicatos un borrador, sobre todo el capítulo para obras. Pero, entre los concejales del equipo de gobierno, socialista y radical-socialista, existen diferencias sobre la gestión que está realizando el alcalde, siendo incapaz de dar soluciones a la gran crisis obrera pese a los esfuerzos realizados. El 28 de enero de 1932 se desarrolla sesión extraordinaria para elegir nuevo alcalde. Votan a favor del miembro del PSOE, David Valverde 19 y 2 en blanco, no asistiendo ningún miembro de la minoría radical de Olivencia, mostrando así su apoyo al edil destituido.

18 MESES DE CAUTIVERIO, DE ANNUAL A MONTE-ARRUIT”

Escribió un libro en 1923, sobre sus vivencias y sufrimientos: “18 meses de cautiverio: de Annual a Monte arruit: crónica de un testigo”. Hace unos años se realizó una reedición por parte de interfolio, con una magnífica introducción por parte de Jesús M. Sánchez, recomiendo para los interesados en estos temas su lectura. El teniente coronel Eduardo Pérez Ortiz, ssobrevive a la matanza desatada tras la capitulación de Monte-Arruit. Su relato, además de ser uno de los escasos testimonios directos del Desastre de Annual, es un apasionante y honesto homenaje a los miles de héroes anónimos que allí perdieron la vida. «Parece resultar muy cara la carne de gallina» con este demoledor comentario recibió Alfonso XIII la noticia de la liberación de los soldados a cambio de un rescate de cuatro millones de pesetas. Pero, ¿qué sucedió realmente? ¿Se merecían aquellos hombres este despreciable comentario o deberían haber sido recibidos como héroes? Testigo de excepción del Desastre de Annual, sobrevive milagrosamente a la matanza desatada tras la capitulación de Monte Arruit el verano de 1921. Protegido inicialmente por una cabila rifeña, acaba siendo entregado a Abd el Krim, sufriendo año y medio de atroz cautiverio junto con un grupo de rehenes españoles.

 

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CEUTA PRESIDE EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

Ahora que estamos a punto de cumplir 39 años de la aprobación  de la Constitución, y aunque seguimos sin ser Comunidad Autónoma, ni se cumple la transitoria quinta, cabe recordar como simbólicamente Ceuta preside el edificio del Congreso de los diputados…

Y así es, los dos leones de bronce que se encuentran en la entrada principal fueron fundidos de los cañones tomados al enemigo en la Guerra que comenzó en la zona fronteriza de Ceuta, la llamada Guerra de África (1859-60). Tales cañones fueron fundidos en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla en el año 1865, con operarios de la Fábrica de Artillería de Trubia y de la propia Sevilla.

Aquella Guerra de África aceleraron la formación de la nueva urbe ceutí y los campamentos establecieron en algunos casos las bases iniciales de las divisiones del Campo Exterior. Eso significó la posesión progresiva de los terrenos situados más allá de la zona del cerro del Otero. Dicha ocupación de esta zona por parte del Ejército tuvo una indiscutible influencia en el diseño de la ciudad, y muchas de las principales actuaciones llevadas a cabo en ella se debieron a destacados militares. A lo largo de la historia, Ceuta se mantuvo sometida al olvido por parte de la península, hecho favorecido por su lejanía mientras sus habitantes vivían con apenas recursos para cubrir sus necesidades más elementales. Un magnífico reflejo de lo que fue la ciudad a mediados del siglo XIX está escrito por Pascual Madoz:

«Un suelo ingrato y estéril, la falta de una buena bahía, la imposibilidad de cambios lucrativos con los puntos fronterizos y el atraso en que se encuentra en la carrera de la civilización, no son alicientes favorables para atraer y fijar en Ceuta opulentos propietarios, ricos especuladores, ni artistas aventajados. Privada de la comunicación y movimiento, de los goces y bienestar peculiares de los pueblos que el comercio y la industria vivifican, puede calificarse como una verdadera colonia militar; y nadie habrá que así no lo califique al desembarcar en un profundo foso entre dos altas murallas; al advertir la multitud de guardias y centinelas que á cada paso se encuentran; al recorrer sus angostas calles cruzadas casi exclusivamente por militares y desterrados; al ver en fin la mezquindad de los edificios particulares, y lo insignificante del corto número de establecimientos mercantiles é industriales. Es el aspecto general contrasta desventajosamente con lo que la imaginación se promete cuando se observa desde el mar la perspectiva de esta ciudad, que se presenta á la vista, formando un agradable anfiteatro con una pendiente uniforme, coronada por sus siete colinas».

En esos años, como ya se ha señalado, la pequeña población se mantenía con una economía de subsistencia en la que, hasta la muerte de Fernando VII, las provisiones eran comprados por la Junta de Abastos y, tras aplicarles un porcentaje fijo, se vendían a los pequeños comerciantes locales. Su artesanía era también escasa, y mucho más la industria. Las cosas no cambiaron mucho ni siquiera con la declaración de puerto franco exceptuando la sal y el tabaco el 6 de diciembre de 1859 mientras durase la guerra (1859-1860), y se compensó la falta de ingresos por arbitrios en las arcas municipales con 15.413,34 reales. Dicha declaración dejó de estar vigente el 15 de julio de 1860, pero la experiencia serviría para solicitar un sistema de puerto franco definitivo, que se concedió en 1863. No obstante, la verdadera transformación de la ciudad se produciría en los primeros años del siglo XX. En la primera mitad del siglo XIX, la educación se vio reducida por una importante medida: la exclaustración de franciscanos y trinitarios, que mantenían cátedras de diferentes disciplinas ofreciendo una enseñanza secundaria de calidad.

SOCIEDAD CEUTÍ A FINALES DEL SIGLO XIX

Pascual Madoz, nos compone el rompecabezas de la sociedad ceutí en este periodo, sobretodo el tema de la educación, exponiendo que el ayuntamiento atendía al pago de dos maestros con 3.600rs. de sueldo para cada uno y 90 rs. mensuales respectivamente para pagar sus casas, así como al de otras dos maestras con 2.340rs. para cada una y 40 rs. para el pago de sus casas. Dichos docentes ejercían en escuelas y academias enseñando a 263 niños y 93 niñas. Las asignaturas ofrecidas por tales academias eran Francés, Dibujo, Náutica y Matemáticas. También nos muestra cómo era la arquitectura «Las casas, aunque de aspecto mezquino y mediana construcción son cómodas y tienen en lo general graciosos jardines; las calles principales rectas y sin pendiente, pero las transversales bastantes penosas, si bien todas se hallan empedradas con chinas encarnadas, blancas y negras del mar, formando variadas figuras y extremadamente limpias. Hay dos paseos, el de la Reina y el de San Amaro, con buen arbolado de paraísos y acacias; 3 plazas y algunas plazuelas; la de África, en que se ve la igl. Catedral, el santuario de la patrona, el cuartel del reloj y la casa municipal; la de Cuarteles, llamada así por estar sit. en ella los de la muralla real, y la de los Reyes, en cuyo centro descuella la bien trabajada estatua de Carlos IV, traída de Génova por el conde de las Lomas, siendo gobernador de la plaza el año 1794”.

Nueva ciudad tras la Guerra de África 1859-1860

Los capítulos de la Guerra de África, son numerosos, Ceuta, muy vulnerable desde los altos del cerro del Otero, sitos al oeste, y el enemigo podía alcanzarla si instalaba sus baterías allí. Por esta razón, la Comandancia de Ceuta propuso fortificar los límites del campo exterior con la construcción de cuatro casetones defensivos en dichos altos conforme a un proyecto redactado en 1854. Dos años antes del inicio de la Guerra, la ciudad tenía 7.114 habitantes, que pasaron a ser 10.395 tras su terminación. Esto puede explicarse fácilmente si se tiene en cuenta el conflicto, que supuso el incremento de la guarnición militar.

Asimismo, continuó siendo muy significativo el número de transeúntes, que alcanzó la cifra de 6.520 entre militares y confinados. De estos, las mujeres tan solo eran 2.416; es decir, ni siquiera un 25 % de la población total. A partir de esta fecha, los datos censales arrojan un levísimo aumento de las féminas entre 1860 y 1887, con un ligero descenso en 1877 y nuevo incremento a partir de 1897. Existe pleno consenso acerca de que el origen de la Guerra de África (1859-1860) estuvo en la declaración de guerra que el Parlamento propuso a la reina de España y que esta aprobó el 22 de octubre de 1859. Ahora bien, ¿cuáles fueron las razones que subyacían en ese acto parlamentario? El historiador José Ramón Remacha da las claves:

«Entre las causas próximas se señala de manera unánime la destrucción de unas obras iniciadas en el alto del Otero para disponer de un cuerpo de guardia y además la destrucción o rotura de un mojón con el escudo nacional. Son hechos perpetrados por parte marroquí y más exactamente por elementos de la cabila de Anyera en la noche del 11 de agosto y siguientes. En su intervención ante el Congreso O’Donnell, como jefe del Gobierno, manifiesta que se trata simplemente de proceder frente a Marruecos para salvar el honor nacional. En la perspectiva que nos dan los años podemos juzgar que había mayor motivación para declarar la guerra. Pueden reducirse a dos tipos. Uno el militarismo de la época y otro la seguridad de Ceuta. Respecto a lo primero es evidente que la España de la segunda mitad del siglo XIX estaba carente de estabilidad política y de unidad nacional. Los vaivenes de la política entre liberales y conservadores, los golpes de Estado y las graves fisuras en el tejido social producidas por las guerras carlistas eran factores que determinaban una coyuntura favorable para intentar una acción exterior de amplio respaldo nacional».

Tras el fin de la guerra y la firma del Tratado de Wad-Ras, el 16 de abril de 1860, los límites territoriales de Ceuta se ampliaron y pasó de estar ceñida en sus primitivos lindes de escasamente 3,5 kilómetros a ampliar sus límites fronterizos incorporando como franja de seguridad inicialmente bajo administración militar el llamado Campo Exterior, base de la posterior expansión urbana. De este modo, Ceuta dispuso de un territorio de seguridad suficiente y de cauces comerciales, lo que posibilitó su expansión urbanística y poblacional.

Efectivamente, se observa un significativo incremento de la población durante la última década del siglo XIX llegando a la cifra de 10.395 habitantes y arrancándola así de su inmovilismo demográfico gracias a la llegada de fuerzas militares y de sus proveedores. De esa forma, se inició un auge demográfico que incrementaría lentamente su población, especialmente la civil, hasta alcanzar los 13.269 habitantes en 1900. No obstante, el ritmo de crecimiento no siguió una línea uniforme dadas las fluctuaciones debidas a una población en la que la mayor parte de sus elementos militares y confinados estaba sujeta a súbitas variaciones. Por otro lado, las exigencias de la guerra permitieron desgravar algunos productos y declarar su franca entrada para agilizar y garantizar el aprovisionamiento al Ejército. Sin embargo, lo más importante es que surgió una sociedad civil que, desde el municipio, se opuso a la injerencia militar en temas políticos, enfrentamiento que caracterizó a la ciudad en estos últimos años de la centuria. La burguesía ceutí, de la que los talleres masónicos se surtirán, confió sus intereses a las nuevas expectativas generadas en torno al ayuntamiento y a los proyectos españoles en el vecino país de Marruecos. Fueron años decisivos para Ceuta al establecerse los principios que permitieron la transformación de lo que había sido un territorio de presidiarios desde el siglo XVIII.

PRIMERAS ORDENANZAS MUNICIPALES

Con la caída de O’Donnell, en 1863, entramos en una etapa claramente marcada por la descomposición del sistema político y la deslegitimación de la Corona, y se suceden algunos Gobiernos conservadores. En Ceuta, el ayuntamiento liberal de Alejandro de la Herrán fue reemplazado por el moderado de José Moreno Alarcón, quien aprobó las primeras ordenanzas municipales. Los cambios en la alcaldía fueron constantes a partir de entonces. En 1865, le sustituyó Antonio Ruiz Pavía hermano menor del héroe Jacinto Ruiz y, desde enero de 1867 hasta la revolución 1868, hizo lo propio el comerciante Juan Fernández García. Con la Restauración, el ayuntamiento de Ceuta consiguió algunos logros que demandaba, como el aumento de la guarnición, lo que se produjo en junio de 1874 al crearse el Regimiento África número 2. Con ello, la población pareció revitalizarse, y mucho más la sociedad civil. Buena prueba de ello fue la edición, en ese mismo año, de unos carteles y programas con motivo de la festividad de la patrona de la ciudad, el 5 de agosto. En estas últimas décadas del siglo XIX, fueron varios los trabajos y proyectos realizados, como la construcción de fortificaciones; concretamente, el conjunto de fuertes neomedievales situado en los montes de García Aldave, las baterías de Torremocha y Molino o el cuartel del Rebellín, diseñado por el ingeniero Federico Mendicuti. La Ley de 7 de mayo de 1880 también dio un gran impulso a la ciudad al declarar la necesidad de construir el puerto. Cuatro años después, se autorizó al comandante general para que diera comienzo a las obras en las inmediaciones del actual muelle Alfau. En 1877, la ciudad recibió al rey Alfonso XII. Los diferentes talleres masónicos de Ceuta se desarrollaron en este contexto histórico de finales del siglo XIX.

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