EDIFICIO DE CORREOS, SEIS DÉCADAS DE HISTORIA EN CEUTA

 

En el próximo 2018, se cumplirán sesenta años de la inauguración de este emblemático edificio de nuestra ciudad, fue un 23 de junio cuando se cortó la cinta del edificio de correos y telégrafos, por parte del director general de telecomunicación, acompañado del alcalde Francisco Ruiz Sánchez y del comandante general Gumersindo Manso.

 

Algún día se debería escribir un trabajo profundo sobre la historia del servicio de Correos en Ceuta, existe un interesante trabajo de investigación sobre su historia en los últimos años del siglo XIX, del escritor Eduardo Martín Pérez, publicado en “El Correo del Estrecho“, indicando que “llegaba a nuestra Ciudad, durante los años 40 y 50 del siglo XIX, el correo era transportado por los jabeques de la Compañía de Mar de Ceuta. Posteriormente, el Estado contrató el servicio con armadores particulares, quienes realizaban la travesía trayendo la correspondencia con los barcos nombrados “María” y “Dos Hermanas”. En aquellos años, que señalan el ecuador del siglo, los correos llegaban a Ceuta los lunes y jueves, siendo despachados para la Península los domingos y miércoles. Si bien, durante los días de temporales rigurosos, la entonces difícil travesía del Freto Hercúleo podía ser demorada por las inclemencias  meteorológicas y, por tanto, retrasar la llegada o partida del correo. Esta situación mejorará a partir de 1.873, con la contratación de los barcos que ya hemos mencionado, y unos años más adelante, cuando empiecen a operar en la travesía pequeños vapores”.

Eduardo Martín, nos continua relatando aquella ceuta donde los presidiarios eran pieza fundamental en el engrane de aquella sociedad… “En aquella época, en Ceuta todos se servían de los penados para los trabajos públicos o privados que aquella sociedad demandaba. Así tenemos que, para lo que respecta a este estudio postal, cuando el barco de Algeciras llegaba, eran dos penados los que, acompañados por el Oficial de Correos de la Plaza quien los tenía como subalternos, se encargaban de descargar y subir a las oficinas del Ramo las sacas de la correspondencia de las que se hacían los apartados para el Penal, los estamentos militar y público y para la población civil de la Ciudad. Otro penado de confianza transportaba la correspondencia desde Correos -en los últimos años del siglo estaba situado en una esquina de la entonces plaza de Alfonso XII, hoy de los Reyes- hasta el emplazamiento de los cercanos Talleres -en la confluencia de las actuales calles Beatriz de Silva y Amargura-, locales que además de albergar los diferentes talleres donde laboraban los presos con oficio reconocido, acogían las oficinas administrativas de la Colonia Penitenciaria: Comandancia, Mayoría y Ayudantía Primera, que concentraban las tareas burocráticas, también realizadas por penados ante la inexistencia de personal funcionario dedicado a estas tareas”.

¡SE BUSCA POLÍTICO PARA CAZAR LEÓN!

En enero del 2016, escribí sobre la dejadez de la delegación del Gobierno de Ceuta de quien depende el edificio de Correos en torno al poco o ningún caso que ofrecían sobre “la cabeza de León” que estaba en la entrada del edificio, antes de la restauración del edificio y nada más se supo. La figura permanece guardada en el sótano del inmueble de la plaza de España a la espera de que se tome una decisión definitiva sobre su futura ubicación. De aquella restauración han pasado cerca de diez años. Recuerdo que cuando escribí mi queja, que era la de cientos de ceutíes, recibí dos llamadas una de la delegación y otra del Ayuntamiento, interesándose por el tema y consultándome donde podía ir ubicado, les di mi opinión y ya nada más se supo. Tan difícil es enviar un trabajador que recoja del sótano este patrimonio y lo ponga para el disfrute de todos. La verdad que no tengo mucha esperanza, y siento que permanecerá en el sótano deteriorándose. Está claro que con esta actitud nuestros políticos están demostrando una gran dejadez y demuestran que poco les interesa nuestro patrimonio. La solución es muy fácil, pero no está en manos de nosotros, los ciudadanos de a pie, lo único que podemos hacer es protestar en los medios de comunicación. ¿Lo conseguiremos antes de que finalice 2017?

EL JEFE DE TELÉGRAFOS DE CEUTA, EN EL EXILIO MEXICANO

El jefe de telégrafos y presidente del PSOE en Ceuta, Rafael Jiménez Cazorla, tiene desde primeras horas de la tarde del 17 de julio de 1936 conocimiento del inicio del golpe en Melilla. Junto a otros dirigentes socialistas visitan al delegado del Gobierno en busca de información, este les tranquiliza comentándole que acaba de hablar con el presidente la República Casares Quiroga y que la sublevación en pocas horas será abortada.

A Jiménez Cazorla, al ostentar el cargo de jefe de telégrafos le llegan noticias alarmantes de que la sublevación en Melilla es un hecho y no tiene viso de ser frenada. Observa como los acontecimientos se están precipitando, y que Ceuta será tomada por las tropas sublevadas en pocas horas. Mantiene una conversación con su buen amigo el Ingenieros de la Junta de Obras del Puerto, Gustavo Piñuelas, y deciden salir de Ceuta hacia la ciudad internacional de Tánger, y una vez allí esperan acontecimientos.

Cuando al caer la tarde del 17 de julio de 1936, el jefe de Telégrafos Rafael Jiménez Cazorla partió de la ciudad camino del exilio, a la ciudad internacional de Tánger, se llevaba consigo la historia del PSOE de Ceuta, tras permanecer toda la guerra en la ciudad tangerina, partiría definitivamente hacía el exilio mexicano donde falleció.

Jiménez Cazorla, izó la bandera republicana en la ciudad, el 14 de abril de 1931 a las cinco de la tarde, en el edificio de telégrafos donde trabajaba.  Las noticias que llegaban desde la península, no dejaban duda de la pronta proclamación de la República en todo el país.

En efecto, los servicios de comunicaciones y transmisiones del Estado se habían decantado por el nuevo régimen, transmitiendo desde las tres de la tarde de aquel 14 de abril a toda España, el cambio de régimen. El secretario del Ayuntamiento, Alfredo Meca, fue testigo de estos acontecimientos: “Cuando transitaba por la calle La Marina, observe izada  en la casa de Telégrafos la bandera tricolor, presurosamente me dirigí a la Casa Consistorial, donde llegue al mismo tiempo que una manifestación con banderas y con gran alegría, pretendían colocar la nueva enseña en el balcón del ayuntamiento. Así se hizo en medio del mayor entusiasmo y con todo orden y respeto para los muebles y efectos municipales esperándose a que retirara los papeles y sumarios que sobre la mesa de la rotonda principal había”.

En la ciudad internacional estuvo ayudando a los exiliados que llegaban huyendo de los sublevados. Los escasos ceutíes que pudieron huir de la represión le relataban los sucesos que se estaban sucediendo con fusilamientos diarios.

El jefe de telégrafos Jiménez Cazorla, junto a su familia, llegó a México como otros muchos exiliados con lo justo, con muchas penurias, en el penúltimo barco que zarpó, en tercera clase, llegaron al Puerto de Veracruz, el 19 de noviembre de 1941, según un documento del Departamento Demográfico, de la Secretaría de Gobernación mexicana. En un principio vivió en México capital en la colonia Tabacalera, tras unos cinco años se trasladaron a la colonia Cuahutémoc  donde vivían muchos exiliados.

Desarrolló una gran labor recibiendo a los que llegaban huyendo de la sublevación, entre otros al ceutí Fructuoso Miaja que pudo salir de Ceuta en una pequeña embarcación, recordemos que tras la llegada de la democracia fue Senador y Alcalde de Ceuta.

 

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“CAMINO HACIA LA TIERRA OLVIDADA” HISTORIA DE LA GUERRA CIVIL EN EL PROTECTORADO

 

Acaba de ser publicado un interesante libro de los historiadores Félix Ramos y Pedro Feria, que lleva por título “Camino hacia la tierra olvidada” con interesantes documentos y testimonios personales sobre los sucesos tras el golpe militar del 36 en el Protectorado Español en Marruecos. Unos doscientos españoles están en las fosas de los cementerios de Tetuán y Larache, fusilados tras no secundar la sublevación.

      En muchas ocasiones sus familiares han intentado dignificar esos lugares, colocar placas y restituir en parte esa dignidad que se les negó durante tanto años. En su introducción dejan claro su objetivo principal… “Mucho se ha escrito ya sobre la hecatombe sufrida por nuestro país entre 1936 y 1939. Los estantes de librerías y bibliotecas están sobrecargados de títulos dedicados a casi todos los aspectos del conflicto: política, economía, asuntos militares, vida cotidiana, etc., y lo mismo puede decirse de las videotecas, saturadas de documentales y películas de ficción de desigual calidad. Cuando paseamos entre las montañas de libros editados y los kilómetros de películas rodadas sobre el tema en los más de tres cuartos de siglo transcurridos desde el fin de la guerra, podríamos pensar que ya está todo dicho, que no queda nada por mostrar, pero, siempre que lo hacemos, nos equivocamos”.

      “Por toda nuestra geografía cientos de investigadores siguen trabajando. Unos lo hacen en solitario, otros en el seno de grupos de investigación patrocinados por asociaciones ciudadanas, instituciones o universidades. Algunos, los menos, cuentan con apoyo público, otros, los más, deben luchar a brazo partido contra la incomprensión de buena parte de la sociedad, que les censura querer “reabrir heridas” y centrarse en el pasado en lugar de “mirar al futuro”, como si lo segundo fuera posible sin lo primero”.

En la introducción del libro continúan los historiadores haciendo hincapié en el desconocimiento que existe sobre la represión en el protectorado: “Pero entre todos están revolucionando el conocimiento que tenemos sobre la Guerra Civil. Constantemente nos descubren nuevas fuentes que arrojan luz sobre partes oscuras de nuestra historia, llaman la atención sobre puntos de vista que durante años fueron despreciados, y ponen en valor testimonios olvidados. Ellos están consiguiendo que cada vez queden menos zonas de sombra en la historiografía sobre el conflicto, para desgracia de aquellos que piensan que “es mejor olvidar”.

“Entre estas lagunas de conocimiento que aún subsisten podríamos incluir la represión a la que el régimen franquista sometió a cientos de miles de disidentes durante la guerra y más allá, represión que durante décadas revistió diversas formas, ya fueran físicas, mentales o económicas. Tema polémico como pocos, fue sistemáticamente ocultado durante los años de la dictadura, olvidado durante la transición por un país que confundió “reconciliación” con “amnesia” y obviado en la actualidad por muchos historiadores deseosos de evitarse “problemas”.

“Si hacemos recuento, podemos considerarla la “cenicienta” de los estudios sobre la Guerra Civil; de las montañas de libros editados sobre el conflicto de las que hablábamos, los volúmenes (de calidad y bien documentados) dedicados a la represión suponen si acaso un pequeño montículo. Hasta hace poco. Hoy, gracias a la apertura de nuevos archivos y al cambio de actitud de la sociedad civil y de nuestros representantes políticos, tenemos ya un conocimiento bastante aproximado de lo que para este país supuso la represión franquista”.

“Lo hasta ahora sabido y lo que se sigue averiguando pone los pelos de punta, y explica muy bien porqué durante tantos años ciertos poderes negaron a los investigadores el acceso a los archivos donde estaba depositada la documentación referente: fusilamientos arbitrarios masivos, uso extensivo del trabajo esclavo, empleo sistemático de la tortura, apertura de numerosas cárceles y campos de concentración saturados y sin condiciones higiénicas donde cientos de presos morían a diario, miles de millones de pesetas confiscados a sus legítimos propietarios…”

Concluyen los autores del libro Félix Ramos y Pedro Feria que “No sólo quedan lagunas temáticas, sino también geográficas. Todavía hoy, muchos españoles siguen pensando que en su pueblo o ciudad durante la guerra “no pasó nada”. Quedan provincias enteras donde aún no se ha realizado un solo estudio histórico riguroso sobre los periodos de la II República, la Guerra Civil y el franquismo (o como mucho sólo se ha publicado la versión de los vencedores), y los archivos locales sobre la represión siguen cerrados o han desaparecido, víctimas de la mala fe o la dejadez de las administraciones…”

INVESTIGACIÓN PROFUNDA

Los autores exponen que aunando la bibliografía, las hemerotecas, los documentos archivísticos y los testimonios orales, se ha compuesto este trabajo, que pretende ser un gran aporte con nuevos datos sobre sucesos y víctimas de la represión franquista que no habían quedado recogidas en investigaciones anteriores en la zona del Protectorado.      Resaltando que una de las fuentes que mayor ayuda les ha proporcionado para la investigación han sido las archivísticas. Visitando en busca de documentación numerosos archivos nacionales, como el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca, los archivos militares de Ávila y Guadalajara, el Archivo Histórico del PCE, la base de datos “Todos (…) los nombres” y el Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, en cuya “Sección África” quedó depositada la documentación del Alto Comisariado de España en Marruecos y la Delegación de Asuntos Indígenas, fundamental para entender el funcionamiento institucional del Protectorado y el devenir político del mismo.

HISTORIAS SIN CONTAR

Con el libro “Camino hacia la tierra olvidada” de los historiadores Félix Ramos y Pedro Feria, se ha logrado poner cada cosa en su sitio, son páginas con datos, nombres y sucesos, imprescindible para acercarnos a la represión que se realizó en el protectorado Español de Marruecos. Su aventura de compromiso con estas víctimas de la guerra civil, comenzó en el 2006, cuando visitaron la ciudad de Tetuán y Tánger, desde ese momento, sabían que todo lo que ocurrió en el protectorado debían plasmarlo en un libro y así ha sido.

Ellos explican perfectamente su laborioso trabajo de recopilación: “Conforme recorríamos la zona sentíamos que nos internábamos en una tierra olvidada, que se nos antojaba muy lejana pero a la vez cercana. Paseando por las calles céntricas de Tetuán nos sorprendimos del aspecto español de muchas de ellas y de la gran cantidad de rótulos en castellano que aún subsistían. Nos contaron que en aquella ciudad españoles, musulmanes y judíos convivieron pacíficamente durante muchos años, y ni la guerra rompió esa coexistencia. Hoy ya no queda nada o casi nada de aquello. Los españoles se fueron, y poco a poco su legado se fue perdiendo. El Protectorado y su particular idiosincrasia desaparecieron, y ya sólo subsiste en el recuerdo de quienes vivieron en él”.

También visitaron el campo de concentración que existió en Tetuán, El Mogote así como el cementerio español que tras décadas de abandono, a finales de los años 90 el gobierno español sufragó la restauración de este último, concentrando allí los restos de otros cementerios españoles que se encontraban desperdigados por la zona a merced del vandalismo. Sin embargo, fue una restauración incompleta; el cementerio se divide en dos sectores, uno militar y otro civil, separados por una tapia, y mientras que el primero ha sido perfectamente acondicionado, limpiadas y reparadas sus tumbas, arregladas las aceras e instalados bancos y papeleras, el cementerio civil se encuentra en muchas peores condiciones.

Sobre esa restauración apostillan: “Se limitó a colocar unas tristes cruces de hierro pintadas de negro sobre las lápidas, y la limpieza deja mucho que desear. En un sombrío ángulo del mismo se encuentran, semiocultas entre matorrales y suciedad, cinco gruesas losas de cemento pintadas con cal y sin ninguna inscripción; es precisamente allí donde está situaba la fosa común en la que fueron enterradas las víctimas tetuaníes de la represión durante la Guerra Civil. Nosotros les rendimos un improvisado homenaje colocando sobre las lápidas una bandera republicana”.

FORO POR LA MEMORIA DE ANDALUCÍA

De aquella visita en el 2006, quedaron empeñados en contar las historias de los españoles que dieron en el Protectorado y sufrieron la represión franquista, quedaron fascinados por lo que encontraron en el transcurso de aquel viaje. En su decisión también influyeron las peticiones de familiares de víctimas asesinadas en el Protectorado, que trataban de averiguar lo sucedido a sus deudos y se pusieron en contacto con ellos.

En la introducción se lamentan de la dejadez de la Administración, sumada a los estragos de una incompleta y mediocre Ley de Memoria Histórica, y han tenido que ser asociaciones como a la que ellos pertenecen, FORO POR LA MEMORIA DE ANDALUCÍA, las que tengan que paliar dicha desidia y se ocuparan de recuperar los cuerpos y la memoria de tantos miles y miles de asesinados por el fascismo y de arropar a sus descendientes.

Volvieron varias veces a Marruecos para ampliar sus conocimientos, criticando duramente que a pesar de los años trascurridos  sigue siendo tarea complicada acceder a cierta documentación. También contaron para la realización de este ya imprescindible libro, con otras fuentes alternativas, y una de ellas fueron los testimonios orales.

Como ellos indican: “Estas fuentes poseen innegables ventajas, como la de constituir historia viva, ser una ventana directa al pasado abierta por una persona que fue testigo presencial de los hechos que estudiamos.   Poseen también algunas desventajas, como su gran subjetividad, ya que cada cual analiza los acontecimientos según su particular punto de vista. El propio paso del tiempo, así como el miedo o el olvido impuesto o autoimpuesto han hecho mella en la memoria de muchos testigos, que no recuerdan bien algunos sucesos. Además, en la actualidad quedan muy pocas personas con recuerdos directos de la Guerra Civil; casi todas los que sobreviven eran niños en la época, y por ello sus recuerdos están tamizados por la mirada propia de la infancia. En cualquier caso, tuvimos la inmensa suerte de localizar, entre otros testigos, a una persona que en 1936 era adulta y participó directamente en los hechos, Francisco Lara Campoy, quien tras la guerra se exilió en Francia, desde donde se puso en contacto con nosotros”.

Los autores del libro indican que con este trabajo quieren llegar al  gran público que no recuerda que en el norte de Marruecos hubo un protectorado español. Desgranando el libro en su más de medio millar de páginas, en la primera parte del libro analizan cómo se estableció el dominio español y cuál era su funcionamiento administrativo, además de estudiar las peculiares características de la sociedad hispano-marroquí en el Protectorado.

Siguiendo mostrando cómo la II República se instauró en el territorio, y las vicisitudes políticas de dicho período. Los datos sobre la preparación del golpe del 36 también es una pieza fundamental en el libro, recordando los trágicos sucesos que siguieron al mismo. La verdad que se consigue dar una visión de conjunto de lo que significó la guerra en todo el norte de África, incluyendo los territorios de Ifni, Cabo Juby y Sáhara.

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EL INDEPENDISTA CUBANO QUE EN 1896 RECUPERÓ LA VISTA A UNA CEUTÍ

El prestigioso médico cubano José Ramón Montalvo, llegó a Ceuta en 1896 junto a otros 600 independentistas deportados por su ideología. El destino hizo que operara a la hija de un alto cargo militar en el hospital Central, ubicado en la plaza de los reyes, con total éxito.

Este hecho, lo narra el también preso cubano Pablo de la Concepción que lo dejó escrito en un documentado diario… Con la intervención en el hospital de Ceuta de un médico cubano, tenemos una historia que nos causó verdadera admiración. Un militar de alta graduación tenía una niña que había nacido ciega, y habiendo tenido noticia de la fama de oculista de que gozaba el doctor Montalvo, fue a la fortaleza del Hacho en busca de sus servicios”.

      “Una difícil operación seguida de un cuidadoso tratamiento, hizo brillar la luz en aquellos ojitos que había nacido apagado, y el padre vio con tristeza la retirada del ilustre deportado, cuando aún su hija necesitaba de su ciencia. Con verdadero patriotismo y desinterés curó el doctor Montalvo a todos sus compañeros de prisión que necesitábamos sus servicios”.

      “Mientras el sufría el infortunio del destierro en el Hacho, alejado del hogar querido, donde su familia sufría la inmensa tristeza que producía la ausencia del padre. Amantísimo, allá en el indómito Oriente, el más intrépido de sus hijos ganaba grados y distinciones las órdenes del mayor general Calixto García, quien le confió siempre las operaciones más difíciles de la campaña”.

       “Después de hecha la República en Cuba, Dios lo llamó a su seno, pero antes le permitió la satisfacción de ver a sus hijos perfectamente encaminados en la senda de la vida, brillando como estrellas de primera magnitud en nuestro cielo social y político. Dejó escrito su compañero de celda Pablo de la Concepción”.

En el presidio del Hacho tuvo como compañero de galera a los doctores González Lanuza y Alfredo Zayas Alfonso y del pedagogo José María Reposo. Al ser detenido, las autoridades españolas le echaron en cara que sus hijos Rafael y Juan se encontraran alzados en armas contra el gobierno de España, a lo que respondió lleno de orgullo: “Yo les enseñé el camino”.

Nació en 1843, provenía de las familias más aristocráticas de Cuba los Montalvo, O’Farril, Calvo de la Puerta y Peñalver. Licenciado en medicina en la Universidad de La Habana, el 29 de mayo de 1867, poco tiempo después viajó a París donde se especializó en enfermedades de los ojos en la clínica del célebre profesor Xavier Galezowski.

Tras conseguir la libertad en Ceuta, regresó a la isla ejerció la medicina en La Habana con gran éxito y fueron famosos los debates que sostuvo en la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales con el eminente oftalmólogo Juan Santos Fernández.

Poseía una sólida formación en medicina interna lo que le permitió realizar notables oposiciones a la Cátedra de Clínica Médica en 1882, frente a los doctores Raimundo de Castro y Antonio Jover,  aunque no la obtuvo, demostró públicamente sus conocimientos. Su preparación, de que también hizo gala en el campo de las enfermedades de la infancia, la adquirió en un largo ejercicio  como médico en la Casa de Beneficencia y Maternidad, falleciendo, el 21 de junio de 1901 en La Habana.

EN EL HACHO OPERABA A SUS COMPAÑEROS DE PRISIÓN

El también preso cubano Pablo de la Concepción que lo dejó escrito… “Sufriendo en pleno rostro el embate del terrible cierzo helado, lo veíamos acudir diariamente durante cierto tiempo, a la Ayudantía, donde con permiso solicitado por él, curó la vista a un compañero de mi misma galera”. Y se tiene constancia por otros documentos que durante su deportación en Ceuta, fueron numerosos los ceuties que se acercaban al Hacho para recibir sus sabios cuidados y consejos sobre las enfermedades oculares. José Ramón Montalvo, fue miembro fundador de la Sociedad Antropológica de la Isla de Cuba, era considerado en el país como el segundo en competencia en esta importante ciencia del hombre, solo precedido por el doctor Luis Montané Dardé, creador de la Cátedra de Antropología en la Universidad de La Habana. Miembro fundador de la Sociedad de Estudios Clínicos de La Habana, fue vicepresidente y en dos ocasiones ocupó su presidencia. Académico de número de la Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.

CONSIGUE LA LIBERTAD EN 1898

Y por fin los independistas cubanos deportados a Ceuta consiguen la libertad, algunos quedan en la ciudad, ya que han conseguido tener lazos familiares y también trabajo. Ese éxodo hacia su Cuba natal del doctor José Ramón Montalvo y sus compañeros, comenzó en octubre de 1898, a petición de los Comisionados Americanos de la Paz.

Muchos fallecieron y están enterrados en el cementerio de Santa Catalina tal y como se refleja en los libros de defunciones de la Iglesia de los Remedios. Los más afortunados, los que pudieron sobrevivir a las muchas penurias pudieron rehacer sus vidas quedaron en libertad, algunos fueron posteriormente grandes personajes de la política, entre ellos, destacar a Alfredo Zayas, presidente de Cuba (1921-25).

El cubano Pablo de la Concepción dejó escrito: “El verdadero objeto de este diario no es otro que dar a conocer al pueblo cubano los sufrimientos experimentados por los prisioneros de guerra y deportados por medida gubernativa, que el Gobierno de España nos recluyó en Ceuta durante la Guerra de Independencia. Muy lejos de nuestro ánimo está la idea de despertar odios entre cubanos y los que combatieron y odiaron su libertad por cuya razón, suplicamos al que nos honre leyendo este diario, que juzgue los tristes sucesos que en él se relatan, como la consecuencia natural de la tempestad de pasiones que la guerra desató sobre la Isla…”

También describe su permanencia, antes de ser trasladado a Ceuta, en la fortaleza del Morro, en la Habana, narrándonos los largos días en la prisión, en sus oscuros calabozos, donde vio a muchos compañeros suyos fusilados. Nuestro autor del diario, tras un consejo de Guerra fue condenado a ser deportado a Ceuta, tal vez, contó a su favor, para no ser fusilado, que tan solo contaba con 17 años.

Al terminarse la guerra permitieron de nuevo la entrada de los periódicos en las galeras, y durante el mes de septiembre pudimos seguir el curso de los acontecimientos, disipando un tanto la impaciencia que nos consumía. El día primero de octubre de 1898 se reunieron en París los comisionados a las conferencias de paz, y el día 3 llegó a Ceuta la orden de ponerlos en libertad, la primera exigencia de los comisionados norteamericanos fue la inmediata libertad de los prisioneros cubanos.

Queremos suponer que jamás el cable, desde su instalación, había sido portador de una noticia que produjo más alegría. La orden llegó por la tarde, y fue comunicada como a las cinco y media, cuando llegaron de trabajar fuera del Hacho. Los compañeros que estaban en las galeras, les esperaban cerca del cuerpo de guardia, y al divisar la cabeza de la columna, prorrumpieron en vítores de libertad, y algunos más lanzados: “Cuba Libre” “Cuba Libre”… lo que fue tolerado por los jefes y soldados de la escolta.

A medida que llegaban las cuadrillas de las diferentes secciones, se repetían aquellas escenas de intensa alegría. Después del rancho fueron llamados al patio, y en formación, les comunicaron que habían recibido la orden de poner en libertad inmediatamente a los que tuvieran recursos para costearse el viaje, y que los restantes tendrían que esperar a que el Gobierno contratara con la Compañía Trasatlántica el traslado a Cuba. Que los que pudieron pagar su viaje deberían estar listos para ser conducidos al día siguiente a la ciudad, donde tomarían el vapor correo para ir hasta Algeciras, donde los ponía el Gobierno gratuitamente.

CUBANOS ENTERRADOS EN SANTA CATALINA

Al menos 300 cubanos están enterrados en el cementerio de Santa Catalina de Ceuta. Según un magnífico y minucioso estudio del ceutí  Emilio Barranco, se cita que la primera inscripción data del 10 de agosto de 1869, y la última del 25 de julio de 1909, por lo que se entiende que están incluidos los prisioneros de la primera guerra, desde la Guerra Grande o de los Diez Años hasta más de 10 años después de terminada la Guerra de Independencia de Cuba en 1898.

Pero volviendo a su paso por Ceuta, recordaremos lo escrito en esos últimas horas, tras comunicarle que quedaban en libertad “Cuando atravesábamos la ciudad a nuestro regreso del trabajo, llegó hasta nosotros, trascendiendo del público, la grata noticia de que España había pedido la paz. Cuando llegamos al Hacho, ya sabían allí la noticia, aunque extraoficialmente.

     Indescriptible fue la alegría que ensanchó nuestros corazones. Aquella noche casi no dormimos, porque las negras nubes que encapotaban nuestro cuelo,  empezaban a disiparse, y el inefable consuelo que invadió nuestros corazones, satisfizo las necesidades del organismo, y el sueño huyó de nuestros ojos. No teníamos una idea definida de cómo sería nuestra libertad, pero no nos cabía la menor duda de que, siendo los norteamericanos los vencedores, seríamos reclamados tan pronto principiaran las negociaciones de paz. Al día siguiente fue confirmada oficialmente la noticia de la terminación de la guerra, y los jefes del Hacho operaron un verdadero cambio en su trato para con nosotros”.

“No hay palabras para describir la intensísima alegría que invadió nuestros corazones y el profundo agradecimiento que sentíamos por el pueblo y el Gobierno norteamericanos, que tan humanitariamente se portaban con nosotros, sacrificando vidas e intereses nacionales, para darnos la anhelada libertad, arrancándonos por la fuerza, puede decirse, de las inmundas prisiones donde hubieran bastado muy pocos años para que el último bajara a la tumba triste y solitaria, en aquella agreste península, asiento de todo mal. Tan pronto cerraron las galeras después del recuento, principiaron las deliberaciones sobre la forma de libertad que se nos ofrecía. Como las circunstancias habían variado completamente, la mayor parte de los que la otra vez habíamos sido partidarios de la libertad en cualquier forma, éramos en aquella ocasión decididos oposicionistas del viaje a Cuba por nuestra cuenta. Habíamos sido reclamados como prisioneros de guerra, y lo justo y equitativo era que se nos condujera a Cuba”.

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EL DÍA EN QUE CEUTA AMANECIÓ REPUBLICANA

El 14 de abril de 1931, a las cinco de la tarde, desde el balcón del edificio de telégrafos de Ceuta, situado en el paseo de la Marina,  se izó la bandera republicana. Al día siguiente seria la proclamación oficial desde el balcón del palacio municipal, en la plaza de África, ante cerca de 15.000 ceutíes.

Unos días antes, el domingo 12 de abril, la ciudad amaneció cubierta de carteles. A las ocho se abrieron los colegios electorales, el devenir de la jornada fue de total tranquilidad, formándose grandes colas. Los ceutíes decantaron su voto por la Conjunción Republicana-Socialista obteniendo el 80%, con 22 concejales, repartiéndose doce para los republicanos y diez para el PSOE. Únicamente en tres de los ocho distritos se inclinaron por el partido Defensa de Ceuta, obteniendo 7 concejales; el Partido Reformista 4, y 2 Independientes, hacen el total de 35 concejales. Ninguno de los candidatos del Partido liberal Independiente y de la Concentración Monárquica, consiguieron escaño.

El secretario del Ayuntamiento, Alfredo Meca, fue testigo de esos acontecimientos: “Cuando transitaba por la calle la Marina, observe izada en la casa de Telégrafos la bandera tricolor, presurosamente me dirigí a la Casa Consistorial, donde llegue al mismo tiempo que una manifestación con banderas y con gran alegría, pretendían colocar la nueva enseña en el balcón del Ayuntamiento. Así se hizo en medio del mayor entusiasmo y con todo orden y respeto para los muebles y efectos municipales esperándose a que retirara los papeles y sumarios que sobre la mesa de la rotonda principal había. Varios manifestantes deseaban un retrato del Rey, y mientras los porteros del Ayuntamiento subían uno que se encontraba en una dependencia del piso bajo, otros, penetraron en el salón de sesiones, descolgaron el retrato que bajo el dosel se encontraba y lo arrojaron por el balcón. Después llegó otra manifestación que presidían los miembros del comité de la Conjunción Republicano-Socialista, tomando el Ayuntamiento”.

Dejando para el día siguiente, 15 de abril, la proclamación oficial desde el balcón del Ayuntamiento. Cuentan las crónicas que desde primeras horas se pueden ver a numerosos ceutíes con banderas tricolor por la ciudad, todos van hacia la plaza de África.

Al edificio municipal han accedido numerosos ciudadanos quedando totalmente repletos los pasillos, ventanas y balcones. En el salón de plenos se encuentra la corporación saliente, con su presidente José Rosende al frente. Sobre las doce proceden a la ceremonia de dar la bienvenida a los nuevos concejales.

Seguidamente se dirigieron al balcón principal, donde izaron la bandera, rindieron honores una compañía del Regimiento de Infantería. Al término de los discursos se organizó una manifestación, donde los diferentes diarios consultados, calculan que veinte mil personas al menos, estaban presentes. Tras pasar el puente de la Almina, se ramificó en dos, una emprendía su marcha por la Marina y la otra por el Rebellin. Cuando se volvieron a encontrar en la plaza de Maestranza, apareció un hidroavión sobrevolando la plazoleta a escasos metros de los edificios, el piloto, Antonio de Haro, mostró por una de sus ventanillas, una gran bandera republicana.

Los cambios prometidos durante la campaña electoral se producen con prontitud y una de las máximas aspiraciones, se hace realidad al conseguir la llegada de un delegado del Gobierno civil, tomando posesión el republicano Rafael Vegazo. El Gobierno Provisional de la República, decretó que la autoridad gubernativa pasaba a depender directamente del Gobierno Central, con las mismas funciones y atribuciones que las delegaciones provinciales y diputaciones, con una total desvinculación de la Alta Comisaría, y por otra parte, la posibilidad de elegir un diputado, derogándose los decretos del 1 de abril y 31 de octubre de 1930.

La corporación salida de las urnas el 12 de abril de 1931, realizó su primer acuerdo designando alcalde. Su nombramiento fue un acuerdo que firmaron los republicanos y el PSOE antes de las elecciones. El candidato que más votos obtuviera sería nombrado presidente de la corporación. Literalmente el decreto decía: ”En virtud de acuerdo adoptado se designa a Don Antonio López Sánchez Prado, como Presidente del Ayuntamiento de Ceuta”.

Si desea más información: http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/

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El director del conservatorio de Ceuta Ángel García transformó en marcha procesional “Novio de la Muerte”

En torno a los primeros años de la década de los años 50, los ceutíes vivieron en el Puente de la Almina, un Encuentro distinto, el canto legionario “El Novio de la Muerte” sonó más pausado, y todo gracias al director del Conservatorio de Ceuta y de la banda de música de La Legión, Don Ángel García Ruiz.

Como dato curioso aquella adaptación del canto legionario realizada por Ángel García, fue interpretada por la banda de música de La Legión el día de su entierro. Fue el 22 de febrero de 1956, tenía 54 años.  En la cabecera del duelo, figuraban su hermano Cesáreo, comandante de Infantería y su sobrino Manuel Almansa, el alcalde Vicente García Arrazola, autoridades militares y una representación del Conservatorio Oficial de Música del que era director. Detrás los miembros de la Orquestra Sinfónica de Ceuta, Sociedad Amigos de la Música. De Tánger y en representación de la Orquesta Sinfonía de aquella localidad se desplazaron una representación.  A ambos lados de la carroza fúnebre, donde iba colocado el féretro, oficiales legionarios portando cintas de luto, y entre las numerosas coronas una de la policía general de Tánger, de la que el extinto era asesor técnico musical.

Y por último, la banda de música de La Legión, de la que fue su director, dirigida por el teniente Cordero, la cual durante el recorrido interpretó “El novio de la Muerte” a cuya composición musical Don Ángel le había realizado una adaptación para marcha fúnebre o procesional. En una entrevista realizada pocos meses antes de su fallecimiento en febrero de 1956, en el diario El Faro, pocos días antes de su fallecimiento, expresaba que el himno de Ceuta se debía grabar en disco ya que corría el riesgo de olvidarse. Habló de la existencia de una grabación en un magnetófono y que esta cinta se debía enviar a Madrid para grabar los discos. El autor de la entrevista termina “Y Don Ángel expresó, verbalmente, su propósito de no parar hasta conseguir un disco del Himno de Ceuta, cantado pues su letra es una maravilla”.

En la arrinconada tumba, donde reposan los restos de Don Ángel García Ruiz, se puede leer el epitafio donde nos trasmite su ideario: “Yo, Ángel García Ruiz he servido a Dios consagrando mi vida a la música y maestros”. Veinticuatro años atrás en plena Segunda República, consiguió junto a otros músicos, como los hermanos Alcalá-Galiano, que el Conservatorio fuera una realidad.

Los estudiantes de música en nuestra Ciudad, que hasta entonces tenían que realizar sus exámenes en el conservatorio de Cádiz para que pudieran tener validez sus estudios, ya podían realizarlo en Ceuta. La creación del Conservatorio fué justificada también en los beneficios que supondría para la zona del Protectorado.
Los responsables del centro y las autoridades locales manifestaban su disposición a cooperar con el gobierno de la República española en su intención de conseguir la completa “cultura y civilización del país marroquí”.

Basándose en los hechos anteriores, se procedió a la implantación de una escuela particular de música ubicada en la calle Solís, y en enero de 1936 se trasladaron a los altos de la Estación de autobuses en el Paseo de Colon. Como curiosidad uno de los requisitos imprescindibles, para conseguir que la escuela Municipal de Música pasara a Conservatorio era que en los presupuestos municipales se asignara la retribución para el profesorado, y que esta no fuera inferior a 2.000 pesetas, como dotación a un profesor/a numerario y 1000 pesetas como dotación de un auxiliar.

La hermandad toma el título de “Fervorosa Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno”, estando muy relacionada con los estudiantes del S.E.U. Un año después, el Tercio comienza a colaborar con ella. Su salida como Cofradía, como indica el tríptico de la hermandad, tiene lugar el Miércoles Santo de 1939 a las 18,00 horas, realizando por primera vez el hoy popular Encuentro; en aquella ocasión con la imagen del Mayor Dolor, que había salido a la misma hora de su Parroquia de los Remedios.

A partir de 1945, se efectúa el Encuentro con la Dolorosa de San Francisco, hasta que en 1949 se incorpora la imagen de la Esperanza, realizada por el imaginero sevillano Antonio Castillo Lastrucci. En 1959 se sustituye la antigua imagen del Nazanero por la actual que fue realizada por Manuel Pineda en su taller de Alcalá de Guadaira en Sevilla.  Hace unos meses se recepcionó la imagen de la Virgen de la Esperanza que ha sido restaurada su policromía en Córdoba efectuada por el Imaginero-restaurador Antonio Bernal.

Don Ángel la transformó en marcha procesional

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EN LA FORTALEZA DEL HACHO MILITARES OLVIDADOS POR LA DEMOCRACIA

     Hace cuatro décadas un nutrido grupo de militares constituían la Unión Militar Democrática (UMD). Y con ello crear una organización clandestina con el objetivo de apoyar, desde el interior de las Fuerzas Armadas, el cambio político que era
necesario en España. Cuando la dictadura estaba dando sus últimos coletazos, estos oficiales, contrarios y animados por la reciente experiencia portuguesa del mes de
abril, decidieron reunirse en Barcelona, el 31 de agosto y 1 de septiembre de 1974.

Por pertenecer a ella, varios de sus integrantes fueron condenados y trasladados a Ceuta. El más destacado fue el comandante Julio Busquets, que desde febrero de 1975,
cumplió una condena de seis meses en la fortaleza del Hacho. Durante esta detención, se entrevistó con el comandante General de Ceuta, Gutiérrez Mellado en el despacho de este en la Plaza de África. En la que le exhorta a que los generales liberales encabecen las reformas con los oficiales demócratas –incluso le proporcionó algunos nombres como el coronel de Aviación Jiménez Benamú o los generales de Tierra Luis Pinilla, Sabino Fernández Campos o Sintes Obrador – para evitar que lo hicieran directamente los oficiales más jóvenes, años después explicó que Gutiérrez Mellado estuvo receptivo a este planteamiento.

Todos estos datos lo conocemos gracias al libro “Los militares olvidados por la democracia”, escrito por el historiador Fidel Gómez Rosa, un magnífico e imprescindible trabajo de investigación sobre la situación militar en esa época.

El primero en llegar a la prisión militar del Hacho fue el comandante Julio Busquets, condenado a seis meses de prisión. Ello le libró de ser arrestado el 28 de julio de 1975 junto con otros destacados miembros de la UMD, que serían posteriormente apartados del servicio activo por sentencia de un Consejo de Guerra. El destierro de Busquets en el Hacho, facilitó la creación de un grupo en la ciudad de la UMD, con jóvenes oficiales, liderado por el teniente coronel de Artillería Pedro Rodríguez. También fueron trasladados a la fortaleza del Hacho, el comandante Luis Otero Fernández y los capitanes Fermín Ibarra, José Fortes, Manuel Fernández y Restituto Valero, en diferentes fechas.

En 1977, la UMD fue disuelta, y Busquets, Comandante de Ingenieros, dejó el ejército para dedicarse a la docencia y presentarse a las elecciones generales como independiente en la candidatura de “Socialistes de Catalunya”, obteniendo un escaño por la provincia de Barcelona. Busquets rompió la disciplina de voto al votar en contra de la Ley de Amnistía, al no considerar aquella a los militares de la UMD. El escritor y periodista Isabelo Herreros, ha escrito, que tal y como es conocido, por quienes recuerden los comunicados y documentos, difundidos entonces por emisoras como la BBC, Radio París o Radio España Independiente, y publicados en prensa europea como Le Monde, la finalidad de esta organización militar no era otra que la de contribuir al restablecimiento de la democracia en España, mediante la convocatoria de unas elecciones, la promulgación de una amnistía, la modernización del ejército y el alineamiento de nuestro país con las democracias occidentales, sin que se decantara o mostrase simpatía, la UMD, por ninguno de los partidos políticos de la oposición.

Aunque la actividad de la UMD era aún muy embrionaria a mediados de 1975, ya se habían producido importantes reuniones en ciudades como Madrid o Barcelona. En la
mayoría de los acuartelamientos importantes hubo profesionales que, o militaron en la organización o fueron simpatizantes, incluida la Academia Militar toledana. Fue precisamente en Toledo donde dos años antes habían tenido lugar unos hechos de gravedad para el régimen, pero que entonces fueron silenciados, para que no se conociera que dentro del ejército había el menor atisbo de disonancia o rebeldía.
En el mes de julio de 1973, cuatro alféreces alumnos de la Academia de Infantería fueron expulsados por motivos políticos, tras ser sometidos a un Consejo disciplinario, al haber sido denunciados por otros alumnos integristas, con la acusación de tener ideología peligrosa.
Habían tenido el atrevimiento de ofrecerse a dar clases a los soldados analfabetos, y también habían pedido que la asistencia a la misa fuese voluntaria. A estos antecedentes se le añadieron como pruebas de cargo, las publicaciones y libros encontrados en sus taquillas: Triunfo y Cuadernos para el diálogo, y libros de autores
como Aranguren o Tierno Galván.
Estos fueron en resumen los antecedentes de una corriente de opinión moderna y democrática en el seno del ejército, y que sería conocida dos años más tarde, escribió
Isabelo Herreros. Otra fecha importante para la UMD, fue julio de 1975, fueron detenidos varios capitanes y un comandante del ejército, acusados de conspiración y de haber constituido una “entidad subversiva”. Un posterior Consejo de Guerra declararía probado el delito de “conspiración para la rebelión militar”.

Hasta aquí todo acorde con las leyes de una dictadura como la que padecíamos en
aquellos tiempos, si bien hay que añadir que el juicio contra los capitanes demócratas tuvo lugar en marzo de 1976, precisamente cuando empezaban a salir de las cárceles
los presos políticos y a regresar del exilio muchos antifranquistas.

En 1980, el sargento Díaz Barbero, condenado
por escribir en diario El Faro de Ceuta

El sargento de Infantería Andrés Díaz Barbero, escribió el artículo “Comentario a la  U.M.D.”, el 21 de agosto de 1980, en el diario el Faro de Ceuta, bajo el pseudónimo de Adibar, eran unas reflexiones en torno a unos artículos publicados en el diario El País por el comandante Lastres, unos días antes. Como secuela de este artículo y dado el ambiente ultra imperante en los cuarteles de la época, fue condena a seis meses de prisión por injurias a los Ejércitos.
En el artículo “Ejército, democracia y UMD”, de Alejandro Lastres Lens, contrapone con fundamento la actividad pacífica de los miembros de la UMD en su reclamación
de la democracia, con los inmediatos planes violentos de los golpistas de la operación “Galaxia” y rebate los argumentos esgrimidos para negar la reincorporación al servicio activo de los oficiales expulsados.

Tal y como lo detalla, Fidel Gómez Rosa, en su magistral libro “Los militares olvidados por la Democracia” y de donde entresacamos todos los datos de este reportaje. Los miembros de la UMD, contactaron con los grupos de oposición democrática, hizo públicos algunos primeros documentos –un ideario con los objetivos políticos y militares y un manifiesto sobre la situación política general e inició un periodo de crecimiento interno. Poco a poco se fue extendiendo en tres focos fundamentales: Barcelona, Madrid y Galicia. Llegó a estar presente en quince provincias peninsulares,
las Islas Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla.

El capitán José Ignacio Domínguez extendió la organización al Ejército del Aire. La presencia de la Armada se cifró en algunos oficiales, sobre todo de la Infantería de Marina y de los Cuerpos Jurídico y de Intervención. Unos cuantos oficiales de la Guardia Civil y de la Policía Armada se sumaron también a la UMD. La idea de constituir una organización militar disidente es de un pequeño grupo de oficiales entusiastas: el acuerdo entre los comandantes de Ingenieros del Ejército de Tierra Julio Busquets (Barcelona) y Luis Otero (Madrid), amigos y compañeros de promoción, resulta a estos efectos decisivo. 

Pero la UMD no es el producto de unas voluntades individuales, sino que llega a ser posible por la previa existencia de un conjunto de condiciones, hechos y circunstancias
que van configurando la mentalidad colectiva crítica de una minoría de jóvenes oficiales. Estos militares conectan con los círculos opositores mayoritarios de su generación. Conforme se fue desarrollando la labor de captación de nuevos afiliados, se fueron creando nuevos grupos; el criterio seguido en Madrid y Barcelona, únicos lugares donde se planteó realmente esta cuestión, fue que cada grupo no superara los cinco o seis miembros.

Los representantes de los distintos grupos se reunían entre sí para preparar las asambleas e impulsar la actividad. El sistema de organización era el clásico de células autónomas y clandestinas, instruidas y coordinadas por una dirección común, que funcionan como compartimentos estancos para evitar que la caída de un grupo afectara al resto. Cada grupo –se evitó siempre conscientemente la denominación de “célula” por la resonancia comunista del término desconocía la composición de los
demás.
Los grupos se formaron por diferentes criterios de orden práctico: la pertenencia a un mismo Ejército, caso de los grupos de Aviación y de Marina en Madrid o de la Infantería de Marina en Canarias; a una misma arma, caso de los artilleros e ingenieros de Barcelona o de los infantes de Toledo; la residencia en una misma Ciudad, caso de Madrid o de otras ciudades como Ceuta, Melilla, Gerona o Cartagena; la pertenencia a una misma categoría militar, caso del grupo de suboficiales del Ejército del Aire en Madrid; o la coincidencia en un destino determinado, caso de los grupos del Ejército de Tierra en la Escuela de Estado Mayor en Madrid y en el Acuartelamiento de San Clemente de Sansebas en Gerona, o del grupo de Aviación en la Base Aérea de Matacán en Salamanca. Todos estos detalles se pueden leer en el libro de Fidel Gómez Rosa: “Los militares olvidados de la democracia”.

Fidel Gómez Rosa

Sobre el autor del imprescindible libro “Los militares olvidados de la democracia”, Fidel Gómez Rosa, destacaremos que es doctor en Ciencias Políticas, militar del Ejército del Aire en activo y miembro de la Asociación Española de Historia Militar  (ASEHISMI). Sus líneas de investigación académica son el poder militar en la transición política española a la Democracia, las relaciones civiles-militares y el asociacionismo militar.
Desde octubre de 2013 forma parte del Comité de Dirección (Board) de la Organización Europea de Asociaciones Militares (EUROMIL). El autor dejó escrito sobre el papel jugado por la UMD: “Nunca reconocida adecuadamente por las instituciones democráticas, al proceso de la transición política en España. Nos da la oportunidad de la recuperación de la memoria democrática militar española”.
Libro obligatorio para entender el papel del ejército durante el franquismo, su instrumentalización por el régimen, y como se vivió la transición a la democracia desde los cuarteles.
El libro es el resultado de una tesis doctoral, que analiza el fenómeno de los militares demócratas en las Fuerzas Armadas del franquismo y su significada contribución. El libro de Fidel Gómez Rosa, supone una gran aportación académica a la historia de una organización militar, cuya importancia ha querido ser minimizada, pero que, a luz de los datos y conclusiones del autor, supuso una contribución muy relevante para la consecución de los derechos y libertades de todos los españoles.
En su corta vida la UMD no llegó a tener más de doscientos miembros, si bien era representativa de un sector de demócratas nada despreciable en el seno del ejército. Una de las aportaciones del libro es también la constatación de la errática política de defensa del Partido Socialista, que si bien puede decirse que consiguió desactivar al Ejército como factor desestabilizador lo cierto es que no tuvo preocupación alguna por democratizar y modernizar las Fuerzas Armadas, manteniendo en la jerarquía a los representantes de la continuidad franquista, al tiempo que militares con formación superior y convicciones
progresistas eran y son relegados.
El arresto el año pasado del presidente de la Asociación Unificada de Militares Españoles, Jorge Bravo, por criticar los recortes del gobierno en las Fuerzas Armadas y
la supresión de la paga de navidad, es un dato que pone en evidencia las resistencias que existen en la cúpula militar a la hora de asumir las pautas de una sociedad democrática.

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ODESSA CUMPLIÓ SU SUEÑO

Odessa Valls pudo cumplir su sueño, visitar la tumba de su padre en Ceuta, fueron décadas de silencio, sin saber exactamente donde podía estar, tras ser fusilado en el Hacho en 1944. Una nota oficial indicaba que había  muerto de una hemorragia nada más lejos de la cruda realidad. Posteriormente sepultado en la fosa común junto a sus compañeros José Congost y Antonio Reinare.

Los que estamos entre papeles, archivos, legajos llenos de polvo y alguna que otra incomprensión, cuando recibimos llamadas pidiéndonos información sobre algo publicado, damos por bueno todas esas horas.

Y, eso fue lo que pasó con Odessa Valls, que tras vivir toda su vida sin saber apenas nada del fallecimiento de su padre, pudo al fin tener en su mano (consejo de guerra) toda la verdad de su muerte.

Hace unos meses Odessa Valls falleció, pero pudo cumplir uno de sus sueños. En aquella visita vino acompañada de su hijo y su nieta, también visitaron la fortaleza del Hacho, lugar donde fusilaron a su padre, todavía recuerdo sus palabras: “Deseaba ver la tumba de mi padre con todas mis fuerzas. Por fin visité donde descansa. Era mi sueño, me puse a hablar con el frente a la lápida. Dije que si es verdad que existe el más allá me estaría viendo y que mi madre se murió sin saber nada de él, aunque hizo todo lo posible por encontrarlo”.

Nunca más lo volvió a ver su familia, sólo se comunicó con ella a través de cartas. Fueron tres las veces que Odessa viajó con su madre para intentar encontrar los restos de su padre. La primera, a los 6 años, no pudo pisar Ceuta, ya que dos guardias civiles se lo impidieron. Fue el mismo día que fusilaron a su padre.

Después volvió cuando tenía 10 años, y también a los 13: “Nunca, supimos nada de lo que pasó. Una vez que estuvimos en Ceuta fuimos al bar Correo, cuyos dueños eran de mi pueblo, de Alicante. Ellos le dijeron a mi madre que no se preocupara que en cuanto supieran dónde está le pondrían una marquita para que lo supiéramos, pero nunca volvimos a saber nada”.

El franquismo le pasó factura a Odessa, por ser hija de Ramón y de Ángela, ellos tenían muy claro su lucha por la República, y le costó más de un disgusto: “Mi padre estaba en la cárcel, y también cogieron a mi madre, y esos brutos la raparon al cero. A mí, que era un bebé y no me habían querido bautizar mis padres, lo hicieron ellos, encima me pusieron un traje de la falange, y me pusieron María, era una época terrible, sin trabajo, sin comida, mi madre estaba muy débil. Y encima me daba pecho, me metían a la cárcel específicamente para ello”,

      La familia de Odessa  todavía conserva en su casa de Las Palmas las cartas que su padre les enviaba desde las diferentes prisiones por las que pasó hasta su fusilamiento. Sabía que era un convencido militante comunista fusilado a los 33 años, pero no sabía que llegó a ser un cargo importante dentro del partido, ni que intentó organizar una resistencia antifascista desde su exilio en el Magreb.

En esas cartas, Ramon Valls, dejaba entender la realidad. Por ejemplo, en una carta escrita el 8 de mayo de 1943 desde la prisión del Hacho: “Por las cartas que vengo escribiendo a mi hermano, Bernardo, conocéis que desde hace tiempo estoy por los motivos que los conocéis por el mismo conflicto”.

Unas cartas que, en todo momento, quieren mostrar su fuerza. “No tenéis que vivir preocupadas, me encuentro muy bien… lo que más me preocupa es vuestra situación […] los innumerables sufrimientos pasados”, enumeraba en aquella misiva de mayo del  43, que termina de la siguiente manera: “Con la esperanza de recibir pronto vuestras noticias y con el deseo de que esta os encuentre en inmejorables salud envío, unido al inmenso cariño que os tengo, muy fuertes abrazos. Ramón”.

 ¿Quién pagó en 1949 el traslado desde la fosa?

 Tras el fusilamiento del padre de Odessa, Ramon Valls, junto a sus compañeros José Congost y Antonio Reinare, en agosto de 1944. Un camión militar transportó sus cuerpos al cementerio, siendo enterrados en la fosa común. Cinco años después, el 15 de noviembre de 1949, José Guerrero Garrido, este es el nombre que aparece en el archivo del cementerio de Santa Catalina de Ceuta, abonó el traslado de los restos, tal vez, ese nombre fue ficticio y quien estaba detrás era el partido comunista en el exilio. Como detalle significativo, en la lápida donde se tallaron sus nombres, se dibujó en grande y justo encima una gran estrella de cinco puntas, símbolo del partido comunista. Tras consultar el archivo del cementerio, los encargado me aseguran que esa lápida fue la que se ubicó en aquellos años cuarenta, ¿Cómo pudieron esquivar a la dictadura y lograr que no se dieran cuenta en pleno franquismo que esa estrella era un símbolo comunista?, esa pregunta, no sé si algún día, tendremos respuesta, actualmente se puede visitar en el cementerio de Ceuta.

 EN 1944, NO LA DEJARON BAJAR DEL BARCO

“Parece que intentas venir a verme. No lo hagas, sería una locura y no me verías”. Esta es una frase de la breve carta de tres párrafos que Ramón Valls envió a su esposa y a su hija Odessa, firmada el 13 de junio de 1944, dos meses y cinco días antes de ser fusilado.

El capitán del ferry llamó a mi madre, y le dijo que no sabía qué tenía con la justicia, pero que había dos guardias civiles esperándola, así que no pudimos bajar. Permanecimos todo el día en el barco, que regresaba por la noche a Algeciras”,

La historia del padre de Odessa y sus compañeros, comenzó el 28 de marzo de 1939 en el puerto de Alicante, ellos aguardaban un barco que les permitiese abandonar España, camino del exilio, tras la derrota del ejército republicano.

El “Stanbrook” es una referencia mítica del exilio español. Se trataba de un pequeño barco carbonero, de 1.383 toneladas, construido en 1909 y remozado en 1937. Por motivos de seguridad el barco viajó con distintas banderas en tareas de abastecimiento de la zona republicana. El barco fue fletado por la Federación Provincial Socialista de Alicante para organizar la evacuación final, encargándose Rodolfo Llopis de todas las gestiones para la organización y financiación del viaje. Cuando a las 23 horas del día 28 de marzo el capitán del “Stanbrook” ordena levantar las amarras, con rumbo desconocido para la mayoría de los pasajeros, el barco iba lleno hasta el palo mayor. En todos los lugares había alguien; en las bodegas, en el puente y sobre el techo de las cocinas y las máquinas; la línea de flotación estaba sumergida y se empezaba a levantar el ancla. Seguían llegando por miles los desesperados que no cesaban de gritar o llorar.

Con 2.638 pasajeros a bordo inició el “Stanbrook” una singladura con rumbo a Orán, navegando en zig-zag por encima de la línea de flotación. De ellos, 2.240 eran hombres y 398, mujeres; 147 eran niños, de los cuales 15 no habían cumplido el primer año de edad, y de entre éstos, algunos eran recién nacidos.

El barco arribó a Orán el 30 de marzo de 1939 y quedó anclado a la entrada del puerto sin poder atracar en los muelles hasta el 6 de abril, día en que amarró en el muelle Ravín Blanc. Allí empezó para muchos un largo exilio, más de 2.600 personas consiguieron escapar, hacinadas, en el mítico “Stanbrook”.

Ramon Valls como otro muchos de estos exiliados pudieron abandonar Argelia, tras muchas penurias, y establecerse en el Marruecos francés, concretamente en Casablanca, donde organizan una resistencia a Franco, con la creación de la denominada Unión Nacional Antifascista (U.N.A.).

Estudian la posibilidad de restituir en Tánger, como cabeza de lanzadera para después pasar a Ceuta. La resistencia en Tánger entra en contacto con estos exiliados en Casablanca y le piden que necesitan a un delegado para su apoyo, ya que están muy vigilados.

El 10 de agosto de 1941 se desplaza a Tánger José Congost Plá. Este realizó el viaje en ferrocarril, escondido en un cajón y protegido por el jefe de estación, Leopoldo Serdán.

Una vez en la ciudad internacional, se reúne con la resistencia que trabaja en la ciudad y estudian la posibilidad de que Tánger sirva de plataforma para otras ciudades. Comienzan a recibir desde Casablanca el boletín Reconquista de España, que lo adaptarían con el nombre de Liberación de España, escrito a máquina, y lo reparten por la ciudad.

Como el trabajo de captación va en aumento, el recién llegado José Congost requiere nuevamente de Casablanca el envío de otro delegado más y a los pocos meses llegó por el mismo conducto Antonio Réinales Metola, este tiene en sus planes inmediatos el trabajo de reorganizar las Juventudes Socialistas Unificadas. Al cabo de algunos meses formó un comité, integrado por Amalia Guerrero Lemos, secretaría general; Sebastián Mesa Mefre, secretario de propaganda; León Azulay Cohen, secretario de organización, y los vocales Jacob Cuby y Rubén Bengio. En septiembre de 1941 se envían dos nuevos dirigentes desde Casablanca, Adelo Aguado Hidalgo y el padre de Odessa, Ramón Valls Figuerola; éstos asumen mayores y más amplias atribuciones y, sobre todo, el propósito de abrirse camino hacia Ceuta y el Protectorado. Congost Plá, jefe del comité en Tánger, viaja por varias ciudades del Protectorado y consigue los apoyos de Antonio Gómez Rocober y Ramón Peña en Larache; meses más tarde se desplazó a Tetuán y Ceuta.

EN 1942 RESISTENCIA ANTIFASCISTA EN CEUTA

El padre de Odessa, Ramon Valls, junto a sus compañeros Antonio Reinares y José Congost  intentan crear en Ceuta una resistencia a la dictadura, se desplazan desde Tánger en 1942, y se entrevistaron con Demetrio Valentín, quien sirve de enlace para hablar con Pedro Rodríguez, dirigente socialista quien hacía pocos meses quedó en libertad tras cumplir condena en la fortaleza del monte Hacho. Celebraron varias reuniones, asistiendo también el secretario del PSOE en Ceuta, Juan Traverso, y los cenetistas Agustín Álvarez y López Infante.

Debido a los nuevos proyectos de la resistencia a la dictadura y con el fin de recibir noticias del Comité Central deciden que el dirigente recién llegado desde Casablanca, Adelo Aguado, viaje a Madrid para mantener algunas reuniones y obtener más información. Celebró varias reuniones en la capital, pero mientras se encontraba reunido con miembros del comité peninsular fue detenido y llevado a la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol. Tras duros interrogatorios se le acusó de “atentar contra la seguridad del Estado y fomentar la organización de partidos políticos”.

Tras un consejo de guerra sumarísimo, fue ejecutado a garrote vil el 28 de mayo de 1942 en Madrid. La detención de Adelo Aguado origina que las autoridades franquistas comiencen a encarcelar a los demás miembros de las células en Ceuta, en la ciudad internacional de Tánger y las del Protectorado, Tetuán y Larache.

Según consta en el consejo de guerra son noventa y uno los detenidos. Todos son enviados a Ceuta, los hombres a la fortaleza del Hacho y las mujeres a la prisión del Sarchal. Se celebró el consejo en el cuartel de Sanidad, habilitándose una gran sala especial, comenzando el 9 de marzo de 1944. Después de siete días de vistas y declaraciones se aprobaron las múltiples condenas, destacando las penas de muerte a los alicantinos, José Congost Plá, Antonio Reinares Metola y al padre de Odessa, Ramón Valls, acusándoles de un delito contra la seguridad del Estado. El 18 de agosto de 1944, a la siete de la mañana, fueron ejecutados en los muros de la fortaleza del monte Hacho.

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