¿Damos por perdido el cañonazo de las 12?

La Comandancia militar de Ceuta, comunicó en julio de este año que el tradicional cañonazo de las 12 quedaba suspendido hasta que se restablezca el suministro de salvas. Han pasado muchos meses y nada se sabe de su reanudación, y nada hemos leído sobre cómo se estaban llevando a cabo las gestiones.

Ceuta no puede perder ese signo de identificación de nuestra historia, esperemos que esta suspensión, que el estamento militar designa como “temporal”, no sea definitiva. El Ayuntamiento, a través de la consejería de Cultura, así como la Comisión de Patrimonio deberían tomar cartas en el asunto y poner todo su interés para que nuevamente y más pronto que tarde, escuchemos ese tradicional cañonazo.

La historia de este cañonazo se pierde en el tiempo, en el libro “Catorce meses en Ceuta” publicado en 1873, por Juan José Relosillas, dse describe: “En Ceuta, todas las horas solemnes las saluda el cañón con su voz de titán enriquecido. Cañonazo cuando al alba deja ver el horizonte los primeros rizos de su encendida cabellera. Cañonazo cuando el Sol, en la plenitud de su vida de un día, pasa por el meridiano. Y cañonazo, cuando encienden los celajes y muere Apolo en brazos de sus eternas queridas las flotantes nubes”.

Pero para estudiar la historia de este tradicional cañonazo, es imprescindible consultar el magnífico libro “Historia del cañonazo de las 12:00 en Ceuta” del historiador ceutí Juan José Contreras Garrido: “Hablar de salvas en nuestra ciudad es sinónimo de tradición y de historia. Ceuta ha sido de las pocas plazas fuertes en las que se han podido rendir honores, efectuar saludos y marcar el horario con el cañón. En algunas ocasiones efectuando los salvas de ordenanza, en otras alertando a la población, en otras marcando las actividades de la ciudad y en otras contestando al saludo de los buques extranjeros”.

Juan José Contreras en su documentado libro reseña: “ Los buques de Armadas extranjeras al llegar a puerto debían saludar a la plaza con una salva de cañones, siempre que existiese en cada caso, acuerdo especifico para el saludo mutuo que se contestaba con las baterías emplazadas en la ciudadela de El Hacho. Las Salvas de Honor, realizadas en días como del Corpus, de la concepción  y Santiago, onomástica y cumpleaños del Rey, Reina y Príncipe de Asturias y Sábado Santo. También se realizaban a la entrada y salida de una plaza de las personas reales y de las autoridades civiles y militares con derecho a ello según la ordenanza del momento”

También es muy significativo los detalles que aporta Contreras sobre el cañonazo de Alerta: “… En el estado de Artillería de la plaza de 13 de marzo de 1738 y en la relación remitida a mediados de febrero de 1740 por el Comandante y comisario provincial de Artillería Andrés de Clairac al Ministro de la Guerra, duque de Montemar, relacionaba en el hacho un cañón de a nueve que servía para avisar a la batería de Torremocha… “Esta batería a barbeta, que tenia once cañones del calibre dieciocho y defendía los barcos de la plaza del corso en el mar de Poniente o de Gibraltar, una vez recibido el aviso del cañón del Monte Hacho prevenía mediante señales a los navíos que proveían usualmente a la plaza”.

COMO RECLAMO TURÍSTICO

Incluso se podía vender por parte del Ayuntamiento con un convenio con la Comandancia militar, y a través de la Consejería de Turismo, como oferta turística, esos barcos que llegan cargados de turista, llevarlos a la fortaleza del monte Hacho, que puedan presenciar el disparo y mostrarle la historia de esa monumental edificación. Recordándoles como en Ceuta se disparaban diariamente tres salvas de cañón, al amanecer, al mediodía y al cerrar las puertas de la ciudad, como señala Contreras “… Dichas salvas han sufrido variación tanto en número como en horario, adaptándolas en una primera fase a la necesidad de marcar el horario de la ciudad, posteriormente el del presidio y por último el rezo y comida… Estos disparos  los realizaban periódicamente los artilleros de la plaza que tenían la obligación del mantenimiento y limpieza de los cañones. Efectuando una sala se conseguía este cometido fácilmente, motivo por el cual se hacía coincidir, con el regreso de cabalgadas y salidas al campo exterior, teniendo una doble intencionalidad, la de limpiar interiormente el cañón y la de avisar y celebrar el regreso de las tropas. Estas salvas la hacían todos los cañones, mientras que los disparos de aviso para la apertura y cierre de puertas, la efectuaban solo los emplazados en la salida del campo exterior”.

LOS SUMINISTROS DE SALVAS EN CEUTA

No soy un especialista en temas militares y mi desconocimiento es grande, pero lo que si tengo claro es que el tradicional cañonazo de las 12 no se debe perder y cada uno debemos alzar la voz para que esto no ocurra. Hace unos años se publicó un documentado libro escrito por el historiador ceutí Juan José Contreras Garrido, para saber más sobre este tema y la posibilidad de que las salvas se puedan construir en Ceuta, le he preguntado sobre esa posibilidad.

A lo que me contestó que efectivamente se puede realizar y es cuestión de poner los medios para realizarlo, y con esto salvaríamos está arraiga tradición ceutí. Juan José Contreras elaboró hace algún tiempo un informe muy interesante que transcribo: Este material era adecuado para preparar nuevamente las vainas para el disparo, recargándolas tanto para uso con munición de guerra, como para su reutilización como salva. Noventa años después, la antigüedad de las máquinas, que en esa fecha estaban ubicadas en los talleres del Grupo de Municionamiento, destacamento de Valdeaguas, provocó frecuentes fallos en la ejecución de las salvas.

Existen fichas y manuales en la actual Sección de Municionamiento de la ULOG 23 que nos describen las operaciones de limpieza previa de las vainas, el manual de funcionamiento, se hacía para salvas de cañones de campaña  “Naval Reinosa” de 105/26 que utilizaba la misma munición que el cañón italiano Oto Melara de 105/14. La munición se denomina de 105/14/26 que quiere decir que es de calibre 105 mm (diámetro interior del tubo) y las longitudes de ambos tubos son respectivamente 105×14 y 105×26. Las máquinas de reconar y embutir se podían emplear para varios calibres. Solo era necesario cambiar la matriz. Y recordar que en Ceuta permanecen las dos máquinas de embutir, una horizontal y otra vertical en perfecto estado y solo  falta conseguir la de reconar para volver a fabricarlas aquí en la ciudad.

Previamente, la vaina se receptaba y era inspeccionada, sobre todo se contaba el número de estarcidos que tenía grabados en el culote. El estarcido era una marca que se hacía con un punzón de acero, y normalmente no debía superar las tres marcas. Debía ser lavada y limpiada de toda impureza, para ello se introducía en un baño de agua yacido sulfúrico (S04H2) al10%, dejándose sumergidas durante dos horas. Se volvían a lavar con agua, repasadas con estropajo vegetal, e introducidas en una cubeta con serrín para secarlas antes de su pase al taller de reconado en fría.

La vaina del cañón de montaña de 75 mm, era diferente a la del cañón de campaña, no tenía ni gola ni gollete, por lo tanto, era totalmente cilíndrica, lo que permitía la operación de recalibrado, y posterior preparación para su utilización como disparo de salva. La máquina de reconado de vainas en fría, estaba compuesta por una campana con dos ventanas opuestas en su pared y fijada al suelo mediante cuatro pernos; una matriz vertical de calibre interior igual al diámetro exterior de la vaina y donde se introducía esta; un tornillo con empuje vertical descendente en cuyo extremo superior se unía solidariamente a un travesaño horizontal con dos contrapesos en sus extremos, ambos, travesaño y tornillo, formaban un conjunto en forma de “T”.

La barra horizontal tenía dos contrapesos en sus extremos de 120 Kg cada uno, separados entre sí 170 cm. Con la ayuda del travesaño y los dos contrapesos en sus extremos, se actuaba sobre el culote de la vaina en corto espacio de tiempo con una presión de 140 atmosferas.

La matriz era vertical de unos 50 cm de altura, con dos tetones en su centro cuyos extremos estaban introducidos en la pared interior de la campana, y que facultaba a la matriz el giro de 360° en el plano vertical.

La introducción por presión sobre la vaina en la matriz se conseguía al bajar el tornillo vertical, que después de pasar girando la parte superior de la campana a través de una corona giratoria, empujaba por el culote la vaina hasta que esta quedaba introducida en el interior de la matriz.

Para extraer la vaina, se subía de nuevo el tornillo y por las ventanas de la campana se giraba la matriz 180°, de tal forma que el vaso de la vaina quedaba mirando la parte superior y enfrentada al émbolo. Se introducía en el vaso un cilindro de madera, de mayor longitud y menor diámetro que la vaina y reforzado en sus extremos por latón. Al bajar el émbolo de nuevo, presionaba el cilindro de madera y este a su vez a la vaina, haciéndola salir de la matriz, cayendo en la parte inferior de la campana que tenía una protección de goma que evitaba abolladuras. Por último, la vaina se sacaba de la campana a través de cualquiera de las dos ventanas abiertas en sus paredes.

Esta operación necesitaba la acción sincronizada de cuatro hombres y con ella, quedaba preparada para ser utilizada de nuevo. Para embutir el opérculo (taco) en la vaina, se utilizaba una segunda máquina de vector horizontal de unos 260 cm de largo y 150 de alto. Esta máquina mediante unos mecanismos de coronas y engranajes, que multiplicaba la fuerza ejercida por dos hombres que trabajaban enfrentados en cada costado de ella, girando dos manivelas de una rueda dentada, de tal forma que el giro se transformaba en un movimiento longitudinal de un émbolo en el plano horizontal, que presionaba el taco en el interior de la vaina apoyada sobre una pared vertical que salía de uno de sus extremos.

LIBRO PARA LA HISTORIA DE CEUTA

No debería faltar en ninguna casa el libro “Historia del Cañonazo de las 12:00 en Ceuta” del historiador Juan José Contreras Garrido. Aunque nació en Sevilla, su vinculación con la ciudad es muy fuerte, desde que arribó a esta ciudad en 1997, todos lo consideramos como un ceutí más, comprometido con sus  vecinos. Sobre este libro indica “…Decidí que debía hacer llegar a los ciudadanos ceutíes la información necesaria para que todos pudiesen conocer la historia del cañonazo, el resultado quedó plasmado en este trabajo, que no tiene otra pretensión que la de dar a conocer esta interesante parte de la historia de las tradiciones de Ceuta a todos los ciudadanos, rompiendo así bulos y leyendas urbanas sobre un acto que por sí solo resulta extraordinario”.  Es teniente coronel del arma de Artillería. Fue jefe del desaparecido Grupo de Artillería de Costa de Ceuta. Incansable investigador de su especialidad, ha contribuido a la recuperación documental, bibliográfica y patrimonial de los acuartelamientos y unidades en que ha estado destinado. Dedicado también a la investigación cartográfica ha formado parte del Proyecto Arquitectura Neomedieval en Ceuta, del Instituto  de Cultura Mediterránea de Melilla y el Ministerio de Defensa 2007.

 

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