¿Ceutíes en el circo represaliado?

      En plena Segunda República, en abril de 1933,  recaló en Ceuta el prestigioso circo italiano Anastasini, con anterioridad estuvieron en Melilla, el Protectorado Francés y posteriormente el Español. Según cuentan, contrataron algunos ceutíes como ayudantes de pistas e incluso alguno pudo actuar con algún número. Tras cruzar el Estrecho actuaron en varias ciudades de la península sorprendiéndoles el golpe militar de 1936 en la localidad navarra de Lodosa, y hay testimonios que indican que una gran parte de sus integrantes fueron fusilados y sus animales y materiales quedaron abandonados.

La historia del “circo de Lodosa” está siendo rescatada por la Asociación Maravillas Lamberto de Larraga, en concreto por Jesús Nieto, Javier Ayape y María José Sagasti, que llevan investigando desde hace ya un año. La historia se conocía, pero como no se tenía noticia de ningún familiar que pudiera reclamar a los suyos, la historia quedó casi olvidada hasta hoy, en que una investigación, muy compleja, les ha llevado de Italia a Madrid, de París a Florida y de Lodosa a Soria, La Rioja, Alicante y ahora a Ceuta.

Comenzaron a tirar del hilo con los testimonios estremecedores de dos ancianos de Larraga, el primero vio la ejecución cuando tenía 8 y el segundo encontró los restos unos 12 años después en el término de San Gil… “Yo estaba fascalando con mi padre en el término de San Gil y vi que el camión aquel que venía, un camionico de 3 o 4 mil kilos, se subió p’arriba, se ocultó en un montico mirando cara al norte y empezaron a disparar, se oyeron disparos y gritos y sollozos, cara al otro lado de la carretera, y allí los descargaron y los mataron. (Oí) los tiros y los gritos, cuando uno ve que lo van a matar, pues… pues ya sabes que gritos tan difíciles. A raíz de eso, pues nos vinimos pa casa. En la cuesta subían cuatro de Larraga, Les llamarían, entonces se comunicaban todos, pa enterrarlos, bajaban con picos y palas. Se asustó mi padre más que yo, pues mi padre era de izquierdas, pero no lo cogían porque tenía familia de derechas. Era tiempo de fascalar, entre el 19 y el 24 de julio de 1936, antes de Santiago”

Tienen otro testimonio de Eliseo Larrañegui lo tienen fechado hacia 1948… “Era yo mocico, venía buscando nidos en el término de San Gil, y de repente, en un yeco recién arado el día antes posiblemente, había pues, todo lleno de esqueletos, de cráneos y demás, y… mucho pelo, y me asusté. Lo vi, y luego a la noche cuando fui a casa le dije a mi padre lo que había visto. Y dijo mi padre: “pues esos tienen que ser los del Circo de Lodosa, que dicen que mataron a bastante gente. ¡Había chavale! había cráneos grandes y cráneos pequeños. Un circo, pues sería de fuera seguramente”.

      El padre de Eliseo, que ya había oído hablar del circo, había estado 8 meses preso en el fuerte de San Cristóbal, eran una familia humilde y temía represalias. También se comentaba que el día de la matanza pasaba cerca del lugar, en un camino que iba a Lerín, una vecina cuyo marido fue asesinado días después en Ibero.

A partir de estos testimonios, empezaron a investigar en Lodosa. El primer día descubrieron en el registro civil del Ayuntamiento una partida de nacimiento del 24 de agosto de 1936 de Jaime Eduardo Gutiérrez Puig, hijo de Guillermo Gutiérrez Armela y Blanca Puig, los dos artistas del circo, vecinos de San Sebastián de los Reyes, en Madrid. Firmaban como testigos Francisco Carpi y Mariano Sánchez, también artistas.

LA MEMORIA DE LOS MAYORES

Es indescriptible la emoción, según nos cuentan, este grupo de investigadores, que les causó al comprobar que la historia era cierta. Más aún cuando empezaron a recabar testimonios de personas mayores de 88 años en Lodosa (Navarra) y todos recordaban a un elefante mago, caballos de raza, payasos… de un circo grande cuya carpa ocupaba toda la plazoleta, y que no era de Lodosa. Un circo que “voló” al día siguiente de la sublevación militar dejando abandonados los animales y todo el material: lonas, tablones, sillas de tijera, hierros… La memoria de nuestros mayores es el tesoro más valioso, la joya más pura. Y entre todos los recuerdos que iban encajando como un puzle, encontraron a José Díaz, de memoria fotográfica, que les dijo que el recuerdo de aquel circo había marcado su vida. Porque celebró su primera y única función el 18 de julio, y al día siguiente todos desaparecieron, también recordaba a la niña amazona que cabalga de pie sobre un caballo, dirigido por su padre el dueño del circo…  “y me acuerdo hasta el nombre del circo que había en la puerta, circo Anastasini” se quedaron impresionados, mirándose entre ellos sin decir nada. La niña amazona, Juanita, seguía cabalgando viva en su memoria 80 años después.

EN 1933, EL HIJO DEL DUEÑO DEL CIRCO NACE EN CEUTA

La primera pista sobre el probable origen, de Ceuta y Protectorado Español, de estas personas, luego corroboradas por testimonios de lodosanos, que fueron ejecutadas y enterradas en las fosas, se la dieron los hermanos Anastasini, Renato que había nacido en Ceuta y tenía tres años en 1936, y Orlanda. Su padre Aristide, dueño del circo, hacía la ruta de invierno en el norte de África, donde se ganaba buen dinero y el público era entusiasta, y pasaba en primavera a la península recorriéndola de sur a norte adonde llegaban en verano, y contrataba a personas de esta zona para el mantenimiento del circo y cuidado de los animales. A partir de ahí, el grupo de investigadores, comenzaron un intenso trabajo a tres bandas, para consultar hemerotecas, archivos, viajes para recabar nuevos testimonios, buscar aquí y allá el rastro ambulante del circo, como una aguja en un pajar.

El circo era grande, estaba compuesto por 50 personas entre artistas y trabajadores, según las noticias de la época.  Localizaron a la familia Anastasini, que ya va por la novena generación de grandes artistas de origen italiano, a los descendientes de los Carpí, payasos de fama internacional que tienen una calle en Puente de Vallecas, a los Gutiérrez Armela, Guillermo era hermano del payaso Eduardini que estaba en el Protectorado cuando empezó la sublevación y avisó a su hermano que cambiaran de ruta.

Guillermo años más tarde fundaría el circo Estambul, destrozado por un incendio en 1956. Son historias que se ramifican dentro de la historia del circo que están escribiendo. Todos ellos sobrevivieron, y por tanto siguen sin saber quiénes estaban en la fosa de San Gil. Para complicar la investigación, en un pueblo mugante a Lodosa, Mendavia, varias personas dieron testimonio de que en el término de “La Caballera” habían exhumado a finales de los 70 una fosa con 27 cadáveres, todos con el tiro en la nuca, y que se decía que eran los del circo de Lodosa. Por lo tanto, entre las dos fosas podían sumar unas 40 personas.

En sus investigaciones han constatado que los artistas principales sobrevivieron, pero no tienen noticias del paradero de estos trabajadores ni de la orquesta del circo, que la prensa indica que era muy aceptable. En 1932 y 1933 aparecen varias noticias sobre el circo Anastasini en periódicos locales del Protectorado, como la Gaceta de Africa o el melillense Telegrama del Rif. En este sentido, una pista interesante recogida en prensa de 1934 indica que el 11 de noviembre de 1933 la Federación Española de Boxeo suspendió por dos años al circo Anastasini para celebrar veladas de boxeo – veladas acostumbradas en los circos importantes en aquella época como el Price de Madrid-, por no tener la licencia oportuna, y también por la misma causa suspendió al boxeador negro de origen marroquí llamado Salem. ¿Fue  famoso Salem en el Protectorado en los años 30?

Las diversas pistas les llevan hasta Ceuta, y aunque saben la enorme dificultad que supone encontrar un solo nombre después de 80 años, solicitan cualquier noticia para poner aunque sea un solo nombre a estas personas que no debemos olvidar. Si alguien desea contactar directamente con este grupo de investigadores navarros su email: josesagasti@hotmail.com

¿Algún dato sobre este circo?

Estos historiadores navarros intentan conseguir algún dato más sobre este circo y lo que pasó con sus trabajadores. Hacen un llamamiento público para ver la posibilidad, aunque remota, de que alguien de Ceuta pueda tener algún dato. En el caso de que alguien recordara algo y se pusiera en contacto nos comentan que no tendrían inconveniente en viajar a Ceuta. Para este grupo de investigadores es muy importante poner nombres a los desaparecidos del circo.

Van recabando más testimonios de personas mayores, y parece cada vez más evidente que las personas que fueron asesinadas y enterradas en fosas comunes  eran originarias de Ceuta, Melilla y el Protectorado Español en Marruecos. El problema con la identificación de estas personas desaparecidas y  no reclamadas por ningún familiar,  tropiezan con el grave inconveniente de que no tienen nombres. Sólo saben por testimonios que había mujeres y niños en las dos fosas de dos pueblos de Navarra,  que eran de tez morena, y que trabajaban para el circo.

Por los descendientes de este circo italiano también saben que para la gira de 1936 contrataron a mucha gente de la zona de Ceuta y que estuvieron afincados un tiempo en Ceuta, donde nació uno de sus hijos, Renato, en 1933. La familia marchó a Portugal y finalmente a EEUU. Tenemos incluso un cartel de circo de 1931 en francés, referente a giras que hacían por el Marruecos francés.

La familia Anastasini es una antigua dinastía italiana de artistas circenses ambulantes cuyos orígenes son difíciles de rastrear. La línea de circo comenzó en el siglo XIX, cuando Sidonia y Antonia, las hijas del dueño del circo italiano, casadas con los hermanos Luigi y Girolamo Biasini- de otra familia de artistas italianos- crearon el Circo Anastasini en 1877.

No es fácil de rastrear el linaje de la Anastasini en el siglo XX, tras su desaparición a finales del siglo XIX: Al igual que todas las familias italianas de circo, se unen con otras dinastías circenses. Otro Circo Anastasini fue creado en 1910 por Luigi Biasini, y se mantuvo activo hasta el final de la Segunda Guerra Mundial.

Los Anastasinis adquirieron una buena reputación como artistas en Italia y Europa, independientemente del circo que llevaba su nombre.  Entre ellos, Renato Anastasini era un malabarista diábolo cuyos hijos Luciano y Giovanni crearon una renombrada actuación en el Risley.  En la década de los años 60 del siglo pasado, Renato también actuó con su esposa, Betty, y su hijo Luciano en un conocido acto de payaso musical.

Renato y su familia fueron a los Estados Unidos en 1980 para trabajar en el Circo Vargas , entonces el mayor circo ambulante del país bajo lona.  Los Anastasinis finalmente se establecieron en los Estados Unidos, y continuaron actuando en varios circos en ese país. Luciano estableció un famoso número con perros amaestrados rescatados de la calle, con el que se presentó sobre todo en el Ringling Bros, Barnum y Bailey y el Big Apple Circus. Giovanni, hijo de Renato, creó un espectacular rotating- cuna, con su esposa, Irene España, que también fue incluida en el Big Apple Circus (2014-2015) -entre muchos otros lugares en los Estados Unidos. Giovanni continuó la tradición de su padre, manteniendo el número del diábolo de la familia. Giuliano y Fabio que, a su vez, han creado su propio actuación son la novena generación Anastasini y este año han trabajado en el Cirque d’ Hiver de París.

 

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MEMORIA NO OLVIDADA

Desde que se realizó en el 2006 el arreglo de la fosa común en el cementerio de Santa Catalina de Ceuta y se inscribieron los nombres de los que  allí reposan, tras ser fusilados. Se tomó por parte del Alcalde Juan Vivas la acertada decisión de que cada año en el Día de los Difuntos depositar una corona de flores en honor de estos ceutíes que dieron sus vidas por una causa tan noble como la libertad y la democracia, durante la Segunda República.

Es de agradecer, y yo soy el primero en criticar los incumplimientos de la ley de Memoria Histórica en nuestra ciudad, pero este gesto por parte de la Ciudad, logra normalizar una situación que duró más de 50 años de abandono y desidia.

Creo, tal vez me equivoque, que Ceuta es el único lugar de España donde se rinde este homenaje por parte de los poderes políticos, Alcalde y delegado del Gobierno y militar con la presencia del Comandante General.

Recordemos que en esa fosa común, se tienen contabilizadas a 169 personas  asesinadas por oponerse al golpe militar del 36, el total de la represión alcanzó a 268, el resto están enterrados en sus respectivos nichos. Las ejecuciones estuvieron presentes en Ceuta hasta agosto de 1944.

Comenzando las dos primeras víctimas acaecieron  en la madrugada del 21 de julio de 1936 y corresponden a José Gallardo, dueño de una casa de comidas llamada “Las Cuatro Columnas,situada en la calle Jáudenes, y el zapatero Alfonso Guerrero. Sus detenciones se producen cuando se encontraban sentados en la puerta de su establecimiento y se presentó una patrulla de la Legión, registrando todo el interior, encontrando tan sólo un recorte de un periódico y el dibujo de un monte.

Les preguntaron si habían realizado señales luminosas a los barcos la noche anterior (recordemos que bombardeó la ciudad un destructor republicano), contestándoles que solo tenían luz de mariposa, pero, pese a no tener ningún cargo contra ellos, son detenidos. Tras tomarles declaración en las dependencias de la Comandancia General, y  aunque se recibe un informe de la policía donde se indica que no tienen antecedentes políticos, son trasladados a la fortaleza del monte Hacho.

Custodiados por los mismos que los detuvieron,  partiendo hacia el centro penitenciario, no llegando a su destino, ya que fallecen por disparos de la patrulla, comienza la trágica Ley de Fuga. En el parte oficial se puede leer: “En el momento que eran conducidos hacia la prisión y a unos quinientos metros de la entrada  intentaron evadirse, por lo que la patrulla se vio obligada a cumplimentar las órdenes recibidas, teniendo que hacer fuego.

Con estas dos primeras víctimas se comienza la represión en Ceuta. En todas se siguen una siniestra rutina, ya que, tras llevarse a efecto la ejecución, sus cuerpos son amontonados en el suelo del depósito de cadáveres de Santa Catalina. Por la mañana, el responsable del cementerio comprueba que varios cadáveres están en el citado aposento y a continuación se lo comunica al Juzgado militar, quien, a su vez, envía a un médico para que levante acta con el  número de cadáveres, la causa del fallecimiento y averiguar sus nombres para su  inscripción en el registro civil.

Cada ejecución conllevaba una certificación del acta de defunción, registrándose sus nombres en los libros del cementerio y en el registro civil con carácter individual. Una vez que se levantaba el acta de defunción, si los familiares no habían llegado, los cuerpos eran enterrados en la fosa común.  En muchas ocasiones, al ser Ceuta una ciudad pequeña en la que todo el mundo más o menos se conocía, los trabajadores del cementerio avisaban a los familiares.

LEY DE FUGA

El mes de julio de 1936, con la Ley de Fuga, fue el que se cobró un número mayor de víctimas.  Comenzando con los militantes del PSOE  Eduardo Morales Gallardo, de dieciséis años, que, pese a su juventud, era delegado de la UGT en su barriada, y José Hernández López,  de treinta. Durante las últimas elecciones de febrero de 1936 se destacaron por su lucha a favor del Frente Popular, preparando los mítines del candidato socialista  Manuel Martínez Pedroso. Fueron detenidos el 30 de julio cuando se encontraban en la plaza central de su barriada. Sobre las 19,00 horas se presentó un coche con cuatro falangistas pistolas al cinto, bajaron y se dirigieron hacia ellos.  Cuando los van a detener logran huir, comenzando a dispararles, pero sin alcanzarlos. Establecieron un servicio de vigilancia y sobre las  20,30 horas, cuando volvían confiados a sus casas, fueron detenidos. Como les ocurrieron a las cuatro anteriores víctimas éstos también fallecen en extrañas circunstancias, ya que el camión donde son transportados a la prisión de García Aldave, se detiene a la altura de Viña Acevedo, los bajan y  se dirigen andando hacia la prisión. En el escrito donde se intenta justificar la causa de la muerte se puede leer: Intentaron escapar  aprovechando la oscuridad de la noche e iniciaron la huida hacia un barranco existente en el margen izquierdo de dicha carretera, les tuvimos que disparar,  falleciendo los dos, con sendos disparos en la cabeza”.

169 VÍCTIMAS EN LA FOSA COMÚN

En  Ceuta, al contrario que en otras poblaciones peninsulares, no existieron enterramientos de fusilados en descampados. La fosa común que se utilizó era la localizada dentro del cementerio de Santa Catalina. Entre 1936 a 1944 la represión alcanzó a 268 víctimas  entre republicanos, socialistas, comunistas, cenetistas y militares, siendo 169 los  sepultados en la fosa.

En ella eran enterrados tanto los fusilados por un piquete tras un consejo de guerra como los ejecutados en las sacas, aunque en mayor cantidad se nutrió de ceutíes sacados de sus celdas durante las madrugadas.

Como dato notable que tampoco se dieron en otras ciudades, en Ceuta y en el Protectorado se registraban todos los nombres.  ¿En las sacas tal vez sus ejecutores dejaban la lista con los nombres de las víctimas, en el depósito de cadáveres?.  Tras el paso de los primeros  años de represión sus familiares construyeron unas pequeñas lápidas con sus nombres y algunos fueron sacando los restos de sus seres queridos y enterrándolos en un nicho gracias a que el conserje del cementerio, al registrarlos, indicaba claramente su posición: “Fosa tierra del 3º patio, 4ª tanda, frente al nicho nº 181, centro adulto, distancia 3,50  metros y a continuación los demás.

Entre los militares de alta graduación y prestigio está el capitán e interventor de la zona de Arcila, Cristobal de Lora Castañeda, tendríamos que destacar su alto compromiso con la democracia y la libertad. En la fosa común de Ceuta se reprodujo unas palabras de su hijo Diego en homenaje a todos los que sufrieron la represión y están allí enterrados.

El mes de agosto de 1936 fue el más trágico de todos los años de represión, con  73 víctimas, de las cuales 69 fueron enterradas en la fosa, más del  91% fueron ejecutados sin juicio. En 1937 fueron 96,  siendo 54 sepultados en la fosa, en   1938 se alcanzó los 42, de los cuales 25 se enterraron en la fosa,  y  en 1944  la cifra desciende hasta tres.

Las sacas comenzaron el 15 de agosto de 1936 con ejecuciones masivas sin juicio y que no terminarían hasta enero de 1937. Estas sacas estaban realizadas por patrullas de falangistas de Ceuta y tal vez el detonante del inicio de esta atroz represión fue la publicación de  la orden general de la Comandancia Militar de Ceuta creando la Guardia Cívica.

En el diario falangista Día se indica: “…Podrán pertenecer a ella cuantos ciudadanos de orden quieran  inscribirse y con esto, comenzar a  deducir de una manera clara y terminante quienes están con nosotros, con los verdaderos españoles, y quienes en contra… No hay más que dos caminos, o con nosotros, o contra nosotros”.

En uno de sus artículos se expone el significado de este nuevo estamento: “A fin de cooperar con el Ejército y demás elementos armados al servicio y a la creación de la nueva España, se organizara en esta Ciudad una agrupación de todos aquellos hombres de honor que sienten la necesidad de contribuir activamente con su prestación personal al movimiento salvador de la patria.  Esta agrupación que se denominará “Guardia Cívica, Nacional de Ceuta” estará constituida por todos los españoles de cualquier clase social, comprendidos de los 30 a  los 50 años y que estén en condiciones de tomar las armas”.

      Hubo un gran número de militares, intentaron oponerse al golpe y en ocasiones ansiaban  boicotearlo con la difusión de octavillas entre sus compañeros, como fue lo realizado por  un grupo de cabos y  soldados de Automovilismo de Ceuta, quienes se reunieron durante varias noches en las cocheras del destacamento y  redactaron unas hojas contra sus jefes   sublevados, distribuyéndolas en diversos cuarteles de la ciudad.

A primeros de agosto de 1936 fueron sorprendidos y detenidos todos los que estaban implicados,  en total eran veintitrés.  Transcurrido casi un mes desde sus detenciones, el 19 de agosto de 1936, son conducidos en varias camionetas al Parque de Artillería, también llamado  de las  Bóvedas,  en la plaza de África, donde se llevó a cabo el consejo de guerra.

El proceso se desarrolló con las declaraciones de los inculpados,  quienes declararon que no estaban conformes con la sublevación y que ellos habían jurado fidelidad a una bandera y a una Constitución. A las pocas horas,  el tribunal  falla  que condena a la pena de muerte a los cabos Julián del Barrio San José y Secundino Valdés de la Puente y a los soldados Bautista Pascual, José Cortés Persiva y el joven ceutí Manuel Sevilla García, vecino de la barriada del Sardinero. En la mañana del 24 de agosto de 1936  fueron trasladados a los llanos del Tarajal, donde se llevaron  a cabo las ejecuciones.

Desde que se descubrió el complot para atentar contra la vida de Franco en Ceuta, los soldados y cabos de este destacamento son víctimas de un celo especial por parte de sus jefes. El soldado Bernabé Sánchez Jiménez, al mostrarse ante sus superiores  públicamente contrario a las ideas de los sublevados, fue fusilado el 26 de septiembre de 1936.

A los cuatro días vuelve a ser  los llanos del Tarajal testigo de un nuevo fusilamiento en la persona del sargento de Artillería Miguel Hernández Morales y el 29 de octubre los soldados Marcelino López Escribano, también de Artillería, y Paciano Villar Pascuas. Y los dos últimos militares ejecutados en Ceuta durante 1936 fueron los soldados Lidio Beamonte y el ceutí Antonio Bernabé Calvo; éste era maestro nacional destinado en Málaga y el 17 de julio se encontraba en la ciudad de vacaciones.

DELEGADO DEL GOBIERNO SEPULTADO EN LA FOSA COMÚN   

Entre las 169 víctimas del golpe militar del 36, que fueron arrogadas a la fosa común de Ceuta tenemos al que fuera delegado del Gobierno en Ceuta en 1933, José Luis Bermúdez-Reyna de Madariaga era un reputado capitán aviador.

En la tarde del 17 de julio, defendió junto a otros militares leales al Gobierno el aeródromo de Tetuán, haciéndose fuerte e intercambiando fuego, pero nada pudieron hacer y a las pocas horas fueron detenidos por los militares sublevados. El 15 de agosto de 1936 fue sacado de la fortaleza del monte Hacho y ejecutado.

Los dirigentes sindicalistas y políticos que se encontraban detenidos tanto en  la fortaleza del monte Hacho como en la prisión de García Aldave temían por sus vidas porque, aunque se hubieran realizado ya sus juicios, cualquier noche podían aparecer, listas en manos, laspatrullas de falangistas y en cualquier descampado llevar a cabo las  ejecuciones.

Había otra forma de represión, la psicológica, con el chirriar de las cancelas, el descorrer de los cerrojos de las celdas o los pasos de los ejecutores en plena madrugada, que hacían presagiar a los presos la inminencia de una saca y la posibilidad de que fueran ellos los elegidos. Muchos condenados con penas cortas eran obligados a ir al frente, en su mayoría a la Legión.

El estamento militar también sufrió una gran represión,  con 87 víctimas,   recayendo el mayor porcentaje entre la tropa.  Éstos,  al no estar conformes con sus jefes sublevados, intentaron en un gran numero oponerse y en algunos casos desertar y llegar al Marruecos francés o a la ciudad internacional de Tánger.

Muchos militares estaban al margen de los planes del golpe y siguieron fieles al Gobierno no sólo por sentirse republicanos, socialistas o comunista, sino por no sublevarse contra un poder legalmente constituido y por haber jurado fidelidad a una bandera y a una Constitución. Fueron separados de sus puestos de mando, muchos destituidos de su vida militar y los que corrieron peor suerte fusilados. Gran parte de la represión sobre el estamento militar se debió a las manifestaciones que realizaban en el cuartel contra sus jefes golpistas o por haber tenido alguna relación con las autoridades republicanas.

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HISTORIA SIN MEMORIA ¿Qué pasó con David en Tetuán, capital del Protectorado Español?

Pepita, la hermana del sargento David Morenza, con destino en Ceuta, pero agregado al Regimiento de Ceriñola, en Tetuán, recibió en su casa de Santander, el 16 de noviembre de 1936, un escueto telegrama “fallecimiento su hermano sargento de este batallón”. Preguntaron, indagarón, pero nada supieran de su  muerte. Debido a la guerra civil, no podían trasladarse a Ceuta, para saber más datos, y las circunstancias de su repentino fallecimiento, ni donde fue sepultado.

Una vez finalizada la guerra, el miedo  hizo que guardara silencio. También el fallecimiento de su padre y quedarse Pepita sin el apoyo de sus hermanos varones, era soltera, sabemos las dificultades de una mujer sola en aquella época. Otro hermano suyo, Severino, también militar, había luchado a favor de la República y se ignoraba su paradero.

Pepita y su familia tenían una clara vinculación con las ideas de libertad, lo perdieron todo. Primero, la dignidad a través del miedo y después los recursos económicos de los que disponían, consecuencia de una vida de trabajo y ahorro. A nivel social existe la falsa idea de que la República, con sus ideales de libertad y democracia, era sólo apoyada por el campesinado y el proletariado. Sin embargo, no es así; una parte importante de la clase media también se mantuvo del lado de la República y, lo que es más importante y debemos poner en valor: una parte importante del Ejército.

Han tenida que pasar ocho décadas  para que la familia Morenza, pusiera memoria a esta historia. Y todo debido al incansable trabajo de la escritora e investigadora gallega Gemma Vázquez, que tras muchos meses, consiguió todos los datos de una historia terrible, con el descubrimiento de que David Morenza, fue fusilado en Tetuán por no sumarse al golpe del 36.

David Morenza, se incorpora al ejército con 17 años, en 1923, procedente de la clase de paisano. En agosto de 1924 ascendió a Sargento de Infantería, siendo destinado a Ceuta, al Regimiento de infantería del Serrallo nº       69, (actual campus universitario). Estuvo luchando en diferentes frente, Ben-Karrich, Tasarines, Beni-Madam, Tazarinas, Zoco Arbaa…

Recibió la Cruz del Mérito Militar con distintivo bicolor. En 1927, era el secretario de causas en el juzgado militar de Ceuta. Hasta que en 1935 fue destinado a la capital del protectorado, Tetuán, al batallón Cazadores de Ceriñola nº 6. En noviembre lo visitan su hermano y padre.

Al caer la tarde del 17 de julio de 1936, David estaba de guardia en el acuartelamiento de Rekaima, en las afueras de Tetuán. Al ver el movimiento de tropas comprendería que una parte del ejército se ha sublevado contra el gobierno constitucional de la República. Al terminar su servicio, sobre las 9 de la mañana del 18, permaneció en el cuartel hasta las 12 horas, aguardando al cajero, capitán Luis Ferrer, para solicitar un anticipo de cincuenta pesetas, que obtuvo.

El 18 de julio, estuvo todo el día en el café Imperial, esperando acontecimientos. David, al comprobar que Tetuán está tomado por los sublevados decide no incorporarse al cuartel y se hospeda en una pensión, y esperar acontecimientos. Antes se llegó a su casa para coger el dinero que tenia ahorrado y algunas prensas de paisano.

Desde el 22 de julio, por parte de sus jefes, se ha ordenado una orden de busca y captura, su casa es registrada, encontrándosele bastante documentación sobre las denuncias que había formulado contra varios oficiales de su regimiento por atropellos y mala gestión en el cuartel. Algunos de los cuales serán miembros del tribunal del Consejo de Guerra que lo condenará a muerte.

En la madrugada del 29 al 30 de agosto  de 1936, David es detenido por personal de la jefatura local de policía, en el piso último de la pensión de la plaza de España, cuya dueña son Remedios Pro y Ana Fernandez Pro, siguiendo indicaciones confidenciales, hallándosele escondido debajo de una cama.

Tras su detención el 30 de agosto, se comienza la causa que dará lugar al consejo de guerra, donde el inspector de política indica “… parece que su ideología política es de izquierdas sin poderse determinar matiz de la misma, pero sus contertulios de café eran de significación de izquierdas”. Se le acusa del delito de deserción frente al enemigo y abandono de destino. El 3 de septiembre de 1936, a las 6,30 de la madrugada fue fusilado en la zona conocida de Tetuán como paseo de las Palmeras.

FAMILIA MILITAR “David Morenza tenia un hermano militar”

David tenía dos hermanos Severino y Pepita, ambos siguieron la tradición. Severino nació en 1899 y David en 1905. Tenían otra hermana mayor, Pepita, quien nació el 20 de abril de 1893. Su madre, Josefa,  era natural de Santander, hija de José, un marino mercante que llegó desde Huelva en busca de fortuna y de María, fallecida joven. Su padre, Severino, era natural de una pequeña aldea de Ourense: San Cosmede, sus padres, Inocencio y Vicenta, eran labradores, por lo que, siendo Severino el mayor de cinco hermanos, poco pudo asistir a la pequeña escuela del pueblo. Severino, el padre, en sorteo de quintas celebrado en su municipio en el mes de abril del año 1883, es alistado para el servicio del ejército. Desde ese momento no lo abandonara jamás. Participó en la guerra de Cuba, de donde regresó con una extrema delgadez, consecuencia del paludismo,  un par de Cruces pensionadas y el grado de teniente. Se retiraría como comandante, en el año 1926. Disciplinado, en ocasiones autoritario, fue un hombre que se forjó a sí mismo. Cuasi analfabeto a su entrada en el ejército, acabó desempeñando puestos de responsabilidad como secretario del Gobierno Militar de Palencia. Severino y David siguieron los pasos de su padre, aunque con resultados muy diferentes. El hermano de David, Severino se incorpora al ejército en 1920, ingresando en el Regimiento de Infantería Saboya nº 6, con base en Madrid. Los dos coincidirían en sus respectivos regimientos en el Protectorado Español de Marruecos.

GEMMA VÁZQUEZ: “HA SIDO COMO TOCAR LA HISTORIA Y RECONOCER SUS SILENCIOS “

La escritora Gemma Vázquez, después de muchas entrevistas con los familiares, rebuscando en los archivos, biblioteca… pudo unir las piezas de un complejo puzle. Y dar a conocer, ochenta años después de los hechos, a sus familiares la historia sin memoria de David.

¿Y cómo llegué a investigar? Sucedió una de esas casualidades maravillosas que tiene la vida: Un día, en una reunión de un grupo de teatro al que pertenecemos Nieves Morenza y yo (a Nieves la conozco desde que yo era pequeña, ella es mayor), habló algo de un primo de su padre piloto militar, periodista, que desapareció en el 39. Nadie, excepto yo,  prestó demasiada atención. Recuerdo que alguna de las mayores dijo lo de siempre: “Deja esas cosas viejas que no interesan”.

Le hice preguntas, me contó algo y le pedí que me enseñara los documentos y fotos que tenía, que me interesaba el tema. En aquel momento me dijo que sí, pero así se quedó. Se olvidó el asunto. Hasta que un tiempo después, ante mi insistencia, me enseñó los recortes de periódico, las fotos, las cartas…

Para mí fue como tocar la Historia, como acariciarla con las manos, reconocer esos silencios allí, en aquellos papeles viejos; en las cartas de Severino a su hermana; en las cartas de José desde la prisión a su hermana Aurora…

Entonces le dije que iba a buscar a Severino. Me habló de David. Pues voy a buscar a David también. Me habló de su padre. Pues voy a investigar también. Fue algo repentino. No sé porqué lo dije, no puedo dar una razón… tal vez empecé, por qué se ha convertido en una obsesión y por qué sigo hurgando.

Quizás a través de Severino, David, José, de Pepita…voy descubriendo la historia de mi país, que al fin y al cabo no es más que la historia de la sociedad en la que vivo, no es más que la historia de mi familia, también.

Voy descubriendo las falsedades sobre las que se ha asentado mi educación. Mientras más averiguo, más tengo la sensación de vivir en un territorio desconocido, lleno de incertidumbres. La transición, el 23F, la Monarquía, la Constitución. Son cosas que están ahí, pero ya no me generan ni seguridad ni certeza. No lo digo como que, la inseguridad ante el relato de acontecimientos o hechos sobre los que se construye una identidad, sea algo malo. No, para mí es al contrario, me ha hecho avanzar más. Intentar ir más allá de lo que me han contado y, sobre todo, de lo que me han dejado de contar,  genera más preguntas y la búsqueda de más repuestas, sin embargo, a la vez, me da seguridad para intentar crear una visión que dé forma a esos 80 años de vacío, de desmemoria, de “no hables, no preguntes”. Supongo que en eso consiste la Memoria Histórica.

OCHENTA AÑOS GUARDANDO UN TELEGRAMA

La hermana de David Moreza, guardaba en lugar preferente el telegrama que recibió con la trágica noticia, un 16 de noviembre de 1936, según cuanta la familia cada vez que lo leía se preguntaba por el paradero del cuerpo de su hermano y sobre lo que le sucedió. Pepita, nunca supo dónde estaba enterrado su hermano, ni las causas exactas de su muerte.  La madre de David había fallecido en 1932 y el padre en 1939. Según las cartas de Pepita, sumido en la desesperación y la tristeza por sus hijos (David fallecido, sin conocer muy bien ni las causas ni el modo, y Severino desaparecido durante tras la guerra civil). Respecto a David, sus primos le recuerdan con muchísimo cariño: “Cuando venia al pueblo traía una maleta llena de libros y enseñaba a los niños del pueblo a leer y les dejaba libros”. Pepita, la hermana, falleció en 1978. Llevaba más de 20 años encamada, sin salir de su habitación. La cuidaron sus primos José y Aurora, y la hija de José: Nieves, persona que ha sido pieza fundamental al facilitar a Gemma Vázquez toda la documentación y datos. José, el primo y padre de Nieves, era guardia de asalto el 18 de julio. Luchó en el bando republicano, en el frente de Asturias. Escapó a Francia. Volvió a entrar por los Pirineos. Participó en la Batalla del Ebro. Detenido, juzgado, condenado a muerte, preso en la cárcel de Ocaña…No regresó a su pueblo hasta 1943.

Como el sargento David Morenza,  hubo otros muchos ciudadanos de a pie que no aparecen en los libros de historia, fueron héroes anónimos que lucharon por un pais en democracia y en libertad y lo pagaron con su vida.

La capital del Protectorado, en aquella tarde del 17 de julio de 1936, los dirigentes políticos y sindicales tetuaníes, tras tener conocimiento de las primeras noticias de la sublevación en Melilla, se reunieron en el Centro obrero republicano, situado en la céntrica calle de La Luneta. Su presidente, el maestro nacional Elíseo del Caz Mocha, organizó patrullas para que recorran la ciudad e informen de los movimientos de las tropas, y estos a su vez lo comunicarían al Alto Comisario, leal a la República.

Cada patrulla se componía de cuatro personas y el dirigente Tomás Ureña, -oficial de hacienda-, era el encargado de recibir los informes. Hasta la medianoche del 17 de julio estuvieron realizándolos. Sobre 00,30 de la madrugada del 18 de julio, tropas de Regulares, asaltan el Centro Obrero, en su interior se encontraban unas trescientas personas, deteniendo a todos y permaneciendo la noche allí encerrado hasta que por la mañana, comenzaron a tomar declaraciones, la mayoría fueron enviados, primeramente a la cárcel europea y con posterioridad al Campo de concentración “El Mogote“, donde cerca de 200 fueron fusilados.

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