MONUMENTO REALIZADO POR CÁNDIDO MATA CAÑAMAQUE

Lo último que podía pensar el autor del grupo escultórico, Cándido Mata Cañamaque, que su gran obra acabaría en el fondo del mar, tras ser arrancada de su pedestal y arrojada por encima de la balaustrada de los jardines de San Sebastián, por un grupo de falangistas, tras el golpe del 36.
Durante muchos años, los ceutíes se asomaban al pasamano y podían ver desde lo alto, como las olas cubrían el grupo escultórico, ya que el agua llegaba hasta los bajos del jardín, antes de realizar, la obra de los terrenos ganados al mar. Y allí quedó sepultada, frente a lo que hoy es el McDonald.
El monumento se inauguró en 1932, al año de cumplirse el advenimiento de la Segunda República. Y entre los actos organizados para conmemorar este primer aniversario de la proclamación del nuevo régimen figuraba el descubrimiento de este monumento en los jardines de San Sebastián, con el fin de perpetuar la memoria de los militares Galán y García Hernández, fusilados con motivo de la sublevación pre- republicana de Jaca, en diciembre de 1930.
Para conocer el proceso de este grupo escultórico, nos tenemos que retrotraer al 27 de enero de 1932, cuando el semanario Renacimiento, dirigido por Enrique Porres Fajardo y el maestro nacional Ángel Ruiz Enciso, promueven su construcción, anunciando que se realizará por suscripción popular.
Tres empresarios de la construcción ofrecen los materiales gratis, Francisco Palma, Casimiro Massoni y Manuel Martínez Tonda, y será el prestigioso artista Cándido Mata Cañamaque, quien lo lleve a cabo.
El grupo escultórico estaba formado por un grupo de piezas donde, en su parte central, se veía un libro abierto con las fechas 14.12.30 y 14.04.31, también dos columnas con disparos, varias cadenas rotas y una bandera cruzada en el libro.
Los ceutíes se volcaron apoyando esta iniciativa pero no se llegó a cubrir la totalidad del presupuesto, 835 pesetas, y el Ayuntamiento contribuyó abonando la diferencia. Desde un primer momento, los organizadores, pertenecientes a la izquierda local, encuadrados en el partido Social Revolucionario, desean que el día de su inauguración no asista ninguna autoridad, tan solo el pueblo. Un día antes lanzan un manifiesto por las calles:
“El monumento a Fermín Galán y García Hernández, se inaugurará mañana día 14 de abril de 1932. En este acto sólo intervendrá el pueblo prescindiendo de artificios, etiquetas propias de los tiempos de la monarquía, que nos oprimía, sólo el pueblo, igual que el 14 de abril de 1931, sólo él se desbordó por las calles y plazas lleno de entusiasmo y fe en el porvenir. La reacción, que tantas trabas pusieron para abortar nuestra modesta obra, ha hecho correr por ahí, para deslucir el acto, la especie injuriosa de que los extremistas alteraran el orden”.
Unos días antes, la anarcosindicalista CNT distribuye unas octavillas animando a los ceutíes a que acudieran en manifestación a los jardines de San Sebastián. Pero la delegación del Gobierno en Ceuta, no veía bien, que se pudiera organizar una manifestación para descubrí el monumento. La policía registró la sede de la CNT, situada en la calle Linares, le clausuran el local, deteniendo a los anarquistas Miguel D’olon, Andrés Garrido, Francisco Maese, Juan Cabezas y al concejal José Torres. Acusándolos de exaltar a sus afiliados para que acudieran en manifestación al acto.
El delegado del Gobierno, Leandro Valdés, unos días antes de la inauguración se entrevistó con miembro de la comisión organizadora del homenaje, Porres Fajardo:
“El día anterior a la inauguración me llamó el Delegado, interrogándome de cómo se iban a llevar a cabo los actos, yo le anuncié que no debían asistir, ni policía, ni autoridades, ni jefes, ni el Alcalde, que este es un acto del pueblo. El Gobernador me comunica que según unos informes recibidos, varios militantes del Partido Comunista iban a izar la bandera de su partido en el palacio municipal, una vez que se inaugurara el monumento, le dije que ignoraba este asunto. Los organizadores vamos a inaugurarlo y no sabemos nada del asunto de los comunistas, ya que ese no era mi problema”.

INAUGURACIÓN OFICIAL
Al no querer los organizadores del grupo escultórico, que asistiera autoridad al acto de inauguración -como así se realizó- al día siguiente del acto la Corporación municipal celebró una sesión urgente para evaluar los acontecimientos. En ese pleno, varios concejales tomaron la palabra, criticando al alcalde accidental, Salvador Pulido, por no tomar medidas y por su ausencia en el acto pese a pagar el Ayuntamiento más de la mitad del monumento. Contestó que tras hacerle entrega a la comisión organizadora del importe del monumento le expusieron que no debía asistir ninguna autoridad política. Los concejales acuerdan organizar un acto institucional, para el domingo 24 de abril, también formaran parte de este acto los partidos Republicano Radical Socialista, PSOE, Radical, Federación de Estudiantes Universitarios, Cuerpo de bomberos, Guardia municipal, Comisiones militares y la Corporación en pleno. En el acto institucional ante el monumento se leyó un manifiesto, depositándose una corona de flores junto a una bandera tricolor. A continuación se interpretó, por parte de la Legión, el himno de Riego.

REALIZADO POR EL ESCULTOR CÁNDIDO MATA CAÑAMAQUE
El prestigioso artista ceutí, Cándido Mata Cañamaque, fue el autor del grupo escultórico a Galán Y García Hernández, inaugurado en los jardines de San Sebastián en abril de 1932. Aunque nació en Sevilla en 1882, el realizó toda su vida artística en Ceuta y en le Protectora Español en Marruecos y Tánger. Falleció en nuestra ciudad en 1972.
También debemos reconocer la labor de su bisnieto Francisco Mata Sánchez, por su incansable labor por dar a conocer el trabajo artístico de su antepasado.
Su producción artística es muy extensa, como apunte podíamos recordar las esculturas que coronan la fachada del Gran Teatro Cervantes de Tánger. También destacar su colaboración en distintas obras emblemáticas de la ciudad como el palacio Municipal, junto a otros como el pintor Mariano Bertuchi. La plataforma donde está instalado el monumento a González. Lo que fue el hotel Majestic, el edificio Trujillo, la Mezquita en la avenida de África.
Hasta hace unos años se podía ver el local donde instaló su casa-taller, desde 1928, en la zona del Morro, junto al antiguo edificio de la UNED. Hace unos años el Ayuntamiento dio el nombre a una plaza, con su nombre, entre las calles Duarte, Martín Cebollino y Pepe Remigio.
Si una obra destaca de este importante artista ceutí fue el grupo escultórico a Galán y García Hernández, inaugurado el 14 de abril de 1932. Con la llegada de la República, el 14 de abril de 1931, Galán y García Hernández recibieron el tratamiento de héroes nacionales. Sus rostros, reproducidos por doquier, fueron iconos del movimiento republicano y sus nombres fueron utilizados para componer canciones e himnos patrióticos.
Afín al movimiento anarquista internacional y a las aspiraciones de los grupos obreros más radicales, Galán expuso su ideario político y social en una obra teórica, cuajada de referencias utópicas para la solución de los problemas sociales, que tituló Nueva Creación.
Fermín Galán, ha pasado a la historia por ser, junto al capitán Ángel García Hernández, el defensor de la República que perdió la vida por la causa en el fallido alzamiento de Jaca de 1930. Al igual que sus dos hermanos, Francisco, que llegó a coronel del ejército republicano, y José María, que estuvo al mando del XI y XII Cuerpo de Ejército, Fermín pronto se inclinó por la carrera de las armas. Así, en 1915 ingresó en la Academia de Infantería. Sirvió en Marruecos en el cuerpo de Policía indígena y en la Legión. Participó en la conspiración de la Noche de San Juan (1926) contra la dictadura de Primo de Rivera, por lo que fue degradado y encarcelado.
Cumplió los primeros tres años de condena en Montjuich, aunque en 1930 fue amnistiado y repuesto en su grado de capitán. Poco después volvió a sublevarse y proclamó, junto al capitán García Hernández, el 12 de diciembre de ese mismo año, la República. El hecho de que ambos capitanes no esperaran a la teórica conspiración general antimonárquica y decidieran sublevarse por su cuenta explica que su movimiento no fuera secundado como cabría esperar y, tras una corta lucha, ambos fueron hechos prisioneros, juzgados en un consejo de guerra sumarísimo y fusilados en el mismo día, el domingo 14 de diciembre.
Uno de estos homenajeados, el capitán Fermín Galán, ya tenía, desde el 13 de diciembre de 1931 un busto en los jardines de la Alhambra (Puertas del Campo). Los promotores de aquel homenaje fueron el concejal y presidente de Unión Republicana, Moisés Benhamú Benzaquén, y el alcalde, Eduardo Pérez Ortiz. Aquel monumento a Galán, fue costeado por las logias masónicas de Ceuta, recordemos que durante la República en nuestra ciudad tuvimos cuatro talleres, Hércules, Hijos de Hércules, Constancia y Themis.

AQUELLA INAUGURACIÓN EN 1932…
Aquella inauguración estuvo plagada de incidentes, nos tenemos que retrotraer al 27 de enero de 1932, cuando el semanario Renacimiento, dirigido por Enrique Porres Fajardo y el maestro nacional Ángel Ruiz Enciso, promueven su construcción, anunciando que se realizará por suscripción popular.
El día de la inauguración desde primeras horas de la mañana del 14 de abril de 1932, se apreciaba una considerable vigilancia policial en los alrededores del puente de la Almina y jardines de San Sebastián. Bajo el puente había varias camionetas con guardias civiles al mando del comandante García Saro. El monumento estaba cubierto por una gran bandera republicana. A las 11,00 horas se procedió a su inauguración ante un gran gentío, con la total ausencia de autoridades y dirigentes políticos, tal y como habían pedido los organizadores. Tras descubrirse el monumento, tomó la palabra, en un encendido discurso, el director del semanario organizador, Enrique Porres, desencadenándose una serie de incidentes, que el detalló en su periódico:
“Después de mi discurso, tomó la palabra el maestro nacional Ruiz Enciso, también de la comisión organizadora, todo se desarrollaba con total normalidad, pero miembros del Partido Comunista se presentaron con sus banderas en el acto, el jefe de las fuerzas del orden, se dirigió hacia mí y me ordenó que hablara con ellos para que se retiraran, lo que yo no podía hacer al tratarse de un partido legalmente constituido y autorizado por el Gobierno civil de esta Ciudad y en todos sus actos populares, lo mismo que otra cualquier agrupación política acuden con sus símbolos.
El jefe de la policía seguía insistiéndome para que las banderas fueran retiradas. Al cabo de unos minutos veo una gran avalancha de personas que corrían dirección a la Calle Gómez Pulido ~ Rebellín ~ pudiendo observar que ello obedecía a la presencia de un gran número de Guardias Civiles, que en actitud de disparar sus fusiles y profiriendo amenazas perseguía a la multitud, llegaron las fuerzas de orden público hasta el pie del monumento donde yo me encontraba.
Permanecí de pié, sin moverme, esperándolos, lleno de indignación ante semejante provocación; un teniente que mandaba las fuerzas hizo que dos guardias me pusieran las esposas, fui detenido y conducido al Gobierno Civil y tras estar allí tres horas, me trasladaron a la fortaleza del Hacho, donde ingresé en prisión, escuche en el Gobierno Civil, cuando estaba detenido que esta carga se debía al temor de que el pueblo asistente al acto marchara a tomar el palacio municipal”.
Otro testimonio directo fue el maestro nacional Ángel Ruiz Enciso, subdirector del semanario Renacimiento y miembro de la comisión organizadora. Cuando estaba terminando su discurso ocurrieron los incidentes: “Vi como avanzaba la Guardia Civil ordenando que despejáramos el monumento y sus alrededores, yo me quedé quieto, porque mi sitio estaba allí y por lo tanto si habían de detenerme, porque huir, pero mi mayor asombro fue grande cuando me veo acosado por 8 o 10 guardias, que estaban lanzando improperios y avanzando hacia mi en actitud amenazadora, descargando uno de ellos toda su fuerza sobre mi cabeza, con la culata de su fusil, me sentí herido y caigo al suelo, en ese momento simultáneamente al recibir otro golpe, oigo varios comentarios y gracias que en aquel instante aparece un policía descubriendo su chapa acreditativa y se interpone entre los guardias y yo, evitando un mal mayor. Me llevaron a la clínica de urgencia, donde me curaron de las heridas los doctores Romero y Rovayo”.

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Alberto M. Caliani

El escritor ceutí Alberto M. Caliani nos vuelve a sorprender con una gran novela, LA CONSPIRACIÓN DEL REY MUERTO. En su presentación manifestó… «Quiero conseguir un reto, escribir una novela histórica que no defraude a los amantes del género y que enganche como la heroína a quienes jamás han leído una». ¿Lo he conseguido? preguntaba el autor. Por supuesto que lo ha conseguido, las ventas se dispararon en las primeras semanas de estar en la calle y el boca a boca funciona perfectamente. Tal es así, que la segunda edición salió a la venta al mes del lanzamiento de la novela.
La novela desde un primer momento te atrapa, nos retrotrae a un 4 de agosto de 1578. «El rey Sebastián I de Portugal es dado por muerto tras sufrir una derrota aplastante en Alcazarquivir a manos del ejército del moribundo jarife Abdelmalik. Cuatro meses después, el ataúd que contiene sus restos mortales llega a Ceuta. Todos lloran la muerte del monarca menos Alonso Teixeira, un superviviente de Alcazarquivir que afirma haber visto a Sebastián con vida después de la batalla. Es entonces cuando una misteriosa organización le ofrece unirse a la tripulación de la Cruz do Sul, la carabela del Duque de Alandroal, para localizar al rey desaparecido, rescatarle y devolverle su corona.
Pero no son únicamente ellos quienes buscan a Sebastián: Andrea Gasparo Corso, un implacable agente al servicio de Felipe II, y su brazo ejecutor, Urko Aguirre, intentarán por todos los medios frustrar los planes de esos iluminados que se llaman a sí mismos sebastianistas. Muy pronto, ambas facciones entrarán en un juego cuyo único final es la muerte.
Viaja de la mano del autor de “El secreto de Boca Verde” a través de 25 años de guerras, amistad, romance, intrigas y traiciones. Desde los campos de Berbería hasta Lisboa, pasando por Ceuta, Gibraltar, Sanlúcar y Madrid, acompañarás a Alonso Teixeira, a su fiel amigo Tomás O’Donnell, a fray Antonio Expósito y a la tripulación del duque de Alandroal en una travesía llena de peligros, donde conocidos personajes históricos se mezclan con otros ficticios en una trepidante ópera cargada de sorpresas».
Sin duda, una nueva forma de acercarnos a la historia y creo que no me equivoco al recomendar este libro a todo el mundo. Escrito por este ceutí con firmes conocimientos sobre el tema, lo que le otorga autoridad a la hora de contar las miserias y tragedias. Hay párrafos en los que describe grupos de heridos o resultados de enfrentamientos, y cada tres palabras es una descripción de la forma de morir, ser herido o sencillamente perder en una batalla.
La novela nos alcanza desde la primera página: «El sol madrugó la mañana del 28 de julio de 1578. Desde horas muy tempranas, su calor asfixiante recibió a la flota portuguesa frente a las costas de Arcila. Aún faltaba para el mediodía, pero el astro rey brillaba con tanta fuerza que los frailes que viajaban a bordo de los barcos lusos rezaron el ángelus a las diez de la mañana.
Apoyado en la borda de la carabela que le había traído de Lisboa al norte de África, Alonso Teixeira contempló el ir y venir de barcazas de las que desembarcaban a toda prisa hombres, bestias y provisiones. La actividad en el puerto era frenética. Una vez descargadas las barcazas, estas regresaban a los barcos a por más…
La ciudad norteafricana de Arcila había sido tomada en 1471 por los portugueses, quienes la transformaron en un fuerte de inexpugnables murallas plagadas de cañones que vigilaban el mar con celo. Siendo paso obligado de la ruta del oro sahariano, la plaza se mantuvo próspera y cosmopolita, por lo que sus habitantes aceptaron con gusto su nueva bandera. Ahora, un siglo después de su conquista, Arcila recibía en sus muelles a una fuerza invasora sin precedentes.
—¡Soldados, no os durmáis! ¡No tardaremos mucho en desembarcar!
Quien así habló fue Ferrante Avalos, el cabo al mando de la escuadra de arcabuceros a la que había sido destinado Alonso. Ferrante era un combatiente veterano, de mandíbula cuadrada, patillas hirsutas y cejas espesas. Sus treinta años parecían cuarenta, como si el ejército le hubiera arrebatado la juventud a mordiscos. Era un soldado ejemplar, con carisma suficiente para que su sargento y alférez consultaran con él muchas de las decisiones a tomar. A pesar de tratar a sus hombres como un padre o una migo más que como un superior, había algo en él que imponía respeto. Los nueve arcabuceros que formaban su escuadra obedecían sus órdenes sin cuestionarlas: si el cabo lo decía, no había más que hablar…»

SEGUNDA EDICIÓN AL MES DE SU PRESENTACIÓN
Al mes de la presentación del libro tuvo que salir la segunda edición debido al éxito alcanzado y el nivel alcanzado en ventas, todo un record. Con el libro ya leído, puedo afirmar que se trata de una perla literaria que debería estar en todo hogar. La novela LA CONSPIRACIÓN DEL REY MUERTO sumerge al lector, por medio de un suspense que no decae en sus numerosas páginas. No creo que haya otra obra de la literatura española en la que palpite tanta historia y tan cercana. De todo ello se brindan ilustrativos debates entre los protagonistas y, junto a ellos, las disputas internas de sus vidas. Lo que se percibe en los capítulos es una simbiosis de personajes perfectamente encajados en la historia. Por medio de una narración atrapante, los lectores aprenderán toneladas de la historia y percibirán las discusiones y debates de lo que pudo ser y no sucedió. En esa fina línea nos mantiene Alberto M. Caliani. No es casual su éxito editorial. El final es de antología detectivesca, y me encuentro entre los lectores que fueron sorprendidos, tanto en el plano de la relación entre los protagonistas como desde el punto de vista de los datos históricos que revela al concluir. Recomiendo, ver la presentación que se realizó en la Casa del Libro de Gran Vía de Madrid, en este enlace: https://www.youtube.com/watch?v=IoTaQIueaZw

LA CONSPIRACIÓN DEL REY MUERTO nos sumerge en siglos pasados. Detrás de cada página existe un gran trabajo en archivos y bibliotecas. La novela histórica ha sido uno de los géneros más populares de la literatura, y hoy su vigencia es aún innegable. Alberto M. Caliani nos ofrece un orden en las tramas caóticas de esa parte de nuestra historia. Ha sabido elegir lo relevante y descartar lo superfluo, a emprender la investigación necesaria, a recurrir al tipo de narrador más conveniente, a solucionar problemas de ambientación o a decidir el registro de lengua adecuada.
Alberto M. Caliani resume cómo fue el embrión de esta magnífica historia: «Parece que fue ayer cuando mi amigo José Miguel Recio me comentó que tenía una idea para una novela histórica basada en la leyenda del rey Sebastián de Portugal. Quedamos un día en casa y me trajo los primeros folios del manuscrito. Al empezar a leerlos, vi tal exceso de información, de fechas, de datos, de linajes… en definitiva, de detalles superfluos fruto de una exhaustiva documentación, que aparté los papeles y le pregunté, a bocajarro, si quería escribir un libro de texto o una novela. Me respondió que una novela y le dije que, tal y como veía aquello, sería complicado enganchar a un gran sector del público con algo así. Entonces le pedí que me contara la historia que bullía en su cabeza, y eso hizo.
Me habló de algunos de los personajes, de un arcabucero llamado Alonso Teixeira que asistió a Sebastián de Portugal en la Batalla de Alcazarquivir (también conocida como la Batalla de los Tres Reyes); me habló de la vida castrense en la Ceuta portuguesa, siempre alerta a los ataques bereberes y azotada por la peste; de un amigo irlandés del protagonista, que se convierte en su sombra; de su relación con una vieja mora —en aquella época, este término no tenía ninguna connotación despectiva—y de un mercader judío en una hermosa historia de convivencia entre tres culturas distintas; me explicó quiénes eran los sebastianistas, las profecías de Bandarra, los agentes de Felipe II…
Aquello me fascinó tanto que le propuse escribir yo la novela junto con él Ese día, allá por 2011, comenzó a forjarse «La conspiración del rey muerto». Me inundó de documentación, que luego completé a base de investigaciones propias y viajes a algunos de los escenarios donde se desarrolla la novela. Filtré mucha información y descarté muchas de las subtramas que José Miguel Recio me proponía porque, si llego a hacerle caso, sería algo parecido a los Episodios Nacionales de don Benito Pérez-Galdós.
Intenté que los datos históricos aparecieran durante conversaciones o descripciones de pasada para no atosigar al lector ni distraerlo de la trama. Traté de mezclar los personajes históricos con los ficticios y darles una personalidad propia a los primeros, a veces tomándome ciertas licencias, ya que no olvidemos que esto es una no- vela.
Así mismo, tras mucho discutir entre nosotros, decidimos darles voces algo más modernas a los personajes, que sin parecer completamente actuales tampoco se prodigan en diálogos carga-dos de excesiva retórica, propios de tiempos pasados. Mientras que José Miguel cuidaba el rigor histórico para que yo no sacar los pies del tiesto, traté de recrear la historia de forma que los lectores no tuvieran problemas a la hora de seguirla, en una fórmula que ya me funcionó muy bien en El secreto de Boca Verde. «La conspiración del rey muerto» es de los dos, es nuestra obra conjunta. Por último, compartiré con vosotros una pregunta que mis allegados me formulaban a menudo: «¿Pero qué haces escribiendo una novela histórica, si ni siquiera eres lector de ese género?»

Leer cualquiera de sus capítulos nos sumerge en la historia más real: «Desde su posición privilegiada en lo más alto del cerro, Vincent le Blanc contempló el simple —y a la vez formidable— orden de batalla de los moros. Poco a poco, la naciente luz del sol descubrió a decenas de miles de jinetes, arcabuceros y lanceros que amenazaban con cernirse sobre los tercios cuadrangulares del rey Sebastián.
El centro de la media luna lo formaban treinta mil hombres a pie armados con arcabuces y alfanjes, entre ellos los temibles jenízaros al mando de Mohamed Taba, que encabezaba la fuerza de elite más poderosa de la infantería musulmana. Detrás de ellos, veinte mil jinetes, dispuestos de dos mil en dos mil, aguardaban a que las armas de fuego agotaran su munición para entrar en acción.
El ala derecha era dirigida por el hermano de Abdelmalik, Muley Ahmed, que comandaba a mil escopeteros a caballo, precedido por diez mil lanceros a pie. El ala izquierda, casi un reflejo idéntico de la derecha, tenía a Mohamed Zarco al frente. En la lejanía, los estandartes se elevaron al cielo. Las tropas del rey Sebastián comenzaron a moverse.
Hasta los oídos de Vincent le Blanc llegaron órdenes en árabe, y esta vez fueron los estandartes de la media luna los que se elevaron. El sol, recién salido de su letargo nocturno, alargaba hasta el infinito las sombras de los dos ejércitos.
Las tropas comenzaron a avanzar. Lo hicieron despacio, sin prisa, como dos amantes que caminan a su encuentro. Dos amantes que pronto se enzarzarían en un abrazo de dolor y destrucción.
A la luz del amanecer, Vincent le Blanc mojó la pluma en el tintero y comenzó a escribir los prolegómenos de la batalla».

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Listado

LISTADO DE FUSILADOS EN CEUTA Y EL PROTECTORADO OCCIDENTAL.

Si necesita más información: fsanchezmontoya@hotmail.com

 

José Gallardo Florido.
Alfonso Guerrero Martín
José Hernández López
Eduardo Morales Gallardo
José Molina Castillo
Ricardo La Puente Bahamonde
Manuel Muñiz Abad
Ramón Sainz Gutiérrez
Justo Vilariño Mauriño
José Font León
Godofredo Grande Sánchez
José Fernández Moniche
Ramón Arnau Gutiérrez
José Bermúdez Reina
Salvador Sorroche Hernández
Andrés Garrido García
Sebastián Ordóñez Ordóñez
Tomas de Prada Granados
Francisco Farfante Moreno
Juan Mendaro Martín
Antonio Postigo Martínez
Diego López Sánchez
Joaquín Estévez Suárez
Pedro Vera Sánchez
Tomas Casado Sánchez
Miguel D’olon González
Ángel Grande Pérez
Cristóbal de Lora Castañeda
J. Torres Gómez Somorrostro
José Blond Mesa
Antonio Salido Lobillo
Antonio García Arquero
Rafael Méndez Cadaveira
Fernando González López
Francisco Pío-González Sánchez
Juan Medina de Aragón
Manuel Bonet San Martín
Felipe González
José González Palma
Juan Benítez Botella
Manuel García Ortega
Gaudencio Martín García
Alfredo Arderius Perales
Francisco González Raposo
Enrique Santiago Araujo
Manuel Pascual Abad
Tomas Fernández Hernández
Jesús Arines López
Manuel Luque Moreno
José Cortes Persiva
Julián del Barrio San José
Secundino Valdés de la Fuente
Urbano Bautista Pascual
Manuel Sevilla García
José de la Vega Ros
Andrés Montiel López
Carlos B. Reguero Ortiz
José Espinosa Acosta
Francisco Romero Vázquez
Juan Hurtado Molina
Federico Gutiérrez Martínez
José Encomienda Duran
Antonio Gómez Peralta
Desconocido
Jesús Romero Murga
Manuel Cañada Azpeitia
Aron Abraham Casado
José Rojo Montes
Salvador Rodríguez
José Martínez-Díaz Ufano
Emilio Alcañiz Turegano
Miguel Guindo Ramírez
José Morcillo Ibáñez
Juan Pousa Martínez
Trinidad del Valle López
Miguel Sánchez Hermoso
Agustín Legorburu Granadell
Desconocido
Antonio López Sánchez-Prado
Adolfo de la Torre Guillen
Ángel Guijo Higuero
Fidel Vélez Roldan
José Sierra Garrido
Leonardo Trujillo
Diego Vega
Francisco Guerru Pérez
Rafael Herrera Tineo
José Crespo González
Enrique Velasco Morales
Bernabé Sánchez Jiménez
Miguel Hernández Morales
Francisco Palmero Burgos
Antonio Criado Molina
José Mª González Sánchez
Francisco Sánchez Ríos
Bartolomé Alcántara Molina
Luis Castillejos Villar
José Sarria González
Pascual Aragón Barra
José Mª Quesada Xendra
Alberto Pastor Padrón
Lucas Barcenas Solano
Desconocido
Isidro Sánchez Hernández
Juan Ramón Gil Ordóñez
Francisco Garrido García
José Torres Ruiz
Rafael Alarcón Moreno
Manuel Navarro Navarro
Manuel Gutiérrez Camúñez
José Ríos Soto
Antonio González Gil
Francisco Aznar Fernández
Pedro Perdomo García
Miguel Burgos Castro
Marcelino López Escribano
Paciano Villar Pascuas
José Arribas Lora
José Becerra Moreno
Antonio Bernabé Calvo
Antonio Parrado Gil
Federico Martín Cortes
Antonio Soto Vargas
Francisco Garrucho Pavón
Antonio Vázquez Soler
Bernardo Cabezas Madrigal
Lidio Belmonte Jimeno
Luís Moyano Becerra
José Lendinez Contreras
Juan Zaragoza Santaella
Juan Quiñones Quiñones
Manuel Mediavilla Sarmiento
Manuel Ruiz Berrocal
Juan Mateo Arjona
Salvador Cárdenas López
Juan de Molina Nieto
José Rodríguez Pastor
Miguel Barberan Cereceda
Antonio Becerra Delgado
Daniel Ramos Herrero
Luis Sánchez Aguilar
Manuel Fuentes Huerta
Luis Medina de Aragón
Juan Herrera Vera
Mateo Fresneda Moreno
Vicente Collado B.
Miguel Pérez Laya
Rufino Marcos Rodríguez
Pedro Veintemilla Arrizaleta
Juan José Rey Esojo
David Valverde Soriano
Manuel Pérez Muñoz
Herminio Culebras Solas
Blas Almenara Maresco
Antonio Berrocal Gómez
Rafael Ruiz Corzo
Miguel Vázquez Corbacho
Moisés Benhamú Benzaquen
Fortunato Bendaham Abecasis
Antonia Céspedes Gallego
Antonio Cifuentes Funes
Francisco Fortes García
Pedro Domínguez Matías
Arturo Álvarez-Buylla Godino
Manuel Castillero Muriel
José Uzal Rodríguez
Alejandro Moyano Márquez
Antonio del Pozo Ramírez
Luís Obispo Márquez
Juan Lozano Trigo
Bernardo Garea Duque
José Rico Martín
Anselmo Carrasco Doncel
José Lombau Quiñoa
Felipe Navas Escobar
Antonio Sánchez Medina
Antonio García Cayuela
Santiago García Villegas
Miguel Sedeño Ríos
Manuel Juárez González
Víctor Vera Romera
Salvador Guillot Peinado
Eusebio Álvarez Chaves
Antonio Montes Díaz
Herminio Muñoz Ledo
Leandro Bujedo Lalinde
Estanislao Vélez Rivas
Juan Rosales Polo
Ezequiel Sainz López
Rafael Rodríguez Sepúlveda
José Aguilar Benítez
Antonio Moreno Castillo
Edmundo Seco Sánchez
Alejandro Gutiérrez García
Pedro Beltrán Pérez
Joaquín Ramos Mayorga
Francisco Lara M.
Emilio Lafont Calvet
Ramón Llado Asensio
Manuel Espinosa Rodríguez
Vicente Arlandiz Marzal
José González Núñez
Juan Úbeda López
Antonio Rodríguez Castaño
Herminio Vidal López
José Bruno Vidal
Salomón Bensimon
Esther Serroya Assor
Juan Romero Medina
Silvino Gardo González
Luis Manzanete Flores
Luis Santos García
Miguel Pinalla Sánchez
Tomas García Ramos
Manuel Hoyos Conde
Luis Utor Curbelo
Juan Rivas Cortes
Juan Serrano Martínez
Luis Troyano Fernández
Francisco Toset Castilleros
Rafael Montoya Quintana
Antonio Sánchez Campiña
Antonio Sierra Arbuja
Juan Calvo Pastor
Francisco Martos Hernández
Prudencio González Martín
Víctor Sánchez Sánchez
Enrique Caliani Rodríguez
Joaquín García Sánchez
Cecilio Fernández García
Julio Fajardo Izurriaga
José Granara Sánchez
Aquilino Casado Marcos
Eloy Ramírez Heras
Manuel Lago Hernández
Valentín López Ávila
José Bosque Navarro
José Pérez Vázquez
Manuel Benítez Lebrón
Victoriano Centro Aznar
Constantino Cenzano Martín
Fernando Peña Ibáñez
Antonio López Aguilar
Miguel Martínez T.
Lucas González< de Calvo
Robustiano García Sánchez
Francisco Serrano Bernal
Aurelio Aragón Cobadela
Manuel Díaz Hernández
Francisco Coll Rian
Antonio Rojas Peña
José Mur Sánchez
Joaquín González Polo
Manuel Gómez Rodríguez
José Alberola Feced
Luis Gil Santamaría
Juan Troyano Corrales
Jaime López Castro
Cipriano Gapo Pérez
Rafael Rebollo Robles
Juan Benítez Jiménez
Jesús Baños Escobar
José Blanco Caballero
Enrique Navarro Jiménez
José Congost Plá
Antonio Reinares Metola
Ramón Valls Figuerola
Miguel López Castellanos
Andrés Bautista Martínez
Juan Magaña Maldonado
Rafael Velasco García
José Moya Guerrero
Marcos López López
Francisco García Escobar
José Mª Tome Laclaustra
Eliseo del Caz Mocha
Miguel Cortes Cortes
Fernando Pastor España
Ricardo González guerrero
Cristino Pérez Gómez
Hipólito Gómez Serrano
Rodolfo Morales Taylor
J. A. (iniciales en su camisa)
Antonio Aguilera Jiménez
Francisco González Rodríguez
José López Ordóñez
Fernando Alcaraz Godoy
Cesar Calero Contel
Andrés Pérez Gomariz
Manuel Alcoba Luque
Francisco Asensio Valenzuela
Manuel Alcoba Luque
Victoriano Galdos Martínez
Anselmo Barta blanco
May Benzadon Cados
José Vieira Fernández
Antonio Castillero Gómez
Antonio Castillo Morales
Antonio Cuevas Redondo
José Espejo Martínez
Jesús Fernández Castillo
Miguel Fernández castillo
José Gallardo Cabrillan
Francisco Garzón Cantero
Juan Yscar Rodríguez-
Luis Llaneza León
Juan Lliso Torres
Luis Madrid Vázquez
Rafael Magaña López
Isidro Mayordomo Martínez
Alfonso Maroto Jiménez
Francisco Expósito Alcalá
Manuel Martín Trujillo
Natalio Martínez R. Arévalo
Francisco Martos Fernández
Domingo Novoa Romero
Juan Ramos Rodríguez
José Ríos Ros
Telmo Rodríguez Novoa
Francisco Rojas Escobedo-
Antonio Ruiz Osorio
Luis Salvago Jiménez
Rodrigo Dos santos Coutiño
Ernesto Sastre Vallecillo
Pió Suárez Blanco
Mauricio Calero Contel
Juan Torres Chacon
Tomas Ureña García
Macrino merino Rahillo
Antonio Díaz Serrano
Sertorio Martínez Simón
José Salmeron Céspedes
José María Caravaca Sánchez
Nicolás Rodríguez laguna
Enrique Balboa Gómez
Francisco Sánchez Pérez
Antonio Miguel Romero S.
Antonio Díaz Chamorro
Antonio Ortega Aragón
Miguel García González
Bernardo Castillo Ruiz
Mauricio Belzac Brossard
David Morenza Pérez
Máximo Díaz Agudo-
Miguel Gil Crespo
Manuel Alonso García-Dominguez
Juan Carrillo Santos
Luis Cadavieco Álvarez
Francisco Gómez Ruiz
Idelfonso Cabezas Fernández
Manuel Calvo García
Francisco Campos Díaz
José Bornay Guillen
Leonardo Azconca Granda
Eduardo Pérez Alemany
Alfonso Nogales Medina
Antonio Rivera Sandalza
Ricardo Pol Pereda
José Artacho Torres
Manuel Díaz Escalona
Antonio Beltrán Pérez
Francisco Beltrán Baeza
Marcelino López Muñoz
José Jiménez Rojas
Jesús Rodríguez Medina
Antonio Navarrete Molina
Cesar Fraile Pérez
Manuel Martín Ruiz
Miguel Duran Campos
Sin identificar
Sin identificar
Juan Martín López
Jomasso Giovanni López
Manuel Cabrera Domínguez
José de León Prieto
Antonio Suárez vega
Pedro Viera Hernández
Manuel Pérez González
Pablo Ballesta Martín
Rafael Aranda Navas
Mario Deschap
José Álvarez
Alfredo Martín Blasco
Juan Arcas Arjona.
Victoriano Fuminaya Lanzada
Antonio Pedrosa Sánchez
Antonio Chacon Rodríguez
Manuel Domínguez del Barrio
Manuel Jiménez Díaz,
Guillermo Vázquez Castillo
José Navacerrada Rodríguez
Antonio Alonso Iglesias
José Sequeda Fernández
Manuel Peña Maestre
José González Lagares
José Naranjo Rodríguez
Venancio Lázaro Mera
Matías Redondo Araujo
Miguel Hernández Recio
Rosendo Pena Moreda
Félix Gordillo Jurado
Tomas García Rujas
Eugenio Martín González
José Gas Gorregui
Pedro Teruel Sánchez
José Gallardo Santarratita
Andrés Paradines Sánchez
Luis Fullol Espejo
Gregorio Moyano Lacruz
Eduardo Prado
Antonio Escobar,
Salvador Mateos,
Carlos López Serapio
Salvador Sánchez Marín
Santiago Burgos González
Evaristo Queipo Rodríguez
José Nieto Ramos
Francisco Expósito Acala…yala
Andrés Benítez Jiménez
José Sarria Mateos……oreno
Ramón Alarcón Rodríguez
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José Álvarez Barcenilla
Juan Morales Moreno
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Alfonso Sánchez Macho
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Antonio Morales González
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DESENTERRAR LA “CÁPSULA DEL TIEMPO” DEL MERCADO CENTRAL

Según proyecto de la Ciudad, el mercado central de Abastos, será en próximas fechas derribado y con ello conseguir sacar a la luz el foso seco de la Almina. Un magnífico proyecto que contribuirá a enriquecer el patrimonio de Ceuta. Pero lo que muchos desconocerán es que en el subsuelo de este edificio, se encuentra una “cápsula del Tiempo” que fue enterrada durante la Segunda República, en abril de 1933.
Nuestras autoridades, tendrán que velar para que una vez se comience el derribo del edificio delimitar donde está la “Capsula del Tiempo” y conseguir desenterrarla intacta. Algo fácil de hacer ya que existen fotografías y documentos del lugar donde fue depositada. En esa caja de hierro, se consignaron que sepamos, varios periódicos locales, algunas monedas del régimen republicano, el acta de colocación de la primera piedra y tal vez algunas cosas más.
Recordemos, que el mercado construido justo encima del foso de la Almina, era una reivindicación de los ceutíes desde hacia muchas décadas. La ciudad contaba con uno construido en 1878 que en la década de los años treinta presentaba un aspecto lamentable. Y la corporación republicana salida de las urnas en 1931, se planteó como objetivo primordial la construcción de un nuevo mercado.
El 18 de mayo de 1932, se reúne la comisión encargada del proyecto con el arquitecto municipal José Blein. La Comisión dictaminó el emplazamiento, Foso seco de la Almina. A lo que el arquitecto municipal presentó un proyecto no estando de acuerdo en la citada ubicación y dando otras alternativas. Que no fueron tenidas en cuenta.
El 11 de julio de 1932, se formularon por la oficina de Arquitectura las bases técnicas para la construcción del mercado. El presupuesto extraordinario para la mencionada obra ascendió a dos millones de pesetas.
Tras muchos debates y estudios el 20 de enero de 1932, la comisión acordó: “Aceptar como anteproyecto para la ejecución de un Mercado el único trabajo presentado por los señores Jaime Artigues y Casimiro Massoni y que firma el arquitecto Ramón Gascuñana. Estos, posteriormente cedieron sus derechos a Pedro Ferrán y Puig. El 25 de marzo de 1933, se aprobó definitivamente dar luz verde a la construcción del mercado en el Foso seco de la Almina”.
Esperemos que cuando se comiencen las obras de desmonte del actual mercado, se tenga en cuenta el patrimonio para la ciudad que seria el poder recuperar y abrir esa “capsula del Tiempo”. Por el momento, la cápsula del tiempo más famosa encontrada en suelo español es la de Cervantes, aparecida en 2009 durante las obras de la Plaza de las Cortes. El hallazgo, que fue exhibido un año después en la Real Casa de Correos, provocó un auténtico peregrinaje de curiosos. Lo mismo podemos realizar en Ceuta, tras desenterrar la cápsula del tiempo del mercado Central. Aquel cofre de plomo sellado herméticamente justo debajo de la primera estatua de Madrid erigida en honor de un civil. La cápsula, enterrada en 1834, guardaba cuatro tomos del año 1819 del Quijote, uno de cuyos tomos se refiere a la vida de Cervantes, así como una edición de esta obra, fechada en 1832, en dos tomos impresos en París. El tesoro madrileño, que se hallaba en perfecto estado, contenía también un ejemplar del Estatuto Real para las Cortes del Reino de 1834 y un Diario de Aviso de Madrid de ese año, que envolvía un libro calendario manual y guías de forasteros, editados en la Imprenta Real. Además guardaba seis láminas de 1831 con retratos de personalidades de la época, como Isabel II o Manuel Martínez Varela, quien costeó el monumento de Cervantes.

MANUEL AZAÑA FIRMÓ LA AUTORIZACIÓN
Como acción paralela, fue la de obtener del ramo de Guerra la autorización para derribar los edificios militares situados en los bajos del foso. Ya en 11 de abril de 1932, se había dirigido la Alcaldía al Ministro de la Guerra, solicitando la cesión a la ciudad, y que el Ayuntamiento ubicaría a la Compañía de Mar en otra zona de la Ciudad. Las obras estaban previstas que comenzaran en pocos días, tras la colocación de la primera piedra, no pudiéndose hacer, ya que surgieron problemas con los acuartelamientos, que existían en esa zona. Una comisión municipal se desplazó a Madrid para entrevistarse con el ministro de la Guerra, de quien dependían las edificaciones. Tras largas conversaciones el Consejo de Ministros decretó, el 19 de mayo de 1933, dar luz verde a las obras… “Vengo a decretar se autorice al precitado Ministerio de la Guerra para facilitar la utilización en precario de los edificios que, en el Foso de la Almina, de la plaza de Ceuta y adosados a la Muralla, existen actualmente con destino a alojamiento de la Compañía de Mar y otros servicios de Guerra”. Por el Ministerio de la Guerra se dictaran las órdenes oportunas para la instalación provisional de los mencionados servicios, en tanto se tramita el oportuno expediente de cesión definitiva por el Ministerio de Hacienda”. Firmado el Ministro de la Guerra, Manuel Azaña.

ALCALDE DAVID VALVERDE
La corporación municipal escogió el 16 de abril de 1933, segundo aniversario de la proclamación de la República para colocar la primera piedra del mercado y enterrar la “capsula del tiempo”. Han transcurrido más de ocho décadas desde aquella mañana, en las fotografías del acto, y en las crónicas periodísticas, nos cuentan como los ceutíes acompañaron en un gran número al alcalde, el socialista David Valverde Soriano, junto a la corporación republicana, delegado del Gobierno y comandante general, al lugar señalado en el Foso seco de la Almina.
Según cuenta la prensa, una vez llegaron al lugar, el alcalde pronunció un discurso donde ensalzó el futuro mercado como “un salto hacia la modernidad”. La ceremonia estuvo amenizada por la banda de música de la legión, terminando con un “lunch” y repartiéndose bolsas de comidas a los pobres de la población.
Asistieron al acto, el delegado del Gobierno Francisco Ortiz, el general de la Circunscripción, Gregorio de Benito; el presidente de la Audiencia, Ramón Enríquez; el Fiscal, Francisco Gaztelu, y los concejales, Manuel Olivencia, Salvador Pulido, Sánchez Mula, Valentín Reyes, Antonio Mena, Miguel Pulido, Lamberto Amador, Ricardo Chacón, Domingo Vega, José Lendinez, Antonio Becerra, José Arroyo, Antonio Berrocal, Manuel delgado y el secretario del Ayuntamiento Alfredo Meca.
Pero surgieron serias dificultades derivadas de la situación especial del usufructo del terreno y de los acuartelamientos que en él existían. Aunque en el proyecto aprobado figuraba la cantidad necesaria para la construcción del cuartel de la Compañía de mar, éste no había sido construido como tramite previo a la entrega de los terrenos donde el mercado había de emplazarse.
Entre otras causas, porque no se había señalado al ayuntamiento el solar donde había de proyectarse el cuartel de la Compañía de Mar. Si el cumplimiento de este trámite no se suavizaba, corrían las obras ya inauguradas el peligro de una dilatada suspensión. Así lo apuntaba el general de la Circunscripción occidental que invita al alcalde a gestionar las autorizaciones correspondientes.
Tras la primera piedra y viendo el Ayuntamiento que las obras no podían comenzar, convocan una reunión con los representantes del Ramo de Guerra para proceder a dar los primeros pasos para realizar a los segundos la entrega de los terrenos del indicado foso de la Almina.
Pero nuevamente, surgieron dificultades para el comienzo de las obras, al comprender el Ayuntamiento que necesitaban además de los edificios que la Compañía de Mar ocupaba, otros destinados a distintos servicios militares que también ocupan los bajos del foso. El ayuntamiento creyó que pertenecían a la misma unidad y así lo hacia constar en los diferentes planos que acompañó a sus escritos de petición, pero no fue así.
Por otra parte, la Subcretaría de Guerra cursó diversos telegramas suspendiendo la entrega de los terrenos y disponiendo en otros que se hiciese a Hacienda y no al ayuntamiento. Todos estos incidentes dieron lugar al acuerdo adoptado en sesión de 21 de abril de 1933: “ Se da lectura a diversos telegramas del Excmo. Señor Subsecretario del Ministerio de la Guerra, en los que ordena que la demolición de los edificios que la Compañía de Mar ocupa en el foso seco de la Almina, sea aplazada hasta tanto cesen la realización de un expediente, en el que se cumplan los requisitos determinados por la vigente legislación. El Señor alcalde explica, que un buen deseo de las autoridades militares, conocedoras de la ineludible necesidad de acometer obras que den trabajo en Ceuta, hizo que pudiera autorizarse el comienzo de las obras, quedando solemnemente obligados a cumplir después cuantos tramites burocráticos y legales fueran precisos. Estas facilidades que todas las autoridades prestan, son también fruto del conocimiento que tienen de que, no solo no existirá perjuicio para los intereses del Estado, sino que por el contrario, se beneficiaran éstos notablemente, desde el momento que está presupuestada y afianzada la suma de noventa y ocho mil novecientas pesetas para la reconstrucción de los edificios que sean necesarios demoler, que, por ser de construcción ligera y antiestética y en último periodo de ida, no valen seguramente ni la tercera parte.”

El alcalde socialista David Valverde, fusilado en 1937
David Valverde Soriano, alcalde que tuvo el honor de poner la primer piedra del Mercado y depositar la “Cápsula del Tiempo” seria fusilado en 1937. Fue nombrado alcalde, el 28 de enero de 1932 tras la dimisión de Eduardo Pérez Ortiz. En aquella votación extraordinaria recibió 19 a favor y 2 en blanco, no asistiendo ningún miembro de la minoría radical de Olivencia. Fueron numerosas las realizaciones de este gran alcalde. Pero cuando se van a cumplir dos años de su mandato, en noviembre de 1933, fue destituido por el miembro del partido Radical Republicano José Victori Goñalons.
Tras el golpe militar del 36, la ciudad es tomada por las tropas sublevadas y las detenciones son cuantiosas. La represión desencadenada fue tan intensa y extendida que no sólo la sufrieron los que habían defendido la República con su labor política y sindical, sino que también cayó la misma sobre aquellos que eran simplemente más abiertos, los incrédulos por cualquier motivo, los que habían destacado en empresas culturales y actividades públicas o simplemente aquellos denunciados por rencillas personales, odios y deudas, de los que se nutrieron las cárceles ceutíes y zona del Protectorado español en Marruecos. Sin embargo, la represión ha caído en el olvido de la memoria histórica de la contienda civil, lo que ha motivado que aún se mantenga que en Ceuta, Melilla y en el Protectorado no pasó nada, sin apenas represión.
Tras la proclamación del estado de guerra Ceuta se convierte en una ciudad llena de miedos y recelos. Desde la misma madrugada del 18 de julio las fuerzas sublevadas, con la ayuda de patrullas de falangistas, comienzan las detenciones selectivas y asaltos a las sedes de los sindicatos y partidos políticos.
El alcalde fue detenido y trasladado a la prisión de García Aldave. Mientras se estaba realizando su consejo de guerra, en la madrugada del 21 de enero de 1937, lo sacaron de la prisión y su cuerpo apareció en el depósito de cadáveres del cementerio de Santa Catalina con un disparo en la cabeza. Estas ejecuciones se realizaron en represalia al bombardeo republicano del día anterior, que costó la vida a cincuenta y tres ceutíes, en su gran mayoría las bombas cayeron en el mercado. Junto al alcalde, ese día, también se ejecutó a Antonia Céspedes Gallego, de cuarenta y seis años, popularmente conocida con el sobrenombre de La Latera. Mujer luchadora y adelantada para su época, siempre junto a las mujeres trabajadoras.

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