Diario de un independentista cubano en Ceuta

Francisco Sánchez Montoya                   http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/    fsanchezmontoya@hotmail.com

Pablo de la Concepción, es el autor del diario, estas conmovedoras memorias, fueron escritas en la prisión del Monte Hacho, entre 1895 y 1898, tras ser deportado por oponerse al Gobierno de España y luchar por la independencia de Cuba. Cuando fue detenido era sargento del Quinto Cuerpo del Ejercito Libertador. Pablo de la Concepción, definió lo que desea que significara las hojas escritas en la soledad de su encierro en el Hacho: “… El verdadero objeto de este diario no es otro que dar a conocer al Pueblo cubano los sufrimientos experimentados por los prisioneros de guerra y deportados por medida gubernativa, que el Gobierno de España nos recluyó en Ceuta durante la Guerra de Independencia. Muy lejos de nuestro ánimo está la idea de despertar odios entre cubanos y los que combatieron y odiaron su libertad por cuya razón, suplicamos al que nos honre leyendo este diario, que juzgue los tristes sucesos que en él se relatan, como la consecuencia natural de la tempestad de pasiones que la guerra desató sobre la Isla…”

En las primeras hojas el autor del diario narró su lucha por la Independencia en Cuba, el lo tituló “De la Manigua a la cárcel”, es una sencilla narración donde con la mano firme describe el acto de ser hecho prisionero, y lo ocurrido en los accidentes que precedieron a la infortunada acción de guerra. Continúa con su conducción como prisionero al pueblo cubano de Alquízar, el panorama sombrío que se observa en dicha población está bien trazado, es una verdadera fotografía de la reconcentración de campesinos en los poblados, era la marcha a la más horrible miseria y a la muerte.

También describe en este diario su permanencia, antes de ser trasladado a Ceuta, en la fortaleza del Morro, en la Habana, narrándonos los largos días en la prisión, en sus oscuros calabozos, donde vio a muchos compañeros suyos ser fusilados. Nuestro autor del diario, tras un consejo de Guerra fue condenado a ser deportado a Ceuta, tal vez, contó a su favor, para no ser fusilado, que tan solo contaba con 17 años

 

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Diario de un independentista cubano en Ceuta XI

Francisco Sánchez Montoya                   http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/

      Al final del diario existe un listado completísimo con la relación de los cubanos que estuvieron en el penal ceutí, con la fecha de llegada y a la provincia cubana que pertenecía. Dejemos que sus últimos escritos nos narre sus horas en Ceuta, antes de la partida hacia Cuba: “… Llegó por fin el día 28 de octubre de 1898, día venturoso en que tuvo fin nuestra tenebrosa noche de sufrimientos y alumbró el radiante sol de nuestra libertad. Al salir al patio por la mañana, sentimos en nuestros corazones una alegría infinita, porque estábamos en la hora de nuestra libertad y teníamos a la vista el final de nuestra vida de amargura. Nuestros ojos no contemplarían más aquellos muros que por espacio de más de dos años habían sido cómplices de nuestros verdugos”.

“Las tinieblas de aquella espantosa noche penal, se disiparían dentro de unos instantes, batidas por las alas de la diosa Libertad, que en raudo vuelo salvaba las distancias infinitas, para romper nuestras cadenas y poner en nuestras frentes la corona del triunfo. Aquel recuento era el último a que asistiríamos, con los brazos cruzados, la cabeza descubierta y mirando al suelo. Nuestros oídos no oirían más aquel bullicio de infierno de las galeras, y la corneta no lanzaría más para nosotros sus tristes notas. Los ojos de los criminales no nos dirigirían más su espantable luz. El contratista del rancho no seguiría enriqueciéndose a nuestras expensas, ni la borriquilla del Ayudante te comería nuestras raciones. Los barberos no desollarían más nuestros esqueléticos rostros, y en los calabozos y blancas notarían nuestra ausencia. El herramentero no tendría más pies cubanos que herir con sus cadenas, y la lóbrega noche no pondría más miedo en nuestras almas”.

“Los vergajos de los Ayudantes, y capataces y los garrotes de los cabos y volantes, no flagelarían más nuestras espalda. Estos no podrían dirigirnos más blasfemias y aquella espantosa hoguera de vicio no podría lanzarnos más sus chispas. El helado cierzo no cortaría más nuestros rostros y los guijarros del camino no ensangrentarían más nuestros pies descalzos. Los ronquidos de los criminales en su en sueño, ya no pondrían espanto en nuestras almas, y los alertas de los centinelas no repercutiría más lóbregamente en nuestros corazones. ¡Libertad! ¡Palabra mágica, por la que las madres cubanas habían consentido en el sacrificio de los mejores de sus hijos!… ¡Tu llenaste nuestro corazones de esperanza, terminaste los sufrimientos de nuestra triste vida de presidiarios, y depositaste en nuestros pechos, a manera de efluvio sublime y grandioso, el sentimiento de olvido y perdón para nuestros enemigos!”.

“El voceador nos llamó a formación y su voz nos pareció dulce y armoniosa, cual si hubiese sido entonada por un ángel. El ayudante, un capataz y el escribiente mayor, formaban la comisión encargada de recontarnos y entregarnos por la lista las hojas de licenciamiento. El escribiente principió su tarea, y al nombrarnos pasábamos para otro lado del patio, irradiando contento y alegría. Cuando el escribiente pronuncio la “y” de terminación antes del último nombre, un compañero cayó al suelo presa de terrible síncope. Los jefes y algunos compañeros acudimos a levantarlo, y cuando volvió en sí pronuncio las siguientes palabras, llenas de angustia: ¡Yo no he hecho nada! ¿Por qué no salgo en libertad? El escribiente repasó la lista y notó que no lo había nombrado. La libertad era su vida y negársela hubiera sido matarlo”.

“El momento de la despedida fue bastante conmovedor, los presidiario cubanos de causa común, apretaron nuestras manos con efusión, y en sus rostros se notaba la intensa alegría que les causaba nuestra libertad. Muchos nos suplicaban con lágrimas en los ojos que no olvidáramos su miserable existencia, y nos interesáramos por ellos cuando se estableciera el Gobierno cubano. Algunos nos entregaron cartas para sus familiares, que eran mensajes de felicitación por la libertad. Muchos forzados españoles gozaron intensamente al despedirse de nosotros, haciéndonos exposición ingenua de su alegría. Rompimos la marcha custodiados por un capataz y varios cabos, y agitamos nuestros pañuelos por sobre nuestras cabezas mientras estuvimos a la vista de las galera. La más intensa alegría nos embargaba y nuestros ojos derramaban lágrimas de emoción.

      Al pasar frente al cuerpo de guardia notamos que los soldados de la guarnición del Hacho, nos saludaban con sus pañuelos blancos, demostrando así la alegría que les producía nuestra libertad. También ellos estaban presos, obligados a vivir en aquel castillo maldito, bajo la más severa disciplina militar, con tres centavitos de paga al día, la mitad justa de la que habíamos disfrutado nosotros, a pesar de nuestra condición de presidiario. Si, aquellos esclavos de la leyes militares, cuya condición se diferenciaba en poco de la de los presidiarios a quienes custodiaban, se alegraban también de nuestra libertad”.

 El 14 de noviembre de 1898 llegan a Cuba

 El primero que despertó, salto de la litera y corrió al ventanillo. De su pecho salió un inmenso grito de alegría. Aquel grito fue una exclamación sublime, producida por la fuerza incontrastable del amor patrio. ¡Cuba!… fue la exclamación inmensa que nos movió a todos como potente muelle, precipitándonos contra los ventanillos, ávidos de dirigir nuestras miradas a la tierra idolatrada, por quien tanto habíamos sufrido. Aquella exclamación fue repetida a coro por doscientos sesenta pechos al unísono, inflamados por el más intento patriotismo. Con los ojos anegados en lágrimas distinguíamos allá, en la lejanía, las montañas cubanas del color de su incomparable cielo, destacándose sobre un fondo de limpia blancura. Después del café subimos a cubierta y nos instalamos en nuestro campamento del castillo de proa, donde reanudamos nuestros cánticos patrióticos, demostrando así el júbilo indescriptible que inundaba nuestras almas. Por fin, nos acerca cavamos al grandioso momento de nuestro desembarco en las playas cubanas. Aquellas aguas azules y profundas, que se dejaban hender dulcemente por la proa del barco, eran aguas cubanas y tenían derecho a nuestros amores”.

“Desde el mediodía ya distinguían nuestros ojos, destacándose sobre la uniformidad de la costa, las palmas simbólicas, cuyo recuerdo había permanecido constante en nuestros cerebros. Cuando llegamos a las cercanías del Morro ya el sol se había ocultado y navegábamos alumbrados por la hermosísima claridad de un bello crepúsculo, en cuyo centro se destaca La Habana, formando un delicioso paisaje. Al costado del buque. Como sucede siempre, gran número de “guardaños” en busca de pasajeros. Lentamente descendimos por las escaleras del buque y los ocupamos todos. Los remos hirieron la superficie liquida, y al poco rato atracábamos a los muelles. Los guadañeros pidieron el importe de su trabajo. ¡Vayan a cobrarle al Capitán del isla Panay! Y nos lanzamos ciudad adentro, respirando el aura de la libertad”. 

Los cubanos recorren la ciudad por última vez

“Descendimos de nuestro monte Calvario y cruzamos alegremente las calles de la ciudad, la que nos pareció mucho más limpia y moderna que en los días pasados. Fuimos conducidos al Departamento de Talleres, donde comimos nuestro último rancho de presidiarios, a eso de las once de la mañana. Allí se nos reunieron los “ñañigos”, eran veintiún cubanos llevados a Ceuta desde el principio de la guerra, toldado de “ñañigos” y desafecto a España. Desde su llegada a Ceuta vivieron en un calabozo del castillo del Hacho, pero salían diariamente a tirar de los carros, y aunque al principio fueron terriblemente tratados por sus guardianes, después recibieron trato más benigno y todos escaparon con vida. Llenos de intensa alegría, por su libertad, cantaban a coro. Como fácilmente se comprende, con ese canto querían demostrar que no le sabía hecho mella el rigor con que habían sido tratados. Allí vimos a un hermano del tristemente celebre Lolo Benítez, de quien llevaba luto. Serían las tres de la tarde cuando fuimos conducidos al muelle Real, y allí embarcados en varios botes, de los que nos trasbordamos a un pequeño vapor llamado “Reina de los Ángeles”, si no recordamos mal, que nos aguardaba fondeado en la bahía. Formados en cubierta, de dos en dos, fuimos entregados al Capitán del vapor por el capataz que nos conducía, cesando con aquel acto el dominio de las autoridades de la plaza sobre nuestros cuerpos”.

“El vapor levó sus anclas y principiamos a alejarnos. Al obscurecerse doblamos la punta de Tarifa, y poco antes se había perdido en la bruma lejana, el monte Hacho y su consorte el de Sierra Bullones. Poco a poco fuimos perdiendo de vista la costa de África y después la de España, sumergiéndonos en la obscuridad de la imponente noche que nos aprisionaba sobre la superficie de las olas, las que iniciaron un juego horrible con el pequeño buque, que empujado mar afuera por el fuerte viento del norte, luchaba heroicamente para sostener su rumbo. Sin comer ni dormir, pasamos la noche en lucha con las olas, y al amanecer hicimos nuestra entrada en la bahía de Cádiz, donde fuimos trasladados al transatlántico “isla de Panay”, aquel mismo día 29 de octubre nos hicimos a la mar, como a las cuatro de la tarde, rumbo a la tierra de nuestros amores”.

 “A los cuatro días de navegación hicimos escala en el puerto de Las Palmas, donde embarcaron carga general y pasajeros. Haciéndonos a la mar a las pocas horas de tomar puerto. Los día 5, 6,y 7 fueron de un tiempo hermosísimo, que nos permitió estar sobre cubierta celebrando nuestra libertad con cánticos y alegres charlas, entreteniendo largamente, alejando de nuestras mentes los sufrimientos pasados y dando cabida a las alegrías del momento, y a los planes que ya se delineaban para lo porvenir”.

 

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Diario de un independentista cubano en Ceuta X

 Francisco Sánchez Montoya                   http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/

En este testimonial y atrayente diario que estamos transcribiendo nos centraremos en sus últimos días en Ceuta…

“En las ultimas horas de una tarde, cuando atravesábamos la ciudad de Ceuta a nuestro regreso del trabajo, llegó hasta nosotros, trascendiendo del público, la grata noticia de que España había pedido la paz. Cuando llegamos al hacho, ya sabían allí la noticia, aunque extraoficialmente. Indescriptible fue la alegría que ensanchó nuestros corazones. Aquella noche casi no dormimos, porque las negras nubes que encapotaban nuestro cuelo,  empezaban a disiparse, y el inefable consuelo que invadió nuestros corazones, satisfizo las necesidades del organismo, y el sueño huyó de nuestros ojos. No teníamos una idea definida de cómo sería nuestra libertad, pero no nos cabía la menor duda de que, siendo los norteamericanos los vencedores, seríamos reclamados tan pronto principiaran las negociaciones de paz. Al día siguiente fue confirmada oficialmente la noticia de la terminación de la guerra, y los jefes del hacho operaron un verdadero cambio en su trato para con nosotros”.

 “Disminuyeron rápidamente los castigos y accedían con facilidad a las peticiones de rebaja de los trabajos. Los forzados españoles dulcificaron un tanto sus relaciones para con nosotros, oyéndoseles expresarse favorablemente a nuestra libertad. ¡Así con las masas inconscientes de los presidios y de los pueblos! Hoy apostrofan al que ensalzaron ayer, y mañana colmarán de honores al que hoy insultan y maldicen. Algunos compañeros lograron su rebaja de los trabajos, pero la mayoría preferimos seguir trabajando, porque la vida en el trabajo era inmensamente preferible a la que se hacia en las galeras, el trabajo entretenía y producía seis centavos diarios y la galera lo que producía era hambre e impaciencia. A fines de septiembre llegaron las primeras cartas de Cuba, escritas después de acabada la guerra. Eran mensajes de felicitación de los padres a los hijos, de las esposas a los esposos, de los hijos a los padres, de las hermanas a los hermanos. La inmensa alegría atravesaba el Océano y llenaba de gozo los corazones. Algunos compañeros recibieron de sus padres dinero para que compraran ropa para el viaje, pero la mayor parte nos veíamos precisamente a hacerlo con el denigrante uniforme de presidiario, calzados con las repugnantes alpargatas”.

“Al terminarse la guerra permitieron de nuevo la entrada de los periódicos en las galeras, y durante el mes de septiembre pudimos seguir el curso de los acontecimientos, disipando un tanto la impaciencia que nos consumía. El día primero de octubre se reunieron en Paris los comisionados a las conferencias de paz, y el día 3 llegó a Ceuta la orden de ponernos en libertad, la primera exigencia de los comisionados norteamericanos fue la inmediata libertad de los prisioneros cubanos. Queremos suponer que jamás el cable, desde su instalación, había sido portador de una noticia que produjo más alegría y sacara más lagañas. L La orden llegó por la tarde, y nos fue comunicada como a las cinco y media, a nuestra llegada del trabajo. Los compañeros que estaban en las galeras, nos esperaban cerca del cuerpo de guardia, y al divisar la cabeza de la columna, prorrumpieron en vítores de libertad, y algunos más lanzados Cuba Libre, lo que fue tolerado pacientemente por los jefes y soldados de la escolta. A medida que hiñan llegando las cuadrillas de las diferentes secciones, se repetían aquellas escenas de intensa alegría. Después del rancho fuimos llamados al patio, y en formación correcta, nos dijeron que habían recibido la orden de poner en libertad inmediatamente a los que tuvieran recursos para costearse el viaje, y que los restantes tendríamos que esperar a que el Gobierno contratara con la Compañía Trasatlántica nuestro traslado a Cuba. Que los que pudieron pagar su viaje deberían estar listos para ser conducidos al día siguiente a la ciudad, donde tomarían el vapor correo para ir hasta Algeciras, donde los ponía el Gobierno gratuitamente”.

“No hay palabras para describir la intensísima alegría que invadió nuestros corazones y el profundo agradecimiento que sentíamos por el pueblo y el Gobierno norteamericanos, que tan humanitariamente te portaban con nosotros, sacrificando vidas e intereses nacionales, para darnos la anhelada libertad, arrancándonos por la fuerza, puede decirse, de las inmundas prisiones donde hubieran bastado muy pocos años para que el último bajara a la tumba triste y solitaria, en aquella agreste península, asiento de todo mal. Tan pronto cerraron las galeras después del recuento, principiaron las deliberaciones sobre la forma de libertad que se nos ofrecía. Como las circunstancias habían variado completamente, la mayor parte de los que la otra vez habíamos sido partidarios de la libertad en cualquier forma, éramos en aquella ocasión decididos oposicionistas del viaje a Cuba por nuestra cuenta. Habíamos sido reclamados como prisioneros de guerra, y lo justo y equitativo era que se nos condujera a Cuba”

Algunos llegan a Gibraltar

“No obstante, como treinta compañeros decidieron afrontar los peligros de un viaje por su cuenta y riegos, y a la mañana siguiente te presentaron en la Ayudantía y solicitaron su conducción a los jueces, donde tomaron el vaporcito, y ya en Algeciras tomaron pasaje para Gibraltar. Sabido es que en aquella plaza no se puede pernoctar sin ser garantizado ante el jefe de la policía por una persona solvente de la ciudad. Dos o tres de ellos que tenían dinero, se alojaron en un hotel y pronto se pusieron dentro de las ordenanzas de la ciudad militar, pero no les fue igual a los que, demostrando un ansia de libertad rayana en locura, se atrevieron a emprender un viaje de aquella magnitud sin una peseta en el bolsillo. Tan pronto entraron en la ciudad se presentaron al Cónsul norteamericano, quien les dijo que nada podía hacer por ellos porque no tenía instrucciones de su Gobierno, concretándose a recomendarlos a un señor de apellido Macedo, que tenía un tren de carretones. Este sujeto los garantizó ante el jefe de la policía y les permitió que durmieran en sus cuadras sobre sacos viejos y basuras. Pasaron todo el día y la noche sin comer bocado, pero al siguiente día fueron a una fonda con la intención de comer de todos modos, pero se concentraron a rogar que les permitieran comer las sobras que quedaban en los platos de los marchantes. De este modo mataron un poco el hambre que les había trastornado un tanto las facultades mentales, y pensaron más cuerdamente sobre su situación”.
“Enrojecidos de vergüenza por el acto realizado de comer esas sobras a la vista del publico, se encaminaron de nuevo a casa del Cónsul, a quien invitaron a que pasara un cable a su Gobierno, consultando el caso de su presencia en el consulado, demandando auxilio, y lo que es más que se les dijera terminantemente bajo que Gobierno estaban ellos como prisioneros de guerra licenciados de presidio. De Washington contestaron que ellos estaban bajo el amparo de las leyes norteamericanas que regían la ocupación de la Isla de Cuba, y que se les atendiera convenientemente, embarcándolos en el primer vapor de pasaje que saliera para los Estados Unidos. En efecto, tomaron el primer vapor que salió para New York y tuvieron un viaje felicísimo. Al llegar a Estados Unidos fueron recibidos por don Tomas Estrada Palma, el primer Presidente de todos los cubanos, cuya desaparición jamás será bastante sentida. Por cuenta de la Delegación cubana fueron conducidos a Cuba algunos días después, llegando a las playas de la patria unos días más tarde que los que hicimos el viaje por cuenta del Gobierno de Madrid.

Impaciencia en los que quedan en el Hacho

Un buen número de independentistas cubanos, ya han salido de Ceuta, pero todavía son muchos los que esperan que el Gobierno español se hagan cargo de ellos y lo devuelvan a Cuba, entre ellos esta el autor de este diario Pablo de la Concepción, quien nos relata sus últimas horas en el penal del monte Hacho… “Los días que siguieron a la marcha de aquellos compañeros, fueron de verdadera impaciencia para los que nos quedamos en el Hacho. La inexplicable demora que sufría la llegada de la anhelada orden de licenciamiento, nos hacia sufrir horriblemente. Al cabo de algunos días nos explicaron que estaba todo listo para nuestro embarque, pero que era forzoso esperar al día 28 de octubre (estábamos a 21), con el propósito de que nuestra llegada al puerto de Cádiz en viaje por el mar, coincidiera con la salida para Cuba del Trasatlántico “Isla de Panay”, que emprendería viaje el día 29, en el que seríamos conducidos”.
“El día 22 pasaron revista de uniformes y de mantas, y al notar que muchos compañeros no las tenían, porque las habían vendido para comprar pan y rancho, amenazaron con dar cuenta a la Dirección del penal del hacho para que nos demorara la libertad hasta que las entregásemos. Aquella amenaza nos causó un serio disgusto y, con la premura del caso, principiamos a hacer gestiones para adquirir de algún modo las mantas que faltaban ataban a algunos compañeros, que  eran como ochenta. Al enterarse el Ayudante de nuestras gestiones, llamó a su presencia al grupo que nos ocupábamos del asunto, y después de reiterar su amenaza de dar cuenta a la Dirección, se brindó para conseguirnos las mantas al precio de un peso, siempre que le entregáramos en seguida la cantidad necesaria. Comprendiendo que todo aquello era una burda trama para explotarnos, le dijimos resueltamente que no le dábamos ni un centavo y que diera cuenta cuanto antes. Aquellas fueran las últimas palabras que dirigimos a aquel granuja, quien temía mucho de nosotros en aquellos momentos para meterse en camisas de once varas. La orden de libertad nos arrancaba de sus manos, pero quedaba rico a nuestras expensas. Una buena parte de los socorros que con miles de sacrificados nos habían remitido nuestros familiares, habían ido a parar a sus bolsillos”. 

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Diario de un independentista cubano en Ceuta IX

 Francisco Sánchez Montoya                   http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/

 En los Primeros Días del mes de enero del Año 1898, sí sintieron en Ceuta los Preludios de la complicación internacional Cuyo Resultado fué la guerra Entre España y los estados unidos. Aquel invierno FUE muy duro en Ceuta y los independentistas cubanos recluidos en el Hacho del lo soportaron penurias Muchas estafadores. Los Acontecimientos del buque Estadounidense Maine llegan a Los Presos cubanos, recordemos de Que País el Ejército Libertador cubano estába a punto de Derrotar a España y conseguir la independencia de su, inesperadamente Pero, el acorazado, anclado en la bahía de la Habana Explota Por los aires . Mueren 268 marinos. Pruebas pecado rapidamente de y, ESTADOS UNIDOS acuso a España del sabotaje, Que estafa lo el Ejército América ya tenia Una Excusa párr intervenir en el Conflicto. 

El cubano Pablo de la Concepción, nos relata de como les Llegó la noticia a las galeras del Monte Hacho: “… Llegamos al mes de Febrero, mes Pequeño y villano Que nos impusó do helado cierzo párr AUMENTO de Nuestras peñas, Uno de Sus Ultimos Días prohibieron la entrada ¿de periódicos en el hacho, ¿de Qué pasaba? Alguna noticia Importante te nos queria Ocultar. La Impaciencia nos consumió Durante algunos Días, al cabo de los Cuales nos enteramos de la Voladura del acorazado “Maine” en la bahía de La Habana . Aquella noticia nos Alegro en grado sumo, Aparte de la pesadumbre Que nos Causo las Perdidas de Vidas, PORQUE EL horribles Suceso porción traería Consecuencia natural de la Intervención de los Norteamericanos en los Asuntos de Cuba. Algunos compañeros were castigados cruelmente porción Haber exteriorizado this esperanza . El mes de marzo y de abril a instancia de parte Pasarón Cambio notable en el pecado Nuestras peñas, Pero Alrededor del dia 20 notamos Algo anormal en Nuestras Vidas en La Prisión del Hacho “.

“… Como no sí recibían el los Periódicos, no estabamos enterados Del Curso De Los Sucesos, Pero sospechábamos Que algoritmo tumba muy estába sucediendo en El Mundo en Aquellos recuerditos. Los jefes redoblaron sos crueldades párr Con Nosotros y do riguroso trato Alcanzó proporciones insufribles, POR CONVERSACIONES pescadas Al Vuelo baño del los Trabajos, nos pudimos enterar del Estado de guerra Entre España y los estados unidos. La noticia fué pronto del Dominio de Todos y los jefes del Hacho no pudieron Evitar de Que El Veneno De La Politica sí infiltrara baño las galeras. Los españoles discutían acaloradamente Forzados, Sobre la Marcha de los Sucesos, y CASI Todos Eran de La Misma opinión “. España Daría Una tremenda Lección una los estados unidos, Para Qué Jamás sí metieran en Lo Que no les importaba”.

“Al Día siguiente El Unico Que No SIENDO Inútil no fué A Trabajar, fué el querido compañero Diego Herrera, Quien sos Cincuenta Jahr y Sus cabellos canos le ayudaron a representar aire refinado arte el Papel de anciano valetudinario, y Andaba constantemente algoritmos Inclinado Sobre sin báculo de caña Con paso lento Sumamente Y Que CUANDO gritaron libertad al terminarse la guerra, sí Puso direction derecho de como huso de la ONU, Dandole un su PIERNAS la agilidad de la ONU Conservado busque solieron. En la INMENSA cantera apenas habia Lugar Para El Ejército de barrenderos y Nievas Líneas de vagonetas were instaladas. El Numero de carros Que tiraban Materiales fué aumentando considerablemente y TODAS las Acciones del Trabajo de la ONU recibieron Refuerzo De buen presidiarios. Las batteries “El Pintor” y “Santa Clara” were terminadas rapidamente, las Obras del polvorín tomaron gran impulso y en TODAS Las viejas defensas sí instalaron cañones Modernos. Una gran Actividad sí notaba also Entre los soldados de la guarnición, a Quienes no Daban punto de reposo. De Muchos regimientos de Reclutas Llegaron a la Plaza párr receive Entrenamiento en la explanada del “Fijo”. Las cornetas atronaban el Espacio, y un, dos; un, dos; un, dos; voces estafa Que los quintos marcaban sos Pasos, Y Que los puntapiés Que les aplicaban los Instructores no interrumpían, sí oían constantemente de la Mañana a la noche “.

“Los Oficiales del Cuerpo de Ingenieros Que tenian un su cargo las Diferentes Obras En que trabajábamos, No Se ocultaban de Nosotros párr dar rienda suelta una suspensión Opiniónes Sobre los Hechos Que se Estaban desarrollando en Cuba. Por Un sencillo capricho del destino, trabajaba el autor en Aquellos Días en la Oficina de la obra “Cuartel del Rebellin”, Pasando a los libros las Listas de jornales. This obra en sí construía Dentro de la ciudad, y era frecuentada do Oficina Por Un Sin Número de Oficiales de TODAS las Armas, amigos del Capitan de Que se dirigia el los Trabajos. Yo trabajaba discretamente estampando Nombres y Haciendo cruces en las casillas del libro, el pecado Perder Una Palabra de Cuanto sí hablaba. Entre Aquellos Oficiales los habia aire Sentido Común, Pero la Mayor a instancia de parte carecían de él “.

“MIENTRAS algunos, conocedores cols Parecer De La Efectividad De Las Fuerzas lanzadas contra La Poderosa escuadra Norteamericana, Daban porción segura la derrota del Almirante Cervera, Other, de Menos Experiencia y Más quijotismo, tenian Una fe ciega en el triunfo de Las Naves españolas” . Una tarde entro en la Oficina de la ONU oficial del arma de artillería, mostrándolo onu del numero de UN Periódico local where caricaturizaban al Almirante Sampson ONU de la estafa revólver en la mano, Frente a Una gran botella tapada “.

Vendedoras de pescado Para Los presos

“… Con la noticia de la tirantez de Relaciones Entre Ambos pueblos, Llegó a Ceuta La Orden de Emprender Nuevas Obras de Defensa y de Terminar rapidamente Las principiadas. Una circular Llegó al Hacho, párr Que no Quedara NADIE ES las galeras, las Jamás Que sí vieron desiertas bronceado. Hasta “los pinchos” were a tirar de los carros de Pero párr Ello tuvieron Que invocarles La Defensa De Una patria Que Tenia los emparedados en Aquel castillo porción de Todos los Días de do vida. El considerables AUMENTO de Forzados en el los Trabajos , produjo la necesidad de aumentar ¿la CANTIDAD de rancho de CADA departamento, PORQUE ya: hemos DICHO Que en los Trabajos del siempre repartían la ración Reglamentaria. Pero el contratista SÓLO atendió un su Negocio, importándole Poco Que los Forzados estuvieran escasamente alimentados en Aquel Trabajo EXCESIVO. Las horas de Trabajo were aumentadas y regresábamos al Hacho Más Tarde, SIENDO also Más corto El Descanso del Mediodía. El pan del dia sí recibía entero en El Trabajo, Por Lo Que era necessary guardar en el morral La Mitad Que correspondia a la ración de La Tarde Pero el hambre, Que es muy mala Consejera, lo impulsaba a comérselo Todo de Una Sola Vez apenas Caia Entre Nuestras Manos. Todo un Día de Esfuerzo sobrehumano párr ARRASTRAR el pesado carro porción Aquellas atrevidas pendientes, lo dejaba un extenuado Completamente Uno, Fuerzas pecado párr subir la empinada montaña del Hacho, Que habiamos Bautizado Con El Nombre de “calvario de los cubanos”. 
“En ALGUNAS calles porción Donde pasábamos al Regreso del Trabajo, sí citaban Unas Vendedoras de pescado frito, aire sos Humeantes sartenes, párr ofrecernos sos doradas Ruedas, calientes y olorosas un centavo CADA Una. Una perrilla dificilmente conseguida en la galera la noche anterior y Guardada en el mugriento Bolsillo Durante Todo el Día, Con El Mismo Interés Que Si sí hubiera Tratado de Una Moneda de oro, causaba la felicidad de Más de estomago un, PORQUE Muchas Veces era necessary HACER partícipe de la rueda de pescado Con Ella ADQUIRIDA, un hambriento algun compañero cubano “.
“Ya en el Hacho, presenciábamos from las galeras el escandaloso escamoteo del rancho Que: hemos described en Otro Lugar De Este Diario. de Cuando nos llamaba la corneta, bajábamos al patio Con La Convicción De que volveríamos a las galeras Con el estomago Vacío. ¡Cuantas Veces Regrese a mi galera Con El Plato Vacío y sin nudo de indignación en la garganta! UNO de Cuando no alcanzaba rancho, Tenia Que recurrir a algun compañero caritativo Que `Pudiera prestarle algunos centavos párr comprar Algo Que comer, o recurría a La Venta o Empeño de Alguna prensa de vestir o de cama, era imperioso PORQUE mitigar los latidos del tirano Estómago . Sonando manjares estafadores sabrosísimos, sí pasaba la noche estafa sueño entrecortado, ya La Mañana siguiente nos llamaba la corneta párrafo Continuar Aquella larga Escena de Sufrimiento, En que estába Puesto a prueba el temple de Nuestros corazones cubanos “.

Los cubanos ahogan sos penas en el Hacho cantando

“Nuestra resignación marchaba Pareja Con Los concepts injuriosos Que nos lanzaban a la cara, Nuestra consigna fué Repetida de Oído en Oído Entre el los compañeros del MAS exaltados, y porción necesidad nos impusimos El Silencio Sobre los Asuntos de la guerra, aunque aquéllo significaba la tortura del cerebro, Convertido en dura Cárcel de Nuestros Pensamientos. De tal Manera quisimos demostrar our fingida indiferencia ante los Sucesos de la guerra, Qué porciones de Las Noches, los antes de la hora del silencio, y los domingos Durante Todo el Día, aprovechando la superficialidad de Carácter compañeros de algunos, nos reuníamos y cantábamos canciones, HACIENDO LA MUSICA estafadores algun cajón o lata. Pero Nuestras Mismas canciones nos hacian traición, y descubrían la ola de tristeza Que invadía Nuestros corazones. La canción del desterrado y Otras ningún Menos tristes, Eran las predilectas … Allá en mi Cuba, en mi nativo Consuelo, en Cuyos prados la belleza mora, heno Una flor solitaria Que llora, mi triste vida abandonada here … ”
“… Pensamientos Estós, refrescando en La Mente El Recuerdo de los Seres Queridos, aumentaban el dolor Que nos embargaba. El compañero Antonio Sotolongo Canto Un día en Uña de Aquellas Reuniones. El torrente de Nuestros sinsabores seguia do Curso ancho y nada parecia detenerlo … ¡Pobre Cuba querida, tierra hermosa, Templo de la modestia y La Virtud, soportando Una Vida ignominiosa, cuatro Siglos Duró tu Esclavitud!

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Diario de un independentista cubano en Ceuta VIII

 Francisco Sánchez Montoya                  http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/

Entre lo escrito destacamos en el diario entre 1895 y 1898, destacamos… “Los calurosos meses del verano de 1897 fueron terribles para los prisioneros cubanos, debido al excesivo trabajo que se nos obligaba a realizar, mientras los socorros disminuían rápidamente, porque una espantosa ola de miseria se había extendido por toda la Isla. La Junta Revolucionaria se había ya olvidado por completo de nosotros, sin duda por el precario estado de fondos. La mayor parte de los prisioneros estábamos trabajando en aquellos meses, en un enorme polvorín que estaban constituyendo detrás de una lometa, en las proximidades de la batería de Santa Clara, que también se estaba terminando a toda prisa. Unos doscientos forzados trabajábamos en una profunda excavación, cincuenta carros, que representaban quinientos hombres para arrastrarlos, tiraban materiales de construcción, infinidad de canteros labraban grandes cantos de roca, oficiales de albañilería dirigían la preparación de la mezcla, y muchos carpinteros trabajaban por su oficio.

     Un Teniente del Cuerpo de Ingenieros dirigía todos los trabajos, celadores, que eran empleados particulares, supervisaban los distintos trabajos de los presos, los capataces, cabos y soldados ejercían la vigilancia y completaban el armónico funcionamiento de aquella maquina que trabajaba sin descanso en la preparación del gran depósito de municiones que se quería instalar en aquel lugar. Como todo cuanto nos rodea en Ceuta hasta el agua que bebíamos en aquella obra nos era hostil, por entre unas rocas próximas al campamento de la obra discurría en hilos cristalinos, que traidoramente invitaban a matar la sed. En aquella agua vivían en número infinito, sanguijuelas, que se pegaban en la garganta del que, desconociendo su existencia, bebían sin precaución. Muchos compañeros tuvieron que sufrir en el hospital la operación de desprendérseles de la garganta sanguijuelas llenas de sangre. 
“… Un día llegó a aquella obra la gran noticia. Llegó unos momentos antes de la hora de almuerzo. En la profunda excavación trabajábamos formando una larga escalera humana. Los presidiarios nos colocábamos en escalones practicados en las paredes de la excavación, que partiendo de dos bordes opuestos se juntaban en el fondo. El material excavado se extraía en pequeñas espuertas de esparto, que pasaban de mano en mano, sin interrupción de continuidad, y era necesario prestar verdadera atención al trabajo para recibir la espuerta llena do vacía y pasarla al compañero inmediatamente, empleando el tiempo estrictamente necesario, porque un descuido momentáneo, ocasionaba la caída a los pies de la otra espuerta que le era lanzada sin que estuviera preparado para recibirla.

     El que cometía este descuido sentía en sus espaldas las crueles caricias del vergajo. Como en las norias, con los cubos de agua que suben llenos para descender vacíos y volverse a llenar sucedía allí con las espuertas, que salían llenas, se vaciaban en un terraplén y descendían vacías para volverse a llenar. La gran noticia llegó a la oficina de la obra, donde la cogió al vuelo un compañero aguador, que la llevó junto con su cántaro al borde de la excavación. El primero que la recibió de labios del compañero Aguador la trasmitió con disimulo al inmediato en la escalera humana, y aquél la transmitió al otro, etc., y de este modo, la gran noticia bajó hasta el fondo de la inmensa fosa, subió por el otro lado y como recorre el conductor metálico la corriente eléctrica, pasó por el terraplén y regresó al lugar de partida, dejando en su recorrido una hermosa estela de alegría y esperanza. ¿Cuál fué la gran noticia? Digámoslo de una vez. Estaba contenida en las siguientes tres palabras: “Mataron a Cánovas”. La muerte de aquel estadista, presidente entonces del consejo de Ministros, sostenedor del principio de que España debía luchar en Cuba hasta gastar el ultimo hombre y la ultima peseta, sin cambiar los métodos implantados por el funesto Weyler, tenía que traer por consecuencia el relevo de aquel tirano y un cambio completo de los métodos de guerra, que podía facilitar el más rápido triunfo de las armas cubanas”.

DECRETO DE LIBERTAD
“… Los dos meses siguientes a aquel suceso fueron de verdadera impaciencia. ¿Qué sucedería? ¿Ofrecerían la autonomía a los cubanos? ¿Sería esta aceptada? ¿Se nos reclamaría a la hora del arreglo de paz? Nada sabíamos, y aquella terrible incertidumbre abatía los corazones y ponía serios y pensativos a los de carácter más alegre. Una tarde, al llegar del trabajo, nos encontramos en el Hacho con la notición del cambio de Gobierno y relevo de Weyler, a quien se sustituía con el General Ramón Blanco. Este general iría a Cuba para implantar reformas encaminadas a conseguir la deposición de las armas por los insurrectos. Había sido investido de amplias facultades para implantar nuevos métodos de guerra, y hacer al Gobierno cuántas recomendaciones creyese oportunos para lograr la pacificación de la Isla. Tan pronto se hizo cargo del mando de la Isla y del formidable ejército que pudieron en sus manos, propuso a su Gobierno la promulgación de un Real Decreto, por el que se ordenaba la inmediata libertad de todos los presos por rebelión.

      El decreto fué promulgado y el General Blanco ordenó su inmediato cumplimiento. Los lectores supondrán cuán intensa sería nuestra alegría al recibir esta noticia. Fué una de esas alegrías que no se deben describir porque la descripción les quita sublimidad. Las cárceles de Cuba se vaciaron, los procesos se paralizaron, las expediciones de prisioneros y deportados que estaban en camino para España, retornaron los lugares de partida, los deportados que guardábamos prisión en diferentes centros fueron puestos en libertad y la misma suerte cupo a los que estábamos en el Hacho de Ceuta”.

      En cuanto a los prisioneros de guerra, que ya sumábamos trescientos veinticinco, se nos anunció que el Gobierno se estaba ocupando de nuestro traslado a Cuba. En la vida diaria del presidio en el Hacho, hubo un pequeño cambio favorable a nuestra situación. Los jefes nos trataban con menos crueldad y hasta los forzados españoles dulcificaron un tanto sus relaciones para con nosotros. Nos permitieron el uso de pelo y bigote y muchos lograron que los rebajaran de los trabajos forzosos. A los pocos días nos comunicaron que el Gobierno de acuerdo con el reglamento de la Colonia penitenciaria, había dispuesto que se nos pusiera en libertad en Ceuta, entregándonos una cantidad de dinero que representaba el pasaje parea recorrer una cantidad dada de kilómetros, y rápidamente iniciaron en las oficinas de la Dirección los trabajos conducentes a nuestro licenciamiento. En dicho trabajo estaban ocupados también unos diez compañeros que diariamente eran conducidos a las oficinas donde pasaban todo el día. La noticia de aquella forma de licenciamiento cayó entre nosotros como una terrible bomba. No podía acontecernos cosa peor. ¿Qué iba a ser de nosotros? Se pretendía ponernos en libertad, famélicos y vestidos de presidiarios, entregándoos unas pesetas que solo nos alcanzarían para recorrer unos kilómetros en ferrocarril. ¿A dónde iríamos en aquella tierra extraña, sin recurso ni relaciones, en momentos en que ya se tenían noticias de que los cubanos en armas rechazaban de plano la autonomía que les ofrecía el Gobierno? Estos pensamientos preocupaban hondamente a la mayoría, pero habíamos muchos resueltos a desafiar a nuestro destino, lanzándonos a los peligros de aquella libertad a medias, por terrible que fueran sus consecuencias.” 

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Diario de un Independentista cubano en Ceuta VII

Francisco Sánchez Montoya                    http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/

      Entre los muchos detalles que nos da en su diario Pablo de la Concepción narra la intervención en el hospital de Ceuta de un médico cubano… “Recordemos un caso que nos causó verdadera admiración. Un militar de alta graduación tenía una niña que había nacido ciega, y habiendo tenido noticia de la fama de oculista de que gozaba el doctor Montalvo, fué a la prisión del Hacho en busca de sus servicios. Una difícil operación seguida de un cuidadoso tratamiento, hizo brillar la luz en aquellos ojitos que había nacido apagado, y el padre vio con tristeza la retirada del ilustre deportado, cuando aún su hija necesitaba de su ciencia. Con verdadero patriotismo y desinterés curó el doctor Montalvo a todos sus compañeros de prisión que necesitábamos sus servicios. Sufriendo en pleno rostro el embate del terrible cierzo helado, lo veíamos acudir diariamente durante cierto tiempo, a la Ayudantía, donde con permiso solicitado por el, curo la vista a un compañero de mi misma galera. Aquella su hermosa obra de patriota no fué hecha en vano, porque Dios lo premio en su familia. Mientras el sufría el infortunio del destierro en el Hacho, alejado del hogar querido, donde su familia sufría la inmensa tristeza que producía la ausencia del padre. Amantísimo, allá en el indómito Oriente, el más intrépido de sus hijos ganaba grados y distinciones las órdenes del mayor general Calixto García, quien le confió siempre las operaciones más difíciles de la campaña. Después de hecha la República en Cuba, Dios lo llamó a su seno, pero antes le permitió la satisfacción de ver a sus hijos perfectamente encaminados en l a senda de la vida, brillando como estrellas de primera magnitud en nuestro cielo social y político”.

“… Aquellos compañeros de infortunios de quienes tantos socorros habíamos recibido, descendieron alegres la pendiente montaña del Hacho, abandonando aquel lugar de ignominia, dando vítores a la libertad de todos que en breves días sería un hecho consumado. Nosotros los vimos alejarse agitando sus blancos pañuelos en son de despedida, y aunque sentíamos un gran desamparo con su ausencia, nos alegraba su libertad y la hermosa, y consoladora perspectiva de la nuestra, que dentro de pocos días disfrutaríamos. Los doctores Alfredo Zayas, José Antonio González Lanuza, Rafael Montalvo, Elpidio Marin, Agüero, Arturo Primelles y otros muchos con quienes nos comunicábamos constantemente, con motivo de su patriótica actuación en nuestra defensa y amparo, se despidieron de nosotros como pudieron hacerlo, unos por escrito y otros, desde lejos, agitando sus pañuelos…”

“Nuestros pechos estaban para estallar de jubilo al presenciar el desfile de aquellos queridos compañeros, aunque su ausencia nos privaba del valioso auxilio que nos venían prestando, unos con su socorros pecuniarios y otros con su ciencia e influencia. Como autor de este diario rindo por este medio su tributo de respeto profundo a la memoria de los ilustres desaparecidos doctores Lanuza y Montalvo, quienes supieron honrar el nombre de Cuba hasta en la prisión del Hacho. El primero, en unión del doctor Alfredo Zayas y Juan Gualberto Gómez, levantó muy alta su protesta ante el Gobierno de España, por habernos equiparado a los presidiarios españoles de causa común. El segundo, con su incalculable caudal de ciencia, se hizo admirar por las autoridades de Ceuta que acudieron a el en diferentes casos, impetrando el auxilio de sus conocimientos científicos en nombre de sus compañeros, los médicos de la plaza. La luz de su ciencia iluminaba al mundo, y en el destierro brilló con más fuerza, deslumbramiento a sus enemigos”.

 En las páginas de este diario escrito por el independentista cubano Pablo de la Concepción, se destaca la vida de un líder de la Isla que tras ser deportado a Ceuta falleció en el hospital Real de la Plaza de los Reyes, se trata de Emilio Sabourín, sus restos fueron trasladados a Cuba en 1901. Recordemos que el autor de este diario era sargento del Quinto Cuerpo del Ejercito Libertador, y lo definió como hojas escritas en la soledad de su encierro en la fortaleza del monte Hacho, comenzando este diario con unas líneas de propósitos: “… El verdadero objeto de este diario no es otro que dar a conocer al Pueblo cubano los sufrimientos experimentados por los prisioneros de guerra y deportados por medida gubernativa, que el Gobierno de España nos recluyó en Ceuta durante la Guerra de Independencia. Muy lejos de nuestro ánimo está la idea de despertar odios entre cubanos y los que combatieron y odiaron su libertad por cuya razón, suplicamos al que nos honre leyendo este diario, que juzgue los tristes sucesos que en él se relatan, como la consecuencia natural de la tempestad de pasiones que la guerra desató sobre la Isla…”

Dejemos que la pluma del autor de este diario nos relate en este nuevo capitulo dominical, vida del líder cubano Emilio Sabourín: “… La tuberculosis, ese terrible azote de la humanidad, fué la enfermedad que más estragos hizo entre los prisioneros cubanos, estimulada por el hambre y la falta de higiene. Fueron cincuenta y cuatro los desgraciados que dejaron allí sus huesos, entre ellos el queridísimo compañero Emilio Sabourín, el inolvidable jefe de aquel puñado de obreros, que con exposición de sus vidas sacaban de la pirotecnia militar las municiones que fabricaban los españoles y servían para sostener en la manigua el estado de guerra contra España. La delación infame los hicieron sus victimas y dieron con sus huesos en el presidio de Ceuta. Antonio Capablanca era uno de ellos. Este querido compañero, que murió hace algunos años siendo Mayordomo del Presidio nacional de Cuba, pasó su prisión batido por terrible enfermedad, en un lecho del hospital de Ceuta, de donde lo levantó la libertad”. 
“… La caridad de sus compañeros dió en Ceuta una tumba propia a Emilio Sabourín, cuyos restos fueron traídos a Cuba en 1901, por una comisión costeada por ellos. Los otros cincuenta y tres no tuvieron esa suerte, y sus restos fueron a la fosa común no obstante el nimbo de gloria que circundaba sus fuentes. ¡Contrastes del destino! Todos los veranos hacia su aparición la terrible peste de la viruela y perecían los variolosos a centenares, en un lazareto de pésimas condiciones. Ninguna medida sanitaria se tomaba en las galeras para evitar la propagación de la enfermedad, excepción hecha del baño de mar a que forzadamente nos obligaban. En la misa camilla en que se conducían los variolosos al lazareto se llevaban al hospital a los demás enfermos, y por todos concentos era asombroso el abandono de los principios sanitarios, pareciendo como que aquí en Ceuta, ignoraban hasta las más rudimentarias nociones de salubridad pública, o era que interesaba que se murieran los presidiarios a montones… “

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Diario de un independentista cubano en Ceuta

Francisco Sánchez Montoya                    http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/

 

     En este diario también nuestro autor nos relata los estafadores que existían en las galeras del Hacho, entre 1895 y 1898… “Había en el presidio un buen número de forzados que ejercían en plena galera el oficio de estafadores. Estos estafadores se dividían en dos clases bien definidas. A la primera pertenecían los que, poseyendo verdadera experiencia en la profesión, habían logrado grandes triunfos profesionales, que les habían valido fama y dinero, los de esta clase eran amigos de los jefes del departamento, quienes les otorgaban todo género de consideraciones y libertades. Tenían ancho puesto en la galera, no comían rancho porque tenían dinero y se hacían servir por criados. Tales sujetos unían generalmente a la cualidad de estafadores, la de “pinchos”, se ocupaban constantemente en combinar estafas, y sus despachos se semejaban al de un abogado. No existían país ni ciudad importante donde no tuvieran un agente a sus ordenes, entendido en la materia, que proporcionaba los datos y ejecutaba los planes del jefe en galeras…”

“… Sus golpes los dirigían casi siempre contra entidades bancarias, comerciantes u otras personas acaudalas, y para realizar algunas de sus estafas habían estado durante cinco o seis años desarrollando un complicado plan, en el que actuaban agentes de distintos países, casas de comercio imaginarias, banqueros en viaje de uno a otro continente, etc. Cuando les fracasaba un plan de estafa y las autoridades tenían conocimiento del delito, no tenían escrúpulo en confesar de plano para darse la importancia de que se conociera su talento profesional. En cada caso descubierto les sumaban unos cuantos años más a su causa, lo que les importaba tanto como al mar el caudal de los ríos. Los de esta clase vivían también de las estafas que hacían los de la inferior, a quienes esquilmaban. La clase inferior estaba formada por los estafadores principiantes, y por los que, siendo ya profesionales, carecían de valor personal, es decir, no eran pinchos, y cuando les cuajaba una combinación y recibían el dinero estafado, tenían que repartirlo entre los de la primeras categoría…” 
“… Supimos en el Hacho de una estafa en la que fué envuelto un banquero alemán, en que jugaron papel principal un fingido noble español y una joven encantadora que pasaba por hermana suya. En Alemania, durante los tres años que duró la preparación científica, si cabe la frase, del célebre timo, los dos personajes frecuentaron los salones de la mejor sociedad de aquel rico país, siempre bajo la dirección estricta del jefe, que desde el presidio del Hacho manejaba todos los hilos de la combinación. Cuando el banquero cayó en el lazo y entrego la importante suma, sobrevino la repartición y con ella una fatal imprudencia. Un agente giró sobre Ceuta en valores declarados, a nombre de un agente que era insolvente. El administrador de correos de Algeciras conocía a la persona receptora y dió cuenta al Juez de sus sospechas, siendo todo descubierto y resultando un proceso sumamente interesante en que se conoció la historia completa del celebre timo.” 

“… Nosotros vimos en plena galera del Hacho al celebre estafador, que era de apellido Franco, lamentándose de la torpeza de su agente que había echado por tierra sus esperanzas de riqueza como premio a sus afanes de tres años de esfuerzo profesional. Y Nos parece oportuno decir aquí en este diario, que estos estafadores escriben, por ejemplo, unas mil cartas al mes, y se conforman con que una de ellas les proporcione un incauto a quien estafar. Cuba, país legendario por su bandolerismo, ha sido siempre campo fecundo para los planes de los estafadores de Ceuta, por existir la creencia de que España confinaba en Ceuta a los sentenciados por bandolerismo. conocemos en Cuba a muchas personas que han recibido cartas de Ceuta en que han tratado de timarlas, y algunos estafadores del Hacho nos contaban historias de estafas que habían realizado en Cuba por medio de hábiles agentes que tenían en La Habana. En la prensa diaria de este primeros de siglo XX leemos con cierta frecuencia noticias de personas que se dejan timar por el timo del “portamonedas”, el de la “guitarra” y hay incautos que ante la halagadora perspectiva de una inmensa fortuna sacada de debajo de una piedra en medio de un monte cercano, remiten al que les proporciona beneficio tan sorprendente, la cantidad en que les venden el secreto del derrotero”.

“… También había en el Hacho monederos falsos, un día estaba yo leyendo un tratado de galvanoplastia que me había prestado un presidiario llamado Librado Bolaños Villaseñor, de nacionalidad mejicana, y doctor en Cirugía Dental, que había sido condenado en Cuba a diecisiete años de presidio, cuando se me acercó un presidiario español conocido por “El Frances”, que tenía fama de hombre cultísimo, quien después de ver el libro, se lo llevó prestado por su dueño. Algunos días después, entre el más asombro y temor, fui conducido a la Ayudantía con todas mis pertenencias. Allí estaba también el presidiario español y el mejicano, sufriendo un municioso registro. Después de registrarme escrupulosamente me interrogaron por el origen del libro y lo mismo hicieron con bolaños. Este explicó que a su profesión convenían conocimientos de galvano plastia, y por eso poseía en propiedad el tratado que inocentemente había prestado al otro presidiario, a quien habían ocupado todos los instrumentos necesarios para hacer monedas falsas, por lo que le siguieron la causa correspondiente. Pero a Librado y a mi nos dejaron libres para volver a nuestras galeras, después de una terrible reconvención, injusta a todas luces…”

“… Por la mañana, a la misma salida del sol, ya estábamos en la rocosa orilla del mar, porque allí no había playa, entre un cordón de soldados, que por el lado del mar iban en botes, tomábamos un baño de diez minutos, y después poníamos sobre las húmedas carnes el tosco uniforme de presidiario, impregnado de sudor y churre, porque, como no daban nada que unió para todo el año, no se podía lavar entre semana. Después del baño no se conducían al lugar se del trabajo, para continuar la misma tarea al día siguiente. Una mañana mientras tomábamos el baño confiado en mi agilidad en el ejercicio de la natación, salvé con rapidez la distancia que separaba de la costa una peña aislada. De regreso para la orilla sufrí tal sincope, que mis miembros se paralizaron por completo y cuando recobré el conocimiento estaba en los brazos de algunos compañeros que me conducían al hacho, entre las imprecaciones del capataz de la sección de carros en que todos trabajábamos, de seguir en el servicio que le estaba encomendado porque se veía privado, a causa del accidente…” 

“Pero tan pronto notó que yo podía caminar por mis piernas, sin tener en cuenta el estado anormal de mi organismo, ordenó marchar rápida hacia el lugar del trabajo, donde, como todos los días, tuve que tirar del carro y rendir mi tarea ordinaria. Los cambios bruscos de temperatura producían muchas fiebres entre los prisioneros cubanos, fiebres Cllar parecían de aclimatación. Debido a las grandes evaporaciones del mediterráneo la neblina es en Ceuta muy densa y perenne. Con frecuencia amanecía la montaña del Hacho en vuelta por una neblina tan espesa, que impedía la vista de los objetos situados a corta distancia.

     La humedad llegaba a los huesos, y a veces, según el estado de enfriamiento de las capas inferiores de la atmosfera llegaban a empaparse las ropas. Mucha veces, al salir por la mañana para el trabajo, dejábamos el hacho libre de la neblina, para sumergirnos en ella un centenar d metros más abajo, a donde llegaba como inmenso mar de espuma que, con contornos perfectamente definidos en línea horizontal como el nivel de las aguas, llenaba la imponente hondonada, y cubría las montañas distantes hasta cerca de sus cúspides. En vuelos en aquella espesa bruma, calados hasta los huesos, trabajábamos sin descanso en semioscuridad, hasta las nueve o las diez de la mañana, hora en que el sol. Calentando el aire, disipaba la niebla y daba origen a fuertes corrientes atmosféricas en extremo molestas…”

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