ALCALDE SÁNCHEZ PRADO Y SUS 267 COMPAÑEROS ¿Nuevo homenaje fallido?

Nuevamente, pasará este 5 de septiembre, y vuelvo a escribir, otro año más, sin un recordatorio institucional donde se den cita todos los concejales, partidos políticos, sindicatos… Y debería ser las autoridades, en este caso comandada por la Ciudad Autónoma, las que tienen que contribuir a que los valores de libertad que representó este alcalde nunca se olviden y que los más jóvenes, sepan qué significó aquella lucha por la democracia, dónde muchos ceutíes como él, dieron su vida por la libertad.
Pero, bueno, tal vez, me equivoque y dentro de seis días se Institucionalice, este homenaje, para llevarse a cabo todos los años.
Fue un modelo para muchos. Médico antes que político, su detención y posterior ejecución causó conmoción en una sociedad ceutí que admiraba a este benefactor facultativo y para quien esta figura representa, como Alcalde, la esencia y lucha por la democracia.
Las autoridades locales deberían encargarse de perpetuar su significado y organizar un acto institucional donde estén presentes todos los concejales, partidos, sindicatos y ciudadanos que se quieran sumar al acto. Y, además, precisamente fue la Ciudad Autónoma la que cimentó la estatua, que realizó el estudio de los hermanos Predrajas.
De todas formas, es raro el día que alguien no deja un ramillete de claveles rojos, en su estatua. Es una pena que fechas como ésta terminen pasando desapercibidas para la ciudadanía y solo unos pocos las recuerden. En Andalucía se hace con Blas Infante, asistiendo la Presidenta de la Junta, en Galicia Alexandre Bóveda, en Cataluña en nombre de la Generalitat, se rinde homenaje a Lluís Companys…
Aquel Alcalde, es, el símbolo que siempre estuvo en la memoria colectiva del pueblo y que se eternizó con el regreso a la democracia. Su figura representa la lucha contra las dictaduras por la que dio su vida. En su consejo de guerra lo dejó bien claro: “Me pude marchar a Tánger, pero mi lugar estaba junto a los ceutíes, que tanto confiaban en mi”. Todos los años se organizan por parte de algunos partidos, sindicatos y asociaciones algún acto con la colocación de unos claveles rojos en la estatua de la avenida que lleva su nombre.
A buen seguro, en la soledad de aquel calabozo, de hace casi ocho décadas, todavía el alcalde confiaba y mantenía la esperanza de un posible indulto. Pero no fue así, se recibió desde la Jefatura de las fuerzas militares del norte de África, con sede en Tetuán, el “enterado” y aprobación del fallo del Consejo de Guerra. En su interior sabia que las tropas sublevadas tenían como primer punto crear pánico y miedo entre la población civil con ejecuciones sumarísimas y él en estos dos meses de detención había sido testigo de muchas.
Cuando las manecillas del reloj apenas marcaban los primeros minutos de la madrugada del 5 de septiembre de 1936, el juez militar teniente coronel Ramón Buesa en compañía de su secretario se desplazan desde el acuartelamiento de Sanidad (actual manzana del Rebellín), donde se celebró el consejo de guerra, hacia el Cuartel del Rey, donde el alcalde se encontraba detenido junto a su secretario De la Torre y los vecinos de la barriada del Sarchal, Ángel Guijo y Fidel Vélez. La ejecución se llevó a cabo a las nueve de la mañana, en la playa del Tarajal. El médico forense certificó las muertes y en un furgón de Sanidad militar fueron transportados al deposito de cadáveres del cementerio de Santa Catalina, donde se le entregó por orden del juez militar los cadáveres a los familiares para verificar su entierro, pero dejando bien escrito: “Que no podrá hacerse con pompa”

SENTENCIA
“En la Ciudad de Ceuta a cinco de Septiembre de mil novecientos treinta y seis, reunido el Consejo de Guerra de Oficiales generales para ver y fallar la causa instruida por presuntos delitos de rebelión y sedición. Que debe condenar y condena a los procesados Don Antonio López Sánchez Prado, Adolfo de la Torre Guillen, Ángel Guijo Higüero y Fidel Vélez Roldan a la pena de muerte por el delito de rebelión militar”. A las 6,30 de la madrugada llegó el piquete encargado de la ejecución y hacen guardia en la puerta. Tras una agónica madrugada, a las 8,30 los sacaron, en la puerta del cuartel les esperaban dos camionetas de automovilismo y un coche. Algunos civiles, desde las aceras y sobretodo desde las puertas de las casas colindante con el cuartel, patio Hachuel”, ven salir a Sánchez Prado junto a sus compañeros, esposados y custodiados por varios soldados, en sus rostros se ve la tragedia que les espera. Nadie se atreve a levantar la voz, el miedo los atenaza. Tras recorrer las camionetas los escasos tres kilómetros, llegan a la zona conocida en el Tarajal como “el tripero”, allí un piquete de 20 hombres al mando de un oficial se llevaron a cabo la ejecución.

SÁNCHEZ PRADO Y SUS 267 COMPAÑEROS
Institucionalizar el homenaje al alcalde de Ceuta Sánchez Prado, por parte de la Corporación municipal, todos los 5 de septiembre, sería rendir un respeto a la actual democracia por la que 268 ceutíes dieron su vida. Recordemos en cifra como fue aquella represión, para alcanzar esa tétrica cifra de ceutíes que acabaron frente a un pelotón. También hubo una represión administrativa y, por otra parte, ¿cuántos encausados no llegaron al pelotón de fusilamientos? Muchos de ellos murieron mientras eran transportados, sobre todo en la “curva de las viudas” camino de la prisión de García Aldave. ¿Cuántos murieron en las enfermerías como consecuencia de malos tratos o enfermedades sin cuidados?
La consulta de distintos documentos permite acercarse a la cruda realidad judicial de aquellos años. Los procedimientos sumarísimos de urgencia, que la legislación fijaba como formula ocasional, se convirtieron, sin embargo, en la única formula empleada por los tribunales para juzgar los supuestos delitos de los que no eran adictos al nuevo régimen. Amparados en la más absoluta impunidad y parapetados tras la vía jurídica no dudaron en acusar y condenar de adhesión a la rebelión a los que precisamente habían defendido la legalidad constitucional.
Y, desglosando las cifras, se puede apreciar que el mes de agosto de 1936 se convierte en el más trágico de toda la represión en Ceuta, con 73 víctimas, de las cuales tan sólo siete se efectúan tras los respectivos consejos de guerra; el resto, sesenta y seis, fueron debidas a las sacas de madrugada, tras sacarlos de la prisión de García Aldave y el Hacho.
Por militancia política, el número mayor de fusilados fue para los anarcosindicalistas y por profesiones el estamento militar fue él más castigado, sobretodo en 1938. Tras el inicio de la represión, con el paso de los meses, el número de fusilamientos fue disminuyendo paulatinamente. En los cinco primeros meses se registraron un total de ciento veintiocho ejecuciones, casi el 50% de las llevadas a cabo durante toda la represión. En 1937 se registraron noventa y seis, para continuar bajando hasta cuarenta y uno en 1938, y hasta seis años después no se consignaron los últimos tres fusilamientos en Ceuta. Estos datos confirmarían la conclusión en el sentido de que la represión sustancial se produjo en los primeros meses.
Respecto al sexo dos mujeres fueron ejecutadas. La actuación de las mujeres quedó generalmente oculta y el papel que desempeñaron y su protagonismo son destacados en poquísimas ocasiones. Sin embargo, la mujer, durante la República, había comenzado a integrarse en el ámbito de la política.
Tras las primeras ejecuciones, el 21 de julio de 1936, hasta 1938, en todas se consigna herida por arma de fuego, aunque después, en el registro civil, aparecen muchos tachados. Hay un paréntesis de seis años, desde 1938 a 1944, que no se producen más ejecuciones. Tal vez las hubo, pero se pudieron encubrir en los libros como hemorragia interna. Esto ocurrió con el fusilamiento de los tres miembros del Partido Comunista en agosto de 1944.

EN 1939, SU MUJER ENCARCELADA
Dolores Escacena, mujer del alcalde, no podía, pese al cariño, continuar por más tiempo en Ceuta y cruzarse en la calle con personajes que se sumaron al golpe y contribuyeron al asesinato de su marido. Es una mujer joven, con tan solo cuarenta años. Le ofrecieron regentar una pensión en Sevilla y con ello poder conseguir sacar a la familia adelante, tenia cuatro hijos.
La situación económica en la que quedó era muy angustiosa, en el consejo de guerra se detalló que apenas tenían 19,50 pesetas en el banco y ninguna propiedad. Pero no conforme con esto, la Falange local le requisó su vehículo, un Chevrolet de 1935.
Su amigo el farmacéutico Joaquín Alonso ayudó en todo lo que pudo a la viuda, vendiendo el instrumental médico de su consulta de la calle Real, frente a la Iglesia de Los Remedios.
Días antes de ser fusilado dejó dicho que algunas piezas se las regalasen al prestigioso otorrinolaringólogo malagueño Lazarraga. Este, durante los últimos años, pasaba consulta cada mes en la de Sánchez Prado. En abril de 1937 ya estaba la familia del Alcalde en la capital hispalense regentando una modesta casa de huéspedes. Parece que las cosas podrían enderezarse, a pesar del drama vivido.
Dolores Escacena, desde su llegada a Sevilla, comenzó a contactar con otros militantes de izquierda que habían creado una pequeña resistencia al franquismo. La policía la vigilaba porque sospechaba de sus reuniones y le seguía muy de cerca, pero lo que más deseaban era detener a todos los miembros de la izquierda sevillana.
El 28 de junio de 1939 la policía se persona en la pensión de la mujer de Sánchez Prado y la detiene junto a su hija y su cuñado.
Vuelven a vivir aquella trágica madrugada del 18 de julio en Ceuta cuando detuvieron a su marido. Madre e hija estarán en prisión hasta 1940. A los pocos años, el 20 de abril de 1946, su hija Carmen falleció debido a las penurias pasadas en la cárcel.
Dolores Escacena Carreño fue una mujer fuerte, con personalidad y llena de recuerdos. Se trasladó a Madrid donde vivió junto a su familia sus últimos años, falleciendo el 16 de febrero de 1993. La inhumación se produjo al día siguiente en el cementerio de La Almudena.
En las guerras civiles, la violencia fuera de los frentes se ha basado con mucha frecuencia en motivos sórdidos, venganzas personales, envidias y rencores. Uno de los ejes fundamentales del aparato represivo del régimen franquista fue el encarcelamiento masivo de todo aquel que formaba parte de la anti-España, convirtiéndose la cuerda de presos en la imagen habitual de la posguerra.
En diciembre de 1939 había más de 270 mil reclusos en España. Repartidos por decenas de centros de reclusión, la mayoría de ellos improvisados y sin las mínimas condiciones de habitabilidad e higiene.
La mujer del alcalde, Dolores, recibió el 6 de noviembre de 1939, una notificación del Tribunal de Responsabilidades Políticas imponiéndole una multa por las actividades de su marido. Donde se indicaba que el medico y alcalde Sánchez Prado estaba en ‘paradero desconocido’. Seis meses después recibe otra notificación imponiéndole una multa y dándole un plazo para un posible recurso.
No pudo presentarlo, no solo por la desolación tras el asesinato de su marido, sino porque ella y su hija Carmen se encontraban en la cárcel de Sevilla. En 1940 la sentencia se hizo firme: “Resultando que dictada la sentencia le fue notificada al condenado, quien dejó transcurrir el tiempo que la Ley señala, sin que haya utilizado recurso contra la misma, se declara firme la sentencia dictada en este expediente de Responsabilidad Política contra Antonio López Sánchez Prado, al que se le notificará en forma, haciéndolo en su domicilio. Se le requiere para que en el plazo de veinte días haga efectiva la sanción económica”.

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UNA CEUTÍ CORONEL DEL EJERCITO RUSO

Cuando la ceutí África de las Heras cursaba sus estudios primarios en el Colegio de la Inmaculada, pocos podían pensar que acabaría sus días en Rusia con el grado de coronel. Nació el 27 de abril de 1909, al final de la actual calle Real -por aquel entonces Soberanía nacional- poco antes de llegar a la actual Plaza de Maestranza. Muy joven se marchó a la península, no sabemos exactamente cuándo fue, pero según algunos testimonios como el de Santiago Carrillo ella participó en la preparación de la huelga general de octubre de 1934 en Asturias. Tras militar en el PSOE y el PSUC fue captada por el servicio de información soviético (NKVD) durante la guerra civil española.
Estuvo implicada en el asesinato de Trotsky, participó como guerrillera en la URSS durante la Segunda Guerra Mundial, y fue una decisiva agente del KGB durante la guerra fría en Latinoamérica. Alcanzó el grado de coronel del KGB y está considerada una figura legendaria de los servicios de inteligencia de la extinta Unión Soviética.
Murió en 1988 y está enterrada en Moscú. África de las Heras fue condecorada por la Unión Soviética en varias ocasiones y terminó su carrera en los servicios secretos soviéticos como instructora de espías. África murió en Moscú el 8 de marzo, Día de la Mujer, de 1988 con el grado de coronel. Fue enterrada con honores militares en el cementerio de Kuntsevskoe.
África de las Heras fue la espía española más activa al servicio de la URSS durante cerca de medio siglo. María Pávlovna, María de la Sierra, Ivonne, Znoi, Patricia y Patria son algunos de los nombres que utilizó. Esta espía ceutí obtuvo numerosas condecoraciones de la URSS.
En 1956, Moscú envía a un nuevo jefe de espionaje para la zona, al qué África va a esperar a Buenos Aires. Ese mismo año, en aras del trabajo conjunto en favor de la URSS, se casará con él. Se trataba de Valentino Marchetti, en realidad Giovanni Antonio Bertoni, un italiano que huyó a la URSS en 1925 y volvió a Italia en 1944 para organizar una red de espionaje. Aunque en Moscú sostienen que, a pesar de ser un matrimonio de conveniencia, tuvieron una feliz vida familiar. Tras fallecer su marido, regresó aparentemente a Moscú en el otoño de 1967, pero salió al extranjero al menos en tres oportunidades más –en dos ocasiones, a Uruguay–, y el fin de su carrera como espía coincidió con el comienzo de su labor como instructora de agentes, en 1971, aunque permaneció en el KGB hasta 1985.
Durante la II Guerra Mundial, terminó unos cursos de radio y sirvió en un destacamento guerrillero donde le entregaron dos granadas, una pistola y un puñal: si corría peligro de ser tomada prisionera debía utilizar las granadas para destruir el radiotransmisor y el libro de claves antes de suicidarse. Lanzada en paracaídas, actuó en la retaguardia alemana a partir de mayo de 1942. Tras sus hazañas de guerra, en 1944 regresó a Moscú e ingreso en uno de los destacamentos del Comisariado de Seguridad de la URSS.
A finales de enero de 1946 pasa en automóvil de Berlín a París, donde se establece haciéndose pasar por refugiada. Un año después cruza la frontera franco-española, pero entonces Moscú decide enviarla a Uruguay, hacia donde parte en diciembre de 1948 y donde se establece como modista para no levantar recelos. Un año más tarde de su llegada se casa con el escritor uruguayo Felisberto Hernández. El matrimonio duró tres años hasta que se divorciaron. Luego se volvió a casar con un otro agente de la KGB, italiano, llamado Valentino Marchetti.
Ambos abrieron, como pantalla para sus actividades, una casa de compra y venta de antigüedades en el casco viejo de la ciudad de Montevideo. El Jefe del espionaje Vladimir Stanchenko confirmó la gran importancia de la ceutí en el entramado de la KGB al revelar, en julio de 1993, al diario El País que “después de la guerra, y hasta mediados de los años 70 fue responsable en Europa y América Latina de todo el entramado político.

SU TÍO, ALCALDE DE CEUTA
Julián Francisco de las Heras Jiménez, tío de África fue alcalde de Ceuta, entre 1907 y 1909, de profesión abogado. Fue asesinado el 11 de abril de 1936, sobre la una de la madrugada, de tres disparos, en una de las pronunciadas curvas de la calle Canalejas, cuando regresaba del Casino Africano. Según los diarios locales de esos días una expropiación de terrenos se barajó como móvil del asesinato. Tuvo una vida política muy activa, y cuando en 1931 se convocan elecciones municipales para el 12 de abril. Se presentó bajo las siglas del partido Concentración Monárquica Conservador. No obteniendo, los votos necesarios para poder ocupar un escaño en el nuevo ayuntamiento bajo la República. A Patria, seudónimo con el que África firmó sus informes cifrados a Moscú después de la II Guerra Mundial, parecían gustarle los mitos e inexactitudes. Por ejemplo, lo explica su autor, en Rusia se decía que era hija del general Manuel de las Heras. Quizá le parecía más interesante y romántico hacerse pasar por la hija de su tío, muerto en diciembre de 1930 a consecuencia de las heridas de bala que recibió cuando se enfrentó a los sublevados republicanos de Jaca.

¿África de las Heras, implicada en el asesinato a Trotsky?
Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, fue amigo de África, y los documentos demuestran que estuvo implicada. Se conoce mucho la implicación de Caridad y Ramón Mercader en este asesinato en México, en 1940, y nada se conocía de la implicación de África en este operativo. Aunque ella no participó en la fase final que acabó con su vida, sí formó parte de todo el dispositivo de vigilancia y observación sobre Trotsky durante varios meses.
Stalin había dado la orden de asesinar a Trotski. Ella tomó una decisión en un momento determinado, en la Guerra Civil, pasando a trabajar con la Unión Soviética. Aunque estaba convencida de lo que iba a hacer, creo que se sacrificó tanto a la causa que en los últimos años de su vida se dio cuenta de eso. Su vida estuvo ligada a imposiciones de su vida clandestina.
Para que esta ceutí, fuera una espía tan destacada debería tener unas características especiales, que le hicieran ser diferente al resto. ¿Cuáles eran? Se trataba de una mujer inteligente, tenaz, muy comprometida políticamente, fría y calculadora, discreta, prudente… Eso le ayudó mucho en su labor. Era una comunista contumaz, convencida de su causa.
África mantenía una estrecha amistad con los compañeros comunistas españoles, Caridad Mercader y Ramón Mercader (madre e hijo), para llevar a cabo el plan. Ramón se había trasladado a Nueva York y de allí a México con el pasaporte de un brigadista canadiense fallecido, Frank Jackson, en septiembre de 1939.
Aunque la casa en la que vivía Trotsky estaba fuertemente custodiada, Ramón Mercader (conocido con el alias de «Jacques Mornard» lograría infiltrarse en su círculo ganándose la confianza de una de las secretarias de Trotsky, Silvia Ageloff, con la que incluso mantuvo un noviazgo formal premeditado y planeado para perpetrar el magnicidio. La tarde del asesinato, Trotsky se encontraba trabajando en su despacho cuando Mercader apareció con mal aspecto alrededor de las 17:20.
A pesar de quejarse de sed, llevaba sombrero y portaba un abrigo. Solicitó ver a Trotski para mostrarle un artículo. Con este pretexto subió al despacho y, mientras este se hallaba sentado, se acercó a él por la espalda y le clavó salvajemente un piolet en la cabeza, que extrajo de un bolsillo del abrigo. El grito de Trotski se oyó como un estruendo en toda la casa; sus custodios acudieron rápidamente pero no se pudo hacer nada. Logró derribar a su asaltante, salir de la habitación y comunicar a su esposa la identidad del asaltante antes de caer desvanecido. Cayó en coma y falleció al día siguiente, 21 de agosto de 1940, en un hospital de la Cruz Verde. Cabe señalar que a sus exequias, celebradas en la capital mexicana, asistieron cerca de trescientas mil personas, en una ciudad que por aquel entonces contaba con unos cuatro millones de habitantes. Su asesino fue condenado a diecinueve años de prisión; liberado en 1960, la Unión Soviética le otorgó la condecoración de Héroe de la Unión Soviética.

María Pávlovna, Ivonne, Znoi, Patricia, Patria…
María Pávlovna, Ivonne, Znoi, Patricia y Patria son algunos de los nombres que utilizó África de las Heras en su faceta como espía en el KGB. Ella ha sido protagonista de varios libros, – incluso me atrevo apuntar que el libro “Tiempo entre Costuras”, en ciertos aspectos, tiene algo de nuestra paisana África. El periodista Javier Juárez, es una de las personas que mejor conoce su vida, él escribió un exitoso libro titulado “Patria. Una española en el KGB”.
Manifestó que esta ceutí, fue una espía muy importante a nivel internacional. Juárez detalla cómo llevó a cabo la compleja investigación para escribir esta obra y dejar fiel testimonio de quien fue una de las agentes con mayor relevancia internacional. A medida que iba investigando, me di cuenta de que se trataba de una vida apasionante, eso fue lo que me llevó a seguir con la investigación, a narrarla en un libro y a publicarla.
Cuando empecé a investigar no había casi nada publicado sobre ella. Había una fuente de información que desgraciadamente sigue vetada, son los archivos de Moscú del KGB. Esa fuente, que es oficial, es discutible hasta cierto punto porque no todo lo que consta en este tipo de archivos, lo digo por experiencia, es verídico. No obstante ahí teníamos una veta, un filón, que desgraciadamente no se puede consultar. A medida que fui investigando, pude entrevistar a personas que bien directa o indirectamente la habían conocido.
Trabajé en archivos españoles, el Histórico Nacional y en el de la Guerra Civil de Salamanca y después contacté en Uruguay, que fue el país donde estuvo más tiempo además de en España, con personas que la conocieron directamente. Esa mezcla de archivos, entrevistas y algunos artículos sueltos, me sirvió para reconstruir el puzzle.
La familia de las Heras era muy conocida e importante en Ceuta, pero sólo hay familiares en un grado bastante lejano. Tuvo una hermana, que se llamaba Virtudes, que murió en Tánger. El espionaje por sí mismo no es un elemento suficientemente atractivo como para escribir un libro sobre alguien. Pero en el caso de África se da una serie de circunstancias muy singulares y particulares.
En primer lugar, que fuera mujer, algo que no es frecuente en los servicios de inteligencia, menos aún en los soviéticos, que estaban bastante dominados por los hombres. Lo segundo que me llamó la atención fue que África llegó a ser nada menos que coronel en el KGB.
África de las Heras llegó a ser coronel en la KG. Fue reconocida por sus jefes en Moscú. Eso dice mucho de ella, por el hecho de cómo fue reconocida por sus jefes en Moscú porque no era en absoluto fácil ser coronel del KGB en los años de la Guerra Fría. Sólo gente de la máxima confianza o personas que prestaron grandes servicios a Inteligencia llegaba a ese grado. De hecho sólo hay dos españoles que lo fueron, uno es ella y el otro Ramón Mercader

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Un faro en el Cerro

En la noche del primero de diciembre de 1855, se encendió por primera vez el faro ubicado en el Cerro de los Mosqueros, en Punta Almina. Tras 160 años continúa alumbrando desde la puesta hasta la salida del sol, con su haz de luz a los barcos que cruzan por la bahía de Ceuta.

Si acudimos a los tiempos antiguos, todos tenemos in mente la carga mítica del Coloso de Rodas, el faro de Alejandría o la Torre de Hércules en el Finisterre gallego, tal vez la linterna en activo más antigua del mundo, una torre romana con una rampa interior para que las caballerías subieran el combustible que necesitaba la hoguera que cada noche se encendía en su terraza.
Allá en el Cerro de los Mosqueros, en el monte Hacho, permanece vigilante de las rutas de la navegación. Su armazón forma una torre cilíndrica de siete metros de altura, elevado a 145,17 m. sobre el nivel del mar y con un alcance de 27 millas náuticas en tiempo claro. Su construcción tuvo un coste de 462.000 reales y parte de los gastos fueron financiados por los duques de Montpensier. En sus inicios tenía aparato catadióptrico y una lámpara mecánica de relojería alimentada por una de vapor de petróleo. En 1919 se sustituyó la linterna y la óptica por otra con giro rápido. Posteriormente se instaló el sistema actual, compuesto de una lámpara de incandescencia de 1000 watios, óptica de cristales de cuarzo y un motor eléctrico para la rotación.
Según las noticias que hemos podido recabar de la Autoridad Portuaria de Ceuta, el ingeniero Juan Martínez de la Villa, fue el artífice de su construcción, comenzando en 1851, durante el reinando Isabel II. Tenía un ingenio catadióptrico de 920 mm de distancia focal, que posteriormente en 1.924 se reformó e instaló en el faro de San Sebastián (Gerona), de la casa Letourneu, y una lámpara mecánica de relojería alimentada por aceite de oliva y atendida por tres torreros. El costo de su linterna y óptica se elevó a 286.160 reales. La torre y el edificio a 175.937 reales. Solamente la óptica costo más que el resto de la obra. A la lámpara mecánica se le adaptó un mechero Dotti de cinco mechas contando como reserva con otra de depósito superior y nivel constante. En 1.912 se puso una instalación Chance de vapor de petróleo.
En 1909 un acuerdo de la comisión de Faros, se modernizó sustituyendo la linterna por otra cilíndrica de montantes verticales y 3,5 m de diámetro construida por la Maquinista Valenciana. También se cambió la óptica de giro lento por otra de 700 mm de distancia focal, con giro rápido sobre flotador de mercurio, de la casa Henry Lepaute, que es la que actualmente se encuentra en servicio, accionada por una máquina de relojería B.B.T. La característica quedaría modificada a la de destellos rápidos en grupos de dos destellos blancos. Posteriormente se electrificó con una lámpara de incandescencia de 3.000 W. y un motor eléctrico para la rotación. Como reserva se instalaron dos grupos Ruston de 12 Kva. y uno Deutz de 22 Kva.
En Noviembre de 1995 se realiza un proyecto de sustitución de la instalación eléctrica del Faro en el que se sustituyó la lámpara de incandescencia trifásica de 3.000 W. por una de Halogenuros Metálicos de 1.000 W. que entra en servicio el 27/11/95 y se sustituyen los grupos electrógenos Ruston por un Deutz de 30 Kva y posteriormente se instala un grupo Gesan de 45 Kva. Entre otros trabajos de adecuación de instalaciones. Actualmente en el Faro del Cerro de los Mosqueros en Punta Almina se centralizan todos los servicios de ayudas a la navegación dependientes de la Autoridad Portuaria de Ceuta, como es el balizamiento del Puerto, la baliza radioeléctrica Racon que sitúa en el radar de los barcos la bocana del puerto o la sirena de niebla.

Entre el faro y la costa

Desde el mar los barcos no sólo ven la luz del Faro del Cerro de los Mosqueros en Punta Almina, advirtiéndoles de la proximidad de la costa, sino que también lo identifican por los intervalos y los colores de los haces de luz, de forma que pueden reconocer frente a qué punto de la costa se encuentran. Algunos faros también están equipados con sirenas, para emitir sonidos en días de niebla densa, cuando el haz luminoso no es efectivo. Los modernos sistemas de navegación por satélite, como el GPS, han quitado importancia a los faros aunque siguen siendo de utilidad (seguridad) para la navegación nocturna ya que permite la verificación del posicionamiento en la carta de navegación. En aguas restringidas como por ejemplo los canales de acceso, se sigue navegando por referencia a boyas y luces de tierra como enfilaciones dado que no es relevante la posición geográfica tanto como la posición relativa a los peligros circundantes. La historia del faro como elemento de seguridad marítima ha estado siempre ligada a la navegación humana desde la Antigüedad, para señalar donde se encontraba la tierra. En la entrada de los puertos construidos por los romanos solía haber altas torres que servían de faro a imitación del célebre de Alejandría erigido por Ptolomeo II y el cual, recordando las piras de apoteosis, estaba formado por pirámides truncadas puestas en disminución una sobre otras

El faro y los Montpensier

L a visita a Ceuta de los Duque de Montpensier, en 1849, tuvo una influencia decisiva en la construcción del Faro en el Cerro de los Mosqueros. Cuentan las crónicas que el Duque tras visitar a caballo las líneas exteriores, las murallas Reales, fortificaciones y baterías, a continuación, se trasladó al monte Hacho, y allí pudo comprobar el gran tráfico de barcos que cruzaban por las costas de Ceuta, y la no existencia de un Faro. Prometió a las autoridades locales su compromiso para la realizaron de este proyecto, que fue toda una realidad en 1851 cuando se comenzó la obra, y terminándose el uno de diciembre de 1855.
Recordemos que esta fue la primera visita a Ceuta de un miembro de la Casa Real, de la corona de Castilla, el día fijado fue el 7 de julio de 1849, Luisa Fernanda de Borbón y Antonio Philippe de Orleáns, duque de Montpensier, la Infanta era hermana de la reina Isabel II. La zona donde se construyó el Faro, nos la detalla perfectamente Pascual Madoz, describiendo el aspecto singular del monte Hacho. En esa zona apenas si existía población y sólo se encontraba la Ermita de San Antonio, a la que está unida la casa de los Gobernadores. Todo este recinto del Hacho se encontraba fuertemente fortificado, con torres cuadradas que guarnecen el muro que lo recorre, desde la playa norte del Hacho, hasta el castillo de Santa Catalina. Distribuyéndose después este muro, varios fuertes y baterías, para guarnecer las calas y atracaderos existentes en su alrededor, estos puntos fortificados se conocían como San Amaro, Torre-Mocha, Pineo Gordo, Sauciño, Santa Catalina, Desnarigado, Torrecilla, Palmera, Quemadero, Punta Almina y Sarchal, habiéndose construido en 1771 la ciudadela en la cúspide del Hacho, sobre las ruinas de una antigua fortificación que se atribuye a los romanos, nos describe Madoz en su diccionario de España a mediados del siglo XIX.
A la caída de la tarde de aquel seguro julio caluroso de 1849, llegaron los infantes, en toda la ciudad se escucharon los dos cañonazos lanzados desde la batería. Pero, en esta ocasión suena, como sonido de alegría, esperanza e ilusión. La bandera es izada en el mástil de la ciudadela del monte Hacho, los ceutíes salen de sus casas y se encaminan hacia el muelle del Comercio para dar la bienvenida a la hermana de la Reina Isabel II.
Muchos días antes, la ciudad preparaba con gran entusiasmo esta primera visita de un miembro de la casa Real. Tras tener conocimiento de ella el Ayuntamiento comenzó a realizar los diferentes trámites para tan magna visita. La tesorería municipal era muy exigua, y los actos se deberían ceñir a un modesto presupuesto, utilizando mucho la imaginación y la colaboración de todos los ciudadanos. La Infanta Luisa Fernanda y su marido el Duque de Montpensier, anuncian que pasaran la noche en Ceuta. El alcalde decide que sea la casa del Gobernador donde se hospeden.
Una vez que los infantes desembarcaron se detuvieron en un pabellón que se había construido en el muelle, el alcalde Antonio Huguet tomó la palabra: “El Ayuntamiento constitucional de la Siempre Noble, Leal y Fidelísima ciudad de Ceuta, tiene la alta honra de felicitar a vuestras altezas por su feliz llegada a esta parte de África Española, fiel interprete de los sentidos de todos sus habitantes, puedo asegurarles que su jubilo es inexplicable al ver a la excelsa hermana de su adorada Reina, a su augusto esposo y al tierno vástago que comienza su existencia en época de paz y ventura. La alegría de Ceuta, es sin duda, cuando es la vez primera en que pisa este suelo desde su conquista hace cuatrocientos treinta y cuatro años, una infanta, de Castilla, y este fausto suceso que marcará en las páginas de su historia será indeleble en los contemporáneos y transmitido generaciones venideras admirando Ceuta a las virtudes que adornan a vuestras altezas Reales”. Tras el discurso, un carruaje le trasladó a la casa del Comandante General, donde le esperaba en la puerta las tropas de Moros Mogataces. Debido al gran gentío que le aclamaban desde la calle salieron al balcón.

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Alfonso Murube

Ha pasado la efeméride del aniversario de la puesta en marcha del campo municipal “Alfonso Murube”, ocho décadas desde que en septiembre de 1933 el gobierno municipal presidido por el socialista David Valverde diera luz verde a este proyecto. Que poco hubiera costado poner una placa en conmemoración de su puesta en marcha. Pasó el 50, el 75 y ahora el 80 aniversario de su inauguración y nada se ha realizado.

Son muchas las historias que guardan sus gradas… ascensos, promociones, descensos, alegrías y desilusiones, aquel día recibió el nombre de “Campo Municipal de Deporte”, pero en los carteles se le añadía el sobrenombre de “Docker”, éste era referido a unos barracones hospitalarios militares que se encontraba en las mismas puertas de las instalaciones. Pero un 17 de abril de 1942, la junta directiva del Ceuta presidida por Epifanio Hernández, solicitan al Ayuntamiento que se le debe poner el nombre de Alfonso Murube jugador de este equipo fallecido durante la guerra civil en el frente de Aranjuez, tenía 25 años.
Murube comenzó en el Utrera Balompié en 1924, después pasó al Deportivo Extremeño de Badajoz y un año más tarde al Valladolid ya con ficha profesional donde permanece dos años, y en 1931 vino a Ceuta y fichó por el Cultura, proclamándose campeón de la Copa Municipal, siendo en 1933 traspasado a la S.D. Ceuta. Cuentas las crónicas que era un jugador muy técnico jugaba de interior y era sobretodo un organizador de los ataques del equipo ceutí, y una persona que rápidamente conector con los ceutíes.
Antes de inaugurarse el campo municipal de Fútbol los partidos se celebraban en el “campo”, por decir algo, anexo a la hípica militar, pista de entrenamiento de los jinetes de la guarnición, no reuniendo las mínimas condiciones higiénicas. Por otra parte litigios y cuestiones relacionadas con la propiedad militar y hasta con la posesión de esos terrenos, ponían a los equipos de fútbol, en trance de no fichar a nuevos jugadores, ni efectuar gestión ninguna que representarse el menos desembolso pecuniario, ante la amenaza constante de que, el día menos pensado, se le prohibiese continuar en el disfrute del único “campo” con el que contaban.
Los equipos reclamaban en la prensa local, de aquella Ceuta de los años treinta campañas en pro de la construcción de un estadio con el fin de poder desarrollar su deporte favorito. También era de destacar la “Copa del Municipio”, el último que se jugó en el viejo e impracticable campo de la hípica, se enfrentaron el Ceuta F.C. y el Cultura Sport, las alineaciones, por el Ceuta: Cernuda, San Juan, Chicada, Carros, Beltrán, Martín, Molina, Besares, Grau, Traverso y Cayetano. Por el Cultura: Gómez (Bacalao), Domingo, Manolísimo, Caliani, Fontcuberta, Barranco, Botella, Homet, Morales, Focher y Vila. Ganó el Cultura Sport y como dato anecdótico cuentan las crónicas que el árbitro tuvo que ser custodiado por la Guardia Civil, para poder salir del Campo y marcharse urgentemente a la estación de ferrocarril para coger el tren que le lleve a Tetuán de donde había venido. Después de la liga local los distintos campeones de Ceuta viajaban a la península y al Protectorado para enfrenarse a equipos fuera de la ciudad. El ambiente futbolístico era impresionante, tal y como he podido leer en la prensa local.
Ceuta, en la década de los años veinte, aumentó de una forma a veces alarmante. Con la creciente intervención militar, económica y de infraestructuras de España en el Protectorado, la ciudad se convirtió en tribuna, retaguardia y frente de esta aventura. Desde 1900 a 1910 aumentó en 10.600 habitantes y de 1910 a 1920 el ritmo de crecimiento es aún mayor, 11.312. Son los años de la guerra de África, el comienzo de las obras portuarias o la inauguración de la línea férrea con Tetuán. Todo esto hace que muchos jornaleros del sur peninsular vean la posibilidad de encontrar un futuro en la ciudad como base para dar el salto al Protectorado. En el decenio 1920 a 1930 la población aumenta de forma vertiginosa en 15.395 personas.

Apuntes para la historia

El fútbol se introduce en España a través de trabajadores inmigrantes, especialmente británicos, hacia finales del siglo XIX. Fueron los ingleses de la Minas de Rio tinto, en Huelva, los que disputaron los primeros partidos hacia 1870. Estos mineros crearon en 1878 el que probablemente fuese el primer club español: el Rio Tinto Foot-Ball Club. Esta sociedad, sin embargo, no fue inscrita en ningún registro oficial por lo que no ha quedado constancia legal de su existencia. El primer club de fútbol español legalmente establecido fue el Huelva Recreation Club —actual Real Club Recreativo de Huelva—, siendo fundado el 23 de diciembre de 1889. Con la llegada del siglo XX los clubes de fútbol empezaron a proliferar por todo el país. Estas primeras sociedades eran casi siempre fundadas por extranjeros. Recientes estudios consideran como el primer match de foot-ball en España el disputado en 1890 entre el Huelva Recreation Club y el Sevilla Football Club. El rápido crecimiento de entusiastas y entidades impulsa la creación de las primeras asociaciones encargadas de su regulación, siendo la Football Asociació establecida en Cataluña el 11 de noviembre de 1900 la primera de ellas, así como las primeras competiciones como la Copa creada el 6 de enero del siguiente año, siendo también el primer campeonato de fútbol disputado en la península ibérica.

Inaugurado por el concejal de Izquierda Republicana, Salvador Pulido

El 14 de septiembre de 1933, se da por finaliza las obras y es el alcalde accidental Salvador Pulido quien tuvo el honor de recibir la obra. Fue arrendado, en virtud de subasta celebrada al equipo ceutí Club Deportivo África, por tiempo de dos años y a razón de 12.029 pesetas anuales, más 50 pesetas a la Junta de Asistencia Social, por cada partido que no sea de competición oficial.
La insistente reclamación de la afición de Ceuta por un campo de fútbol se vio lograda tras el acuerdo alcanzado por la Corporación municipal presidida por el alcalde David Valverde del PSOE, el 20 de enero de 1933 bajo las directrices del arquitecto municipal José Blein y con la colaboración del ingeniero militar y presidente de la Federación de Fútbol Luis Sánchez Urdazpal. El Ayuntamiento no contaba en sus presupuestos con la cantidad necesaria para una obra de esa consideración y al mismo tiempo veía con agrado la implantación de tan importante mejora, que podría además constituir una saneada fuente de ingresos.
A escasos diez días se aprobaron los pliegos de condiciones y se anuncio la subasta, en la que figuraba la cantidad de 147.780 pesetas. Tras la apertura de ofertas se le adjudicó a la empresa Salvador Peña que se compromete a ejecutarla por 139.875,50 pesetas. El concejal Sánchez Mula, propuso que en vista de la baja obtenida se construya una grada y el concejal Víctori Goñalons, que el espacio comprendido entre el campo y el vallado que ha de separarlo del público, se construya un velódromo.
Verificada la certificación general de la obra, el 13 de noviembre resulta que el coste de la misma, incluyendo las extraordinarias así como los de dirección facultativa, ascendió a 167.686,13 pesetas. A esta certificación se puso un pequeño reparo por la Comisión 1ª sobre una partida de 810,07 pesetas que figuraban como honorarios del Aparejador, informó después la Intervención municipal en sentido favorable a la devolución de la fianza al contratista, por estimar que queda suficiente garantía para responder de la obra, toda vez que el pago había de hacerse en tres anualidades sucesivas, de las que solamente estaba satisfecha la primera.
El Estadio Municipal del Docker se inauguró, antes de verificarse la entrega definitiva de las obras, acondicionándose de un modo provisional y retocando los pequeños detalles que faltaban. El día señalado fue el 4 de agosto de 1933, con ocasión de las fiestas patronales, entre el Murcia F.C. y la Selección de Ceuta, la puerta del equipo ceutí estuvo defendida por el portero internacional Ricardo Zamora, en una de las gradas detrás de su portería, un grupo de aficionados muestra una pancarta donde decía: “Ricardo Zamora, enhorabuena por el nacimiento de tu hijo”. En la selección de Ceuta formaron: Cernuda, San Juan II, Chicada, Carros, Beltrán, Martín, Molina, Besares, Grau, Traverso, Cayetano, Gómez (Bacalao), Domingo, Manolísimo, Caliani, Foncuberta, Barranco, Benítez, Murube, Botella, Homet, Venancio Morales, Focher y Vila, el partido fue ganado por los locales por cuatro a tres. Al día siguiente Murcia contra Sevilla, el día 7 Sevilla contra selección de Ceuta y el día 13 África S.C. y el Ceuta Sport.
Como fechas claves ya con este nombre tendríamos que recordar la llegada del Real Madrid un 20 de septiembre de 1942 o la del 14 y entre otros 21 de junio de este mismo año, cuando visitó el Atlético de Aviación (hoy Atl. de Madrid) estando Ricardo Zamora como entrenador. El primer partido oficial bajo el nombre de Alfonso Murube, fue el 25 de septiembre de 1942 visitándonos el Málaga arbitrando Pedro Escartín. Podíamos seguir contando historias de nuestro fútbol local, algún día tendríamos que escribir la pequeña historia de estos equipos.

Real Madrid y Barcelona visitaron el Alfonso Murube

La S.D. Ceuta jugó siete temporadas en Segunda División, entre su palmarés recordar que en la temporada 42/43, quedó campeón de su grupo (por aquel entonces la segunda la componían tres grupos), seguido del Jerez y ambos jugaron la liguilla de ascenso a Primera. Esa misma temporada protagonizó su mejor actuación en la Copa, alcanzando los cuartos de final, donde fue eliminado por el CF Barcelona. También recordemos que hace pocos años nuevamente el equipo catalán visitó nuestra ciudad.
La primera vez que el Real Madrid, en partido oficial, llegó a Ceuta fue en la primera ronda de la Copa, eran los dieciseisavos de final, el partido de ida se jugó en el Alfonso Murube, el 31 de diciembre de 1944, en esa ocasión la SD Ceuta perdió por 0-4. El partido de vuelta se jugó veinte días después, y nuevamente, el Real Madrid goleó por 5-1.
Al año siguiente la SD Ceuta se enfrentó al Real Madrid en octavos de final. El partido se disputó el 21 de abril de 1946, en el estadio de Chamartín, nueva goleada en esta ocasión fue un rotundo 6-0, aquel día el equipo caballa formó con: Casfont; Perico, Victorero, Gil, Lesmes, Carvajal, Abad, Japón, Carnero, Caballero y Morla. El partido de vuelta en el Alfonso Murube, se días después. Y según las crónicas del diario El Faro el estadio presentó un lleno absoluto. En esta ocasión la SD Ceuta venció por 1-0, gol de Lolo en el minuto 70. 
Pero el primer partido que el Real Madrid disputó en Ceuta, no fue en aquella eliminatoria de 1944, fue en un partido amistoso jugado un 20 de septiembre de 1942. Como partido de vuelta, ya que primero jugaron en Madrid un 5 de enero de ese mismo año, el entrenador del equipo caballa era Ramón Lafuente. El conjunto del Real Madrid se impuso por dos a cero. Ocho meses después, el Real Madrid rendía visita a Ceuta. El evento contó, como era de esperar, una gran expectación en todo el Protectorado Español en Marruecos, incluso en la entrada se podía leer que el tren a Tetuán tendría una salida extraordinaria para la vuelta. El Estadio se llenó y tras los noventa minutos y pese a que se adelantó la SD. Ceuta con goles de Tavilo, el partido terminó con empate a dos. 
El equipo de la SD Ceuta que se enfrentó en la década de los cuarenta en tres ocasiones al Real Madrid, militaba en segunda división. Fueron muchos los triunfos de este club ceutí, incluso en la temporada 1942/1943 se proclamó campeón en la categoría de plata. Llegó a disputar la fase de ascenso a Primera División.

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… Y el escudo franquista no se retiró

Hace escasamente unas semanas se dio a conocer el proyecto de reforma del “Monolito del Llano amarillo”, comparto la postura de las autoridades municipales de que el monumento no se derribe, y se adecue al momento histórico. Pero en lo que no estoy en nada de acuerdo, y según deduzco, después de varias conversaciones, que el escudo (Águila) franquista que corona el monolito no se quitará. En este sentido estoy en total desacuerdo, se debería suprimir y trasladarlo a un museo de la Ciudad, tal y como indica la Ley de Memoria Histórica.
El citado Escudo es claramente el utilizado por la dictadura, que tras el golpe militar lo había recuperado en 1938 de la iconografía heráldica de los Reyes Católicos (incluidos el yugo y las flechas), sustituyendo las armas de Sicilia por las de Navarra, añadiendo las columnas de Hércules coronadas y una cinta con la divisa “una, grande y libre”, tal y como aparece en el monumento de nuestra ciudad.
Tendríamos que recordar que este “monolito del llano amarillo”, cuando fue inaugurado era un monumento a las maniobras militares que se celebraron en el Protectorado Oriental en la zona de Ketama, entre el 5 y el 12 de julio de 1936, organizada por el Gobierno de la República. Incluso cuando se inauguró en 1940, se podía leer la leyenda “12 de julio de 1936”. Pero cuando se trasladó a Ceuta en 1962, lo transformaron en símbolo de la sublevación y victoria contra el poder constitucional. El carácter que tenía se cambió en Ceuta, se alteró la fecha pasando el 12 al 17 de julio 1936 y se añadió diferentes símbolos propios de los sublevados.
Tiene carácter arquitectónico y patrimonial de cierta importancia. En la memoria de la reforma se puede leer. “La restitución natural suplirá la ausencia de la rotura de la cualidad que configura el actual talud de reflejar una voluntad conmemorativa”. A grandes rasgos, los trabajos supondrán la eliminación de la escalinata que arranca al pie de la carretera.
El citado monumento, como bien escribió Bravo Nieto, es una de las obras más emblemática y tal vez la más conocida fuera del ámbito de la ciudad. Se trata de un amplio conjunto monumental constituido por una escalinata en varios niveles que permitía una ascensión, tanto física como visual hacia el monolito de 15 metros de alto que formaba el núcleo fundamental de la obra con una elaboración de imágenes procedentes de varias corrientes, aunque primaban las futuristas. El monolito asume una imagen muy geométrica y a la vez dinámica.
El Monumento fue obra del arquitecto Francisco Herranz, cursó sus estudios en la Escuela de Arquitectura de Madrid. El 13 de octubre de 1924 fue nombrado arquitecto municipal de Zamora, allí realizó el anteproyecto del Plan General de Ensanche de esta ciudad. Su trabajo en Zamora terminó cuando fue nombrado en 1929 arquitecto de Construcciones Civiles de Obras Públicas y Minas de la Alta Comisaría de España en Marruecos. Durante estos años realizó múltiples obras en Melilla, debido a que su trabajo diario lo desempeñaba en la vecina ciudad marroquí de Nador. La sublevación militar del 36 provocó su traslado a Tetuán. Debido a sus problemas de salud, el arquitecto abandonó repetidamente su puesto en la ciudad marroquí para desplazarse a la península. Finalmente, en junio de 1944, Hernanz pidió un año de excedencia y tras agotar ese plazo se asentó definitivamente en Madrid. De quien también se puede destacar su obra en Castillejos (Marruecos) donde construyó en 1939 la iglesia de Nuestra Señora del Carmen
En el proyecto de la adecuación histórica de este Monolito del Llano Amarillo, se plantea que la situación actual y por el excesivo coste económico que pudiera representar, el obligado derribo y posterior reconstrucción de los muros actuales y la reposición de sus aplacados y cumbreras”. En lugar de tal alternativa, lo que se plantea es devolver a esa zona de subida al monte Hacho, sin que afecte al paisaje. Los alrededores del monolito se acondicionarán con la construcción de un muro de contención de treinta y cuatro metros lineales al pie del talud “para contener los restos que serán enterrados en esta cuneta con aportes de tierras naturales de la ajardinada restauración”.

Pintadas reclamando amnistía
Este monumento en varias ocasiones ha sido pantalla de reivindicaciones sociales y políticas. La primera pintada reivindicativa de libertades contra el régimen se llevó a cabo en 1958, cuando el monumento todavía estaba en la zona de Ketama (Marruecos). En la península el partido comunista llevaba a cabo allá por 1958 una importante campaña a favor de la liberación de los presos políticos y por la democracia. Andréu un conocido exiliado entró en contacto con el grupo del PCE de Tánger y les propuso llevar a cabo una acción simbólica que recordase a todos los confiados tangerinos que sus compatriotas de la Península luchaban todavía por la libertad. Decidieron que las mayores repercusiones se podían alcanzar con una acción contra lo que a su vez representaba el mayor símbolo del franquismo, el monumento del Llano Amarillo, en Ketama. Y hace unos años el monumento tuvo una nueva pintada reivindicativa. Los autores reclaman la supresión de los símbolos del régimen franquista que quedan en las calles con leyendas como ‘No monumentos fascistas’ y ‘No más recuerdos de la barbarie’.

Simbología del Franquismo

Claramente el escudo (Águila) del monolito en Ceuta es del régimen franquista, por lo tanto se debe quitar, para adecuarse a la Ley. En muchas ocasiones puede llevar a la confusión con el de los Reyes Católicos que fue recuperado, en parte, por la dictadura. En el de los monarcas se aprecian los cuarteles de Dos Sicilias, así como el águila, el yugo y las flechas. Pero el de época franquista cambia las armas del reino de las Dos Sicilias por los símbolos de Navarra, se incorporan a ambos lados las columnas de Hércules con las palabras latinas “Plus Ultra”, además del “Una, grande y libre” y se mantuvo el Águila de San Juan.
El Monolito se trasladó a Ceuta tras la Independencia de Marruecos, un centenar de camiones participaron en el transporte. El 26 de mayo de 1962, el Alcalde y Jefe falangista Ibáñez Trujillo y el teniente general Galera, colocan la primera piedra. Firmaron el inicio de las obras, siendo el acta depositada en el interior de una caja de plomo con una colección de monedas y ejemplares de los periódicos El Faro de Ceuta, Arriba y ABC. Se une a la existencia ya en el interior de esta misma caja la colocada en la fecha de la primera inauguración en la zona de Ketama en 1940, con los diarios ABC, Gaceta de África, Telegrama del Rif y el Faro de Ceuta.
El desmontaje del monumento en el valle del Llano Amarillo en Ketama se comenzó el 26 de diciembre de 1961, finalizando dos meses después. Fueron dos mil novecientas piedras con un total de trescientas toneladas. El 24 de abril de 1963, se llevó a cabo la inauguración, dejando constancia en el acta firmando que se cedía el monolito a la ciudad. En el acta de cesión se puede leer: “Tengo el honor de comunicar a que de acuerdo con la propuesta formulada en su escrito de fecha 8 de diciembre de 1962 se autoriza la entrega del monumento del Llano Amarillo al municipio de Ceuta, a cuyo cargo correrán las obras correspondientes a las obras de urbanización del citado monumento”. La banda de música del Tercio interpretó varias marchas militares, también estaba presente una centuria de las organizaciones juveniles de Falange.
Al inaugurarse en Ceuta, se añadieron escudos, se cambió la fecha y símbolos propios de la dictadura, era un hecho que durante la dictadura, se incorporó la cartela de diferentes iconos franquista, junto con otros motivos heráldicos que añaden a los del escudo tradicional de España (armas de Castilla, León, Aragón, Navarra y Granada, y las Columnas de Hércules con la cartela Plus Ultra) otros tomados del escudo de los Reyes Católicos: el águila de San Juan y el yugo y las flechas que también tomó la Falange. La simbología del franquismo es el conjunto de símbolos que se utilizaron como referente icónico para identificar visualmente al régimen y a las personas e instituciones que se identificaban con él, y marcar la apropiación simbólica de lugares emblemáticos.
La parafernalia simbólica del franquismo se originó durante la Guerra Civil, tras su exaltación a la jefatura del Estado, adoptando en buena medida la desarrollada en los años anteriores por Falange Española de las JONS, a la que se sumó la de los tradicionalistas o carlistas. A pesar de la retirada de algunos de estos símbolos en los primeros años de la Transición, destacadamente los grandes emblemas de yugo y flechas de la emblemática Casa Sindical en Ceuta.
La ley denominada Ley de Memoria Histórica (aprobada por el Congreso de los Diputados el 31 de octubre de 2007 establece la retirada de estos símbolos, obligando a las instituciones públicas a ello, y privando de ayudas a las instituciones que no las retiren. Fue objeto de particular redacción lo referente a los símbolos que puedan afectar a la Iglesia Católica, introduciéndose una salvaguarda por razones religiosas, junto a la que exceptúa a los monumentos con valor artístico.

Evolución del Escudo en España

El primero de los escudos que puede considerarse en alguna medida como Escudo de España es el que, con el águila de San Juan como soporte, adoptaron Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón en 1475. El escudo se diseñó adoptando el modelo establecido por Fernando III al unir los reinos de Castilla y León en 1230, en el que en un escudo cuartelado se alternaban los emblemas de ambos reinos. En el nuevo escudo, las armas de Castilla (de gules, y un castillo de oro, almenado de tres almenas, con tres homenajes, el de en medio mayor y cada homenaje también con tres almenas, mamposteado de sable y aclarado de azur) y León (de plata y un león de púrpura, coronado de oro, lenguado y armado de lo mismo) se alternan con las de Aragón (de oro y cuatro palos de gules) y las Dos Sicilias (partido y flanqueado, jefe y puntas de oro y cuatro palos de gules, flancos de plata y un águila de sable, coronada de oro, picada y membrada de gules). A partir de 1492 se añade entado en punta con el emblema del recién conquistado reino de Granada (de plata y una granada al natural, rajada de gules, tallada y hojada de dos hojas de sinople)…

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Diana, de Ceuta al exilio Ruso

Cuando la pequeña Diana recorría las calles de Ceuta en aquel verano de 1936, de la mano de sus padres, nada le hacia presagiar que en pocos días cambiaría su vida y la de su familia. Su padre José Luis Bermúdez-Reyna de Madariaga era un reputado capitán aviador, destinado en el aeródromo de Sania Ramel en la capital del Protectorado, Tetuán. Durante 1933 fue delegado del Gobierno de la República en Ceuta.

En la tarde del 17 de julio, todo cambió, su padre defendió junto a otros militares leales al Gobierno el aeródromo, haciéndose fuerte e intercambiando fuego, pero nada pudieron hacer y a las pocas horas fueron detenidos por los militares sublevados, el 15 de agosto de 1936 fue sacado de la fortaleza del monte Hacho y ejecutado. Siendo enterrado en el cementerio de Santa Catalina en Ceuta.
La madre de Diana se encuentra sola con cuatro hijos, intentó por todos los medios salir de Ceuta hacia Valencia donde estaba su familia. Pero no es nada fácil, el sur está tomado por los sublevados, y llegar hasta el levante es tarea imposible. Al proceder de una familia de la alta sociedad madrileña, el abuelo paterno de Diana era teniente general y su abuela familiar del escritor Salvador de Madariaga, consiguen que se realice un intercambio en Tánger, organizado por la Cruz Roja Internacional. Tras llegar a la ciudad internacional embarcarían en el barco que hacia la travesía una vez por semana hacia el sur de Francia y desde allí al pueblo valenciano de Russafa.
Cuando todo parecía tener una cierta normalidad, una mañana quedó marcada en la memoria de la pequeña Diana, apenas tenia cuatro años: “Han pasado muchos años, pero parece como si lo estuviera viviendo ahora, nos encontrábamos en el piso de Russafa, mi abuela a un lado y mi abuelo llorando, con las manos en la cara. Dos señores uniformados me cogieron en brazos y nos llevaron a mi hermana y a mí, mientras yo lloraba y preguntaba por mi madre, recuerdo que me abracé a una muñeca y no la solté, hasta muchos años después”.
Sus dos hermanos, José Luis y Flavio, fueron enviados a la URSS en la madrugada del 13 de junio de 1937, seis días antes de la caída de Bilbao a manos franquistas, partió en el buque Habana desde el puerto de Santurce, esta vez con un número de jóvenes muy superior, 1.530 junto a 75 personas acompañantes, entre los que había médicos y profesores.
Aquellas partidas de niños fueron organizadas por el Ministerio de Instrucción Pública del Gobierno de la Segunda República. Su ministra, Federica Montseny, autorizó la primera expedición. Todos ellos procedían de Madrid, Málaga, Almería y Valencia, ciudades que se encontraban asediadas aún por el ejército de Franco. El traslado se realizaba en barcos mercantes y los niños viajaron hacinados en bodegas.
Al llegar a Leningrado, la actual San Petersburgo, la separaron de su hermana y la llevaron a una casa para niñas pequeñas. Pocos meses después de acabar la Guerra Civil, en agosto de 1939, la abuela paterna, Presentación de Madariaga, un nombre frecuente en los “Ecos de Sociedad” de la prensa madrileña -viuda de un teniente general, había sido Dama de Honor de la reina Victoria Eugenia- logró que el Gobierno franquista, a través de sus embajadas en Roma y Londres, consiguiera que los ejecutivos de Mussolini y Chamberlain mediaran para facilitar el retorno de sus cuatro nietos. El intento fue en vano.
Con la invasión de Rusia por parte de Hitler, en junio de 1941, Diana y el resto de los niños fueron evacuados de Leningrado a una aldea en las llanuras del Volga. Nuestra pequeña tuvo que luchar por salir adelante, aprendió el ruso, era muy inteligente y nada se le resistía. Gran modista pronto comenzó a realizar trabajos, después entró a trabajar en una fábrica de misiles. Los años fueron pasando y la promesa del retorno a España no comenzó a ser una realidad hasta 1956, para entonces ya había formado su propia familia al casarse con un ruso de origen ucraniano. Y por fin, el 17 de diciembre de 1990, consiguió permisos para toda su familia, incluidos sus tres hijos con sus respectivas parejas y los cuatro nietos que ya tenía.
A muchos niños, como Diana, no les quedó más remedio que marcharse. Convencidos de que sólo así podrían sobrevivir, sus familiares decidieron que formaran parte de alguna de las numerosas campañas de evacuación organizadas por el Gobierno de la República. Las evacuaciones de niños al extranjero constituyeron así el primer exilio del pueblo español derivado de la Guerra Civil. De entre todos los países que acogieron a los menores españoles, la Unión Soviética fue, sin duda, el que generó las mayores alabanzas y críticas del momento, el que más encendió las conciencias y sacudió los corazones. Los 2.895 niños que desembarcaron en los puertos de Yalta y de Leningrado entre el 21 de marzo de 1937 y finales del mes de octubre de 1938 despertaron tanto interés entonces como lo despiertan ahora.

Recibió en Ceuta al presidente de la República

El padre de Diana, durante 1933 fue delegado del Gobierno, teniendo el honor de recibir al Presidente de la República Alcalá-Zamora. Tras la sublevación, estuvo detenido en la prisión del monte Hacho, el 2 de agosto se celebró el consejo de guerra, fallando cadena perpetua. Pero en la madrugada del 15 de agosto de 1936, fue sacado de la celda y su cuerpo apareció en la carretera que accedía al Hacho, junto a siete personas más, todos presentan impactos de baja. Fue uno de los aviadores más destacados en la década de los años treinta. Forjó su leyenda en la Guerra del Rif, donde ganó seis cruces al mérito militar. También lideró, en 1928, el primer vuelo España-Jerusalén. Entró en la Academia de Infantería de Toledo en 1914. Durante 1924 realiza una intensa actividad en la aviación, asciende a capitán y recibe la séptima Cruz Militar con Distintivo Rojo, para añadir a las seis que había ganado en los años anteriores en Marruecos. Después de los movimientos republicanos de finales de 1930 fue dado de baja, pasando a la situación B. El 18 de abril vuelve a la situación de actividad en Aviación y pasa al Estado Mayor de Fuerzas Aéreas de África en Tetuán. En 1934 estuvo adscrito a la Presidencia para el Servicio de Aviación y desde 1935 estaba destinado en el aeródromo de Sania Ramel, junto al primo de Franco, Ricardo de la Puente Bahamonde, que también sería fusilado en Ceuta en 1936.

“Sueño con volver a Ceuta y visitar la tumba de mi padre”

Una de las cosas que Diana Bermúdez-Reyna me reitera en la conversación que mantuve en su casa de Valencia, era su interés por visitar la tumba de su padre en Ceuta. Ella apenas lo conoció, cuando lo fusilaron escasamente tenia cuatro años. “Siempre estoy pensando en ir a Ceuta y llevar unas flores a la tumba de mi padre, pero el tiempo pasa y no se cuando podré realizar este viaje, para mi es muy costoso con la pequeña pensión que me quedó, en Ceuta tengo una parte muy importante de mi vida, siempre sueño con cruzar el Estrecho y pisar aquella tierra que tanto cariño le tengo, donde pasé parte de mi infancia, aunque tan bien fueron unos momentos muy trágicos los que viví , junto a mis hermanas y mi madre”.
Como Diana la gran masa de niños evacuados a la URSS tenían entre dos y catorce años de edad. A su llegada los distribuyeron por Leningrado, Moscú, Kiev y Odessa, estos fueron los principales destinos. El gobierno de la República tenía la necesidad de alejar a los más jóvenes de los bombardeos provocados por la aviación sublevada. A su llegada, fueron recogidos en Casas de Niños, acondicionadas para que estos niños pudieran desarrollar su educación y formación, atendiendo plenamente sus necesidades de alimentación, reposo y estudio… “Nos daban de comer, nos quitaron la ropa vieja y nos vistieron con uniformes de marineritos. Fue al principio una etapa muy triste al separarme de mi madre, no encontraba consuelo entre el cariño de todos los educadores, hubo mucho llanto por el recuerdo de mi familia”.
La invasión alemana a la URSS en junio de 1941 dio una vuelta de tuerca a la vida de Diana que poco a poco se hacían adolescentes. Delincuencia, hambre y muchas penurias marcaron el siguiente lustro hasta que el país fue tomado por los aliados en 1945… “Hacia mucho frio y en algunos duros inviernos llegamos a menos 30 grados, muchos de mis compañeros de exilio murieron por enfermedades, allí fue una vida muy dura”.
La historiadora María José Devillard en su libro “Los niños españoles en la URSS (1937-1977)”, nos cuenta que prácticamente todos los estudiosos del exilio de los niños españoles en la URSS, coinciden en resaltar que su acogida por las autoridades y pueblos soviéticos fue extraordinariamente solidaria. Tal acogida era natural debido a la gran simpatía que se había desarrollado hacia la causa del pueblo español, que luchaba con gran heroísmo no sólo contra la reacción interior sino también contra el nazi-fascismo internacional.
Dolores Cabra, presidenta de la Asociación Guerra y Exilio (AGE), comentó recientemente en la prensa que de los más de 30.000 niños españoles evacuados durante la Guerra Civil poco más de 3.000 fueron a parar a la Unión Soviética. Tuvieron que esperar a la muerte de Stalin para poder regresar. Aún así muchos se quedaron en los campos del Gulag, murieron en la guerra o por el hambre, o quedaron desaparecidos. Perder la patria es horrible, tenían que haber regresado en 1939.

Compañeros en el exilio

Diana tenía tres hermanos, Conchita que nació en Madrid en 1926. Estuvo en las escuelas de Moscú, Sarátov, y Tiflis. Maestra de español en el Instituto de Lenguas Extranjeras de Bakú. Viuda de Vicente Munárriz se repatrió definitivamente en 1970. José Luis nació en Madrid en 1927. Estuvo en escuelas para los niños en Moscú, Sarátov y Tiflis. Se repatrió con su mujer en 1956. Trabajó inicialmente en Gijón y algo más tarde como ingeniero en Barreiros de donde fue expulsado por problemas laborales relacionados con la situación política de la dictadura. Trabajó en Pegaso también como ingeniero y luego muchos años en la empresa de electricidad FEMSA. El matrimonio tuvo ocho hijos de los cuales viven siete, entre ellos Diana, Svetlana y José Luis. José Luis falleció el 20 de octubre de 1975 en Madrid. Flavio, nació en Melilla en 1929. Estuvo en las escuelas de Pirogovskaya, Obninskoye, RU de Krasnogorsk, y más tarde fue obrero en la fábrica Boriets. Se repatrió en 1956 en cuyo momento trabajó en Gijón al igual que su hermano José Luis. Pero tuvo un problema grave en la fábrica donde estaba y se volvió a Rusia en 1957. No volvió nunca a España y se cree que ha fallecido hace algún tiempo en Moscú donde vivía. Sobre la vida de los hermanos de Diana, he extraído los datos de la revista Aeroplano Nº 28, escrito por el historiador Rafael de Madariaga.

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Matías Gimeno, la historia oculta

El 29 de septiembre de hace 70 años, un joven soldado valenciano fallecía en Ceuta, su compañero de milicia y paisano Matías Gimeno, narró la historia que ocultó, en el diario El País: “No falleció de apendicitis como se le comunicó a la familia de la víctima, sino por la agresión de un mando que acosaba a los reclutas por “rojos”.

Juan Bautista García Sales, estaba destinado en el primer Batallón de Autos de Marruecos. Matías continúa con su narración… “cometió el error de confundir el paso durante la instrucción que realizaba en la explanada del puerto de Ceuta. Y lo pagó con su vida, tras una agonía de 11 días en el hospital militar. El Ejército echó tierra sobre el asunto: comunicó a la familia que había fallecido como consecuencia de una peritonitis. Fue una injusticia muy grande y no se podía hacer nada. La dictadura era un muro inmenso, el brigada le golpeó en la cabeza y empezó a echar sangre por la boca y los oídos. Lo reventó”.
Matías Gimeno Orts, de Roca, la vecina pedanía de Meliana (Valencia), recibió un permiso de 11 días con el encargo de entregar a la familia del fallecido su ropa y pertenencias. Era su mejor amigo. Batiste, como era conocido por familiares y amigos, había muerto con la cabeza sobre su brazo el día de San Miguel (29 de septiembre) a las siete y media de la tarde, dos días después de haber cumplido 22 años. Matías presenció lo ocurrido y 70 años después todavía no ha podido olvidarlo, cuenta al periodista del País. Ahora tiene 92. Es un labrador retirado que vive el último tramo de su vida rodeado de jaulas con jilgueros, pardillos y verderones, y no quiere morir sin que se sepa la verdad sobre la muerte de Batiste, a quien define como “una bellísima persona, un brigada nos tenía ojeriza a los valencianos porque veníamos de zona republicana. Había terminado la guerra y aquí éramos rojos. Nos insultaba constantemente”.
Matías lo estuvo visitando en la cama número 83 del hospital militar de O´donnell hasta el momento de su muerte. Ese día recibió un recado desde el hospital: “Si quieres ver a Bautista vivo, ven, que está muy malito”. A los parientes se les recomendó que mejor no fueran a verlo. Los compañeros pasaron la gorra y pagaron un nicho en el cementerio de Santa Catalina, del que cinco años después, sin aviso, fue exhumado y trasladado a una fosa. Desde entonces reposan allí sus restos. Batiste había estado de permiso en Foios un mes antes de morir, por las fiestas del pueblo. Hacía 11 meses que había salido de allí para cumplir el servicio militar. Batiste trabajaba de mecánico en Ferrocarriles Españoles de Vía Estrecha y ayudaba a sus dos hermanos en el campo. Aunque el ambiente en los talleres de FEVE estaba muy politizado durante la guerra, Batiste no había militado en ningún partido ni sindicato.
Pero con la llegada de la democracia, Matías Gimeno contó la verdad al periodista Miquel Alberola del diario El País. Un sobrino del soldado asesinado, el periodista Vicent García Devís, había iniciado una investigación a raíz del testimonio de Matías Gimeno, el soldado que presenció la muerte violenta de su amigo desde una fila del mismo batallón. Y Matías se lo contó a Vicente García Sales, el hermano de Batiste y padre de Vicent: “Mi padre me transmitió ese malestar, que es como una herida familiar sin cerrar, y sentí que tenía que hacer algo”.
Hace 23 años, que Vicent acudió al Ayuntamiento de Ceuta, consiguió una fotocopia del libro de defunciones y averiguó en qué nicho había sido enterrado su tío. Iba con el propósito de recuperar sus restos para llevarlos al cementerio de Foios e inhumarlos junto a los de sus abuelos. “Me los habría traído en una caja de zapatos si hubiese podido”, se sincera. Pero se encontró con que el nicho estaba ocupado por los restos de otra persona: “Por lo visto, los amigos, que debían de tener muy poco dinero, adquirieron una concesión de uso de solo cinco años, pero nadie preguntó a la familia si la quería renovar”. Tras una investigación posterior descubrió que sus restos, “en solo tres minutos”, habían sido retirados del nicho y depositados en la fosa del patio número cinco. “Lo primero que hice fue llevarle un ramo de flores, el primero que podía ofrecerle la familia después de tantos años. Tomé una fotografía y la mostré a mis parientes”.

Investigar lo sucedido

Vicent García, sobrino de Batiste, se sentía impulsado a hacer lo posible para reparar su memoria… “Lo hice sin decir para qué quería la información, ya que en el ámbito militar todo va gota a gota y siempre te dan lo mínimo”. Así obtuvo el expediente personal de Batiste, con el documento que el jefe del Batallón de Autos de Marruecos mandó a la Guardia Civil para que, dos días antes de su fallecimiento, comunicara a la familia que el soldado “se encuentra mejorando de la enfermedad que padece”. Y encontró el expediente del hospital militar, cuyo resumen histórico detalla que el soldado ingresó con “apendicitis”: Presenta fuertes dolores en fosa ilíaca derecha y defensas en paredes. Fórmula y recuentos elevados. 16.600 leucocitos. Intervenido mediante raquianestesia, se encuentra el apéndice en malas condiciones, se le extirpa y se le coloca un drenaje de goma. Se da parte de gravedad por peritonitis consecutiva de apendicitis.

Homenaje en Ceuta por parte de Memoria Histórica del País Valenciano

El Grupo de Memoria Histórica del País Valenciano, le rindió junto a sus familiares un homenaje en Ceuta, a instancias del sobrino de Batiste, Vicent García, con la ayuda del consejo del Grupo de Recuperación de Memoria Histórica de la Fundació Societat i Progrés, representada en Matías Alonso.  Se desplazaron hasta el cementerio de Santa Catalina, donde se descubrió una placa. Tomo la palabra Vicent, habló a los presentes en este modesto pero emotivo homenaje, para concluir con la reproducción de una grabación que portaban, en el silencio del cementerio sonó la “Muixeranga”, una canción tradicional valenciana. Vicent García comenta sobre ese acto en Ceuta: “En el eché en falta alguna referencia a la soledad, a la falta de reparación simbólica por parte de las autoridades democráticas. A la clandestinidad, a que ninguna autoridad civil, ni militar acudió al acto, a que no hemos recibido ni una sola nota de reparación simbólica por las autoridades democráticas de Ceuta o de la península, como representantes del Estado. Eso, me hubiera gustado, porque era la idea medular de la reclamación. Nadie quiere venganza, pero parece que las autoridades hacen oídos sordos a todo lo que es todavía nuestro doloroso presente” concluyó Vicent García.
“Vicent García Devís ha viajada por medio mundo, y se le quedaba el gusanillo con la historia”, recuerda Amparo Gimeno, la hija de Matías Gimeno: “Le quedaba la pena y hablando un día mi hermana con otra chica de aquí, resulta que casi son familia y le presentó a Vicent. ‘Si lo que tú me cuentas de tu padre cuando hizo el servicio militar, casi que es la misma del mío. ¿Podríamos ir a hablar con tu padre, y ver si coinciden las fechas y los datos?, preguntó Vicent”, Hasta ahora, los últimos represaliados comprobados eran de agosto de 1944. Fue precisamente gracias a estas historias con las que Matías Gimeno hacía pasar el rato a sus hijos como la familia del soldado Batiste descubrió la existencia de un testigo presencial de los hechos que aún vivía. “En mi familia preferían ocultarlo, pero nos lo habían contado mis padres, mis tíos. Todos sabían la verdad”, explica Vicent. Gimeno también contó, en cuando pudo, lo que pasó, y fue una censura impuesta por ellos mismos.
En este 29 de septiembre se cumplen 70 años de la muerte de Batiste, su sobrino, el periodista Vicent García Devís, asegura: “Juan Bautista García Sales, “Batiste”, como le llamaban en casa, murió asesinado en Ceuta, mientras realizaba su servicio militar. Salió de su pueblo, Foios, acompañado de su hermana Rosario, en plena semana fallera de 1943. Era mecánico de trenes y nunca había salido de Valencia. Tres días duró el viaje, recorrió 808 kilómetros. En septiembre de 1944, Batiste fue ingresado en el Hospital militar con un fuerte derrame interno, tras los golpes que le propinó el suboficial, porque había perdido el paso”. Vicent continua con su relato: “Pero, como tantas otras falacias y mentiras médicas de la época, Batiste murió en brazos de su amigo Matías, oficialmente de una septicemia provocada por una apendicitis mal resuelta. Su madre, Amparo, viuda, con 9 hijos a su cargo, recibió un telegrama oficial el día anterior asegurando que su hijo mejoraba y que se encontraba bien: ¡que no viajaran a Ceuta que pronto se repondría!”, concluyó García Devis.

Agosto de 1944

En el año que falleció Batiste, fueron fusilados las tres últimas víctimas de la represión en Ceuta, los alicantinos Congost, Reinares y Ramón Valls. La frase “siempre nos queda Tánger” era la más pronunciada por los cientos de republicanos que desde Ceuta, el Protectorado en Marruecos y las ciudades costeras andaluzas huían del golpe. Desde un primer momento en Tánger se crea una resistencia al franquismo, realizando desde la finalización de la Guerra reuniones en Ceuta y en las vecinas ciudades del protectorado, Tetuán o Larache. Los servicios secretos de Franco los tienen vigilados, pero no pueden detenerlos. Esta resistencia tiene su fin cuando las tropas de Franco toman Tánger en junio de 1940, muchos pudieron huir a Casablanca, protectorado Francés o vía Marsella al exilio europeo y después al continente americano. Otros se quedaron en Tánger continuando con la resistencia al régimen. La resistencia estaba liderada por el socialista Antonio Castilla. En uno de sus múltiples contactos con los exiliados en Casablanca, les piden que necesitan a un delegado para su apoyo, ya que ellos al ser conocidos en la ciudad están muy vigilados por la policía. Recordemos que en Casablanca se encontraban numerosos españoles exiliados, sobre todo alicantinos, quienes al terminar la guerra pueden huir por los puertos del levante español y cruzar hacia Argelia. Allí tras estar detenidos en los campos de concentración, y pasar penalidades, muchos logran pasar a Casablanca. Tras este llamamiento, se desplaza en agosto de 1941, José Congost. Como el trabajo de captación va en aumento, el recién llegado requiere nuevamente de Casablanca el envío de otros compañeros y a los pocos meses llegaron los jóvenes alicantinos Antonio Réinales, Ramón Valls y Adelo Aguado.

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