El 17 de julio del 36, comenzó la represión a la masonería ceutí

Extracto del capítulo V del libro “La Masonería en Ceuta, Origen, Guerra Civil y Represión (1821-1936)”

Más información: http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/

Mientras en Melilla, desde primeras horas de la tarde del 17 de julio, ya estaban las tropas sublevadas en la calle, en Ceuta, se respiraba una tensa calma. El alcalde y miembro de la masonería ceutí, Sánchez Prado, recibe varias llamadas: <<Fui llamado por diversos señores amigos, y me indicaron y aconsejaron que desapareciera de Ceuta, yo les contesté, que mi sitio estaba junto al pueblo que me eligió>>.  El 5 de septiembre de 1936 fue fusilado.

Cuando el 24 de julio de 1936 el Venerable maestro de la logia Hércules, Aonso Estivil, clausuraba las puertas del templo ceutí, en la calle teniente Pacheco, camino del exilio, se abatieron las columnas de toda una tradición masónica en la ciudad, con más de un siglo de historia. La represión llevada a cabo contra los masones, como indica Morales Ruiz, <<fue una <<Cruzada>>, dentro de la <<Cruzada de Liberación>>, y  esta cruzada antimasónica tuvo una particular y extremada virulencia>>. La represión contra los más de doscientos masones ceutíes, se presentó en ejecuciones sumarísimas (27), despidos de sus trabajos, incautaciones  y multas a sus familiares tras ser ellos ejecutados, en prisión, o estar en paradero desconocido. Hemos podido conseguir en el CDMH, un informe realizado por el Venerable de la logia ceutí, Hércules, Aonso Estivill, tras salir de la ciudad en julio de 1936, en el buque inglés Bulldog con destino a Gibraltar:

      El día 19 de julio, el que suscribe, por residir en los altos del Templo(actual calle teniente Pacheco,12) fui avisado por una vecina de  que la Guardia Civil estaba derrumbando la puerta con los fusiles. Inmediatamente bajé y efectivamente había allí un Teniente de la Guardia Civil y dos números, quienes al verme bajar me apuntaron con sus armas y me ingresaron groseramente, comandándome a que abriera la puerta, lo que así hice, y una vez dentro comenzaron a registrarlo, pero convencidos ellos de que no había nada el Teniente me dijo que me daba su palabra de honor de que él no buscaba otra cosa que lo delictivo y lo que no lo fuese no saldría de su boca. Continuaron registrando la secretaría y estuvimos entretanto hablando hasta que se marcharon clausurando la Logia y despidiéndose el Teniente muy amistosamente incluso estrechando mi mano. Es decir, que a los militares, aun no teniendo derecho a clausurar la Logia pues son facciosos, no se les veía una intención malévola contra nosotros, pues estuvimos en Ceuta después, hasta el día 24 de julio 1936 y mi domicilio no fue registrado ni fui molestado más. Gracias a la llegada de un buque inglés, llamado Bulldog se cortó, pues al día siguiente de salir de Ceuta llegaron los fascistas falangistas e hicieron un destrozo en el Templo llevándose los enseres que pasearon por Ceuta en procesión y luego los quemaron y tiraron al mar.

       Efectivamente, el 25 de julio, fue asaltado el templo, por  parte de un numeroso grupo de civiles, los llamados balillas, primera denominación de la organización juvenil de Falange Española. Sacaron a la calle todos los utensilios masónicos, los pasearon por la calle Real, hasta los jardines de San Sebastián, donde los arrojaron desde la balaustrada al mar.

El 15 de septiembre de 1936 el general Franco decretó que la masonería era una asociación clandestina, declarada contraria a la ley, y que todo aquel que hubiera pertenecido  a ella  sería considerado como culpable de adhesión a la rebelión. Por lo tanto, si tras realizarse los registros, por parte de la policía, en sus casas, encuentran algún documento o símbolo masónico, se le acusaba en los consejos de guerra de que éstos debían estar destruidos en los tres días siguientes a la publicación del edicto. Difícil de cumplir, ya que la gran mayoría  fueron detenidos en los días siguiente al golpe. Quedaba claro, que quien antes del 17 de julio de 1936 era leal al Gobierno o pertenecía a la masonería, pasaron a ser, desde la  siguiente madrugada, culpable de un delito de rebelión.

Se catalogaban como delitos aquellos que previamente no existían en el código y se les aplicaban sumarísimas penas por su pertenencia a la Orden. El nuevo aparato jurídico que se crea se articula, en primer lugar, a través de los consejos de guerra de la justicia militar, y, segundo, por los tribunales regionales que remataban la tarea represiva. Esto fue, el fin, a cualquier espejismo por parte de los masones de que los sublevados quisieran llegar a algún compromiso que no fuese el apartamiento total de los vencidos.

Existieron varias leyes de evidente carácter represivo contra los masones, la económica, muy importante, con incautaciones de bienes y cuantiosas multas con la Ley de Responsabilidades Políticas (TRRP), promulgada unos días antes de finalizar la guerra. Esta preparaba el camino de la gran represión ejercida en la posguerra, aalcanzando su cota más alta con la promulgación un año después, de la Ley para la Represión de la Masonería y el Comunismo (TRMC). Este tribunal después de examinar todos los documentos que llegaban a su poder acordaba la tramitación del sumario, para otorgar las condenas, que eran por norma, de doce años y un día. Con la aplicación de esta Ley se condenó a numerosos masones ceutíes, incluso a penas de hasta 30 años de prisión. Se establecieron juzgados  específicos para reprimirlos, sin seguridad legales.

Además, desde el 1 de noviembre de 1936, el alcalde de Ceuta, teniente coronel José Tejero, ordena al Servicio de Vigilancia que tomen las medidas represoras que hagan falta hacia el personal del Ayuntamiento, sufriendo estas inquisiciones por el Juzgado Especial de Depuraciones. Los que no estaban en prisión, ni habían sido fusilados, tenían que hacer frente primero, a la pérdida del trabajo, y posteriormente a una cuantiosa multa, por su pertenencia a la masonería. Valga como ejemplo, la sesión del 11 de diciembre de 1936, donde la Comisión Gestora del consistorio acordó la destitución de veintitrés funcionarios.  Entre ellos, el oficial, José Ruiz González, iniciado en 1933 en la logia Hércules. Destacado militante socialista. Fue detenido el 20 de julio de 1936, y condenado en un principio a un año de prisión. El TERMC le instruyó un sumario fallando en febrero de 1943 doce años de prisión.

Otro expulsado miembro de la masonería ceuti fue Juan Romero Romero, mecánico municipal, iniciado en 1926, en la logia Resurrección n. º 3 (GOE), de La Línea de la Concepción (Cádiz). En 1928, se traslada a Ceuta y junto a otros masones, fundaron en 1930 la logia Hércules, donde llegó a ser Maestro y Venerable en 1933. Tras la sublevación fue detenido y trasladado a la prisión de García Aldave. En 1942, fue puesto en libertad, en espera de juicio, lo que aprovechó para exiliarse a Tánger. El TERMC le incoó un sumario señalando que se encontraba en paradero desconocido, pese a ello, le condenó a dieciséis años de reclusión. Con el paso de los años, volvió a La Línea y se estableció como mecánico. El 7 de junio de 1954, el TERMC le juzgó fallando inhabilitación para el desempeño de cargos políticos y sindicales, y su expulsión como funcionario.

Como indica el historiador Rafael Pérez Ferrón, en Depuraciones en el Ayuntamiento de Ceuta, a mediados de 1938 los expedientados pasaron a la Comisión Especial, que realizaron un informe de cada uno de ellos. En la sesión municipal del 8 de febrero de 1939 los gestores presentaron los resultados: 109 funcionarios fueron confirmados en sus cargos, 19 quedaron ratificados, pero sometidos a vigilancia política, un alguacil fue suspendido de empleo y sueldo durante un año, el oficial mayor de intervención fue suspendido  durante cinco años y, por último, a cinco se les castigo con la destitución.

Las penas para sancionar a los funcionarios municipales fueron de tres tipos: económicas, restrictivas de la actividad (inhabilitación absoluta), y limitación de la libertad de residencia (extrañamientos y confinamientos). Por cuanto al artículo cuarto de la orden sólo preveía dos situaciones después de que el instructor hubiese comprobado la conducta del funcionario: admisión sin imposición  de sanción o incoación del expediente para imponer la sanción que procediera. Por lo tanto,  se presuponía la culpabilidad de todos los funcionarios. El 19 de octubre de 1939, se comienzan a publicar los listados con las multas, en el Bocce.

Otro de los masones represaliados y funcionario fue Manuel Almanzor de Bernardo miembro de la logia Hércules desde 1932, posteriormente fundaría otro taller, Hijos de Hércules, donde llegó al grado de Maestro en 1934. También se le abrió una causa por el TERMC, en 1943, condenándolo a 12 años e inhabilitación absoluta perpetua para el ejercicio de cualquier cargo del estado. Otro fue el practicante en beneficencia municipal, José Gallardo de Salas, de la logia Hércules. El TERMC le siguió un sumario en 1942 y un año después fue absuelto[1].  También, Félix Furest García, se inició en 1933 en la logia Hércules. En los primeros momentos de la sublevación, estuvo escondido en casa de un amigo. Con el paso de los días se reincorporó al Ayuntamiento, pensando que no sería represaliado, pero no fue así y en noviembre de 1937 fue detenido y trasladado a la prisión de García Aldave. Un consejo de guerra lo acusó de su pertenencia a la masonería y de su militancia socialista, condenándole a la pena capital, aunque esta se conmutó por treinta años de reclusión. Se le trasladó al Puerto de Santa María (Cádiz) en 1942. Por su parte, el TERMC le sentenció a otros doce años de prisión.

Otra de las profesiones más castigadas fueron los maestros, aquel 17 de julio les sorprendió de vacaciones; no sabían que aquella fecha daba inicio a la más ingrata etapa que iban a vivir, sobre todo aquellos educadores que habían mostrado su simpatía por la República o pertenecían a la masonería. La primera ejecución de un docente en Ceuta tuvo lugar en la saca de la madrugada del 17 de agosto de 1936;  su nombre, Ángel Grande Pérez, pieza fundamental para que el  colegio Lope de Vega se construyera durante la República.

Había que aplicar un castigo ejemplarizante a los intelectuales en general. También otra norma de castigar a los maestros ceutíes que dependencia del municipio era retirarles la ayuda que recibían. Cómo lo acordado por la comisión gestora del Ayuntamiento, en la sesión del 7 de agosto de 1936 con una escuela de la barriada del Sardinero, regentada por el maestro José Lázaro, quien además, fue detenido. Y el acuerdo del 23 de diciembre de ese mismo año: <<Retirar la subvención que venía disfrutando el vecino del patio Centenero, Ángel Méndez Castro, dedicado a la enseñanza particular, dado que concurren en el interesado las circunstancias de carecer de título de maestro, haber demostrado siempre una escasa cultura y ser de tendencia izquierdista>>. También, la clausura de la Escuela Racionalista y posterior ejecución del maestro Pedro Vera Sánchez, en agosto de 1936, o Antonio Bernabé Calvo, un joven maestro  fusilado en el Hacho, en noviembre de 1936. Incluso para buscar la culpabilidad de un maestro militante socialista se ordenó que declararan ante el juez militar a varios niños.

Junto a los maestros estaban también lo profesores y catedráticos del instituto Hispano-Marroquí, un buen número fueron separados de su labor docente. Destacando a Víctor Bigtar Armenta Moreno, profesor de filosofía y francés, fue expulsado de su  cátedra por orden de la Comisión de Cultura y Enseñanza el 26 de junio de 1937, por su pertenencia a la masonería, en la logia Trafalgar n.º 20, de Algeciras (Cádiz), de la que fue Venerable Maestro. Años después el TERMC falló en 1941 su inhabilitación para el ejercicio de cualquier cargo del Estado. Por lo que tuvo que dar clases particulares en su casa, en la calle Real, 89 (Edificio Baeza) y en la Academia Navarro. Pese a ello, la policía, en el informe donde detallaban los motivos de su expulsión: «En el aspecto moral, lo mismo antes que después del Movimiento Nacional, ha observado siempre muy buena conducta tanto en el aspecto económico como sexual, es persona de muy buenas costumbres y muy bien conceptuado en su trato social». Y años después, pese a su expulsión, el Juzgado de 1. ª Instancia de Ceuta le comunicó en 1942 que se le había incoado expediente para imponerle una multa.

Otro fue, Manuel Lavilla Santiago, profesor de Derecho Mercantil. Formó parte de Hércules desde 1932, y con el fin de constituir otra logia en Ceuta, requirió en 1933, su plancha de quite. El nuevo taller recibió el nombre de Hijos de Hércules, en el que resultó exaltado al grado de Maestro. Tras la sublevación, se le detuvo a comienzos de agosto de 1936 y recluido en el Hacho. Un consejo de guerra le condenó a cuatro años de cárcel, sentencia que cumplió en el penal del Puerto de Santa María (Cádiz). Posteriormente, el TERMC le instruyó un sumario condenándolo en 1943 a ser deportado, por tres años, a la ciudad de Tafalla (Navarra). La misma represión tuvo el catedrático de filosofía del Instituto  Hispano-Marroquí de Ceuta y presidente de Izquierda Republicana, Luis Abad Carretero, estaba casado con la primera mujer médica en Ceuta Antonia Castillo, los dos se exiliaron a México. Fue uno de los iniciadores del Ateneo Español, donde tantos ilustres escritores e intelectuales republicanos  españoles se dieron cita, falleció en 1969.

Masones en las sacas     

En la madrugada del 15 de agosto de 1936 comienzan las ejecuciones masivas sin juicio. Estas sacas estaban realizadas por patrullas de civiles encuadrados en la falange local. Todas recorren  una trágica rutina. En plena madrugada, se desplazan a los centros de internamientos, donde están los políticos, sindicalistas, masones y simpatizantes de la República, Hacho, García Aldave o la prisión de mujeres del Sarchal. Tras acceder al interior de las cárceles, leen los nombres que traen en una lista, les comunican que van a ser trasladados a comisaría para declarar, ninguno se lo cree. Según algunos supervivientes me afirmaron años después, que cuando leían un nombre, acordaron que el designado no opusiera resistencia, ya que podrían comenzar a disparar o llevarse a otro que no había sido nombrado. Había otra forma de represión, la psicológica, con el chirriar de las cancelas, el descorrer de los cerrojos o los pasos de los ejecutores en plena madrugada, haciendo presagiar la inminencia de la muerte y la posibilidad de que fueran ellos los elegidos.

Desde el inicio de la Guerra Civil, la falange fue considerada un instrumento de represión en Ceuta. Durante la República eran muy pocos sus miembros, no tenemos constancia de ninguna asamblea, pero si el anuncio en la prensa en octubre de 1933 de que el jefe local era Emilio Pelegrina Castro. Tras ser asaltado el templo masónico en julio de 1936, se utilizó por los jóvenes flechas y Balillas; el casino Africano, sirvió de lugar para las oficinas y dirección de la Falange, y el cuartel del teniente Ruiz sus milicias. Los requetés se apropiaron del local de la asociación cultural Septa, en la calle Riego, transformándolo en centro de sus actividades. El diario Día, se erige en portavoz de la falange local, en su cabecera, destacado el anuncio de Nacional-Sindicalista. En sus páginas se publicaban toda clase de avisos amenazantes, sobre todo cada vez que se detenía a algún miembro destacado de la izquierda ceutí, y el anuncio de las tropelías de sus patrullas, destacando  que la  noche era la hora ideal:

     Casi todas las noches se oyen por todos los sectores de la ciudad  disparos de pistolas que hacen que los muchachos de  falange den bastantes batidas. Esto, que a simple vista no parece tener gran interés, a nuestro entender la tiene y demuestra que la fiera marxista, aquí en Ceuta, sigue vivita y coleando. No hay que tener misericordia del Español, que al gritar ¡Viva España!, no contesta con otro viva a la Patria, esto hay que enseñárselo por las buenas y por las malas, quien se resiste es un traidor y con los traidores no hay que tener ninguna piedad.

       Tras llevar a cabo las ejecuciones en cualquier descampado de la ciudad, sus cuerpos son amontonados en el suelo del depósito de cadáveres del cementerio de Santa Catalina. Por la mañana, el responsable municipal comprueba que varios cadáveres están en el citado aposento y a continuación se lo comunican al juzgado y a la comandancia, esta envía a un médico militar para que levante acta. Detallando, cuántos son los muertos, las causas y sus nombres. Cada ejecución conllevaba una certificación, registrándose sus datos en los libros del cementerio y en el registro civil, con carácter individual. Una vez que se levantaba el acta de defunción, si los familiares no habían llegado, eran enterrados en la fosa común, que existe en el cementerio. En muchas ocasiones, al ser Ceuta una ciudad pequeña en la que todos más o menos se conocían, los trabajadores del camposanto avisaban a los familiares. Eso fue lo ocurrido con el sargento de artillería Miguel Hernández Morales, que sería fusilado el 30 de septiembre de 1936, persona muy implicada en diferentes asociaciones de la ciudad y gran valedor de la República…

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Le invitamos a leer el libro “150 años de Fotografía en Ceuta”

Le invitamos a leer el libro “150 años de Fotografía en Ceuta” con motivo del Día del Libro, durante los días 23 y 24 a un precio excepcional de 15€ (antes 25€), y no se olvide recoger la flor…

 

En Copistería Ana Sánchez, en calle Real, 102 (Ceuta).

 

Este libro ofrece 321 fotografías de Ceuta, en su gran mayoría inéditas, abarcando un período que arranca en 1859, en plena “Guerra de África” y que se prolonga hasta la actualidad, incorporando distintas fotografías en color de la Ceuta actual y de la histórica visita de los Reyes el 5 de noviembre de 2007.

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En el pleno del 15 de junio se cumplen 40 años de la constitución del primer Ayuntamiento democrático en Ceuta tras el franquismo…

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Este sábado, 15 de junio, en el Ayuntamiento de Ceuta se celebrará un pleno para constituir la nueva corporación municipal y la elección del alcalde o alcaldesa.

La fotografía corresponde a la sesión del 19 de abril de 1979, cuándo se produce a instancia del PSOE la retirada del cuadro de Franco del Salón de Plenos.

Todo el proceso está fijado en la Ley Orgánica del Régimen Electoral General, porque es el vigésimo día posterior a la celebración de las elecciones municipales, que se celebraron el 26 de mayo.

Pero tendríamos que recordar que hace cuarenta años un 19 de abril de 1979, se dieron cita en el salón de plenos del Ayuntamiento los concejales que habían logrado el escaño municipal. En ese día tan señalado,  además de la anécdota de la retirada del cuadro de Franco, se constituyó el primer ayuntamiento democrático de nuestra Ciudad. En aquella primera votación cada grupo votó a su candidato, los independientes (AECAD) a Clemente Calvo Pecino,  doce; UCD a Ricardo muñoz Rodríguez, con ocho y el PSOE a Fructuoso Miaja, con cinco votos.

Al concejal socialista Aurelio Puya, como presidente de la Mesa tuvo el honor de nombrar al primer alcalde democrático de Ceuta tras la guerra civil, Clemente Calvo Pecino. Tras tomar posesión dirigió unas palabras de gratitud al electorado que ha depositado en él y en su grupo su confianza. Los tenientes de alcalde de aquella histórica corporación fueron: Matías Calvo Pecino, Emilio Cozar Fernández, Antonio Gálvez Gálvez, Antonio Martínez Valdivia, Ricardo Muñoz Rodriguez, Jose Maria Albert Rosano, Rafael Orozco Rodriguez-Mancheño y Fructuoso Miaja Sánchez.

Tras la elección del primer alcalde democrático de Ceuta, Clemente Calvo Pecino, 1979-1981 (Independiente); continuó Ricardo Muñoz Rodríguez, 1981-1983 (UCD); Francisco Fraiz Armada, 1983-1985 (PSOE); Aurelio Puya Rivas, 1985-1987 (PSPC); Fructuoso Miaja Sánchez, 1987-1991 (PSOE); Nuevamente Francisco Fraiz Armada, 1991-1994 (PFC); Basilio Fernández López, 1994-1995 (PFC). En 1995, tras tener un Estatuto de Autonomía nos convertimos en Ciudad Autónoma, los presidentes fueron Basilio Fernández López, 1995-1996, (PFC); Jesús Cayetano Fortes Ramos, 1996-1999 (PP); Antonio Sampietro Casarramona, 1999-2001(GIL) y el Presidente actual desde 2001, Juan Jesús Vivas Lara, del Partido Popular.

Desde el final del franquismo en 1975, costó mucho esfuerzo a los demócratas ceutíes los cambios de símbolos que estaban repartidos por toda la ciudad, y que servía como referente icónico para identificar visualmente al régimen y a las personas e instituciones que se identificaban con él. La parafernalia simbólica del franquismo se originó durante la Guerra Civil (1936-1939), tras su exaltación a la jefatura del Estado, adoptando en buena medida la desarrollada en los años anteriores por Falange Española de las JONS.

En Ceuta tuvimos numerosos monumentos, como la Cruz de los Caídos, en la plaza de África, donde se celebraban actos, brazo en alto, bien avanzada la década de los años setenta. El monumento traído en la década de los años sesenta, piedra a piedra desde el valle de Ketama (Marruecos), conocido como Monolito del Llano Amarillo, o el popular “pies de Franco”, junto al mástil del cañonero Dato, en la plaza que rodea la Ermita de San Antonio.

La ley denominada Ley de Memoria Histórica (aprobada por el Congreso de los Diputados el 31 de octubre de 2007) establece la retirada de estos símbolos, obligando a las instituciones públicas a ello, y privando de ayudas a las instituciones privadas que no las retiren. Fue objeto de particular redacción lo referente a los símbolos que puedan afectar a la Iglesia Católica, introduciéndose una salvaguarda por razones religiosas, junto a la que exceptúa a los monumentos con valor artístico.

Dos años antes, un 15 de junio de 1977. Los colegios electorales abrieron a las nueve de la mañana. Desde antes de que abrieran los centros, había colas en algunos incluso de más de ochenta metros, lo que provocó que muchos ciudadanos tuvieran que esperar varias horas para poder ejercer el derecho al sufragio, no importaba, otros muchos dieron sus vidas, por aquel acto tan sencillo, lleno de libertad.

Durante la transición nacen en Ceuta los partidos que se han caracterizado por el proceso de democratización español, Unión de Centro Democrático (UCD),  y Partido Socialista Obrero Español (PSOE). A las primeras Elecciones Generales, concurren los dos principales partidos de ámbito nacional y otros dos con la misma implantación: el Partido Socialista Popular (PSP) y Reforma Social Española (RSE). En aquellas elecciones, la UCD fue la triunfadora con el 36,3, seguido muy de cerca por el PSOE con el 32,6%.

Además, se presentaron Acción por Ceuta, de ámbito local y la Agrupación de Electores de Ceuta. Años después la desaparición de UCD supuso en Ceuta, como en el resto de España, la aparición de partidos como el Centro Democrático y Social (CDS) y otros de centro derecha que culminaron en un proceso de unificación que confluye con la transformación de Alianza Popular (AP) en el Partido Popular (PP).

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¿Nombre del general ceutí Escobar para el nuevo cuartel de la Guardia Civil en Ceuta?

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El ceutí, general de la Guardia Civil en 1936, Antonio Escobar, se mantuvo fiel al Gobierno legítimo de la República. En 1940, fue fusilado con honores militares en los fosos de la fortaleza de Montjuich. Dirigió su propia ejecución y murió abrazado a un crucifijo.

Hace unos días hemos podido leer en la prensa local que el nuevo cuartel será toda una realidad en pocas fechas, y pienso, como ya lo he dejado por escrito en otras ocasiones que sería una gran oportunidad, otorgarle el nombre de este ilustre ceutí. Esta es una sencilla reflexión que realizó en voz alta, para quien pueda decidir, sobre el homenaje que le debe su ciudad natal.

El general Escobar nunca fue un revolucionario, ni siquiera un reformador social, era simplemente un hombre honrado que pudo escoger el camino fácil, sumarse al golpe y no lo hizo, decidiendo marchar por la senda difícil de la libertad, de la justicia y de la igualdad. Un militar verdaderamente patriota, un burgués católico que luchó junto a los proletarios contra la burguesía.

El General de la Guardia Civil Antonio Escobar Huerta, nació en Ceuta un 14 de noviembre de 1879, desempeñando los cargos de jefe del 19 tercio de la Guardia Civil, Director General de la Seguridad en Cataluña y General jefe del Ejército de Extremadura. Fue un hombre de profundas convicciones religiosas, consiguió con su decidida actuación el 19 de julio de 1936 que no prosperase la sublevación en Barcelona. Pese a ser hijo de un héroe de la guerra de Cuba, y tener una hija monja y un hijo falangista, optó por la libertad de actuar conforme a su conciencia y al juramento prestado al Gobierno legalmente constituido.

Era Hijo, hermano y padre de militares, estaba destinado en Barcelona cuando se produce el golpe militar. Católico y conservador, se mostró fiel a su juramento al gobierno de España, resultando decisivo en la derrota de la sublevación en Barcelona. Puesto a las órdenes del presidente de la Generalidad, Lluís Companys, al estallar la sublevación, siempre consideró un error que no se desarmara a las milicias anarquistas. Al acabar la guerra, los dirigentes militares y políticos que se encontraban en Cataluña pudieron trasladarse a Francia, pero la zona central era una ratonera de la que sólo se podía salir por aire y, efectivamente, así salieron los principales dirigentes políticos y militares con excepción del general Escobar, que no era hombre para abandonar su puesto, de manera que cuando cesó la contienda él hizo formar sus unidades y se entregó al vencedor al frente de ellas.

E igual como había renunciado a huir declinó la oferta que le hizo el general Yagüe de facilitarle el paso a Portugal y con soldados que habían estado a sus órdenes fue llevado en un vagón de ganado a Madrid y luego a Barcelona, al castillo de Montjuich, para ser juzgado por un consejo de guerra. Quería que se le juzgará, convencido como estaba de que su razonamiento era impecable: se había mantenido fiel al Gobierno legítimo y no podía admitir que se le acusase de desleal y de traidor. Irónicamente juzgado por rebelión militar, es condenado a muerte.

El propio Escobar dirigió su ejecución. El mismo piquete de la Guardia Civil rindió luego honores militares a su cadáver. La mañana de su ejecución pidió que la misa se adelantase para que tuviese tiempo para recibir la comunión. La ejecución de Escobar tuvo lugar en los fosos del castillo, donde se había fusilado al general Goded y donde un tiempo después se fusiló al presidente Companys.

El general Escobar, al ocupar su puesto frente al piquete dijo al oficial que lo mandaba: “Usted dará las órdenes preventivas y dispararán cuando yo bese el crucifijo que llevo en la mano”. Él iba a morir vestido de paisano pero había logrado variar el significado del acto, el oficial iba a dar órdenes al piquete hasta llegar al “apunten”, pero la decisiva, el “disparen”, la daría él besando el crucifijo. Así moriría como deseaba morir, como un jefe mandando a sus hombres.

El primer libro sobre la vida de este ceutí la redactó José Luis Olaizola, escritor y guionista de cine español. Con esta obra ganó el Premio Planeta de 1983 por su novela “La guerra del general Escobar”. A través de esta obra, el autor nos da una visión infrecuente de los años de nuestra guerra, vividos sin partidismo ni ideologías por un militar que en la España del gran desgarrón histórico eligió, ante el estupor mal disimulado de las autoridades, una incómoda postura, porque creía que su puesto era aquél. Pese a la historicidad del relato, nos encontramos ante una novela en la que su autor se ha limitado a recrear un personaje admirable que pudo vivir, luchar y morir en cualquier otra guerra fratricida de la Historia.

Un año después se realizó la película “Memorias del General Escobar”, película dirigida por José Luis Madrid, protagonizada por Antonio Ferrándiz, Fernando Guillén y Jesús Puente, y guión del capitán Pedro Masip, ayudante de campo del general Escobar. El guión de esta película narrada por el propio general Escobar quien escribe sus memorias desde su encierro en la cárcel. Su historia comienza con los hechos desencadenantes de la Guerra Civil española, su repugnancia e impotencia ante los eventos que siguieron y, sobre todo, ante la posibilidad de dar una orden de fuego pensando que con ello podía dar muerte a uno de sus propios hijos, que se encontraba en el bando contrario.

En el 2008 salió el libro “Entre la Cruz y la República” de Daniel Arasa, desde el Acta de Nacimiento hasta la Partida de Defunción se recorre la trayectoria del personaje, pero la obra va mucho más allá de una biografía. La peripecia de Escobar permite explicar un buen número de aspectos y asuntos de la guerra civil a través de un mando de la Guardia Civil y del Ejército de la República que desempeña funciones importantes y es a la vez poco conocido.

En el libro se aportan numerosos datos sobre la sublevación militar en Barcelona en julio de 1936, las persecuciones revolucionarias, la defensa de Madrid, los “Fets de Maig” (Hechos de Mayo) de Barcelona, la lucha en el frente de Extremadura, la relación de la Guardia Civil y la Generalitat, la politización del Ejército Popular, y otros muchos. El libro permite penetrar a la complejidad de la Guerra Civil, sin apriorismos ni simplificación entre buenos y malos. Una persona que por pensamiento, sentido del orden, fe católica y hasta por sensibilidad personal parece llamado a formar parte del bando sublevado, es sin embargo fiel a la República, lucha por ella y ocupa cargos importantes. Y no es un caso aislado. Pone en evidencia también el especial encono, el odio acumulado, con que los militares vencedores castigaron a los que fueron compañeros de armas a lo largo de muchos años pero optaron, o se vieron inmersos, en el bando contrario en el conflicto civil.

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MUJERES CEUTÍES QUE SE ATREVIERON A SER LIBRES…

El próximo viernes 8 de marzo, se conmemora Día de la Mujer, creo que es un buen momento para recordar a un buen número de mujeres ceutíes como Isabel Mesa, Antonia Céspedes, Antonia Pérez Padín, África de las Heras, Antonia Castillo, Nani Bermúdez… y tantas otras, que tras el golpe militar del 36, sufrieron persecución y cárceles, incluso siendo una de ellas, Antonia Céspedes asesinada junto a los muros de la prisión de mujeres del Sarchal.

Nota: En la imagen, la ceutí doctora Antonia Castillo impartiendo una charla a las mujeres de los obreros en la Casa del Pueblo de Ceuta, en la calle Agustina de Aragón. (Archivo: Paco Sánchez).

Antonia Céspedes Gallego

Si tuviéramos que destacar alguna, sería sin duda Antonia Céspedes Gallego, una mujer de fuertes convicciones, de igualdad, solidaridad, y firmeza por sus ideales. Y lo pagó hace ocho décadas con su vida, su cuerpo apareció con un disparo, en la ladera junto a la cárcel del Sarchal, donde se encontraba detenida.
Un grupo de falangistas la sacaron en la madrugada del 21 de enero de 1937, y la asesinaron, tenía tan sólo 46 años. Cariñosamente era conocida como “la latera”. La deuda que tenemos con estas ceutíes es imposible de pagar. Antonia Céspedes es un símbolo de otras muchas mujeres que sufrieron esa brutal represión. Mujer adelantada para su época, siempre en primera línea en las reivindicaciones sindicales y mejoras para la mujer, en perpetua actividad por la igualdad de la mujer ceutí trabajadora. Era una persona humilde, vivía en el patio Centenero, una gran luchadora siempre cerca de la más necesitada.
También tenemos constancia por la prensa de su actividad sindical, ella trabajaba en la fábrica de conservas, junto a la playa de la Ribera. En mayo de 1931, lideró una huelga para conseguir mejoras para las trabajadoras entre otras reivindicaciones pedía jornada laboral, horarios, salarios e higiene. Lanzaron un manifiesto que se reprodujo en la prensa: “No permitáis que embarquen vasijas y menos aún dejar desembarcar pescado para ninguna fábrica de la península, que proceda de Ceuta, porque perjudicáis grandemente la lucha de estas bravas compañeras” y terminaba el manifiesto con: ¡Trabajadores! ¡No olvidéis este llamamiento! proceded con energía a todo intento de perjuicios contra nuestras compañeras. El comité de huelga. Ceuta, 18 de junio de 1.931″.
Tras el golpe militar, fue sacada de su modesta vivienda y trasladada a la prisión de mujeres en el Sarchal, donde se encuentra con otras ceutíes que también fueron detenidas por su militancia republicana y su lucha social. Allí con muchas penurias junto a sus compañeras pasan las horas en el fortín habilitado como cárcel, en espera de acontecimientos.
La represión desencadenada fue tan intensa y extendida que no sólo la sufrieron los que habían defendido la República con su labor política y sindical, sino que también cayó la misma sobre aquellos que eran simplemente más abiertos, los incrédulos por cualquier motivo, los que habían destacado en empresas culturales y actividades públicas o simplemente aquellos denunciados por rencillas personales, odios y deudas, de los que se nutrieron las cárceles ceutíes y zona del Protectorado español en Marruecos. Sin embargo, la represión ha caído en el olvido de la memoria histórica de la contienda civil, lo que ha motivado que aún se mantenga que en Ceuta, Melilla y en el Protectorado no pasó nada.
Tras la proclamación del estado de guerra Ceuta se convierte en una ciudad llena de miedos y recelos. Desde la misma madrugada del 18 de julio las fuerzas sublevadas, con la ayuda de patrullas de falangistas, comienzan las detenciones selectivas y asaltos a las sedes de los sindicatos y partidos políticos. El comandante general y jefe de la Circunscripción Occidental, teniente coronel Gautier, el 18 de julio de 1936, emitió un duro comunicado: “El que desobedezca las prescripciones de los bandos, publicados anteriormente, será pasado por las armas, sin previo juicio sumarísimo”.
En septiembre, el juzgado militar le envía un oficio donde le comunica que se le realizará un consejo de guerra. El día 16, de madrugada fue trasladada al acuartelamiento de Sanidad (hoy manzana del Rebellín). Se le encuadró en un magro juicio contra sindicalistas ceutíes, ella es la única mujer, en total fueron 50 y bajo un mismo epígrafe: “adhesión a la rebelión”, se les dividió en cuatro grupos, tres de doce y uno de catorce. Fueron fusilados veintiséis y el resto a largas condenas. En este consejo de guerra estaba el destacado dirigente sindical, empleado de la empresa de alumbrado y fundador en 1934 del partido Sindicalista, Luis Castillejo, quien seria fusilado.
Tras entrar en la sala habilitada para los consejos de guerra, Antonia Céspedes, está frente al estrado, se da lectura al apuntamiento por parte del relator. La lectura se prolonga durante pocos minutos; en ella se da la relación de nombres, seguidos de las acusaciones. Cuando concluye el relator se inicia el interrogatorio, contestando con simples monosílabos a las preguntas que le formula. A continuación se produce un descanso para que el fiscal y el defensor consulten sus notas y preparen las conclusiones finales. Después de media hora se reanuda el juicio con la intervención del fiscal. El consejo de guerra falló pena de muerte, pero a los pocos días se le sustituyó por cadena perpetua y trasladada a la cárcel de mujeres del Sarchal.
En el consejo de guerra, ya se le acusaba de ayudar a otras mujeres: “Se le acusa de incitar a las mujeres, ya que en una de las últimas huelgas fue por las casas sacando a las muchachas que trabajaban en el servicio doméstico, para conseguir mejoras sociales y en las elecciones del 16 de febrero de 1936, fue apoderada en una mesa apoyando al candidato del PSOE Manuel Martínez Pedroso”.

CONSEJO DE GUERRA JUNTO A 50 SINDICALISTAS

Fue juzgada junto a cincuenta sindicalistas, con aquel macro juicio las fuerzas militares sublevadas querían crear el pánico y el terror entre la clase obrera ceutí, se les dividió en cuatro grupos, en el de Antonia Céspedes, eran catorce: Francisco Serrano, Baldomero Álvarez, Juan Mateo, Luis Moyano, Antonio Vázquez, Antonio Tomeu, Antonio Frías, Ernesto Attias, Rafael Sánchez, Antonio Soto, Federico Martín, Isidoro Expresati y Francisco Castillejo. Otro de los inculpados fue el zapatero Francisco Garrucho, a quien se le acusó de que en su modesto taller de la calle Peligro se celebraban reuniones. El 3 de noviembre se celebró el consejo de guerra, estando presidido por el coronel de Ingenieros Ricardo Seco de la Garza, fallando largas condenas para nueve de los juzgados y penas de muerte para Martín Cortés, Garrucho Pavón, Soto Vargas, Vázquez Soler y Antonia Céspedes Gallego; ésta fue indultada, pero ejecutada en la madrugada del 21 de enero de 1937. El 17 de noviembre a las 08,30 horas, se llevaron a cabo las ejecuciones de sus compañeros de juicio por un piquete de la Falange de los que constituían el destacamento de la prisión de García Aldave.

Antonia Castillo Gómez

La doctora castillo, fue una ceutí comprometida con sus paisanos, se le podía ver ofreciendo charlas en la Casa del Pueblo de Ceuta, durante la Segunda República, a las mujeres de los obreros sobre la “maternidad”. Esta conferencia le valió un consejo de guerra y su expulsión del Ayuntamiento como facultativa, por las nuevas autoridades, tras el golpe militar del 17 de julio de 1936.

Cuando se produce la sublevación, permanece en la ciudad, su marido el catedrático del Instituto Hispano-Marroquí Luis Abad, y militante de Izquierda Republicana pudo salir. Ella continúa en su puesto de trabajo a pesar de los condicionantes adversos. Está observando desde el mismo inicio de la sublevación como muchos de los compañeros de su marido son detenidos y fusilados. Ella sabe que a todos los funcionarios municipales que hayan tenido alguna vinculación con partidos o sindicatos se les está instruyendo un expediente de depuración.

La comunicación le llegó el 20 de diciembre de 1938, donde se le acusa, entre otras cosas “historias inventadas”, de “negligencia en su trabajo”. Con este trámite se le pasa factura por su matrimonio con Abad y por sus actividades políticas. Pero este primer expediente era tan solo el comienzo de un tortuoso camino que, por desgracia, solo había comenzado a recorrer.

La represión ejercida le obliga abandonar la ciudad. La siguiente noticia que se tiene de ella es de finales de 1940 y se la sitúa en Burgos, volvió a ser, al igual que en Ceuta, la primera mujer en formar parte del Colegio de Médicos. El refugio en esa ciudad le sirvió para ir madurando la posibilidad de exiliarse y poder reencontrarse con su marido, y lo más importante desarrollar con completa libertad su profesión, sin miedo a represalias del franquismo.

En 1945 se traslada a México. Unos años después viajó a Nueva York, siendo pionera en el estudio del cáncer. Mientras tanto su marido está en un campo de concentración en Oran. En 1953 Abad pone rumbo a la capital azteca y, finalmente, transcurridos dieciocho años se reencuentra con su mujer. Una vez que los dos están juntos planifican sus vidas. La doctora Castillo se especializa en el campo de la oncología ginecológica y su marido es profesor en la Universidad azteca.

A finales de 1970 Antonia Castillo notó un importante empeoramiento de su salud y en vista de su progresiva enfermedad decidieron regresar a Madrid. A principios de 1971 fallece y su marido decide enterrarla en Gádor (Almería), su marido falleció el 13 de noviembre de ese año.

Antonia Pérez Padín

       La ceutí Antonia Pérez Padín, fue una mujer de fuertes de convicciones de solidaridad y ayuda a los más necesitados, tras el golpe militar padeció ocho años de cárcel entre el Sarchal, Puerto de Santa María o el Dueso. Tenía seis hijos, regentaba una modesta casa de comida en la zona de la Puntilla. Su marido Antonio Berrocal, fue concejal durante la Segunda República. Después de la sublevación fue encarcelada el 14 de agosto de 1936 en la prisión de mujeres y su marido, fusilado.

Su nieta Gloria, quien ha escrito varios libros sobre las vivencias de su abuela, nos cuenta: “La primera imagen que me viene de mi abuela es la de una mujer vestida siempre de negro, con las piernas hinchadas por las varices y con una propensión al suspiro profundo, casi expelido desde el bajo vientre, cuando oía las noticias del llamado parte‟.

Nunca nos habló de la guerra, ella hablaba de los “hoteles” donde había estado. Mi abuela no paró de contarme atrocidades. Ha sido el referente más importante que he tenido en mi vida. De las atrocidades solo voy a mencionar el apuñalamiento de una compañera suya en la cárcel de el Sarchal mientras iba hacia el paredón de fusilamiento. Al parecer, un falangista que quería los favores sexuales de la víctima y que fue rechazado una y otra vez, se vengó apuñalando al objeto de su deseo mientras la conducía al paredón. La pobre mujer le gritaba a mi abuela “Antonia, Antonia, que me mata, que me apuñala” y mi abuela nunca pudo olvidar aquellos gritos. Aún años después, mientras me lo contaba llorando y maldiciendo, seguía oyéndolos, cuando les detienen en 1936 sus hijos tienen unas edades que oscilan entre los diez – la hija mayor- y dos el pequeñín”.

“Esos niños pasan al cuidado de familiares y dos de ellos van –según mi madre– al asilo, aunque supongo que sería el innombrable “Auxilio Social”. No pudo cuidar de sus hijos y eso fue lo que más le destrozó durante los más de siete años que pasó en las cárceles franquistas con dos penas de muerte: una por pertenecer al Socorro Rojo Internacional y la otra por su pertenencia al Partido Comunista. Mi abuelo no se libró de la pena de muerte. Fue fusilado junto con 32 personas la madrugada del 21 de enero de 1937 y en su propia finca, en la Posición A”.

Mujer de carácter fuerte y recio -heredado de su madre Jacinta- y con las ideas muy claras sobre las injusticias sociales, ideas que supongo le fue aclarando su padre maestro anarquista. Para concluir este testimonio de Gloria Berrocal sobre su abuela añade: “Ella mostró a lo largo de toda su vida una fe ciega en el ser humano. Su solidaridad con los huelguistas portuarios en Ceuta, solidaridad que podía llevar a cabo gracias a que tenían un colmado y una casa de comidas, su asistencia como comadrona a las mujeres que la necesitaban, su sentido de la justicia que nunca se enturbió ni siquiera en sus últimos años en que seguía comentando la situación política no solo nacional sino también la internacional, hacían de mi abuela un ser excepcional.

Sin embargo, creo que no fue la única y que perteneció a una estirpe de mujeres que supieron ser libres, independientes y luchadoras en aquellos difíciles años del siglo pasado. Cuando hoy se dice que una mujer es una “superwoman” porque trabaja y además crea una familia, yo me sonrío pensando en la generación que le tocó lidiar con las atrocidades de la Guerra Civil y pienso en mi abuela que atendía el colmado y la casa de comidas, le ponía una inyección diaria a mi abuelo que padecía del corazón, paría un hijo tras otro, atendía en el parto a otras mujeres y además sacaba tiempo para sus reuniones del Socorro Rojo y del partido, y asumo la altura del listón que dejaron todas ellas y no dejo de lamentar el poco reconocimiento que han tenido esas mujeres gracias al aplastante silencio mantenido tanto en la dictadura como en la democracia”.

ISABEL MESA

Fue una activa militante de la CNT en Ceuta, un primer dato lo tenemos en aquella multitudinaria celebración del 1º de mayo de 1931. Las ilusiones despertadas tras el cambio de régimen facilitaron el fortalecimiento de las organizaciones obreras. Los anarquistas se hicieron un hueco muy importante entre la población obrera ceutí, ganando cada día más adeptos, su sede en la calle Linares, siempre estaba repleta de militantes. El 1º de mayo organizaron un acto de reafirmación sindical en el teatro Cervantes, la mesa presidencial estaba formada por los anarcosindicalistas más representativos de la ciudad como Pedro Vera o Andrés Garrido, y junto a ellos la joven Isabel Mesa que tras tomar la palabra insistió –como destaca la prensa- en la lucha social y libertaria de la mujer, conseguir las seis horas de trabajo y que se concedan al obrero el jornal necesario para poder vivir dignamente, así como la igualdad de la mujer dentro de la sociedad ceutí.

Isabel Mesa, pertenecía dentro de la CNT al Sindicato de Obreros de la Aguja, donde tenía el numero uno. Su actividad sindical fue principalmente en la organización de mujeres trabajadoras. Hubo una huelga en la fábrica de conservas y la empresa trajo engañadas a unas mujeres del Protectorado que cobraban menos de la mitad que las de Ceuta. Isabel habló con ellas para que se unieran, lo consiguió, y terminó la huelga con las reivindicaciones conseguidas.

Al tener conocimiento del golpe en la tarde del 17 de julio y poco antes de que una patrulla se personara en su casa pudo huir hacia la costa malagueña en un pequeño falucho, junto a 12 compañeros más. Permaneció en Málaga durante varios meses, y a mediados de 1937 llegó a Valencia, trabajando durante toda la guerra de enfermera.
La historiadora valenciana Pilar Molina, estuvo cerca de ella en sus últimos años y nos relata los hechos. Participó en el Congreso de constitución de la Federación Nacional de Mujeres Libres, llegando a ser secretaria de la agrupación local. Isabel, como recuerda la historiadora, siempre decía: “La mujer siempre ha tenido que luchar mucho, no solo teníamos que sembrar las ideas sino luchar contra algunos de los que estaban con nosotros sembrando, la mujer y el hombre tienen que ir caminando juntos, buscando la libertad, codo con codo o cogido de la mano”.

Tras la caída de Valencia huye hacia el puerto de Alicante, pero al no llegar el barco que esperaban junto a cientos de republicanos se marcha a Almería a pie, se cambia el nombre por el de Carmen Delgado y luego a Málaga, donde en el año 1941 crea con otras compañeros el periódico clandestino El Faro de Málaga, tal vez pensando en el diario de Ceuta “El Faro”.

Nunca se resignó a quedarse relegada a las tareas del hogar, como imponía el régimen, y siguió en la lucha. Descubierta por la policía es procesada y condenada a dos penas de muerte. Vuelve a Valencia y junto a otras compañeras promueve la creación del colectivo de mujeres Unión de Mujeres Demócratas, organización clandestina para ayudar a las personas presas y a sus familias y con actividades en contra de la dictadura.

Monta un quiosco junto a Maruja Lara, compañera anarquista inseparable, empeñada en las mismas luchas; en la trastienda tenían la prensa anarquista. En el año 1956 es detenida y durante ocho días es torturada en la comisaría de la calle Samaniego de Valencia. Posteriormente colaboró en la formación de colectivos libertarios como “Libre Estudio”, la Federación de pensionistas de la CNT, “Radio Klara” y el Ateneo Libertario “Al Margen” y perteneció a Dones Lliures y a la Fundación Salvador Seguí de Valencia.

ATENEO LIBERTARIO

La historiadora Pilar Molina recuerda las últimas palabras de Isabel, fallecida en febrero de 2002. “Teníamos un Ateneo Libertario en Ceuta, donde se enseñaba a leer y a escribir a los obreros; también música, pintura, esperanto, se hacían asambleas, se hablaba de Revolución, de libertad de ideas. Era una juventud bonita de verdad. Los carpinteros hicieron una vitrina y cada persona llevó los libros que pudo. En mi casa había bastantes libros, que llevamos también. Entonces empezamos a escribir pidiendo más libros a otras ciudades. Si los que recibíamos estaban repetidos los repartíamos ¡Hicimos una biblioteca, chula de verdad! Poníamos bancos de madera porque no teníamos sillas yo era la bibliotecaria. Cuando se proclamó la República la primera bandera que ondeó en el monte Hacho de Ceuta, fue un abrigo mío que era rojo por fuera con el forro negro. Aprendimos que es la anarquía de la mano de Isabel, no sólo por lo que nos contaba del periodo tan difícil que le tocó vivir y que afrontó con valentía, sino por su ejemplo en la vida cotidiana, siempre solidaria. En los últimos momentos nos seguía hablando de libertad, fraternidad…, nos pidió que la recordáramos como Isabel mesa, que la envolviéramos con la bandera rojinegra y todas juntas cantáramos “A las barricadas”. Su idea de lo que es el anarquismo, define toda su vida: “El anarquismo es una senda maravillosa, pero muy escabrosa. Pero hay que seguirla. Y una vez estás en ella no la puedes soltar, te envuelve, te embriaga. El anarquismo es amor, libertad, igualdad, humanidad de todas las condiciones. ¡Ni fronteras, ni color, ni razas, ni banderas! En el anarquismo no hay más que humanidad, sentimientos humanos, aspiramos a todo aquello máximo que se pueda llegar”, cuenta la historiadora Pilar Molina.

Diana Bermúdez-Reyna

       Cuando la pequeña Diana recorría las calles de Ceuta en aquel verano de 1936, de la mano de sus padres, nada le hacía presagiar que en pocos días cambiaría su vida y la de su familia. Su padre era un reputado capitán aviador, destinado en el aeródromo de Sania Ramel en la capital  del Protectorado, Tetuán, y en 1933 fue delegado del Gobierno de la República en Ceuta.

Diana fue una de los miles de menores enviados al exilio durante la Guerra Civil Española desde la zona republicana a la Unión Soviética, entre los años 1937 y 1938, para evitarles los rigores de la guerra. En un primer momento, disfrutaron de un cálido recibimiento y un trato en general bueno por parte de las autoridades soviéticas, mientras la guerra civil seguía su curso. Sin embargo, con la entrada de la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial y la invasión nazi de las zonas en que se encontraban las casas donde estaban alojados, hubieron de sobrellevar la dureza de la guerra, y posteriormente la de la vida entre una dictadura comunista que no les permitía salir del país y otra dictadura derechista que miraba con recelo a los que finalmente lo consiguieron.

En la tarde del 17 de julio, todo cambió, su padre defendió junto a otros militares leales al Gobierno el aeródromo de Tetuán, haciéndose fuerte e intercambiando fuego, pero nada pudieron hacer y a las pocas horas fueron detenidos por los militares sublevados, el 15 de agosto de 1936 fue sacado de la fortaleza del monte Hacho y ejecutado. Siendo enterrado en el cementerio de Santa Catalina en Ceuta.

La madre de Diana se encuentra sola con cuatro hijos, intentó por todos los medios salir de Ceuta hacia Valencia donde estaba su familia.  Pero no es nada fácil, el sur está tomado por los sublevados, y llegar hasta el levante es tarea imposible. Al proceder de una familia de la alta sociedad madrileña, el abuelo paterno de Diana era teniente general y su abuela familiar del escritor Salvador de Madariaga, consiguen que se realice un intercambio en Tánger, organizado por la Cruz Roja Internacional. Tras llegar a la ciudad internacional embarcarían en el barco que hacia la travesía, una vez por semana, hacia el sur de Francia y desde allí al pueblo valenciano de Russafa.

Cuando todo parecía tener una cierta normalidad, una mañana quedó marcada en la memoria de la pequeña Diana, apenas tenía cuatro años: “Han pasado muchos años, pero parece como si lo estuviera viviendo ahora, nos encontrábamos en el piso de Russafa, mi abuela a un lado y mi abuelo llorando, con las manos en la cara. Dos señores uniformados me cogieron en brazos y nos llevaron a mi hermana y a mí, mientras yo lloraba y preguntaba por mi madre, recuerdo que me abracé a una muñeca y no la solté, hasta muchos años después”.
Sus dos hermanos, José Luis y Flavio, fueron enviados a la URSS en la madrugada del 13 de junio de 1937.

Al llegar a Leningrado, la actual San Petersburgo, la separaron de su hermana y la llevaron a una casa para niñas pequeñas. Pocos meses después de acabar la Guerra Civil, en agosto de 1939, la abuela paterna, Presentación de Madariaga, un nombre frecuente en los “Ecos de Sociedad” de la prensa madrileña -viuda de un teniente general, había sido Dama de Honor de la reina Victoria Eugenia- logró que el Gobierno franquista, a través de sus embajadas en Roma y Londres, consiguiera que los ejecutivos de Mussolini y Chamberlain mediaran para facilitar el retorno de sus cuatro nietos.

El intento fue en vano. Con la invasión de Rusia por parte de Hitler, en junio de 1941, Diana y el resto de los niños fueron evacuados de Leningrado a una aldea en las llanuras del Volga. Nuestra pequeña tuvo que luchar por salir adelante, aprendió el ruso, era muy inteligente y nada se le resistía. Gran modista pronto comenzó a realizar trabajos, después entró a trabajar en una fábrica de misiles. Los años fueron pasando y la promesa del retorno a España no comenzó a ser una realidad hasta 1956, para entonces ya había formado su propia familia al casarse con un ruso de origen ucraniano. Y por fin, el 17 de diciembre de 1990, consiguió permisos para toda su familia, incluidos sus tres hijos con sus respectivas parejas y los cuatro nietos que ya tenía.
A muchos niños, como Diana, no les quedó más remedio que marcharse.

África de las Heras

      La ceutí África de las Heras, fue la espía española más activa al servicio soviético. Tendríamos que recordar que África nació en la calle Soberanía Nacional (hoy calle Real) el 27 de abril de 1909. En el seno de una familia militar acomodada, su tío Francisco de las Heras, era un prestigioso abogado y alcalde de Ceuta, en los años veinte. Quien desee, profundizar en su vida le recomiendo el magnífico libro escrito por Javier Juárez  “Patria, una española en la KGB”.

África se traslada a Madrid, donde estudia en un colegio de monjas. En 1930, se tiene constancia de su militancia en el partido Comunista.  Fue captada por el servicio de información soviético (NKVD) durante la guerra civi. Estuvo implicada en el asesinato de Trotsky, participó como guerrillera en la URSS durante la Segunda Guerra Mundial, y fue una decisiva agente del KGB durante la guerra fría en Latinoamérica. Alcanzó el grado de coronel del KGB y está considerada una figura legendaria de los servicios de inteligencia de la extinta Unión Soviética.

Falleció en 1988 y está enterrada en Moscú. María Pávlovna, María de la Sierra, Ivonne, Znoi, Patricia y Patria son algunos de los nombres que utilizó. Esta espía ceutí obtuvo numerosas condecoraciones de la URSS. La vida de África de las Heras, nacida hace casi un siglo en Ceuta y fallecida hace dos décadas en Moscú, estuvo rodeada de misterio. Estando en Buenos Aires en 1956, Moscú envía a un nuevo jefe de espionaje para la zona.

Ese mismo año, en aras del trabajo conjunto en favor de la URSS, se casará con él. Se trataba de Valentino Marchetti, en realidad Giovanni Antonio Bertoni, un italiano que huyó a la URSS en 1925 y volvió a Italia en 1944 para organizar una red de espionaje. Aunque en Moscú sostienen que, a pesar de ser un matrimonio de conveniencia, tuvieron una feliz vida familiar.

Tras fallecer su marido, regresó aparentemente a Moscú en el otoño de 1967, pero salió al extranjero al menos en tres oportunidades más – en dos ocasiones, a Uruguay –, y el fin de su carrera como espía coincidió con el comienzo de su labor como instructora de agentes, en 1971, aunque permaneció en el KGB hasta 1985. Durante la II Guerra Mundial, terminó unos cursos de radio y sirvió en un destacamento guerrillero donde le entregaron dos granadas, una pistola y un puñal: si corría peligro de ser tomada prisionera debía utilizar las granadas para destruir el radiotransmisor y el libro de claves antes de suicidarse.

Lanzada en paracaídas, actuó en la retaguardia alemana a partir de mayo de 1942. Tras sus hazañas de guerra, en 1944 regresó a Moscú e ingreso en uno de los destacamentos del Comisariado de Seguridad de la URSS. A finales de enero de 1946 pasa en automóvil de Berlín a París, donde se establece haciéndose pasar por refugiada. Un año después cruza la frontera franco-española, pero entonces Moscú decide enviarla a Uruguay, hacia donde parte en diciembre de 1948 y donde se establece como modista para no levantar recelos.

Un año más tarde de su llegada se casa con el escritor uruguayo Felisberto Hernández. El matrimonio duró tres años hasta que se divorciaron. Luego se volvió a casar con un otro agente de la KGB, italiano, llamado Valentino Marchetti. Ambos abrieron, como pantalla para sus actividades, una casa de compra y venta de antigüedades en el casco viejo de la ciudad de Montevideo. El Jefe del espionaje Vladimir Stanchenko confirmó la gran importancia de la ceutí en el entramado de la KGB al revelar, en julio de 1993, al diario El País que “después de la guerra, y hasta mediados de los años 70 fue responsable en Europa y América Latina de todo el entramado político.

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Libro “Masonería en Ceuta 1821-1936. Origen, Guerra Civil y Represión”

La historia de la masonería en Ceuta comienza en 1821 y llega a su trágico fin con la sublevación militar de julio de 1936. La consiguiente represión tuvo como resultado 268 víctimas ceutíes, masones 27 de ellas, además de los numerosos encarcelados y exiliados. Entre uno y otro momento, existieron ocho talleres masónicos en la ciudad: Antorcha de Ismael, Africana, Hijos de la Africana, África, Hércules, Constancia, Hijos de Hércules y Themis. Este libro narra esa historia, la de las diferentes logias, sus características y desarrollo. Para ello, el autor ha consultado la extensa información contenida en los libros de actas, expedientes, correspondencia epistolar, etc.; en definitiva, documentación original e inédita que analiza la vida interna de la masonería ceutí durante su existencia. Finalmente, incluye un apéndice reseñando la trayectoria masónica y profana de más de 200 integrantes de los mencionados talleres. Nos encontramos, sin duda, de una obra más del autor que arroja luz sobre unos episodios, hasta ahora muy poco conocidos, en relación con la historia contemporánea de Ceuta.

Para más información y pedidos de libros: http://www.edicioneslibrosdeceuta.es/

Índice

 Prólogo del historiador  Ramón Galindo Morales

A propósito de la masonería, Diego de Lora

Introducción

Capítulo I

Circunstancias del nacimiento de la masonería en Ceuta

Situación Histórica: Ceuta a principios del siglo XIX

El trienio Liberal

La logia Antorcha de Ismael (1821-1823)

Constitución de la logia Antorcha de Ismael

Capítulo II

Tres logias decimonónicas en Ceuta (1873-1895)

 Ordenación histórica en Ceuta a finales del siglo XIX

Nueva ciudad tras la Guerra de África 1859-1860

La logia Africana (1873-1882)

La logia Hijos de la Africana (1880-1884)

La logia África (1888-1895)

Capítulo III

Ceuta en el primer tercio del siglo XX

Desarrollo político y social en Ceuta (1900-1936)

La dictadura de Primo de Rivera (1923-1931)

Proclamación de la Segunda República en Ceuta

Ayuntamiento republicano

Bienio Reformista en el ayuntamiento de Ceuta (1931-1933)

Bienio radical-cedista (1933-1936)

Sociedad y sindicalismo durante la Segunda República

Octubre de 1934

Capítulo IV

La masonería en Ceuta durante la Segunda República

 Implantación de la francmasonería en Ceuta (1930-1936)

Constitución de la logia Hércules (1930-1936)

Masonería y República en Hércules

Templo de la masonería ceutí

Prensa y masonería

Masonería y política

Composición social

Comisión de Beneficencia

En el contexto masónico

La logia Constancia (1932-1935)

Política en el taller

Analogías con los talleres del protectorado

Relaciones con los talleres de la ciudad y Melilla

Composición social

La logia Hijos de Hércules (1933-1936)

Composición social

Tenida fúnebre al teniente coronel López-Bravo

Clausura del Templo

La logia Themis (1934-1935)

Apuntes de la Gran Logia Regional de Marruecos

Capítulo V

Guerra Civil y Represión de la masonería en Ceuta

Inicio de la Guerra Civil en Ceuta

Ceuta: 17 de julio de 1936

Oficialización de la represión en Ceuta

Atentado a Beigbeder, alto comisario

La represión de la masonería en Ceuta

Masones en las sacas

Alcaldes masones víctimas de la represión

Macro juicio con nueve masones fusilados

Traslado de masones desde el Protectorado

Militares masones ceutíes

Incautaciones a los masones ceutíes

Radio, Prensa y Masonería

Ley de Responsabilidades Políticas

Ley represión de la masonería y el comunismo

Masones ceutíes en busca y captura

Los libros falsos de la masonería

Apéndice I.

Historial de los masones de Ceuta (1821-1936)

 Cuadros

  1. Logia Antorcha de Ismael (1821-1823)
  2. Logia Africana 1881
  3. Logia Hijos de la Africana en 1880
  4. Logia Hijos de la Africana (1880-1884)
  5. Hijos de la Africana en 1883
  6. Hijos de la Africana (1880-1884)
  7. Logia África en 1888
  8. Logia África en 1891
  9. Logia Hércules en 1930
  10. Logia Hércules en 1931
  11. Logia Hércules en 1932
  12. Logia Hércules en 1933
  13. Logia Hércules en 1934
  14. Logia Hércules en 1936
  15. Logia Hércules por profesiones (1930-1936)
  16. Logia Constancia en 1933
  17. Miembros de la logia Constancia en 1934
  18. Logia Constancia en 1934
  19. Logia Constancia en 1935
  20. Logia Hijos de Hércules en 1934
  21. Masones fusilados en Ceuta (1936-1944)
  22. Fusilados en Ceuta por meses (1936-1944)
  23. Fusilados sepultados en la fosa del cementerio de Ceuta
  24. Fusilados en Ceuta (1936-1944)
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