JUNTO AL CONVENTO DE SAN FRANCISCO NACIÓ EN 1821 LA PRIMERA LOGIA MASÓNICA EN CEUTA

La sitúan en el Callejón de la Zigarra, en la parte trasera del convento de San Francisco, actual zona de las calles Velarde y Beatriz de Silva, su nombre Antorcha de Ismael (1821-1823). El masón teniente José Marín, estaba destinado en Ceuta en 1821, en una declaración tras la prohibición de la masonería por Fernando VII afirmaba:

«En el mes de diciembre de 1822, cuando me encontraba destinado en Ceuta, el capitán de mi batallón, Antonio Cerrillo me animó a entrar a una reunión de compañeros, accedí inmediatamente acompañándole a una casa en el que vivía un oficial del regimiento de América.  El local estaba en la parte trasera del convento de San Francisco, en ella se encontró el primer oficial de su regimiento, también Antonio González de la misma secretaría, Carreño médico, con el brigada González, también Ignacio Marcial teniente del regimiento de Valencia, y algunos más, entre todos unas ocho o diez personas. El capitán Antonio Cerrillo le presentó al capitán Salas que le llamaba Venerable. Le exigieron juramento de hacer buen acto de sus hermanos y de guardar sigilo de todo lo que se tocase, después me dieron un libro manuscrito que ponía ’Estatutos de aprendiz de Masonería’, explicando la composición de la logia, sus adornos, obligaciones de aprendiz, y otras más».

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Todo lo relacionado con la logia Antorcha de Ismael  se desprende de los documentos localizados en el Archivo Histórico de Santiago de Compostela, Archivo Histórico de Logroño y en el Archivo Eclesiástico de Ceuta. Su implantación se produjo después del advenimiento del régimen liberal -en 1820- y, sobre todo, con la llegada del jefe político-militar mariscal de campo Gómez de Butrón a la ciudad. El objeto de su fundación, tal y como se refleja en esos documentos, obedece a la necesidad de difundir las ideas liberales y el significado de la Constitución.

El predominio de militares entre los miembros de este taller es lógico al ser Ceuta una plaza militar y a que los destinados en la ciudad eran sensibles a las ideas liberales; por tanto, se vieron atraídos por la masonería. Aunque en menor número, también contó con algunos civiles; sobre todo, funcionarios municipales.

Tres meses después del retorno del rey, una Real Cédula concedió la amnistía a quienes hubiesen pertenecido a la masonería, pero con la condición de presentarse espontáneamente ante las autoridades en solicitud de dicho indulto. Los documentos consultados son escasos, están depositados en distintos archivos eclesiásticos y no proceden de ninguna orden masónica. Como asegura el profesor Manuel de Paz, «ello acarrea multitud de consecuencias de todo tipo, una de las cuales sería la mayor o menor existencia de documentación que permita un estudio riguroso de la peripecia histórica de la sociedad masónica. Esta incidencia negativa, que la represión institucional conlleva ha dificultado, de modo notable, la investigación correspondiente a la historia de la masonería entre 1820 y 1823».

Vamos a desmenuzar estas declaraciones haciendo referencia, en primer lugar, a lo encontrado en el Archivo Histórico de Santiago de Compostela, en el que existen dos retractaciones: La primera corresponde al teniente de Infantería Joaquín Abelenda, que el 5 de junio de 1825 se presentó en La Coruña ante el eclesiástico Manuel Benítez manifestándole que había pertenecido a una logia mientras estuvo destinado en Ceuta, «asistiendo a unas diez y ocho o veinte reuniones» y que deseaba realizar una declaración para obtener clemencia. Tras recibir la intención de esta declaración, el arzobispo de Santiago, Fray Rafael de Vélez -obispo de Ceuta durante la existencia del taller-, comisionó a este canónigo de la iglesia de Santa María del Campo para tomar la mencionada declaración, que finalmente se realizó el 4 de julio en su casa.

¿Cómo se llama? ¿De dónde es natural y vecino? ¿Edad? ¿Estado? ¿Destino u ocupación? El teniente contestó a estas preguntas afirmando que se llamaba Joaquín de Abelenda, que era natural de La Coruña y que acompañaba a su anciana madre en ese momento. Añadió que contaba 35 años de edad, y que era soltero y teniente del extinguido regimiento de Infantería de Valencia. Señaló, además, que había sido inducido e impulsado a entrar de masón por un oficial de su mismo regimiento en Ceuta, llamado Terrillo (Antonio Cerrillo), por un paisano amigo suyo de nombre Isnardi (Francisco Isnardi) y por algunos otros del Regimiento de América que se hallaban de guarnición en Ceuta; eso acaeció en octubre o noviembre de 1822. El nombre de la logia era Ismael. Dijo que solo podía acordarse de algunos integrantes, como Viescas, González, Baños, Varela, Marín y Caballero -estos eran oficiales de su regimiento-.

Respecto a su iniciación en la logia, declaró que le entregaron un cuaderno con varias preguntas y respuestas en forma de diálogo que debía aprenderse de memoria para ser un nuevo hermano. Al entrar el primer día, le vendaron los ojos diciéndole que iba a pasar por los grandes subterráneos en busca de la luz, y que esta se hallaba al final del camino, en el paso a la bóveda de arena (acero) que formaban con las espadas y sables. Concluida la ceremonia, le dieron un papel con tres preguntas que tenía que contestar: ¿Cuál es el deber del hombre para consigo mismo? ¿Para con sus semejantes? ¿Para con su patria?. El canónigo continuó inquiriéndole sobre si conservaba en su poder insignias, estatutos o cualquier otra cosa que acreditara su pertenencia a la masonería ceutí. El teniente contestó que, en la logia, le entregaron un diploma con caracteres masónicos -de tercer grado- cuando fue destinado en el regimiento de Granada en 1823; por tanto, fuera de Ceuta. Recibió dicho diploma durante una ceremonia, pero lo rompió en 1824 después de confesar a un sacerdote su pertenencia a la masonería ceutí, en la que tenía el nombre simbólico de Lari, detallando lo explicado en el taller. Continuando con el documento donde se detalla su declaración, expresa lo siguiente: «Las veces que asistí solo se trataba de las conmociones populares y les oí leer muchos planes y contestaciones de otras logias; sobre todo, de Cádiz».

En otras declaraciones, se daba cuenta de la correspondencia que recibían, destacando la logia Soberano Capítulo de Cádiz. Sobre este taller, García de León nos detalla: «La logia estaba presidida por Joaquín de Frías, fue poco a poco evolucionando en una especie de tertulia política a la que concurría la mayor parte de los masones de Cádiz […] Esta logia tomó el pomposo título del Soberano Capítulo». Según las memorias de Alcalá Galiano, en 1820 había dos logias en Cádiz: el mencionado Soberano Capítulo -a cuyo frente estaba un acaudalado comerciante, Javier Istúriz, y en la que se reunía lo más granado de la sociedad gaditana, incluidos mandos militares- y el Taller Sublime -al que estaban adscritos el propio Alcalá Galiano y su amigo Juan Álvarez Mendizábal, famoso ministro progresista más tarde-.

En la declaración, expone que nunca se trataron asuntos religiosos en la logia, pues estaban prohibidos. Se pagaban tres o cuatro duros y, después, diez al mes, dinero que era para costear la casa y su mantenimiento. Tras cada reunión, se pedía limosna con una bolsa a la que llamaban «Tronco de Pobres», y cada individuo daba lo que quería para los necesitados de la ciudad. Dentro de este mismo legajo, se encuentra otra declaración realizada el 25 de septiembre de 1824 en Santiago de Compostela por el teniente José Marín, de 38 años. En ella, afirma haber pertenecido a la masonería ceutí hasta el mes de mayo de 1823, momento hasta el que asistió a unas seis tenidas antes de ser destinado fuera de la ciudad. El secretario eclesiástico escribió en su declaración:

«En el mes de diciembre de 1822, cuando se encontraba destinado en Ceuta, el capitán de su batallón, Antonio Cerrillo le animó a entrar a una reunión de compañeros, el accedió inmediatamente acompañándole a una casa en el que vivía un oficial del regimiento de América cuyo nombre no recuerda, el local estaba en la parte trasera del convento de San Francisco, en ella dice que se encontró con Viescas, primer oficial, también Antonio González de la misma secretaría, Carreño médico, con el brigada González, también Ignacio Marcial teniente del regimiento de Valencia, y algunos más del regimiento de América, entre todos unas ocho o diez personas. El capitán Antonio Cerrillo le presentó al capitán Salas que le llamaba Venerable. Le exigieron juramento de hacer buen acto de sus hermanos y de guardar sigilo de todo lo que se tocase, después me dieron un libro manuscrito que ponía Estatutos de aprendiz de masonería, explicando la composición de la logia, sus adornos, obligaciones de aprendiz, y otras más».

Se creó en Ceuta un tribunal eclesiástico presidido por el Vicario Francisco Félix de Alvarado. Dichas declaraciones comenzaron a tomarse el 3 de noviembre de 1824 empezando por Francisco Xavier de Viescas. Lo más interesante de estas revelaciones es la localización del taller, sus componentes y las conexiones entre la masonería y el aparato administrativo y legislativo de la ciudad. Antes de declarar, denunció que las autoridades militares lo detuvieron el 27 de octubre sin tener en cuenta sus derechos por pertenecer a la masonería.

Sobre la ubicación física de la logia, coinciden tanto estas declaraciones realizadas en Ceuta como las localizadas en el Archivo de Santiago de Compostela, y la sitúan en el Callejón de la Zigarra, en la parte trasera del convento de San Francisco, actual zona de las calles Velarde y Beatriz de Silva. Según otras declaraciones, después se emplazó en la Calle Real de la Almina, en el Barrio de San Pedro. El traslado a este lugar debió de suceder antes del mes de abril de 1821, ya que Francisco Xavier de Viescas atestigua haber ingresado en la logia ceutí en este último lugar y en abril de ese año.

Otro dato interesante es el proporcionado en la declaración Manuel Baños, el que fuera alcalde de Ceuta en 1822 y militar. Este manifiesta que ya había ingresado en la masonería antes de ser destinado a la guarnición ceutí, y que fue iniciado en Cádiz por José Larres, capitán del Regimiento de América, y por el masón Domingo Antonio de La Vega, abogado en la capital gaditana.

El capitán del Regimiento de Infantería del Príncipe, Pedro Roselli, declaró en este mismo sentido asegurando haber ingresado en la orden en el pueblo francés de Dijón mientras era prisionero de guerra, y que unos compañeros franceses le indujeron a ello. Esta circunstancia se dio con bastante frecuencia, tal y como indica el profesor García León, pues casi cuatro mil oficiales permanecieron hechos prisioneros en Francia durante la Guerra de la Independencia. El capitán también alude en su declaración a un interesante encuentro mantenido con el gobernador Gómez de Butrón, quien le expresó el apoyo de las autoridades nacionales en todas sus reivindicaciones para sacar a la ciudad de su pobreza. Los diputados José Moreno Guerra y Francisco Díaz Morales estuvieron presentes en esta declaración, tomada en febrero de 1821: 

«Vino el ayudante interino Mota con un recado del general Butrón, a lo que le contesté que le hiciese presente estaba ocupado, que si era para alguna cosa del cuerpo, se lo dexase a él. A poco tiempo volvió diciéndome que era preciso me llegase al instante, con efecto así lo hice, y entrando en su despacho me lo encontré con el vocal de Cortes Morales, y otro que no tengo presente, y me dixo el dicho Butrón era llamado para decirme se iba a formar una logia de masones, siendo preciso entrarse en ella, pues todas las autoridades lo iban siendo, y que este sería el modo de que se radicase el sistema constitucional. Me excusé con las ocupaciones que me daba mi cuerpo, a lo que me reconvinieron ambos que de no serlo, se me daría la licencia absoluta. Unos días después vinieron cerca de oraciones del Quartel nuevo, donde tenía el regimiento, al pasar por frente de la casa de la señorita de Suárez, estando una de ellas en el balcón me puse hablarla; en este acto se me acercó el referido Mota, diciendo venía a buscarme de parte del Gobernador y poniendo en movimiento para subir la calle, me dixo que no era por allí, y si por una callejuela contigua a la casa de Suárez, al poco rato entramos en una casa y habitación baxa en la qual estaba Butrón, don Manuel Baños, un oficial de América llamado Bellós, don Calixto y don Apolinar Aguirre, oficiales de tesorero, tres más de dicho regimiento llamado Martínez, Martel, Witen y don Manuel Domínguez, teniente de América, otro oficial llamado Pinillos, otro llamado Valle, y otros […]».

Otra declaración de Pedro Roselli nos proporciona datos muy interesantes sobre la forma de trabajar del taller, así como de su número de integrantes, nombres y estatus social. Dicho número rondaba los cincuenta y seis, fue fundado en abril de 1821 y desapareció en 1823 con la caída del liberalismo. El estamento militar prevalecía en él, y solo tres de sus miembros eran civiles. También había tres médicos, que podrían ser oficiales del Ejército dado que las plazas de facultativo en Ceuta eran ocupadas por miembros de los destacamentos militares; sin embargo, no hay constancia de que estuviesen adscritos a regimiento alguno. No en vano, la máxima autoridad militar, Gómez de Butrón, fue una pieza importante en la apertura de esta logia en la ciudad. Los escasos civiles pertenecían a la burguesía ceutí, y eran funcionarios y algunos concejales del ayuntamiento haciendo mención especial de Manuel Baños, alcalde en 1822. Todos estos personajes conferían al taller una singularidad elitista, como también ocurría en los peninsulares.

Según se desprende de todas las declaraciones, los principales cargos en el organigrama del taller estaban ocupados por oficiales del Regimiento de Infantería de Valencia: Ibarreta (Venerable Maestro), Mota (Primer Vigilante), Apolinar Aguirre (Segundo Vigilante) y Pinillos (Secretario). Todos ellos se mantenían en sus puestos en diciembre de 1822, y se les sumó el médico y secretario del gobernador Francisco Isnardi (Orador). Otra de las declaraciones interesantes es la del cadete de Caballería Agustín Hidalgo, el cual afirma que su iniciación se realizó tras «un escrutinio» con bolas blancas y negras, resultando todas blancas:

 «En dicho quarto había un candil colgado con una luz pequeña, un Gallo pintado en la pared, una mesa con una calavera y dos canillas de muerto, y al frente en el mismo quarto una cadena, que no tuve la curiosidad de acercarme a verla. En mi iniciación me vendaron los ojos, y en este estado fui conducido por mi padrino a la puerta, donde dio tres golpes; contestó el venerable que estaba dentro; ¿Quién viene a interrumpir nuestros trabajos? Respondió el padrino: un profano que quiere iniciarse en nuestros misterios, repitiéndose hasta tres veces y se me dio la entrada».

El último testimonio sobre la implantación de la logia es una carta enviada desde Ceuta el 18 de septiembre de 1821 por el teniente coronel Fulgencio Salas al masón y político liberal Rafael Alesón Alonso de Tejada en la que le explica la situación de la orden en general y del taller ceutí en particular:

 «Mi estimado amigo […] Aquí he organizado esto lo mejor posible, y aunque no está como debe, al menos se ha puesto mejor. El Cap.·. de Cádiz se había incorporado a la or.·. Por escrito pero no de echo, y me temo que esto produzca nuevos disgustos. Con todo puedo asegurar que marcha bien y que es el que más trabaja por conservar nuestra libertad. Esta en buena armonía con Sevilla, Málaga y Badajoz, cuyo sagra.·.  ten.·. no verás impunemente profanado por los tiranos. Es preciso amigo mío que vigilemos mucho y trabajemos con actividad, los momentos son preciosos y las circunstancias muy críticas y muy particularmente ahora que los sucesos de Riego dan … (ilegible) para obrar contra hh.·.  distinguidos por todos respectos. El hecho es serio y por más que quisiéramos decir tengo antecedentes para creer que es efectivo el proyecto. La ida de don Agustín Argüelles a Paris es de gran importancia según noticias. Vamos a otra cosa: los com.·. parece que van prosperando pero tengo avisos del mismo G.·. Or.·.  que obran de acuerdo por lo que es preciso en la actualidad destruir toda prevención que pueda haber por nuestra parte y confraternizarnos mutuamente. Aquí se ha ingerido uno pero mañosamente logré que le impidieran el trabajar, por las respectivas autoridades. Aseguro a los que Iván llegando y después he tenido muy malos ratos por que por mi desgracia estoy al frente de este tall.·. ».

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EL FOTÓGRAFO GEORGES WASHINGTON EN CEUTA HACIA 1877

El fotógrafo escocés Georges Washington Wilson estuvo en Ceuta hacia 1877. Tras desembarcar en Ceuta, realizó varias placas:  “Espigón de África”, “Monte de los monos”, tres fotografías de las Murallas Meriníes, tema muy  apreciado por Wilson en busca de las huellas arquitectónicas, y Vista general de la ciudad. Están numeradas del 60.077 al 60.082.

Las placas realizadas en Gibraltar son las numeradas del 60.000 al 60.067, en las que se incluyen vistas generales del Peñón y su población desde tierras españolas, playa del Campamento, Algeciras y los fuertes de San Felipe y Santa Bárbara, en La Línea. Otro importante conjunto, el más numeroso, lo forman las fotografías del camino perimetral del Peñón, marcadas por los bellos y espectaculares acantilados.

Los viajes por Andalucía comprenden imágenes de Algeciras (5), San Roque (10), castellar (6), Jimena (3), Gaucín (2), Ronda (2), Zahara de la Sierra (1), Álora (1), Alhama (3), Vélez-Málaga (1) y Málaga (4).

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Las imágenes de esta serie son de un singular valor histórico, tanto por las realidades que capta, como por la forma tan personal de registrarlas, unas fotografías realizadas en un viaje de ida y vuelta a lomos de mulas y barco. También se desplazó a Marruecos, fotografiando las ciudades de Tetuán y Tánger, sobresaliendo su gran interés por los retratos de personajes, sobre todo de familias hebreas y su forma de vida.

En 1893 fallece Wilson, dejando a la empresa un amplio archivo, pero por diversas circunstancias quebró y en 1908 desapareció como tal, pasando los fondos a sus herederos, hasta que en 1954 fueron entregados a la Universidad de Aberdeen (Escocia), donde hoy en día se conservan.

Su producción imponente no está exenta de calidad, como lo demuestra su fondo archivístico con más de 40.000 placas. No todas están catalogadas y otras han desaparecido o se encuentran en estado de restauración.

En 1954, la Universidad de Aberdeen (Escocia) se hizo cargo del material fotográfico, llevándose a cabo un estudioso y concienzudo trabajo de su fondo, fechándolas y clasificándolas. Wilson, en 1850, instaló su primer laboratorio fotográfico, logrando ser el fotógrafo de la familia real británica cuando se desplazaba a Escocia.

Unos años más tarde, en 1855, publica un manual sobre el procedimiento al Colodión Húmedo y el libro Dialogo con la fotografía, procedimiento fotográfico creado en el año 1851 por Scout Archer que supuso un gran avance en el desarrollo de la fotografía.

El método supone la utilización del Colodión, una especie de barniz que se aplica a las placas extendiendo la emulsión química, y una placa de cristal transparente y pulida, lo cual permite la obtención de imágenes nítidas en negativo o, incluso, en positivo. Recibe ese nombre porque la placa ha de permanecer húmeda durante todo el procedimiento de toma y revelado de las imágenes.

Esto suponía que los fotógrafos tenían que llevar consigo el laboratorio fotográfico a fin de preparar la placa antes de la toma y proceder a revelarla inmediatamente. Se generalizó el uso de tiendas de campaña y carromatos reconvertidos en laboratorios para los que trabajaban en el exterior.

Uno de los grandes inconvenientes de este método era el de la fragilidad de las placas de cristal empleadas como soporte, que en multitud de ocasiones acababan rayadas o rotas. Con el empleo de este procedimiento se consiguió reducir el tiempo de  exposición a un máximo de trece segundos y un mínimo de un segundo, lo cual provocó una disminución de los costes.

La gran ventaja era la estabilidad de la emulsión empleada. Su generalización motivó el abandono del empleo de otros procedimientos como el daguerrotipo o el calotipo, a la vez que supuso la popularización del acceso al mercado de imágenes de famosos por parte de las clases obreras.

Otros fotógrafos seguían tomando sus imágenes en papel albúmina, pero él mejoró sus imágenes. Esta posibilidad de conseguir cientos de pruebas de una misma toma fotográfica abrió el camino a una incipiente pero ya en marcha industria a pesar de las dificultades logísticas que todavía se planteaban a los fotógrafos.

Porque, si bien no era especialmente difícil dominar la técnica, sí lo era arrastrar toda la parafernalia necesaria para realizar estos viajes fotográficos, como el realizado a Ceuta, cargados de cámaras, trípodes, placas y un verdadero laboratorio, imprescindible entonces para emulsionar y revelar debidamente los negativos.

De Wilson es de destacar el catálogo publicado en 1863 de 440 fotografías estereoscópicas, así como otras muchas de menor importancia. Participa en varias exposiciones y en 1891 recoge la Medalla mundial de la fotografía como  reconocimiento a su labor artística. Unos años después se asocia con Georges Brown Smith y desde entonces se crea Georges Washington Wilson & Company.

Desde este instante la empresa se amplía y sus colaboradores recorren ciudades y países, plasmando en sus vetustas cámaras todas sus grandezas, sobresaliendo los viajes por Sudáfrica, Australia, España, Gibraltar y el norte de África.

Estas fotografías se comercializaban en unos álbumes donde se reseñaban las diferentes vicisitudes del viaje y su inventario y se editaban en el cuadernillo Catalogue of Landscape, Arquitectural and Figure Photographs in Gibraltar, South of Spain and Morocco, con 151 páginas de 21,2 x17 centímetros, con 305 placas numeradas del 60.001 al 60.305.

EN 1908 CESA LA EMPRESA FOTOGRÁFICA

 A lo largo de todo, Wilson demostró una perspicacia técnica y comercial y, a principios de la década de 1880, la compañía que fundó se había convertido en la mayor y más conocida empresa de fotografía e impresión de Escocia. Wilson entregó el negocio a sus hijos, Charles, Louis y John Wilson en 1888. La compañía, sin embargo, sólo sobrevivió por un corto tiempo bajo la dirección de los hijos de Wilson, con gran parte de la compañía se vendió en 1905 y la compañía finalmente cesa comercialmente en 1908. Las acciones de la compañía fueron subastadas en 1908. Las placas pasaron a la posesión de Fred Hardie, y luego al fotógrafo, Archibald J. Strachan, quien en 1954, las ofreció a la Biblioteca Universitaria. La Universidad se complace en reconocer la previsión y la beneficencia del Sr. Strachan. Toda la colección de negativos de placas de vidrio de ‘George Washington Wilson and Company’ está disponible digitalmente en nuestro sitio web. Cada imagen de alta resolución proporciona un excelente nivel de detalle y la colección es completamente visitable. Por lo tanto, el acceso a las placas de vidrio originales no es permitido por razones de conservación.

 La colección fotográfica de George Washington Wilson y Co. consta de más de 37.000 negativos de placas de vidrio, producidos por la firma Aberdeen entre la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.

George Washington Wilson (1823-1893), nacido en el noreste de Escocia, fue a Edimburgo y luego a Londres en la década de 1840 para entrenar como miniaturista retrato.

Se estableció en Aberdeen en la década de 1850 como un artista y fotógrafo, y rápidamente se hizo un nombre para sí mismo entre las clases medias y la nobleza de tierra. Su patrocinio por la Familia Real durante sus visitas a los Balmoral Estates comenzó en 1854 cuando fue invitado a tomar fotografías de la familia real en los terrenos de Balmoral.

Recibió el nombramiento oficial del fotógrafo Royal para Escocia en 1860 y su relación con la familia real continuó a lo largo de su carrera. El éxito de Wilson le permitió emplear a fotógrafos de personal para llevar a cabo el negocio rutinario del retrato mientras que él viajó el país que complacía en su nuevo interés en fotografía del paisaje. Wilson ganó varios premios por sus trabajos fotográficos, incluyendo ganar medallas en la Gran Exposición Internacional de Londres de 1862 por su experimentación para exposiciones rápidas.

George Washington Wilson y Co., capturaron imágenes de toda Gran Bretaña, registrando desde la grandeza natural de la Cueva de Fingal en la Isla de Staffa hasta el bullicio de la Oxford Street de Londres. Wilson tenía un equipo de fotógrafos incluyendo a su hijo, Charles Wilson, quien con el fotógrafo del personal senior Fred Hardie, recorrió los municipios coloniales de Sudáfrica. Despachado para capturar imágenes de Australia en 1892, Hardie también viajó por Queensland, Brisbane, Sydney, Melbourne y Adelaida. Estos viajes proporcionan una imagen viva de los mineros de oro y los primeros colonos en el trabajo y el juego, y de la forma de vida nativa o aborigen. La empresa invirtió en la contratación de fotógrafos independientes para capturar el Mediterráneo occidental, donde tomaron imágenes de Gibraltar y el sur de España, Marruecos y Tánger.

LUGAR PREFERIDO POR LOS FOTÓGRAFOS

En la última década del siglo XIX se produce la visita en Ceuta de numerosos fotógrafos como el madrileño Edgardo Debas en 1888 o A. Ciaran hacia 1895, del que poseemos varios retratos. Esta corriente de fotógrafos no residentes en la ciudad poco nos han dejado de la vida de aquellos ceutíes y su forma de vivir. En gran medida se limitaban a constatar las diferentes vistas de la ciudad, sin centrarse en los personajes que en ella habitaban, y la única finalidad era meramente comercial con  la venta de estas imágenes en forma de tarjetas postales tan al uso en esas fechas.

Está claro que ninguno de estos fotógrafos transeúntes pareció sentir el más mínimo interés por los tipos humanos. Así, la imagen de Ceuta que nos han dejado se limita a la desnuda estampa de plazas, calles y monumentos, siguiendo así la tendencia de sus contemporáneos, más interesados en mostrar el aspecto físico de la ciudad.

Este es el caso de Almela y su hijo Luis, que tenían instalado su estudio en la capital hispalense en la calle San Luis. En 1890 se desplazaron a Ceuta y lanzaron un  reportaje del cual tan sólo poseemos una vista panorámica de la plaza de África, que sirvió para ser reflejada en la revista La Ilustración Española y Americana.

En 1893 la ciudad recibe la visita de una embajada extraordinaria de ella se conserva un álbum fotográfico con diferentes imágenes de su visita por toda esta zona. Las instantáneas tienen unas medidas de 18×23, encuadernadas en piel, y en su portada se puede leer Vistas tomadas por la brigada del cuerpo de Estado mayor, deposito de guerra 1893-94.

El gaditano Rafael Rocafull fue otro gran fotógrafo transeúnte que trabajó en Ceuta hacia 1895. Tenía instalado su estudio en la calle Duque de Tetuán, 22-24, de Sevilla. Son conocidos y estimados sus reportajes de ciudades como Sevilla, Alicante, Cartagena y Málaga entre otras. En 1873 obtuvo el premio al mérito en la Gran Exposición Nacional y sus fotografías se difunden por toda España, pero, sobre todo, hay que resaltar su gran trabajo en La Ilustración Española y Americana.

Pasados algunos años se asocia y sus fotografías vienen firmadas como Rocafull y Cía. Esta unión se llevó a cabo con el fotógrafo Monfort. Las fotografías realizadas por Rocafull y Cía. hacia 1895 en Ceuta son las denominadas Comandancia General, Murallas, Baterías de Salvas y Puente de la Almina. Años más tarde, en 1903, estas imágenes sirvieron como soporte ilustrador a la revista ceutí Conchas y

Flores que dirigía Juan Barranco con carácter decenal, impreso en los talleres de Gámez y Buscató. Procedente de Cataluña, hacia 1895, tenemos a M. Gonzalo Casas. Es de destacar sus magníficos retratos realizados a diversos comandantes generales y vistas de la ciudad, algunas de las cuales las hemos podido ver en la revista La Ilustración Española y Americana y de principios del siglo XX tenemos las referencias de los fotógrafos A. Marcucci y Marcelino y Cía.

Como ya hemos dicho, a mediados del siglo XIX tenemos el primer testimonio de un fotógrafo trabajando en Ceuta (con los datos investigados hasta hoy). Le cabe el honor al pintor malagueño Enrique Facio, pionero de la imagen, que como otros muchos, no se dedicaba de un modo profesional a la fotografía. Fueron en su mayoría médicos, científicos, catedráticos progresistas y pintores los que se acercaron a la nueva técnica movidos por una curiosidad puramente intelectual, sin pensar en convertirlo en oficio, pero con el paso de los años si lo hicieron, como fue el caso de este malagueño.

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LA MUJER DE SÁNCHEZ PRADO Y SU HIJA ENCARCELADAS EN 1939

Tras el fusilamiento del alcalde Sánchez Prado su mujer, Dolores Escacena, no podía, pese al cariño del pueblo llano de Ceuta, continuar por más tiempo en la ciudad y encontrarse con personajes de la vida civil y militar que se sumaron al golpe y con ello contribuyeron a la ejecución de cientos de ceutíes como su marido.

Pese a ser una mujer todavía joven, con tan solo cuarenta años y con cuatro hijos, la vida no se le presentaba nada fácil. A los pocos meses de la ejecución Dolores Escacena se marchó al pueblo sevillano de Herrera, donde le unían muchos lazos sentimentales. Le acompañó en este traslado su cuñado Bernardo Rizo. A Dolores le ofrecieron regentar una pensión en Sevilla y con ello poder conseguir sacar a la familia adelante. Ya vimos en el consejo de guerra a Sánchez Prado que apenas tenía 19,50 pesetas en el banco y ninguna propiedad. En abril de 1937 ya estaban en la capital hispalense, la casa de huéspedes estaba en la calle Dalia. Parece que le sonríe un poco la vida. Incluso su hija Carmen, de veinte años, consiguió trabajo en el diario El Correo de Andalucía y en Ediciones Beti, aunque estuvo muy poco tiempo, ya que al tener conocimiento la empresa de lo ocurrido en Ceuta sería despedida.

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Pero Dolores Escacena, al igual que su marido, luchó por un país en igualdad y en democracia. Ella, en la medida en que podía, entra en contacto con personajes de la izquierda sevillana, creando una resistencia al régimen. En la mañana del 3 de noviembre de 1938 se presenta en su casa una joven con una carta desde Granada escrita por la socialista Emilia Tovar dirigida a ella, donde le explica que se encuentra en la cárcel de Granada. En la carta le pide que ayude a esta joven por estar perseguida y desea luchar en contra del régimen de Franco. Su nombre, Ana Ochoa. Dolores le manifiesta que le prestará toda la ayuda posible y le presentará a los diferentes enlaces sevillanos de la resistencia. A la primera persona que le presenta es a su hija Carmen. Esta le insiste en ayudarla siempre que su madre se lo permita y que no se preocupara, que le presentaría a un enlace del Partido Comunista en el periódico donde trabajaba.

Dolores Escacena y Ana Ochoa se dirigen a la casa de las hermanas Fernández Ballesteros. El hermano de estas Alberto210 era un dirigente del PSOE en Sevilla, pero tras el golpe tuvo que huir y se encontraba en el consulado del Gobierno de la República en Gibraltar. Tras un largo tiempo de charla quedaron para continuar hablando. Las hermanas le comentan que viniendo de parte de la viuda de Sánchez Prado le ayudarán en todo lo que puedan. Al salir, Dolores Escacena le comenta que se comunicaban con su hermano Alberto en Gibraltar a través de un inglés.

Después se dirigieron a la Mutualidad Andaluza de Viajantes y Agentes Comerciales. Una vez allí le presenta al encargado, el falangista Manuel Bueno, quien le manifestó que era una persona de izquierda, pero bajo la apariencia de falangista podía pasar desapercibido y le comentó a Ana Ochoa que estaba escribiendo un libro sobre el movimiento y que si cayera en manos de Franco lo fusilaban y que el Partido Comunista en Sevilla estaba nuevamente cogiendo mucha fuerza. Manuel Bueno le promete que colaborará en todo lo que pueda con ella. La mujer de Sánchez-Prado continúa aportando datos a la <<supuesta>> militante de izquierda.

Le presenta posteriormente a su hermana Ana y su cuñado Bernardo, comentándole que es un destacado militante de izquierda y que incluso en el pueblo de Herrera le incautaron una finca por el Tribunal de Responsabilidades Políticas, manifestándole este que hay que luchar contra la dictadura y que ellos colaborarán con ella en todo lo que puedan.

La agente secreta Ana Ochoa desea introducirse en la cúpula de la resistencia con el fin de tener todos los nombres y que sea detenida la ejecutiva de esta organización. Convence a la hija de Sánchez Prado, Carmen, para que le presente a José Fernández, del diario El Correo de Andalucía, y este le lleve a su ejecutiva. Este no es tan fácil de convencer, y le pide como prueba de su militancia de izquierda una fotografía de la socialista Emilia Tovar, una carta y una fotografía del hijo de esta. Esto denotaba que comenzaban a desconfiar de esta falsa militante. La policía consigue falsificar esa carta que le piden. Ana Ochoa, a las pocas semanas, le entrega la carta a la mujer de Sánchez Prado y esta a su vez le dice que trasladará la misiva a la cúpula, pero que no dejara de traer las fotografías para comprobar las dudas que de ella tenían los líderes de la resistencia sevillana.

El cuñado de Dolores Escacena, le exige que le presente como más garantía algún militante de la CNT o de la FAI, ya que él los conoce a todos y con ello quedarían despejadas todas las dudas que tenían. A los pocos días se presenta en la pensión y le comunica a Dolores y a su cuñado Rizo que su jefe está en Algeciras le ha dado unas cartas y que cuando venga les informará de cómo se trabaja en otras provincias. Reconocen que con eso vale, y Ana Ochoa, les dice que cuando su jefe vuelva entrará en contacto y les presentarán a <<gente valiosa y la organización que tienen en la ciudad>>.

Bernardo Rizo, le comentó a Ochoa que varios militantes de izquierda le habían comentado que tuviera cuidado con ella, ya que podía ser un agente de la policía. Le dijo que tenía plena confianza en ella y lograría desvanecer esos falsos testimonios sobre su identidad. La supuesta militante de izquierda continúa casi diariamente visitando a la mujer de Sánchez Prado. Para seguir obteniendo información esta le comentó que su hermano Manuel fue conductor de la Guardia de Asalto y fue quien dio la gasolina los primeros días del golpe a los obreros de izquierda, y aunque estuvo en la cárcel nada le pudieron sacar sobre aquellos sucesos. A los pocos días le acompaña nuevamente a casa de las hermanas del dirigente socialista Alberto Ballesteros. Están muy cambiadas y le comentan a Ana Ochoa que tienen miedo y que de lo dicho en días anteriores no se acuerdan y que no quieren seguir hablando.

La agente Ana Ochoa está comprobando que su tiempo se le agota y que debe venir ese <<supuesto jefe>> a Sevilla para que despeje todas las incógnitas que se estaban dando. Una vez que se entrevistó con sus contactos policiales, les dice que es imprescindible para continuar con el desenmascaramiento de la resistencia en Sevilla que llegue ese jefe. Desde los servicios nacionales de seguridad le facilitan una persona para que se haga pasar por el militante de izquierda.

Una mañana se presenta ante la mujer de Sánchez Prado la agente Ana Ochoa con un hombre, el cual manifiesta que es el organizador de las izquierdas en varias provincias andaluzas, pero en realidad era el agente policial nº 289. Juntos se marchan nuevamente a casa de las hermanas de Alberto Ballesteros y después visitan a varios militantes de izquierdas, todos les comentan datos y nombres de la resistencia en la ciudad.

El punto de enlace que estaban buscando lo encuentran con la visita a la casa de Joaquín Loureiro, quien le da nombres de la ejecutiva y toda clase de datos donde ocultan a militantes y armas. Incluso con el socialista García Hernández visitan el aeródromo de Tablada, unos polvorines, al abogado González Navas, a policías, un bar de reuniones llamado Apeadero de Nervión y al gran cantaor de flamenco Manuel Vallejo211. Incluso varios días después se reúnen en Ciudad Jardín con varios militantes que están ocultos en espera de la documentación para salir hacia San Sebastián y de allí a Francia. El cerco se cerraba cada vez más.

La falsa dirigente de izquierda Ana Ochoa entrega un detallado informe con nombres y datos de toda la cúpula de la resistencia en Sevilla. La maquinaria de la represión se pone en marcha y son cientos los detenidos. El 28 de junio de 1939 la policía se persona en la pensión que regenta la mujer de Sánchez Prado y la detienen junto a su hija y su cuñado Bernardo Rizo. Dolores Escacena y su hija Carmen, estarán en prisión hasta 1940. A los pocos meses de salir en libertad, su hija falleció debido a las penurias pasadas en la cárcel.

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DON ÁNGEL ADAPTÓ EN MARCHA PROCESIONAL “EL NOVIO DE LA MUERTE” PARA EL NAZARENO

Francisco Sánchez Montoya

Aquella Semana Santa de 1952, se vivió en el Puente de la Almina, un Encuentro distinto a otros años, el canto legionario “El Novio de la Muerte” sonó diferente, más pausado, y todo gracias al director del Conservatorio y de director de la banda de música de La Legión Don Ángel García, que adaptó la música en marcha fúnebre o procesional, tal y como se conoce actualmente, y acompaña al Nazareno todos los martes santos en Ceuta.

Como dato histórico de la cofradía, se fundó en 1939 por Valentín Cabillas, Eduardo Fernández y Francisco Ros, las reglas fueron redactadas por el escritor Joaquín Amador “Quinin”.  La hermandad toma el título de “Fervorosa Cofradía de Penitencia de Nuestro Padre Jesús Nazareno”, estando muy relacionada con los estudiantes del S.E.U. Un año después, el Tercio comienza a colaborar con esta Cofradía.

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Su salida como Cofradía, tuvo lugar el Miércoles Santo de 1939 a las 18,00 horas, realizando por primera vez el hoy popular Encuentro; en aquella ocasión con la imagen del Mayor Dolor, que había salido a la misma hora de su parroquia de los Remedios. A partir de 1945, se efectúa el Encuentro con la Dolorosa de San Francisco, hasta que en 1949 se incorpora la imagen de la Esperanza, realizada por el imaginero sevillano Antonio Castillo Lastrucci. En 1959 se sustituye la antigua imagen del Nazanero por la actual que fue realizada por Manuel Pineda en su taller de Alcalá de Guadaira en Sevilla.  Hace unos meses se recepcionó la imagen de la Virgen de la Esperanza que ha sido restaurada su policromía en Córdoba efectuada por el Imaginero-restaurador Antonio Bernal.

Mientras portaban su féretro se interpretó su versión de “El novio de la muerte”

Aquella adaptación del canto legionario realizada en 1952, por Ángel García Ruiz, fue interpretada por la banda de música de La Legión el día de su entierro. Fue el 22 de febrero de 1956, a las cuatro y media de la tarde, tenía 54 años.  En la cabecera del duelo, figuraban su hermano Cesáreo, comandante de Infantería y su sobrino Manuel Almansa, el alcalde Vicente García Arrazola, autoridades militares y una representación del Conservatorio Oficial de Música del que era director. Detrás los miembros de la Orquestra Sinfónica de Ceuta, Sociedad Amigos de la Música. De Tánger y en representación de la Orquesta Sinfonía de aquella localidad se desplazaron una representación.  A ambos lados de la carroza fúnebre, donde iba colocado el féretro, oficiales legionarios portando cintas de luto, y entre las numerosas coronas una de la policía general de Tánger, de la que el extinto era asesor técnico musical.

Y por último, la banda de música de La Legión, de la que fue su director, dirigida por el teniente Cordero, la cual durante el recorrido interpretó “El novio de la Muerte” a cuya composición musical Don Ángel le había realizado una adaptación para marcha fúnebre o procesional. En una entrevista realizada pocos meses antes de su fallecimiento en febrero de 1956, en el diario El Faro, pocos días antes de su fallecimiento, expresaba que el himno de Ceuta se debía grabar en disco ya que corría el riesgo de olvidarse. Habló de la existencia de una grabación en un magnetófono y que esta cinta se debía enviar a Madrid para grabar los discos. El autor de la entrevista termina “Y Don Ángel expresó, en la prensa local, su propósito de no parar hasta conseguir un disco del Himno de Ceuta, cantado pues su letra es maravillosa”.

En la ruinosa, olvidada y arrinconada tumba, donde reposan los restos de Don Ángel, se puede leer el epitafio donde nos trasmite su ideario: “Yo, Ángel García Ruiz he servido a Dios consagrando mi vida a la música y maestros”. Veinticuatro años atrás en plena Segunda República, consiguió junto a otros músicos, como los hermanos Alcalá-Galiano, que el Conservatorio fuera una realidad. Los estudiantes de música en nuestra Ciudad, que hasta entonces tenían que realizar sus exámenes en el conservatorio de Cádiz para que pudieran tener validez sus estudios, ya podían realizarlo en Ceuta. La creación del Conservatorio fué justificada también en los beneficios que supondría para la zona del Protectorado.

Los responsables del centro y las autoridades locales manifestaban su disposición a cooperar con el gobierno de la República española en su intención de conseguir la completa “cultura y civilización del país marroquí”. Basándose en los hechos anteriores, se procedió a la implantación de una escuela particular de música ubicada en la calle Solís, y en enero de 1936 se trasladaron a los altos de la Estación de autobuses en el Paseo de Colon. Como curiosidad uno de los requisitos imprescindibles, para conseguir que la escuela Municipal de Música pasara a Conservatorio era que en los presupuestos municipales se asignara la retribución para el profesorado, y que esta no fuera inferior a 2.000 pesetas, como dotación a un profesor/a numerario y 1000 pesetas como dotación de un auxiliar.

En una olvidada tumba

Desde mi último reportaje sobre el penoso estado de la tumba del músico Ángel García Ruiz, el 17 de noviembre pasado, algunas cosas van cambiando y esperemos en pocas fechas todo se culmine. Don Ángel, como todo los ceutíes lo conocían fue el autor de la música del himno de Ceuta, fundó y dirigió el Conservatorio Municipal de Música, creó la Masa Coral, el  Cuadro Lírico; también fundó y dirigió la Orquesta Sinfónica y la asociación Amigos de la Música. Su tumba ocupa un apartado lugar del cementerio, al que se accede tras pasar por una escalera, y después de unos muros. Allá fue sepultado cuando falleció de un cáncer de estómago siendo enterrado “fuera del cementerio”. Los que estaban al frente de la Iglesia en Ceuta en aquellos grises años, no le perdonaron su libertad de pensamiento y credo. Pero lo penoso es que tras seis décadas haya continuado allí olvidada.

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EL AUTOR DEL HIMNO DE CEUTA FUE ENTERRADO FUERA DEL CEMENTERIO

La curia ceutí y la dictadura no le perdonó su libertad de pensamiento y credo.  Y por eso en 1956 fue enterrado fuera del cementerio, tras un muro, en un lugar apartado, mejor decir oculto del cementerio, donde se accede tras pasar por una empinada escalera y un frío muro, en total olvido. Afortunadamente se reparo la tumba, personalmente prefiero que siga allí, para que las futuras generaciones sepan que hubo un régimen militar y eclesiástico que no perdonaba la libertad de pensamiento.

En estos reportajes que estoy recuperando en este confinamiento recuerdo el publicado en noviembre del 2013, donde denuncié el mal estado de la tumba de Don Ángel García Ruiz, autor de la música del himno de Ceuta, uno de los fundadores y director del Conservatorio de Música, director de la banda de música de La Legión, de la masa coral,  el  Cuadro Lírico, de la Orquesta Sinfónica y la asociación Amigos de la Música, entre otros.

Afortunadamente aquel artículo de hace siete años, tuvo su repercusión, hablé con mi entrañable amigo Higinio Molina nos desplazamos al cementerio y realizó un gran reportaje para la TV. Pasaron los días y el Ayuntamiento adecentó su tumba, el conservatorio de música realizó un gran homenaje junto a La Legión. Incluso, meses después, el conservatorio tomó la decisión de ponerle su nombre, todo un acierto.

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Pero hagamos historia de lo que escribí en aquel reportaje en el 2013:

… Todo esto ocurre desde 1956 cuando Don Ángel García Ruiz falleció de un cáncer de estómago y fue enterrado “fuera del cementerio”. La curia ceutí de aquellos grises años no le perdonó su libertad de pensamiento y credo. Pero lo penoso es que tras seis décadas continúe allí olvidado. Culpable de esta situación somos todos los ceutíes al no demandar un lugar digno para este insigne músico. Ahora que se está conmemorando el ochenta aniversario del Conservatorio que él fundó, sería una gran oportunidad para que nuestras autoridades municipales trasladaran sus restos a un lugar más adecuado y se erigiera una nueva tumba, no sólo en su honor, si no, en la memoria de todos/as las que hicieron posible el engrandecimiento musical de nuestra ciudad.

Mientras portaban el féretro se interpretó su versión fúnebre de ‘El novio de la muerte”. Su entierro, tuvo lugar el día 22 de febrero de 1956, a las cuatro y media de la tarde, tenía 54 años.  En la cabecera del duelo, figuraban su hermano Cesáreo, comandante de Infantería y su sobrino Manuel Almansa, el alcalde Vicente García Arrazola, autoridades militares y una representación del Conservatorio Oficial de Música del que era director. Detrás los miembros de la Orquestra Sinfónica de Ceuta, Sociedad Amigos de la Música de Tánger y en representación de la Orquesta Sinfonía de aquella localidad se desplazaron una representación.

A ambos lados de la carroza fúnebre, donde iba colocado el féretro, iban oficiales legionarios portando cintas de luto, y entre las numerosas coronas una de la Policía General de Tánger, de la que el extinto era asesor técnico musical. Por último, la banda de música de La Legión, de la que fue su director, dirigida por el teniente músico Cordero, la cual durante el recorrido interpretó El novio de la muerte a cuya composición musical Don Ángel le había realizado una adaptación para marcha fúnebre, que es la que se escucha durante los martes Santos por las calles de Ceuta.  En una entrevista realizó en febrero de 1956, en el diario El Faro, pocos días antes de su fallecimiento, expresaba que el himno de Ceuta se debía grabar en disco ya que corría el riesgo de olvidarse. Habló de la existencia de una grabación en un magnetófono y que esta cinta se debía enviar a Madrid para grabar los discos. El autor de la entrevista termina: “Y Don Ángel expresó, verbalmente, su propósito de no parar hasta conseguir un disco del Himno de Ceuta, cantado pues su letra es maravillosa”.

Consagrando mi vida a la música y maestros

Sobre Don Ángel, el catedrático Antonio Garrido escribió: “El profesor que más hizo por la música en Ceuta en un largo trecho, que iría desde los años 30 a mediados de los cincuenta, fue don Ángel García Ruiz, uno de los fundadores del Conservatorio, con los hermanos Alcalá Galiano. Era un músico en toda la extensión de la palabra. Lo recuerdo como una persona muy seria y responsable, pero sin quitar un ápice de humanidad y educación…”.

También el abogado Fernando Díaz Bermejo, escribió: “Hace más de treinta años, contando unos quince o dieciséis años de edad, cuando acompañando a mi padre, que era un gran melómano y aficionado a la música clásica, al cementerio para visitar supongo la tumba de algún familiar, me contó la historia de quien había sido director de la orquesta de Ceuta y compositor de su himno, y por qué su enterramiento estaba fuera de los límites del camposanto, en tierra no consagrada…”.

Sobre los inicios del Conservatorio de Ceuta, por el que tanto hizo Don Ángel, tendríamos que referirnos a lo escrito por Vicenta Marín, donde destaca que en 1932 fue creada una escuela particular de música por iniciativa de un grupo de personas que consideraban que era una parcela educativa que no estaba cubierta en la ciudad. La creación de este centro fue justificado por los profesionales del arte musical, manifestando que existía un gran número de alumnado que se estaban viendo privado de poder cursar esta enseñanza por falta de recursos ya que el gasto que les suponía era superior a los medios económicos de los que disponían. En el año de su fundación, como escuela particular, se propuso al Ayuntamiento que se hiciera cargo de ella, con lo cual se consiguió que pasara a funcionar como escuela Municipal de Música, a partir de mayo de 1932.

Para ello, aportó una subvención para cubrir gastos de funcionamiento. La Corporación se comprometió a proporcionar a la Escuela el material y mobiliario necesario para su total funcionamiento. El 18 de noviembre de 1932 comenzaron las gestiones, por parte de su director Don Ángel García Ruiz, para dar carácter oficial a los estudios. Consiguiéndose en 1933, que el Ayuntamiento declarara la  Escuela Municipal de Música como Conservatorio.

En la ruinosa, olvidada y arrinconada tumba, donde reposan los restos de Don Ángel García Ruiz, se puede leer el epitafio donde nos trasmite su ideario: Yo, Ángel García Ruiz he servido a Dios consagrando mi vida a la música y maestros. Veinticuatro años atrás en plena Segunda República, consiguió junto a otros músicos, como los hermanos Alcalá-Galiano, que el Conservatorio fuera una realidad. Los estudiantes de música en nuestra Ciudad, que hasta entonces tenían que realizar sus exámenes en el conservatorio de Cádiz para que pudieran tener validez sus estudios, ya podían realizarlo en Ceuta. La creación del Conservatorio fue justificada también en los beneficios que supondría para la zona del Protectorado. Los responsables del centro y las autoridades locales manifestaban su disposición a cooperar con el gobierno de la República española en su intención de conseguir la completa “cultura y civilización del país marroquí”. Basándose en los hechos anteriores, se procedió a la implantación de una escuela particular de música ubicada en la calle Solís, y en enero de 1936 se trasladaron a los altos de la Estación de autobuses en el Paseo de Colon.

Como curiosidad uno de los requisitos imprescindibles, para conseguir que la escuela Municipal de Música pasara a Conservatorio era que en los presupuestos municipales se asignara la retribución para el profesorado, y que esta no fuera inferior a 2.000 pesetas, como dotación a un profesor/a numerario y 1000 pesetas como dotación de un auxiliar.

Don Ángel García Ruíz, no sólo tuvo que luchar por conseguir de sus alumnos la atención debida, también se topó con los problemas burocráticos. En 1934 el Ayuntamiento no cumplió con los compromisos adquiridos para con este centro. Suprimiendo parte de la subvención que venía aportando y  tan sólo se consignó una cantidad anual de 6.000 pesetas para atender sólo a los haberes de tres profesores/as para las clases de solfeo, piano y violín para las que habían sido nombrados interinamente hasta que no se celebraran las oposiciones.

Después de muchas gestiones, su director Don Ángel García Ruiz, consiguió que el 27 de noviembre de 1935, el Estado se hiciera cargo de su enseñanza convirtiéndose en Conservatorio Oficial de Música y Declamación.  Pero no fue hasta 1952, cuando se le asignó, por parte del ministerio, una partida para mantenimiento del centro, hasta ese momento se fue manteniendo con subvenciones asignadas por el Ayuntamiento. Junto a Ángel García Ruiz, en aquellos primeros años se tenían de profesores a Mariano y Jesús Martínez Alcalá-Galiano, Dolores Fernández Barrios, Manuela Sevillano Barral y Jose López-Sepúlveda Garrido.

El sacrificio del profesorado, según el informe de Don Ángel García, era una constante en el centro y así fue expuesto al alcalde ya que por Orden del Ministerio en julio de 1940, se obligaba al profesorado a realizar, forzosamente, unos trabajos extraordinarios para preparar y llevar a cabo actos culturales, con el aumento de 166,66 pesetas mensuales, y aunque no podían hacerlo, no tenían otro opción que sacrificarse una vez más para sacar cumplimiento lo dispuesto por la superioridad. Por otra parte la conversión de la escuela Municipal de Música en Conservatorio Oficial hizo que el alumnado que había cursado, en años anteriores, sus enseñanzas tuviera que convalidarlas realizando un examen. Esto ocasionaba, según escrito presentado por las alumnas en el Ayuntamiento en diciembre de 1935, la necesidad de tener que matricularse de buen número de las asignaturas, con el correspondiente gasto para su familias. Todos los datos sobre la creación del Conservatorio están extraídos de la magnífica y documentada tesis doctoral de la profesora Vicenta Marín Parra, sobre la enseñanza en Ceuta que recomiendo su lectura.

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EN 1975 VARIOS MILITARES DEMÓCRATAS DETENIDOS EN EL HACHO

Francisco Sánchez Montoya

El más destacado fue el comandante Julio Busquets, que desde febrero de 1975, cumplió una condena de seis meses en la fortaleza del Hacho de Ceuta, por llevar a cabo junto a un nutrido grupo de militares la Unión Militar Democrática (UMD). Y con ello crear una organización clandestina con el objetivo de apoyar, desde el interior de las Fuerzas Armadas, el cambio político que era necesario en España. Cuando la dictadura estaba dando sus últimos coletazos, estos oficiales, contrarios y animados por la reciente experiencia portuguesa del mes de abril, decidieron reunirse en Barcelona, el 31 de agosto y 1 de septiembre de 1974.

Por pertenecer a ella, varios de sus integrantes fueron condenados y trasladados a Ceuta. Durante esta detención, se entrevistó con el comandante General de Ceuta, Gutiérrez Mellado en el despacho de este en la Plaza de África. En la que le exhorta a que los generales liberales encabecen las reformas con los oficiales demócratas –incluso le proporcionó algunos nombres como el coronel de Aviación Jiménez Benamú o los generales de Tierra Luis Pinilla, Sabino Fernández Campos o Sintes Obrador – para evitar que lo hicieran directamente los oficiales más jóvenes, años después explicó que Gutiérrez Mellado estuvo receptivo a este planteamiento.

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Todos estos datos lo conocemos gracias al libro “Los militares olvidados por la democracia”, escrito por el historiador Fidel Gómez Rosa, un magnífico e imprescindible trabajo de investigación sobre la situación militar en esa época.

El primero en llegar a la prisión militar del Hacho fue el comandante Julio Busquets, condenado a seis meses de prisión. Ello le libró de ser arrestado el 28 de julio de 1975 junto con otros destacados miembros de la UMD, que serían posteriormente apartados del servicio activo por sentencia de un Consejo de Guerra. El destierro de Busquets en el Hacho, facilitó la creación de un grupo en la ciudad de la UMD, con jóvenes oficiales, liderado por el teniente coronel de Artillería Pedro Rodríguez. También fueron trasladados a la fortaleza del Hacho, el comandante Luis Otero Fernández y los capitanes Fermín Ibarra, José Fortes, Manuel Fernández y Restituto Valero, en diferentes fechas.

En 1977, la UMD fue disuelta, y Busquets, Comandante de Ingenieros, dejó el ejército para dedicarse a la docencia y presentarse a las elecciones generales como independiente en la candidatura de “Socialistes de Catalunya”, obteniendo un escaño por la provincia de Barcelona. Busquets rompió la disciplina de voto al votar en contra de la Ley de Amnistía, al no considerar aquella a los militares de la UMD. El escritor y periodista Isabelo Herreros, ha escrito, que tal y como es conocido, por quienes recuerden los comunicados y documentos, difundidos entonces por emisoras como la BBC, Radio París o Radio España Independiente, y publicados en prensa europea como Le Monde, la finalidad de esta organización militar no era otra que la de contribuir al restablecimiento de la democracia en España, mediante la convocatoria de unas elecciones, la promulgación de una amnistía, la modernización del ejército y el alineamiento de nuestro país con las democracias occidentales, sin que se decantara o mostrase simpatía, la UMD, por ninguno de los partidos políticos de la oposición.

Aunque la actividad de la UMD era aún muy embrionaria a mediados de 1975, ya se habían producido importantes reuniones en ciudades como Madrid o Barcelona. En la
mayoría de los acuartelamientos importantes hubo profesionales que, o militaron en la organización o fueron simpatizantes, incluida la Academia Militar toledana. Fue precisamente en Toledo donde dos años antes habían tenido lugar unos hechos de gravedad para el régimen, pero que entonces fueron silenciados, para que no se conociera que dentro del ejército había el menor atisbo de disonancia o rebeldía.
En el mes de julio de 1973, cuatro alféreces alumnos de la Academia de Infantería fueron expulsados por motivos políticos, tras ser sometidos a un Consejo disciplinario, al haber sido denunciados por otros alumnos integristas, con la acusación de tener ideología peligrosa.

Habían tenido el atrevimiento de ofrecerse a dar clases a los soldados analfabetos, y también habían pedido que la asistencia a la misa fuese voluntaria. A estos antecedentes se le añadieron como pruebas de cargo, las publicaciones y libros encontrados en sus taquillas: Triunfo y Cuadernos para el diálogo, y libros de autores como Aranguren o Tierno Galván.

Estos fueron en resumen los antecedentes de una corriente de opinión moderna y democrática en el seno del ejército, y que sería conocida dos años más tarde, escribió
Isabelo Herreros. Otra fecha importante para la UMD, fue julio de 1975, fueron detenidos varios capitanes y un comandante del ejército, acusados de conspiración y de haber constituido una “entidad subversiva”. Un posterior Consejo de Guerra declararía probado el delito de “conspiración para la rebelión militar”.

Hasta aquí todo acorde con las leyes de una dictadura como la que padecíamos en
aquellos tiempos, si bien hay que añadir que el juicio contra los capitanes demócratas tuvo lugar en marzo de 1976, precisamente cuando empezaban a salir de las cárceles
los presos políticos y a regresar del exilio muchos antifranquistas.

En 1980, condenado por escribir en El Faro de Ceuta

El sargento de Infantería Andrés Díaz Barbero, escribió el artículo “Comentario a la  U.M.D.”, el 21 de agosto de 1980, en el diario el Faro de Ceuta, bajo el pseudónimo de Adibar, eran unas reflexiones en torno a unos artículos publicados en el diario El País por el comandante Lastres, unos días antes. Como secuela de este artículo y dado el ambiente ultra imperante en los cuarteles de la época, fue condena a seis meses de prisión por injurias a los Ejércitos.

En el artículo “Ejército, democracia y UMD”, de Alejandro Lastres Lens, contrapone con fundamento la actividad pacífica de los miembros de la UMD en su reclamación
de la democracia, con los inmediatos planes violentos de los golpistas de la operación “Galaxia” y rebate los argumentos esgrimidos para negar la reincorporación al servicio activo de los oficiales expulsados.

Tal y como lo detalla, Fidel Gómez Rosa, en su magistral libro “Los militares olvidados por la Democracia” y de donde entresacamos todos los datos de este reportaje. Los miembros de la UMD, contactaron con los grupos de oposición democrática, hizo públicos algunos primeros documentos –un ideario con los objetivos políticos y militares y un manifiesto sobre la situación política general e inició un periodo de crecimiento interno. Poco a poco se fue extendiendo en tres focos fundamentales: Barcelona, Madrid y Galicia. Llegó a estar presente en quince provincias peninsulares,
las Islas Canarias, Baleares, Ceuta y Melilla.

El capitán José Ignacio Domínguez extendió la organización al Ejército del Aire. La presencia de la Armada se cifró en algunos oficiales, sobre todo de la Infantería de Marina y de los Cuerpos Jurídico y de Intervención. Unos cuantos oficiales de la Guardia Civil y de la Policía Armada se sumaron también a la UMD. La idea de constituir una organización militar disidente es de un pequeño grupo de oficiales entusiastas: el acuerdo entre los comandantes de Ingenieros del Ejército de Tierra Julio Busquets (Barcelona) y Luis Otero (Madrid), amigos y compañeros de promoción, resulta a estos efectos decisivo.

Pero la UMD no es el producto de unas voluntades individuales, sino que llega a ser posible por la previa existencia de un conjunto de condiciones, hechos y circunstancias
que van configurando la mentalidad colectiva crítica de una minoría de jóvenes oficiales. Estos militares conectan con los círculos opositores mayoritarios de su generación. Conforme se fue desarrollando la labor de captación de nuevos afiliados, se fueron creando nuevos grupos; el criterio seguido en Madrid y Barcelona, únicos lugares donde se planteó realmente esta cuestión, fue que cada grupo no superara los cinco o seis miembros.

Los representantes de los distintos grupos se reunían entre sí para preparar las asambleas e impulsar la actividad. El sistema de organización era el clásico de células autónomas y clandestinas, instruidas y coordinadas por una dirección común, que funcionan como compartimentos estancos para evitar que la caída de un grupo afectara al resto. Cada grupo –se evitó siempre conscientemente la denominación de “célula” por la resonancia comunista del término desconocía la composición de los
demás.

Los grupos se formaron por diferentes criterios de orden práctico: la pertenencia a un mismo Ejército, caso de los grupos de Aviación y de Marina en Madrid o de la Infantería de Marina en Canarias; a una misma arma, caso de los artilleros e ingenieros de Barcelona o de los infantes de Toledo; la residencia en una misma Ciudad, caso de Madrid o de otras ciudades como Ceuta, Melilla, Gerona o Cartagena; la pertenencia a una misma categoría militar, caso del grupo de suboficiales del Ejército del Aire en Madrid; o la coincidencia en un destino determinado, caso de los grupos del Ejército de Tierra en la Escuela de Estado Mayor en Madrid y en el Acuartelamiento de San Clemente de Sansebas en Gerona, o del grupo de Aviación en la Base Aérea de Matacán en Salamanca. Todos estos detalles se pueden leer en el libro de Fidel Gómez Rosa: “Los militares olvidados de la democracia”.

Fidel Gómez Rosa

Sobre el autor del imprescindible libro “Los militares olvidados de la democracia”, Fidel Gómez Rosa, destacaremos que es doctor en Ciencias Políticas, militar del Ejército del Aire en activo y miembro de la Asociación Española de Historia Militar  (ASEHISMI). Sus líneas de investigación académica son el poder militar en la transición política española a la Democracia, las relaciones civiles-militares y el asociacionismo militar.
Desde octubre de 2013 forma parte del Comité de Dirección (Board) de la Organización Europea de Asociaciones Militares (EUROMIL). El autor dejó escrito sobre el papel jugado por la UMD: “Nunca reconocida adecuadamente por las instituciones democráticas, al proceso de la transición política en España. Nos da la oportunidad de la recuperación de la memoria democrática militar española”.

Libro obligatorio para entender el papel del ejército durante el franquismo, su instrumentalización por el régimen, y como se vivió la transición a la democracia desde los cuarteles. El libro es el resultado de una tesis doctoral, que analiza el fenómeno de los militares demócratas en las Fuerzas Armadas del franquismo y su significada contribución. El libro de Fidel Gómez Rosa, supone una gran aportación académica a la historia de una organización militar, cuya importancia ha querido ser minimizada, pero que, a luz de los datos y conclusiones del autor, supuso una contribución muy relevante para la consecución de los derechos y libertades de todos los españoles.

En su corta vida la UMD no llegó a tener más de doscientos miembros, si bien era representativa de un sector de demócratas nada despreciable en el seno del ejército. Una de las aportaciones del libro es también la constatación de la errática política de defensa del Partido Socialista, que si bien puede decirse que consiguió desactivar al Ejército como factor desestabilizador lo cierto es que no tuvo preocupación alguna por democratizar y modernizar las Fuerzas Armadas, manteniendo en la jerarquía a los representantes de la continuidad franquista, al tiempo que militares con formación superior y convicciones progresistas eran y son relegados. El arresto el año pasado del presidente de la Asociación Unificada de Militares Españoles, Jorge Bravo, por criticar los recortes del gobierno en las Fuerzas Armadas y la supresión de la paga de navidad, es un dato que pone en evidencia las resistencias que existen en la cúpula militar a la hora de asumir las pautas de una sociedad democrática.

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LA ESCULTURA DE CÁNDIDO MATA SE ARROJÓ AL MAR EN 1936

Se inauguró en 1932, al año de cumplirse el advenimiento de la Segunda República. Durante muchos años, los ceutíes se asomaban al pasamano de los jardines de San Sebastián y podían ver, como las olas cubrían el grupo escultórico, ya que el agua llegaba hasta los bajos del jardín, antes de realizar, la obra de los terrenos ganados al mar.

Lo último que podía pensar el autor del grupo escultórico, Cándido Mata Cañamaque, que su gran obra acabaría en el fondo del mar, tras ser arrancada de su pedestal y arrojada por encima de la balaustrada de los jardines de San Sebastián, por un grupo de falangistas, tras el golpe del 36.

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Y entre los actos organizados para conmemorar este primer aniversario de la proclamación del nuevo régimen figuraba el descubrimiento de este monumento en los jardines de San Sebastián, con el fin de perpetuar la memoria de los militares Galán y García Hernández, fusilados con motivo de la sublevación pre- republicana de Jaca, en diciembre de 1930.

Para conocer el proceso de este grupo escultórico, nos tenemos que retrotraer al 27 de enero de 1932, cuando el semanario Renacimiento, dirigido por Enrique Porres Fajardo y el maestro nacional Ángel Ruiz Enciso, promueven su construcción, anunciando que se realizará por suscripción popular. Tres empresarios de la construcción ofrecen los materiales gratis, Francisco Palma, Casimiro Massoni y Manuel Martínez Tonda, y será el prestigioso artista Cándido Mata Cañamaque, quien lo lleve a cabo.

El grupo escultórico estaba formado por un grupo de piezas donde, en su parte central, se veía un libro abierto con las fechas 14.12.30 y 14.04.31, también dos columnas con disparos, varias cadenas rotas y una bandera cruzada en el libro. Los ceutíes se volcaron apoyando esta iniciativa pero no se llegó a cubrir la totalidad del presupuesto, 835 pesetas, y el Ayuntamiento contribuyó abonando la diferencia. Desde un primer momento, los organizadores, pertenecientes a la izquierda local, encuadrados en el partido Social Revolucionario, desean que el día de su inauguración no asista ninguna autoridad, tan solo el pueblo. Un día antes lanzan un manifiesto por las calles:

“El monumento a Fermín Galán y García Hernández, se inaugurará mañana día 14 de abril de 1932. En este acto sólo intervendrá el pueblo prescindiendo de artificios, etiquetas propias de los tiempos de la monarquía, que nos oprimía, sólo el pueblo, igual que el 14 de abril de 1931, sólo él se desbordó por las calles y plazas lleno de entusiasmo y fe en el porvenir. La reacción, que tantas trabas pusieron para abortar nuestra modesta obra, ha hecho correr por ahí, para deslucir el acto, la especie injuriosa de que los extremistas alteraran el orden”.

Unos días antes, la anarcosindicalista CNT distribuye unas octavillas animando a los ceutíes a que acudieran en manifestación a los jardines de San Sebastián. Pero la delegación del Gobierno en Ceuta, no veía bien, que se pudiera organizar una manifestación para descubrí el monumento. La policía registró la sede de la CNT, situada en la calle Linares, le clausuran el local, deteniendo a los anarquistas Miguel D’olon, Andrés Garrido, Francisco Maese, Juan Cabezas y al concejal José Torres. Acusándolos de exaltar a sus afiliados para que acudieran en manifestación al acto.

El delegado del Gobierno, Leandro Valdés, unos días antes de la inauguración se entrevistó con miembro de la comisión organizadora del homenaje, Porres Fajardo: “El día anterior a la inauguración me llamó el Delegado, interrogándome de cómo se iban a llevar a cabo los actos, yo le anuncié que no debían asistir, ni policía, ni autoridades, ni jefes, ni el Alcalde, que este es un acto del pueblo. El Gobernador me comunica que según unos informes recibidos, varios militantes del Partido Comunista iban a izar la bandera de su partido en el palacio municipal, una vez que se inaugurara el monumento, le dije que ignoraba este asunto. Los organizadores vamos a inaugurarlo y no sabemos nada del asunto de los comunistas, ya que ese no era mi problema”.

INAUGURACIÓN OFICIAL

Al no querer los organizadores del grupo escultórico, que asistiera autoridad al acto de inauguración -como así se realizó- al día siguiente del acto la Corporación municipal celebró una sesión urgente para evaluar los acontecimientos. En ese pleno, varios concejales tomaron la palabra, criticando al alcalde accidental, Salvador Pulido, por no tomar medidas y por su ausencia en el acto pese a pagar el Ayuntamiento más de la mitad del monumento.

Contestó que tras hacerle entrega a la comisión organizadora del importe del monumento le expusieron que no debía asistir ninguna autoridad política. Los concejales acuerdan organizar un acto institucional, para el domingo 24 de abril, también formaran parte de este acto los partidos Republicano Radical Socialista, PSOE, Radical, Federación de Estudiantes Universitarios, Cuerpo de bomberos, Guardia municipal, Comisiones militares y la Corporación en pleno. En el acto institucional ante el monumento se leyó un manifiesto, depositándose una corona de flores junto a una bandera tricolor. A continuación se interpretó, por parte de la Legión, el himno de Riego.

REALIZADO POR EL ESCULTOR CÁNDIDO MATA CAÑAMAQUE

El prestigioso artista ceutí, Cándido Mata Cañamaque, fue el autor del grupo escultórico a Galán Y García Hernández, inaugurado en los jardines de San Sebastián en abril de 1932. Aunque nació en Sevilla en 1882, el realizó toda su vida artística en Ceuta y en le Protectora Español en Marruecos y Tánger. Falleció en nuestra ciudad en 1972. También debemos reconocer la labor de su bisnieto Francisco Mata Sánchez, por su incansable labor por dar a conocer el trabajo artístico de su antepasado.

Su producción artística es muy extensa, como apunte podíamos recordar las esculturas que coronan la fachada del Gran Teatro Cervantes de Tánger. También destacar su colaboración en distintas obras emblemáticas de la ciudad como el palacio Municipal, junto a otros como el pintor Mariano Bertuchi. La plataforma donde está instalado el monumento a González. Lo que fue el hotel Majestic, el edificio Trujillo, la Mezquita en la avenida de África. Hasta hace unos años se podía ver el local donde instaló su casa-taller, desde 1928, en la zona del Morro, junto al antiguo edificio de la UNED. Hace unos años el Ayuntamiento dio el nombre a una plaza, con su nombre, entre las calles Duarte, Martín Cebollino y Pepe Remigio.

Otro de los homenajes en Ceuta fue al capitán Fermín Galán, el 13 de diciembre de 1931 un busto en los jardines de la Alhambra (Puertas del Campo). Los promotores de aquel homenaje fueron el concejal y presidente de Unión Republicana, Moisés Benhamú Benzaquén, y el alcalde, Eduardo Pérez Ortiz. Aquel monumento a Galán, fue costeado por las logias masónicas de Ceuta, recordemos que durante la República en nuestra ciudad tuvimos cuatro talleres, Hércules, Hijos de Hércules, Constancia y Themis.

AQUELLA INAUGURACIÓN EN 1932…

Aquella inauguración estuvo plagada de incidentes, nos tenemos que retrotraer al 27 de enero de 1932, cuando el semanario Renacimiento, dirigido por Enrique Porres Fajardo y el maestro nacional Ángel Ruiz Enciso, promueven su construcción, anunciando que se realizará por suscripción popular. El día de la inauguración desde primeras horas de la mañana del 14 de abril de 1932, se apreciaba una considerable vigilancia policial en los alrededores del puente de la Almina y jardines de San Sebastián. Bajo el puente había varias camionetas con guardias civiles al mando del comandante García Saro.

El monumento estaba cubierto por una gran bandera republicana. A las 11,00 horas se procedió a su inauguración ante un gran gentío, con la total ausencia de autoridades y dirigentes políticos, tal y como habían pedido los organizadores. Tras descubrirse el monumento, tomó la palabra, en un encendido discurso, el director del semanario organizador, Enrique Porres, desencadenándose una serie de incidentes, que el detalló en su periódico: “Después de mi discurso, tomó la palabra el maestro nacional Ruiz Enciso, también de la comisión organizadora, todo se desarrollaba con total normalidad, pero miembros del Partido Comunista se presentaron con sus banderas en el acto, el jefe de las fuerzas del orden, se dirigió hacia mí y me ordenó que hablara con ellos para que se retiraran, lo que yo no podía hacer al tratarse de un partido legalmente constituido y autorizado por el Gobierno civil de esta Ciudad y en todos sus actos populares, lo mismo que otra cualquier agrupación política acuden con sus símbolos.

El jefe de la policía seguía insistiéndome para que las banderas fueran retiradas. Al cabo de unos minutos veo una gran avalancha de personas que corrían dirección a la Calle Gómez Pulido ~ Rebellín ~ pudiendo observar que ello obedecía a la presencia de un gran número de Guardias Civiles, que en actitud de disparar sus fusiles y profiriendo amenazas perseguía a la multitud, llegaron las fuerzas de orden público hasta el pie del monumento donde yo me encontraba.

Permanecí de pié, sin moverme, esperándolos, lleno de indignación ante semejante provocación; un teniente que mandaba las fuerzas hizo que dos guardias me pusieran las esposas, fui detenido y conducido al Gobierno Civil y tras estar allí tres horas, me trasladaron a la fortaleza del Hacho, donde ingresé en prisión, escuche en el Gobierno Civil, cuando estaba detenido que esta carga se debía al temor de que el pueblo asistente al acto marchara a tomar el palacio municipal”.

Otro testimonio directo fue el maestro nacional Ángel Ruiz Enciso, subdirector del semanario Renacimiento y miembro de la comisión organizadora. Cuando estaba terminando su discurso ocurrieron los incidentes: “Vi como avanzaba la Guardia Civil ordenando que despejáramos el monumento y sus alrededores, yo me quedé quieto, porque mi sitio estaba allí y por lo tanto si habían de detenerme, porque huir, pero mi mayor asombro fue grande cuando me veo acosado por 8 o 10 guardias, que estaban lanzando improperios y avanzando hacia mi en actitud amenazadora, descargando uno de ellos toda su fuerza sobre mi cabeza, con la culata de su fusil, me sentí herido y caigo al suelo, en ese momento simultáneamente al recibir otro golpe, oigo varios comentarios y gracias que en aquel instante aparece un policía descubriendo su chapa acreditativa y se interpone entre los guardias y yo, evitando un mal mayor. Me llevaron a la clínica de urgencia, donde me curaron de las heridas los doctores Romero y Rovayo”.

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