TENIENTE CORONEL PÉREZ ORTIZ HÉROE, ALCALDE REPUBLICANO EN CEUTA Y OLVIDADO EN MELILLA

El teniente coronel Eduardo Pérez Ortiz, fue un héroe en la guerra de África tras ser capturado por los rifeños en 1921, estuvo 18 meses en cautiverio y en 1931, alcalde de Ceuta durante la Segunda República. Tras el golpe del 36, su hijo Pérez Alemani, por su pertenecían a la masonería ceutí, fue fusilado.

Años después, traslada su residencia a Melilla donde falleció en 1954, y allí, en una triste, olvidada y rasgada lápida reposan sus restos, sin homenajes ni distinciones, en el más absoluto mutismo.

Militar y escritor, ingresó en el ejército como trompeta en 1884, participará en las campañas de Cuba y Puerto Rico, y después de la pérdida de las colonias en 1898, regresará a España para ser destinado al Protectorado. El Desastre de Annual y su cautiverio por parte de Abd el-Krim y la capitulación de Monte Arruit en el verano de 1921, de la que sobrevivió milagrosamente, marcaron el resto de su vida. Esa terrible experiencia la relató en su libro 18 meses de cautiverio. De Annual a Monte Arruit (1923); este testimonio se convirtió en un documento imprescindible para la comprensión de aquellos hechos.

En septiembre de 1929 causó baja en el Ejército, por haber cumplido la edad reglamentaria. Estableciéndose en Ceuta, donde vivía uno de sus hijos, Eduardo Pérez Alemany, propietario de la fábrica de licores “Punta Almina”, en la calle Juan I de Portugal. Posteriormente se presentó en 1931 como candidato a las elecciones municipales junto las siglas de la Conjunción Republicano-Socialista, obteniendo la alcaldía.

Su hijo Eduardo, fundó en Ceuta la logia Hércules nº 446, del Gran Oriente Español, a finales de 1929, junto a ocho masones, sseis procedían de la logia tangerina Morayta: Salomón Isaac Benlolo, agente de Aduanas; Moisés Benhamú Benzaquén, comerciante, presidente de Unión República, y concejal en Ceuta, por la Conjunción Republicano Socialista; Enrique Ordoño Muñoz, comerciante y Antonio Muñoz Yborra, empleado civil en intendencia. También estaban Jacobo Salomón Benoliel, comerciante, iniciado en la logia Samuel Guitta de Casablanca; Florencio Álvarez Miguel, subofic­ial de Infantería, de la logia Cabo Espartel, de Alcazarquivir y Juan Romero Romero, empleado municipal, iniciado en Resurrección de la Línea (Cádiz). El templo masónico estuvo ubicado en un primer momento en los bajos del hotel Gironés y posteriormente hasta su asalto y clausura en julio de 1936, en la calle teniente Pacheco, 12.

Tras el golpe militar del 36, comienzan las detenciones de todo aquel que durante la Segunda República se hubiera distinguido en favor de ella. El hijo del que fuera alcalde de Ceuta, Eduardo Pérez Alemany fue detenido y trasladado al campo de concentración “El Mogote” en la capital del protectorado, Tetuán. Allí sería fusilado en abril de 1937. En la documentación encontrada se reseña: “Fallecido por disparos de arma de fuego, al intentar fugarse del campo de concentración, donde se hallaba detenido”.  Tras unas investigaciones y la publicación de un libro, pude comprobar que tal fuga no había existido y fue una de las múltiples sacas que se realizan en este campo de concentración tetuaní, por parte de la falange local.  Esta prisión se encontraba en el borde de un río, junto a las ruinas de Tamuda,  y en él, casi todas las mañanas aparecían los cuerpos de los dirigentes políticos y sindicalistas que habían detenido días anteriores. También varios ceutíes fueron ejecutados en este centro entre otros, el joven Ernesto Sastre Vallecillo y Ricardo González Guerrero, los dos formaban parte de las Juventudes del PSOE en Ceuta. El primero, de profesión panadero, estuvo durante varios días oculto en la azotea de la casa de sus padres, siendo descubierto y el otro joven trabajaba en las obras del puerto, intento huir pero fue apresado cerca de Tetuán.

Espíritu valiente, decidido, rebelde y batallador

Tras 18 meses de cautiverio, “La Correspondencia Militar” escribió: “Entre los cautivos que lograron el sábado la anhelada liberación figura el teniente coronel de Infantería don Eduardo Pérez Ortiz, espíritu valiente, decidido, rebelde y batallador contra la rutina de los procedimientos tácticos y orgánicos y contra el anquilosamiento de los estatutos por inercia en la actividad y persistencia en los métodos. Su voz, como la nuestra, no halló donde lo precisaba que él con fervor tanto solicitara de continuo, fue apresado, luego de sufrir rudo asedio en Monte Arruit… El teniente coronel Pérez Ortiz no tiene en el expediente Picasso, ni fuera de él, el menor asomo de responsabilidad por su proceder entonces, antes al contrario, su actuación serena y bizarra. Al llegar este momento, por nosotros tan deseado de pisar Pérez Ortiz y sus compañeros de cautiverio la tierra de la Patria…” En un magnífico artículo escrito por Juan Díez Sánchez, nos describe sus numerosas recompensas, por los sucesos de Cuba, recibió una mención honorífica y dos cruces de primera clase del Mérito Militar, con distintivo rojo. Escribió, arios libros,  “Guerra de partidas”, más tarde, en los años 1909 y 1910, nuevos trabajos, obteniendo la recompensa de una tercera y cuarta cruz de primera clase del Mérito Militar, esta vez con distintivo blanco.  También la Cruz de San Hermenegildo, Medallas de Alfonso XIII, Sitios de Zaragoza, de Melilla, Militar de Marruecos y de Sufrimiento por la Patria, ésta última por la penalidades sufridas en Axdir”.

ALCALDE DE CEUTA DURANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA

El teniente Coronel Eduardo Pérez Ortiz, tras dejar la carrera militar, por su edad, quiere continuar sirviendo a su pais, y se une al partido Unión Republicana, liderada por el médico Sánchez Prado,  con vista a las elecciones municipales que se desarrollaran en abril de 1931.  Los republicanos y socialistas, resuelven ir juntos a las elecciones, tras varias reuniones se unifican bajo las siglas Conjunción Republicano-Socialista, las 24 candidaturas se las distribuyen a partes iguales.

En total se presentan 175 candidatos, para ocupar cada uno de los 35 escaños que ofrece la corporación municipal. Encuadrados en los partidos, Conjunción Republicano-Socialista, Agrupación Defensa de Ceuta, Partido Reformista, Partido Liberal Independiente y Concentración Monárquica. Los ceutíes  decantaron su voto por la Conjunción Republicana-Socialista  obteniendo el 80% de los votos, con 22 concejales y un total de 6.325 votos, 12 escaños los republicanos y 10 los Socialistas. Únicamente en tres de los ocho distritos se inclinaron por el Partido Defensa de Ceuta, obteniendo 7 concejales con 1.122 votos,  el Partido Reformista 4, y 2 Independientes, hacen el total de 35 concejales, ninguno de los candidatos del Partido liberal Independiente y de la  Concentración Monárquica, consiguieron escaño.

Los miembros del Comité Republicano en Ceuta, tras recibir instrucciones del Gobierno Provisional de la República hacen publico un comunicado para anunciar la eminente proclamación de la II República, se anuncia que el acto tendría lugar a las doce de la mañana del 15 de abril, en la Plaza de África.

La primera corporación presidida por el Alcalde Antonio López Sánchez Prado, nombró a Eduardo Perez Ortiz, teniente de alcalde. En junio, nuevo relevo en la alcaldía tomando posesión el abogado, Manuel Olivencia, realizando una gran labor al frente de la corporación, pero en septiembre recibe bastantes críticas de los concejales y dimite. El partido Radical de Olivencia, no cuenta con la mayoría suficiente de votos para proclamar algún concejal, ya que las sumas de los concejales del Partido Socialista, que encabeza David Valverde, y del Republicano Radical-Socialista de Sánchez-Prado, tienen la mayoría para que sea uno de estos dos partidos el nuevo presidente de la Corporación. Comienzan a realizarse las primeras alianzas, organizándose una reunión en la sastrería del concejal socialista Manuel Pascuas y deciden que sea Pérez Ortiz. Se reúnen con él y le entregan un documento firmado por todos los concejales firmantes en el pacto, Pere ortiz,  les contesta que con la palabra de ellos es suficiente y rompió el escrito. Días más tarde, los representantes de los dos partidos, Valverde y Sánchez Prado, se vuelven a reunir en el comercio del concejal Alberto Parres para ultimar la dirección de la alcaldía. El 13 de octubre de 1931 se celebra sesión y tras la votación, Pérez Ortiz, obtiene 17 a favor (Socialista y Radical-Socialista) y 9 en blanco (Radicales).

En unas breves palabras, presenta su futura forma de actuar: “En estos momentos difíciles la Alcaldía es una carga muy pesada, pero yo ofrezco toda mi voluntad para el cargo que voy a desempeñar. Solicito la colaboración de todo el Ayuntamiento, prensa y ciudadanos sin distinción y pueblo en general que me escuchan ahora aquí, quiero nuevamente emplear el turno de espontáneos; por lo tanto admitiré intervenciones razonadas. Trabajaré a la luz del día. También destacaré los principios democráticos, no soy ningún  revolucionario de acción y no saltaré sobre la ley, procuraré corregirla en lo posible, y, por último, y si continuó  durante mucho tiempo en el puesto para el que he sido elegido, publicaré un manifiesto con nuestro programa”.

El 16 de enero se hace público un presupuesto extraordinario, incluyendo la construcción de un mercado (el actual) sobre el foso seco de la Almina, ascendiendo esta obra a 2.000.000 de pesetas y paliar en gran medida el paro, enviando a los sindicatos un borrador, sobre todo el capítulo para obras. Pero, entre los concejales del equipo de gobierno, socialista y radical-socialista, existen diferencias sobre la gestión que está realizando el alcalde, siendo incapaz de dar soluciones a la gran crisis obrera pese a los esfuerzos realizados. El 28 de enero de 1932 se desarrolla sesión extraordinaria para elegir nuevo alcalde. Votan a favor del miembro del PSOE, David Valverde 19 y 2 en blanco, no asistiendo ningún miembro de la minoría radical de Olivencia, mostrando así su apoyo al edil destituido.

18 MESES DE CAUTIVERIO, DE ANNUAL A MONTE-ARRUIT”

Escribió un libro en 1923, sobre sus vivencias y sufrimientos: “18 meses de cautiverio: de Annual a Monte arruit: crónica de un testigo”. Hace unos años se realizó una reedición por parte de interfolio, con una magnífica introducción por parte de Jesús M. Sánchez, recomiendo para los interesados en estos temas su lectura. El teniente coronel Eduardo Pérez Ortiz, ssobrevive a la matanza desatada tras la capitulación de Monte-Arruit. Su relato, además de ser uno de los escasos testimonios directos del Desastre de Annual, es un apasionante y honesto homenaje a los miles de héroes anónimos que allí perdieron la vida. «Parece resultar muy cara la carne de gallina» con este demoledor comentario recibió Alfonso XIII la noticia de la liberación de los soldados a cambio de un rescate de cuatro millones de pesetas. Pero, ¿qué sucedió realmente? ¿Se merecían aquellos hombres este despreciable comentario o deberían haber sido recibidos como héroes? Testigo de excepción del Desastre de Annual, sobrevive milagrosamente a la matanza desatada tras la capitulación de Monte Arruit el verano de 1921. Protegido inicialmente por una cabila rifeña, acaba siendo entregado a Abd el Krim, sufriendo año y medio de atroz cautiverio junto con un grupo de rehenes españoles.

 

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CEUTA PRESIDE EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS

Ahora que estamos a punto de cumplir 39 años de la aprobación  de la Constitución, y aunque seguimos sin ser Comunidad Autónoma, ni se cumple la transitoria quinta, cabe recordar como simbólicamente Ceuta preside el edificio del Congreso de los diputados…

Y así es, los dos leones de bronce que se encuentran en la entrada principal fueron fundidos de los cañones tomados al enemigo en la Guerra que comenzó en la zona fronteriza de Ceuta, la llamada Guerra de África (1859-60). Tales cañones fueron fundidos en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla en el año 1865, con operarios de la Fábrica de Artillería de Trubia y de la propia Sevilla.

Aquella Guerra de África aceleraron la formación de la nueva urbe ceutí y los campamentos establecieron en algunos casos las bases iniciales de las divisiones del Campo Exterior. Eso significó la posesión progresiva de los terrenos situados más allá de la zona del cerro del Otero. Dicha ocupación de esta zona por parte del Ejército tuvo una indiscutible influencia en el diseño de la ciudad, y muchas de las principales actuaciones llevadas a cabo en ella se debieron a destacados militares. A lo largo de la historia, Ceuta se mantuvo sometida al olvido por parte de la península, hecho favorecido por su lejanía mientras sus habitantes vivían con apenas recursos para cubrir sus necesidades más elementales. Un magnífico reflejo de lo que fue la ciudad a mediados del siglo XIX está escrito por Pascual Madoz:

«Un suelo ingrato y estéril, la falta de una buena bahía, la imposibilidad de cambios lucrativos con los puntos fronterizos y el atraso en que se encuentra en la carrera de la civilización, no son alicientes favorables para atraer y fijar en Ceuta opulentos propietarios, ricos especuladores, ni artistas aventajados. Privada de la comunicación y movimiento, de los goces y bienestar peculiares de los pueblos que el comercio y la industria vivifican, puede calificarse como una verdadera colonia militar; y nadie habrá que así no lo califique al desembarcar en un profundo foso entre dos altas murallas; al advertir la multitud de guardias y centinelas que á cada paso se encuentran; al recorrer sus angostas calles cruzadas casi exclusivamente por militares y desterrados; al ver en fin la mezquindad de los edificios particulares, y lo insignificante del corto número de establecimientos mercantiles é industriales. Es el aspecto general contrasta desventajosamente con lo que la imaginación se promete cuando se observa desde el mar la perspectiva de esta ciudad, que se presenta á la vista, formando un agradable anfiteatro con una pendiente uniforme, coronada por sus siete colinas».

En esos años, como ya se ha señalado, la pequeña población se mantenía con una economía de subsistencia en la que, hasta la muerte de Fernando VII, las provisiones eran comprados por la Junta de Abastos y, tras aplicarles un porcentaje fijo, se vendían a los pequeños comerciantes locales. Su artesanía era también escasa, y mucho más la industria. Las cosas no cambiaron mucho ni siquiera con la declaración de puerto franco exceptuando la sal y el tabaco el 6 de diciembre de 1859 mientras durase la guerra (1859-1860), y se compensó la falta de ingresos por arbitrios en las arcas municipales con 15.413,34 reales. Dicha declaración dejó de estar vigente el 15 de julio de 1860, pero la experiencia serviría para solicitar un sistema de puerto franco definitivo, que se concedió en 1863. No obstante, la verdadera transformación de la ciudad se produciría en los primeros años del siglo XX. En la primera mitad del siglo XIX, la educación se vio reducida por una importante medida: la exclaustración de franciscanos y trinitarios, que mantenían cátedras de diferentes disciplinas ofreciendo una enseñanza secundaria de calidad.

SOCIEDAD CEUTÍ A FINALES DEL SIGLO XIX

Pascual Madoz, nos compone el rompecabezas de la sociedad ceutí en este periodo, sobretodo el tema de la educación, exponiendo que el ayuntamiento atendía al pago de dos maestros con 3.600rs. de sueldo para cada uno y 90 rs. mensuales respectivamente para pagar sus casas, así como al de otras dos maestras con 2.340rs. para cada una y 40 rs. para el pago de sus casas. Dichos docentes ejercían en escuelas y academias enseñando a 263 niños y 93 niñas. Las asignaturas ofrecidas por tales academias eran Francés, Dibujo, Náutica y Matemáticas. También nos muestra cómo era la arquitectura «Las casas, aunque de aspecto mezquino y mediana construcción son cómodas y tienen en lo general graciosos jardines; las calles principales rectas y sin pendiente, pero las transversales bastantes penosas, si bien todas se hallan empedradas con chinas encarnadas, blancas y negras del mar, formando variadas figuras y extremadamente limpias. Hay dos paseos, el de la Reina y el de San Amaro, con buen arbolado de paraísos y acacias; 3 plazas y algunas plazuelas; la de África, en que se ve la igl. Catedral, el santuario de la patrona, el cuartel del reloj y la casa municipal; la de Cuarteles, llamada así por estar sit. en ella los de la muralla real, y la de los Reyes, en cuyo centro descuella la bien trabajada estatua de Carlos IV, traída de Génova por el conde de las Lomas, siendo gobernador de la plaza el año 1794”.

Nueva ciudad tras la Guerra de África 1859-1860

Los capítulos de la Guerra de África, son numerosos, Ceuta, muy vulnerable desde los altos del cerro del Otero, sitos al oeste, y el enemigo podía alcanzarla si instalaba sus baterías allí. Por esta razón, la Comandancia de Ceuta propuso fortificar los límites del campo exterior con la construcción de cuatro casetones defensivos en dichos altos conforme a un proyecto redactado en 1854. Dos años antes del inicio de la Guerra, la ciudad tenía 7.114 habitantes, que pasaron a ser 10.395 tras su terminación. Esto puede explicarse fácilmente si se tiene en cuenta el conflicto, que supuso el incremento de la guarnición militar.

Asimismo, continuó siendo muy significativo el número de transeúntes, que alcanzó la cifra de 6.520 entre militares y confinados. De estos, las mujeres tan solo eran 2.416; es decir, ni siquiera un 25 % de la población total. A partir de esta fecha, los datos censales arrojan un levísimo aumento de las féminas entre 1860 y 1887, con un ligero descenso en 1877 y nuevo incremento a partir de 1897. Existe pleno consenso acerca de que el origen de la Guerra de África (1859-1860) estuvo en la declaración de guerra que el Parlamento propuso a la reina de España y que esta aprobó el 22 de octubre de 1859. Ahora bien, ¿cuáles fueron las razones que subyacían en ese acto parlamentario? El historiador José Ramón Remacha da las claves:

«Entre las causas próximas se señala de manera unánime la destrucción de unas obras iniciadas en el alto del Otero para disponer de un cuerpo de guardia y además la destrucción o rotura de un mojón con el escudo nacional. Son hechos perpetrados por parte marroquí y más exactamente por elementos de la cabila de Anyera en la noche del 11 de agosto y siguientes. En su intervención ante el Congreso O’Donnell, como jefe del Gobierno, manifiesta que se trata simplemente de proceder frente a Marruecos para salvar el honor nacional. En la perspectiva que nos dan los años podemos juzgar que había mayor motivación para declarar la guerra. Pueden reducirse a dos tipos. Uno el militarismo de la época y otro la seguridad de Ceuta. Respecto a lo primero es evidente que la España de la segunda mitad del siglo XIX estaba carente de estabilidad política y de unidad nacional. Los vaivenes de la política entre liberales y conservadores, los golpes de Estado y las graves fisuras en el tejido social producidas por las guerras carlistas eran factores que determinaban una coyuntura favorable para intentar una acción exterior de amplio respaldo nacional».

Tras el fin de la guerra y la firma del Tratado de Wad-Ras, el 16 de abril de 1860, los límites territoriales de Ceuta se ampliaron y pasó de estar ceñida en sus primitivos lindes de escasamente 3,5 kilómetros a ampliar sus límites fronterizos incorporando como franja de seguridad inicialmente bajo administración militar el llamado Campo Exterior, base de la posterior expansión urbana. De este modo, Ceuta dispuso de un territorio de seguridad suficiente y de cauces comerciales, lo que posibilitó su expansión urbanística y poblacional.

Efectivamente, se observa un significativo incremento de la población durante la última década del siglo XIX llegando a la cifra de 10.395 habitantes y arrancándola así de su inmovilismo demográfico gracias a la llegada de fuerzas militares y de sus proveedores. De esa forma, se inició un auge demográfico que incrementaría lentamente su población, especialmente la civil, hasta alcanzar los 13.269 habitantes en 1900. No obstante, el ritmo de crecimiento no siguió una línea uniforme dadas las fluctuaciones debidas a una población en la que la mayor parte de sus elementos militares y confinados estaba sujeta a súbitas variaciones. Por otro lado, las exigencias de la guerra permitieron desgravar algunos productos y declarar su franca entrada para agilizar y garantizar el aprovisionamiento al Ejército. Sin embargo, lo más importante es que surgió una sociedad civil que, desde el municipio, se opuso a la injerencia militar en temas políticos, enfrentamiento que caracterizó a la ciudad en estos últimos años de la centuria. La burguesía ceutí, de la que los talleres masónicos se surtirán, confió sus intereses a las nuevas expectativas generadas en torno al ayuntamiento y a los proyectos españoles en el vecino país de Marruecos. Fueron años decisivos para Ceuta al establecerse los principios que permitieron la transformación de lo que había sido un territorio de presidiarios desde el siglo XVIII.

PRIMERAS ORDENANZAS MUNICIPALES

Con la caída de O’Donnell, en 1863, entramos en una etapa claramente marcada por la descomposición del sistema político y la deslegitimación de la Corona, y se suceden algunos Gobiernos conservadores. En Ceuta, el ayuntamiento liberal de Alejandro de la Herrán fue reemplazado por el moderado de José Moreno Alarcón, quien aprobó las primeras ordenanzas municipales. Los cambios en la alcaldía fueron constantes a partir de entonces. En 1865, le sustituyó Antonio Ruiz Pavía hermano menor del héroe Jacinto Ruiz y, desde enero de 1867 hasta la revolución 1868, hizo lo propio el comerciante Juan Fernández García. Con la Restauración, el ayuntamiento de Ceuta consiguió algunos logros que demandaba, como el aumento de la guarnición, lo que se produjo en junio de 1874 al crearse el Regimiento África número 2. Con ello, la población pareció revitalizarse, y mucho más la sociedad civil. Buena prueba de ello fue la edición, en ese mismo año, de unos carteles y programas con motivo de la festividad de la patrona de la ciudad, el 5 de agosto. En estas últimas décadas del siglo XIX, fueron varios los trabajos y proyectos realizados, como la construcción de fortificaciones; concretamente, el conjunto de fuertes neomedievales situado en los montes de García Aldave, las baterías de Torremocha y Molino o el cuartel del Rebellín, diseñado por el ingeniero Federico Mendicuti. La Ley de 7 de mayo de 1880 también dio un gran impulso a la ciudad al declarar la necesidad de construir el puerto. Cuatro años después, se autorizó al comandante general para que diera comienzo a las obras en las inmediaciones del actual muelle Alfau. En 1877, la ciudad recibió al rey Alfonso XII. Los diferentes talleres masónicos de Ceuta se desarrollaron en este contexto histórico de finales del siglo XIX.

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¿Damos por perdido el cañonazo de las 12?

La Comandancia militar de Ceuta, comunicó en julio de este año que el tradicional cañonazo de las 12 quedaba suspendido hasta que se restablezca el suministro de salvas. Han pasado muchos meses y nada se sabe de su reanudación, y nada hemos leído sobre cómo se estaban llevando a cabo las gestiones.

Ceuta no puede perder ese signo de identificación de nuestra historia, esperemos que esta suspensión, que el estamento militar designa como “temporal”, no sea definitiva. El Ayuntamiento, a través de la consejería de Cultura, así como la Comisión de Patrimonio deberían tomar cartas en el asunto y poner todo su interés para que nuevamente y más pronto que tarde, escuchemos ese tradicional cañonazo.

La historia de este cañonazo se pierde en el tiempo, en el libro “Catorce meses en Ceuta” publicado en 1873, por Juan José Relosillas, dse describe: “En Ceuta, todas las horas solemnes las saluda el cañón con su voz de titán enriquecido. Cañonazo cuando al alba deja ver el horizonte los primeros rizos de su encendida cabellera. Cañonazo cuando el Sol, en la plenitud de su vida de un día, pasa por el meridiano. Y cañonazo, cuando encienden los celajes y muere Apolo en brazos de sus eternas queridas las flotantes nubes”.

Pero para estudiar la historia de este tradicional cañonazo, es imprescindible consultar el magnífico libro “Historia del cañonazo de las 12:00 en Ceuta” del historiador ceutí Juan José Contreras Garrido: “Hablar de salvas en nuestra ciudad es sinónimo de tradición y de historia. Ceuta ha sido de las pocas plazas fuertes en las que se han podido rendir honores, efectuar saludos y marcar el horario con el cañón. En algunas ocasiones efectuando los salvas de ordenanza, en otras alertando a la población, en otras marcando las actividades de la ciudad y en otras contestando al saludo de los buques extranjeros”.

Juan José Contreras en su documentado libro reseña: “ Los buques de Armadas extranjeras al llegar a puerto debían saludar a la plaza con una salva de cañones, siempre que existiese en cada caso, acuerdo especifico para el saludo mutuo que se contestaba con las baterías emplazadas en la ciudadela de El Hacho. Las Salvas de Honor, realizadas en días como del Corpus, de la concepción  y Santiago, onomástica y cumpleaños del Rey, Reina y Príncipe de Asturias y Sábado Santo. También se realizaban a la entrada y salida de una plaza de las personas reales y de las autoridades civiles y militares con derecho a ello según la ordenanza del momento”

También es muy significativo los detalles que aporta Contreras sobre el cañonazo de Alerta: “… En el estado de Artillería de la plaza de 13 de marzo de 1738 y en la relación remitida a mediados de febrero de 1740 por el Comandante y comisario provincial de Artillería Andrés de Clairac al Ministro de la Guerra, duque de Montemar, relacionaba en el hacho un cañón de a nueve que servía para avisar a la batería de Torremocha… “Esta batería a barbeta, que tenia once cañones del calibre dieciocho y defendía los barcos de la plaza del corso en el mar de Poniente o de Gibraltar, una vez recibido el aviso del cañón del Monte Hacho prevenía mediante señales a los navíos que proveían usualmente a la plaza”.

COMO RECLAMO TURÍSTICO

Incluso se podía vender por parte del Ayuntamiento con un convenio con la Comandancia militar, y a través de la Consejería de Turismo, como oferta turística, esos barcos que llegan cargados de turista, llevarlos a la fortaleza del monte Hacho, que puedan presenciar el disparo y mostrarle la historia de esa monumental edificación. Recordándoles como en Ceuta se disparaban diariamente tres salvas de cañón, al amanecer, al mediodía y al cerrar las puertas de la ciudad, como señala Contreras “… Dichas salvas han sufrido variación tanto en número como en horario, adaptándolas en una primera fase a la necesidad de marcar el horario de la ciudad, posteriormente el del presidio y por último el rezo y comida… Estos disparos  los realizaban periódicamente los artilleros de la plaza que tenían la obligación del mantenimiento y limpieza de los cañones. Efectuando una sala se conseguía este cometido fácilmente, motivo por el cual se hacía coincidir, con el regreso de cabalgadas y salidas al campo exterior, teniendo una doble intencionalidad, la de limpiar interiormente el cañón y la de avisar y celebrar el regreso de las tropas. Estas salvas la hacían todos los cañones, mientras que los disparos de aviso para la apertura y cierre de puertas, la efectuaban solo los emplazados en la salida del campo exterior”.

LOS SUMINISTROS DE SALVAS EN CEUTA

No soy un especialista en temas militares y mi desconocimiento es grande, pero lo que si tengo claro es que el tradicional cañonazo de las 12 no se debe perder y cada uno debemos alzar la voz para que esto no ocurra. Hace unos años se publicó un documentado libro escrito por el historiador ceutí Juan José Contreras Garrido, para saber más sobre este tema y la posibilidad de que las salvas se puedan construir en Ceuta, le he preguntado sobre esa posibilidad.

A lo que me contestó que efectivamente se puede realizar y es cuestión de poner los medios para realizarlo, y con esto salvaríamos está arraiga tradición ceutí. Juan José Contreras elaboró hace algún tiempo un informe muy interesante que transcribo: Este material era adecuado para preparar nuevamente las vainas para el disparo, recargándolas tanto para uso con munición de guerra, como para su reutilización como salva. Noventa años después, la antigüedad de las máquinas, que en esa fecha estaban ubicadas en los talleres del Grupo de Municionamiento, destacamento de Valdeaguas, provocó frecuentes fallos en la ejecución de las salvas.

Existen fichas y manuales en la actual Sección de Municionamiento de la ULOG 23 que nos describen las operaciones de limpieza previa de las vainas, el manual de funcionamiento, se hacía para salvas de cañones de campaña  “Naval Reinosa” de 105/26 que utilizaba la misma munición que el cañón italiano Oto Melara de 105/14. La munición se denomina de 105/14/26 que quiere decir que es de calibre 105 mm (diámetro interior del tubo) y las longitudes de ambos tubos son respectivamente 105×14 y 105×26. Las máquinas de reconar y embutir se podían emplear para varios calibres. Solo era necesario cambiar la matriz. Y recordar que en Ceuta permanecen las dos máquinas de embutir, una horizontal y otra vertical en perfecto estado y solo  falta conseguir la de reconar para volver a fabricarlas aquí en la ciudad.

Previamente, la vaina se receptaba y era inspeccionada, sobre todo se contaba el número de estarcidos que tenía grabados en el culote. El estarcido era una marca que se hacía con un punzón de acero, y normalmente no debía superar las tres marcas. Debía ser lavada y limpiada de toda impureza, para ello se introducía en un baño de agua yacido sulfúrico (S04H2) al10%, dejándose sumergidas durante dos horas. Se volvían a lavar con agua, repasadas con estropajo vegetal, e introducidas en una cubeta con serrín para secarlas antes de su pase al taller de reconado en fría.

La vaina del cañón de montaña de 75 mm, era diferente a la del cañón de campaña, no tenía ni gola ni gollete, por lo tanto, era totalmente cilíndrica, lo que permitía la operación de recalibrado, y posterior preparación para su utilización como disparo de salva. La máquina de reconado de vainas en fría, estaba compuesta por una campana con dos ventanas opuestas en su pared y fijada al suelo mediante cuatro pernos; una matriz vertical de calibre interior igual al diámetro exterior de la vaina y donde se introducía esta; un tornillo con empuje vertical descendente en cuyo extremo superior se unía solidariamente a un travesaño horizontal con dos contrapesos en sus extremos, ambos, travesaño y tornillo, formaban un conjunto en forma de “T”.

La barra horizontal tenía dos contrapesos en sus extremos de 120 Kg cada uno, separados entre sí 170 cm. Con la ayuda del travesaño y los dos contrapesos en sus extremos, se actuaba sobre el culote de la vaina en corto espacio de tiempo con una presión de 140 atmosferas.

La matriz era vertical de unos 50 cm de altura, con dos tetones en su centro cuyos extremos estaban introducidos en la pared interior de la campana, y que facultaba a la matriz el giro de 360° en el plano vertical.

La introducción por presión sobre la vaina en la matriz se conseguía al bajar el tornillo vertical, que después de pasar girando la parte superior de la campana a través de una corona giratoria, empujaba por el culote la vaina hasta que esta quedaba introducida en el interior de la matriz.

Para extraer la vaina, se subía de nuevo el tornillo y por las ventanas de la campana se giraba la matriz 180°, de tal forma que el vaso de la vaina quedaba mirando la parte superior y enfrentada al émbolo. Se introducía en el vaso un cilindro de madera, de mayor longitud y menor diámetro que la vaina y reforzado en sus extremos por latón. Al bajar el émbolo de nuevo, presionaba el cilindro de madera y este a su vez a la vaina, haciéndola salir de la matriz, cayendo en la parte inferior de la campana que tenía una protección de goma que evitaba abolladuras. Por último, la vaina se sacaba de la campana a través de cualquiera de las dos ventanas abiertas en sus paredes.

Esta operación necesitaba la acción sincronizada de cuatro hombres y con ella, quedaba preparada para ser utilizada de nuevo. Para embutir el opérculo (taco) en la vaina, se utilizaba una segunda máquina de vector horizontal de unos 260 cm de largo y 150 de alto. Esta máquina mediante unos mecanismos de coronas y engranajes, que multiplicaba la fuerza ejercida por dos hombres que trabajaban enfrentados en cada costado de ella, girando dos manivelas de una rueda dentada, de tal forma que el giro se transformaba en un movimiento longitudinal de un émbolo en el plano horizontal, que presionaba el taco en el interior de la vaina apoyada sobre una pared vertical que salía de uno de sus extremos.

LIBRO PARA LA HISTORIA DE CEUTA

No debería faltar en ninguna casa el libro “Historia del Cañonazo de las 12:00 en Ceuta” del historiador Juan José Contreras Garrido. Aunque nació en Sevilla, su vinculación con la ciudad es muy fuerte, desde que arribó a esta ciudad en 1997, todos lo consideramos como un ceutí más, comprometido con sus  vecinos. Sobre este libro indica “…Decidí que debía hacer llegar a los ciudadanos ceutíes la información necesaria para que todos pudiesen conocer la historia del cañonazo, el resultado quedó plasmado en este trabajo, que no tiene otra pretensión que la de dar a conocer esta interesante parte de la historia de las tradiciones de Ceuta a todos los ciudadanos, rompiendo así bulos y leyendas urbanas sobre un acto que por sí solo resulta extraordinario”.  Es teniente coronel del arma de Artillería. Fue jefe del desaparecido Grupo de Artillería de Costa de Ceuta. Incansable investigador de su especialidad, ha contribuido a la recuperación documental, bibliográfica y patrimonial de los acuartelamientos y unidades en que ha estado destinado. Dedicado también a la investigación cartográfica ha formado parte del Proyecto Arquitectura Neomedieval en Ceuta, del Instituto  de Cultura Mediterránea de Melilla y el Ministerio de Defensa 2007.

 

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CNT EN CEUTA, HISTORIA PENDIENTE

Muy poco, o nada, se ha escrito sobre la historia del anarquismo en Ceuta, algún día se tendrá que investigar y sacar a la luz los nombres, datos y circunstancias de ese movimiento libertario. La guerra, las cárceles, las ejecuciones y el exilio marcaron su desaparición.

Sin documentación, imágenes, archivos, reuniones, asambleas, todo ha desaparecido, tan sólo tenemos lo que nos narran las crónicas de algunos diarios y la escasa y trastocada documentación que se acompañan a los consejos de guerra.

Tan solo nos han llegado algunos nombres, que hemos sacados de las fichas policiales y la prensa, como el maestro Pedro Vera; el empleado de la empresa de alumbrado, Luis Castillejo Villar; el librero Miguel D´elom, o los jóvenes Antonio Escobar Rivera, Sánchez Tellez, Francisco Pacheco, José y Bernardo Encomienda, Isidro Portillo o Carlos Cabrera. También tenemos datos (extraídos de un consejo de guerra) de su ejecutiva formada por Rafael Sánchez Tomeu (gremio pintura); Miguel Casado (oficios varios); Ramón Gálvez (construcción); Luís Sánchez Aguilar (secretario); Heriberto Calleja (prensa); Diego Martínez Mauricio (tesorero) y Juan Jiménez Muñoz (contador).

En la década de los años treinta, la situación interna de la CNT en Ceuta se encontraba en plena reorganización tras largos años de clandestinidad a la que fue sometida durante la dictadura de Primo de Rivera. Para los anarquistas locales la enseñanza fue una de sus prioridades, creando, en enero de 1933, una escuela Racionalista. Consiguieron tener un buen número de afiliados, en la prensa local se pueden consultar los datos, organizando numerosos mítines en el salón Apolo y teatro Cervantes con el fin de conseguir una mejora social de los obreros, tenían su sede en la actual calle Linares.

En 1936 la CNT celebra en Zaragoza su congreso anual, el anarquismo ceutí estuvo representado por Pedro Vera. En los albores de la guerra civil ya duplicaron el número de secciones con 5.727 afiliados. En junio de 1935 se organiza en Ceuta el partido Sindicalista, fundado por Ángel Pestana, obteniendo la presidencia Luis Castillejo Villar.

El partido Sindicalista, estaba orientado hacia el anarquismo; pero aceptaba las elecciones y la representación parlamentaria. Castillejo, era partidario de una organización obrera disciplinada, su tesis, cercana al sector moderado, era construir un movimiento obrero sólido y responsable a la manera clásica, con un sindicato y un partido político repartiéndose entre ambas organizaciones las tareas de reclamaciones sindicales y políticas. Pretendía evitar así posibles excesos en el movimiento obrero español.

Tras la sublevación del 36, los más destacados miembros del anarquismo ceutí ejecutados o sufrieron largas condenas, como Pedro Vera, sacado de su casa, y su cuerpo apareció en el depósito de cadáveres del cementerio. El librero Miguel D´lom, también fusilado en unas de las sacas de los primeros meses. También habría que destacar el consejo de guerra a 50 anarquistas acusándolos a todos del mismo delito. En este procedimiento fue fusilado, el 6 de octubre de 1936, el joven Luis Castillejo Villar. En la portada de su consejo de guerra se puede leer su nombre encabezándolo y a continuación al resto bajo la misma acusación “Adhesión a la rebelión”, se les dividió en cuatro grupos, y todos bajo un mismo formulario como preguntas, acusaciones, delitos… era copia del utilizado contra Castillejo.

En este macrojuicio al sindicalismo ceutí fueron fusilados veintiséis obreros y el resto a largas condenas. Los cincuenta sindicalistas fueron trasladados el día 16 de septiembre de 1936, desde las prisiones de García Aldave y del Hacho al acuartelamiento de Sanidad.

Junto a los cenetistas, un buen número de miembros del PSOE y UGT, Antonio Criado, funcionario en Telégrafos; Francisco Sánchez Ríos, tipógrafo, y secretario de la sección de artes gráficas de la UGT; el jefe de Correos Bartolomé Alcántara; el militante del PSOE Lucas Bárcenas, funcionario del juzgado; José Sarria, militante del PSOE y secretario de la sección de empleados de oficinas de la UGT; José María Quesada, tesorero de las Juventudes Unificadas y ugetista de la sección de empleados públicos; José María González, secretario de las Juventudes Socialistas; Alberto Pastor, y los socialistas Pascual Aragón Barra, Francisco Palmero Burgos y el médico Enrique Velasco Morales. Los taxistas, como Juan González Robles y Manuel Gutiérrez Camúñez, José Ríos Soto, empleado de tejidos El Siglo; los socialistas José Rodríguez y Nicolás Troyano, agente de la policía marítima; Francisco Aznar, destacado ugetista; Pedro Perdomo, secretario del PSOE; Antonio González, del Partido Comunista y Miguel Burgos Castro, integrante de la directiva del Socorro Rojo.

HUELGA DE MUJERES

También fue de destacar su papel en la huelga de mujeres que trabajaban en las fábricas de salazones y conservas que existían en Ceuta. Se puede considerar la primera huelga de mujeres en la historia de nuestra ciudad. Tras varios días de huelga, el comité sindical lanza un manifiesto, esperando el apoyo de sus conciudadanos, temiendo que el pescado almacenado en las fábricas pueda salir hacia puertos peninsulares, perjudicando a las trabajadoras. Se planteó debido a las reivindicaciones que la patronal no cumplía, como jornada laboral, horarios, salarios e higiene en las fábricas. Las interlocutoras fueron las sindicalistas y grandes luchadoras en favor de los derechos de la mujer ceutí, Antonia Céspedes Gallego, cariñosamente conocida por “La Latera”, y la joven anarquista, Isabel Mesa. Estas hicieron llegar a los ceutíes, en unas hojas, sus aspiraciones: ” No permitáis que embarquen vasijas y menos aún dejar desembarcar pescado para ninguna fábrica de la península, que proceda de Ceuta, porque perjudicáis grandemente la lucha de estas bravas compañeras” y terminaba el manifiesto con: ¡Trabajadores! ¡No olvidéis este llamamiento! Proceded con energía a todo intento de perjuicios contra nuestras compañeras. El comité de huelga. Ceuta, 18 de junio de 1.931”.

EN 1933 CREARON UNA ESCUELA RACIONALISTA

Estaba situada en la calle Luís Bello de la barriada de la Prosperidad, hoy en día San José, (donde estuvo durante muchos años el bar California), allí impartían de forma gratuita los fundamentos del raciocinio a los hijos de los obreros.

Esta escuela racionalista, estaba sustentada en la ausencia de dogmas irracionales y siempre a favor de la razón, y la ciencia, como método de liberación individual y colectiva, lo que conllevaba un abierto laicismo y oposición a los dogmas de todo tipo de religión.

A lo largo de las cuatro primeras décadas del siglo XX los ateneos de carácter libertario y popular se multiplican, así como las personas que participan en ellos. En muchos se crean escuelas para los hijos de los trabajadores que incluyen métodos de la pedagogía más avanzada basadas en las propuestas de Francisco Ferrer.

Las clases en la Escuela Racionalista ceutí estaban dirigidas por Pedro Vera. Otra escuela libertaria estaba en la barriada del Sarchal, en casa del zapatero Luís Campos. Estos ateneos contaban con la ayuda de Francisco Quintín y Antonio Pedraza, de las juventudes Libertarias, así como del dirigente Sánchez Téllez, quien envió una carta a la prensa barcelonesa buscando el apoyo de sus compañeros catalanes. En el mes de junio de 1936 reciben varias cajas con material escolar. Cuando llega a Ceuta, ya está en marcha la sublevación y todo el material son requisados directamente en la agencia de transportes:

Queridos camaradas, salud: Sirva el presente para anunciaros haberse constituido en Ceuta el Ateneo Racionalista. En nuestros deseos de secundar la obra cultural y libertaria, no teniendo fondos ni materiales suficientes para esta gran obra, se les ruega a todos las camaradas y periódicos libertarios que aporten lo que puedan con el objeto de poder llevar hacia adelante esta magna obra que se propone esta juventud ansiosa de libertad, de amor y de justicia… Propugnamos la cultura en todos sus órdenes y en el más amplio concepto literario. Nos proponemos para todos los ateneos y entidades libertarias, y al mismo tiempo se les ruega envíen su dirección para estar en continua relación con los camaradas allende los mares”.

Se puede decir que los ateneos populares o libertarios fueron una verdadera universidad popular para la clase obrera de todas las edades, donde fue adquiriendo la formación cultural que le había sido negada por su condición social. El impulso racionalista, de liberación mediante la cultura, le da fuerza y legitimidad suficiente ante la clase obrera, que trataban los ateneos y las bibliotecas populares con reverencia. Sirven también como lugar de encuentro entre las personas del barrio, donde la gente debate, se conoce, crea vínculos de unión y plantea sus problemas a los demás. Suponen también la primera vez en que muchas mujeres trabajadoras encuentran un sitio donde están en igualdad de condiciones con los hombres, donde van a aprender, y van tomando contacto con el anarquismo. El éxito de los ateneos libertarios fue abrumador, creando una cultura obrera y solidaria, pudiendo afirmarse que sustituyeron al Estado o a las órdenes religiosas en el papel de educativo de su tiempo.

Entre las actividades de los ateneos populares podían encontrarse boletines informativos, edición de libros y panfletos, excursiones al campo, conferencias y charlas, teatro, recitales poéticos, debates, clases de esperanto, o bibliotecas de libre acceso; generalmente estas actividades eran autofinanciadas por los usuarios. Algunos de estos ateneos, debido en cierto modo a la influencia anarcosindicalista, mantenían escuelas racionalistas en las que se escolarizaban los hijos de los trabajadores en un ambiente laico y progresista. Daban mucha importancia a la higiene como prevención de las enfermedades, al conocimiento de los métodos anticonceptivos y a la sexualidad.

Así, el racionalismo fue la base de la educación libertaria, de forma que la defensa de la razón y la ciencia eran elementos revolucionarios opuestos a la religión. Así lo expresa el más destacado pedagogo racionalista y libertario, Francisco Ferrer Guardia; “Ni dogmas ni sistemas, moldes que reducen la vitalidad a la estrechez de las exigencias de una sociedad transitoria que aspira a definitiva, soluciones comprobadas por los hechos, teorías aceptadas por la razón, verdades confirmadas por la evidencia, eso es lo que constituye nuestra enseñanza, encaminada a que cada cerebro sea el motor de una voluntad, y a que las verdades brillen por sí en abstracto, arraiguen en todo entendimiento y aplicadas en la práctica, beneficien a la humanidad sin exclusiones indignas ni exclusivismos repugnantes”

LUIS CASTILLEJO Y PEDRO VERA

Dos nombres se destacan en la historia de la CNT en Ceuta, Pedro Vera y Luis Castillejo, este último, el 6 de octubre de 1936, sería fusilado ante los muros de la fortaleza del Hacho. Era empleado de la empresa de alumbrado. Desde la década de los años veinte, lideraba el movimiento obrero en la ciudad, siendo este joven su principal valedor. Tras la proclamación de la República, la Confederación Nacional del Trabajo, retoma un claro protagonismo y se suceden las reuniones, la prensa consultada nos dan cuenta de las múltiples asambleas y proyectos para la clase obrera ceutí en sus amplios locales de la calle Linares.

En junio de 1935 organiza y preside el partido Sindicalista, este partido estaba orientado hacia el anarquismo, pero aceptaba las elecciones y la representación parlamentaria. Luis Castillejo, era partidario de una organización obrera disciplinada, su tesis, cercana al sector moderado de la anarcosindical, era construir un movimiento obrero sólido y responsable a la manera clásica, con un sindicato y un partido político repartiéndose entre ambas organizaciones las tareas y reclamaciones sindicales y políticas. Pretendía evitar así posibles excesos en el movimiento obrero español. La CNT fue escéptica ante el Partido Sindicalista. El maestro Pedro Vera Sánchez, trasmitía gratis, su enseñanza a los hijos de los obreros, en los llamados ateneos libertarios, como el localizado en su casa, situada en la calle Clavijo, (hoy González Besada) le acompañaba su hijo Helios, de tan solo dieciséis años. Tras la sublevación seria fusilado y sus libros fueron quemados.

 

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El Principal, Teatro Apolo, Del Rey, Cervantes…

La tradición teatral en Ceuta es muy rica y llena de acontecimientos, con los datos que he podido obtener de esa actividad, en la hemeroteca de la cercana ciudad marroquí de Tetuán, ya que desgraciadamente en nuestra ciudad apenas existen algunos números sueltos, he podido dar con lujosas crónicas, de esas obras de teatro en torno a finales del siglo XIX.

En aquellos años finales de 1880, se interpretaban en el teatro Principal que estaba ubicado en la calle Galea, con una actividad social muy importante. Para recabar datos sobre estos teatros, he recurrido a los datos escritos por Carlos Posac, Gómez Barceló y Luciano Alcalá. En el trabajo realizado por Barceló, en cuadernos del archivo municipal, nos señala que en torno a 1885, el publico recibía las novedades con interés, a la vista del número de lista de reparto, programas en cuadrilla y medio pliego y papeletas que imprimían, como en mayo de 1885 en que fueron necesarios 300 programas para la representación de “la pasionaria” y 400 para “el sueño de un malvado”.

Las artes, en general, y las de la escena, en particular, se han desarrollado a compás de las inquietudes, apetencias y dictámenes de la sociedad, receptores constantes de todo tipo de manifestación estética. Sobre 1891, se inauguraba en pleno paseo del Rebellín, el teatro de Variedades, este ocupaba el solar de las casas de la familia Delgado y parte de lo que fue el Cervantes. Este teatro abrió sus puertas en el verano de 1888, era un edificio de planta baja y se hallaba situado en el Rebellín. Constaba con sala de butacas, plateas y cantina. No faltó un espacioso foso para los músicos, rodeando el escenario. Barceló, nos describe que en 1897, en el informe de Fritschi se describe que tenia cuatro puertas a la calle y tres hacia la huerta por la calle Padilla. El arquitecto reconoce, que la precariedad de los materiales hacia limitado el futuro del coliseo, por lo que no eran exigibles grandes mejoras al propietario.

Pero el teatro Principal seguía siendo el preferido por las asociaciones culturales para organizar sus funciones. Este teatro se encontraba en la calle Galea, en parte sobre los baños árabes de la plaza de la Paz. Según el estudio de Barceló, constaba de dos pisos. Se accedía al mismo por cuatro puertas que se convirtieron en cinco a finales del siglo XIX y que daban a los vestíbulos y escaleras. En su parte planta baja, junto al graderío estaba también el acceso al restaurante. El patio de butacas contaba con 18 filas, hasta la reforma aconsejada por Roberto Fritschi en que se redujo a 15, para ampliar el pasillo que lo separaba del graderío bajo. También contaba con palcos y plateas, parece que fue en principio una sociedad.

El teatro Principal desapareció alrededor de 1915, que es cuando aparece el teatro del Rey, inaugurado el 31 de julio de 1915- y el salón Apolo el 16 de julio de 1916. Como rasgo definitorio de aquel tiempo fue la demanda de obras, la urgencia en servirlas, y la lógica ausencia de innovaciones, conformó un tipo de comedia que pudiera tener público seguro y suficiente para mantener una producción. Hay que tener en cuenta que las compañías partían del concepto de repertorio. Todas tenían una serie de títulos preparados para, en caso de fracasar el estreno, anunciar inmediatamente una reposición, mientras que se ensayaba la siguiente comedia. Este sistema generó un modelo de obra dramática acorde con el público que la pagaba.

Realmente eran obras de encargo, para actrices y actores determinados (las cabeceras de cartel), a los cuales se le confeccionaban comedias como trajes. Lo que significó un cierto • acomodo en formas y conceptos propios de la clase que los demandaba. De ahí que las obras se movieran en determinados parámetros de convencionalismo, que cuando rozaban la transgresión, podían revolverse contra sus autores. Si desean saber más detalles sobre lo escrito por Gómez Barceló, lo puede encontrar en Cuadernos del Archivo Municipal nº 6 y 7.

INAUGURACIÓN DEL TEATRO SALÓN APOLO

En la feria de agosto de 1916 se inauguró el Salón Apolo, un año después de que lo hiciera el teatro del Rey, para saber más sobre como fue ese teatro de la calle González de la Vega, trascribiremos lo investigado y publicado por Luciano Luis Alcalá Velasco, nos índica que este proyecto tan solo ha llegado hasta nosotros una parte de la documentación gráfica: los planos generales de plantas, perfiles y fachada. El solar del teatro – de planta casi rectangular y con algo más de 500m2. Correspondía al patio posterior de la casa de Miguel Sala y Luisa Gabarrón, sita en el número 20 de la calle Camoens con esquina Gonzalez de la Vega. Su costado daba a esta última calle en una longitud aproximada de 25 metros y lindaba, al fondo, con una finca y, por su izquierda con el casino militar. La sala del teatro Apolo tenía capacidad para unas 500 personas distribuidas entre el patio de butacas y los seis palcos de platea. Tras el foso de la orquesta se abría un escenario de reducidas dimensiones y con escaso espacio para los decorados y los camerinos. Los accesos se repartían entre las calles González de la vega y de Camoens, por las cinco puertas de la fachada lateral. Tres escaleras comunicaban con el nivel superior en el se situaba las grada con unas 700 plazas, donde desembocaban seis vomitorios dispuestos según la simetría axial del conjunto. A la altura del paraíso se encontraba la cabina de proyección.

Nos describe Luciana Alcalá, que al analizar la distribución del espacio interior, llaman poderosamente la intención la configuración y las proporciones de los distintos elementos. Frente a las más usuales trazas geométricas de la sala (semicircular, elíptica de curva jónica o a la italiana) heredadas de la tradición teatral neoclásicas. Se opta aquí por una solución híbrida en la que, sobre una platea de planta rectangular.

Con las butacas dispuestas en forma de botella y los palcos en su cuello. Se superpone en único anfiteatro cuyo contorno descansa en doce columnas que se prolongan para soportar la estructura del techo, sacrificando así las condiciones de visión y audición en aras de un mayor aforo, con el consiguiente mejor rendimiento económico del espacio. Luciano Alcalá nos describe que el diseño exterior tampoco es del todo afortunado. Por un lado, se aprecia una cierta contradicción en el entramado simétrico de una fachada lateral, cuyo plano no es perpendicular al eje del edificio. Por otro lado, se detecta una falta de correlación entre las plantas y alzado en cuanto a la situación de los vanos correspondientes a puertas y ventanas.

En cualquier caso, la composición general obedece a un esquema de claro sabor academicista, con dos cuerpos superpuestos: el inferior con un lenguaje epidérmico uniforme de sillería almohadillada y huecos adintelados; el superior dividido en tres lienzos flanqueados por pilastras y rematado el central en un frontón. Los primeros pasos para su construcción, fue cuando una vez redactado el proyecto de sala de espectáculo por Santiago Sanguinetti en febrero de 1915, días más tarde su promotor presenta la correspondiente solicitud de licencia acompañada de los planos del edificio.

Oportunamente informada la instancia por el arquitecto municipal es probado por la corporación en marzo de ese mismo año. Dos mese después comenzaría ya su construcción, se recibe en el Ayuntamiento un extenso escrito de reclamación formado por francisco Bayton, en el hacia ver el riesgo que. En caso de incendio del teatro- correrían los inmuebles próximos y colindantes, denunciaba el incumplimiento de varios artículos del reglamento de espectáculo públicos y, por todo ello, solicitaba la suspensión de las obras. Tras varios cambios se dio luz verde a su construcción. El arquitecto fue Santiago Sanguinetti Gómez, natural de Ronda (1876) Por acuerdo municipal en 1910, fue nombrado arquitecto municipal con carácter interino. Comenzando a prestar sus servicios el primero de enero de 1911.

Seis mese después hay un intento fallido de convocar el concurso para proveer la plaza en propiedad y es en 1913 cuando, redactadas las bases por la comisión de hacienda, se hace el anuncio oficial y, tras la presentación de instancias, se adopta el acuerdo de nombrar Sanguinetti como titular. Como técnico del Ayuntamiento, interviene en las obras municipales de una de las épocas de mayor auge de Ceuta. Merecen mención, entre otras, la reforma de varias plazas y jardines, las nuevas alineaciones y rasantes de diversas calles, el proyecto de ensanche interior, urbanización y alcantarillado de la Ciudad, el proyecto de saneamiento de la barriada del Morro y la dirección de obras del palacio municipal. Como profesional en ejercicio libre, también redacta bastantes proyectos de los que el Hotel Hispano-Marroquí, el teatro del Rey, el Apolo y varias casas particulares. Si desean saber más detalles sobre lo escrito por Luciano Alcalá, en Cuadernos del Archivo Municipal nº 6 y 7.

DE TEATRO DEL REY A CERVANTES

Tras la proclamación de la segunda República española, fueron cambiado todos aquellos nombres que aparecían algún miembro de la casa real, y así fue como el teatro del Rey paso desde abril de 1931 a llamarse Teatro Cervantes y así permaneció hasta su cierre. Las elecciones supusieron un cambio político con respecto al régimen hasta entonces vigente en España, con una nueva ordenación del proceso electoral. Se analiza la formación de las candidaturas, el sistema de circunscripciones provinciales, los resultados de la campaña, la segunda vuelta electoral y el fraude, completándose con un apéndice de resultados provincia por provincia. Aquel entusiasmo popular que saludó el 14 de abril de 1931 la proclamación de la Segunda República significó la llegada no solo de una nueva primavera política y cultural sino también de un polen de libertad de una efervescencia de inquietudes proyecto y utopías. La cartelera de 1931 constata el estreno durante los primeros meses republicanos de un repertorio antes censurado. Este parcial esplendor republicano no debe ocultar, sin embargo, las insuficientes y miserias en que trascurrió mayoritariamente la viuda escénica española. Pero la renovación del teatro español no podía ser una cuestión limitada al repertorio sino que debía alcanzar también a la escena.

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Adiós, Dar Riffien, adiós

Muy cerca de Ceuta, pero pasada la frontera con Marruecos se pueden ver unas edificaciones españolas, derruidas que  hasta la independencia de Marruecos (1956), fue el acuartelamiento de la Legión, Dar Riffien, en torno a 1958 se abandonó definitivamente los edificios.

En Dar Riffien, existían amplios dormitorios con literas, comedores con mesas de mármol, aulas con escuelas y academias, residencias y comedor de oficiales y suboficiales, y por supuesto un mesón de tropa. El patio de armas contaba con tribunas, y el cuartel disponía de alumbrado eléctrico, agua corriente, biblioteca, sala con billares y mesas para juegos, duchas, letrinas, lavanderías mecánicas, pista de aplicación, polideportivos, almacén de armamento, de prendas,… Fuera del recinto estaba el pequeño poblado civil con variedad de tiendas, la granja del Tercio y a 100 m. se encontraba la playa y la estación del ferrocarril que iba a Ceuta y a Tetuán.

A escasos 5 kilómetros de Ceuta, tras pasar la frontera con Marruecos, en una colina que domina una magnífica playa colindante nos encontramos con unas construcciones en ruinas que nos dan una idea de lo que fue aquello. Muchos al pasar por este lugar se pregunten por el origen de aquellas edificaciones de estilo español.

Hoy casi un siglo después de su construcción al pasear por sus escombros, con restos de edificios totalmente desbalijados, nos hacemos una idea de lo que pudo ser aquel recinto.

     No se tiene la certeza del arquitecto que construyó el acuartelamiento, o si fueron varios los que llevaron a cabo su fisonomía. Pero según un estudio del historiador Antonio Bravo  este sitúa al constructor Federico Martín de la Escalera en la construcción de un edificio en 1927. Este destacado  arquitecto fue autor dentro de este ámbito norteafricano. Ovetense de nacimiento recaló en Ceuta en 1915, iniciando ese año una intensa carrera profesional y militar en la zona del Protectorado.     Rápidamente fue destinado a Tetuán, encargándose del cuartel de la Alcazaba, el de infantería de R’Caina y el cuartel Ersini. También participó, según el historiador Antonio Bravo  en la construcción del lazareto de Dar Murcia o el cuartel de Samnia Ramel y Hospital Militar y el cuartel de caballería de Babel Mader, todos en Tetuán. El arquitecto Martín de la Escalera se especializó en las construcciones en hormigón armado, siendo distinguido frecuentemente por la aplicación de nuevos sistemas de construcción, como los que aplicó en el puente sobre el rio Xechort.

       Sin embargo esta dilatada obra profesional militar en el Protectorado se cortó en 1927, cuando fue destinado a Mahón. Pero  debido a los numerosos lazos profesionales y personales que le unían a la zona norteafricana decidió pasar  a la reserva. Durante tres años realizó algunos trabajos en el ámbito privado en Ceuta, del que destacaríamos una casa de dos plantas de aire regionalista.

Según algunas publicaciones sobre todo la Revista África, nos muestra que tenía de todo, era un pueblo en pequeño, tras cuatro décadas en aquella zona la Legión abandonó en febrero de 1961 su querido cuartel. Replegándose el Tercio “Duque de Alba” a Ceuta.

El cuartel disponía de alumbrado eléctrico, agua corriente y de un amplio patio de armas con tribunas. Para el recreo de los soldados, unas amplias salas con billares y mesas para juegos, duchas, letrinas, lavanderías mecánicas, pista de aplicación, polideportivos, almacén de armamento y de prendas. También amplios dormitorios con literas, comedores con mesas de mármol, aulas con escuelas y academias, bibliotecas, residencias y comedor de Oficiales y Suboficiales, y por supuesto un mesón de tropa.

Frente al acuartelamiento una hermosa playa de arena rubia con una modesta estación para el ferrocarril que pasa hacia Ceuta o Tetuán. Al otro lado un pequeño poblado civil con gran variedad de tiendas y la granja del Tercio.

Desde que el Rey Alfonso XIII dispuso la orden de 20 de enero de 1920, para la creación del Tercio de Extranjeros, la construcción de un gran acuartelamiento era una pieza vital para la subsistencia del nuevo cuerpo. En primer lugar se fijó el cuartel del Rey en Ceuta, ubicado en el paseo de Colon como lugar de alistamiento. La primera jura de bandera tuvo lugar en la zona del Tarajal, después pasaron a un antiguo fuerte construido durante la Guerra de África 1859-60, la posición “A”, hoy cuartel de García Aldave, y ya definitivamente en octubre de 1920 se trasladan a Dar Riffien. Creándose el 1 de mayo de 1925 la VII Bandera en el citado campamento de Dar Riffien.

HISTORIAS DEL PASADO

      Quien pasea por esas edificaciones de Dar Riffien, comprende lo que fue aquello, pero actualmente todo esta derruido, y seriamente dañados los edificios, las escaleras apenas se sostienen, ladeadas como un acordeón en el que aún se mantienen las piedras que las dejaron inhabitables. En el suelo todo son cascotes, polvo y restos de vida congelada tras muchas décadas.

El paisaje con las grandes edificaciones han sido sustituido por un montón de escombros que componen ahora lo que era un acuartelamiento modelo. Para recorrer las edificaciones seria necesario entrar con casco por riesgo de desprendimientos, aunque realmente poco queda por venirse abajo. Un paseo por Dar Riffien permite disfrutar de los silencios de la historia.

Entre las muchas historias que albergan las piedras de aquel cuartel está sin duda la visita que el 5 de octubre de 1927, realizó los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Los diarios locales  La Opinión y la Voz de África destacaron aquel acontecimiento… “En Ceuta se nota una animación inusual. La ciudad amaneció con otro color. Todos los ciudadanos se disponen para recibir a los reyes., no se puede dar un paso, las calles están abarrotadas, los balcones de los edificios públicos engalanados con banderas nacionales”.

 

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Franco, Alcalde honorario y perpetuo de Ceuta, desde 1939

Tras la toma de Ceuta, por parte de las tropas sublevadas en la noche del 17 de julio de 1936, una de las medidas más urgente fue la toma del Ayuntamiento y el cese fulminante de la corporación municipal presidida por el médico Sánchez Prado. Todos fueron detenidos y en su mayoría pasados por las armas.

Tres años después, el 12 de julio de 1939, la gestora de la corporación municipal presidida por Fernando López Canti, acordaron: “El señor alcalde hace uso de la palabra y con exaltadas frases realza la figura de nuestro glorioso caudillo Excmo. Señor General Don Francisco Franco Bahamonde, jefe del Estado Español y Salvador de la nación, y propone que la ciudad de Ceuta se honre contándolo entre sus hijos y el Ayuntamiento tenga el más alto orgullo al nombrarle Alcalde honorario perpetuo. La Corporación, por unanimidad y aclamación y con el mayor entusiasmo, ACORDÓ nombrar al glorioso e invicto caudillo de España, Excmo. Señor Don Francisco Franco Bahamonde hijo adoptivo y predilecto de la ciudad y Alcalde honorario perpetuo, concediéndole así los máximos honores al Salador de España y artífice genial de su victoriosa cruzada: y que este nombramiento le sea notificado en forma solemne. Y para que conste expido el presente que visará el señor don Fernando López Canti, Alcalde Presidente de la Comisión Gestora del Ilustre Ayuntamiento de esta Ciudad, en Ceuta a veintiuno de julio de mil novecientos treinta y nueve”.

     A los pocos días se publicó en el boletín oficial de la ciudad: “Esta Comisión, cumpliendo aspiraciones de la Gestora y del vecindario en general, queda asimismo encargada de portar a S.E. el jefe del Estado el pergamino que la ciudad le ofrece reflejando el acuerdo de su nombramiento de Hijo Adoptivo y Predilecto de Ceuta y Alcalde Perpetuo Honorario de su Ayuntamiento”.

      Tres años antes, la nueva corporación municipal pasó a ser presidida por el teniente coronel de Ingenieros José Tejero: “En la madrugada del 17 al 18, debió ser la una de la noche, me llamó el teniente coronel Gautier y me dijo <Mañana a las ocho te haces cargo de la alcaldía, para lo cual, vas al ayuntamiento a esa hora,  pero antes, a las siete, vienes a verme>.

A las 15,30 del 18 de julio de 1936, se reunió en el despacho de la alcaldía, con los nuevos concejales designados por las autoridades militares, al tomar la palabra, les leyó el bando que se había fijado por todas las paredes de la ciudad, firmado por el general Franco, declarando el estado de guerra. Todas las sesiones, son monótonas y falta de sentido crítico, cómo era de esperar,  salvo la celebrada el 24 de julio de 1936, cuando el concejal Eduardo Laya, expresa que debido a las numerosas detenciones que se están llevando a cabo se puede dar el caso de que las familias de algunos presos carezcan de alimentos y por lo tanto el Ayuntamiento debería socorrerlos. Le respondió, el teniente coronel Tejero, que las comidas se están dando en la cruz roja y en la cantina escolar y ellos no tienen que socorrer a nadie. Tras está pregunta de Eduardo Laya, su nombre ya no se consigna en los plenos, siendo destituido.

Ley de Memoria Histórica

La Ley de Memoria Histórica en su artículo 15 establece: “Las Administraciones públicas, en el ejercicio de sus competencias, tomarán las medidas oportunas para la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura”. De forma excepcional, se conservarán aquellas menciones que sean de estricto recuerdo privado, sin exaltación de los enfrentados, o cuando concurran razones artísticas, arquitectónicas o artístico-religiosas protegidas por la ley. La aprobación de la ley de memoria histórica en diciembre de 2007 abrió una nueva etapa en la reparación y reconocimiento de las víctimas de la guerra civil y el franquismo.

¿VISITA DE FRANCO EN 1939 PARA RECIBIR  LOS TÍTULOS?

La corporación municipal presida por Fernando López Canti, tras acordar el 12 de julio de 1939, nombrarle “Alcalde honorario perpetuo e hijo adoptivo y predilecto de Ceuta”, organiza una serie de actos en espera de la llegada del general, confeccionando unos pergaminos, el programa de actos se desarrollaría en agosto:

“Día 4. De 16 a 16 y 30, llegada, recepción y desfile. A las 17, Te Deum en la catedral o salve en la Iglesia de África, inauguración de la cruz de los caídos. A las 17 y 30. Visita a San Antonio, inauguración del monumento y marcha por la calle Falange Española. A las 18 y 30, llegada a comedor Cantina Escolar, vuelta por la marina. A las 19 horas, visita a las obras del Asilo, colocación de la primera piedra obra social casas baratas. A las 19 y 30, Entrega en Regulares placa homenaje de la ciudad. A las 21 horas, marcha al chalet, descanso y cambio de traje. A las 22 horas, comida Ayuntamiento, a la terminación verbena Hípica, descanso a voluntad. Día 5: A las 10 horas, entrega bandera Destroyer “Ceuta”. De 11 a 11 y 45, Función religiosa en África. A las 12 horas, recepción popular en el ayuntamiento, formación de milicias juveniles y desfile ante S. E. que lo presenciará desde el balcón. Comida privada y descanso en el Chalet. A las 17 horas. Visita Hospital militar, despedida y marcha a Tetuán. Puede ir a Riffien y hacerse allí la despedida”. La esperada visita no se produjo y el pergamino y demás documentos con los nombramientos se enviaron a Madrid. 

Recordemos que el general Franco antes de ponerme al mando de los sublevados estuvo destinado en Ceuta durante la Segunda República,  como Jefe de las Fuerzas Militares del norte de África. El 9 de marzo de 1935 llegó a Ceuta y el 5 de abril su esposa. Por sorpresa, a los dos meses, el 6 de mayo, fue llamado por el Gobierno de Gil Robles para hacerse cargo del Estado Mayor. Una vez compuesta la alianza de centro-derecha, la CEDA retorna a un nuevo gabinete, Lerroux con cinco cedistas, incluido el propio jefe como ministro de la Guerra. Accedieron al nuevo Gobierno el general Goded, inspector general y director de las Fuerzas Aéreas; Fanjul, subsecretario de la guerra, y el general Emilio Mola, a Melilla y pocos meses después jefe de las Fuerzas Militares en el Norte de África, con sede en Ceuta.

El general Franco tras el inicio de la sublevación llegó a Ceuta el 19 de julio de 1936, una vez que aterrizó en el aeródromo de Sania Ramel en Tetuán con el fin de ponerse al frente de las tropas. El teniente coronel Sáenz de Buruaga, esperaba en la Alta Comisaría, una llamada que le comunicara su llegada y efectivamente desde Arbaua (Larache), el teniente Manjón le comunica que el  aeroplano acaba de pasar.  A las siete de la mañana, tras el aviso telefónico se marcha al aeródromo, llegando al mismo tiempo,  el avión da unas vueltas para poder tener la certeza que no hay problemas.

Franco, asumió el cargo de Alto Comisario y Jefe del Ejército del norte de África, hasta el l de octubre, fecha en que se hizo cargo de la Jefatura del Gobierno del Estado en Burgos y del mando militar. A primeras horas de la tarde del 19 de julio llegó el General Franco a Ceuta, se dirigió a la Circunscripción donde mantuvo una reunión con la cúpula militar y al concluir salió al balcón acompañado del Teniente Coronel Juan Yagüe y del jefe de la circunscripción y Comandante General.

 

 

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