ESCUELA DE ARTE, UN SIGLO DE PETICIONES

Un proyecto ideado por el profesor del instituto Abyla, David Muñoz Arbona, y que ya cuenta con más de 7.000 firmas que se adscriben a esta iniciativa, sigue dando los pasos precisos para que la misma sea una realidad más pronto que tarde, con la creación de la Escuela de Artes Plásticas y Diseño.
Hace más de un siglo, un grupo de vecinos, en enero de 1910, comenzaron los intentos para que se implantara un centro público de Artes y Oficios con características similares a los que existían en la península. Estos ceutíes, presentaron un escrito en el Ayuntamiento solicitando la instalación de la Escuela. En la solicitud manifestaban que la población adulta deseaba tener medios que les facilitaran el poder formarse para desempeñar puestos de trabajo que les garantizaran la subsistencia, para ello necesitaban conocimientos en artes manuales aplicables a las reformas de las mejoras urbanas. Solicitaban estudios de pintura y dramatización oriental, dibujo y delineación para construcción urbana, arquitectura y arte decorativo, mecánica, carpintería, ebanistería y talla, artes de la mujer, etc. y otras artes según el desarrollo de recursos de la Institución.
Sobre aquella solicitud y más detalles tenemos que reproducir lo publicado por la profesora Vicenta Marín en su tesis doctoral, sobre la enseñanza en Ceuta. La Asociación de vecinos proponía al Ayuntamiento que con los fondos municipales se garantizara y se diera solidez a la creación del centro que proponían y lo solicitaran al Gobierno central. Hacían constar en su solicitud que estas fundaciones, de carácter cultural popular, ayudaban a robustecer los poderes de las corporaciones administrativas.
Consideraban que era necesaria esta formación en la ciudad ya que su población reclamaba la creación de un plantel de artesanos y artistas. La petición que se formuló al Ayuntamiento estaba debidamente documentada ya que a la misma acompañaban los planos para la construcción del edificio y solicitaban que la Corporación municipal proporcionara el terreno para esta construcción. Posterior a esta solicitud la única alusión a la implantación del centro fue realizada por la Comisión Quinta del Ayuntamiento en noviembre de 1927.
Esta Comisión reconocía que el elemento artesano de la población, bastante numeroso en esta ciudad, necesitaba urgentemente un centro donde aprender las técnica y conocimientos generales de sus artes y oficios y, aunque en parte esto se iba a solucionar con la creación de la Escuela Elemental de Trabajo, que pronto iba a funcionar, se debía contar también con una Escuela de Artes y Oficios, similar a las de la Península, donde pudieran asistir todas las etnias que vivían en la ciudad y en Marruecos para el aprendizaje de oficios y artes típicas de sus lugares de origen. Lo anterior quedó sólo en una petición y en una demostración de la importancia que hubiera puesto para Ceuta la creación de una Escuela de Artes y Oficios.
Sin embargo, lo único que se hizo desde aquella petición realizada en 1910 fue que en los presupuestos municipales aparecía una pequeña asignación destinada a gratificaciones anuales, libradas por dozavas partes, destinadas a los maestros municipales de las escuelas de Artes, pero no fue implantada de manera oficial.
En Ceuta, ya tuvimos hace varias décadas algo parecido con los estudios en Artes y Oficios estos fueron atendidos privadamente desde 1904 por el Patronato Militar de Enseñanza. Describe que aquellos estudios, en cierto modo, podían equipararse a unos estudios de bachillerato al menos elemental. El objetivo de estos estudios, según su Reglamento, era capacitar a la población para un mejor desarrollo profesional y prepararles para que pudieran crear y promover la instalación de talleres, de pequeñas industrias e instruir a los artesanos hasta expedirles diplomas de oficiales, maestros de industria o de taller, contramaestres, maquinistas y fogoneros.
En el desarrollo de los estudios cooperaban los propietarios de industrias para poder formar a sus trabajadores. Para poder estar matriculado en estos estudios la única condición que se exigía era que se supiera leer y escribir y tuvieran entre 10 y 25 años. Las asignaturas comprendían: Gramática, Caligrafía, Aritmética, Geometría, Dibujo Lineal y Dibujo de Ornamentación, Dibujo de maquina, entre otros.

LA UTOPÍA SE CONVERTIRÁ EN REALIDAD

De las pocas cosas que hay gratis en la vida son lo sueños, y de eso sabe el profesor del instituto Abyla, David Muñoz Arbona. Lo que en principio fue una utopía del profesor junto con sus alumnos, hoy lo vemos mucho más cercano, todos los que de alguna forma apoyamos este sueño de conseguir para la ciudad una Escuela de Artes Plásticas y Diseño.
Las más de 7.000 firmas recogidas y la idea académica, valoradas de manera positiva por las diferentes autoridades locales. La Escuela se encuadraría dentro del ámbito de la comunicación gráfica audiovisual. Ceuta tiene espacio suficiente para acoger esta escuela siendo necesario por tanto recursos materiales y personales para que la escuela fructificara una vez puesta en marcha.
Tanto la delegado del Gobierno como el director provincial y la Consejera de Cultura, han visto según manifestaciones en los medios de comunicación, con buenos ojos el hecho de que la creación de la Escuela de Artes daría empleo a muchos ceutíes, circunstancia que Muñoz Arbona siempre ha valora afirmando que “la demanda sería importante y se trataría sin lugar a dudas de una vía cultural muy interesante para encontrar empleo, un bien que por desgracia escasea en los tiempos actuales”.
Cabe destacar también que, en caso de que la Escuela de Artes Plásticas y Diseño se hiciera una realidad, como así desea buena parte de la sociedad civil, “se daría por finalizada una realidad que no se comprende y es el hecho de que Ceuta es la única autonomía en todo el territorio nacional que no dispone de un centro artístico de esta categoría, todo ello pese a que el interés y la demanda porque lo haya es creciente”.
El director provincial de Educación, Cecilio Gómez, se reunió recientemente con el profesor David Muñoz. Y le manifestó su interés por defender la causa y presentarla personalmente en Madrid. Las 6.000 firmas conseguidas en algo menos de un mes han sido más que suficientes para que la idea de implantar una Escuela de Artes Plásticas y Diseño en la ciudad autónoma haya calado en las autoridades. Según apuntó Muñoz Arbona, Gómez se mostró “muy receptivo” ante la presentación, y mostró un gran interés en presentar esta idea en la sede madrileña del Ministerio de Educación, incluso se ofreció a llevar la propuesta de cara a la reunión que mantuvo en la capital la semana pasada, si bien trámites de última hora no permitieron que diera tiempo a efectuar esta propuesta.
Además de ahondar con los representantes del Ministerio en las características de una Escuela de Artes Plásticas, Muñoz Arbona perfiló una propuesta consensuada con el director del centro donde imparte clase, el IES Abyla, en la que se planteaba la idea de que este mismo centro sirviera para iniciar la implantación de enseñanzas artísticas contando con el edificio de Bachillerato que durante las tardes está vacío de 16.30 horas a 22.10 horas. Esto evitaría que se tuviera que buscar un nuevo equipamiento en la ciudad, ya de por sí saturada, para dotar de un
espacio físico a la Escuela de Artes. Tal y como les recordó Muñoz Arbona a los representantes ministeriales, en las Escuelas de Artes Plásticas y Diseño, no sólo se puede impartir el Bachillerato Artístico (que ya se imparte en el IES Siete Colinas), sino que también se pueden ofrecer Grados Medios y superiores de Enseñanzas Artísticas, e incluso Grados Universitarios, tal y como ya se está haciendo en comunidades como Andalucía.
Así, el profesor propuso incluso cuáles serían algunas posibilidades de títulos que podrían empezar a impartirse en el curso 2013-2014, según el interés recibido por parte de los jóvenes: Una vez que se inicie el nuevo trimestre, los firmantes en la iniciativa quieren constituirse como plataforma.

MENOS EN CEUTA, EN TODA ESPAÑA

Las Escuelas de Artes Plásticas y Diseño constituyen la mayor red de centros de enseñanza artística. Salvo Ceuta, todas las comunidades autónomas y Melilla cuentan con Escuelas de Artes Plásticas y Diseño que imparten diversos programas de estudio, desde Bachillerato de Artes a Enseñanzas Artísticas de Grado en Diseño. A excepción de Melilla, que pertenece al Ministerio de Educación, las Escuelas dependen de las respectivas consejerías de educación de las administraciones autonómicas. En este año electoral, con las municipales en mayo y unos meses más tarde las nacionales, estaría bien que los partidos políticos llevaran en sus programas esta aspiración de los ceutíes.
Más de 7000 firmas en tres meses y medio (Noviembre de 2013- Febrero de 2013) refrendaron el deseo de los ceutíes de poseer una Escuela de Artes Plásticas y Diseño, o al menos poder tener la misma opción que el resto de los españoles a poder cursar estos estudios. Su promotor el profesor David Muñoz Arbona manifestó: “… Aunque he sido el impulsor de esta de una manera espontánea y sin tener una organización previa, esta demanda ha sido un movimiento ciudadano puro. Este tipo de enseñanzas evitaría mucho abandono escolar, promovería nuevas salidas profesionales para Ceuta y nuevas ilusiones en incentivos formativos para los diferentes estudiantes ceutíes, y de aquellos españoles que deseen venir a cursar estos ciclos formativos en nuestra ciudad. La propuesta de una futura escuela de Artes y la implantación de estos estudios de forma gradual en cualquier IES o edificio acorde a los recursos especiales/didácticos necesarios. Se establecería el título de Técnico Superior de Artes Plásticas y Diseño en nueve títulos perteneciente a dicha familia profesional artística y se aprueban las correspondientes enseñanzas mínimas. Diez son los recientes Grados superiores: Animación; Gráfica Interactiva, Gráfica Impresa, Gráfica interactiva; Gráfica Publicitaria; Fotografía; Ilustración, Cómics; Producto gráfico interactivo y Producto Gráfico impreso”.

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La tragedia de la Sauceda

El investigador ceutí Luis García Bravo, es uno de los pioneros en la investigación sobre la recuperación de la Memoria Histórica en nuestro país, y nos vuelve a sorprender con otro valioso y documental libro sobre la guerra civil. Luis es sobrino del historiador Juan Bravo, quien fuera director del Instituto de Estudios Ceutíes y toda una institución en la investigación arqueológica.
Nuestro paisano García Bravo, comenzó allá por 1997 a investigar la guerrilla antifranquista en la provincia de Cádiz, Serranía de Ronda y Campo de Gibraltar, lo que le ha llevado a conocer no solo a supervivientes guerrilleros, si no a sus familiares y a quienes les ayudaron.
El nuevo libro “Un valle de belleza y dolor. La tragedia de la Sauceda”. Es una obra, imprescindible para conocer la realidad de aquellos años, patrocinada por el Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar y la Asociación de Familiares de Represaliados por el Franquismo de la Sauceda y el Marrufo.
Esta obra es una visión personal sobre el proceso que culminó con la exhumación de 28 restos humanos de víctimas de la represión, fusiladas sin formación de causa a finales de 1936 en el cortijo del Marrufo, en el valle de la Sauceda, en la confluencia de las provincias de Cádiz y Málaga, cerca del término de Ubrique.
El historiador Alberto Ramos escribió sobre Luis García: “… Uno de lo pilares en la provincia para la consolidación de la Memoria Histórica sobre la represión franquista, mantuvo siempre una perseverancia a prueba de contrariedades e incomprensiones, para lograr que se investigara, primero, y se excavara finalmente, la fosa común que, era conocido, existía en La Sauceda. Allí, en el cortijo de El Marrufo, en el valle de La Sauceda, entrada natural desde la sierra de Cádiz hacia Málaga, se formó un frente de resistencia republicana, aplastado finalmente por varios bombardeos, a los que siguieron una enorme e inhumana represión.
Tras años de trabajo riguroso, honesto y fiel a las fuentes documentales y orales, el objetivo se logró cuando, en el verano de 2011, aparecieron los primeros restos humanos enterrados en la fosa común, cerca de un acebuche. Ahora, Luis ha cerrado parcialmente -nunca lo hará del todo- este capítulo de su vida que comenzó con su primera visita, hace ya muchos años, a La Sauceda, y lo ha hecho escribiendo un libro pleno de emotividad, en el que da cuenta de lo que ocurrió en el lugar. Un libro que, estoy convencido, le ha costado escribir, al tiempo que ha debido ser una liberación, un libro en el Luis cuenta desde la leyenda del zorro, hasta los trabajos de localización de la fosa de El Marrufo, pasando por la vida cotidiana del lugar, la represión y la presencia simbólica del acebuche. Ya puede decir Luis García Bravo, con legítimo orgullo, que cumplió su promesa personal, con las víctimas de la represión franquista en La Sauceda de hacer resplandecer “Verdad, Justicia y Reparación”.
Luis García Bravo, ha sido delegado de la asociación Archivo, Guerra y Exilio para la provincia de Cádiz y Málaga. Fundador y responsable de la Asociación Foro por la Memoria en Andalucía y en la provincia de Cádiz, y formó parte del Comité Técnico de la Junta de Andalucía para la Recuperación de la Memoria Histórica. Autor de artículos tanto sobre la Memoria Histórica como de investigación sobre la guerrilla antifranquista, ha intervenido en seminarios y conferencias por todo el país. Autor de libros como: Rescatar la Memoria y I Encuentro de Investigadores sobre la Memoria, Cuadernos de la Guerrilla Antifascista, Jimena de la Frontera (1939-1954), y este ultimo “Un valle de belleza y dolor, La tragedia de la Sauceda”.
También es de destacar su trabajo en los “Cuadernos de la guerrilla antifascista”, el plan general de esta obra consta de varios cuadernos. El primer volumen de esta serie estuvo dedicado a los guerrilleros que actuaron en la zona de Jimena de la Frontera. “Consideré que el primer libro debía ser el dedicado a la zona de Jimena por la proximidad con la fosa del Marrufo, también toca muy de cerca la actividad llevada a cabo por el que había sido alcalde pedaneo de Cortes de la Frontera. Pretendo que sea un libro de consulta pero también el reflejo de la vida de unas personas, los guerrilleros, que lucharon por unos ideales de libertad y cuyo único objetivo era derrocar al régimen franquista impuesto por la ley, se trató del último brazo armado de la República” destaca el autor.
Este trabajo, es el fruto de 14 años de investigación de Luís García Bravo que aún hoy en día continúa investigando para conocer la realidad de aquellos años, el contenido de esta obra es considerada fundamental e imprescindible para conocer las actividades y la lucha que desarrollaron los conocidos como “maquis” en la provincia de Cádiz. Se trata de rescatar la memoria de unos hechos, de las trayectorias personales de unos guerrilleros que no estaban olvidados, pero si apartados.

MEMORIA OLVIDADA

Está ubicada geográficamente la Sauceda en la parte más occidental de la provincia de Málaga y limitando con la provincia de Cádiz. Pertenece al término municipal de Cortes de la Frontera, a caballo, por el término de Jerez de la Frontera y de Jimena de la Frontera, y asentada en la sierra del Aljibe, deslindando a un tiempo las cuencas hidrográficas de los ríos Guadalete, y Bárbate, rodeada por bosques de los llamados de galerías, donde están presentes los sauces, alcornoques, quejigos, brezos, acebuches, fresnos, lentiscos. El punto más alto, al cual se le conoce por «Pilita de la Reina», que según testigos de la época es la tumba medieval, a la que la historia dio algunas leyendas, como aquella de que fue utilizada por la reina Isabel de Castilla como baño. Así pues, todas estas condiciones unidas a su orografía hicieron que el valle de la Sauceda fuera una zona ideal para el asentamiento de batallones de los llamados desahuciados o bandoleros, quienes supieron aprovechar la incertidumbre política del momento. El origen de donde procede el nombre de la «Sauceda» es un tanto controvertido, pues mientras unos sostienen que es por la existencia de sauces en el valle, hay quienes sostienen que procede de la evolución de la palabra «desahuciados». Un autor como Juan Pino Palma, en su novela histórica “Nubes en el corazón”, consigue que el lector viaje por entre los paisajes y la historia de este valle tan especial.

GARCÍA BRAVO, ENTRE LAS HISTORIAS Y EL TERROR

Han sido muchos los años que el ceutí Luis García Bravo, ha dedicado a la investigación sobre la Memoria Histórica y las fosas comunes. En numerosas ocasiones visitó la fosa del cementerio de Santa Catalina en Ceuta, para recabar información y elaborar investigaciones sobre los represaliados en nuestra ciudad. Largas horas en archivos y entrevistas con familiares de los represaliados, fueron los llevados a cabo para realizar este testimonial libro sobre la represión en el Valle de la Sauceda.
En la presentación del libro dejó claro su planteamiento: “… Hacía algunos meses que se había exhumado la fosa del Marrufo y que también se había rehabilitado el Cementerio de la Sauceda. Los compañeros habían hecho un gran trabajo, del cual estaban merecidamente muy orgullosos, y yo en cierto modo me sentía muy feliz pues todo tal y como habíamos previsto que fuera se había cumplido; exhumaríamos la fosa, saldría a la luz la historia publicada y se trasladarían los restos a aquel pequeño cementerio blanco, ya dejado en el tiempo para que poco a poco se fuera derrumbando. Pero esto último no fue así y gracias al trabajo de los compañeros, vuelve a ser un cementerio renovado, donde han encontrado descanso los restos de aquellos hombres y mujeres que fueron asesinados y arrojados a una oscura fosa.
Todo cuanto ha rodeado al Valle de la Sauceda, la fosa en la finca del Marrufo, el fiel guardián el acebuche que nació y se crió justo al pie de la fosa y el ce¬menterio, me hacen sentir tal cúmulo de sensaciones que cuando pasan algunos meses, muy pocos, siento una necesidad imperiosa de visitar el valle y bajar por el nuevo camino hasta el cementerio, y desde la lejanía miro hacia el lugar donde estaba la fosa y veo a mi amigo el acebuche, que aún sigue allí guardando el lugar donde fueron asesinadas y enterradas las vidas de jó¬venes y menos jóvenes, vidas llenas de esperanzas, de ilusiones y de proyectos, que no verían más a sus hijos, maridos, esposas y demás familiares.
Cuando voy bajando hacia el cementerio y veo lo bien que ha quedado todo, siempre recuerdo cuando hace muchos años bajé por primera vez y me dije a mí mismo que ese sería el lugar donde si alguna vez se exhumaba la fosa deberían estar los restos, y me siento feliz pues gracias a todos mis compañeros se ha conseguido. Al llegar cerca de la puerta miro siempre hacia los árboles que hay a la parte derecha.
En ese lugar era donde los compañeros que trabajaron en la rehabilitación del cementerio se sentaban a comer, y aunque yo no tuve la suerte de verlo me contaron una anécdota muy curiosa. Al empezar éstos a comer aparecía un zorro, el cual no tenía miedo alguno a los humanos y se colocaba cerca de quienes estaban comiendo para que éstos le dieran comida hasta tal punto que incluso se pudo fotografiar; el animal después desaparecía y no volvía hasta que de nuevo se sentaban a comer. Yo siempre miro por si algún día tengo la suerte de verlo, pues cuando voy al cementerio tengo la sensación de que aunque no lo puedo ver él está por los alrededores quizás vigilando…”, manifestó en la presentación de su última obra.

Hasta los pájaros callaron…

En el libro “Un valle de belleza y dolor. La tragedia de la Sauceda”, dejó escrito García Bravo: “… Fueron aquellos meses de noviembre de 1936 a finales de febrero de 1937 los que harán que aquel valle de luz y belleza se convirtiera en un lugar de oscuridad, tristeza y mucho dolor. Tras los incansables bombardeos de los aviones rebeldes que destruirían para siempre aquellas casas hechas con mucho sudor, de muros de piedra y techos de brezos, los molinos, la ermita y todo cuanto fue la aldea de la sauceda, dando lugar a que familias enteras huyeran despavoridas sin saber a dónde ir o dónde ocultarse, cada familia padeció la tragedia y el dolor que duraría tres largos años de guerra y una larga posguerra, con el sabor del miedo y el silencio obligado.
Todo quedó arrasado; ya no se escuchaba ni tan siquiera el graznido de las águilas y hasta los pájaros callaron, los arroyos enmudecieron; solo el frío viento de invierno y el miedo estaban presentes en aquella tragedia de horror y muerte que envolvió a todo el valle de la sauceda. Solo quedó la presencia oscura de muerte, de fusiles, bombas, voces de mando y miedo, mucho miedo, que, al llegar las atardecidas de noviembre a febrero, solo eran interrumpidas por lamentos, gritos desgarradores y el sonar de disparos, que provenían del cortijo del Marrufo, allí donde eran pasados por las armas, sin juicio, hombres y mujeres, vilmente asesinados. Así quedaban grabados para siempre en el silencio del valle sus gritos y lágrimas.
Aquel lugar, «El Cortijo del Marrufo», el que no hacía mucho tiempo dio trabajo a los vecinos del valle, y donde se celebraron bodas alegres y festivas, pasó desde primero del mes de noviembre hasta finales de febrero de 1937 a convertirse en un lugar de hacinamiento masivo, de terror y de muerte, al cual iban llegando detenidos hombres y mujeres, incluso niños, vecinos de todos los pueblos de los alrededores.
Se convirtió el lugar en un destacamento al mando de quien había dirigido una de las columnas rebeldes que ocuparon la zona, el teniente de la Guardia Civil y jefe de la línea de Ubrique, José Robles Ales. Conforme iban llegando las familias, hombres y mujeres, al Marrufo, a los hombres se les encerraba en los pabellones anexos al cortijo y a las mujeres y los niños en la ermita del mismo cortijo. A las mujeres se las torturaba con la intención de sacarles información sobre sus familiares que consiguieron huir. Muchas de esas mujeres serían fusiladas y arrojadas a las fosas comunes”.

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ÚLTIMA CASA DEL PUEBLO EN CEUTA

Cuando en la madrugada del 18 de julio de 1936, era asaltada la casa del Pueblo de Ceuta, donde tenían su sede la UGT y el PSOE, en la calle Agustina de Aragón (callejón de Bocarro), no solo se expropió un edificio, se perdió la memoria de esas entidades, sus archivos, militantes, reuniones, fotografías, actas… Y después de casi ocho décadas, nada o muy poco sabemos de ella. Tan solo algunas notas sueltas en algún consejo de guerra y poco más.
Cuando a media tarde del 17 de julio, los dirigentes de la Casa del Pueblo tienen conocimiento de la sublevación comenzada en Melilla, se suceden las reuniones, con el fin de estudiar los sucesos que se estaban desarrollando. Toman dos acuerdos, primero organizar para el día siguiente, 18 de julio, una huelga general, y que una comisión formada por los miembros del Frente Popular, Juan Medina de Aragón, Juan Rivas Cortes y Rafael Jiménez Cazorla, visiten al delegado del Gobierno José Ruiz, para que tome medidas antes los sucesos de Melilla y que reparta armas entre los obreros para defenderse de una posible sublevación en Ceuta.
Pero los acontecimientos se precipitaron, a las once de la noche la ciudad es tomada por las tropas sublevadas y comienza el asalto a la Casa del Pueblo. La Ceuta se convierte en una ciudad llena de miedos y recelos. Desde la misma noche del 17 de julio las fuerzas sublevadas, con la ayuda de patrullas de falangistas, comienzan las detenciones selectivas de los miembros del Centro Obrero.
Las organizaciones sindicales en Ceuta sufrieron una brutal represión. Cuando intentamos reconstruir su historia, nos faltan esos documentos. Pero sobre todo nos faltan personas, con nombres y apellidos, esos nombres que fueron arrojados a la fosa del cementerio ceutí y se llevaron la memoria histórica de estas organizaciones. En la fosa común de Ceuta, se tienen contabilizadas a 156 víctimas, de las 268 que es el total tras la represión.
Desapareciendo todos sus documentos, actas, banderas, cuadros, algunos muebles aparecieron posteriormente en las dependencias de la falange local. Como testimonio vivo de la labor educativa, cultural, social y asistencial que desempeñó este organismo y de sus objetivos fundamentales entre los que se incluyen el cooperativismo, el mutualismo, la formación profesional, la educación y la cultura. Aquella Casa del Pueblo en Ceuta constituyó, sin duda, uno de los espacios de sociabilidad obrera por excelencia, siendo una especie de “Sociedad de sociedades“y, a la vez, lugar de formación del “obrero consciente”, así como receptáculo de buena parte de su actuación sindical y política. Poseían la peculiaridad, además, con respecto a otros ámbitos formales de reunión, los Ateneos libertarios, las Universidades Populares… También compartidos por la clase obrera, de su absoluta especificidad para tal fin exclusivo y el hecho de que, mayoritariamente, fueron creados y regidos por la propia clase que los llegó a ocupar en su día.
La Casa del Pueblo fue mucho más que un edificio de mayor o menor calidad en los que tuvieron lugar determinados acontecimientos relacionados con la historia del movimiento obrero en Ceuta. Durante la segunda republica la sede de la calle Agustina de Aragón fue un hervidero de vida sindical y política. Fue donde se establecían las secretarías de los sindicatos adheridos a la UGT, la Agrupación Socialista del PSOE, las Juventudes Socialistas y la Agrupación Femenina Socialista, fundamentalmente, así como un amplio abanico de organizaciones promovidas desde la institución.
Aquel último e histórico 1º de mayo de 1936, se vivió en la Casa del Pueblo de una manera especial, se citaron para el día 29 de abril a todas las sociedades y partidos que tomarían parte en la manifestación. En los amplios salones del centro obrero se ultimó los detalles. Los asistentes según un documento que he tenido acceso fueron: Orquesta Sinfónica, Comité Alianza Obrera, Izquierda República, Unión Republicana, Juventudes Socialista, Comunista y Sindicalista, Federación Universitaria de Estudiantes, UGT, PSOE, Radio Comunista de Ceuta, Agrupación Sindicalista, Sindicato de autobuses de Correos y Telégrafos, Sociedad de chóferes, Agrupación de dependientes, Sociedad de estibadores, Asociación de Magisterio, Sindicato de vendedores del mercado, Asociación de empleados del Estado, Asociación de la prensa y Alianza de labradores.
A todas las asociaciones y partidos, se les entregó la siguiente octavilla: «Al llegar la cabeza de la manifestación al lugar comprendido entre la Farmacia Zurita y el Precio Fijo, (Aquí se instaló un arco de flores y en su parte superior en grandes letras se podía leer UHP. Se hará alto procurando las juventudes de los partidos, resistir la presión de la columna proletaria al objeto de que solamente la presidencia se destaque a entregar las conclusiones al Delegado del Gobierno, mientras la presidencia entrega las conclusiones, los abanderados se abrirán paso entre la multitud para pasar a ocupar un sitio en la tribuna que se haya en la Plaza de la República, la música se colocará al pie de la tribuna, una vez entregada las conclusiones la presidencia pasará a la tribuna y acto seguido se organizará el desfile ante la tribuna y público en general.

SE INAUGURÓ EN LOS AÑOS VEINTE
Pese a los escasos documentos que tenemos de la Casa del Pueblo en Ceuta, podemos asegurar que en la década de los años veinte del siglo pasado fue cuando se inauguró. La Ceuta de principios del siglo XX vivió una efervescente actividad asociativa. Las Sociedades federadas que iniciaron la andadura en el Centro obrero fueron el PSOE, la Sociedad de Albañiles, la de Carpinteros, la de Panaderos, portuarias, de la Aguja, electricistas… En sus salones se vivían las reivindicaciones de los derechos laborales y políticos, siendo continuos los llamamientos a los trabajadores para su movilización. Fue en este espacio donde tuvieron lugar las asambleas más relevantes del PSOE y de la UGT, así como una ingente cantidad de actividades culturales de todo tipo: teatro, cine, poesía, conciertos, conferencias, recitales, etc. La Casa del Pueblo de Ceuta fue sobre todo un centro de formación en el que se inculcaban los valores de libertad, igualdad, justicia y solidaridad que caracterizan al socialismo democrático. Fueron en toda España auténticas escuelas de práctica democrática. Todos los afiliados y afiliadas tenían los mismos derechos y obligaciones; participaban en pie de igualdad en sus asambleas y congresos y podían acceder en libre competencia a sus cargos directivos. Con mandatos limitados y debiendo rendir cuenta públicamente de su gestión. Estaba totalmente prohibido el juego de azar y la venta de bebidas alcohólicas. Una de las principales distracciones eran la música y el teatro. Siempre se habilitaba un modesto escenario para poder representar sencillas y cortas obras de teatro, dar recitales de poesía o charlas y conferencias sobre diversos aspectos de la cultura en general.

DOCTORA CASTILLO EXPULSADA DEL AYUNTAMIENTO POR DAR UNA CONFERENCIA EN LA CASA DEL PUEBLO

Tras el golpe del 36, la doctora ceutí Antonia Castillo Gómez, recibió un escrito del delegado de Orden Público en diciembre de 1938, donde tras recabar información a la falange local se le acusa de dar una conferencia a las mujeres de los obreros. Ella, pese a ser la primera mujer médica en la ciudad y tener un gran prestigio entre los ceutíes, sabe que sus horas como funcionaria están contadas. Aquella charla sobre la maternidad a las mujeres de los afiliados de la Casa del Pueblo, no fue bien vista por las autoridades franquistas.
Ella pese a los informes y presiones continúa en su puesto de trabajo, como funcionaria medica, a pesar de los condicionantes adversos. Está observando desde el mismo inicio de la sublevación que muchos de los compañeros de su marido son detenidos y fusilados. Ella sabe que a todos los funcionarios que hayan tenido alguna vinculación con partidos políticos o sindicatos se les está instruyendo un expediente de depuración.
La doctora Castillo como su marido Luis Abad, profesor del Instituto Hispano-Marroquí y presidente de Izquierda Republicana en Ceuta, frecuentaban la Casa del Pueblo, para participar de los movimientos obreros. Ceuta en la década de los años veinte se abre a todos esos obreros que llegan, son muchos los empresarios y trabajadores que vienen al compás de la apertura de las explotaciones en el Protectorado trazado de carreteras, vías férreas, la construcción de viviendas, las obras portuarias…
Todo ese flujo de peninsulares produjo la demanda de una gran cantidad de mano de obra, y
llevó a que comenzaran a afluir a Ceuta los obreros que, por otra parte, no encontraban trabajo en el resto del país, dando lugar a una avalancha de población civil. Estos primeros conflictos sociales en la Ciudad fueron coetáneos de la implantación de los intereses políticos y económicos desarrollados al compás de la ocupación económica y militar, con el inicio del Protectorado en Marruecos, las sociedades de socorro, las corporaciones de ebanistas, albañiles, peones, metalúrgicos, estibadores, cargadores portuarios, cocineros, y con ellas seguro.
En la Casa del Pueblo de Ceuta, se domiciliaron un gran número de sociedades y organizaciones obreras. Sus dependencias eran sencillas pero llenas de máquinas de escribir. En todas, en el interior, despachos y más despachos, una sala de actos que también vale para mítines, una biblioteca. Los obreros tienen así algo que es de ellos mismos, donde además se les enseña a leer y a escribir, pero también se les da a los más avanzados enseñanzas propias. La Casa del Pueblo fue el nexo de unión de los obreros que arribaban a la ciudad.
En mayo de 1931, la Casa del Pueblo organizó un acto en honor de Palo Iglesia, y con ello dar el nombre a una de las calles más céntricas de la Ciudad. El dirigente socialista y presidente del Centro obrero durante la República, Sebastián Ordóñez (sus restos están en la fosa común, tras ser fusilado), dirigió los preparativos junto al presidente del PSOE ceutí Jiménez Cazorla. Los días anteriores tuvieron lugar charlas informativas sobre la figura de Iglesias, con la finalidad de concienciar a todos los trabajadores del carácter reivindicativo de este líder socialista. Este centro formaba parte importante de la sociedad obrera ceutí, también tuvo un importante protagonismo en la multitudinaria manifestación del 1º de Mayo de 1936, donde llegó a reunir a partidos políticos y sindicatos.

CASA SINDICAL

Actualmente, aquella Casa del Pueblo se ha trasformado en el edificio conocido por todos como “Casa Sindical”, donde se reúnen los sindicatos. Recordemos que fue en 1977, cuando la UGT de Ceuta sale a la calle. Cuarenta años tuvieron que transcurrir para poder celebrar aquel 1º de Mayo en libertad. Recordemos a sus secretarios generales como Francisco Muro, Alejandro Bodas, Soledad Ruiz, Alejandro Curiel, y el actual regidor de la organización Antonio Gil. Aquel año fue rico en acontecimientos para el mundo sindical. Las principales centrales actuaban abiertamente y el Gobierno hacía la vista gorda, mientras en el Parlamento se discutía un Decreto-Ley de Relaciones Sindicales, que se aprueba el 30 de marzo, y que reconocía la libertad de asociación sindical. El 28 de abril se legalizan los sindicatos UGT, CC.OO. y USO. No sería, sin embargo, hasta que Nicolás Redondo, encabezando una delegación sindical española, ocupara en la LXII Conferencia Internacional de la OIT el lugar que cuatro décadas antes había pertenecido a Francisco Largo Caballero que los Sindicatos quedaron “de facto” legalizados en España. En enero del 77 se presenta en Madrid, en el cine Capri, el sector “histórico” de UGT.
Como la historia de UGT sigue un curso paralelo con la del Partido Socialista Obrero Español, no es de extrañar que, a raíz del Congreso del Partido que se celebró en Toulouse en 1972, en el que vencieron los “socialistas del interior”, y al desgajarse el PSOE en dos sectores (el “renovado”, dirigido por Felipe González, y el “histórico” dirigido por Rodolfo Llópis), su brazo sindical corriera la misma suerte. Recordemos que fue un 12 de agosto de 1888, cuando veintiséis hombres tomaban asiento en el salón del círculo socialista de Barcelona, para iniciar el primer congreso nacional obrero, estos 26 delegados, representaban a 44 sociedades de todo el país y a un total de 4.668 afiliados.

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EL CEUTÍ CRISTÓBAL SERRÁN EN LA PRIMERA TRAVESÍA DE “ELCANO”

Fue en la primera travesía del “Juan Sebastián Elcano” durante los años 1928 y 1929, cuando el ceutí Cristóbal Serrán Ortiz, emprendió su gran aventura alrededor del mundo. Fue anotando todos los detalles en un Diario, su contenido, escrito con un estilo sencillo y ameno, describe la vida dentro del barco así como los acontecimientos más importantes que tienen lugar a su llegada a los puertos, aportando datos de gran interés sobre las culturas de los diferentes países que visita el buque-escuela.
Cristóbal Serrán, falleció el 25 de febrero de 1982, su hijo el antropólogo y pintor Ginés Serrán-Pagan, cuenta como fue el hallazgo del diario: “… Mi madre encontró el diario en la mesa de su estudio junto a conchas, fósiles y cosas del mar que él coleccionaba, y consciente de su importancia histórica, nos lo legó para que lo conserváramos. Aunque conocíamos muy bien los álbumes de fotos del viaje no sabíamos de la existencia del Diario”.
En el año 2004, vio la luz el Diario en forma de libro, con un formato cómodo de leer y plagado de fotografías, mapas, apuntes… Toda una joya para conservar y releer, su hijo Ginés Serrán-Pagan, ha sido el artífice de este logro.
En la introducción del libro Ginés escribió: “Durante la primera vuelta al mundo que dio el buque-escuela, mi padre lo anotaba todo como si fuera un etnógrafo. Se ganó la confianza de sus oficiales. Su espíritu alegre se mezclaba con su gran sentido de la responsabilidad y de la honradez que había aprendido de su padre. Sin haber podido completar sus estudios, en las horas libres que tenía en el barco, se auto-educaba él mismo, copiaba artículos de los periódicos para mejorar su escritura, resolvía problemas de matemáticas… leía las anotaciones que hacían los oficiales de guardia en el Libro de Bitácora, apuntaba las singladuras, y hacia fotos, cientos de fotos. A veces, las hacia desde puntos inverisímiles del buque, consiguiendo, con su pequeña máquina Kodak, de forma consistente, como se demuestra en las fotos que se reproducen en el libro, un lenguaje fotográfico donde un fragmento del buque aparecía siempre en la imagen, como si sirviera de testigo en ese instante donde se cruzan el espacio y el tiempo”.
Cristóbal Serrán, dejó escritas en su diario unas sabias palabras… “ Quiero decirle a las aguas del mar Índico, Pacífico y a todas las aguas saladas y dulces de los mares y los ríos, que este joven y elegante buque y sus hombres que lo dirigen, con pacíficos estudiantes que llevan solo mensajes de paz a todos los hombres de la Tierra. Aprovecho los días buenos de calma, en los ratos que no hay nada que hacer, para escribir en mi diario estos recuerdos y emociones, para no olvidarlos nunca si me falla la memoria. Pongo las fotos tomadas en mi álbum y apunto las singladuras en un mapamundi. Cada día hago un trazo de lo andado y le pongo un punto negro y los domingos los señalo poniendo el punto en tinta roja. No quiero perder detalles, porque este viaje es muy difícil de que se repita en la vida. Tomo notas que no sabría entender si no fuera por el Libro de Bitácora que tiene mi jefe en su despacho, y que me autoriza ver siempre que hay tiempo libre”.
A su vuelta, el 30 de mayo de 1929, dejó escrito como una reflexión en voz alta… “Acabo de llegar con el “Juan Sebastián Elcano” al puerto de Cádiz procedente de Nueva York. Aquí ha terminado la primera vuelta al mundo de este maravilloso buque-escuela. Escribo mientras viajo de Cádiz a Algeciras, para encontrarme con mi familia en Ceuta. Como diría el autor Ramón de Campoamor: “¡Quién supiera escribir…! para poder expresar lo que mis ojos han visto: Islas de Cabo Verde, Montevideo, Buenos Aires, Ciudad del Cabo, Australia, Fiji, San Francisco, Panamá, Cuba, Nueva York… Cómo voy a explicar a mis familiares y amigos lo que he vivido; cómo van a comprender todo ese mundo tan diferente: los rascacielos de Nueva York, el abrazo emotivo de los sudamericanos que no nos dejaban salir del puerto, la danza del amor de las mujeres exóticas del pacifico, los ciclones, los caníbales de las islas Fiji, los días sin fin en el mar… No olvidaré el resto de mi vida esta experiencia. Sé que el recuerdo de mi viaje en esta primera vuelta al mundo en el “Juan Sebastián Elcano” me acompañará siempre”.

SU ESTUDIO DE ARTE EN CEUTA
Como prometió a su familia, volvió a Ceuta, a pesar de las ocasiones que tuvo de quedarse en Sydney, San Francisco o Nueva York, desistió de estas oportunidades para regresar con los suyos. Su amigo Marcelo García, a quien conoció en San Francisco, le pidió muchas veces que trabajara con el en California, pero él decía que no cambiaba por nada el amor que tenía a su familia. En 1940, se casó con Doña Encarnación Pagán Díaz, una mujer que adoró el resto de su vida – como dejó escrito su hijo Ginés-, tuvieron siete hijos. Aun sin él mismo saberlo, el destino le tenía reservado otras vivencias que no pudo ofrecerle durante su juventud ni en la época que tenía que hacerse cargo de su familia. Los últimos quince años los dedicó al arte. Y en una oficina que tenía de representaciones comerciales –calle Millán Astray- construyó un “atelier”, un estudio de arte, donde hacia esculturas con conchas del mar. Allí pasaba horas y horas perdido en la creación de sus obras. Cuenta su hijo Ginés Serrán-Pagán que todas las semanas le escribía a su casa de Nueva York. En una de sus cartas le decía: “Trabajo diez y doce horas diarias y no siento el cansancio, sino todo lo contrario, quisiera que los días fueran mas largos…”. Creó cientos de escultura hechas con conchas, corales, peces disecados y fósiles. Intentó su propio pegamento y creaba sus utensilios. Coleccionaba conchas de diferentes países del mundo. Su pasión siguió siendo el mar. Falleció en febrero de 1982. Antes de dejarnos se le veía caminar por la playa casi todas las mañanas solo. Allí se iba, a la orilla, a oír el golpe brusco de las olas con las piedras. “Terminaba así su vida, hablando con el silencio del mar”, dejó escrito su hijo Ginés en el libro “La Memoria del viento”.

EL DIARIO DE CRISTÓBAL SERRÁN TRANSFORMADO EN LIBRO

Gracias al tesón y laboriosidad del hijo de Cristóbal, el antropólogo, pintor y escultor, Ginés Serrán-Pagán el diario se transformó en libro, “La Memoria del Viento: La apasionante primera vuelta al mundo (1928-1929) del buque escuela Juan Sebastián de Elcano”. Fue presentado en el 2004. En el camino tuvo que ordenar y clasificar cientos de fotos, consultar hemerotecas en el extranjero, viajar a algunos de los países que visitó el Elcano y localizar la bitácora. Incluso conoció en Matanzas (Cuba) a su prima Finita, uno de los personajes mencionados y fotografiados por Cristóbal medio siglo antes.
A los pocos meses de su salida a las librerías se agotó, pero Ediciones del Viento (Galicia /Madrid) lo está reeditando y saldrá a la calle en los próximos meses con una edición especial con vistas a que se convierta en un clásico de los libros de viajes.
Tras su publicación han sido numerosas las reseñas en revistas especializas como la del general Cervera en la Revista de la Marina, una carta cariñosa del Rey, Juan Carlos o destacar en la prensa nacional el dominical de El Mundo que le dedicó un extenso reportaje en julio del 2005: “Aquella tripulación de 237 hombres que zarpó en 1928 vivió todo tipo de aventuras. El barco estuvo a punto de naufragar por un ciclón en aguas del Pacífico, pero los marineros —32 desertaron tuvieron tiempo de divertirse descubriendo nativas de pechos desnudos, presenciando carreras de avestruces o participando en peligrosas cacerías de cocodrilos. Todo ello ha sido llevado a un libro gracias al diario y las imágenes que tomó un marinero llamado Cristóbal Serrán.
Era 1928. Entonces Cristóbal no tenía más que 21 años y una prodigiosa oportunidad de conocer mundo a bordo del recién nacido Juan Sebastián de Elcano. Más de 300 días (303, exactamente, 168 de ellos de navegación) y 30.000 millas después Cristóbal y sus compañeros de viaje habían visto carreras de avestruces y rascacielos, habían conocido tribus caníbales, habían sobrevivido a un ciclón en el Pacífico que partió el palo mayor de popa —la peor tempestad en la zona en 20 años, habían probado bocados impensables como la carne de tortuga, habían descubierto los encantos de la danza del amor en la Polinesia y disfrutado de la hospitalidad cubana en La Habana. Convencido de que aquello le iba a acompañar toda la vida, Cristóbal sacó cientos de fotografías con su pequeña cámara Kodak de fuelle. Cada vez que el Elcano tocaba puerto, se dedicaba a buscar postales. Entre una cosa y otra llegó a hacerse con más de 500 valiosas imágenes. Y en las singladuras de calma chicha iba anotando con detalle cada vivencia, cada suceso, cada sensación.
No se equivocaba Cristóbal; aquello le acompañó toda su vida. “Todos los domingos por la mañana nos arremolinábamos alrededor de su cama y le preguntábamos cómo eran los canguros de Australia o le pedíamos que nos volviese a contar cómo superaron el ciclón en el Océano Pacífico”, recuerda Ginés Serrán-Pagán, uno de sus siete hijos. “Allí abría aquellos álbumes de hojas negras en los que había pegado todas esas fotos tan pequeñas con clara de huevo o con agua y harina, nos enseñaba la riqueza de un grupo de vendedores ambulantes en las islas Fiji o una nativa con los pechos desnudos o la vida del Barrio Chino de San Francisco. Se deleitaba y nosotros soñábamos. Para él era la única posibilidad de relatar esa maravillosa experiencia”.

VISITAS DE “ELCANO” EN 1945 Y 1953

Con esta visita del buque-escuela “Juan Sebastián Elcano”, han sido tres las veces las que ha cruzado el Estrecho para echar el ancla en Ceuta, las dos anteriores fueron un 11 de junio de 1941 y el 29 de septiembre de 1953. La primera visita estuvo rodeada de toda la parafernalia del final de la guerra civil, aprovechando en sus discursos el momento de posguerra. Su primera visita fue al santuario de Nuestra Señora de África donde se cantó a su finalización la salve marinera, a continuación se desplazaron al Protectora y visitaron el acuartelamiento legionario de dar Riffien. Esta visita tuvo un serio rival ya que cuatro días más tarde el domingo día 15 jugaba el Club de Futbol Barcelona en Ceuta, contra la Sociedad Deportiva Ceuta, en el Estadio municipal, todavía no había recibido el nombre de Alfonso Murube. Para la segunda visita los ceutíes tuvieron que esperar doce años, el buque procedía de Punta Delgada en Isla de San Miguel, en el Archipiélago de las Azores, a primera hora de la madrugada fondeó en la bocana del puerto, unas horas y después tras amanecer paso a ocupar el espacio desalojado momentos antes por un vapor en el muelle España. Permaneció hasta el 2 de octubre. Durante su estancia fueron varios los actos, nueva visita a entre ellos una vista a Riffien, la visita al acuartelamiento de Regulares de Tetuán Nº 1. Visita al salón del trono del Ayuntamiento y por la tarde un baile en la Hípica. En el local de la sociedad deportiva Unión África Ceutí nuevo baila actuando la banda de música del barco.

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NAVIDAD CUBANA EN EL HACHO

Varias navidades pasaron los cerca de 600 independentistas cubanos deportados a Ceuta entre 1895 a 1898. Nuevamente traigo a este blog el testimonio directo del cubano Pablo de la Concepción, autor de un conmovedor diario, escritas en la prisión del Monte Hacho, tras ser deportado por oponerse al Gobierno de España y luchar por la independencia de su país. Cuando fue detenido era sargento del Quinto Cuerpo del Ejercito Libertador. De la Concepción, definió lo que desea que significara las hojas escritas en la soledad de su encierro en el Hacho: “… El verdadero objeto de este diario no es otro que dar a conocer al Pueblo cubano los sufrimientos experimentados por los prisioneros de guerra y deportados por medida gubernativa, que el Gobierno de España nos recluyó en Ceuta durante la Guerra de Independencia. Muy lejos de nuestro ánimo está la idea de despertar odios entre cubanos y los que combatieron y odiaron su libertad por cuya razón, suplicamos al que nos honre leyendo este diario, que juzgue los tristes sucesos que en él se relatan, como la consecuencia natural de la tempestad de pasiones que la guerra desató sobre la Isla…”
En las primeras hojas el autor del diario narró su lucha por la Independencia en Cuba, el lo tituló “De la Manigua a la cárcel”, es una sencilla narración donde con la mano firme describe el acto de ser hecho prisionero, y lo ocurrido en los accidentes que precedieron a la infortunada acción de guerra. Continúa con su conducción como prisionero al pueblo cubano de Alquízar, el panorama sombrío que se observa en dicha población está bien trazado, es una verdadera fotografía de la reconcentración de campesinos en los poblados, era la marcha a la más horrible miseria y a la muerte.
También describe en este diario su permanencia, antes de ser trasladado a Ceuta, en la fortaleza del Morro, en la Habana, narrándonos los largos días en la prisión, en sus oscuros calabozos, donde vio a muchos compañeros suyos ser fusilados. Nuestro autor del diario, tras un consejo de Guerra fue condenado a ser deportado a Ceuta, tal vez, contó a su favor, para no ser fusilado, que tan solo contaba con 17 años
Al final del diario existe un listado completísimo con la relación de los cubanos que estuvieron en el penal ceutí, con la fecha de llegada y a la provincia cubana que pertenecía. Dejemos que sus últimos escritos nos narre sus horas en Ceuta, antes de la partida hacia Cuba: “… Llegó por fin el día 28 de octubre de 1898, día venturoso en que tuvo fin nuestra tenebrosa noche de sufrimientos y alumbró el radiante sol de nuestra libertad. Al salir al patio por la mañana, sentimos en nuestros corazones una alegría infinita, porque estábamos en la hora de nuestra libertad y teníamos a la vista el final de nuestra vida de amargura. Nuestros ojos no contemplarían más aquellos muros que por espacio de más de dos años habían sido cómplices de nuestros verdugos”. “Las tinieblas de aquella espantosa noche penal, se disiparían dentro de unos instantes, batidas por las alas de la diosa Libertad, que en raudo vuelo salvaba las distancias infinitas, para romper nuestras cadenas y poner en nuestras frentes la corona del triunfo. Aquel recuento era el último a que asistiríamos, con los brazos cruzados, la cabeza descubierta y mirando al suelo. Nuestros oídos no oirían más aquel bullicio de infierno de las galeras, y la corneta no lanzaría más para nosotros sus tristes notas. Los ojos de los criminales no nos dirigirían más su espantable luz. El contratista del rancho no seguiría enriqueciéndose a nuestras expensas, ni la borriquilla del Ayudante te comería nuestras raciones. Los barberos no desollarían más nuestros esqueléticos rostros, y en los calabozos y blancas notarían nuestra ausencia. El herramentero no tendría más pies cubanos que herir con sus cadenas, y la lóbrega noche no pondría más miedo en nuestras almas”.
“Los vergajos de los Ayudantes, y capataces y los garrotes de los cabos y volantes, no flagelarían más nuestras espalda. Estos no podrían dirigirnos más blasfemias y aquella espantosa hoguera de vicio no podría lanzarnos más sus chispas. El helado cierzo no cortaría más nuestros rostros y los guijarros del camino no ensangrentarían más nuestros pies descalzos. Los ronquidos de los criminales en su en sueño, ya no pondrían espanto en nuestras almas, y los alertas de los centinelas no repercutiría más lóbregamente en nuestros corazones. ¡Libertad! ¡Palabra mágica, por la que las madres cubanas habían consentido en el sacrificio de los mejores de sus hijos!… ¡Tu llenaste nuestro corazones de esperanza, terminaste los sufrimientos de nuestra triste vida de presidiarios, y depositaste en nuestros pechos, a manera de efluvio sublime y grandioso, el sentimiento de olvido y perdón para nuestros enemigos!”.

La libertad era su vida
Y llegó el momento de la partida hacia Cuba, en el diario De la Concepción describe esos intensos momentos: “El voceador nos llamó a formación y su voz nos pareció dulce y armoniosa, cual si hubiese sido entonada por un ángel. El ayudante, un capataz y el escribiente mayor, formaban la comisión encargada de recontarnos y entregarnos por la lista las hojas de licenciamiento. El escribiente principió su tarea, y al nombrarnos pasábamos para otro lado del patio, irradiando contento y alegría. Cuando el escribiente pronuncio la “y” de terminación antes del último nombre, un compañero cayó al suelo preso de terrible síncope. Los jefes y algunos compañeros acudimos a levantarlo, y cuando volvió en sí pronuncio las siguientes palabras, llenas de angustia: ¡Yo no he hecho nada! ¿Por qué no salgo en libertad? El escribiente repasó la lista y notó que no lo había nombrado. La libertad era su vida y negársela hubiera sido matarlo. El momento de la despedida fue bastante conmovedor, los presidiario cubanos de causa común, apretaron nuestras manos con efusión, y en sus rostros se notaba la intensa alegría que les causaba nuestra libertad. Muchos nos suplicaban con lágrimas en los ojos que no olvidáramos su miserable existencia, y nos interesáramos por ellos cuando se estableciera el Gobierno cubano. Algunos nos entregaron cartas para sus familiares, que eran mensajes de felicitación por la libertad. Muchos forzados españoles gozaron intensamente al despedirse de nosotros, haciéndonos exposición ingenua de su alegría. Rompimos la marcha custodiados por un capataz y varios cabos, y agitamos nuestros pañuelos por sobre nuestras cabezas mientras estuvimos a la vista de las galera. La más intensa alegría nos embargaba y nuestros ojos derramaban lágrimas de emoción”.

“Los soldados, desde el Hacho nos despedían con pañuelos blancos”

Pablo de la Concepción, recuerda en su diario los últimos momentos en el cautiverio pasado en el Hacho: “…En las ultimas horas de una tarde, cuando atravesábamos la ciudad a nuestro regreso del trabajo, llegó hasta nosotros, trascendiendo del público, la grata noticia de que España había pedido la paz. Cuando llegamos al Hacho, ya sabían allí la noticia, aunque extraoficialmente. Indescriptible fue la alegría que ensanchó nuestros corazones. Aquella noche casi no dormimos, porque las negras nubes que encapotaban nuestro sueño, empezaban a disiparse, y el inefable consuelo que invadió nuestros corazones, satisfizo las necesidades del organismo, y el sueño huyó de nuestros ojos. No teníamos una idea definida de cómo sería nuestra libertad, pero no nos cabía la menor duda de que, siendo los norteamericanos los vencedores, seríamos reclamados tan pronto principiaran las negociaciones de paz. Al día siguiente fue confirmada oficialmente la noticia de la terminación de la guerra, y los jefes del Hacho operaron un verdadero cambio en su trato para con nosotros”.
“Disminuyeron rápidamente los castigos y accedían con facilidad a las peticiones de rebaja de los trabajos. Los forzados españoles dulcificaron un tanto sus relaciones para con nosotros, oyéndoseles expresarse favorablemente a nuestra libertad. ¡Así con las masas inconscientes de los presidios y de los pueblos! Hoy apostrofan al que ensalzaron ayer, y mañana colmarán de honores al que hoy insultan y maldicen. Algunos compañeros lograron su rebaja de los trabajos, pero la mayoría preferimos seguir trabajando, porque la vida en el trabajo era inmensamente preferible a la que se hacia en las galeras, el trabajo entretenía y producía seis centavos diarios y la galera lo que producía era hambre e impaciencia. A fines de septiembre llegaron las primeras cartas de Cuba, escritas después de acabada la guerra. Eran mensajes de felicitación de los padres a los hijos, de las esposas a los esposos, de los hijos a los padres, de las hermanas a los hermanos. La inmensa alegría atravesaba el Océano y llenaba de gozo los corazones. Algunos compañeros recibieron de sus padres dinero para que compraran ropa para el viaje, pero la mayor parte nos veíamos precisamente a hacerlo con el denigrante uniforme de presidiario, calzados con las repugnantes alpargatas”.
Y llegó el día de la partida… “Al pasar frente al cuerpo de guardia notamos que los soldados de la guarnición del Hacho, nos saludaban con sus pañuelos blancos, demostrando así la alegría que les producía nuestra libertad. También ellos estaban presos, obligados a vivir en aquel castillo maldito, bajo la más severa disciplina militar, con tres centavitos de paga al día, la mitad justa de la que habíamos disfrutado nosotros, a pesar de nuestra condición de presidiario. Si, aquellos esclavos de la leyes militares, cuya condición se diferenciaba en poco de la de los presidiarios a quienes custodiaban, se alegraban también de nuestra libertad”.
“Descendimos de nuestro monte Calvario y cruzamos alegremente las calles de la ciudad, la que nos pareció mucho más limpia y moderna que en los días pasados. Fuimos conducidos al Departamento de Talleres, donde comimos nuestro último rancho de presidiarios, a eso de las once de la mañana. Allí se nos reunieron los “ñañigos”, eran veintiún cubanos llevados a Ceuta desde el principio de la guerra. Desde su llegada a Ceuta vivieron en un calabozo del castillo del Hacho, pero salían diariamente a tirar de los carros, y aunque al principio fueron terriblemente tratados por sus guardianes, después recibieron trato más benigno y todos escaparon con vida. Llenos de intensa alegría, por su libertad, cantaban a coro”.
“Como fácilmente se comprende, con ese canto querían demostrar que no le sabía hecho mella el rigor con que habían sido tratados. Allí vimos a un hermano del tristemente celebre Lolo Benítez, de quien llevaba luto. Serían las tres de la tarde cuando fuimos conducidos al muelle Real, y allí embarcados en varios botes, de los que nos trasbordamos a un pequeño vapor llamado “Reina de los Ángeles”, si no recordamos mal, que nos aguardaba fondeado en la bahía. Formados en cubierta, de dos en dos, fuimos entregados al Capitán del vapor por el capataz que nos conducía, cesando con aquel acto el dominio de las autoridades de la plaza sobre nuestros cuerpos”.
“El vapor levó sus anclas y principiamos a alejarnos. Al obscurecerse doblamos la punta de Tarifa, y poco antes se había perdido en la bruma lejana, el monte Hacho y su consorte el de Sierra Bullones. Poco a poco fuimos perdiendo de vista la costa de África y después la de España, sumergiéndonos en la obscuridad de la imponente noche que nos aprisionaba sobre la superficie de las olas, las que iniciaron un juego horrible con el pequeño buque, que empujado mar afuera por el fuerte viento del norte, luchaba heroicamente para sostener su rumbo. Sin comer ni dormir, pasamos la noche en lucha con las olas, y al amanecer hicimos nuestra entrada en la bahía de Cádiz, donde fuimos trasladados al transatlántico “isla de Panay”, aquel mismo día 29 de octubre nos hicimos a la mar, como a las cuatro de la tarde, rumbo a la tierra de nuestros amores”.
“A los cuatro días de navegación hicimos escala en el puerto de Las Palmas, donde embarcaron carga general y pasajeros. Haciéndonos a la mar a las pocas horas de tomar puerto. Los día 5, 6, y 7 fueron de un tiempo hermosísimo, que nos permitió estar sobre cubierta celebrando nuestra libertad con cánticos y alegres charlas, entreteniendo largamente, alejando de nuestras mentes los sufrimientos pasados y dando cabida a las alegrías del momento, y a los planes que ya se delineaban para lo porvenir”.

En 1898 llegan a Cuba
“… El primero que despertó, salto de la litera y corrió al ventanillo. De su pecho salió un inmenso grito de alegría. Aquel grito fue una exclamación sublime, producida por la fuerza incontrastable del amor patrio. ¡Cuba!… fue la exclamación inmensa que nos movió a todos como potente muelle, precipitándonos contra los ventanillos, ávidos de dirigir nuestras miradas a la tierra idolatrada, por quien tanto habíamos sufrido. Aquella exclamación fue repetida a coro por doscientos sesenta pechos al unísono, inflamados por el más intento patriotismo. Con los ojos anegados en lágrimas distinguíamos allá, en la lejanía, las montañas cubanas del color de su incomparable cielo, destacándose sobre un fondo de limpia blancura. Después del café subimos a cubierta y nos instalamos en nuestro campamento del castillo de proa, donde reanudamos nuestros cánticos patrióticos, demostrando así el júbilo indescriptible que inundaba nuestras almas. Por fin, nos acerca cavamos al grandioso momento de nuestro desembarco en las playas cubanas. Aquellas aguas azules y profundas, que se dejaban hender dulcemente por la proa del barco, eran aguas cubanas y tenían derecho a nuestros amores”. “Desde el mediodía ya distinguían nuestros ojos, destacándose sobre la uniformidad de la costa, las palmas simbólicas, cuyo recuerdo había permanecido constante en nuestros cerebros. Cuando llegamos a las cercanías del Morro ya el sol se había ocultado y navegábamos alumbrados por la hermosísima claridad de un bello crepúsculo, en cuyo centro se destaca La Habana, formando un delicioso paisaje. Al costado del buque. Como sucede siempre, gran número de “guardaños” en busca de pasajeros. Lentamente descendimos por las escaleras del buque y los ocupamos todos. Los remos hirieron la superficie liquida, y al poco rato atracábamos a los muelles. Los guadañeros pidieron el importe de su trabajo. ¡Vayan a cobrarle al Capitán del isla Panay! Y nos lanzamos ciudad adentro, respirando el aura de la libertad”.

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